sábado, 24 de septiembre de 2016

EL VICIO DE STENDHAL

Que no cunda más el pánico entre los temerosos de la palabra literaria, y que ese miedo, santo cielo, no de paso a la pereza. Que no. Contra la paralísis ofuscadora del miedo, no hay nada mejor que el hábito de un buen vicio. Ahí les dejo el de Stendhal. Sigan su ejemplo.

viernes, 23 de septiembre de 2016

PERSONAS COMPLEJAS, PERO LECTORES LINEALES

Les dejo este artículo de Enrique Vila-Matas que apunta al alma y al cerebro que todos ocultamos debajo del cuerpo y del cráneo. Donde nos advierte, que eso de protegernos con la amable coraza del lector lineal (ese lector que tiene aversión al mundo narrativo que protagonizan las frases subordinadas), no nos evita la presencia y el empuje de nuestras contradicciones. Y que si nos empeñamos en no ser nada más que eso: lectores lineales y campechanos, buena gente, pegados, como la uña a la carne, a unos tipos muy complicados, acabaremos, al tener prisa por querer entenderlo todo y con un solo golpe de ojo, por no entender nada. Ni que nadie nos entienda. Sin que por ello vayamos a dejar de seguir hablando, me temo, ni un solo instante, que, sospecho, es lo único que nos importa. De acuerdo. Pero que no se diga que, así como así, nos damos por vencidos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

LOS MIEDOS QUE NOS DAN LA VIDA Y LA LITERATURA

Uno de los problemas más comunes en el trato con la literatura en su vertiente lectora, pero más aún en lo que respecta a la escritura, es como hacerlo compatible con la vida. Porque es un hecho inexorable que hagamos lo que hagamos al tratar con la literatura, no nos exime de seguir viviendo. Únicamente en el caso de leer o escribir para olvidarse de los problemas de la vida, se puede dar la situación de que cada una vaya por su lado.

No digo nada nuevo al afirmar que si a la literatura la vida le importa así, a la vida la literatura le importa una higa. Esa falta de correspondencia, que recuerda a la de muchos amores desgraciados, es justamente lo que da forma a la pregunta: ¿cómo soy y por qué soy así? Pregunta que no tiene respuesta porque entonces seríamos patatas, tornillos o bits, pero que si dejamos de buscarla es bastante probable que nos acabemos convirtiendo en patatas, tornillos o bits.

Como todo el mundo sabe, no hay manual o guión previos donde se fije un canon de comportamiento. Cada persona vive como puede la vida que le dejan tener. Cada lector, entonces, ignora o se acerca a la literatura a partir de esa determinación vital ineludible. Uno se acerca, o ignora, a la literatura porque vive de una manera y no de otra. Nunca al revés. La vida es mas grande que la literatura y, si no decidimos lo contrario, repito, el imperativo es inapelable: hay que vivirla.

Es decir, ¿podemos imaginar y vivir al mismo tiempo? Con toda seguridad no podemos evitarlo. Pero, ¿podemos dejar constancia por escrito de lo imaginado, sin que se altere lo que hemos de seguir viviendo? Con toda seguridad es imposible. Tendríamos que suspender el tiempo de la vida e inmiscuirnos en el tiempo de la creación, durante el que no podríamos vivir.  Al final he llegado a la gran exigencia que la literatura le pide a la vida, siempre reacia a normas y controles, siempre desordenada e imprevisible. No es que nos falte tiempo de nuestra vida para leer o escribir, lo que nos cuesta es encontrar la manera de instalarnos en el tiempo de la literatura. Lo que nos da vértigo, a diferencia de Alicia, es atravesar el espejo y poner los dos pies al otro lado. Cuando lo que hacemos normalmente es leer, o escribir, con un pie a cada lado del azogue. Uno en la vida y el otro en la literatura. Así - queriendo o sin querer, es difícil saberlo - matamos dos pájaros de un tiro. Nos distraemos de los malestares que nos producen los hechos y  la palabrería de la vida, y evitamos que la literatura nos interpele directamente con la fuerza apabullante de sus palabras.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

ESCOLARIZAR NO ES IGUAL A EDUCAR

Comienza un nuevo curso escolar y en el mundo educativo se recupera el Pensamiento Mágico, también conocido como Pensamiento Alicia, tan querido para muchos de los habitantes de ese mundo, profesores y padres incluidos. Aprendizaje sin aulas; aulas sin muros; o que los niños, antes que todo y por encima de todo, antes que aprender a leer y a contar, lo importante es que sean felices, todo ello bajo el palio de la ley del mínimo esfuerzo. Son algunas de las perlas que por ahí dentro circulan con inusitada holgura y prestigio, pero que no impiden que sigamos siendo de los últimos en las listas fiables que se publican sobre el rendimiento educativo europeo. En fin, además de profesores y padres también hay doctores y expertos en esa iglesia, que podrán hablar con mas fundamento del asunto.

