viernes, 2 de diciembre de 2016

ENCUENTRO

Se volvieron a mirar de soslayo mientras agarraban sus pistolas con fuerza.
-Guardemos las pistolas, yo te diré lo que tenemos que hacer.
-Empuñando una pistola es como mejor me entiendo con la gente.
-Siempre le recomiendo a mi hijo que cuando empuñe la pistola sea para usarla.
-Yo no soy tu hijo.
-Con las ratas de ahí dentro vale más andarse con cuidado.
-Si es preciso se las hace desaparecer.
-Ahora ya se que tipo realmente eres.
-No te preocupes, en cuanto tenga la pasta te aseguro que seré otro.
-Ese dinero te llenará de resentimientos.
-Resentido lo soy desde siempre, lo que nunca he tenido ha sido dinero.

jueves, 1 de diciembre de 2016

SOBRE EL MOSTRADOR

Vamos, que hoy me tocan los niños, dijo el que estaba a mi derecha, apoyado sobre el mostrador, al que estaba sentado en la mesa de la izquierda. La frase sonó ronca, como una consigna que debería dar paso a algo desconocido que vendría a continuación. Lo que no sabía era si eso iba a suceder cuando el de la mesa se levantara, o cuando los dos hombres abandonaran el bar. Al fin, el de la mesa se puso de pie. Luego se metió la mano en el bolsillo de la gabardina y me dio la impresión de que señaló al camarero. En la calle continuaba lloviendo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

ENCUENTRO DOMÉSTICO

"Claro, como siempre" - respondió con desprecio a su padre y, a continuación, se encerró en su habitación dándole con la puerta en las narices. La contestación fue el punto final de una violenta discusión, zarandeos y bofetadas recíprocas incluidas, a cuenta de las molestias que le estaba ocasionando a aquel, y a los vecinos, la música que tenía puesta a todo trapo. Cuando dejaron de estar uno frente al otro, desearon aniquilarse mutuamente con esa calculada eficacia que llevan a cabo las bestias impunes. La madre, mientras tanto, después de haberlo escucharlo todo, se hizo la dormida en la habitación contigua.

martes, 29 de noviembre de 2016

CHARADAS, cuento de Lorrie Moore

Nota: Charadas forma parte del libro de cuentos de Lorrie Moore titulado, Pájaros de América, ed. Narrativa Salamandra, Barcelona 2003

Tengo la impresión de que quien haya leído con atención el cuento de Lorrie Moore, puede que le sea mas difícil celebrar la próxima Navidad con la aparente naturalidad o confianza o malestar con las que lo ha venido haciendo hasta ahora. Y es que este año tendrá un invitado imprevisto, la figura del narrador de Charadas. Esa portentosa voz, que nos cuenta la historia de la familia de Therese, es la que siempre falta en toda reunión navideña que se precie. También en las nuestras. Mejor dicho, está siempre presente pero, al mismo tiempo, siempre está oculta para que según sus palabras, nada más comenzar el cuento, se acabe celebrando lo inevitable, verificar un año más que estamos todos juntos, es decir, que estamos todos vivos como cuando empezamos la andadura de la vida (lo que vale también para los que lo odian, pues no hay nada que más una que el odio), por lo que "probablemente sea apropiado que una fiesta que es un juego haya aparecido y se haya introducido literalmente bajo el disfraz de una tradición festiva (que no lo es). Resumiendo, lo normal es que nadie en la familia de Therese exprese sentimientos muy genuinos; todo el mundo quiere, en cambio (¡aunque sea un juego!), hacer una buena representación".

Dicho de otra manera, no podría haber fiesta de Navidad, ni de ningún otro tipo, en fin, no podría haber vida familiar, ni de ningún otro tipo, si las palabras del narrador se hicieran explícitas en la boca de cada uno de los actores que participan en el juego o en la fiesta o en la vida. Por tanto, ese es, pienso yo, el valor de uso del cuento de Moore. Darnos una visión plena y panorámica de lo que sucede realmente, de lo que hay, en este tipo de ceremonias, de lo que sucede y de lo que hay en la vida que vivimos, sin oscurecerlo o tergiversarlo con disquisiciones de tipo psicologistas o sociológicas o economicistas o historicistas, etc. La familia cambia y la vida cambia según los ámbitos y costumbres que demanda quien mueve los hilos de la psicología o la sociología o la economía o la historia, etc., pero en todo tiempo y lugar "es propio de la Navidad (y de la vida) que se reduzca a esto, a sus propios huesos pelados".

