lunes, 30 de octubre de 2023

MARINA TSVETÁIEVA

 EL POETA (fragmento)



CAMILO SUÁREZ

 CRÓNICA DE INDIOS



CRÓNICAS DEL PONIENTE CASTELLANO 3

SAN CEBRIÁN DE MAZOTE



Puede que toda nuestra mala hostia como país venga quizá de esta época conocida como la de las interminables peleas entre moros y cristianos, historiográficamente denominada como la Reconquista. Esta zona del poniente castellano a la que me estoy refiriendo es pródiga en testimonios - yo diría que casi invisibles o insignificantes, si el viajero no tiene imaginación que llevarse al magín - de esta rivalidad a la que ya se puede calificar de eterna. Uno de ellos es este pequeño pueblo de San Cebrián de Mazote. Su origen se debe a una comunidad religiosa creada por cristianos mozarabes que escapaban de Al-Andalús a finales del siglo IX, aprovechando el impulso dado a la reconquista por Alfonso III. Se tienen noticias de que la comunidad ya estaba completamente formada, en el año 915 alrededor de un monasterio mozárabe del que se conserva su iglesia, San Cipriano, una de las más importantes que aún existen del siglo X en España.


Hoy cuesta creer que en otro tiempo ya lejano estas tierras fueran lugar de frontera, kilometros arriba o abajo. Y cuesta creerlo por la desolación demográfica que el visitante observa, por decirlo así, en el camino, aunque también esa desolación es conocida, en acertada y más benévola denominación de Sergio del Molino, como la España vaciada. Quirúrgicamente vaciada, como diríana los estrategas de las guerras de destrucción masiva.

Efectivamente, el trayecto desde Urueña (biblioteca general de este viaje, no he dicho intencionadamente cuartel, en honor a su nombre cultural como “Villa de los libros”) a San Cebrián de Mazotes, el visitante percibe el vacío existencial humano que queda después de las batallas. De muchas y continuadas batallas que han hecho imposible seguir combatiendo por falta de energía para ello, al fin y al cabo es a eso es lo que llamamos paz. Dejando un hondo e insuperable rencor después de su acabamiento, que hace imposible la continuidad de la vida humana ni en paz ni en guerra sobre estas tierras. Como si fuera un colorido desierto.


La iglesia de San Cipriano (ver foto adjunta) es una iglesia mozárabe de gran tamaño. Está formada por una zona basilical de tres naves separadas por arquerías de herradura, sobre columnas y capiteles, una nave de crucero dividida en tres zonas, que sobresale ligeramente de las laterales y una cabecera tripartita, con ábsides planos al exterior, siendo el central de planta interior en forma de herradura. A todo lo anterior se añade la particularidad de que dispone de un ábside contrapuesto, también interiormente en forma de herradura, en el costado occidental de la nave central. Mientras las naves se cubren con techumbre plana de madera, el resto de los espacios está cubierto con bóvedas de arista y en otros con bóvedas gallonadas, de clara ascendencia cordobesa. En cuanto a su decoración esculpida, el conjunto de capiteles que soportan los arcos de separación entre las naves, tallados a trépano, permite observar el desarrollo de un tipo de decoración nuevo y que llega a producir ejemplares de gran calidad.

