miércoles, 27 de julio de 2016

LA INTIMIDAD DEL LECTOR EN SU LECTURA

Al leer lo más importante es la intimidad del lector con el relato. Siempre y cuando el lector no suplante su intimidad, al tratar de manejarla en la experiencia de su lectura, con alguno de los selfies con que se presenta en público. Creyendo, mejor dicho, haciendo creer a quienes lo escuchan que la intimidad y los selfies son lo mismo, que somos como aparentamos ser. Aunque sepamos, o si no lo sabemos seguro que lo intuimos, que la intimidad es la verdad a cerca de quién es uno mismo entre los demás en el mundo. Esa que nadie que quisiera intimar con lo que le cuenta el narrador, va a desvelar nunca. Pero si no podemos al leer abordar nuestra intimidad directamente, ¿podemos hacerlo de forma indirecta, metafóricamente?, el correlato más fidedigno de nuestra intimidad, es decir, de nuestra verdad entre los demás en el mundo. 

martes, 26 de julio de 2016

MESA PARA TRES

A mí nunca me han pasado estas cosas, porque estas cosas en tu vida y en la mía no han sido así y, bastante a menudo, ni siquiera han sido esas cosas. A continuación de soltarle esta perorata, colgué el teléfono y dejé a mi hermano con la palabra en la boca. Estaba harto de escuchar sus lamentos. Había enviado el cuento al concurso anual que convoca el ayuntamiento, y me dio por enviarle una copia. Maldigo el día en que tuve semejante ocurrencia. No se a cuento de qué pensé que podría ayudarle en su obsesión paranoica. Vano intento. Desde que tengo uso de razón no deja de echarme en cara que yo soy el preferido de mi madre. ¿Por qué ese título de "Mesa para dos"?, ¿por qué no lo titulaste "Mesa para tres"?, me espetó al otro lado del auricular. Porque quería entender lo que mamá nos contó a los dos tantas veces, que se vio a sí misma en los ojos de papá, le respondí. Yo nunca le oí decir esas cosas que has escrito, te lo diría a ti cuando yo no estaba presente, insistió tozudo. 

sábado, 23 de julio de 2016

SALTO O ABISMO

A la luz de la visión que ella ha tenido, una luz que deja a su alrededor todo una espesura de sombras, más oscuras si cabe que antes de que me lo dijera, a la luz de esa primera vez que tuvo ocasión de experimentar lo que vio, me pregunto, ¿seguiré creyendo - yo que he experimentado varías veces sobre lo mismo que ella lo ha hecho por primera vez - que ya lo he conocido todo, que estoy de vuelta de todo ello? ¿Soy consciente de que ese salto (o abismo), entre lo que he alcanzado a conocer después de la visión de mi primera vez y lo que desconozco (y no conoceré nunca) después de volver tantas veces sobre lo mismo (o parecido), nunca fue mayor como en el momento mismo en que ella ha conocido lo mismo por primera vez? Especialmente porque hoy me cuesta reconocer que exista ese salto (o abismo). ¿Soy consciente de cómo se transforma mi carácter al no aceptar ese salto (o abismo)?

viernes, 22 de julio de 2016

LICITUD Y LEGITIMIDAD DE LA FICCIÓN

Lo que cuentan los cuentos sólo pasa en los cuentos. Una obviedad que no a todos los lectores les parece tan obvia. Y es tan lícito y legítimo como lo que nos ocurre cada día en la vida, tenga ésta sesenta, cincuenta, veinte o quince años a las espaldas. La aceptación de esos dos conceptos, licitud y legitimidad, es el principal obstáculo a salvar como lectores para que podamos entrar en el interior del texto. Sobreponiéndonos, de paso, a la inaplazable prioridad que le damos a las cosas que nos pasan en la vida, pues nos olvidarnos de la importancia de sus manifestaciones ambiguas y ocultas que hacen que aquellas acontezcan ante nuestros sentidos.