Esa condición de huesos pelados en que la Navidad (y por extensión cualquier celebración de la vida) convierte, o hace sentir, a los que participan en sus fastos - bien estén a favor o en contra o simplemente por estar sobreviviendo ahí bajo su influencia  (a tales efectos os recomiendo que la próxima Navidad veáis la peli "Christmas, Again", de Charles Poekel) - a base de encarnar paradójicamente sobre ellos una sobredosis de ilusión, nos deja ver la intención del narrador. A saber, que nos concentremos y prestemos atención, porque el ajetreo de la vida nos lo impide, en lo que la propia fiesta o el propio juego o la propia representación del cuento (que lo es de la propia vida) ocultan o desechan bajo esa encarnadura o encantamiento. Nuestro invitado no lo hace, pienso yo, para amargar la vida a nadie o para ser un aguafiestas, sino para advertir a los lectores contra, por un lado, el exceso de encarnadura encantada e ilusionante con que rebozamos nuestras fiestas o nuestros juegos (y nuestras vidas) y, por otro y al mismo tiempo, contra el peligroso abandono de nuestros huesos pelados ante ese horizonte de tristeza y mortalidad que siempre aparece en estas fiestas o en estos juegos o en las cosas buenas que hacemos en la vida. Una intemperie pelada a la no hay porque enfrentarse con más encantamiento o ilusión si cabe, ni acabar cayendo ante tal desengaño en un resentimiento tan nihilista como destructor. Habiendo llegados vivos hasta aquí, tanto da que lo hayamos hecho juntos o por separado, es a otra forma de pensar a la que nos convocan estos juegos o estas representaciones o estas fiestas , y esos horizontes que siempre aparecen. Es decir, es a otra forma de mirar y de comprender y de encarnar nuestro origen, a la que el narrador de Charadas nos invita.

Respecto al simbolismo que tiene la elección de la Navidad como "madre" de todas las fiestas, o de todos los juegos, o de todas las representaciones, teniendo en cuenta su raíz religiosa y medieval inequívoca, reconocer la audacia de nuestro imprevisto invitado, el narrador, al enfrentar a los lectores actuales a la dudosa e incierta posición que mantiene la modernidad laica a la que estamos subscritos - cuyo principio fundacional de progreso ilimitado muestra claros síntomas de agotamiento -, en relación con nuestro pasado medieval teocrático, cada vez más reconocido como un pasado esplendoroso, al que tal vez convendría empezar a volver nuestra mirada. Es decir, un pasado al que convendría, no dar por concluido, sino aprender a escuchar de forma distinta a la que hemos hecho hasta ahora.


P?

lunes, 28 de noviembre de 2016

EL ALMA AISLADA

"Asi el Alma Humana, ciega y lánguida, torpe y deshonesta, quiere estar oculta, no obstante querer que nada le esté oculto. Y más lo que le sucederá es que se quedará descubierta a la verdad sin que ésta se le descubra a ella". (Agustín de Hipona). Este es el peligro de toda edad provecta. Que creyendo que lo controla todo desde el interior de esa fortaleza impenetrable de los muchos años, acaba por no enterarse de nada. No quiero yo forzar a nadie a hacer lo que no quiera hacer, salir de la fortaleza a comunicarse con el mundo de los menos años. Pues, siguiendo al de Hipona, diferencio muy bien entre hablar poco y ser un hermético. Una estatua. Pero, por la misma razón, se debe comprender que no se puede pedir a nadie que haga lo que tampoco quiere hacer, que sus palabras estén ahí, a la puerta de la fortaleza, cuando a la estatua le venga en gana que estén. 

