martes, 30 de junio de 2020

PASADO INCONCLUSO

Fue hace veinte años, mas o menos, cuando hice la primera incursión en el mundo de los cátaros. Decir hoy el mundo de los cátaros es hablar, como no podía ser de otra manera, de un marca turística o una denominación de origen vitivinícola, por ejemplo, la Dernier Bastion. Un marca de vinos situada en el sur de Francia, a 30 kilometros del mar Mediterráneo, entre el Macizo de las Corbieras y los contrafuertes de los Pirineos, en el centro del municipio de Maury. Dernier Bastión hace referencia al castillo de Quéribus, último baluarte de resistencia cátara contra las fuerzas aliadas del Vaticano y el rey de Francia, que se entregó al poder francés en mayo de 1255, dando así por concluida la cruzada contra la iglesia cátara. Volveré sobre este asunto.
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Como marca turística es una de las mas y mejor publicitadas en el sur de Francia. Se la conoce como el País Cátaro y hace referencia al espacio geográfico donde tuvo lugar la cruzada contra la iglesia cátara, también conocida como cruzada albigense, por ser la ciudad de Albi donde se empezaron a congregar las primeras comunidades cátaras en la segunda mitad del siglo XII. Ese espacio es el comprendido actualmente dentro y en las próximas inmediaciones del cuadrilátero irregular formado por las ciudades de Beziers, Carcasona, Tolosa de Languedoc y Foix.
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Si he de responder a la pregunta que un profesor de filosofía universitario les hizo un día a sus alumnos, respecto a cuál era el hecho histórico del pasado que ejercía sobre ellos una indudable influencia en su presente, o dicho de otra manera, a partir de que momento histórico comenzaba para esos alumnos el mundo, a lo que la gran mayoría respondió que la salida al mercado del primer teléfono inteligente o smartphone en 2007. Para ellos fue, sin duda, el momento fundacional del mundo, ni siquiera dijeron, así lo subrayaba con sorna el profesor en la entrevista, el momento fundacional de su mundo, si hubiera de responder a esa misma pregunta, decía, no lo podría hacer, ni creo que nadie lo haga hoy en día, diciendo que la cruzada albigense o cátara es el momento fundacional del mundo ni, por supuesto, de mi mundo. 
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La pregunta que me surge, y que la relación ininterrumpida pero también inconstante que he mantenido con estos hechos me ha ayudado a darle forma, es, ¿si no es a través de la historiografía experta o erudita, por decirlo así, cómo nos podemos relacionar con los diferentes pasados habidos? Aunque no sean todos igualmente conocidos y merecedores de un lugar privilegiado en el ranking al entender de quienes escriben la Historia con mayusculas. ¿Como nos relacionamos con esos hechos pasados no tanto como algo ya concluido, sino como algo que intuyo sigue vivo todavía en nuestro presente?

lunes, 29 de junio de 2020

EL COSISMO

Según parece el presidente del gobierno prefiere estar trabajando para lo suyo que ser el presidente de todos los contribuyentes. Esta actitud nepotista forma parte de nuestra vida política central, autonómica y municipal desde hace más de 40 años, la cual define también nuestro sistema político no como un estado moderno y democrático, sino como una amalgama de estructuras de poder y canonjías que evoca los reinos de taifas feudales, aunque haya elecciones de vez en cuando.  Como esta frase es muy larga, lo del “presidente de la cosa” me parece un epítome muy acertado de la actualidad imperante, tanto para los gobernantes de la cosa como para los gobernados, llamados todos, así, “los cosistas”. Lo cual forma una categoría del consumismo económico antes que de la acción política, acorde con el papel de figurante político que España tiene en la Unión Europea. Los cosistas son quienes no dejan de estar haciendo cosas y de estar hablando siempre sobre las cosas que hacen. De esa manera de estar nace el cosismo, la ideología que otorga el sentimiento de pertenencia a los gobernantes de la cosa y a sus gobernados. Uno de los efectos de esa pertenencia es que el porcentaje del voto cautivo (una servidumbre solo explicable dentro de aquellos reinos medievales) es de los más altos del continente europeo.
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La grieta que hay entre estar haciendo cosas y no ser al mismo tiempo una cosa, que acompaña a la existencia de los humanos desde su nacimiento, se experimenta como una herida que no cicatriza nunca. Parafraseando a Karl Jaspers la existencia humana individual no consiste en estar meramente ahí en un lugar, con forma de busto o de poste o de saltimbanqui, dispuestos a producir y consumir cosas, dispuestos a producirnos y consumirnos entre nosotros mismos. Consiste, sobre todo, en saber por qué existimos ahí entre los otros que no son cosas, clarificando así el ser de nuestra existencia y su relación con el mundo como posibilidad. Es decir, por qué somos así y por qué debemos entendernos (eso es la trascendencia para Jaspers) como seres humanos, y no usarnos e intercambiarnos como cosas. Todo esto no es nuevo (con otras palabras es lo que dice Juvenal), ni tiene que ver con la nueva anormalidad que nos espera después del virus de marras. Ni es una nueva cosa sobre la que haya que presidir o que haya que hacer. Esta ahí desde siempre. De lo que se trata, por tanto, es de abrirle un espacio en nuestra imagen del mundo actual y en nuestra sentimentalidad.

viernes, 19 de junio de 2020

LO DESPRECIABLE

La autosatisfacción ilimitada que busca el individuo al transmutarse en masa, bien a la antigua por efecto de descarga de todo lo que le incomoda en las grandes aglomeraciones de la cultura de masas (fútbol, toros, conciertos, carreras populares, bares que lugares, etc.), bien a la moderna por efecto de pertenecer a una o a todas las redes sociales donde sin arriesgar la vida, y amparado en la más absoluta impunidad, esa autosatisfacción ilimitada, dice Telmo, no merece el calificativo de despreciable, pues lo despreciable, a su entender, es mas bien esa impúdica cortedad de miras demasiado complaciente con su autosatisfacción ilimitada danzando como un saltimbanqui, ahí dentro, de pantalla en pantalla. Despreciable es, a ojos de Telmo al que acompaña una buena lectura del Zaratustra, este individúo autosatisfecho antes de transmutar en masa, porque él ha pretendido detenerse, llamando ilimitado a ese proceder, ante los pequeños placeres profanos, finitos, reducidos a un plano horizontal y de fin de semana. Despreciable es este individuo porque es incapaz, en su ansia de disfrutar y pasárselo bien a todas horas, de abandonar la horizontalidad de la jaula que lo mantiene prisionero y abrirse a las alturas. Despreciable también porque en esa cerrazón se mofa de los afectos y los impulsos creativos, que llevan a allí arriba a aquellos que los ponen en práctica no utilitarista, por supuesto. 
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La obtención del reconocimiento es el santo y seña de una modernidad, cuya negación es el foco y motivo del desprecio mas despreciable. Algo comparable, piensa Telmo, a la excomunión de la época teocrática. El camino hacia el reconocimiento, una vez que el individuo autosatisfecho se transmuta en masa, por los procedimientos antes descritos se bifurca, a su vez, en dos itinerarios posibles. El de los que defienden el esfuerzo como antesala inevitable e imprescindible de la obtención final, aunque no se garantía de nada, del reconocimiento anhelado. Y el itinerario de quienes simplemente muestras los fines de tales esfuerzo y a continuación se dedican a adular y pregonar el merecimiento de quienes así lo decidan. Donde mas se observa esta lucha feroz entre evolucionistas y seductores, al entender de Telmo, es en los diseños curriculares de la nueva pedagogía que han colonizado las escuelas e institutos y las mentes de los docentes y progenitores. De resultas de ese giro, digamos coperniquiano, hoy las aulas y las calles están ocupadas y dominadas por los alumnos y los hijos mas mimados y consentidos, y con más voluntad de desprecio hacia lo que nos son ellos, como nunca antes la historia de la humanidad había visto.
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Este fenómeno inaudito no por que no haya existido antes, sino por descargar, de manera original, una lucha grupal muy violenta por el reconocimiento en el seno de la sociedad de masas que, según Telmo que se lo ha leído a algún filosofo, tiene una explicación ontológica. No sería tanto, vendrían a decir estos filósofos, un abandono del ser en favor del ente, como un venta de las almas de esos profesores y progenitores al diablo a cambio de su insaciable bienestar material. Viendo así, en el mimo y consentimiento de sus alumnos y vástagos, una última y desesperada manera de redención por todos sus desatinos.

