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viernes, 14 de enero de 2022

LOS MARQUESITOS

 ¿Quienes somos cuando amamos?, la gran pregunta de la actualidad perpetua que debería suplir a la más contingente de las noticas sobre la pandemia y las secuelas interminables de sus pendencias. Pues es evidente que existe una relación entre el amor y la acción creativa. Lo que ocurre, sin embargo, es que es una evidencia oculta. Telmo no sabe si tapada por la costra que produce la falta de imaginación creativa, a la que nos va acostumbrando el tipo de vida que llevamos, o primero es la falta de amor que, sin saber ni como ni por qué, se evaporó de nuestras vidas si es que alguna vez hizo acto de presencia, siendo únicamente, como dicen los marquesitos del nihilismo o descreimiento dominante, una sublimación del sexo. Sea como fuere, el virus de marras algo ha debido captar en el miedo ambiente físico y mental que ha visto la oportunidad de imponer su ley, por primera vez en la historia, a toda la especie humana de este azul y zarandeado planeta.

Cuando Telmo le dijo a Z que, a pesar de no haber visto la peli, que iba sobre adolescentes y su siempre problemática educación, asistiera a la tertulia porque él sabía del asunto, supo también que no le hablaba al colega espectador sino al profesor interino de un instituto de provincias. Esa rigidez íntima y corporativa que mostró en su negación a no asistir, que es el embrión, en muchos casos, de la coraza posterior con que el exitoso docente y ciudadano se paseara por la ciudad, queriendo dar ejemplo a sus alumnos y colegas de como se debe tratar hoy con la educación secundaria, que para él es lo mismo que tratar con el mundo. Tal vez todo se deba, piensa Telmo, a la falta de ese espacio donde el pensamiento se funde con la imaginación y la imaginación vuela hasta el reino donde las cosas tienen una razón de existir. Espacio que es diferente a los andurriales, por decirlo así, donde habitualmente sobreviven ya sea con nómina altomileurista o bajomileurista. Espacio desde donde se produce la llamada que, por unos instantes, deja de ser oída para hacer algo y convertirse en una llamada para sentir junto a alguien.


Telmo insiste en que entre todos debemos construirlo, porque está convencido de que la expresión “entre todos sabemos todo” lo que se puede saber, y, de paso, nos consolamos de lo que no podremos saber nunca, necesita ese espacio conjunto, aunque a veces tenga el aspecto de escondrijo. Pero se da cuenta, al mismo tiempo, que esa forma de hablar así, sin más, tiene estructura de sermón en el desierto. Uno más. Hay algo que separa o, mejor dicho, que se interpone entre el pensamiento de Z y su imaginación que impide la fusión de ambos para que esta última coja el vuelo y se desplace a donde realmente existe su propietario. El vuelo gallináceo que alcanza es a lo mas que puede elevarse Z cuando su pensamiento y su imaginación se miran a la cara como dos extraños y se preguntan mutuamente, ¿tu quien eres?


jueves, 28 de octubre de 2021

LA OLA

 Después de verla tres veces y darle unas cuantas vueltas a lo que visto, quitando y poniendo los velos de la falsedad que siempre me acompañan en estos menesteres, tengo la impresión que la película “La ola”, del director Denis Gansel, es la historia de un doble fracaso. También una severa advertencia, siendo esta última, a mi entender, el principal mérito de la película. Recordemos en otro registro narrativo la película “Cuidado con los niños”, recientemente comentada en la taberna, que apunta en una similar dirección. 


Por el lado más general “La ola” representa el fracaso de la educación en las sociedades democráticas más avanzadas, nórdicas y centro europeas para entendernos. Y por el lado más particular, el propio de la película, es el fracaso de quienes hacen posible el anterior, Rainer Wenger en nuestro caso, que son todos esos docentes, demasiados, que piensan, entre otras lindezas, que son más inteligentes que sus compañeros (Wenger confiesa a la directora del instituto que está más preparado que su colega ya que asistió durante sus años de anarquista en Berlín a todas las manifestaciones del Primero de Mayo; si recuerdan en “Cuidado con los niños”, igualmente, un docente confiesa su superioridad intelectual en un claustro de profesores). 


Para estos profesores la educación en las sociedades democráticas es una cuestión excluyente y exclusiva de la ideología de izquierdas o progresista en que ellos militan, por utilizar la jerga al uso, y no algo que forma parte de la tradición del pensamiento occidental, pues todas las sociedades desde los griegos hasta hoy han tenido a la educación como eje vertebrador de su organización y funcionamiento, según el paradigma vigente en cada época. 


La advertencia, por tanto, es que la educación en las sociedades democráticas es demasiado importante para dejarla solo en manos y el cerebro de esos docentes y sus pintorescos experimentos. No es una cuestión de expertos o técnicos, ni de ideologías progresistas o carcas, sino algo inherente o íntimo de nuestra propia humanidad (lo que nos hace humanos) que es constante en el tiempo y universal en el espacio. Piensen en la diferencia que hay entre apuntarse a una ideología o pensar dentro de la tradición del pensamiento occidental. Piensen en la diferencia que hay entre ideología y pensamiento. 


Sinopsis de la película: En una semana de proyectos que tiene como objetivo enseñar los beneficios de la democracia un profesor que debe explicar qué es una autocracia decide realizar un experimento en la clase. En este experimento desea demostrar que la dictadura puede reaparecer en cualquier democracia.


¿Que tiene que ver el objetivo del instituto con el experimento del docente?, le preguntaría al profesor Wenger. Como buen anarquista solo mira hacia adelante, importándole un carajo la tradición del pensamiento occidental que ha heredado. Le gusta mas vestirse con pantalones de apocalíptico (hay que acabar con todo vestigio del pasado en beneficio de la gloria del futuro) y camiseta de adanista (el mundo empezó el día que el nació). No será porque no se lo recuerdan el profe carca (al entender de Roser), al principio de la peli, y su mujer, profesora también del instituto, cuando empieza a perder el control sobre su experimento. Aunque como compensación recibe el apoyo incondicional de la directora del centro, y es que los anarquistas de hoy son así de jerárquicos (?).


La educación democrática no necesita experimentos con pólvora, que tarde o temprano estallan en los morros de quienes los manejan, ni es propiedad de la izquierda ni de la derecha, es un asunto, como ya he dicho, de la íntima humanidad de todos los ciudadanos piensen como piensen y vivan donde vivan. Solo necesita ser comprendida en ese significado profundo por sus protagonistas. Empezando por los docentes y alumnos y acabando por los progenitores y el resto de la comunidad. En eso consiste enseñar hoy en un instituto los beneficios de la democracia. Sin aspavientos vanguardistas, ni puestas en escena coloristas y mediáticas.


Dicho lo anterior de una manera más simbólica, que es como está construida La Ola, para evitar la tentación de comprenderla de manera literal o como una noticia más de gran impacto periodístico o mediático.


Como en todo viaje la educación, y por extensión la vida misma, lo primero que hacemos es entender (ese proceder mecánico del cerebro que nos “robotiza” durante el día, mas ahora en la era digital) el trajín de la información que producimos y que intercambiamos con la que producen los otros. O también, como dice Víctor Gómez Pin: la inteligencia lingüística se ha dado en ese ser vivo que es el hombre, pero no cabría decir que la vida es una condición necesaria de la inteligencia. Solo al acabar la jornada podemos tratar de comprender lo entendido al ser recordado (ese proceder imaginativo del alma o de la conciencia que nos humaniza al anochecer). La experiencia pura de cada día, ya sea en el aula, con la familia, con los amigos, etc, nos conmueve o nos deja indiferentes, es decir la entendemos, pero todavía no forma parte de nosotros, es decir no la comprendemos. Hasta que no empiece a ser una visión confusa o fantasmal de la memoria, del sueño o de la imaginación lo vivido se escurre entre los dedos y corre el peligro de desembocar en el mar del olvido o en el de las obsesiones. Ambos mares sin tierra a la vista. O sea, que corremos el peligro de convertirnos en eternos náufragos. Tal es el sentimiento que embarga a los alumnos del ínclito profesor Wenger, después del pistoletazo final con que acaba su experimento. Lo han entendido todo, pero no han comprendido nada.


En fin, que sí, que la dictadura ha reaparecido en la democracia, pero no ha sido un dictador tradicional de derechas quien la ha introducido, sino el ayer “honorable” anarquista berlinés Rainer Wenger, hoy un profesor del montón en un instituto cualquiera de provincias, que por su experiencia de ayer se creía hoy inmunizado contra semejante barbarie.

lunes, 31 de agosto de 2020

NO-IMPRESIONABLES

Los Serafin están catalogados, dentro de la comunidad educativa que se ha formado alrededor del instituto donde trabaja Arozamena, como una familia alfa. La forman el padre, ingeniero aeroespacial, la madre, directora de una galería de arte y dos vástagos de trece, la niña, y de quince años, el niño. La clasificación forma parte de una herramienta interna que los profesores manejan entre ellos para poder distinguir las diferentes conductas con las que tienen que tratar en su labor diaria. Por supuesto, son mas  las familias beta y las familias omega. Esta taxonomía etólogica, adecuada para saber de las forma de convivencia y socialización de los primates y los caninos, es útil, al entender de los compañeros de Arozamena, en momentos de excepcionalidad docente y discente, como es el caso de la aparición del virus de marras en las vidas de sus protagonistas, progenitores, profesores e hijos-alumnos. Aunque pudiera parecer que sigue la traza del distanciamiento aristocrático, Arozamena piensa que, muy al contrario, inaugura una forma no aristocrática de estar juntos sin estar, por decirlo así, apelmazados, que es un calificativo provisional que se le ocurrió a Teresa, profesora de filosofía de Arozamena, para evitar el de no aristocrático, que denota, como todos los calificativos posmodernos, una severa falta de imaginación a la hora de nombrar las nuevas grietas de sensibilidad que se están abriendo como consecuencia de la llegada imprevista del virus de marras. 

Los Serafin son la única familia del instituto del barrio que reivindica, exige desde sus postulados alfa, la vuelta incondicional a las aulas en el curso que esta a punto de comenzar. Arozamena los ha colocado en su clasificación secreta en la carpeta de los estoicos no impresionables, que son un tipo de secta que ha conseguido con orgullo llevar la práctica lo que la escuela de la antigüedad solo recomendaba a sus acólitos, a saber, un ideal para tener siempre en el horizonte de lo no realizable en su absoluta plenitud. Valga decir, aclara Arozamena, que de lo que los Serafin no muestran ningún asombro es de que un virus de medio pelo, construido artificialmente en un laboratorio (en este sentido los Ibáñez son conspiranoicos) haya invadido sus vidas obligándolos a tener que modificarlas de arriba a abajo. 