sábado, 26 de noviembre de 2016

PRESENTIMIENTOS Y RESENTIMIENTOS

Aventurarse a decir que una determinada actitud vital tiene que ver más con estar muerto que vivo, o al revés, es una insolencia que solo se pueden permitir los seres perfectamente inmortales. Que yo sepa sólo conozco a dos tipos de estos seres: los animales que no tienen el atributo del lenguaje y los dioses que tienen la virtud de escaquearse siempre de los asuntos humanos y, por tanto, siempre dicen que están ahí, pero nunca comparecen cuando de verdad los necesitamos. Los seres mortales bastante tenemos con ir aprendiendo a serlo. Toda una vida. Esos que les gusta dar fe de vida como de defunción, no es que estén muertos o vivos, es que no saben dónde están, algo que si es consustancial y muy frecuente en los seres mortales. Semejante despiste puede llegar a sucederle, también, durante toda su vida.

A estas alturas sonroja comprobar que la Peña Acelerada sigue sin aceptar que eso que llamamos enfáticamente la visión del mundo no es otra cosa que la visión del mundo de cada cual. Que eso que llamamos más enfáticamente todavía  "si mismo" o "tenerse a sí mismo" no es absolutamente nadie, ni tiene absolutamente nada, sino es a través de la presencia comprensiva y compasiva del Otro. Que miramos el mundo bajo la influencia de una cosmovisión o paradigma, que sus patrocinadores tratan de venderla como jovial, objetiva e inmutable, cosa que consiguen si convencen de ello a muchos sujetos de forma duradera, que se creen tenerse así mismos y por si mismos. Así funcionan las Corporaciones Mediáticas, El Corte Inglés, Coca Cola, Hollywood, etc. Pero sigue siendo El Vaticano, matriz de todas las anteriores, la empresa de publicidad y propaganda que mejor ha logrado esta conjunción cósmica, acercándose casi hasta la perfección, no en balde tiene línea directa con Dios. También es la que sigue dando la matriz al formateado de los nuevos cerebros neopositivistas y empíricos que, aunque su velocidad les impida darse cuenta de ello, siguen, como Teresa de Ávila, sin vivir en ellos: el mundo tiene un propósito (estar enteramente a su servicio), un fin (lo quieren ahora), un Dios glorificador (el dinero), y un eslogan que como una oración rezarán hasta la tumba: 
"tengo veinte años, siempre tendré veinte años, y si un sábado por la noche me quedo en casa a leer soy un aburrido y viejo, estoy muerto; si salgo de marcha y mi simpatía seduce mucho, soy muy joven y diver, estoy vivo; si el día está soleado y tengo la sonrisa de oreja a oreja soy un tipo alegre y estoy vivo, cuidado con que el rictus de la seriedad cruce mi cara como una cicatriz pues el cielo estará nublado y yo seré un tipo triste, y estaré medio muerto". Y tal y tal. 