jueves, 18 de junio de 2020

GRAN TORINO 2

ÉTICA DE UNA CONVERSACIÓN 
Tengo que construirme como un espectador de esta película y dejar de lado el espectador generalista y tópico que normalmente soy ante las imágenes que a diario se me echan encima. Por respeto al director y a los espectadores con quien voy a compartir la conversación sobre ella.
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El problema de las pelis clásicas es que amueblan muy bien el contexto histórico y geográfico donde tienen lugar los fenómenos narrativos (lo que se ve que es también lo que nos separa) para contar la intimidad de los personajes (lo que no se ve que es también lo que nos iguala); por esa misteriosa combinación decimos que es una peli clásica y nos gusta verla una y otra vez. Las pelis clásicas nos gustan, pienso yo, por la manera como se nos cuelan en nuestra intimidad. De eso deberíamos hablar. Nuestra existencia hoy, ahí dentro, vuelve a traer a la vida algo que representa una forma de estar en el mundo que se ancla en las formas de existencia, por decirlo así, que tuvieron su plenitud en otro tiempo. 
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Dice Karl Jaspers: “No estamos meramente ahí, sino que nuestro existente nos es confiado como lugar y como cuerpo de la realización de nuestro surgimiento originario. La trascendencia no es algo conocido, sino algo que funda; en efecto, el hombre mismo existe solo en la medida que se haya fundado en esa trascendencia y, por así decirlo, religado a ella.y ser útil.” Leer y mirar, de eso se trata.
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Aunque nosotros no seamos ya clásicos como Kowalsky, sino mas bien lo siguiente también llamado post modernos, que vaya usted a saber que demonios significa eso. Pongamos: desencatamiento, laicismo, historicismo, materialismo tecnocrático, indignación pacifista, escaso o nulo espiritualismo, agregación incondicional a la actualidad, en fin, estructuras técnicas de producción y consumo. Con estos mimbres entregarse a la melancolía (más que probable tentación del espectador actual) no es la mejor acompañante para ver cine clásico, ni nada que tenga que ver con ese pasado. Mas bien Kowalsky nos empuja a revisar la salud de esos mimbres en los que se asienta, en buena medida, el paradigma de nuestra existencia. Para entendernos, de la misma manera que exigimos a los creyentes que revisen la salud de sus creencias y sus ideas, los ateos y nihilistas deberían hacer lo mismo, con mayor razón si es un tipo como Kowaslky quien nos interpela y empuja a ello. Las rocas también sienten y se enamoran.
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¿Que es la intimidad? Según José Luis Pardo la intimidad la verdad sobre uno mismo. Es lo que hay de vivo en la vida, cuyo modo de estar es no aparecer, bajo la especie de ello que se nos hurta o no poseemos. Una intuición que no sabemos la forma concreta y visible que tiene, hasta que no salimos fuera de nosotros mismos (la jaula) y nos relacionamos con el otro, es decir con el mundo. La intimidad de lo que existe es permanente, es decir, no depende del momento histórico y geográfico. 
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La película Gran Torino representa el momento en que Kowalsky toma plena conciencia de que debe actuar así, ante la presencia de los amarillos, para saber cual es su intimidad, donde intuye se aloja todo el resentimiento acumulado a lo largo de su vida. Luego debo dialogar con Kowalsky desde mi experiencia en ese mismo sentido y dirección. Mi experiencia y las otras experiencias vertidas en una conversación de cineforum es una aprendizaje cabal para esa pregunta de cómo dar forma a nuestra intimidad. Lo repito, tengo que construirme como un espectador atento de esta película y dejar de lado el espectador generalista y distraído que normalmente soy. En esas estoy.

