viernes, 16 de febrero de 2018

INFIERNO, INFIERNO, INFIERNO

¿Que es lo que primero se le puede pasar por cabeza a quien de forma entusiasta se engancha al viaje en twiter, #Dante2018, para leer la Divina Comedia? ¿Qué puede significar este viaje medieval para unos twiteros acostumbrados, aunque nada más sea de oídas, a los más extravagantes de los periplos de hoy en dia? A cuya nómina hay añadir, como no, el que está imaginando Elon Musk con destino a Marte. Pienso que en la imaginación del viajero actual cabe cualquier cosa menos la necesidad de reconocer el orden de su ser, que su pensamiento moderno, al que está adscrito de manera irrenunciable, se empeña en hacerle creer que no existe. Conversar con Dante, pienso yo, debería ser el intento de reconocer el orden positivamente religioso de los sueños y del espíritu de quien hoy ha tomado esa osada y creativa decisión. ¿Lo puede admitir ese “Estoy la última, que es lo mismo que decir que estoy a la moda o estoy en la vanguardia”,  todo ello santo y seña del Yo Listillo Moderno? Mira que no paran de advertírselo las preocupaciones que muestran en sus escritos filósofos y literatos, incluso antes de que toda esa muchedumbre se arracimara como una lapa alrededor de los artificios de las redes sociales, “vienes al mundo para saber por qué vienes al mundo, pero eso tiene un peligro, que si tu “Yo Listillo Moderno” trata de entender (literalmente) la vida, es casi seguro que lo convierta todo en una fiesta. Ahí precisamente estamos, cuando vas y se te ocurre engancharte a leer en twiter la Divina Comedia de Dante”. ¿Honestamente, crees que estás en condiciones de asistir a esta nueva fiesta?


En el primer capitulo de su libro “En los oscuros lugares del saber”, Peter Kingsley escribe algo que me sigue pareciendo un misterio, que se hace más oscuro e inabarcable, si cabe, al compararlo con la ligereza con que se acercan los twiteros dantescos a la Divina Comedia, si me atengo a sus breves twits que, dentro de la lógica que impone el artificio, dejan ver al respecto. Dice así Kingsley: “si tienes suerte, lector, en algún momento de tu existencia te encontrarás en un callejón sin ninguna salida. O para decirlo de otra manera: si tienes suerte, llegarás a una encrucijada y verás que el camino de la izquierda te lleva al infierno, que el camino de la derecha lleva al infierno, que la carretera que tienes delante lleva al infierno y que, si intentas dar la vuelta, terminarás en un completo infierno. Todos los caminos te llevan al infierno y no hay escapatoria, no tienes alternativa. Nada puede ya satisfacerte. En ese momento, si estás preparado, empezarás a descubrir dentro de ti lo que siempre has deseado y nunca has podido encontrar”. Me atrevería a decir que es el sentimiento que, no de una forma simultánea pero si diacrónica ni con igual intensidad en cada caso individual o colectivo, domina la existencia actual de quienes circulan sin parar de un lado para otro dentro de un trajín que parece no tener principio ni final, únicamente presente. El que todo el mundo se afane por transmitir el sentimiento contrario, a saber, que vivimos en un mundo que se parece a un gimnasio donde, con un buen entrenamiento, todo tiene arreglo y explicación, y que, por lo tanto, no hay nada por lo que preocuparse pues nuestro destino final es, para hablar en clave dantesca, el cielo. Siempre hablan de entrenamiento nunca de miedo o de dolor. Ninguno de los temores, que han acompañado durante siglos a nuestros antepasados en sus desplazamientos físicos o mentales, parece que formen parte de la herencia recibida por los twiteros dantescos o de lo que sea el gancho, al que de repente les surge la necesidad de engancharse. Otorguemos, sin más demora, a los enganchados de toda laya y condición el honorable título de ser epítome honorable de lo que hoy significa viajar, ya sea de forma física o mental. Pues, volviendo con los enganchados de la Divina Comedia, no demuestran temor alguno a irse con Dante para nada, o a “morir” en el intento, o a dejar el enganche solo por cansancio, o porque el viaje de Dante los pueda vencer poniéndolos delante de su auténtica naturaleza. Nada hay en sus breves palabras que haga sospechar algo parecido a eso. Solo, a veces, algunos de los twiteros muestran un leve entusiasmo por “experimentar” cómo llegar con palabras antiguas al cielo. Tenga eso que ver, tal vez, con el hecho de darle cancha a su morbo comparativo respecto a como han llegado ellos, con sus palabras de hoy, a lo que creen que es el paraíso moderno. Dante se mueve en una verticalidad ascendente, que va del infierno al cielo pasando antes por el purgatorio. Busca alcanzar desde la vulgaridad de la vida humana la excelencia divina. Sin embargo, los twiteros no abandonan, ni quieren hacerlo, el infierno en que se transforma la horizontalidad de lo igual donde habitan. Sigan, o no, los pasos del gancho de turno.