Todos esos aspectos son otros tantos rostros de la cosmovisión narrativa dominante desde el siglo XIX, impulsada por la Burguesía revolucionaria triunfante, que cogió el relevo del Vaticano reaccionario en el manejo de los asuntos terrenales. Ilusión por El Progreso Ilimitado, ahora aquí en la tierra, es su santo y seña. Todo ello forma parte del canon de lo que los ciudadanos deben considerar como visible y creíble y deseable y, por tanto, inteligible, y lo que debe ser considerado invisible e increíble e indeseable y, por tanto, ininteligible. Por ejemplo, el corolario final de esa ilusión de progreso: las dos carnicerías mundiales que asolaron al continente europeo. Thomas Mann lo dejó estremecedoramente escrito en "Doctor Faustus", pero hay que leerlo y llenarse las venas con el líquido que destila de ese monumento. Pero esta gente va demasiado deprisa. Y también parece claro que seguirá siendo así durante mucho tiempo, educación y cultura imperativa y reaccionaria mediante. Ya que sea bajo los auspicios del Vaticano reaccionario o de la Burguesía Revolucionaria triunfante, sea con el Pony Express o manejando a pleno rendimiento Internet, "el Alma Humana, ciega y lánguida, torpe e indecente, quiere estar oculta, no obstante querer que nada le esté oculto. Y más lo que le sucederá es que se quedará descubierta a la verdad sin que ésta se le descubra a ella". (Agustín de Hipona) Y es que el alma humana va ligada a ese lado de la existencia que no trabaja con planes ni por objetivos, ni con métodos, ni metas, ni eslóganes, en fin, el alma humana no puede ser enmarcada dentro de un sistema. El alma humana se mueve más bien con presentimientos, a los que solo puede acercarse con cautela, por lo que la Peña Acelerada  acaba siembre enjaulada entre las cuatro padres negras del resentimiento, debido a las ilusiones perdidas o no cumplidas. Tratar de discernir, de una vez por todas, si hay vida después de la muerte o antes de la muerte, es una tarea en vano. Es nuestra condición de seres pensantes la que nos mete en esos líos y es el pensamiento, y sus aliadas incondicionales la lectura y la escritura, el único que nos puede sacar de ese totalitarismo existencial, y ponernos en la senda lúcida de la mortalidad: nada antes de nacer y nada después de morir. Sin embargo, y al mismo tiempo, todo se puede entender si bajamos hacia abajo y toda luz puede acontecer si subimos luego hacia arriba. Eso es todo, y nunca lo es de una vez por todas. Así es el Oriente implícito, que ha habitado desde siempre en los sótanos de la arrogancia del  Occidente explícito: "La insignificancia humana -el hecho de que las cosas no giran en torno a nosotros y nuestro destino- es la buena noticia" (Tito Lucrecio). 

Si las Corporaciones Mediáticas, El Corte Inglés, Coca Cola, Hollywood, etc, asumieran este eslogan en sus editoriales y campañas publicitarias....,si lo asumieran los nacidos después de 1980, los que tendrán que manejar la cita de Lucrecio, una vez que se lo hayan "comido" todo, pues sin casa, sin coche, sin trabajo son los que más gastan, tanto lo fungible como lo espiritual, como si fuera una misma tarta. Después del monumental ágape, después de esa colosal indigestión, ¿serán estos últimos héroes de la sociedad del bienestar los que darán por concluido el plano secuencia que comienza con el Imperio Romano, Cristianismo, Renacimiento, Ilustración, Revolución Francesa, Revolución Industrial, Revolución Soviética, dos Guerras Mundiales, y acaba con el Terror nuclear, variantes todos del alma del Occidente, que ha conseguido con la ilusión de todos los días un mundo de ciegos, y el arma perfecta de "aniquilación" masiva. Y, sobre ese acabamiento del bienestar, del que esos benditos empiezan a ser sus principales víctimas propiciatorias, sobre ese agotamiento, ¿serán capaces de darnos otra buena noticia?: la vuelta a la forma de pensar del alma de la Grecia antigua, exenta de ilusiones porque no se lo permite el incansable compromiso con las preguntas. No puede haber ilusión cuando domina el asombro sobre lo que acontece en el mundo. La ilusión es para los que lo saben todo, antes que el común de los mortales, sobre el porvenir que nos espera

viernes, 25 de noviembre de 2016

LOS OTROS

Deberíamos reconocer que, como seres de palabra y de razón, lo que más nos cuesta es expresar lo que sentimos a "los otros". Tenemos que seguir esforzándonos para superar esa parálisis que se apodera de nosotros, y que hace que, con frecuencia, se nos congelen en la boca las palabras que imaginamos a partir de lo que leemos o miramos, al intentar darles forma para explicar a "los otros" la experiencia de nuestra alma o nuestro espíritu, Entendiendo por "los otros" esos que son unos "desconocidos". Esos que no forman parte de nuestro círculo de seguridad de amigos, de familiares, de afinidad profesional, ideológica o deportiva, etc. En fin, entendiendo por "los otros" esos con los que nos reunimos para compartir dudas y perplejidades, mediante un lenguaje que no es el habitual. Un lenguaje que en la mayoría de los casos nos fomenta la inseguridad, a lo que solemos responder con desdén o recelo. Un lenguaje que da forma, o proviene de unos relatos a veces muy cortos, a veces muy largos. Casi siempre tirando a extraños y sospechosos. Y por ello, nunca de lectura y discusión plenamente cómoda y satisfactoria.