Escribe Peter Sloterdijk que el cinismo es la falsa conciencia ilustrada. Es la moderna conciencia infeliz sobre la que la Ilustración ha trabajado tanto con éxito como en vano. No son ya el nihilismo en ascenso, la conversión de la razón en un nuevo mito o el inclemente dominio de la razón instrumental lo que Sloterdijk describe y denuncia con una prolijidad y un afán de exhaustividad acaso excesivos, sino el cinismo difuso de nuestras fatigadas sociedades. Ese "nuevo cinismo" que actúa con una negatividad madura que apenas proporciona esperanza alguna, apenas a lo sumo un poco de ironía y de compasión. Todavía no estamos en condiciones de mirar más allá de la pandemia actual. Muchos esperan con ansias la vuelta a la 'normalidad', es decir, a sus preocupaciones primarias, a la cotidiana frivolidad o banalidad del modo de vida consumista. Talmente, este es el caso de los Serafin, piensan Arozamena y sus compañeros de claustro. Pero cree que esta crisis llevará con el tiempo a una transformación de la conciencia colectiva dentro del individualismo, destaca Sloterdijk.


Por otro laso, muchos años antes de que pudiéramos imaginar crisis como la del virus de marras en nuestras sociedad del bienestar blindando, el sociólogo Jesús Ibáñez afirmaba en “Mas allá de la sociología”, que el peor artefacto lingüístico de la modernidad ha sido la cosificación, también llamada reificación o nominalización. Consiste en convertir procesos en cosas. La frase: «Tengo una depresión» haría referencia a ello. Ya que convierte un proceso biográfico, activo, cambiante y anclado a la realidad, en un objeto congelado y, en consecuencia, cosificado. Esto detiene el proceso de investigación de la persona y dificulta su capacidad de acción.

viernes, 28 de agosto de 2020

ESCUELA O EDUCACIÓN

 Una cosa es escolarizar y otra cosa educar. Una cosa es tener estabulados a los vástagos y otra muy distinta pensar cual es la paideia que mejor corresponde a la comunidad política y social donde viven con sus progenitores. Cuarenta años después del cuarentañismo franquista gran parte de la clase media que sustenta la democracia vigente ignora algo tan elemental. Con todo, lo peor es la máscara de banalidad con que ocultan su asombro y impresionabilidad o lo que lo sociólogos llaman la resistencia ante la estupefacción, a saber, “he mejorado mi bienestar material, incluso en exceso, a costa de un creciente raquitismo espiritual, en el que se detectan los primeros síntomas de su irreversibilidad.” Así entregan a sus vástagos a los dispositivos digitales con la creencia de que ahí está toda la realidad, dándose cuenta, mediante disimulo interpuesto de aquella mascara, de que los dispositivos están perfectamente diseñados para recortar la realidad (como los pistoleros recortan sus escopetas) con la única intención de producir un efecto mas inmediato y sonoro en la distribución del daño informativo contra las tribus morales enemigas. Que en este baile de las redes sociales, donde unos y otros zascandilean hasta el amanecer, es fundamentalmente a lo que se dedican.

Aunque se trata con insistencia cansina en ensayos americanos, italianos y franceses (que Arozamena lee con asiduidad y atención) de describir el desarrollo del estado y de la sociedad moderna, así como de su ciencia como el hijo predilecto, también de su arte y su literatura, de su religión y su filosofía, son pocos los que han intentado exponer, sin que le hayamos hecho ningún caso reconoce Arozamena, la acción recíproca e íntima entre el proceso histórico mediante el cual se ha llegado a la formación del hombre moderno y el proceso espiritual mediante el cual hemos llegado a la consumación o acabamiento de esa forma de la modernidad para la humanidad toda. Dicho con otras palabras, esa forma de modernidad ha reflejado, como en un espejo, la impotencia del ser humano que ha tratado de llevarla a cabo. Lo cual, como todo lo consumado, acontece en el tumultuoso presente pero recae, sin que todavía nos demos cuenta de ello, en el tiempo original o primigenio. La consumación o acabamiento no es algo sólido y manejable, así interpreta Arozamena sus lecturas. Muy al contrario, la consumación o acabamiento hace que lo mas novedoso, véase por ejemplo las vidas que llevan sus alumnos, y los progenitores que los subvencionan, aparezcan ya con un aspecto de ruina. Y es que setenta y cinco años después de aquella consumación o acabamiento (holocausto nazi, gulag soviético y bombas atómicas norteamericanas) seguimos creyendo de forma ciega, la tecnología digital imperante es la mejor puesta al día de la “Parábola de los ciegos” de Mateo, que tales grandes catástrofes no dejaron de ser un inmenso susto dentro de las coordenadas históricas y generacionales en que tuvieron lugar. Fuera de ahí, nos autosugestionamos ante la pantalla, la vida ha continuado como si no hubiera pasado nada o como si hubiera pasado en la época de Carlomagno, por decirlo así. Lo verdaderamente importante para la humanidad esta por venir, de nuevo la apabullante autosugestión digital, y en su horizonte de inteligibilidad aparecemos quienes sobre aquellas ruinas hemos ido construyendo con una conciencia del todo autosuficiente, y con toda la fanfarria y colorido de que hemos sido capaces, el mundo adanista en el que vivimos con absoluto merecimiento.


¿Cabe decepcionarnos antes de tiempo?, se pregunta Arozamena ante la incertidumbre que emerge como una hidra ante el horizonte profesional de los docentes y en el familiar de los progenitores con sus vástagos? No, responde ante sus compañeros de instituto, aprovechando una reunión del claustro de profesores convocada para organizar la vuelta a las aulas. No, siempre que esta pandemia nos haga modificar la mirada sobre el lugar que ocupamos en el mundo. Pues ahora también nos podían decir, quienes nos esten observando desde el futuro, que esta crisis sanitaria y política, la peor desde hace setenta y cinco años, cuando las grandes catástrofes, fue un asunto enmarcado en las coordenadas históricas y generacionales de propias del esplendor y triunfo de la era digital. Si imaginamos que los hijos de nuestros vástagos, y los hijos de los hijos de nuestros vástagos, nos puedan recordar con tales palabras, ya os digo concluyó Arozamena su intervención ante el claustro, que si hay motivo para decepcionarse antes de tiempo, pues no hemos aprendido nada. Lo cual no quiere decir otra cosa que ya estamos metidos de lleno en el nihilismo y la incredulidad. Y si los progenitores de nuestros alumnos, a estas alturas de la pandemia, creen mas en el continente que en el contenido, en el aula que en lo se dice a sus hijos y en que medida eso les afecta a ellos también y de forma inaplazable, si no saben distinguir la diferencia que hay entre escolarizar y educar a sus hijos, todos estamos en condiciones de empezar a imaginar las creencias mas absurdas.


Y es que esta forma de modernidad, iniciada hace mas de doscientos años con el terror revolucionario francés, no ha sido dada a dejar miguitas en los rincones y veredas por si tenía que volver sobre el camino andado. Solo entendió el recorrido como una carrera contra el reloj cada vez mas acelerada, sin ninguna piedad para quienes se quedaban en la cuneta por falta de convicción o distracción o de aliento. En fin, nunca hemos concebido en nuestra forma de ser modernos la posibilidad de extraviarnos o perdernos. Ha tenido que ser el virus de marras, un ser invisible por microscópico, un ser indiferente e inapreciable, como tantos de los que se han quedado en la cuneta, quien haya venido a recodárnoslo.

miércoles, 26 de agosto de 2020

DISTANCIA DIGITAL

Lo que no se podían imaginar profesores y progenitores, que junto a sus alumnos y vástagos forman la generación mejor acabada del adanismo (un neologismo acuñado por el filósofo Emilio Lledó para salir al paso de esta avalancha de creyentes que están convencidos que el mundo empezó el mismo día que ellos nacieron), es que le pudieran llegar a llamar, al estilo socrático, corruptores de menores. 

Arozamena está muy preocupado con la vuelta a las aulas porque piensa que progenitores y profesores, más los alumnos que están en edad de entender, no se dan cuenta que debido a ese extremo al que han llevado las cosas convierten en ceniza todo lo que hasta ahora han construido. Como jefe de estudios de un instituto y padre de dos hijos Arozamena aboga por seguir dando clase desde la casa en conversación digital de los unos con los otros. Hoy, a diferencia de las pandemia analógicas, eso es posible sin menoscabo de los docentes ni de los discentes y sin merma de la dignidad de los progenitores, pero todo en beneficio de la educación, que por fin tiene la oportunidad de ocupar el verdadero lugar que le corresponde en el mundo. Es decir, como entendían los griegos, un punto de partida para recorrer un camino juntos y no una carrera contra el reloj con una meta y un punto de llegada previamente establecido por los que no corren. 


Ir a clase de forma obligatoria todos los días parece que no da mas de sí en el cumplimiento de lo segundo que es para lo que fue pensado, pero tampoco deja que se ponga en marcha la experiencia de lo primero que es la única esperanza educativa. Toda una paradoja que como se ha dicho puede destruir una obra y el horizonte de inteligibilidad de quienes la han estado poniendo en marcha. De todos es conocido, escribe Arozamena en la última carta que ha dirigido a los padres del instituto, el descrédito que ha ido adquiriendo el absolutismo de la educación presencial a medida que la libertad digital se ha ido imponiendo en los hábitos y costumbres de los alumnos y profesores, también de los progenitores.


Escribe Jesus Ferrero:

“Amemos el seno hirviente de la vida con todas sus con­secuencias, pero sepamos qué somos, cómo nos han hecho y cómo nos hacemos. Amemos la existencia, pero no ignoremos sus abis­mos ni los elementos que la constituyen. Amémonos a nosotros mismos y amemos a los otros, pero sepamos qué tejidos inestables conforman nuestra materia y las sustancias que se mezclan, funden y con­funden con la nuestra. Amemos nuestros sueños, pero no ignoremos el flui­do volátil y resbaladizo del que están hechos.”