jueves, 15 de febrero de 2018

ESTRABISMO EDUCATIVO

Es bastante corriente toparme con entrevistas o artículos donde de manera reiterativa los protagonistas insisten en que hay que cambiar el modelo educativo vigente, pues se ha quedado obsoleto. No puedo por menos de pensar, entonces, en la obsolescencia calculada, a la que todo lo que se encuentra bajo la influencia de la sociedad actual está de una u otra manera destinado. Desde los ordenadores, pasando por las calderas de calefacción, hasta los sistemas de sanidad o educación pública vienen con fecha de caducidad en las etiquetas. Los expertos en neuroeducación aseguran que el cerebro humano no ha cambiado en los últimos quince mil años, pero, paradójicamente, ven con recelo el modelo educativo actual que tiene una edad de tan solo doscientos años. Uno de ellos llega a decir que si en un aula de cualquiera de las escuelas actuales se colara un niño del neolítico, el profesor no se daría cuenta. ¿Si el cerebro es el mismo porque hay que cambiar el modelo educativo? Yo pienso que los que abogan por cambiar el modelo educativo no están pensando en la región de verdad y belleza eterna - podríamos decir - que está por encima del destino y de las contingencias de los diferentes pueblos o sociedades, y que deben poseer unos sujetos como los humanos que no han cambiado de estructura cerebral en quince mil años. Una verdad y belleza que deber dar cuenta de la verdadera naturaleza humana, a la que se debería adaptar cualquier plan educativo que pretendiera afianzar esa humanidad sobre la faz del planeta. Vistas y sentidas como fuerzas intemporales deberían ser el punto de partida de cualquier adaptación a los tiempos subsidiarios de la historia, y no al revés, como parece desprenderse de los protocolos que tienen que cumplir quienes se hacen cargo del éxito obligatorio que deben alcanzar los innovadores planes educativos antes de que les llegue su relevo por el siguiente, que están pensados con un ojo puesto en el sistema productivo dominante y con el otro en el virtuosismo de la tecnología que a él se encuentra asociada. Este estrabismo metodológico no sólo se aleja cada vez más, pues cada vez es más sofisticada la tecnología que lo acompaña, de aquella verdad y bellezas eternas fundamento y sentido de nuestra humanidad mortal, sino que la insistencia imperativa en su mirada desenfocada acabará por hacerlas desaparecer de cualquier horizonte de esperanza humana. Entonces, ya no habrá impedimento para que los planes de educación formen parte indisoluble de los balances anuales de las corporaciones que los tengan a su servicio.  

