sábado, 28 de marzo de 2026

MAY SARTON

 Porque lo que más deseo es permanencia

Porque lo que más deseo es permanencia,
el largo, relajado y continuo flujo
de ríos subterráneos sin sentido,
que alimenta los paisajes áridos con su azul-
poesía, plegaria, o llámala como quieras
que libera el difícil acto del deseo
y hace al mundo entero a la vez eterno y quieto-
concentro mi mente en el trabajo diestro y el oficio,
concentro mi corazón en la amistad, ardua y ligera
contra el feroz parpadeo encendido del azar
y todas las sensaciones abiertas en un atisbo.
Oh azul Atlántida donde los marinos sueñan
a sus muchachas en la espuma y bajo las olas-
me muevo en otro rumbo. No bajaré la vista.
Porque lo que más deseo es permanencia,
lo mejor es enterrar ahora este fuego,
guardar la llama dentro, sin sentido,
donde arden y fluyen los fuegos ocultos y los ríos,
crear un mundo que sea intenso y quieto.
Llego a ti con la mirada franca.
No son horas de fuego sino años de alabanza,
la copa llena hasta el borde, completamente llena,
pero alzada en equilibrio para que ninguna gota se derrame.

KAFKA EN URGENCIAS

 Sin saber cómo y por qué una tarde del primavera la doctora K , suplente enfadada del centro de atención primaria de mi barrio, envío a mi mujer al servicio de urgencias del hospital más cercano, pues había detectado una amenaza de hospitalización debido a que sus índices de saturación respiratoria eran muy bajos. La doctora K antes de dirigirse a mi mujer pidiendo que le dijera lo que le pasaba, no quiso evitar hacernos partícipe de su enfado; tal cabreo consistía en que la habían llamado la noche anterior para que se presentara en el centro de atención primaria donde estábamos, llamada que había colmado su paciencia profesional itinerante pues era reiterativa en los últimos meses sin que ninguna autoridad sanitaria ni de otra índole le diera una explicación razonable al respecto. Mientras tanto, mi mujer no había hecho nada malo para tener que soportar semejante enfado y sus consecuencias no deseadas en forma de arresto hospitalario, tal y como le había sugerido la doctora K. Al contrario, durante la semana anterior había cumplido a rajatabla el tratamiento contra una incipiente neumonía que la doctora que la atendió le diagnosticó después de una minucioso auscultación, en ese mismo servicio de urgencias. Un tratamiento a base de antibióticos, aerosoles y demás fármacos, prescritos en los protocolos clínicos y hospitalarios para combatir los efectos nocivos de aquella. 

El caso fue que nos presentamos con la hoja que nos dio la doctora K enfadada en la sala de urgencias del hospital. No sin ocultar nuestro temor que allí mi mujer fuera hospitalizada, nada más entregar el papel de la doctora K enfadada a la funcionaria de urgencias del hospital. Casi cinco horas después, afortunadamente, mi mujer y yo pudimos comprobar que no fue así. Al parecer el enfado de la doctora K había influido en la medida de los índices de saturación respiratoria al insertarle el aparato de medición en el dedo índice de mi mujer de manera inadecuada. Aun así, al abandonar el hospital con todos los papeles en regla y la conciencia tranquila de que la incipiente neumonía de mi mujer iba camino de su desaparición, las sombras de Joseph K y Gregorio Samsa que nos habían acompañado durante todas esas largas horas de espera, todavía iban detrás en los asientos del coche en el que volvíamos de vuelta a casa.


lunes, 23 de marzo de 2026

LORD BYRON

 Canción del corsario

En su fondo mi alma lleva un tierno secreto
solitario y perdido, que yace reposado;
mas a veces, mi pecho al tuyo respondiendo,
como antes vibra y tiembla de amor, desesperado.

Ardiendo en lenta llama, eterna pero oculta,
hay en su centro a modo de fúnebre velón,
pero su luz parece no haber brillado nunca:
ni alumbra ni combate mi negra situación.