De momento, mejor entre pantallas que cara cara emboscados en el aula mediante el embozo de la mascara. Para recobrar así el tiempo interior que es el desafío de nuestro tiempo, tanto a nivel individual como a nivel social. 

martes, 25 de agosto de 2020

LA TRINIDAD DIGITAL

Una gran parte del confinamiento por el ataque inesperado del virus de marras se lo ha pasado Arozamena leyendo las biografías autorizadas, publicadas en un solo volumen, de Bill Gates, Jeff Bezos y Mark Zukerberg, así por orden riguroso de nacimiento, titulado la Trinidad Digital. El monto de sus millones les otorga pleno derecho para formar parte del grupo conocido con el nombre de los CienMilMillonarios. Pero los biógrafos han preferido eludir este dato poco imaginativo y adentrarse mas bien en la senda que abre la pregunta no de los millones que tienen, sino que hacen con tanto dinero y que hace tanto dinero con sus vidas y las de sus familiares y amigos, que están bajo semejante influencia. De las tres biografías Arozamena, que como jefe de estudios del instituto donde trabaja lleva pensando en la vuelta a las aulas en el próximo curso desde el primer día del arresto domiciliario, es la de Bill Gates la que mas le ha interesado, no en balde es le padre de la Trinidad Digital, dejando Zuckerberg el papel del hijo y a Bezos el de espíritu amazónico o raraavis del triángulo. El interés hacia la vida de Gates se debe, sin embargo, a la opinión que de él tiene su mujer. En uno de los capítulos de la biografía, el autor reproduce las palabras de aquella a la pregunta que le hizo con anterioridad sobre como creía que pensaba su marido. Para ella el cerebro de Bill Gates es un multiprocesador de datos, es decir, una compleja red neuronal que tiene la extraña virtud de dar respuestas sencillas la complejidad del mundo en que vivimos. Define al hombre con quien ha compartido su vida como un tipo optimista, pues, como no podía ser de otra manera, dice la señora de Gates, es un facilitador de la sencillez del mundo. 

(...)

Arozamena piensa que aceptar que el mundo es simple y que el dinero guarda una relación de justicia con la inteligencia es fruto de un procesador más bien elemental. Y esa es, en buena medida, la manera de pensar de la comunidad educativa a la hora de enfrentarse a la vuelta a las aulas en el curso que viene. Por mas que ha repetido, una y otra vez, a progenitores y profesores y a los alumnos en edad de entender, desde que comenzó la pandemia (o como se quiera llamar a la enfermedad planetaria que vivimos), piensa Arozamena que la tarea de volver a las aulas no puede ser aceptada a la ligera. Pues de la misma manera que la Auténtica Ciencia Universal (no la que divulga la camarilla tecnócrata de Silicon Valley y aledaños) está ligada a la estructura, históricamente condicionada, de un alma profunda, también lo estuvo en su época la Auténtica Teología Universal. Para entendernos, Tomas de Aquino es a los beatos con las cuentas del rosario como Erwin Schrödinger (no Bill Gates) es a los usuarios con las teclas de los teléfonos móviles.

(...)

Arozamena piensa que el macroprocesador cerebral de Bill Gates, y a través de su influencia el cerebro del todos los adictos a la tecnología digital, confunde la simplicidad del mundo con la búsqueda de la comodidad en la forma de estar en él. No es lo mismo, aunque llevemos muchos años auto engañados. Los progenitores siempre han visto en el sistema educativo vigente, en el que hay que incluir el subsistema de las actividades extraescolares, la manera más cómoda de traer hijos al mundo. Ítem mas, sin un sistema como el actual muchos progenitores reconocen públicamente que preferirían no hacerlo. Para entendernos, dice Arozamena, solo aceptan un sistema educativo y sus subsistemas de pago correspondientes que les faciliten ver a sus hijos dos horas al día como máximo. La explicación de la necesidad inaplazable de la vuelta a las aulas, que corre como la pólvora en la maraña de las redes sociales, la justifican sus divulgadores diciendo que sus hijos echan en falta a sus amiguitos de la escuela, lo que esta haciendo que hayan dejado de hablar. 

(...)

Como es fácil deducir en esto Gates también tiene su influencia. Pues el cerebro del jefe de Microsoft piensa en términos de opuestos contradictorios, como si esa fuera la única manera de hacerlo. es decir, en plan dinero-inteligencia opuesto a pobreza-falta de recursos intelectuales. Gates cree que es rico porque es listo y considera que existe además una proporción en los términos. Por tanto, al igual que su alto profeta digital, sin olvidar, claro está, a sus compañeros de biografía,  los progenitores de la era educativa digitalizada piensan que entre la inteligencia y el dinero hay una relación de causa y efecto, que se vincula de forma oculta y profunda (esto último no lo dicen así, constata Arozamena) con el escaso tiempo tiempo de que disponen para dedicarlo a la educación de sus hijos, ya que tienen que ganar dinero para que sus vástagos puedan ser inteligentes en el mundo del mañana. A eso, dice Arozamena, lo llaman tener éxito en la vida, o lo que es lo mismo poner en práctica actitudes y dar la imagen propias del éxito. O dicho de otra manera, a eso lo llaman su manera de estar en el mundo.

jueves, 13 de agosto de 2020

LA HUELLA BRONTE

Desde que leyó por primera vez Cumbres borrascosas, de Emily Bronte, intuyó vagamente que el mundo que ahí se narra no tenía nada que ver con un pasado concluido sino con un presente inconcluible y, por tanto, con un futuro siempre inalcanzable. Luego vinieron, para acabar de rematar su convicción, la lectura de las biografías de las hermanas Bronte, Emily y Charlotte, a cargo de Winifred Gerin y Elisabeth Gaskell. Lo que Arozamena ha descubierto en los meses de confinamiento viral ha sido la falsedad que encubre al sistema educativo vigente y, por ende, la forma de vida de sus protagonistas que lo defienden con sus impuestos. Ha tenido que ser un agente ajeno e invisible a la realidad educativa, por decirlo así un ser ineducable, el que haya hecho una enmienda a la totalidad de los diferentes proyectos de renovación pedagógica, a cual mas progresista que el anterior, que han surgido en nuestro país durante este periodo de cuarentañismo democrático. De repente, con las tecnologías mas avanzadas al alcance de profesores, alumnos y progenitores, no sabemos, piensa Arozamena, como continuar la labor educativa que todo el mundo consideraba ejemplar, si nos atenemos al nivel de aquiescencia generalizado entre las partes, antes de la llegada del virus de marras. ¿Volver o no volver a la aulas? ¿Quedarse o no quedarse en casa? Son preguntas que los sesudos expertos del entorno gubernamental no saben como responder. Pero la cuestión fundamental nunca llega, pues no está en sus cabezas: ¿cuales son las preguntas que mejor convienen a la educación de nuestros hijos y alumnos? Únicamente insisten paranoicos (pueden ser de otra manera nuestros docentes y progenitores): el sitio y el horario y los contenidos y los objetivos. No son respuestas a tales preguntas, sino etiquetas para tranquilizar a quienes regentan las aulas y los hogares, que es por donde se pasea con toda impunidad el virus de marras. Es necesario rastrear y pensar la huella de la experiencia educativa ajena antes que ensimismarse con los papeles de los proyectos educativos propios, dice Arozamena, lector atento de la vida y obra de la familia Bronte, ademas de visitante emocionado de Haworth, pequeño pueblo de Inglaterra que fue el lugar donde ocurrieron los hechos memorables de aquellas

Cualquiera de los proyectos de renovación pedagógica actuales repudiaría públicamente, si así se lo pidiesen a sus redactores, la figura del reverendo Patrick Bronte, padre de las hermanas Charlotte, Emily y Anna. Seco, autoritario e inflexible en el cumplimiento de la moral victoriana imperante, servía, sin embargo, en bandeja de plata los diarios y revistas a las que estaba suscrito no solo para que sus hijas estuvieran bien informadas, sino, y esto es lo más importante, para que discutieran entre ellas y con él mismo  los diferentes pareceres de sus lecturas. En el mismo sentido, aunque se opuso a los colores de las botas o al uso de la seda en los vestidos de sus hijas por parecerle demasiado atrevidos, por ejemplo, nunca se opuso, mas bien lo alentó, a que sus hijas llevaran su imaginación hasta los confines que les pareciera mas oportuno en forma de escritos, cartas, cuentos, obras de representaciones de teatro, tertulias, paseos por los páramos, etc, etc. Arozamena lleva intentando reinventar el estilo del reverendo Bronte con las familias modernas de sus alumnos desde el primero día del confinamiento. Término a término a la moral victoriana se opone la amoralidad posmoderna de la clase media urbana; a la voluntad empírica  del reverendo de que sus hijas aprendan el desdén y abandono de los padres permanentemente ocupados que no saben que hacer con sus hijos, pues ahora están todo el día en casa sin poder asistir a las actividades técnicas extraescolares que hacía que solo los vieran dos horas al dia, ¡qué alivio!; a la desbordante y desconcertante imaginación comunicativa de las hermanas Bronte, la anticipada estructura robótica del carácter de sus alumnos incapaces de hablarse entre ellos cara a cara y de mirar al mundo, si no es mediante la interposición de un dispositivo a sus dedos pegado. 

miércoles, 12 de agosto de 2020

PRIVILEGIADOS

 Una vez que te metes en el aula ocurren tantas cosas imprevistas como encerrados en casa. Daniel Oliart y Andrea Caparrós, padres de tres hijos entre 6 y 13 años, es de esos matrimonios que miran para otro lado cuando alguien trata de indagar que esta pasando en los dominios privados de la familia que regentan. Y el caso es que sus amigos lo ven todo bien, cuando se comunican a través del grupo digital que comparten. Arozamena, que es el tutor en el instituto del mayor de los vástagos de Daniel y Andrea,  lo ha intentado en las reuniones ordinarias que ha tenido con ellos, pero ha sido inútil, no quieren ver. Arozamena piensa que Ignacio, así se llama el vástago en cuestión, esta fuera del campo de acción de la mirada individual y conjunta de sus padres, si es que fuera posible esa sutil distinción. Quedar fuera de la mirada de los otros es lo mas habitual tanto dentro del aula como encerrado en casa. Lo que ocurre es que un adolescente como Ignacio, a pesar de estar él mismo ensimismado con su móvil, a veces necesita que le hagan caso, pues todavía no se ha robotizado lo suficiente al decir de Sherry Turkle, autora del libro “En defensa de la conversación.” Arozamena ha tratado de explicárselo a sus padres siguiendo el protocolo laico que inspira la deontología del instituto, pero siempre se ha topado con una conducta ajena a esa deontología, mediante la que Daniel y Andrea ademas de servirles de escondrijo parecen vivir totalmente reconfortados, no hay ansiedad ni nada parecido en sus palabras. Arozamena lo califica como la felicidad del saltamontes encima del ordenador.

(...)