miércoles, 14 de febrero de 2018

#DANTE2018

Sin vacío ni silencio no hay filosofía ni literatura.  O dicho con las palabras de San Juan en su Apocalipsis: “No temas por lo que vas sufrir en el encuentro contigo mismo.” Estaba cenando con unos amigos cuando, de repente, uno de ellos va y nos dice, henchido de satisfacción y buscando nuestro reconocimiento antes que nuestra complicidad, que desde principios de año se encuentra enganchado a la lectura de la Divina Comedia, de Dante Alighieri. No sé si el reconocimiento, desde luego podría asegurar que no la complicidad, pero lo que sí consiguió a tenor de los rostros de quienes en ese momento compartíamos la mesa con él, fue el desconcierto más absoluto. Todos menos una, que casualmente se encontraba a mi lado, que no mostró ningún gesto significativo, únicamente le preguntó, dejando pasar los 15 segundos de fama que el menda consideró que se merecía, ¿cómo que estás enganchado? No dijo, como que estas enganchado a la Divina Comedia, solo quiso subrayar el acto de engancharse como algo significativo en sí mismo, independientemente del gancho. Fue entonces cuando el menda desplegó todos sus encantos. La cosa surgió, dijo, cuando nada más volver de vacaciones descubrí vía Twitter que alguien proponía hacer una lectura a través del artificio twitero de la obra magna de la Edad Media. El procedimiento consistía en leer los tercetos encadenados de la obra de Dante, cuántos había que leer en cada ocasión era una iniciativa que se reservaba el inventor del evento, e ir comentándolos en los respectivos twiters que cada cual tuviera a bien enviar, claro está, si le petaba o tenía tiempo, valga la redundancia. Otro de los asistentes a la cena se opuso a la iniciativa con delicadeza, argumentando que la alta exigencia que demandaba la Divina Comedia al lector moderno no se adaptaba, sin banalizar el intento, al formato de Twitter. El resto de los asistentes hasta ocho no dijo ni fu ni fa, lo que aprovechó el enganchado, dado que eran mayoría, para hacer proselitismo de su audaz decisión nada más comenzar el año entrante. Ni corto ni perezoso se levantó y fue a por su ordenador para que visualizáramos como el asunto había alcanzado la categoría suprema: se había hecho viral. O dicho de otra manera, la iniciativa original de un señor desde la Argentina, creo recordar, había entrado de lleno en el ámbito del espectáculo. Tampoco hace falta que insista en qué consiste el espectáculo en una carpa como Twitter.


Ahora bien si me atengo a la otra parte de la iniciativa, a saber, leer la Divina Comedia, y siguiendo las palabras de quien mostró su disconformidad en la mesa misma de la cena, ¿puede madurar tal idea, osada y creativa, si se comunica mediante el artificio de Twitter, uno más de los que forman nuestra artificiosa vida moderna? Twitter (el artificio) garantiza a los twiteros que pueden hacer lo que quieren (léase cómo se expresaban la multitud que apareció en la pantalla de nuestro amigo enganchado), pero como campo de acción de la conversación entre las diferentes lecturas no garantiza que puedan querer o amar lo que hacen, en este caso leer la Divina Comedia de Dante (la obra de Arte). Más bien, lo que propicia es que haya tantas Divinas Comedias como lectores (multitud en este caso), no tantas lecturas como lectores de la impar obra de Dante, que es algo muy distinto.  Falta algo. Lo que Martel llama en su obra “Vindicación del arte en la época del artificio” (mencionado en este blog en varias ocasiones) el proceso de individuación en el Arte, que lo diferencia del individualismo refugiado tras las murallas del artificio. Pues como también dice Martel, de acuerdo con San Juan, no hay nada a lo que tenga más miedo el Yo Moderno que a perder el control de sí mismo y volcarse en lo otro.

martes, 13 de febrero de 2018

EL GIRO QUE VIENE

El caso fue que, sin previo aviso y sin que yo sea un seguidor fiel de sus pasos, se me echó encima la última heroicidad del último hijo de Apolo, a la sazón Elon Musk. El martes 6 de febrero la empresa que él preside consiguió poner en órbita al Falcon Heavy (los detalles, en las noticias de internet sobre la hazaña espacial). Lo que si quiero destacar antes de iniciar la conversación sobre la vuelta a nuestras vidas del ideal educativo griego (propósito de esta nueva etiqueta), por si Musk se hubiera encarnado en él y yo no me hubiera enterado, es lo que dice wikipedia de este señor de origen surafricano y varios pasaportes en su bolsillo: “Musk afirma que los propósitos de SolarCity, Tesla y SpaceX giran alrededor de su visión de cambiar el mundo y la humanidad de forma drástica. Algunas de sus metas consisten en frenar el proceso de calentamiento global mediante el abandono de los combustibles fósiles por energías renovables, sobre todo la energía solar, y reducir el riesgo de una posible extinción de la raza humana mediante la evolución hacia una "civilización multiplanetaria" a través de la creación de una colonia humana permanente en Marte de alrededor de un millón de personas”.