miércoles, 17 de junio de 2020

GRAN TORINO 1

DE INTIMIDAD A INTIMIDAD, A TRAVÉS DEL SACRIFICIO
Notas a la película de Clint Eastwood, “Gran Torino”.
¿Que es el cine clásico y que significa ver hoy una película catalogada dentro de la tradición del cine clásico? De lo que se trata, al volver al cine clásico, es vivir la experiencia de  un encuentro renovado de sensibilidades dentro de esa tradición. Las películas pueden ser catalogadas como clásicas, los espectadores que las miran por primera o segunda o tercera vez hoy, no lo son. Lo que quiero decir es que no se trata de verlo como una pieza de arqueología, tal y como lo vieron en el origen, sino incorporándolo o darle cobijo en nuestra sensibilidad de hoy en dia. Le llamamos clásico por eso, porque es intemporal o fuera de la historia cronológica, ya que atraviesa todas las épocas y tiempos y sensibilidades. Los espectadores, qué somos seres históricos y también tenemos un alma intemporal, tenemos que tener en cuenta nuestra naturaleza antes de intentar verlas.
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El cine clásico nace para entretener, a eso debe su estructura, por ello tal vez guarda su intimidad para tiempos mejores. Y así los espectadores de todas las épocas nos hemos acostumbrado a ello. Aunque, a mi entender, una peli clásica suele tener sus mejores espectadores después de que han pasado muchos años desde su aparición pública. Por ejemplo, y por diferentes motivos referidos al fondo y a la forma, Ciudadano Kane, Gilda, Casablanca y El hombre que mató a Liverty Valance. Ahora bien, hoy en día podemos seguir viendo cine clásico ademas de para entretenernos, para entregarnos plácidamente al océano de la nostalgia: ya no se hace cine como antes, del que Eastwood es su mejor y mas claro exponente actual, que suerte tengo de ver y disfrutar de sus películas. Sin embargo, cabe preguntarse, ¿no ha llegado el momento de conversar con toda la intimidad que oculta el cine clásico detrás de esa estructura, digamos, de una pieza al servido del entretenimiento insaciable de las masas de espectadores cdad día en aumento?
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Eastwood con la mano derecha nos conduce por la superficie del relato pero, al mimo tiempo, nos da con la mano izquierda el piolet para romper el rostro y los ademanes pétreos que protegen la intimidad de Kowalski, que es donde se encuentra la verdad de si mismo y por tanto motor y sustancia del relato. Para romper, en fin, el hielo que envuelve a nuestro corazón, que donde se aloja la intimidad. La vocación de ver cine es picar con pasión y tino contra la estructura de una pieza con que se protege aquella.
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¿Com salir de nuestra intimidad sin que no nos hagan daño y sin hacer daño? ¿Como conseguir que la biografía de Kowalski que esta compuesta, entre otras cosas, por sus edad de octogenario americano, veterano de Vietnam, vendedor de coches y amante de su coche Gran Torino del 1972, mal padre de familia y pero marido, cascarrabias irredento y, como no, enfermo terminal de cancer, me pueda interesar a mi, mas allá de lo meramente informativo e historiográfico, que soy veinte años mas joven, no he ido a ninguna guerra ni he matado nadie, he sido bibliotecario, no tengo hijos ni nietos, soy de un carácter mas o menos amable y, de momento, tengo buena salud? ¿Qué debo hacer para poder conversar con su intimidad (ese lugar, como dice Pardo, donde se encuentra la verdad de uno mismo, también de Kowalsky) a través de unas apariencias exteriores tan dispares e irreconciliables? De intimidad a intimidad, a través del sacrificio.
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Kowalski se sacrifica para redimirse, es decir, se funde con el otro y lo otro. ¿Como se sacrifica el espectador? ¿Ver cine clásico hoy es un acto de sacrifico, de fundirte con el otro? Podemos decir que Kowalski descubre la otredad ante la presencia cercana de la muerte. Descubre, por decirlo así, la plenitud y el sentido de su vida.
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Como todo ser humano Kowalski habita un lugar en el que ha conocido el abismo. Con posibilidad de acceder así a un saber propio, es decir, que le es apropiado. Este saber le habla en su intimidad y le dice que solo puede ser libre si acepta su muerte y que solo los mortales son libres. Lo sabe, lo ha sabido desde hace muchos años, pero no ha tenido la oportunidad o el valor y el coraje de hacerlo durante su larga y atormentada biografía. La película cuenta el momento en que Kowalsky se da cuenta que sus vecinos amarillos le brindan la oportunidad de cumplir con ese destino. Descubre algo fundamental desde el punto de vista de su existencia: que son los otros los que están en ese horizonte de inteligibilidad, no el mismo como tozudamente se ha empeñado en creer durante su vida. Ha bajado al infierno y los amarillos el proporcionan la ultima oportunidad de volver a la luz. El espectador tiene que picar piedra de forma insistente para atravesar ese muro y entender lo que hay al otro lado. Al mismo tiempo que descongela su corazón de hielo.
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Hay una diferencia entre dejarme llevar de la mano del narrador o presentador de la peli, entonces asisto al recorrido por la biografia del protagonista convertida así en un parque temático o en un trozo de la historia y la geografía de America. O acompañar a la conciencia de Kowalski, entonces vivo la experiencia humana que sucede siempre y en cualquier lugar, ahora con la forma que le da Eastwood a su narración.
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¿Por qué ese empeño en llegar a la intimidad o el alma de la película? Porque pienso que es donde se aloja lo que Kowalski y yo tenemos en común, siendo tan diferentes en apariencia. El espectador que quiero ser tiene que ver con esta conversación entre almas o conciencias, más que como asistente pasivo de documentales informativos cuyos contenido son las peripecias de los protagonistas (eso es lo que es una película sin alma, como lo es un edifico de la arquitectura moderna. Estructuras construidas para engordar nuestra comodidad, no para saber lo que es bueno y mejor). Si desde el principio logro conversar con su conciencia o alma entiendo mejor y siento de forma más cercana su envoltorio o vestimenta, lo siento como parte necesaria del todo. Evitando así el peligro de convertir todo ello en un tópico: Kowalski es americano, veterano de Vietnam, vendedor de coches, mal padre y pero marido, enfermo terminal, etc lo que significa que no tiene que ver conmigo pues soy europeo y no sé conducir, no tengo hijos, no he ido a la guerra, etc.

martes, 16 de junio de 2020

PRODUCTO 3

Hay en las sociedades adictas a las prácticas del  amontonamiento social y cultural una idolatría, mas o menos explícita, hacia la falta de formación y la barbarie. Pudiera parecer extraño que esta reflexión se le pasara por la cabeza a Telmo no en un estadio de futbol, ni en una plaza de toros, ni en un concierto de música rock, ni tampoco en la cola de un museo de arte contemporáneo, etc., sino en la cafetería-librería (así por este orden), en la que continuaba sentado después de que los dos escritores en ciernes se levantaran y continuaran su discusión sobre el futuro de la novela y de la lectura en la calle. Y es que se dio cuenta que en las palabras de aquellos antes que amor por la literatura había un deseo ferviente de reconocimiento. Lo cual les llevaba a poner delante, así le pareció atisbar en lo que se decían, su voluntad inquebrantable de querer escribir, antes de sacar de la cartera que los acompañaba algún papel donde apareciera lo último que habían escrito, fuera eso un hecho aislado o perteneciente a un proyecto narrativo en marcha, y se lo entregase generosamente al otro a ver que pasaba. Al cabo de un rato tuvo la sensación que las carteras de ambos, que estaban colocadas en el suelo apoyándose en una de las patas de la mesa, formaban también parte de la ceremonia de la impostura. No era algo descabellado, pensó Telmo, ya que tenia una experiencia  propia sobre el asunto. En efecto, conocía a un tipo donde vivía que siempre se lo encontraba por la calle paseando pegado a un cartera. Nunca se ha atrevido a preguntarle que es lo que llevaba dentro, pero le daba la impresión que, como la reina de Inglaterra en su bolso, su vecino no llevaba nada en su cartera. Sabia que era escritor, al menos en la forma periodística de la escritura, pues había leído sus artículos en el periódico local.
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Telmo está convencido que las imposturas se pagan, más a nivel social que en el ámbito íntimo de lo individual, pues ahí es difícil saber la dimensión de la catásstrofe. El precio social no es otro que convertir a la sociedad en una masa de individuos indiferenciados, bien mediante la descarga del resentimiento acumulado de estos en el propio seno de aquella (así sucedió durante la primera mitad del siglo XX, como motor y sustancia de la experiencia de los totalitarismos), bien mediante el entretenimiento abotargador de los nuevos medios de comunicación (así ocurrió en la segunda mitad del siglo XX y continúa en las primeras décadas del siglo XXI).
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Lo que Telmo no tiene del todo claro es en que medida y hasta donde la impostura que ocultan estos ciudadanos tras el ropaje del amor por lo que escriben oculto en su cartera vacía, tiene algún punto de conexión con la disposición al griterío sin aspavientos, tanto de los líderes de los totalitarismos de antaño como de las estrellas mediáticas de ahora, delante de las grandes multitudes. Antaño en los grandes espacios al aire libre construidos para tal fin, hoy buscando con desasosiego la transformación viral de sus palabras o imágenes en las redes sociales, donde anida e incuba toda esa vulgaridad narcisista.