Como el que busca encuentra, yo me he topado con un maestro de la ciudad de Nueva York. Les dejo con sus palabras por si les levantan el ánimo o directamente cerramos el kiosco. Al fin y al cabo, creer que la educación es todavía una herramienta para poner en la senda de la vida a ciudadanos cabales, después de lo que ha caído en el siglo pasado que fue cuando esa idea se democratizó, es pensamiento mágico en estado puro. Pero ya saben, no hay que rendirse nunca.

martes, 20 de septiembre de 2016

LA ORACIÓN FÚNEBRE, de Pericles

Pensemos en los grandes discursos políticos de la historia. Esos textos, pocos bien es verdad, en los que la política y la poesía se encuentran y se trenzan como si fueran lo mismo.  Esos momentos, pocos bien es verdad, en que soñamos y pensamos como dioses. Esos textos en esos momentos en los que el alma se esponja y te dices que merece la pena seguir viviendo, no sobreviviendo, porque se nos aparece la vida llena de luz y de sentido. A un líder público lo que le pido, y le exijo, es que con sus palabras haga que me levante cada día con ganas de seguir estando entre los otros, porque otorgan el sentir y el sentido necesario a la comunidad que compartimos. Le pido, se nota que hoy estoy contento, que sea mi narrador de cabecera. No es tanto el aspecto de lo económico lo mas preocupante, y lo que más repugna, de la crisis actual, como la modorra y el hastío a que nos someten cada día, en voz alta, los majagranzas y chisgarabís que se encuentran al frente. De una crisis económica, tarde o temprano, se acaba saliendo, pero la ausencia de la poesía en el lenguaje de la acción pública, que continuará después, tiene que ver con la falta endémica de nobleza que anida de forma inmisericorde en el corazón y en el cerebro de los que mandan, y con la servidumbre voluntaria de quienes obedecen. Pero esta es otra historia.

Me voy dos mil quinientos años atrás. Escuchemos a Pericles mientras habla a los atenienses. Para muchos  estudiosos, desde Tucídides, el primer discurso de la democracia. Escuchemos. Y soñemos y pensemos, por un momento, como los dioses que deseamos ser. A lo grande. Y a lo que nunca debemos renunciar mientras sigamos leyendo y compartiendo nuestras lecturas.

sábado, 17 de septiembre de 2016

LO INEXPLICABLE Y LO DESCONOCIDO

Les dejo otra muestra de este libro de muestras inagotables, "El cuaderno de Bento", de John Berger. Luego que cada lector elija su camino, es decir, decida qué lector quiere ser. El que se arriesga a transitar entre lo que no se ve, lo inexplicable y lo misterioso, o el que prefiere esperar las oportunidades de lo revelado o lo desconocido.

"Hay dos categorías de narración. Están aquellas narraciones que tratan de lo invisible y lo oculto, y están las que exponen y ofrecen lo revelado. Lo que yo denomino la introvertida y la extravertida. ¿Cuál de las dos se adaptará presumiblemente mejor, de una forma más incisiva, a lo que sucede hoy en el mundo? Creo que la primera.

Porque sus historias permanecen inacabadas. Porque entrañan la necesidad de compartir. Porque en su forma de relatar, un cuerpo se refiere tanto a un individuo como a un conjunto de individuos. Porque en estas narraciones el misterio no es algo que se vaya a resolver, sino algo que se lleva con uno. Porque, aunque puedan tratar de una violencia, de una pérdida o de una furia súbitas, no se quedan en lo inmediato, miran a lo lejos. Y sobre todo porque sus protagonistas no son actores, sino supervivientes.".

viernes, 16 de septiembre de 2016

ESCUCHA ESTO, de Alex Ross

Les dejo el comentario que Javier Fernández de Castro ha hecho sobre su lectura de un libro de Alex Ross, ya que me parece de interés para escribir sobre lo que se lee, sobre lo que se mira, sobre lo que se oye, sobre lo que se toca,...En fin, escribir con todos los sentidos. Escribir con la mirada amplia.