¡No me olvides!… Si un día pasaras por mi tumba,
tu pensamiento un punto reclina en mí, perdido…
La pena que mi pecho no arrostrara, la única,
es pensar que en el tuyo pudiera hallar olvido.

escucha, locas, tímidas, mis últimas palabras
-la virtud a los muertos no niega ese favor-;
dame… cuanto pedí. Dedícame una lágrima,
¡la sola recompensa en pago de tu amor!…

LA OTRA ATENCIÓN

 Esa contradicción me abruma debido a que me hace sentir que dejo de ser yo mismo. Me ocurre con frecuencia. Esta vez procuré poner otra forma de atención hacia lo que sucedía. Yo estaba mirando el vuelo de un pájaro del que me atraía su actitud de carroñero, aunque no lo era. A la mujer la vi venir como si estuviera buscando algo. Pronto advertí que era un banco de madera e hierro forjado que estaba colocado cerca de un alto ciprés, el único ser vivo que, dicen, cree verdaderamente en Dios. La mujer se sentó en el banco y miró hacia el cielo, donde el pájaro seguía simulando que era un carroñero a la busca de su festín y el ciprés señalaba la trascendencia. La mujer abrió un libro y se puso a leer. Entonces la sabiduría que esconde la vida unió sin pedirme permiso y de forma inesperada, al pájaro, al banco, al ciprés donde me apoyaba y al libro que la mujer leía entre sus manos. 


sábado, 21 de marzo de 2026

ALFONSINA STORNI

 PAZ

Vamos hacia los árboles… el sueño
se hará en nosotros por virtud celeste.
Vamos hacia los árboles; la noche
nos será blanda, la tristeza leve.
Vamos hacia los árboles, el alma
adormecida de perfume agreste.
Pero calla, no hables, sé piadoso;
no despiertes los pájaros que duermen.

YO SOY BÁSICO

 La mujer joven a la que ahora me refiero, corre por el asfalto del pueblo donde vivo con esa soltura e ímpetu que Frances Ha usa cuando la vemos correr sin justificación ni destino aparentes por las calles de Nueva York. Como esta aquella corre con el afán básico de derrochar toda la energía que le sobra por el hecho de tener poco más de veinticinco años. Como Frances Ha tiene estilo de atleta y todos lo días me saluda cuando me cruzo con ella en mi paseo matinal. En parte como homenaje a ese saludo, que no deja de ser un reconocimiento, he vuelto a ver la peli del director Noah Baumbach, “Francés Ha”, y también para seguir dándole vueltas a la frase de marras que traje a colación en la entrada anterior, “es que yo soy muy básica”. No la dicen literalmente la protagonista y sus colegas pero la peli tiene la estructura de una fábula moderna sobre la juventud, la amistad, la ambición, la lealtad y el optimismo. Vamos, lo básico para transitar, sin tener que pensar en el suicido, entre los 18, mayoría de edad, hasta los 27, las edad del club de los suicidas famosos. Frances y sus amigos tienen 27 años, año arriba año abajo. El espectador los conoce en ese momento en que ve que no quieren suicidarse, pero también no quieren seguir siendo unos tipos básicos. Frances, a pesar de su sentimiento post básica, intenta cumplir su sueño de ser bailarina en una compañía de danza de Nueva York. Vive con su mejor amiga Sophie, y disfruta básicamente de la vida con alegría y despreocupación, pese a que desea mucho más de lo que tiene y su espíritu inocente y básico no es precisamente ideal para sobrevivir en la jungla neoyorquina. Pero ahí la dejamos, corriendo y dispuesta a sobrevivir con éxito en la capital americana. Mientras tanto la de mi pueblo sigue corriendo cada mañana sin temor a que algún depredador le surja en el camino y le interrumpa su alegría de vivir.


miércoles, 18 de marzo de 2026

MANUEL GARCÍA

 LA GRAN CIUDAD

Berlín no es la ciudad, es una herida
que duele, es una llama no apagada.
Si miras bien, mortal, verás en cada
piedra la sombra de otra detenida.

El hombre es hombre y, por lo tanto, olvida
y vuelve a construir y, en su jornada,
donde hubo ruinas pone nueva vida
y pone ruinas donde no hubo nada.