Mientras Marte espera a esa primera colonia, me pregunto si estará formada por hombres y mujeres humanos o solo por animales humanos. Las intenciones del señor Musk son buenas pero no dejan ver quien huye de quien, si el lado animal del lado humano de la especie o al revés. O si es mero turismo espacial. Si de lo que trata es de formar una colonia de desperdicios alejada para siempre de la excelencia humana o una colonia de élite alejada definitivamente de los desperdicios. Sea como fuere, en la imaginación de Musk parece estar incubándose un giro interpretativo del mundo,  como ya le ocurrió a Platón respecto a Parménides y, siglos más tarde, a la Razón Empírica de los jóvenes revolucionarios franceses respecto a la Idea de Dios Creador. Dice Werner Jaeger, que entiendo reclama también su condición de hijo de Apolo en su libro “Paideia”, nombre bajo cuyos auspicios se acogen a partir de este momento todos los comentarios de esta etiqueta homónima, nombrada así como una forma de rendir homenaje a la colosal obra del autor alemán, “Lo universal, el logos, es, según la profunda intuición de Heráclito, lo común a la esencia del espíritu, como la ley lo es para la ciudad”. ¿En que medida el giro interpretativo de Elon Musk rompe con la intuición milenaria de Heráclito al abandonar la órbita terrestre? Lo cual significa, ¿romper con la posibilidad de recuperar el ideal griego educativo en el planeta Tierra, como manera de sacar del atolladero, donde se ha metido por su propia forma de pensar, la educación actual? Continúa Jaeger, “En lo que respecta al problema de la educación, la clara conciencia de los principios naturales de la vida humana y de las leyes inmanentes que rigen sus fuerzas corporales y espirituales, hubo de adquirir la más alta importancia. Poner estos conocimientos, como fuerza formadora, al servicio de la educación y formar, mediante ellos, verdaderos hombres, del mismo modo que el alfarero modela su arcilla y el escultor sus piedras, es una idea osada y creadora que sólo podía madurar en el espíritu de aquel pueblo artista y pensador. La más alta obra de arte que su afán se propuso fue la creación del hombre viviente. Los griegos vieron por primera vez que la educación debe ser también un proceso de construcción consciente”. ¿Cabe en la expedición que imagina Musk, para formar en Marte una civilización multiplanetaria, un hueco para el libro de Jaeger? 

Hasta el momento de crisis actual el ideal griego de educación ha estado presente, con más o menos fortuna e intensidad, en los programas educativos de las sociedades occidentales. “La palabra alemana Bildung (formación, configuración) - dice Jaeger - designa del modo más intuitivo la esencia de la educación en el sentido griego y platónico. Contiene, al mismo tiempo, en sí, la configuración artística y plástica y la imagen, «idea» o «tipo» normativo que se cierne sobre la intimidad del artista. Dondequiera que en la historia reaparece esta idea, es una herencia de los griegos, y reaparece dondequiera que el espíritu humano abandona la idea de un adiestramiento según fines exteriores y reflexiona sobre la esencia propia de la educación.” ¿El monumental despliegue tecnológico de la empresa de Musk impide que veamos el ideal griego educativo que lleva dentro, necesario para que fructifique esa civilización multiplanetaria? ¿No fue la técnica la que colaboró lo suyo en los anteriores giros interpretativos mencionados? O dicho con palabras imaginadas por Musk, “ante el peligro real de la desaparición de la especie humana (la misma amenaza que seguramente sintió Jaeger, cuando escribió Paideia en plena ascensión y furia del nazismo) vuelvo a Atenas pasando por Marte, después de dejar en la Tierra todos los desperdicios que me sobran”. ¿Musk, o de nuevo Ulises? O nos acogemos al genio platónico, a saber, antes de hacer ficción con la ciencia aprendamos a hacerla con la realidad de cada día, Dialoguemos. A lo mejor así, la Razón Empírica vuelve a llevarse bien con el Dios Creador.