lunes, 15 de junio de 2020

PRODUCTO 2

Si ningún escritor es bueno hasta que no aprende a corregir, piensa Telmo, un lector del siglo XXI no puede quedar al margen de este precepto. Fue por ello por lo que se quedó a escuchar la conversación que mantenían aquellos dos tipos que, al poco de sentarse a su lado en la cafetería aneja de la librería, logró adivinar que eran dos escritores en ciernes enzarzados en una discusión sobre el futuro de la lectura a propósito del futuro de la novela, en un mundo dominado por la irrupción de la masas como sujeto activo de consumo. Ni el argumento, ni el tema, ni los discursos, ni la relación ética de los personajes con todo ello, dijo con énfasis el que estaba más cerca de la mesa donde se encontraba Telmo, pueden seguir siendo como lo fueron en la época gloriosa de la novela del siglo XIX. A Telmo le parecieron algo impostadas las palabras que había escuchado. Impostadas en el sentido de que el tipo que las había pronunciado no las sentía con toda la intensidad con que las pronunciaba. Telmo notó que había una distancia o una grieta entre lo uno y lo otro, mientras apartaba la vista y se fijaba en la forma en que estaba, por decirlo así, encastrada la cafetería dentro de la librería. Llegó a la conclusión que aquel lugar estaba concebido más para acompañar al café con un libro, que al revés. En este sentido, pensó, no es muy diferente de cualquier taberna donde la televisión acompaña a la caña o el chato vino. De repente consiguió distinguir al alardeaba de lo que no entendía, o no sentía del todo. Era quien había dicho también hacía pocos minutos, nada más entrar Telmo en la cafetería, algo así como que los libros acabarían siendo, si no lo eran ya, una mercancía más como lo son las cebollas o los coches. También recordó la tensión que experimentaron el uno al decirlo y el que lo acompañaba al escucharlo. Una tensión que a medida que pasaban los minutos, allí sentado a su lado, se iba apoderando de las palabras de ambos sin que Telmo detectara en los conversadores salida, o punto de fuga alguno, que pudiera desenmarañar el lio que habían formado con su palabrería. Telmo pensó que tal vez fuera debido, o tuviera un influencia no desdeñable, a la forma de concebir el espacio de la cafetería dentro de la librería. Es decir, tratando de relajar o disminuir la tensión propia que esconden los libros que había en las estanterías con el hecho más mundano de poder abrirlos sentado en una mesa de una taberna sofisticada, que en definitiva, pensó Telmo, es lo que es una cafetería. Se acordó, mientras razonaba así, de una anécdota que tuvo con un antiguo compañero de universidad cuando un día, que no fueron a clase y se quedaron jugando al mus en la cafetería de la facultad (procedente indudable de la moda vigente café más libros, que acabó haciéndose con los mandos de la cultura popular años después, hasta hoy), le habló de que si para vender una coche no hace falta saber conducir, como es público y notorio, para vender un libro no hace falta tener habilidades de comprensión lectora, como la educación actual así lo acredita. Todo consistirá, le dijo a Telmo su compañero de universidad aquella tarde remota, en invertir el sentimiento inconfesable de la mayoría de los escritores. Así, le dijo, para el verdadero escritor cada novela que consigue terminar encierra la imagen cabal de un íntimo fracaso: solo él sabe la distancia que media entre el ideal que se propuso al empezar a escribirla y el resultado final obtenido. Incluso cuando consigue una obra que se considera lograda. Un sentimiento inconfesable de tal naturaleza puede ser adobado para que el éxito de publicar sea igual a la felicidad, lo cual redundará en beneficio de las ventas de libros y de la felicidad anhelada de los lectores. 

viernes, 12 de junio de 2020

CÓMODO O MEJOR

Volver desde casa a la nueva normalidad de la calle establecida por los expertos, dando así por concluido el viaje que emprendimos hace ya tres meses, supone volver, a mi entender, de lo cómodo dentro de la jaula a lo mejor que pueda existir ahí afuera en el mundo. Uno de los descubrimientos mas notables de este viaje ha sido que lo empezamos acostumbrados a la cartografía de lo cómodo y nos tenemos que mover en la nueva normalidad con la cartografía de lo mejor, que desconocemos ya que todavía no esta publicada. La cartografía de lo cómodo sabemos a donde nos lleva: a la cacofonía propia de egos que no dejan de hablar en proporción directa a su falta de entendimiento. La cartografía en el mundo de ahí afuera nos abre una horizonte de inteligibilidad en el que esos egos, por fin, no tendrán la última palabra. A esto llamo yo lo mejor de la nueva normalidad frente a aquello, lo cómodo, de la antigua.
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La madre y el padre trabajan  como profesores en un instituto de secundaria, lo que les permite vivir siempre protegidos dentro de la jaula de sus conocimientos especializados, matemáticas ella literatura el, que repiten como dos loros curso tras curso desde hace ya más de diez años. Sin embargo, inesperadamente, a partir del parón docente debido la virus de marras, han descubierto con sorpresa que se han acomodado al mundo al descubrir entre las cuatros paredes de su casa todo lo que no es tangible o contable o medible o determinado, dentro de esa rutina profesional enjaulada. Un acomodo que lleva incluido la oposición o indignación contra la imperfección material o visible de lo que hasta ahora los amparaba. Que se sepa no consta noticia, ni en las redes sociales ni en sus conversaciones en los claustros del instituto, que tan colosal descubrimiento se lo hayan hecho saber a sus vástagos y alumnos.

jueves, 11 de junio de 2020

PRODUCTO 1

“La existencia, orientada hacia la razón y dependiente de ella, merced a cuya claridad experimenta la inquietud y pretensión de la trascendencia, no llega a tomar su propio movimiento sino acuciada por el aguijón de las  preguntas que  plantea la razón.  Faltando la  razón, la existencia es inactiva, letárgica, cual si no estuviera ahí.“ (Karl Jaspers)
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No se sabe por qué razón los intereses de quienes mandan en la industria editorial se empeñan, además de lo que reza en sus campañas publicitarias, en hacer de los lectores que acudan a su libros alguien interesante. Cuando suele ir a la ciudad, una de las visitas obligadas que hace Telmo es a dos o tres de las librerías que mejor acojen, a su entender, los productos que anuncian las editoriales. Cuando oyó por primera vez la palabra producto para nombrar a los libros, se sintió raro al principio, luego a medida que la conversación de donde surgió avanzaba no solo sin abandonar este campo semántico, sino ahondando mas en su significado, notó algo así como un resentimiento que le produjo un hondo malestar durante el resto de la tarde. Después de dar una primera vuelta por la primera planta de la librería, Telmo se había sentado en la cafetería aneja. Fue en la mesa contigüa a la suya donde se encontraban los dos clientes (si ellos hablaban de producto, él no iba a nombrarles como lectores) que protagonizaban la conversación, en la que por primera vez oyó que los libros fueran algo similar a una cebolla o a un coche o a un traje. Es decir, un producto destinado a ser vendido y, por supuesto, comprado. Telmo vio en sus rostros una tensión que no se olvidará. Tenia que ver, por un lado, con la satisfacción del éxito que les producía la compra de un producto que deseaban tenerlo en su biblioteca particular o donde fuera y, por otro, el fracaso que Telmo adivinaba les produciría su lectura, pues nunca alcanzaría las expectativas íntimas que la presión publicitaria de la editorial los habían llevado a efectuar semejante compra.