El hombre empuja, rompe, salta, siente,
construye, vibra, sueña, cruje, estalla,
y en ese hueco pone la simiente

donde ayer solo cupo la metralla.
Berlín no es la ciudad, es la siguiente
espiga tras el campo de batalla.

ETERNO RETORNO

Una de las cosas que tiene hacer el mismo recorrido a pie, cada mañana, es que se puede experimentar esa frase tan popular y  tan nietzscheana. Me refiero, como no, al dictum del filósofo alemán sobre el eterno retorno, que le sirvió para reflexionar sobre el paso del tiempo en una época en la que Fe en el progreso era indiscutible. Hay un puñado de tipos que cada mañana me encuentro, con escasas variaciones, en los mismos sitios del camino. No los quiero ver - o me cuesta hacerlo, por mas voluntad que le eche al asunto - como eslabones repetidos de una escalera infinita hacia el más allá, donde los predicadores del progreso vaticinan que se encuentra la tierra prometida exenta de conflictos y otras maldades humanas. Los veo más bien como apologetas silenciosos del eterno retorno.

Uno de esos tipos es el vigilante de las cámaras del supermercado, epítome bien acabado, pienso yo, del eterno retorno. Aparentemente ve siempre lo mismo y a los mismos. Y sin embargo él se ve así mismo como el mejor vigilante de todo el progreso que cabe en esa forma eterna de repetición. Lo veo cada mañana al entrar a comprar el pan, a la vuelta de la caminata, y parece un tipo básico para el puesto que le han encomendado. Hoy se oye con orgullo, como un mantra, la expresión “es que yo soy muy básico”, lo cual me hace pensar que el mundo se ha simplificado o que el humano se ha infantilizado. Lo primero me cuesta creerlo, dado como va eso que para resumir llaman la geopolítica, disciplina de la que junto al fútbol, paradogicamente, mas se habla en todos los foros de dentro y fuera de las redes sociales. 

lunes, 16 de marzo de 2026

LUCIANA REIF

 Voy construyendo la soledad

como un galope, soy
Juana de Arco,
bella y majestuosa
arriba de mi caballo.
Alrededor mueren
y renacen los hombres,
no es su amor lo que me hace
valiente, es ser quien soy
a pesar de ellos, conservar en mi centro un corazón
capaz de dar batalla.

LA VIDA SABIA

 La vi venir hacia donde yo estaba parado mirando el vuelo de un pájaro que me llamaba su atención, pues no siendo una carroñera lo parecía. Son situaciones que se repiten, pero yo siempre imagino con temor que la improbable carroñera está esperando que me descuide para abalanzarse sobre mi. A la mujer la vi venir, digo, despacio como si estuviera buscando algo. No era el pájaro que atraía solo mi atención, era, también, lo tenia detrás de mi, un banco de madera e hierro forjado que estaba colocado al lado de un árbol, un alto ciprés creo. La mujer se acercó donde yo estaba, yo me aparté unos metros y ella se sentó en al banco. Miro hacia el cielo donde el pájaro seguí simulando que era un carroñero a la busca de su festín. La mujer abrió el libro y se puso a leer por la página donde lo había dejado. Yo me apoyé en el árbol y aunque pudiera parecer improbable - como que el pájaro que recaba mi atención fuera un carroñero - sí nos atenemos a cómo nos tratan con sus obscenas palabras los adictos a los medios de desinformación, la sabia placidez que tiene la vida surgió de forma inesperada entre el banco donde se había sentado la mujer, el árbol donde me apoyaba y el libro que aquella tenía entre sus manos. 

viernes, 13 de marzo de 2026

ALFONSO ARMADA

 DIARIO DE NOCHE

La noche del solsticio

llegó preñada de barcas iluminadas,

no de una certeza más

de la señal injusta de vivir.

Una estrella

abierta como un bar íntimo para cada hombre.