Lo descubrió un día que había decidido pasar el fin de semana en una casa de campo de esas que hacen turismo rural para nones. Tenía que corregir muchos exámenes y pensó que era la mejor manera de afrontar el hastío que imaginó se le iba a echar encima. Cuando llevaba leído veinte de los ochenta exámenes que tenía previsto corregir esa tarde, notó que un saltamontes se había posado encima de las teclas del ordenador. Lo desconcertante para Arozamena fue que observó en el insecto, por decirlo así, una determinación estrábica en su mirada. O dicho con otras palabras, con un ojo miraba lo que Arozamena escribía en la pantalla del ordenador y con el otro lo miraba a él fijamente. Se dio cuenta que con cualquiera de los ojos no veía nada, ni a nadie, en el sentido que Ignacio reclamaba de la mirada de sus padres, el saltamontes, como Daniel y Andrea, miraba para otro. El insecto, si se quiere, con una conciencia menos sofisticada que los padres de Ignacio. Un otro que, sea quien sea para el insecto o para los padres de Ignacio, está, a su vez, ciego. Con esta prueba empírica tan pegada a lo natural entendió Arozamena que no hay mejor narcotizante para el que no quiere ver o para quien mira par otro lado, como es el caso de Daniel y Andrea y tantos progenitores de hoy en día, que auparse sobre la creencia de que al igual que ellos y el saltamontes los demás también están ciegos, porque sus miradas se dirigen a alguien que todo lo ve. Lo que no reconocen es que eso es lo mismo que decir que no ve nada ni a nadie. 

(...)

Arozamena los denomina los nuevos privilegiados, cuya ideología es el placer culpable, según ha leído en una revista de psicopedagogía especializada en este tipo de trastornos familiares. Arozamena le gritó al saltamontes que se apartara del ordenador (como cuando le dices a una mosca que deje de ser tan pesada revoloteando sobre el acido sudor de tu cabeza) pero no lo oyó, al igual que Daniel y Andrea no oyen las súplicas de su hijo Ignacio para que le hagan caso. Sin embargo, con toda seguridad, piensa Arozamena, que, al igual que el saltamontes si detecta la humedad de una babosa en el campo, los padres de Ignacio si captan que su hijo necesita cien pavos para pasar el fin de semana con sus amigotes. Y en seguida se llevan las manos a la cartera y se los ponen encima de la cama de su habitación. No se los dan cara a cara, pues a su entender lo podría interpretar como un gesto humillante, y porque no quieren un determinación tan explícita entre las necesidades monetarias de su hijo y su disposición a cubrirlas sin pedir justificante a cambio. De esto último, por lo que Arozamena les ha escuchado en las reuniones de la tutoría, Daniel y Andrea sí son muy conscientes. 

martes, 11 de agosto de 2020

EN EL BARRO

 Arozamena lleva pensando, desde que empezaron las vacaciones del verano viral, en cómo será la vuelta al virus de marras en setiembre. Se despidió de sus compañeros de instituto el mismo día que las autoridades gubernativas dieron por finalizado el estado del alarma, y la vuelta a la aulas, dijo Arozamena dirigiéndose al claustro de profesores com jefe de estudios saliente, coincidirá con la nueva proclamación oficiosa de una nueva etapa para estar alarmados, al menos hasta después del invierno, y que también será nueva a mi entender para saber que hemos hecho mal para llegar hasta aquí. Al acabar su discurso se rió de manera oficial y alzó la copa para brindar de manera que todo apareciera inverosímil, así entendió que la farsa que estaban viviendo era la manera mas adecuada para conjurarse contra los peores presagios reales.

Arozamena se había dado cuenta, al poco tiempo de empezar su nómada y discontinua carrera de profesor de educación secundaria, que el proceso histórico que había llevado a la construcción de la figura del docente y de los progenitores modernos tenia una peligrosa naturaleza viral, que se había hecho patente con la emergencia y participación de la sociedad de masas en los asuntos de la enseñanza de subvención estatal durante los últimos cuarenta años. Y que no es exagerado afirmar que es el correlato civil de la emergencia del terror nuclear militar, la amenaza que sustituyó a la cólera de Dios después de la época de los grandes desastres que acompañaron a la Segunda Guerra Mundial. A este proceso histórico individual le ha acompañado, también al entender de Arozamena, un proceso de ceguera espiritual colectiva (el no querer ver o el mirar para otro lado) que ha desembocado en la construcción de una ideal material de la humanidad donde docentes, progenitores y alumnos han conseguido  acomodarse a los aspectos mas queridos de aquel ideal, es decir, aquellos que les han permitido repetir curso tras curso, así sea en el aula como en el hogar familiar, como si fueran los únicos privilegiados que hubieran alcanzado la meta. Es decir, como si ya estuviera aprendido o todo el pescado estuviera vendido y únicamente bastaba con entregarse a la ma explicita de las banalidades. La inteligencia había optado por el camino de la estupidez. Sin embargo, reconoce Arozamena y así se lo hizo saber también al claustro de profesores, la llegada del virus de marras ha dejado ver a las claras la falsedad que ha acompañado tanto a la construcción del docente, el progenitor y el alumnos modernos como al ideal de humanidad en donde todas esas figuras han acabado reflejándose y acomodándose.


La prueba de ello, les dijo Arozamena a sus compañeros, es que teniendo todos nosotros los medios tecnológicos y sociales a nuestra disposición, a saber, todos, docentes, progenitores y alumnos estamos conectados entres nosotros y lo estamos las veinticuatro horas del día, nos estamos enfrentando al virus de marras como si formáramos parte emocional y racional de una sociedad medieval. Toda sociedad viral esta formada en íntima compenetración por quienes contagian y los contagiados. La nuestra no es una excepción y sucede tanto con las redes sociales en intima compenetración con el virus de marras. No hay diferencia entre ellos, pues las relaciones víricas de las unas llevan a las cepas del otro, y viceversa. Bien es verdad que no de una forma mecánica y visible, pero es aquí donde está el peligro, enfatizó Arozamena en ese momento de su discurso, en una sociedad apegada con celo irrefutable a la vida material como la nuestra. Acomodados en nuestros nichos materiales, los protagonistas de la vida educativa sitiada por el virus de marras, o sea, nosotros, mas los alumnos y sus padres que no están aquí, permítanme que los llame cariñosa y activamente los felices ausentes, no nos hemos dado cuenta todavía que esos nichos donde vivimos empiezan a adquirir una cierta forma sepulcral definitiva.


Fíjense que he dicho acomodo material, no vida humana mejor, también pensado en los niños pobres de Brasil, a propósito de algo que leí el otro día mientras preparaba estas palabras que les estoy trasmitiendo. Como ustedes deben saber, me estoy refiriendo a los tristemente famosos meninos da rua, los niños de la calle. Estos niños son los que viven en las alcantarillas, y suelen salir al exterior por la noche para acercarse a comer a los cubos de basura. Pero esto no es lo importante. La noticia que atrajo mi atención la leí el otro día en un breve del periódico, por eso la traigo a este claustro de fin de curso, no fue por su forma de vida sino porque, al parecer, estos niños se drogan con barro. El símbolo material de la creación bíblica. El barro, que esta por todos los sitios y ni siquiera se tienen que levantar a cogerlo, evitando así ser atrapados por los traficantes de niños, tienen unos efectos narcotizantes que les permiten olvidar durante algunos minutos la realidad donde viven. Lo que les quiero decir para acabar, es que la esperanza espiritual se pierde en las situaciones extremas de la vida material, entonces solo queda el embotamiento. Unos en la cima y otros volviendo al origen. Felices vacaciones.

martes, 4 de agosto de 2020

LA PROSA

“Esta palabra no significa solo un lenguaje no versificado; significa también el carácter concreto, cotidiano, corporal, de la vida.” Milán Kundera


¿Podremos conversar en otoño? El virus de marras se ha colado entre la vulgaridad de las aglomeraciones humanas, produciendo la distancia necesaria que nos permita confiar razonablemente en el acontecer de la excelencia de cada conversador. Ademas tras la vuelta a las aulas el virus de marras las convertirá en lo contrario de lo que imaginaron los ilustrados. ¿Nos pondrá ese cambio de función de la educación, de emancipadora de la humanidad en contagiadora de los humanos, en mejor disposición de escuchar al otro? A lo mejor nos da, Dios te oiga, por hacernos entender entre nuestros semejantes.

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La locutora de la radio hablaba mas o menos en estos términos mientras iba dando mi paseo matinal. La cita de Kundera fue lo primero que dijo nada mas comenzar su programa. Lo titula “Lo asombroso de la vida” y antes de dar los buenos días a la audiencia le gusta empezar con la cita de algún autor o autora que invite al radio oyente, es lo que yo supongo, no a relajarse sino a ponerse tenso como si estuviera al borde de un abismo, donde ella piensa, lo repite con frecuencia a lo largo de la dos horas que dura su programa, se encuentra el verdadero asombro de la existencia. Lo que mas me llamó la atención fue la coincidencia que se produjo esa mañana en que todo parecía refractario a cualquier tipo de armonía. Las palabras de la locutora sobre la conversión de la educación en referente de contagio de seres humanos concretos en lugar de emancipación de la humanidad en general, como había sido la creencia hasta la invasión del virus de marras, se produjo al mismo tiempo que pasaba caminando a la altura del colegio en el que me habían contratado en la escuela municipal para cubrir la vacante, durante el primer trimestre del curso que viene, de un profesor que estaba de baja por efecto del contagio vírico imperante. Lo primero que hice, por instinto de supervivencia, fue alejarme del colegio y dirigirme con rapidez hacia el campo colindante, donde cambié la emisora de radio y puse otra donde John Coltrane tocaba una de sus famosa piezas, A Love supreme.

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Si los mandos a distancia son capaces de cambiar de canal desde la butaca donde te encuentras, me dije mientras me alejaba del colegio en el que trabajaría en un mes y medio, con mayor razón las palabras de la radio que entran directamente por las orejas podrían tener un efecto inmediato sobre el oyente. La locutora había mencionado al mismo tiempo, por un lado, el destino contagiador de la educación pública, ahora por causas víricas infantiles y no pastorales adultas, y, por otro, se preguntaba si sería posible, en tales condiciones, la conversación pública en otoño. Ese baipás, solo posible mediante el juego de las ondas, hizo que saliera corriendo a oler el aroma de la naturaleza mientras escuchaba los sonidos espirituales de Trane. 