miércoles, 10 de junio de 2020

UNAS CAÑITAS

No hay mejor expresión, dentro de la gramática del cotilleo, que te convoquen a una reunión para tomar unas cañas como puerta de entrada a todo lo demás, que en términos de ese género tan humano no suele ser otra cosa que arreglar o apañar el mundo y a continuación volver a casa llenos de la tranquilidad que da el pensar que así nos gustaría que fuese. Dicho todo esto en términos genéricos y sin preguntarse nunca que es eso que nos convoca o nos impulsa a hablar. Por ejemplo, si surge en la conversación las condiciones laborales posteriores al confinamiento viral, a nadie se le ocurrirá explicar que es hoy un puesto de trabajo digno. Se da por sabido de antemano por todos los asistentes. Telmo, que es a quien han convocado a tomarse unas cañitas con los colegas del club de lectura al que asiste con frecuencia, no quiere darle al género del cotilleo un tono peyorativo. Telmo piensa que es el género base de la literatura, pues se practica de forma natural e inevitable desde que el ser humano dejó de ser nómada y optó por el sedentarismo como forma mejor de la subsistencia de le especie. Desde entonces y de forma ininterrunpida, los hombres por un lado y las mujeres por otro han venido practicando y poniendo al día de forma creativa el genero del cotilleo. Las reuniones de los hombres, que casi siempre han sido en la taberna, los antropólogos, dice Telmo, lo han denominado fratrias de compadres. Las reuniones de mujeres, que siempre han sido en casa o alrededores dependiendo del clima estacional, los antropólogos lo han denominado patio de comadres, nombre que también ha recogido la literatura de costumbres. Así que las fatrias de los compadres y el patio de las comadres son los dos modelos que durante siglos y siglos ha adquirido el género del cotilleo. Y es ahí donde se ha mantenido vivo el lenguaje llamado de costumbres. Solo con la llegada de las redes sociales, que ha tomado el relevo de esa tradición del genero cotilleo, se puede empezar a hablar de un declinar preocupante de lo que hasta ahora ha sido, al entender de Telmo, la esencia primordial del lenguaje humano. Es la velocidad y la falta de delicadeza y elegancia de aquellas, lo que puede acabar con el estilo propio e irreductible del genero cotilleo, arrastrando en su declinar a la propia literatura.
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De repente, llegó el virus de marras y mandó parar, como aquel comandante barbudo que aseguró que la Historia con mayusculas lo absolvería. Aunque nunca dijo de qué. Antes del virus de marras y mientras vivió el comandante barbudo, existió el período llamado de bienestar en el que estábamos acostumbrados a las distancias que la forma de salir de casa y de volver a casa dibujaban en nuestro horizonte, dice Telmo. Así éramos expertos en las amenazas y las complicidades que nos acompañaban, en la impaciencia de la espera y, como no, en las picardías de los atajos. Antes todo era visible, medible, contable, determinado, en fin, predecible e inteligible. Todo era, por decirlo así, como en el siglo XIX, aunque con los avances políticos, individuales, sociales y técnicos propios del siglo XXI. Más o menos, podíamos asegurar, que éramos felices. Pero, de repente, con el virus de marras llegó también lo invisible, lo indeterminado, lo impredecible, lo inacabado, lo irresoluble, en fin, lo ininteligible o lo no inteligible al primer golpe de ojo o de oído. De repente llegó el futuro, del que nos estaban avisando los diferentes vanguardistas científicos, psico-sociales y artísticos desde hace más de cien años. Por resumirlo de forma rápida, hoy, aunque nos parezca mentira, la distancia más corta entre dos seres humanos ya no es la línea recta, porque el altivo Yo moderno ya no depende de si mismo, sino de un extraño y enmascarado llamado Otro. Todo lo cual, de momento, nos da para decir que no somos del todo infelices. Que, al entender de Telmo, es razón suficiente para no quedarse en casa y salir de nuevo a la calle, a tomar unas cañitas con los colegas del club de lectura. Sea pues.

martes, 9 de junio de 2020

VOLVER: ¿A DONDE?

Conviene no olvidar que todo viaje acaba siempre en el mismo sitio: el lugar de donde se ha de volver. Estábamos acostumbrados a volver de viaje a casa, no a volver del viaje desde casa. El caso es que en esta ocasión nuestro viaje empezó un día, hace casi tres meses en nuestra casa, pero, sin abandonar ni un día sus cuatro paredes, acabará cuando volvamos a salir a la calle dentro de la nueva normalidad, que las voces autorizadas pregonan a todas horas. Os dejo dos citas con las que me he tropezado esta mañana, que me perecen de interés llevarlas en cada uno de los hemisferio del cerebro o de los pliegues del alma (según la filosofia existencial de cada cual), una vez que todo lo del virus de marras acabe y empiece la vuelta a la nueva normalidad, que no será otra cosa que salir a la calle normalmente como nunca antes lo habíamos hecho. 
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Aristóteles: “No es bueno que cada ciudadano se considere a sí mismo como cosa propia: todos deben pensar que pertenecen a la ciudad porque cada uno forma parte de la ciudad”
Heinrich von Kleist : “Para ser hombre verdadero hay que estar lejos de los hombres”. 
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Si os fijáis las palabras del filosofo griego, que fueron dichas dentro de la cosmovisión antigua del mundo, hoy inexistente, evocan algo que no ha existido nunca. Mientras que las palabras del poeta romántico alemán, dichas dentro de la cosmovisón moderna a la que nosotros pertenecemos, transmiten una hostilidad entre lobos y hombres, que no deja de amenazarnos desde siempre.
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No obstante ante la cita de Aristóteles cabria preguntarse, ¿a qué ciudad debería pertenecer ese ciudadano para ser merecedor de tal nombre? Y ante la cita de von Kleist cabria también preguntarse, ¿qué distancia entre los lobos es la más apropiada para que un solo hombre llegue a ser verdadero? 
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En fin, ¿a qué lugar debemos regresar, después del viaje dentro de nuestra casa, para poder medir esa distancia con la certeza de no equivocarnos nunca? ¿Sería a la ciudad que solo existe en la imaginación de Aristóteles? ¿O seria a una ciudad sin toda la “inteligencia” que tiene incorporada la de hoy en día, tal y como puede que la imaginara von Kleist?