OBVIEDAD

 El pueblo donde vivo está situado en la falda de una montaña que debe tener algo más de mil quinientos metros de altura sin llegar a los dos mil. Y debe ser así desde el último movimiento geológico hace muchos miles de años. De otra parte el tiempo dentro del cual está enmarcada nuestra vida está dividido convencionalmente en veinticuatro horas. Lo que quiero decir con ello es que mi vida, y por extensión nuestras vidas, se encuentran encuadradas en dominios espacio temporales estables. Y esto es lo que percibo cada mañana cuando me hago mi caminata. Una forma de percibir a la que se acopla una forma de atención a lo que me voy encontrando en el camino. Ni que decir tiene que esa percepción y esa atención se encuentran enmarcadas también dentro de sus dominios espacio temporales. Y, por supuesto, las palabras que traten de dar cuenta de lo que percibo y en lo que me fijo. Todo esto parece una obviedad que no haría falta mencionar, pero la experiencia me dice lo contrario. Ni somos conscientes del paradigma espacio temporal en el que vivimos, ni, menos aún, del de las palabras que utilizamos para movernos por donde sea que transite nuestra vida. El resultado de todo es la incomunicación existente, que es más hiriente cuando todo el mundo no deja de hablar tiñendo sus palabars con una obviedad absoluta.

miércoles, 11 de marzo de 2026

IDA VITALE

 ACCIDENTES NOCTURNOS

Palabras minuciosas, si te acuestas
te comunican sus preocupaciones.
Los árboles y el viento te argumentan
juntos, diciéndote lo irrefutable
y hasta es posible que aparezca un grillo
que en medio del desvelo de tu noche
cante para indicarte tus errores.
Si cae un aguacero, va a decirte
cosas finas, que punzan y te dejan
el alma, ay, como un alfiletero.
Sólo abrirte a la música te salva:
ella, la necesaria, te remite
un poco menos árida a la almohada,
suave delfín dispuesto a acompañarte,
lejos de agobios y reconvenciones,
entre los raros mapas de la noche.
Juega a acertar las sílabas precisas
que suenen como notas, como gloria,
que acepte ella para que te acunen,
y suplan los destrozos de los días.

INDECISIÓN

 Hoy cambié el recorrido de mi paseo mañanero por acompañar a mi mujer, que le molestan los ruidos automovilísticos del recorrido que hago solo habitualmente. Ciertamente hay menos ruido y nulas probabilidades de que te topes con un control de la guardia de tráfico, que últimamente tiene un afán de productividad inusitado. Sin ir más lejos, el día anterior me topé con unos de esos controles policiales que colapsan el tráfico en una de las rotondas que hay en mi recorrido andarín habitual. Pasé de largo. Pero luego me enteré en la frutería, que el mencionado control era para averiguar en qué estado de actualidad se encontraban las iTV de los automóviles que por allí pasaban. La presencia de toda esa algaravía me sacó de lo que se había instalado en mi mente nada mas comenzar a caminar. En la noche anterior había visto la película “Tal como éramos”, de Sidney Pollack, que sitúa la acción narrativa en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, cuando 

EE UU está a punto de entrar en la contienda. Y lo que ocupo mi mente fue aquello del eterno retorno en nuestras vidas. Hoy como ayer la guerra llama a la puerta de nuestras cómodas vidas, y lo hace a través de los chismes electrónicos que jalonan nuestros confortable patrimonio hogares. Hoy como ayer existen tipos como Hubbell Gardiner, chico guapo e inteligente que le gusta disfrutar de la vida antes que comprometerse en la solución de sus injusticias. Y como Katie Morosky, que es una chica inteligente que tiene unos ideales muy claros sobre un mundo mejor y más justo para todos, y lucha por ellos sin esconderse ni venirse abajo en un sitio en el que nadie piensa como ella. A los metros de la rotonda donde se encontraba la algaravía, dudé entre permitirme seguir siendo feliz con mis ensoñaciones con la peli Hubbell y Katie, o interesarme por lo que estaba ocurriendo en el control de la policía. Si seguía lo primero cabía la posibilidad que hiciera una comparativa con la situación geopolítica presente y mi euforia cinematográfica descendiera apreciablemente. Si optaba por la segunda opción, me acabaría metiendo de coz y hoz en la sordidez de la actualidad cotidiana doméstica. 

martes, 10 de marzo de 2026

MARÍA ÁNGELES MAESO

 No ha sido un mal sueño mal atado

en una cuerda de ciegos, solo
son noches en las que no se ve
quién va delante y quien va detrás.
Supones que has aplastado algo,
un puñado de paja o un pequeño
animal que ha hecho temblar al coche.
Pasada la curva, vuelves a la mancha,
para oírte repetir que ira o saña
están descartadas, pero la mosca
que zumbó sobre Duras te alcanza:
La muerte de cualquiera es la muerte entera.