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¿Como era posible plantear tal disyuntiva, sin empezar a sentir el vértigo del abismo, aunque fuera tras la impunidad aparente que siempre me ha trasmitido la radio? Después de haber encumbrado a la infancia, para ocultar la corrupción ética actual del ser adulto, a lugares impropios de su edad e inocencia, ¿como iban a admitir sus ecumbradores (padres y profesores), sin acusarse del estropicio que la conducta irresponsable de sus vástagos y alumnos por ellos subvencionada acabaría siendo, al fin y a la postre, la que está enterrando la esperanza de la conversación entre sus mayores. Podremos conversar en otoño, repetí como un mantra las palabras de la locutora, cuando creí encontrarme a salvo entre arbustos y pinos piñoneros. Sin duda, me respondí, siempre y cuando lo hagamos fuera del área de influencia contaminada de la escuela y la familia, y la de cualquier entramado de relaciones de poder hoy establecido. Pues uno de los efectos colaterales de la infantilización de la vida adulta, ahora doblemente contagiada, es la pérdida de su prosa y, por tanto, como dice Kundera, de su carácter. A lo que hay que añadir que ya no es posible el espectáculo de semejante farsa familiar y educativa. La distancia, ¡ay!, hay que respetar la distancia ahí mismo donde nos encontremos.

lunes, 2 de marzo de 2020

PERTENENCIA

Decía Eduardo Chillada, el escultor del vacío, que todos somos de algún sitio. Yo pienso que el Estado debería decir a toda persona que viene al mundo de que sitio es y darle una subvención para situarse allí desde el primer minuto de sus existencia. Los padres y los profesores solo le darían lo necesario para que aprenda y cumpla su misión en ese lugar. Pero no, mira que pagamos impuestos. El Estado va a lo suyo, con la colaboración inestimable de padres y profesores, que encima se creen que ese es su lugar propio y apropiado en el mundo, no la función que les ha encomendado el Estado. En fin, un lio.  Chillida también sabía en que se gasta el Estado la pasta que le saca al ciudadano. El caso es que a uno lo arrojan al mundo (nace en lenguaje políticamente correcto) y lo primero que empieza a oír es que es muy guapo o guapa, a ver muecas de bienvenida de todos los formatos, pero nadie le asigna ese sitio que le pertenece al recién llegado. Y al mismo tiempo empieza a intuir que ese sitio desde donde le hablan, quienes dicen que mucho lo quieren, es y no es su sitio, al mismo tiempo. La confusión existencial empieza a hacer de la suyas en el recién llegado. Y el Estado calla y los papis mas y los abuelos ni te cuento, y los profes, ay los profes, etc. Todo el mundo calla sobre cual es ese sitio que tienes asignado y, mientras tanto, no paran de adularte, que es otra manera de decirte que tu sitio es donde has nacido, allí junto a tus padres en esa casa y junto a tus profes en esa aula. Y encima, a todo eso lo llaman Estado de bienestar. A lo sumo un día, años después, empiezas a oír otra monserga: deberías ser alguien el día de mañana, es que no te mueves. Y cosas así. La primera mentira de la que eres consciente empieza a trabajar en tus adentros. Tu entras al trapo y durante los siguientes veinte o treinta años (depende de cada época) te pones en contra del mundo, y encima tus padres y profes te dicen que esa es la manera más adecuada de que encuentres tu lugar en él. Vaya jeta. De esta manera el resto de la farsa no llegaras a conocerla nunca. Pasarás de la indignación mas extrema a tener que repetirles a tus hijos lo que a ti te han contado desde que naciste. Ya resignado, dices, no esta mal, es un relato eficiente y económicamente rentable. Aunque siga sin decirte cual es tu lugar en el mundo, aunque lo peor de todo es que no quiere competidores. No quiere que lo busques por tu cuenta. Pero esto ya forma parte de esa sabiduría que da la vida, aunque se aloje en la carpeta de los asuntos inconfesables. Nadie de los tuyos, porque a estas alturas de tu vida ya tendrás hecha tu tribu o tu familia, te dará la oportunidad de hacerlo, todo lo mas, si el malestar no te deja dormir, alguno te remitirá a un profesional o te dirá que te apuntes a algún curso de meditación. Cosas así. Y tu lugar de pertenencia quedará como tu asignatura pendiente. Lo sabes, pero no sabes como lo sabes. Lo que quiero decirte es que lo has olvidado. Solo es preciso que te pongas a recordar, pero dices que no tienes tiempo.

viernes, 24 de enero de 2020

SILENCIO RENCOROSO

La alcaldesa había salido en la tele anunciando un conjunto de medidas de carácter medio ambiental para ¨poner la ciudad al día``, dijo literalmente. Lo que le sorprendió a H de su breve alocución fue, por un lado, que no admitiera preguntas de los periodistas y, por otro, que insistiera hasta tres veces en que sus palabras no tenían nada que ver con un simulacro, como si quisiera disculparse respecto a otras intervenciones anteriores,  en las que la oposición municipal le había criticado que fueron una mala puesta en escena teatral. Lo que que la calificaran como una mala actriz, fue, al entender de H, lo que peor le sentó. Sea como fuere, el caso es que las palabras últimas de la alcaldesa le habían atravesado a H la muralla de prejuicios con que se protegía y le habían alcanzado el alma. Vale decir que, en el camino, también le habían tocado el tuétano del bolsillo. Desde el primer momento sabia que la paga semanal que le daba su hijo desde el dia que cumplió doce años, contribuía de manera indirecta al cambio climático y, por tanto, al deterioro de la ciudad, que ahora su alcaldesa pretendía poner al día, siempre y cuando sus palabras no hayan sido parte de un simulacro mas. La preocupación sobre si estaba actuando bien moralmente con el planeta, al dar la paga semanal a su hijo, le había surgido a H, además de por las palabras de la alcaldesa, por las de un articulo de un periodista holandés que titulado, Adecuaciones, hace un análisis pormenorizado sobre el futuro de la Unión Europea, que en definitiva es el mismo y el único territorio seguro y habitable que el futuro de su hijo, a partir de la política de destrucción de los excedentes comunitarios. Semejante política, según el articulista Jenkin Aarden, adecuará en los años venideros la oferta y la demanda de una manera exacta. Si se trata de tomates, por ejemplo, esta política produce al principio desajustes sociales como el paro o la merma del poder adquisitivo, pero la adecuación entre los tomates que se siembran y las ensaladas que se preparan en cada hogar acabará siendo perfecta. Sin embargo, el articulo de Aarden no se hace eco de las adecuaciones emocionales que el exceso de realidad produce en organismos todavía incompletos como son los de los niños. Teniendo en cuenta que para los niños toda la realidad es fantasía, y al revés, se la comen toda tal y como se la sirven en las diferentes pantallas. Y a ello ha contribuido, a su entender, la institucionalización de la paga infantil, adolescente y juvenil dentro de los presupuestos familiares de las nuevas clases medias emergentes a cuenta del éxito y prestigio de la era digital. Lo que no dicen, ni la alcaldesa ni el articulista holandés, es que esa paga esta contribuyendo de forma mas notoria, pongamos, que los carburantes fósiles o los excedentes alimentarios al cambio climático del planeta. Pues si contra estos últimos van apareciendo antídotos en forma de reordenación de la ciudad o la adecuación de la oferta y la demanda, contra la creencia de que  toda fantasía es lo mismo que la realidad, aun no se ha inventado nada. O dicho de otra manera, como me lo puedo comprar me es necesario, por tanto me lo merezco, por tanto es real. A la semana del discurso de la alcaldesa quedó con su hijo en un Burger King con la intención de decir que le quitaba la paga semanal hasta nueva orden. Lo primero que pensó fue acudir a su psicoanalista, antes de quedar con su hijo, para preguntarle si había maneras de adecuación entre la demanda de esperanza y la oferta de frustraciones que proporciona cada día la experiencia con la realidad. Su hijo necesitaba un plan de choque, le dijo su psicoanalista, que adecuara la desesperación que se le echaba encima al no tener un euro en el bolsillo con la impiedad de una realidad, convertida ya en publicidad fantástica toda, que  seguiría postulándose ante él como la auténtica realidad. Con ese plan el que con toda seguridad iba a quedar dañado era el derecho a la información del menor, pero alguien se tienes que hacer cargo de toda esa realidad que, sin darse cuenta, no le cabe dentro. Después del terrible diagnostico de su psicoanalista, H estuvo a punto de pedir cita para una nueva sesión de terapia, pues le quedaba claro que después de la última le quedaban restos dentro sin encontrar su adecuado lugar. Espero a tomar la decisión después de tener la conversación con su hijo, a sabiendas de que no esperaba de él nada relevante que no fuera el silencio rencoroso con que habitualmente le respondía a cualquier enmienda mediante la que, en los últimos meses, había tratado de adecuar sin éxito su conducta.