lunes, 8 de junio de 2020

AMONTONAMIENTO

Coincidiendo con el final próximo del estado de alarma que llevamos padeciendo para protegernos de la peste digital, tal y como nos dicen, Telmo ha leído en alguna revista no del todo generalista ni tampoco del todo muy especializada, que según la experiencia vivida en estos tres meses de encierro obligatorio, al entender de los que tienen que decir algo sobre la nueva distancia social entre humanos, el amontonamiento propio del ocio cultural (aquí no se contempla el amontonamiento educativo, que tiene otro impacto en la sociedad de masas), al que los humanos de estos pagos somos tan aficionados, aunque seria exagerado afirmar que está en vías de desaparición si ha sufrido un duro revés en alguna parte importante, todavía por determinar, de su naturaleza inherente. Uno de los que se ha dado cuenta de ello, tal y como consta en la revista que ha leído Telmo, es el arquitecto de Rotterdam afincado en Nueva York, Rem Koolhaas. Volver la mirada al campo es un clásico en situaciones de este tipo, haciéndonos ver que allí el infierno urbano por amontonamiento no existe. Pero también han aparecido otras posibilidades, fruto de la experiencia pantallista que hemos tenido en estos días.
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¿Cual es la naturaleza inherente a un concierto de música sinfónica, una corrida de toros, una peli, un partido de fútbol, un partido de tenis o una partida de billar o de futbolín, etc.?, se pregunta uno de los articulistas en la revista dice Telmo. ¿Valdría como respuesta, una orquesta con su director al frente, un toro y un torero, un tema y un argumento, once futbolistas contra once futbolistas dándole al vejigo, uno contra uno dándole a una bola en una cancha con una red mediante, o en una mesa rectangular de fondo verde? ¿O la naturaleza intrínseca de la música sinfónica, los toros, el cine, el futbol, el tenis, el billar, etc., es también tener a un conclomerado de espectadores y oyentes, mas o menos educado y ruidoso, que los vea y escuche y aplauda en directo? ¿O esto último es un efecto consentido cuando no hay virus de marras, como gastar mas de lo que uno gana lo es cuando circula el dinero a espuertas? ¿O es un efecto insoslayable, añade Telmo, que se convierte así en parte de la esencia de la música sinfónica, el futbol, lo toros,  el cine, el tenis, el billar, etc.? O dicho con otras palabras, ¿la magia de los espacios del amontonamiento humano, son parte de la naturaleza inherente a lo que se dirime en el escenario que esta en frente o en medio, según los casos, de ese espacio donde nos amontonamos? Concluye por su cuenta Telmo.
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Sin embargo, los datos son tan elocuentes como tozudos. El negocio cultural ya nos está en esos espacios de amontonamiento, sino en las cuotas de las diferentes pantallas que los transmiten en directo o diferido. Hoy hay mas espectadores, por ejemplo, viendo un partido de futbol que en el campo desde donde se trasmite. Si no salen las cuentas, por ejemplo, en el teatro, el cine, la danza,... el Estado afloja la guita, al menos en España.
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La magia - que no olvidemos tiene una naturaleza de procedencia ancestral y, por tanto, predemocrática - de ocupar un lugar en un auditorio de música, una sala de cine, un campo de fútbol, una plaza de toros, etc. se ha ido desnaturalizando en el ámbito de las prácticas democráticas cada vez más masificadas. Esa magia, digámoslo así, se aviene mal, paradójicamente, con la tendencia al amontonamiento de la emocionalidad democrática. O dicho de otra manera, dice Temo, la sociedad democrática al igual que no puede aceptar de ninguna de las maneras la esclavitud de épocas predemocráticas o ancestrales, tampoco puede aceptar, sino es aceptando su lado elitista o antidemocrático, la naturaleza propia de la magia de aquellas. Asistir a un auditorio de música, una sala de cine, un campo de fútbol, etc será un acto aristocrático, o no será, como es comer en un restaurante de tres estrellas michelin, en lugar de hacerlo de un McDonalds.
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Para acabar, subraya Telmo lo que se pregunta un joven arquitecto español de edificios inteligentes, ¿El desamontonamiento del ocio cultural es la primera impugnación a la naturaleza de la democracia tal y como la concibieron sus padres fundadores? Entonces, ¿la desmasificacion del ocio cultural es un acto de afirmación democrática o es el primer gesto de la etapa post democrática o, como dicen los politólogos, de la democracia iliberal? Esto es, la vuelta a la vida pública de los hombres fuertes, mientras los ciudadanos se quedan en su casa privada para luchar contra la manía de amontonarnos.

viernes, 5 de junio de 2020

EL DÍA D

Cuando se despertó, Telmo notó una molestia en la garganta, que se hacia mas ostensible al tragar la saliva. Como era el 6 de junio, el día D en que se produjo el desembarco de Normandía, pensó que tenía que ver con ello. Cada año, inexplicablemente, ese día amanecía con alguna dolencia física que no tiene relación aparente con la parte del cuerpo donde notaba los síntomas. La única explicación que se le ocurre tiene que ver con su particular relación con el episodio que ocurrió en las playas de Normandía, norte de Francia, hace mas de 70 años. Este año, reconoce, la efemérides está condicionada por el desembarco del virus de marras hace ya tres meses, que ha producido en la conciencia de Telmo una acercamiento inesperado de lo infinito. Lo cual le ha llevado a imaginar con mas claridad el sentimiento que acompañó a los soldados, horas antes de que se produjera el desembarco. La cercanía de la muerte aviva en el ser humano la conciencia del mas allá. También, supone Telmo, un sentimiento opuesto de miedo y felicidad. Lo que ocurre es que en la sociedad actual ese sentimiento es difícilmente exportable, una vez que desaparecen las condiciones que lo provocan, a la nueva normalidad recuperada de la vida cotidiana. Quedando así, en la memoria colectiva, como una mera estadística referida a los muertos que han caído en combate. Menos aun, dice Telmo, como ejercicio intelectual después, por ejemplo, de leer un libro o ver una película. El infinito desaparece como fecha del calendario (ese día que lo percibimos tan cerca de nuestras vidas) y como referencia de nuestro existente (ese horizonte de inteligibilidad que se ha quedado con nosotros como opción del alma). Sin embargo, no todo desaparece en el carril de la Historia con mayusculas que pretende colonizar todo lo que se mueve. Queda la huella del día D en la retina y de la visón furtiva del infinito en la conciencia de quien se ha levantado con la dolencia física inesperada, tal y como lo entiende y lo justifica Telmo al cabo de una horas de estar despierto y a punto de iniciar el trajín cotidiano de cada día. Es por lo que Telmo ve necesario salir de la ebriedad tecnológica presente, como nuestros antepasados medievales debieron de sentir el impulso de abandonar la ebriedad de Dios que los estaba consumiendo, paradojicamente, con los mimbres iniciales  de la ciencia que nos ha llevado a sus descendientes a la borrachera tecnológica que padecemos. Una paradoja que nos debería hacer pensar en el día D, que para Telmo no hay día que no lo sea en alguna de sus horas, sobre los atajos de quienes mas se encuentras atrapados en ese, digámoslos así,  coma tecnológico que, más pronto que tarde, acabaran cogiendo y arrastrando a sus clientes con ellos a cuenta de su irresistible imagen seductora (pulsión erotica) para llevarnos al abismo (pulsión de muerte). No es algo por venir, concluye Telmo, es algo que ya ha sucedido varias veces desde entonces. Después de beber el primer café, Telmo se dirigió a la farmacia para consultar su inesperada dolencia. Él farmacéutico le recetó un antiestaminico y le preguntó si padecía alergia estacional. Telmo respondió que no, aunque  aclaró que si era propenso a la astenia primaveral. El farmacéutico insistió en su receta, y recomendó a Telmo que estuviera en observación unos días. Al día siguiente del día D, Telmo notó al levantarse que la dolencia inesperada de la noche anterior había desaparecido. Es asombroso, pensó mientras caminaba hacia la oficina, como unos sentimientos tan profundos como son los que se despiertan cuando estamos cerca de lo infinito, puedan estar acompañados, en la mayoría de las personas de hoy, de una absoluta falta de imaginación.