De un cuento puede haber tantas lecturas como lectores, pero lo que no puede haber es tantos cuentos o novelas como lectores. No porque porque yo lo diga, sino porque solo hay un narrador y solo cuenta su cuento o su novela. De ahí la enorme importancia que tiene, al ponernos delante de la primera página de un cuento o una novela , enfrentarnos a la siguiente batería de preguntas. ¿Quién me habla? El narrador ¿Por qué me habla? ¿Qué quiere de mí? ¿Quiere que le escuche o solo quiere hablar? No está nada claro. El narrador ha elegido hablar, yo puedo elegir entre escucharlo o no escucharlo. Aunque si no lo escucho morirá, desaparecerá. Pero si únicamente presto atención a lo que me dice, a lo que viene después de la primera página, y después de la segunda,..., en fin, si únicamente me interesa lo que va a suceder al final del cuento, en lugar de prestar atención a cómo está sucediendo, ¿estoy escuchando con mi decisión al narrador? ¿O más bien descarto casi todo lo que hacen sus palabras que tengo ante mis ojos? Eso es lo que hacemos muchas veces en la vida. Escuchamos palabras sin preocuparnos de quien las dice. O al revés. Pero es que, a diferencia de la vida, el narrador de los cuentos o las novelas sólo están construidos con palabras. Entonces, ¿es suficiente con escuchar o seguir la traza de esas palabras? ¿O, al mismo tiempo, es necesario imaginarme quien las dice a partir de cómo las dice? ¿Qué consigue el lector con ese ejercicio de su imaginación? Que las palabras del narrador ya no sean unas palabras más, sino las verdaderas palabras de ese cuento o novela. Las únicas capaces de contar lo que en ese cuento o novela se cuenta, que como dije al principio solo sucede ahí. 

La comunicación humana, y la narrativa de los cuentos y novelas como un modo de esa comunicación, no permite la existencia en sí, sino la existencia entre otros. No para poseerlos, ni para ser poseídos por ellos, sino para ponernos voluntariamente bajo la influencia de su lenguaje. Esto es ser real y de eso se trata cuando leemos.

jueves, 21 de julio de 2016

UN DÍA DE LECTURA LOGRADO

Somos seres de un día, como dijeron los griegos antiguos, como lo son muchos insectos. Cielo santo, ¿qué dirán ante esta aseveración el señor Darwin y el Dios del Vaticano? En el caso de la lectura de un cuento o una novela cada uno de sus días empieza y acaba. Y, paradójicamente, todos esos días tienen la posibilidad de permanecer en nosotros. Cada Día de Lectura tenemos que hacer un esfuerzo para no sucumbir a las adversidades externas y a nuestros propios pensamientos aciagos. En fin, cada Día de Lectura tenemos que empezar de nuevo, porque cada día morimos un poco, o del todo. Si prestamos atención al tránsito de nuestras vidas, a como nos interpelan los sujetos y objetos sensibles con que nos topamos en los cuentos o las novelas que leemos, comprobaremos toda la verdad que hay en ello. Nos podremos encontrar así con los símbolos que nos abren las puertas a cosas que desconocemos. Eso sí sería un día logrado. No feliz, sino un Día de Lectura Logrado