miércoles, 22 de enero de 2020

LA EXTRAÑEZA

La extrañeza es un sentimiento con el que no te gusta convivir. Como todo lo que te produce malestar prefieres quitártelo de encima de inmediato. A poco que te fijes comprobaras que lo que llamamos realidad es un delirio pactado entre todos. Prueba a hacer un inventario de todos los gestos, actos y frases comunes que no dejamos de repetir machaconamente cada día, manteniendo así el cuerpo esbelto del delirio. Todo lo que altere el cotidiano funcionamiento de ese delirio nos produce extrañeza, nunca el delirio mismo. Te dejo el ultimo ejemplo delirante. El AMPA del instituto de mi barrio ha organizado una charla para reflexionar sobre las adicciones internáuticas que están detectando en sus hijos adolescentes de un tiempo a esta parte, pongamos, desde el 2007 año en que salió al mercado en olor de multitud el primer Smartphone. Como no podía ser de otra manera la charla conferencia la impartirán un psicólogo clínico y un pedagogo. Hasta aquí una breve sinopsis de uno de los delirios que forman y otorgan perspectiva a nuestra vida delirante. La educación. Veamos. Como toda nueva tecnología el smartphone apareció en 2007 como un cuerpo extraño en la sociedad de la época (así hablan los comerciales del sector, para ellos el 2007 es como el pleistoceno antropológico). De igual manera apareció en su día Madama Bovary y a Flaubert casi lo queman en la hoguera. Sin embargo, Steve Jobs fue ensalzando desde el primer clic como el nuevo dios del universo digital. Nuestro delirio, pactado tácitamente con Jobs, pronto se dio cuenta de que Madama Bovary se podía leer sobre la pantalla del nuevo smartphone. La delirante normalidad volvió a instalarse en nuestras vidas. Han pasado sólo diez años y han saltado todas las alarmas. Lo que ayer formó parte, con sorprendente prontitud, del delirio pactado, hoy lo ha abandonado y camina a sus anchas, de nuevo, como un extraño que amenaza los beneficios de aquel pacto. Lo verdaderamente extraño es que los padres que convocan la charla conferencia se alarmen de lo que ellos mismos han producido: unos hijos adictos a la pantalla de su smartphone. En fin, unos monstruos. El cuento de que sus hijos y sus alumnos al estar mejor comunicados se iban a entender mejor entre ellos y con el mundo que les rodea, incluido los propios padres y profesores, ha abandonado el hogar y el aula y se ha convertido en una historia de terror autónoma. Es lo que le ocurre a lo extraño cuando escapa al control de nuestro delirio pactado, se convierte primero en algo amenazante y luego en algo que produce espanto. Ahora quienes no entienden el mundo, ni se entienden entre ellos, son los padres y profesores. Mientras que sus hijos y sus alumnos han cumplido de sobra las expectativas que levantó la aparición del smartphone, no solo se entienden con el mundo sino que han creado un mundo propio que solo ellos entienden. Para que me entiendas, el terror que produce semejante evolución en la especie es como si un grupo de científicos japoneses lograra en un laboratorio que un grupo de monos contara hasta nueve, y luego los dejarán libres en la selva. Pronto los pedagogos, que han colaborado a esta mutación en el aprendizaje moderno, se acercarían a los monos y les enseñarían a contar hasta diez y a continuación a construir un decálogo. Y de todos es sabido que la decena multiplica el horror. Es la culpable de los Díez Mandamientos del Vaticano y de todos los decálogos laicos que por imitación no hacen más que proliferar cada día. Véase el diez por ciento de interés sobre el que se ha edificado todo la fanfarria de la especulación bancaria. También, y esto aún da más miedo, el diez es el germen del espíritu castrense. Las escuadras, las falanges y las legiones son múltiplos de este número macabro. La ventaja que tienen los monos japoneses respecto a los adolescentes occidentales es que no han perdido el suelo religioso con que los recibió el mundo, lo que hace que sepan pararse a tiempo. Mientras que los adolescentes occidentales ha venido a un mundo sin ese tipo de suelo, solo dominado por la autoconciencia ilimitada de ellos como sujetos. O dicho de otra manera, que cuando un adolescente entra en el mundo de hoy le está permitido hacer de forma ilimitada lo que le dé la gana. Hasta el 2007 lo de hacer de forma ilimitada era pura ciencia ficción. A partir de entonces se ha convertido en la única realidad realmente existente. Y a diferencia de los monos japoneses que, según dicen los científicos y los pedagogos, sabe hablar pero que no lo hace para que no le hagan trabajar los humanos, los adolescentes occidentales no le tienen miedo a semejante extremo porque, primero, el trabajo es cada día más escaso en esta parte del planeta y, segundo, sus padres les han asignado una paga desde los diez años para sus gastos a cambio de nada. O, si la cosa se pone muy apurada en casa, por haber suspendido sólo dos asignaturas en la evaluación del trimestre. Con lo cual el adolescente occidental no tiene miedo a nada ni a nadie y se ha lanzado, seguro que por inducción tácita de los pedagogos, al disfrute a tumba abierta de los beneficios del diez y sus múltiplos, que con el smartphone en la mano, al parecer, se hacen ilimitados en su capacidad de de producir Ejemplaridad publica. Que si los diez discos más escuchados, que si los diez futbolistas más famosos y que cobran más. Y en este plan.

jueves, 7 de marzo de 2019

TALADRAR EN DURO

En el salón de actos del centro cultural la Acebeda, sito en una de los barrios de nueva creación dentro del programa de ampliación de la ciudad hacia el oeste, el filósofo Darío Dreymuller dio una conferencia sobre el futuro de la vocación educativa, en una sociedad que ha perdido la verticalidad impositiva tradicional en favor de una horizontalidad performativa digital. Era el 11 de marzo de 2004. Fuera toda la ciudad se sentía convulsionada por las explosiones habidas en los trenes de cercanías a primeras horas de la mañana, que habían dejado, a esas horas de la tarde, cerca de doscientas víctimas mortales. A Dreymuller le ofrecieron la oportunidad de suspender el acto, pero él prefirió mantener su convocatoria cuando le vino a la cabeza una experiencia similar que tuvo Max Weber hacia casi cien años. Efectivamente, fue en una fría tarde de enero de 1919 cuando, en una sala estrecha y no muy iluminada de la ciudad de Múnich, el pensador alemán doy su famosa conferencia: La política como vocación, donde define esa vocación como el taladrar de duras tablas con pasión y tino. Fuera de la sala donde había disertado Weber, igualmente que en los trenes de 2004, la barbarie nazi comenzaba a imponer su letal trabajo. Este paralelismo entre un acto y el otro llevaron a Dreymuller a orientar las palabras de su conferencia hacia un lugar poco habitual de la vitalidad del intelecto, a saber, uno puede ver y comprobar cada día que las cosas y las personas que imposibilitan la educación y la democracia son en su esencia irremediables, pero al mismo tiempo uno debería estar decidido a que aquellas fueran de otro modo, tanto por separado como en su irreductible interrelación. Un espía, dijo así Dreymuller en un momento de su intervención, que estuviera vigilando a los maestros y profesores de escuelas e institutos desde el inicio de su jornada laboral, no sabría realmente que estarían haciendo allí dentro (tanto en las aulas como en los despachos) y si lo que hacían tenía que ver realmente con la educación. No sería suficiente, entonces, que se leyera de principio a fin los objetivos y procedimientos que constan por escrito en el diseño curricular del centro educativo en cuestión. Tendría que examinar primero las circunstancias de índole personal y después las posibilidades objetivas que ponen límites a todos los actos y decisiones que se hacen y se toman allí dentro. Observaría, así, la infinidad de decisiones que los profesores toman (muchas de ellas de acuerdo con los progenitores de los alumnos en sus reuniones tutoriales) que, o bien no tienen nada que ver con los objetivos del diseño curricular del centro educativo acordado por mayoría en el claustro o, si sí se atienen a la hoja de ruta diseñada todo se convierte, de repente, en un oficina de dudas y vacilaciones en el mejor de los casos, o en una caseta de apuestas mutuas en el peor. En cualquiera de los casos, no han nada que no ablande o lubrique ese taladrar en duro en que, al fin y al cabo, se convierte el día a día educativo, como unas risas en los grupos de whatsapp donde los damnificados del asunto se refugian. ¿Por qué no lo dejan?, se preguntó y preguntó Dreymuller a quienes lo estaban escuchando. Porque, respondió (recordando la escena primera de El Proceso de Kafka, en la que Josep K dijo, a quienes lo habían detenido sin acusarle de nada, que estando en el banco donde trabajaba nada de esto le habría sucedido), fuera de la escuela o el instituto los profesores y los alumnos serían unos don Nadie porque no tendrían función alguna, amenazados de ser detenidos en medio de la calle sin haber cometido delito alguno, aunque sintiendo toda la culpa del universo sobre su conciencia.

miércoles, 6 de marzo de 2019

ENTRE CORAZAS Y ALMAS

Ocho miembros del sindicato de profesores de secundaria y seis socias de la liga de Mujeres en defensa de la educación pública fueron obligados a disolverse por las fuerzas de orden público delante del palacio presidencial, confiscándoles, al mismo tiempo, la pancarta detrás de la cual se manifestaban desde hacía un mes aproximadamente. La leyenda de la pancarta escrita a mano decía lo siguiente: “Todo ser humano es una coraza andante con pezuñas en la mayoría de los casos, aunque a veces también con piernas. Todo lector es siempre un alma a la busca constante de sentido.” Era el 18 de octubre de 2013. La decisión de este reducido grupo de salir a manifestarse de tal manera tuvo su origen y antecedente inmediato en las discusiones de las jornadas de un congreso europeo, que se celebró en Málaga en el mes de septiembre del mismo año, sobre la relación que pudiera haber entre un buen aprendizaje de la lectura dentro del sistema educativo (entre 0 y 18 años, es decir, dentro de la minoría de edad del futuro ciudadano) con las prácticas políticas y sociales del buen ciudadano de hecho y de derecho (a partir de su mayoría de edad oficialmente reconocida), entendida esa bondad no como la que es propiedad del activista comprometido hasta los dientes día y noche y todas las fiestas de guardar (que es más bien la cualidad propia de un ciudadano dogmático), sino con la de quien sencillamente lo hace no comportarse como un mal ciudadano. No les quedó claro a los manifestantes si la intervención policial tenía que ver con que se habían negado, a pesar de la advertencia gubernativa, a pedir los permisos correspondientes en la oficina municipal correspondiente, o más bien estaba motivada por las alusiones indirectas o metafóricas que el texto de la pancarta hacía a las dos lineas de discusión que presidieron las jornadas del congreso europeo aludido. Una, la del filólogo norteamericano, Walter Lancaster, que se muestra escéptico frente a las posibilidades reales de la democracia de masas y, por extensión, frente a la democratización igualmente masiva de la lectura como alentadora de la educación y como cómplice, en definitiva, de las conversaciones públicas en aquella; dos, la del filósofo pragmático argentino, David Scarotti, que no dudaba de los beneficios directos que una adecuada implantación en los centros educativos del aprendizaje de la lectura (y la escritura) tendría en el futuro sobre la regulación de las conversaciones públicas bajo la influencia ineludible, no había que olvidarlo, de la tecnología de la era digital donde aquellas van desplegar su experiencia. A alguien del equipo organizador del congreso, explicó Ernesto Arozamena en una entrevista para la televisión regional como portavoz de los manifestantes frente al palacio presidencial, suponemos que no le ha debido gustar que hayamos resumido las ponencias presentadas, bajo los auspicios de las dos lineas mencionadas, como un enfrentamiento entre corazas y almas. Muy al contrario, dijo Arozamena a la periodista, nuestra presencia en la calle no ha pretendido denunciar ese marco en el que han querido encuadrar las discusiones, o ir en contra de alguno de los organizadores, sino representar de una forma democrática frente al palacio presidencial y narrativamente significativa mediante la frase elegida, lo que es común a las conversaciones entre humanos, y este congreso celebrado en la capital andaluza, recalcó Arozamena, no hace falta insistir que no ha sido una excepción a esa regla del comportamiento básico humano en el uso de las palabras. Por un lado, están los que se ocultan detrás de su coraza y que, aunque pareciera que viven aislados, pretenden enterarse de todo lo que les rodea a cambio de que nadie sepa, ni se les obligue a ello, nada de lo que son ellos mismos; por otro lado, los que abren su alma al mundo para ver que pasa y, sobre todo, para ver que les pasa con eso que pasa, que siempre sucede entre los otros. Queríamos representar no tanto fuera de los cauces reglamentarios del congreso como a su vera, que la democracia y el aprendizaje de la lectura, como parte fundamental de una educación al servicio de aquella,  son productos genuinos de la comunicación humana, y que si no es así no son nada. Y también, que en ese empeño todos somos corazas y todos tenemos un alma. Toda conversaciones, por tanto, es una lucha feroz entre las unas y las otras, empezando por las propias y continuando en el encuentro posterior con las ajenas. Ser consciente de todo esto, debería ser el espíritu que flotara al final sobre todos los participantes en el congreso, concluyó Arozamena.