miércoles, 3 de junio de 2020

HISTORIA Y MUNDO

Ya te he comentado que me cuesta seguir a Spinoza, así que  lo que hago de momento, hasta que me atreva a leerlo directamente, es leer a los lectores mas apasionados de sus proposiciones tan sorprendentes como deslumbrantes. Así voy descubriendo, de paso, por qué quiero leer la Ética. Sus lectores mas apasionados son de procedencia diversa: Gabriel Albiac (filósofo de estirpe francesa) John Berger (escritor y pintor británico), Antonio Damasio (neurólogo portugués), Juan Arnau (filósofo del sánscrito, español), Vicente Serrano (abogado y filósofo, español), Fernando Savater, como no, que yo creo que se averígüenza un poco, pues alardea de sus lecturas de Voltaire y no tanto de las de Spinoza, que me he enterado de manera indirecta que le fascinan tanto o mas que las de Voltaire. Todos, a excepción de Savater que yo sepa, tienen obras publicadas sobre sus sus lecturas de Spinoza. Así he llegado a la conclusión de que a todos (a excepción de Arnau, que creo que llega de forma natural al pensador holandés desde su filosofía oriental), Spinoza los ampara y les da cobijo de los desaires e intemperancias, por decirlo así, de una parte del pensamiento occidental, científico-técnico e historicista, que se practica, pongamos, desde Descartes. Spinoza impugna el racionalismo de Descarte pero no avanza hasta llegar al historicismo, que si construye brillantemente y sin reparos el gran Hegel. Yo pienso que esta frenada es lo que agradecen los desencantados del pensamiento hegeliano de izquierdas (los marxistas) y sus múltiples derivas posteriores. Yo también. Una vez muerto Dios, se inventa en el siglo XIX la HISTORIA con mayúsculas para sustituir la función teleológica del fallecido (el sacrosanto progreso), y también, con los años, disculpar sus fracasos y desencantos. El infinito desaparece como posibilidad del alma y como imagen del mundo, y todo se convierte en objetivos históricos científico-técnicos inaplazables del cuerpo. LA HISTORIA con mayúsculas se apropia del mundo. Y en cabal correlato, el cuerpo aniquila la posibilidad de imaginar del alma. Hasta hoy.
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Sin embargo, con Spinoza el infinito recuperado, o nuevamente imaginado, deja de ser una meta a cumplir, una función teleológica para salvarnos, y se convierte en las condiciones de posibilidad de lo finito, es decir, de lo humano. Hasta ahí llego, que para mi es mucho. Así el entender y el imaginar, que aparece en uno de los párrafos de la carta a su amigo, y que yo no los entiendo como el las describe en su escrito (Spinoza es un racionalista puro del siglo XVII), son las llaves para entrar, por ejemplo, en “Sobre el infinito”, de Anderson. Para Spinoza el entender es la linea fuerte de su pensamiento racionalista con demostraciones geométricas incluidas, mientras que el imaginar queda como subsidiaria de aquella. Sin embargo, para mi entender e imaginar son dos caras de la misma moneda. Como leer y escribir, mirar y ver, oír y escuchar. Son movimientos necesarios y complementarios de los que se nutre el alma y el cuerpo. El cuerpo y el alma.
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Así que con los escasos mimbres de Spinoza y fuera de la HISTORIA con mayúsculas (que creo es por donde circulan las pelis de Anderson y Tarkovsky, dos creadores tratando de imaginar un lugar para el alma en el mundo contemporáneo. En este sentido, son creadores fundacionales, como lo son Homero, Cervantes, Joyce, Beckett, Faulkner, Kafka, y demás creadores que desconozco pero que seguro han dejado esta huella fundacional en el alma del mundo; y así es, a mí entender, como hay que relacionarse con ellos), se puede decir que a ese mundo (como ha sido siempre en la cultura occidental, hasta la imposición deshumanizadora del historicismo tecno cientifico en el siglo XIX), y si se quiere que permanezca, se entra mediante la palabra y la música. Canto y cuento, original y originario. Parafraseando a Ortega y Gasset, en la imagen se está (creencia), las palabras y la música se adquieren y tienen (ideas) como llaves para entrar en esa imagen que se nos ofrece al nacer como herencia del mundo que nos acoje. Solo Dios no necesitó habitar antes una imagen primordial, porque creó el mundo desde la nada. Por tanto, sin las palabras de la narradora y de los protagonistas “Sobre lo infinito”, de Anderson, sería solo una estructura técnica mas sin mundo, aunque si una estructura técnica dentro de la HISTORIA con mayúsculas y fecha de nacimiento, lo que la libraría, como a tantas otras obras contemporáneas, de un destino errático y a la intemperie (Karl Jaspers, de nuevo). Así es como sobreviven “las señoritas Aviñón” de Picasso (1907) o “La fuente” de Duchamp (1917), y tantas obras del arte contemporáneo que son estructuras técnicas que buscan desesperadamente un lugar y una fecha en la HISTORIA con mayúsculas, antes que buscar su lugar en el Mundo. Por imitación, pienso que las personas del actual presente funcionamos de la misma manera. Sin querer reconocer el lugar de nuestra alma en el mundo del siglo XXI, acabamos siendo estructuras técnicas de consumo que nos movemos aceleradamente en el carril teleológico de la HISTORIA con mayúsculas del siglo XXI.
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Ahora bien, dicho esto el siguiente paso comenzaría en el momento en que se acaba, digamos, nuestra reunión oficial de cineforum. Es cuando acontece la posibilidad de ponernos a estudiar escena por escena, ver sus correspondencias o sincronicidades o contradicciones, si cierran un mundo y abren otro y por qué, o si es al revés y por qué, como volvemos del viaje y en que estado y por qué, si hemos aprendido algo o estamos como lo iniciamos y por qué, si hemos encontrado nuestra alma o seguimos siendo estructuras técnicas de consumo y por qué, si somos falsos o verdaderos espectadores y por qué. Etc. etc. Todo mediante nuestra imaginación adentrada sin miedo, pero con toda la atención de que seamos capaces, dentro de ese espacio o bosque infinito del que aquellas escenas son solo la llave de entrada o sus claros interiores de encuentro. 
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Utilizo la palabra creador en lugar de artista, cineasta, novelista, poeta, músico, pintor, etc. como homenaje al primer y único creador de la nada, ya fallecido, y también 
porque creador nos iguala a todos los humanos desde la cuna de nacimiento. Y así lo quiere Platón en La República.