lunes, 12 de febrero de 2018

ENTRE BLOQUEOS

Así se cuela la cultura del entretenimiento entre las grietas que se abren cuando un bloqueo del alma humana no ha finalizado y aparece el siguiente. Me refiero a los bloqueos inaccesibles de estos fervorosos adalides del bien estar de la clase media digital, que insisten en una existencia con la que no pueden construir un cuento verosímil, pero que han llevado hasta su cima el principio de incompetencia de Peter. Adelantándose muchos siglos a este bien estar que oculta sus grietas con denuedo y desesperación, lo dijo Agustín de Hipona, y Petrarca lo revalidó ante lo que tenía delante aupado en lo alto del Mont Ventoux en su famosa subida de 1336, a saber, somos admiradores entregados de las maravillas exteriores pero no prestamos la más mínima atención a lo que ocurre dentro de nosotros mismos. Hoy el mando a distancia ha obrado el milagro de darle la vuelta al calcetín y poder volver a leer la advertencia del de Hipona sentados cómodamente en la butaca del comedor de nuestra dacha y hacerlo de una forma sin culpabilidad y sin amenazas. El giro sería convirtiéndonos en admiradores recurrentes de las calamidades exteriores pero, al mismo tiempo, publicistas tenaces de las maravillas que ocurren cada día aquí a nuestro lado (por cierto, nada me produce más estupor como comprobar las veces que escucha la palabra campe@n una criatura, al minuto siguiente de empezar a caminar, por parte de quienes, como no puede ser de otra manera, alardean de que son los que más le quieren), y que lo son en la misma proporción que somos capaces de darle a aquellas el estatuto de calamidades que no nos afectan por estar distantes, ya que las pantallas consiguen banalizarlas hasta convertirlas en distintas porque le ocurren a personas desconocidas. Ahora veo muchos jóvenes campeon@s, probablemente miembros de esa primera generación permanentemente adulada por sus mayores, tan satisfechos consigo mismos que consideran que exponer sus opiniones y sus gustos es más que suficiente.

sábado, 10 de febrero de 2018

JOHN BERGER

Siguiendo la sabia mirada de Carmen Dalmau, al cumplirse el primer año de su muerte, os dejo una semblanza o itinerario del pensador inglés en 14 puntos (por poner un número que no fuera el diez). Sacados del artículo de Dalmau mas algunas notas que yo he ido acumulando. Asi ordenados me da por pensar que puede facilitar la lectura de algo que me parece enormemente complejo, a unas mentes como las nuestras acostumbras a funcionar a diario con esa sistemática bajo el brazo, valga la paradoja.