El otro edificio destacable, el convento de Santa María de las Dueñas o Santa María la Real, fue fundado en 1307 y administrado por monjas dominicas hasta el año 1837, en el que el inmueble pasa a propiedad particular. En este convento ingresó durante un tiempo por orden de Felipe II Bárbara Blomberg que era la madre de su hermanastro Don Juan de Austria. En este episodio más que hablar de cómo se las gastaban los jerarcas de la monarquía hispánica - al margen de su leyenda negra, eran igual a cualquiera de los jerarcas de las otras monarquías europeas de la época - es interesante destacar el protagonismo de estos personajes que nacen y viven fuera de su tiempo. Bárbara de Braganza era una señora no diré de armas tomar, sino, para entendernos, de un meetoo anticipado al siglo XVI. Amante del emperador Carlos V, con el que tuvo un hijo, llamado, como he dicho más arriba, Juan de Austria. Cabe imaginar que sin la influencia de su madre ante su padre, este joven ganador de la batalla de Lepanto mas otras memorables industrias y andanzas que constan en su currículum, no hubiera pasado de ser un hijo bastado desconocido, uno mas, de su majestad imperial. Por lo demás, Barbara Blomberg abandonó el convento de las monjas dominicas donde se aburría soberanamente, como no, y se refugió en el norte de España, en Ambrosero, Cantabria, hasta el final de sus días.


jueves, 26 de octubre de 2023

TAMARA KAMENSZAIN


 

CRÓNICAS DEL PONIENTE CASTELLANO 2

TORDEHUMOS



Nuestros inmediatos antepasados debieron añorar tanto la paz, inmersos como estaban en una guerra terrible, que nosotros hemos heredado ese anhelo de paz, pero no el sufrimiento de la guerra terrible, lo que acarrea un problema en los gastos de herencia. Dicho de otra manera, es como si nuestra paz heredada sin la presencia de una guerra horrible dejara de tener sentido, dejara de ser un anhelo y se convirtiera en un estorbo para esos herederos que lo que les pide el cuerpo, a medida que pasan los años, es volver a las andadas. Es como si el sufrimiento de antaño se transformara en quejas permanentes hogaño, quejas que se van convirtiendo en el caldo de cultivo de un nuevo enfrentamiento con vocación explícita de acabar siendo una nueva guerra. No serán la primera generación de herederos, ni la segunda, pero ya en la tercera se observan los primeros síntomas de la transformación. Como en el cuento largo de Kafka, estos últimos herederos comienzan a convertirse en horribles escarabajos que preludian la que se nos viene encima.


El centro del continente europeo, escenario de las dos guerras mundiales del siglo XX, que lo devastaron hasta hacerlo irreconocible a cualquier visitante que hubiera estado por aquí antes de 1914 y, sobre todo, antes de 1939, lleva casi 80 años sin una guerra oficial que llevarse al coleto. Ha habido guerras periféricas que son producto de las heridas mal cerradas en los tratados de paz, otra vez la palabreja, de la Segunda Guerra Mundial, la última de las grandes, y también las más mortífera. Como he dicho, al igual que aquellos escarabajos que protagonizaron las democracias de los años treinta no supieron parar a Franco, Hitler y Stalin, hoy sus herederos de tercera generación, los escarabajos del siglo XXI agrupados en torno al proyecto político más inspirador y esperanzador de la historia de la humanidad, la Unión Europea, igualmente no saben que hacer con sátrapas como Putin o los que hacen su trabajo en Oriente Medio. Todo este largo proemio es para ilustrar que la paz y la guerra son dos amantes de nombre femenino pero de quehacer masculino, o viceversa, que es como de verdad somos los seres humanos, mucho antes de que feminismo unidimensional y unidireccional de la cuarta ola plantara sus reales en los albores del siglo XXI. Y que también desde mucho antes sabemos que nunca se llevaron bien. Como la copla no pueden vivir la una sin la otra, pero por separado tampoco. La cosa fue así. Dentro de mi periplo por el poniente castellano, cerca de Urueña, cuya crónica he dejado por escrito  en las entrada anterior de este título, se encuentra el pueblo de Tordehumos. En su castillo ruinoso (ver foto adjunta) otra vez el poder evocador de los escombros, ocurrió, trescientos años antes del descubrimiento de America, un episodio que me parece digno de mención porque forma parte del Gran Libro del Mal Amor de la Humanidad entre aquellas dos grandes señoras: Guerra y Paz.