CLUB DE LECTORES ADULTOS 51

 Nosotros los estupendos tenemos que ser performativos, porque sino perderíamos la sensación de ser estupendos, ya que en el fondo del fondo de nosotros no hay nada más que nuestra condición de ser per1formativo, a saber,  hablar y hacer y ser estupendas. Sea todo para salvar nuestro colosal Ego - inasequible a cualquier horizonte de inteligibilidad que no sea el mismo Ego - en conversaciones vistosas: esas simetrías con apariencia de orden en el uso de las palabras que tanto nos embelesan. Dilema contemporáneo: no me confundan que te escuchen con que te adulen. Lector callado o lector conversador, sitiados por esa marea de consumidores charlares y cotillas de todo lo que se mueve. Cuál es la legitimidad del lector callado para hablar entre los conversadores. 

Si no podemos cambiar el rumbo del mundo: 

*No nos aliniemos de inmediato con nuestra tribu para tener garantizado el disparo contra el enemigo nada más levantarnos. Ya sabemos que a nuestra proverbial cobardía y comodidad le sienta mejor siempre disparar, sin arriesgar cada mañana, contra un sátrapa o contra lo que sea que tenga su forma o estructura. 

*Aliniémonos a favor de la jodida incomodidad de tratar de entenderse entre los iguales que son a su vez los distintos en la misma comunidad democrática. *Cambiemos al menos la forma de hablar de aquel rumbo, y dejemos de estar siempre aupados a la grupa de las dicotomías intratables que solo piensan en aniquilar al contrario. 

*Cambiemos, en fin, la forma de conversar para entender lo que nos pasa, que no es otra cosa, como dijo el filósofo, que no sabemos lo que nos pasa en esa deriva en la que nos encontramos. 

viernes, 6 de marzo de 2026

ROBERT W. SERVICE

 LOS HOMBRES QUE NO ENCAJAN


Hay una raza de hombres que no encajan, 
una raza que no puede quedarse quieta; 
así que rompen los corazones de sus parientes y amigos, 
y vagan por el mundo a su antojo. 
Recorren los campos y vagan por las aguas, 
y escalan la cima de la montaña; 
suya es la maldición de la sangre gitana, 
y no saben descansar.

Si simplemente siguieran rectos, podrían llegar lejos; 
son fuertes, valientes y leales; 
pero siempre están cansados de lo que es, 
y quieren lo extraño y nuevo. 
Dicen: "¡Si pudiera encontrar mi ritmo adecuado, 
qué huella tan profunda dejaría!" 
Así que cortan y cambian, y cada nuevo movimiento 
es solo un nuevo error.

Y cada uno olvida, mientras se desnuda y corre 
con paso brillante y caprichoso, 
que son los constantes, tranquilos y laboriosos los 
que ganan en la carrera de la vida. 
Y cada uno olvida que su juventud ha huido, 
olvida que su mejor momento ha pasado, 
hasta que un día se yergue, con una esperanza muerta, 
al fin bajo el resplandor de la verdad.

Ha fracasado, ha fracasado; ha perdido su oportunidad; 
ha hecho las cosas a medias. 
La vida le ha dado una buena broma, 
y ahora es momento de reír. 
¡Ja, ja! Es uno de la Legión Perdida; 
nunca estuvo destinado a ganar; 
es una piedra rodante, y lo lleva en la sangre; 
es un hombre que no encaja.