1 En su larga vida ha escrito intermitentemente sobre arte, sobre pintura o fotografía, pero no como lo hacen críticos e historiadores, sino como escritor, como artista que se sumerge en el universo de una imagen, como creador, como poeta.
2 Escribe con la misma intensidad de las grandes y las pequeñas cosas, con mirada de pintor, considera que se  debe hablar con el mismo rigor y seriedad del aspecto de una rama de ciruelas moradas en su jardín de Quincy como de una obra de Boticelli.
3 Es fundamentalmente un hombre libre y su rechazo al mercado del arte se encuentra precisamente ahí. Ama los errores de los pintores que él sabe detectar porque posee el buen ojo del pintor.
4 Ve en la pintura, y en el arte en general, el sentimiento de lo inacabado y de la fragmentación de lo real. Lo que le distingue de otros críticos o historiadores es su sensación de habitar un mundo enfermo pero no tan mísero y agotado como para no abrirse a la imaginación.
5 Entre Troya e Ítaca, Berger contempla Occidente y cómo se incendia el horizonte de su época, pero, al contrario que el ángel de Benjamin/Klee, al mirar atrás sólo ve el brillo entre las ruinas. El viaje es siempre el camino hacia los otros territorios de persuasión, donde se desarrolla el teatro alegórico de la humanidad.
6 Para Berger lo importante no es ver, sino cómo vemos las cosas, y que, desde la aparición de la fotografía, es el ojo de la cámara el que modifica el sentido de lo que vemos. Lo importante para él son los modos de mirar.
7 Es consciente de que el impresionismo, y especialmente el cubismo son la manifestación de la nueva mirada en la pintura, fruto de ese nuevo ojo mecánico. La descontextualización, la fragmentación de las imágenes, su encadenación con otras provoca una transformación de las mismas, alterando sus significados originales. Antes el espectador iba a las imágenes, ahora las imágenes viajan hacia el espectador.
8 Las reproducciones mecánicas transforman el significado de lo que vemos, porque descontextualizan la función, el lugar para el que fueron pensadas, y la televisión o las postales, al upresentar las imágenes con un ritmo, acompañadas de una banda sonora, asociadas a otras imágenes, modifica la percepción que tenemos de las mismas, condicionando su lectura, modificando sus silencios. 
9 Piensa, como Eric Hobsbawm, que el marxismo es un instrumento válido de análisis de la realidad. El suyo es un marxismo humanista, que se coloca junto a los desfavorecidos frente a los poderosos. Vive la historia de los emigrantes, de los campesinos, como una forma de resistencia frente al poder.
10 Para el la pintura genera un espacio en el que los artistas le dan alojamiento y hospitalidad, como un refugio. El lugar en el que se produce la revelación. La pintura genera espacio y atrapa el tiempo. Fija ese instante el que el artista tiene la revelación de la imagen.
11 Lo que le gusta es que le digan que es un “story teller”, un contador de historias. Y cuenta esas historias con la palabra, con el dibujo, con la intuición poética, con la razón poética. 
12 Se aproxima a la obra de arte, que para él sigue siendo una experiencia sublime, como lo hace un poeta de la experiencia, con la razón poética. Traza constelaciones, construidas a través de intuiciones, digresiones, fogonazos, y siempre con marcado posicionamiento político.
13 También se enfrenta al hecho de que no es útil establecer categorías tales como fotografía, pintura, apariciones, sueño, porque lo importante es el significado que encierra una imagen, y tratar de descubrir ese significado. No se trata tanto de hacer visible lo invisible, sino de saber encontrar el significado de lo visible.

14 La fotografía tiene para Berger, una intrínseca relación con el tiempo. Siempre que miramos una imagen fotográfica nos enfrentamos a dos tiempos diferentes. El del momento en que se hace la fotografía y el que se contempla. Una incisión entre el momento registrado y el momento de mirar.

viernes, 9 de febrero de 2018

MIRA QUE FELIZ SOY

El viaje de vuelta a Roteburg desde Nuremberg tenía el sello  indiscutible de la DB (la Renfe alemana, para entendernos). En el corto recorrido que separa las dos ciudades, había que hacer dos transbordos. A estas alturas de mi condición de usuario anual de la DB, creo que no seré capaz de adquirir la mínima confianza en sus impecables servicios, a los que cuando quedo fuera de su influencia, es decir, cuando no los tengo que utilizar, reconozco que es de los mejores, por no decir el mejor servicio de transporte público del continente europeo. ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que me pasa?, le pregunté a Duarte. Me vio nervioso, más nervioso de lo normal, pues no contábamos con los imponderables que, incluso, el sistema mejor organizado no puede soslayar. De repente, el tren perdió velocidad y se paró. Lo primero que hice, no sé por qué, fue mirar el reloj y de reojo a Duarte. No llegó a pasar ni un minuto cuando una voz, entre acusmática o enlatada y en directo, no supe distinguirla, dijo en alemán, que Duarte me tradujo con toda diligencia, las causas de la parada no prevista del tren. No dijo, sin embargo, que eso no afectaría en absoluto a los dos transbordos que teníamos que hacer lo viajeros cuyo destino era Roteburg. No te preocupes, me susurró al oído Duarte, esta gente sabe lo que se hace, nosotros viajemos donde viajemos y estemos donde estemos, nunca nos podremos quitar de encima, incluso nos lavemos como nos lavemos, esa roña que produce paulatinamente el resentimiento y la desconfianza hacia lo que sostenemos con nuestros impuestos. O dicho en román paladino, dijo frunciendo los labios de forma irónica, cree el ladrón que todos son de su condición. No dije nada, pues sé que somos hijos legítimos del lazarillo de Tormes. Sencillamente le cogí la mano a Duarte y me puse a mirar a través de la ventana. Después de “predicar” en los clubs de lectura o tertulias literarias hasta decir basta, aquello de que no hay leer ni mirar literalmente, no iba a caer en la trampa de sentirme molesto por creer que Duarte me había llamado ladrón. Lo que no fue óbice para que reconociera que esa frase hecha, dicha en la actualidad y en el centro del continente europeo, rebasaba el ámbito hispano y su proverbial obsesión por meter mano en la caja común, alargando su sombra o influencia a muchas de las actitudes o puntos de vista que han aparecido frente a lo que acabábamos de ver en Nuremberg, durante los dos días que habíamos estado visitándolo. ¿Cómo sino se explica que de aquellas barbaries y el legado de sus ruinas, vengan estos cuentos de hadas? Salimos de aquella nunca antes vista convergencia de furia y fuego en forma de una clase media más o menos acomodada y nuestras vidas se rigen, al menos de acuerdo a la corrección oficial, bajo el imperativo de “mira que feliz soy”. Se nos han solucionado todos los problemas. Ergo, no tenemos más que exponer lo felices que somos. Cogemos un ordenador y le damos a todas las teclas y para firmar le damos a la última tecla, click. Hala. 