martes, 5 de marzo de 2019

SIEMPRE ES AQUÍ

Alicia Ledesma envió un memorándum, en formato de mensaje de texto, a los miembros de la “Liga de Mujeres en defensa de una Educación Pública para Tod@s”. Reconocía con sus palabras que la asociación, que presidía desde hacía diez años, había perdido socias e influencia entre los protagonistas principales de la comunidad educativa, a saber, profesore@s y las familias. La crisis económica, la paulatina implantación de las nuevas tecnologías entre los más jóvenes, la voluntaria complicidad de sus mayores que igualmente se han incorporado a esa nueva ola, reconocía Ledesma, hacía que cada vez fuera más difícil persuadir de la verdad imperecedera del clásico mensaje, que insiste desde hace más de doscientos años en que la educación pública y gratuita es la única herramienta para avanzar con rigor y responsabilidad por el camino de la civilización y emancipación de la humanidad toda. Qué sentido tiene traer hijos al mundo y organizar un sistema educativo para educarlos, se pregunta Ledesma en el memorándum, si el pasado que concierne ya a muchos de esos hij@s y alumn@s no va más allá de 2007, que fue el año en que Apple empezó a comercializar el primer iPhone. Para ser solo clientes que mantengan vivo y activo el mercado quizá haya que pensar otra manera de organizarnos, y aceptar la distopía en que han caído la familia y el sistema educativo con un denso y complejo pasado al que se atienen. Lo que le critican a Ledesma, tanto desde la Liga de Mujeres que preside como desde los diferentes estamentos educativos, es que no hace el menor esfuerzo por presentar una imagen renovada de sí misma, y de la organización, a la hora de hablar de los asuntos que representa. Ledesma se defiende diciendo que en lo esencial, para que la educación pueda seguir siendo ese paraguas donde se amparen los hombres y las mujeres de bien que aspiran a la dignidad de la humanidad, todo es y será como idealmente lo imaginamos desde siempre. Lo que quieren algunas miembros de la Liga de Mujeres en defensa de una Educación Pública para Tod@s, continuó Ledesma en su escrito, es que aparezcamos en público con la preocupación constante de deber ser como los otros quieren que seamos. Desde aquí os digo, no contéis con mi nombre para tal giro. Esta liga de Mujeres aspira a ser en la educación antes que a vivir de la educación a golpe de los clics oportunistas que marque la moda de Internet, intentando que nos perciban como personas ocurrentes, inteligentes, implicadas en los vaivenes coyunturales que menean digitalmente de un lado para otros los asuntos educativos de siempre, que son también los de aquí y ahora. Mientras yo sea la presidenta de esta liga la moda nunca será su ideología. Así en contra de quienes abogan por usar masivamente las nuevas tecnologías en la educación actual, nosotras no tenemos el más mínimo interés en mostrar nuestra mejor versión on line. Al contrario creemos honestamente, dijo Ledesma en la parte final del memorándum, que es muy difícil mentir ya que la verdad se acaba colando por cualquiera del juego de apariencias que en se fundamenta en la actualidad la comunicación digital. La fórmula de decir muchas palabras en poco tiempo, aparentando aplomo e inteligencia tiene los días contados porque su horizonte está ciego y sordo,  o hay ninguna posibilidad de interpelarlo desde el presente. Si queremos que la educación tenga algún éxito en el aula y el hogar debemos conseguir que nuestros hijos y nuestros alumnos aprendan a leer en el corazón de las palabras, lo que invalida la urgente prioridad por poner nuestra atención y esfuerzo en saber primero, y comprar después, el soporte donde aparezcan escritas. Lo que importa es volver a recuperar el interés por los otros, concluye Ledesma, dejando de lado el interés exclusivo por el papel de uno mismo, que es donde están perdidos todos los miembros de la comunidad educativa.

miércoles, 27 de febrero de 2019

DISTRACCIONES

El pedagogo Gustavo Reig, presidente de la comisión parlamentaria que elaboraba la nueva ley Educativa, era firme partidario de “bombardear” (así le gustaba denominar) la proverbial distracción de los alumnos mediante la utilización intermitente de los dispositivos electrónicos en el aula. Era mayo de 2011. La periodista Rosa Cárdenas, directora de la revista especializada Educalia (dedicada a la investigación y divulgación de la educación en las bibliotecas y viceversa), respondió a las declaraciones de Reig al mes siguiente, en la editorial excepcionalmente extensa de la revista. Allí dijo que uno de los problemas que acarrea la digitalización de la experiencia es la fragmentación de la percepción sensorial de quienes viven pegados, como la uña a la carne, a sus dispositivos digitales, como era el caso de todos los adolescentes y jóvenes en edad educativa del momento presente. No se trataba de discutir de forma generalista, dijo Cárdenas en su artículo, si la gente puede prestar demasiada atención o demasiado poca, y si lo hace necesariamente a los aspectos correctos de la realidad que los rodea. No hay impugnación que valga contra el hecho de que nuestra atención puede verse voluntariamente distraída, sencillamente porque nuestra conciencia distraída encaja mejor en todo ese cúmulo de distracciones que pone a su servicio la vida en general y la cultura digital como su mejor representación en particular. En la práctica es lo que hacemos hoy cada día de una manera especialmente intensa, prestar más atención a todas esa distracciones digitales. Pero la educación publica no debe ser un reflejo de la urgencia con que reclaman nuestra atención tales distracciones, sino que fue imaginada como un espacio de aprendizaje y cuidado de la atención y la concentración sobre lo que es importante, lo cual interpela decididamente a padres y profesores en el cumplimiento de esta misión. La conciencia distraída que es natural al carácter de los pocos años que tienen los alumnos, no debe ser alentada desde el hogar y el aula por la consentida digitalización de su experiencia familiar y educativa, concluía Cárdenas su artículo. La respuesta de Reig y los de su gremio más psicólogos, economistas, coachs, y algún que otro ferviente historicista, no se hizo esperar y fue en la misma revista que dirigía Cárdenas. A ésta no le discutían el carácter popular que tenía la digitalización de la experiencia de los alumnos, ni tampoco su naturaleza propia hecha a base de lo que previamente le hayamos metido, pues un ordenador no nos devolverá nada que previamente no le hayan inyectado, como dicen los informáticos, a modo de chiste, tratar con un ordenador es como hacerlo con un miope, ve hasta donde puede, más allá todo es oscuridad. Lo que sí le discutían a Cárdenas era que la superación de la distracción natural de los alumnos, a base del aprendizaje forzoso de la atención y la concentración, fuera del ámbito donde tarde o temprano tendría que enfrentarse a todo tipo de distracciones y atenciones arbitrariamente entremezcladas (como antaño se pensaba y se cuidaba la virginidad de las mujeres o el honor de los hombres fuera de la promiscuidad y las traiciones mundanas que las rodeaban), era tan estéril como contraproducente. Para entendernos, decían Reig y los suyos, Cárdenas veía la educación desde una concepción absoluta de la relación entre sensibilidad y realidad, al igual que Newton concebía la relación del espacio y el tiempo, es decir, realidades no relacionales y, por tanto, sin ninguna posibilidad jamás de relacionarse. Era una evidencia que la distracción congénita de los niños y los adolescentes no se opone siempre a la necesidad de atención y concentración que deben aplicar en sus estudios, decían, otra cosa es que todavía no se haya encontrado la fórmula que los ponga en contacto de manera  interdependiente. Por eso pensaban que en la digitalización de la experiencia familiar y educativa, como nunca antes en la historia de la humanidad, se encontraba el mejor punto de encuentro, como los claros en el bosque, donde se producirá al fin la luz que todos, profesores, padres y alumnos, deseaban.

martes, 26 de febrero de 2019

MASA EDUCATIVA

El observatorio de la Masa Educativa, una institución creada por las autoridades del sector para poder tasar el estado de ánimo de estudiantes y profesores, sacó la conclusión en su último informe de primavera que aquellos encontraban la educación actual demasiado aburrida. Dentro de las aulas y en las reuniones de los claustros de profesores está apareciendo un desasosiego inaudito, puntualiza en una de sus catorce paginas el mencionado documento. Como en las épocas de preguerra todos quieran que suceda algo, aunque sea muy desagradable, pero nadie se atreve a dar el primer paso. Semejante indefinición provocada por un clima de enfrentamiento no declarado, hace que cada una de las partes vea el poder que ello da a todo lo que odian en quienes tienen delante cada día. Así a los enfrentamientos tradicionales entre profesores y alumnos, y progenitores contra profesores, se añaden ahora, según las mismas fuentes del informe, los enfrentamientos, digamos, de nuevo cuño, a saber, entre los profesores con plaza fija y los interinos, entre padres de alumnos aventajados contra padres de alumnos que van más atrasados, entre alumnos que quieren realmente aprender contra alumnos que solo van a clase a divertirse, entre alumnos y alumnas por razones obvias hoy perfectamente explícitas, entre profesores sherpas que entienden su función educativa solo como una guía sin interferencias en la creatividad del alumno y profesores convencidos de que deben ser ellos los que creen a las condiciones de posibilidad mediante las que pueda desplegarse adecuadamente la potencia creativa del alumno. En el apartado de anexos al informe principal, los redactores del mismo han colocado los enfrentamientos, nuevos también, entre el personal no docente contra el personal docente y entre los miembros del personal no docente entre sí. Una de las posibles causas de tal situación de violencia dentro de la comunidad educativa, que destaca el informe del observatorio de la Masa Educativa, son las diferentes percepciones que los diferentes protagonistas que constituyen ese conglomerado tienen respecto a la forma y alcance en sus vidas del pasado. Desde los que están a punto de entrar en la universidad para los que el pasado comienza en 2007, año en que Apple sacó al mercado el primer iPhone hasta los profesores que están apunto de jubilarse que ponen la raya del pasado en los turbulentos años de la segunda república. Fuera de esta percepción histórica se encuentra una minoría no desdeñable de profesores, sobre todo, subraya el informe, que viven instalados dentro de las perspectivas inigualables, según ellos, que siguen generando la paideia y mayeútica griega como mejor manera de salir del colosal atasco en que se encuentra metida la educación actual. El informe del observatorio de la Masa Educativa es, al parecer de Arturo Linares, una cabal representación de ese especie de agujero negro de donde surge el cansancio temible que siente últimamente con extraña frecuencia. Es como si todo ese mundo del que habla hubiera perdido su materialidad debido a ese tipología de cansancio, lo que hace que nadie sea ya capaz de escuchar a nadie tal es el grado de deformación que han sufrido los protagonistas de la tragedia. Ni si quiera la mentira puede enseñorearse sobre ese campo abierto de batalla, pues la fuerza de la verdad acaba por desdibujar los disfraces y máscaras del carnaval educativo. Arturo Linares, como alguno de sus compañeros, ha declinado su deber de oponerse. Piensa que quedaría reducido al papel de mono enfurecido y charlatán que respondería al odio ajeno con gritos de odio propio. Nada de eso impide, sin embargo, saber que lo que hacemos tiene consecuencias, dice Linares, que no llegan por mandato externo sino por su cuenta. Uno de sus alumnos de secundaria le confesó recientemente que disfrutaba matando pájaros y conejos. Desde niño lleva una cuenta detallada de cuantos estorninos, palomas y alondras ha matado. Eso fue lo que le presentó en clase cuando le preguntó a qué dedicaba el tiempo libre de que disponía.