"ESCUCHA ESTO", de Alex Ross; ed. Seix Barral
por Javier Fernández de Castro

Lo ha vuelto a hacer. En 2009 Alex Ross pilló desprevenido a todo el mundo con El ruido eterno, aunque al final se produjo una reacción y 50.000 personas o más llegaron a tiempo para comprar el libro antes de que desapareciese de las librerías. Ahora, con "Escucha esto", vuelve a la carga y lo avisa en la primera línea del prólogo: "Escribir sobre música no es esencialmente difícil". Y tras una afirmación así de fresca pasa a reducir a escombros a quien tuvo la ocurrencia de decir: "Escribir sobre música es como bailar sobre arquitectura". 


En el fondo Alex Ross está planteando una cuestión que ha creado dos bandos hasta la fecha irreconciliables.


1. Para unos sólo se puede hablar de música (y, ya que estamos, del arte en general) en términos técnicos, pues todo lo que no sea una mera descripción milimétrica de puro objetiva es como ponerse a bailar sobre arquitectura.


2. El bando contrario sostiene en cambio que el arte es un continuo (poiesis) y que gracias a ello se puede pasar de un sistema de expresión a otro sin traicionar la naturaleza del soporte de salida (en este caso el lenguaje escrito o hablado) ni tampoco el de destino (una pieza de Mozart sobre la que queramos hablar, por poner un ejemplo). La deseable síntesis sería que el arte, siendo en esencia singular, fuese al mismo tiempo plural, pues en ese caso una pieza sería ella misma y, debido a la posibilidad de traducir sin traicionar, sería al mismo tiempo todas las piezas, ya sean pintura, arquitectura, música o danza. Llevando las cosas a su extremo, la descripción creativa e imaginativa de una pieza musical debería tener tanta legitimidad como la pieza misma.


Vale decir de entrada que Alex Ross (faltaría más) no ha resuelto el enigma, pero "Escucha esto", como ocurría con el "El ruido eterno", es lo más cerca que puede arrimarse a la música un profano para el que el lenguaje técnico es incomprensible. Y de ahí que el intento sea fascinante. Alex Ross reúne todas las cualidades que se requieren para enganchar de entrada a un lector y no soltarlo hasta el final: sabe de lo que habla porque aparte de ganarse la vida hablando de música lleva viviéndola desde niño; tiene una mano ágil para no pasarse con los tecnicismos más allá de lo estrictamente necesario, y en todo momento, hable de lo que hable, transmite un entusiasmo tan contagioso y dinámico que los lectores (50.000 solo en España, que ya tiene mérito) le siguen sin vacilar por unos zigzags que cuentan, por ejemplo, la evolución de la chacona desde aquellos tiempos en que a Felipe II y sus consejeros les parecía una musiquilla pecaminosa hasta el momento en que Led Zeppelin la recupera a su manera. Pero la cosa también puede empezar con la media áurea de Mozart para luego pasar a las andanzas de Radiohead, las curiosas costumbres creativas del director escandinavo Esa-Pekkonen Solonen o la grandeza de Schubert para luego pasar a Björ, la situación de la música clásica en China (alucinante) y da igual qué, si Ross siempre se las apaña para ser entretenido y, sobre todo, instructivo. 


Obviamente, y por mucha habilidad que tengas para no meterte en líos innecesarios, resulta imposible hablar de Verdi, Schubert o John Cage sin hacer referencias no exclusivamente encomiásticas, pero justamente para eso está Internet. En el libro se da una dirección en la que se pueden escuchar, capítulo a capítulo, los ejemplos que ilustran las explicaciones puramente técnicas. Y acabas el libro sin saber música, pero en cambio puedes hacerte una idea de a qué se refiere Ross cuando dice que "John Paul Jones confirió a la línea de bajo un sonido adusto, organístico: el riff del blues del Delta monumentalizado".


Aparte del entusiasmo que le pone a todo lo que toca, el estilo zigzagueante de Alex Ross puede tener otra ventaja: si alguno de los ejemplos escuchados llama la atención, siempre se puede ir a YouTube y escoger entre las docenas de piezas que allí se ofrecen. Y en algunos casos (pongo por ejemplo el de dos intérpretes no universalmente conocidos, como son el director Esa-Pekka Salonen o la soprano Lorraine Hunt Lieberson), se aconseja ir directamente a YouTube y, una vez refrescada la memoria, volver a ver lo que dice de ellos Ross. Ya digo que es un libro muy didáctico.