miércoles, 18 de agosto de 2021

HABLAR SENSIBLE

Leo en una revista que la profesión médica en lugar de ser el arte de curar, se está convirtiendo, por la presión de los protocolos y los imponderables de la carrera profesional diaria, en “un pisotón a nuestra imaginación”. Y, de paso, le contesto, a la del paciente potencial que somos todos, pues esa locución resume acertadamente lo que hacemos cada día como seres hablantes, sea cual sea el ámbito donde hablemos. O amamos incondicionalmente las palabras (lo sensible), o las usamos interesadamente según nuestra conveniencia (lo instrumental). Todo lo que digamos o hagamos a continuación viene determinado por ese amor o ese interés. No olvidemos que somos seres humanos porque somos seres hablantes de forma articulada. Es decir, somos seres humanos porque somos seres pensantes. 

La mayoría de esos seres pensantes que habitan en las plataformas o aledaños, que conforman el mundo digital actual, ha decidido llevar al extremo en su vida cotidiana la tradición material o instrumental de nuestra civilización occidental respecto al uso de las palabras (el resto de seres pensantes vivimos desconcertados en los márgenes), al igual que, para entendernos, se vienen usando desde hace siglos los martillos, los tenedores, los cañones, los edificios, etc. Olvidando por completo que nuestra tradición tiene también un amplio y glorioso trato sensible con las palabras, lo cual forma parte de ese lado espiritual de nuestra naturaleza humana y, por tanto, de la civilización occidental.

lunes, 16 de agosto de 2021

LA MUJER DE AL LADO

 Hay dos modos de representar y ver la tragedia humana. Para Aristóteles las mejores tragedias, es decir, las más simples, se construyen en torno al paso repentino de la prosperidad a la miseria. Este cambio drástico no vendría causado por la depravación moral (que no puede considerarse trágica, ya que no despierta ningún sentimiento filantrópico), sino por error del carácter. Sófocles sería el autor que mejor lo representa. Luego está el tipo de tragedia que inauguran los románticos en el siglo XIX en la que prevalece la depravación moral y lo sensacional, anticipando con ese impulso el espectáculo de la sociedad de masas y de consumo del presente. De esta última visión la que más me conmueve es la del dramaturgo y poeta alemán Heinrich von Kleist, por su manera de planificar su propio suicidio con la complicidad su novia. Visité, cerca de Berlín, el lugar de los hechos y realmente me ayudó a habitar o a verme reflejado en ese tiempo pasado que materialmente ya no existe.

A mi entender, la película de Truffaut está construida con los dos modelos entremezclados y eso es lo que la hace extraña y desconcertante ante mi mirada. El modelo de la narradora Odile Jouve, que intenta su suicidio fallido inspirado en el  modelo trágico aristotélico y, sin embargo, ella misma nos cuenta la tragedia de los protagonistas Bernard y Matilde desde la visión del modelo romántico. Aunque, si prestamos atención, lo hace de una forma contenida teniendo en cuenta el tiempo histórico, últimas décadas del siglo XX, en que se representa la acción de la película. 

¿Por qué decide contarlo, por decirlo así, de esa forma híbrida? Esta sería la primera pregunta que como espectadores de “la mujer de al lado” os propongo.