El tren se puso en marcha pasados más de los cuatro minutos que teníamos para hacer el primer transbordo. Apreté la mano de Duarte, como cuando el avión inicia el despegue, y conté hasta mil.  Me puse a pensar en el autorretrato de Durero, que tanto le había fascinado a Duarte (¡qué guapo!, ¡guapo!), por si había en él algo de lo que justificara el primer renacimiento alemán, con su vuelta a la estética de la Grecia antigua, que se perdió o lo perdieron quienes, como Albert Speer, también abogaban por el ideal griego para la construcción, en el definitivo intento, de la gran Alemania. Ciertamente Durero, como su discípulo más aventajado, Rafael Sanzio, trasmitían en sus autorretratos una imagen apolínea indiscutible, que también lo conseguía Leni Riefenstahl en sus documentales y con sus propias auto fotografías, no así muchos de los jerarcas del régimen nacional socialista, que se pusieron delante de su cámara con la vana ilusión de que pudieran salir beneficiados. Caí en la cuenta, entonces, al comparar el primer renacimiento de los Papas y con el del tercer Reich del Holocausto, que lo que les diferenciaba y, por tanto, los hacía radicalmente diferentes, era el furor del resentimiento industrial que inspiraba al segundo tiñiendo a todos los otros sentimientos más allá de la época de la que duró. pongamos, incluso, hasta el mira que feliz soy de hoy mismo, frente a la expresión natural de los sentimientos humanos, que brotaron con todo su esplendor después de siglos de constricción vaticana. En el rostro de Durero había un indubitativo fulgor por la nueva luz construida para ese nuevo amanecer del que su cara era, Duarte dixit, el mejor portaestandarte, en el de Riefenstald, sin embargo, lo que sobresalía era el brillo que destilaba la sombría pesadumbre de una amenaza oculta de lo peor tras lo rostros de los jerarcas nacionales socialistas y de muchos de los planos de su documental la voluntad de poder. Como estaba previsto, llegamos tarde a la estación donde teníamos que hacer el transbordo. Con nosotros se bajó también una familia con dos o tres niños pequeños, uno de ellos todavía era un bebé que iba en su carrito. Duarte me hizo un gesto con el brazo y me miró buscando mi complicidad. Estamos salvados, dijo en voz alta, lo que hizo que la madre de los niños volviera la cabeza sonriendo. No le hizo falta traducción, pues entendió a la primera cuál era mi nerviosismo. Puso su rostro más comprensivo y señaló con el dedo al otro andén. Allí una funcionaria de la DB esperaba en posición de firmes, como recalcando que ese tren no iba a arrancar, y no tanto como reproche a los que llegábamos tarde a la cita del transbordo. Media hora más tarde llegábamos a Roteburg a la hora prevista. Después de pasar por la pensión Elke, y recibir los parabienes de su dueño y dependiente del colmado que la ocultaba en sus traseras, nos dirigimos al restaurante Mytos a cumplir con la promesa contraída con Robin de Tesalónica en el viaje de ida a Nuremberg. En su afán por seguir siendo amable, nos ofreció un vino Griego para que brindáramos con él por nuestro improvisado encuentro.