miércoles, 20 de julio de 2016

CON UN PIE DENTRO Y OTRO FUERA DE LA PECERA

Todo lo que tiene que ver con los relatos de ficción, no es propiamente verdadero o falso, mejor o peor, rápido o lento. Esas magnitudes o variables son las que determinan la calidad del "agua" que llena la pecera donde vivimos. No podemos vivir fuera de la pecera, pero dentro nuestros cuentos y nuestras cuentas nos acaban ahogando. Necesitamos el aire renovado de los cuentos de ficción de fuera, pero si salimos de la pecera ese aire nos acaba igualmente matando. De los relatos de ficción de fuera de la pecera buscamos aquellos que nos dicen lo que queremos oír, o los que se nos presentan más perfectos y acabados para compensar el cuento imperfecto y a medio cocer de nuestra naturaleza dentro de la pecera, y la falta de oxígeno en el agua que la llena. También porque todo lo perfecto y acabado nos remite de inmediato al principio. A sentir la experiencia irrepetible de su conmoción y compenetración. De su lectura originaria. Sin embargo, el miedo inherente a toda persona adulta, a diferencia del niño o el adolescente, hace que acabemos resguardando nuestra vida en la pecera. Pero ninguna lectura de un relato de ficción se puede sentir con sentido únicamente dentro de la pecera. Ni únicamente fuera de la pecera. Sino dentro de la pecera como si estuviéramos fuera de la pecera, a la intemperie. Esto de estar con un pie dentro y otro fuera de la pecera es lo más característico de la lectura adulta de relatos de ficción. Nuestra realidad como seres humanos y como lectores adultos de relatos de ficción son importantes debido a esa simple paradoja. Que es también la más difícil de ver y la que más nos cuesta explicar, pues la cubre el velo de las apariencias. No se trata de verla y mostrarla como una máscara más, sino como una experiencia única e irrepetible con las palabras del relato de ficción en cuestión, que llevan incorporadas la posibilidad de ser comunicadas a los otros lectores. Antes de que se nos seque el agua de la pecera. Por cierto, ¿en qué medida estar asegurado en la pecera perjudica a la calidad del agua que la llena?

martes, 19 de julio de 2016

ENTRE EL ARTISTEO Y EL TURISTEO

En las creencias se está, las ideas se tienen. En la ciudad se está, el barrio se tiene. Y estirando al limite la cita primera de Ortega, en el arte se está, la obra de arte se tiene. Lo que aplicado a la visita que hicimos a Barcelona, se puede resumir: las fotografías de Bruce Davidson son a Sarrià como las de Tony Catany al paseo de Gracia o la plaza Cataluña. El asunto es saber cómo, por qué y para qué. Y a quien le puede importar todo esto.

Es propio de todo ser humano tratar de romper los límites que le impone la jaula intangible del lenguaje y del escenario donde lo arrojan nada más nacer. Así del orden lento y asequible del barrio, o del pueblo, uno aspira llegar al caos apresurado de la gran ciudad. De igual manera en el arte, el artista va de la imitación del orden de la obra del Creador, la naturaleza, al orden compuesto por el mismo como creador. Algo parecido hicimos nosotros en la visita a Barcelona. Visitamos el barrio de Sarrià y su correlato artístico, la exposición de fotografía de Bruce Davidson en la Fundación Mapfre, y también el centro turístico de la ciudad, el paseo de Gracia, y su correlato artístico la exposición fotográfica de Tony Catany en La Pedrera. Entre medias nos salieron al paso dos preguntas. Una, ¿que es una obra de arte y qué es arte? Dos: ¿dónde se vive la vida buena y dónde la buena vida?

Respecto a la primera pregunta Félix de Azúa dice:
"En ausencia de un criterio mejor, consideramos obra de arte la aparición de cualquier conjunto de elementos capaz de producir experiencias estéticas en uno, varios o todos los sujetos, independientemente de las intenciones de su productor, a quien no tenemos inconveniente en llamar artista. Pero esa operación queda encerrada en la oscuridad del sujeto, a menos de que sea adoptada por los medía y convertida en espectáculo. 
La obra de arte, por así decirlo, se presenta a sí misma ante el sujeto y se mantiene como tal obra de arte mientras dura su relación con el sujeto. Sólo en la relación hay obra de arte y sujeto de experiencia estética. Pero nunca nos enteraremos, como no sea a través del espectáculo mediático. 
Fuera de la relación que se establece en la experiencia estética, no hay obras de arte, aunque puede haber documento histórico, síntoma sociológico, valor mercantil, o símbolo nacional". (...)
(...)"Pero la etapa moderna de las artes ha consistido en un ataque o, si se prefiere, en un trabajo negativo y sistemático contra los constituyentes clásicos de las artes. De tal manera que algunas producciones de la etapa terminal del arte moderno 'no son obras de arte' sin por ello dejar de ser arte. Como, por ejemplo, el clásico urinario de Duchamp y todas sus imitaciones y derivaciones". 