martes, 2 de junio de 2020

MOMENTOS REACCIONARIOS

“Los momentos reaccionarios de la historia son aquellos en los que los proyectos de historicidad no son plausibles ni verosímiles, ni conectados con el sentido común. Para este momento de la historia (que es el actual) propongo que la ficción trabaje en la retaguardia. Pues el modelo contrario ya lo conocemos. La exaltación del individualismo narcisista extremo y de la libertad del artista no es sino una forma de encubrir el modo en que hoy los artistas, los novelistas, los guionistas, salimos a la plaza del mercado (hoy de las redes sociales) como antes salían los jornaleros. Salimos a vendernos, a comprobar si hemos acertado con un encargo que no se formula explícitamente pero que esta ahí. Y mientras se malbaratan cientos de miles de proyectos de quienes no han acertado, algunos triunfan” (Retaguardia y ficción, de Belen Gopegui)
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Compromiso horizontal contra colaboracionismo vertical, en esta lucha se dirime la vida democrática del momento reaccionario actual. Gana el segundo, pues los siervos siguen colaborando verticalmente con los amos. Todavía no ha aparecido la opción del compromiso horizontal entre ciudadanos.
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La clase media acabó con la distinción entre elevado o bajo, noble o plebeyo etc. La clase media tiene una única inteligencia media y, también hay que decirlo, un incontenible  furor narcisista, cuyas condiciones de posibilidad mas sobresalientes en su acción diaria son la estupidez y el talento.
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Tenemos una memoria absolutamente frágil como para poder aguantar el peso de nuestra maldad. Si recordásemos un poco más, nos hundiríamos. Por fortuna en el siglo XIX inventamos la HISTORIA como aparato técnico capaz de tranquilizar una memoria engañadora y sectaria. Ahora lo engañadle y sectario es la HISTORIA escrita por los expertos y así nuestra conciencia puede quedar al margen. Así recordamos perfectamente la maldad de los enemigos consagrados por la HISTORIA y gracias a ello nosotros somos inocentes.” (Europa en ruinas, de Hans Magnus Ezenberger)
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“De un mundo que ya no está”
Israel Yehoshua Singer
Editorial Acantilado

lunes, 1 de junio de 2020

TRAS LA FÍSICA

De las múltiples opiniones que se oyeron en el centenario de la epopeya de Leopoldo Bloom (16 de junio de 2004) hay dos que me llamaron la atención por su complementariedad a pesar de su aparente oposición. Una, la de Fernando Aramburu, “se puede vivir sin leer el Ulises de Joyce como se puede vivir sin piernas, sin brazos, sin ojos,.. Dos, la de Eduardo Chamorro que, después de leer el Ulises ocho veces, dijo que ya sabía de que iba: de la inmortalidad del alma. El primero suena a boutade intelectualoide, el segundo a inquebrantable Fe lectora, como cuando Tomas de Aquino demostró la existencia de Dios en la Summa Teológica.
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Ya te he comentado que, desde hace tiempo, sigo con atención la deriva del arte contemporáneo en el siglo XX, al dejarse acompañar por la ciencia y técnica moderna no como lo había hecho desde el siglo XVII, sino directamente apropiándose de sus postulados. Con lo cual el arte se ha convertido en el apéndice vistoso de la ciencia, formando el matrimonio de conveniencia ideal en la sociedad de masas de consumo actual.  Fue Picasso, el primitivo, quien dio el pistoletazo de salida cuando dijo aquello de que si el hombre común puede volar en avión, los artistas, que son más que humanos comunes, también, más o o menos. Decir que alguien es estúpido no es decirle que no sea inteligente, es decirle que, momentáneamente o para siempre, ha aparcado lo que pueda dar de sí su talento. El talento y la estupidez son dos de las condiciones de posibilidad de la inteligencia humana.
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Aunque los artistas del siglo XX quedaron pronto seducidos por esa convergencia inaplazable entre su arte y los avances de la ciencia y la tecnología, no todos se entregaron ciegamente a ese discurso. Conservaron el hálito, digamos, de la tradición que deja el arte fuera del tiempo histórico de la ciencia. Conservaron su alma. Siguieron siendo fieles, por así decirlo, al dictum de que la rosa es sin por qué, y el arte sucede siempre al margen de todo tiempo histórico y lugar geográfico. Es decir, no se dejaron manipular por los dictados teleológicos de la historia de la ciencia moderna (a la que solo le interesa observar la realidad física de la naturaleza, incluida la parte que corresponde a la naturaleza humana), que es una herencia directa de la teleología divina vaticana (a la que solo le interesa vigilar la realidad espiritual de la naturaleza humana, ignorando o reprimiendo su realidad física). 
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Ese resto de creencia religiosa en Joyce, por ejemplo, hace que la epopeya de Leopoldo Bloom sea leída, a mi entender, por Eduardo Chamorro como la de la inmortalidad de alma. Al igual que de los cuadros de Rohko o Pollok emane ante el espectador el alma del mundo. O que la intriga y el misterio de los relatos de Henry James surja desde el interior de lo existente de sus personajes, no como una apostilla o pegote exterior como hacen los betsellers. Mientras que del urinario vuelto al revés del nihilista irreductible Duchamp no brote nada, porque nada puede brotar de donde todo está seco desde el principio. O de las señoritas de Avignon, del ateo militante Picasso, solo puede brotar la necesidad de reclamar la atención de los banqueros (así vendió su alma al diablo), los que a partir de entonces hicieron su agosto creativo: hacer confundir en los espectadores el precio con el valor. Así un cuadro (y por extensión una botella de vino, o un coche) vale hoy el precio que le pongan los marchantes en el mercado del arte. 
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El motor de la realidad espiritual profunda es la verdad. Ahora bien, como dice Karl Jaspers, la verdad ha de poder diluirse en lo temporal, en caso contrario permanece sin mundo. El mundo se ha vuelto tan árido porque callejean una multitud de pensamientos fabricados, carentes de lugar e imagen. A mi entender, a muchas de las ideas o pensamientos vanguardistas del pasado siglo, que hemos heredado en el actual, les ha ocurrido eso, infectando víricamente el mundo en su deambular errático.