lunes, 25 de febrero de 2019

CANSANCIO TEMIBLE

Los de su quinta ya no le acompañaban en lo que le gustaba llamar el tercer acto de su vida. Sin saber por qué, hacía tiempo que habían decidió mirar hacia atrás, pues ahí era donde estaban sus hijos que para eso los habían tenido, decían. Semejante asociación era la parte más oscura y extensa de su ignorancia, según el parecer de Arturo Linares, que así pensaba cuando recibió la convocatoria para asistir a una reunión extraordinaria del consejo escolar de Tobar, municipio de quince mil habitantes al que pertenecía el instituto de educación secundaria donde daba clases de ética desde hacía cinco años. Cuando acabó de leer la convocatoria, que estaba firmada por el alcalde, sintió una sensación de cansancio temible. Hasta ese momento solo conocía cansancios físicos fruto, según pensaba él, de un exceso de optimismo o celo profesional. Era un tipo de cansancio, digamos, infantil pues surgía de trajinar sin parar con niños o adolescentes, que compartía con el resto de sus compañeros de profesión, y que duraba lo que dura un fin de semana o, si la intensidad del cansancio superaba lo habitual (como solía suceder cuando se acercaba el final de un trimestre) una cena entre colegas, aderezada con sus correspondientes risas, era más que suficiente para encarrilar el esfuerzo último hacia la consecución de la meta del del deber docente cumplido. El cansancio temible que ahora siente cada vez que tiene que verse las caras con los miembros de la comunidad educativa, como el los llama, o con los amigos o conocidos de su vida privada, tiene que ver con el hecho de sentirse rodeado, si lo compara en relación a hace diez o quince años, por un sinnúmero de momentos de más, al mismo tiempo que nota que su vida íntima va paulatinamente a menos. Para entendernos, el cansancio temible, a diferencia del cansancio físico o infantil, surgía vinculado indefectiblemente a un tipo de sufrimiento maligno, que tenía la facultad de deformar todo lo que estaba a su lado, empezando por él mismo. Era un sufrimiento al que no estaba acostumbrado, ni quería hacerlo. El concejal de educación y cultura que sustituyó al alcalde, ya que éste por razones de agenda no pudo asistir a la reunión del consejo escolar municipal, tomó la palabra en primer lugar e hizo un llamamiento no exento de solemnidad (propia del carácter extraordinario de la reunión, además de comprensible dada la oportunidad única que el edil tenía para su propio lucimiento) para defender entre todos la educación pública en el municipio. Si los alumnos dictadores del pueblo, digámoslo así dijo el concejal de cultura, tienen a mano una nutrida fuerza de extorsión en las aulas, de nada va a servir las medidas de apaciguamiento que desde la dirección del instituto, y desde las familias, se están empleando para disuadir sus conductas intolerables. Ese tipo de alumnos valoran el riesgo de manera muy diferente a cómo sus padres y profesores piensan que lo valorarán. Si han perdido el norte, como parece que es el caso, no perciben el daño que hacen ni el riesgo que corren al hacerlo. Si son fríamente maquiavélicos ven que en las circunstancias que ellos perciben como desesperadas sea menos arriesgado extorsionar que someterse a las órdenes de sus mayores. Lo que es del todo seguro es que amenazándoles con medidas disciplinadas no darán el resultado deseado por todos, incluida está corporación municipal a la que con orgullo represento. Una mala acción por nuestra parte, siempre producirá una cascada de malas acciones por la suya.

martes, 19 de febrero de 2019

PAIDEIA DIGITAL

Cuatro grupos de la renovación pedagógica fijaron la fecha del Día Internacional de la Educación para entregar a las autoridades educativas un manifiesto mediante el que, apoyado por dos mil abajo firmantes, por un lado reconocían su incompetencia para seguir impartiendo la docencia en las circunstancias actuales y, por otro, reclamaban con carácter de urgencia su reciclaje o su reeducación para poder seguir cumpliendo con su misión vocacional o, en su defecto, su jubilación anticipada. Uno de los grupos, la liga por la paideia griega en la era digital, cuyo presidente es Ernesto Arozamena, público en un diario local al día siguiente de la entrega del documento conjunto, un libelo en el que denunciaba con pelos y señales la ingobernabilidad del modelo actual educativo inspirado en los presupuestos ilustrados de los pensadores del siglo XVIII. El texto, que estaba firmado por Arozamena como presidente de la liga educativa a la que pertenece desde que empezó a dar clases, hace incapié en un hecho muy incómodo por su carácter firmemente impugnatorio del presente educativo. La ilustración, venía a decir, no dejó de ser un movimiento reactivo contra la visión teologal del Vaticano, que en su momento fue también una reacción reactiva (o una asimilación interesada) contra las formas de pensamiento educativo antiguas, digámoslo así para abreviar, a saber, la herencia grecolatina y hebrea fundamentalmente. Como toda reacción reactiva, los dictados de la ilustración han acabado siendo reaccionarios, pareciéndose cada vez más en la práctica a todo aquello que quiso combatir y hacer desaparecer de las formas educativas vaticanas. Iniciar al ser humano en el camino de la mayoría de edad, tal y como teorizó Kant, ha acabado siendo, gracias a la colaboración inestimable que ha proporcionado la tecnología digital a los protagonistas educativos, una vuelta sobre los tímidos pasos adultos dados desde entonces a la perezosa y cobarde minoría de edad original. Como todo el mundo debería saber, continua Arozamena en su libelo, la minoría de edad significa, según Kant, la incapacidad del ser humano de servirse de su propio entendimiento sin la guía de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no reside en la carencia de entendimiento, sino en la falta de decisión y valor para servirse por sí mismo de él sin la guía de otro. Kant lo resumió en su famosa invitación: Sapere aude!, es decir, atrévete a pensar por ti mismo. Siguiendo la estela del pensador alemán, dice Arozamena, la culpa de la catastrófica situación educativa actual no la tiene, como argumentan la mayoría de los docentes y de los padres, la irrupción despiadada y acelerada de las nuevas tecnologías digitales y sus plataformas afines, ni el temor que les embarga por no saber estar a la altura de los tiempos si llevan la contraria a sus alumnos e hijos,  sino la incapacidad de aquellos de servirse de su propio entendimiento, más abundante y diverso que nunca antes en la historia de la humanidad, sin la guía o las muletillas ajenas (pedagogos, psicólogos, coach,...)  para saber cómo encauzar la educación de quienes están a su cargo en el hogar o en el aula. Pereza y cobardía son los atributos vitales de un don Nadie, que es como nosotros, desde la liga por la paideia griega en la era digital, llamamos a los menores de edad que hoy dominan la vida educativa dentro y fuera de las escuelas, institutos y universidad. Unos don Nadie que prefieren No Ser a No Vivir. Lo que paradójicamente no les impide, a esos don Nadie, primero seguir postulándose como miembros de la comunidad educativa y, segundo, una vez dentro, cuando se encuentran a solas, o tejiendo sus chácharas en las tribus digitales a las que pertenecen, considerarse superior a los demás. Hay un regodeo, un resentimiento mudo en ese no ser nada de un don Nadie que, como la lava de un volcán en erupción, ha acabado por cubrir todo lo que se ve y se toca. Como dijimos anteriormente no solo la pereza y la cobardía mantienen intacta la minoría de edad desde hace doscientos años, haciendo estéril la sugerencia de Kant y de todo el proyecto ilustrado, que no era otro que aprendiéramos a pensar por nosotros mismos, sino que hemos hecho de la ignorancia resultante el más prestigioso y benefactor de los placeres. Sucede, entonces, que en la época de la máxima información disponible, de la liberación de la servidumbre diaria por la supervivencia, el ser humano ha decidió seguir apegado a su minoría de edad; así se siente feliz, se siente bien, pues todos piensan por él y el no tiene que pensar, no necesita esforzarse, pues con solo pagar otros asumirán por él la fastidiosa tarea, o también otros asumirán tareas para mantener a punto y en perfecto estado de revista el círculo intoxicante de la ignorancia. Desde la liga por la paideia griega en la era digital queremos denunciar, de manera inaplazable, el engaño consciente, hoy no puede ser calificado de otra manera, de los que perseveran en su minoría de edad sin renunciar a los cuidados y parabienes que todo menor de edad verdadero tiene derecho. El auto engaño individual no es un asunto que tenga repercusiones solo en el ámbito privado, muy al contrario, su práctica institucionalizada como una cultura de progreso ilustrado, o sea, que la minoría de edad consentida es un instrumento que nos hace avanzar más y mejor que las disquisiciones y dilaciones adultas (lo que, de acuerdo con los postulados ilustrados, se convierte de inmediato en una cultura de máximo prestigio), rebasa ese ámbito e infecta de lleno a todo el cuerpo social y político, que de esta manera acaba siendo un menor de edad, para entendernos, una inmensa e ingobernable guardería. Desde la liga por la paideia en la era digital recordamos, una vez más, que nadie ha demostrado que la parsimonia de la primera no se avenga perfectamente con la velocidad de la segunda. O mejor dicho, que lo digital solo encontrará su destino, es decir, sus formas y posibilidades en las preguntas y perspectivas que surgan desde la paideia, donde el que más sabe es el profesor y el progenitor, porque son los primeros que no tiene rubor en reconocer ante sus alumnos e hijos que no saben nada, principio irrenunciable de todo aprendizaje. Ese  matrimonio bien avenido entre el “Saber del no saber” entrelazado con “Toda la información a la mano” debe de producir los mejores logros en beneficio de la sabiduría individual y colectiva.