DISTANCIA 2

Creo que es Kant, en “la crítica del juicio”, quien trata la distancia como la condición de posibilidad del respeto entre las relaciones que mantiene los seres humanos. Y no tan humanos añadiría yo. La experiencia diaria de caminar hace que viva con plena conciencia esta experiencia de la distancia y que pueda observar la contraria, la del ser humano que no procede de esa distancia sino de la multitud, dentro de la cual, como todo el mundo sabe, la distancia brilla por su ausencia. La multitud más que un concepto, es una experiencia moderna, que no existían en la época de Kant, pero que en sus reflexiones intuyó de forma luminosa. El Sapere aude, atrévete a pensar por ti mismo, ya preludia esa distancia que el pensamiento de todo ser humano debe tener respecto al de sus iguales. Efectivamente, la distancia de la que hablaba en la anterior entrada es más una cuestión mental que física. No es tanto que treinta alumnos más un profesor sean una multitud dentro de un aula, es más bien la incapacidad de tratar con el Sapere aude kantiano tanto por parte del profesor como de los alumnos, lo que hace que el aula se convierta en un gallinero. 


Al poco de empezar a caminar me llamó un amigo por teléfono. Me   proponía ir a comer juntos a un restaurant que él conocía bien. Yo le pregunté, antes de decir que sí, si el restaurant era también conocido por la multitud. No demasiado, me respondió. Lo que sí es conocido, y mucho, son los alrededores que forman parte de uno de los mayores lugares de recreo de la multitud, hasta el punto que según que días cortan el tráfico rodado de acceso muchos kilómetros antes.


miércoles, 4 de marzo de 2026

WILLIAN GONZÁLEZ

 EL SALARIO DEL MIEDO


Si matar fuese (como dicen) un
desliz, una tarea fácil, nadie
dedicaría el tiempo al mal oficio.
No caigan en la trampa,
el asesino a sueldo
no cobra por el acto de matar,
ingresa su dinero por el miedo,
por el milisegundo de la bala
atravesando el cráneo de la víctima,
por la vigilia que llega después
envuelta entre fantasmas y tormentos,
por la maldita adrenalina, el aura
del instante oportuno: el dulce charco
de sangre que se forma y nadie lava,
la silueta del cuerpo repintado
indicando que ahí paró su música
un corazón humano.

DISTANCIA 1

 La escena se repite cada mañana cuando salgo a hacer la caminata diaria. Al llegar a la altura del instituto, que se encuentra en mi recorrido, es la hora del recreo. Por la parte delantera, es decir, la oficial de entrada del instituto, toda la muchachada, institucionalmente conocida como el alumnado, se apelotona en sus alrededores en diferentes formas y coloridos. No sabría distinguir en qué medida las primeras son dominantes sobre los segundos, o al revés. Por la parte trasera, algunos profesores, pienso que deben ser profesores, charlan y fuman sin parar con su habitual tonalidad y coloración gris de funcionarios, sin que pueda distinguir por sus ademanes y vestimenta quienes tienen plaza fija en el instituto y quienes están de paso. Lo que sí me parece es que todos conversan ajenos a lo que ocurre en el otro lado. La estampa representa con acierto el estado actual del modelo educativo. Los que van a aprender y los que van a enseñar, en cuanto suena la campana, se colocan de tal manera que el aprender y el enseñar van por su lado y no conectan. Da la impresión que toman aliento para cuando vuelva a sonar la campana, y se encuentren de nuevo en el aula para llevar a cabo el fatigoso trabajo diario de tener que aguantarse los unos a los otros, y viceversa, durante el resto de la mañana. Me cuesta entender, cuando me detengo a observar a los de la entrada oficial del instituto y a los de la de servicio, que aprender y enseñar sean oficios tan fatigosos entre aquellas cuatro paredes. Pero cada mañana esa distancia, con sus peculiaridades diarias, me acerca a la convicción de que no es algo que tenga que ver con las diferencias entre esos alumnos y aquellos profesores, sino con que alumnos y profesores son irreductiblemente diferentes, lo que hace no sólo que la distancia se mantenga en los términos que percibo, sino que crezca sin parar debido a ellos mismos hasta convertirse en algo esencial.