Al hijo de esos razonamientos, que me parecen de los más sensatos que he escuchado sobre este asunto del arte y el artisteo, deduzco que las fotos de Davidson son obras de arte y algunas de las composiciones de Catany son sólo arte.

Si podemos romper la jaula intangible del lenguaje que hemos heredado, también podemos hacer lo propio con la jaula del espectáculo en donde nos han metido de coz y hoz, con su mirada incorregible y sus puntos de fuga, sin los cuales seriamos enteramente ciegos. De tal manera que nuestra experiencia estética y emocional con la obra de arte pueda ser adoptada por los diálogos, orales y escritos, de una tertulia en un café, en una biblioteca, en una casa particular, es decir, convertirla en foros ciudadanos fuera de los focos mediáticos. No necesariamente hay que claudicar ante la dictadura del espectáculo. Porque en el espectáculo se está, pero las tertulias como las nuestras se tienen. A mi modo de entender, la desgarro principal que determina el rumbo del mundo actual se encuentra ahí, y de ahí vendrán sus posibles y más que temibles terremotos. Lo cual implica aprender a discernir, para no caer bajo sus escombros, que para Ganarme-La-Vida tengo que pagar, si o si - ya está pasando incluso con las profesiones tenidas por las más nobles - el peaje que imponga el espectáculo, pero para Ganarme-Mi-Vida he de esforzarme por imaginar el tiempo y el lugar donde pueda quedar a salvo del imperio desfigurador de su publicidad y propaganda. Esas dos apisonadoras omnipresentes y sin piedad. Pura pantalla. Dicho de otra manera, la mayor parte de las palabras, imágenes y sonidos que produzcan los seres humanos en el actual Imperio del Espectáculo Global - como en todo imperio que se precie desde el imperio romano - se distribuirán, hasta que vuelvan los "bárbaros" que con sus bombas también quieren formar parte del espectáculo, entre conseguir el pan (de lunes a viernes) y asistir al circo (sábado, domingo y fiestas de guardar). Pan y circo: nadie inventó nunca un mejor eslogan para amansar y estabular a las masas. Las otras palabras, imágenes, sonidos,.. las de ganarse-cada-cual-su-vida, esas que no tienen cabida en la mirada y el escenario del espectáculo porque nadie las vería y no son rentables, tendrán que surgir y sobrevivir - al igual que en el Imperio Romano - en las cuevas y catacumbas, hoy conocidas como tertulias literarias, cafés filosóficos, editoriales minúsculas, pequeños conciertos, etc. Es decir, en los espacios reducidos donde sobrevivir al amparo de las tormentas y tsunamis del impetuoso e imperativo espectáculo globalizador . 

Respecto a la segunda pregunta, comprobé que la vida buena se encuentra en el barrio de Sarrià. Pero la "buena vida" está solo en el centro de la ciudad de Barcelona, y de ella se hacen cargo los "vividores del mundanal espectáculo", que son los que aprovechan el hueco dejado por quienes, "exiliados" en el barrio, se hacen cargo de mantener con dignidad las constantes vitales, palabras, imágenes y sonidos de la vida buena.  

Al final, traté de asimilar como pude el choque de esas dos experiencias - que las puedo sentir y mantener a salvo por separado en mi conciencia, pero que sé que fuera están perfectamente embridadas -, como no podía ser de otra manera, en el Parque del Laberinto. Donde algunos se perdieron y otros, con las suficientes dosis de distorsiones en la cabeza, observamos complacidos las nuevas desorientaciones que les imponía la geometría del jardín del marqués de Lupia