Todo empezó mucho antes, pero tal día como el 20 de abril de 1194, Alfonso IX de León y Alfonso VIII de Castilla firmaban el Tratado de Tordehumos. Lo hacían por mediación del legado Papal Gregorio, cardenal titular de Sant Angelo y sobrino del Papa Celestino III para poner fin a la guerra que ambos reinos mantenían desde hacía tres años. En el Tratado de Tordehumos se acordó que el Rey de Castilla Alfonso VIII devolvería al monarca leonés Alfonso IX las fortalezas que había ocupado durante la guerra que ambos Reinos habían mantenido. Estas eran los castillos de Alba, Luna y Portilla. El resto de fortalezas que habían sido ocupadas por las tropas castellanas serían restituidas al Reino de León tras la muerte de Alfonso VIII de Castilla. El legado Papal confirmó que los castillos que habían constituido la dote matrimonial de la Reina Teresa de Portugal serían considerados propiedad del Reino de León pese a la separación de ambos cónyuges. Además, se dispuso que en caso de conflicto no se retomarían las hostilidades, sino que se recurriría al arbitraje de la Santa Sede.


También se acordó que en caso de que Alfonso IX de León falleciese sin dejar descendencia legítima, el Rey castellano heredaría su Reino. Por su parte, los maestres de la Orden del Temple y de la Orden de Calatrava se comprometieron a cuidar los castillos que fueron entregados por ambos Reinos como garantía de paz, maestres que intervendrían en caso de ser necesario para mantenerla.




miércoles, 25 de octubre de 2023

JANE KENYON

 


JOSÉ CADALSO

 


LA TRAMPA DE LA MUERTE

 La peli “la trampa de la muerte”, de Sidney Lumet, nos permite visualizar eso de ir “más allá de nuestra vida profesional, familiar y social”, que es una manera de sentir el espacio y el tiempo desde la quietud física o la reflexión (o acción creadora mental, como dice Hannah Arendt). Como nuestro activismo vital la quietud física y la reflexión sobre lo que nos pasa cuando estamos activos, y que hacemos con lo que nos pasa al estar inmersos en ese activismo, también forma parte ineludible de nuestro carácter y se merece que le prestemos nuestra máxima atención de vez en cuando.

Para lo cual usemos nuestra imaginación y no nos quedemos sentados en la butaca desde donde hemos visto “La trampa de la muerte” (vale lo mismo para la lectura de un cuento o una novela), sino que vayamos hacia la pantalla y entremos dentro de su ámbito narrativo. Una vez ahí dentro:

1 Escuchemos y veamos lo que dicen y hacen los personajes, que allí se encuentran. 

2 Comprobemos que tiene que ver lo que dicen y hacen con nosotros: los espectadores, críticos incluidos (con la lectura de un cuento o una novela valdría lo mismo)

3 Veremos que están todo el rato hablando de los espectadores, porque buscar el éxito - hasta matar por ello - es buscar sus fervientes y urgentes  aplausos, y su aquiescencia en las críticas. 


¿Somos cómplices de esos asesinatos?  Según la mecánica de Newton no, según la mecánica cuántica totalmente. Sea como fuere, es discutible, el caso es que con nuestra decisión de ir “más de allá de…” hemos entrado por derecho propio de nuestra imaginación en “la cocina de la acción creadora”. ¿Tenemos cabida ahí dentro? ¿Cómo lo sabemos? Si fuera que sí, ¿qué hacemos con eso que hemos averiguado? ¿Que sentimos con esa decisión que hemos tomado? Vayamos por partes.


Una que vez que como espectador, haciendo uso de mi imaginación, me he levantado de la butaca y me he adentrado en la pantalla lo primero que me encuentro es a un tipo, que dice que es escritor, en un estado de histeria superlativo porque de nuevo el público y los críticos le han dado calabazas con su nueva obra de teatro que acaba de representarse en la ciudad. Y van cuatro. Su mujer, a su lado, aguanta como puede el chaparrón que de repente ha entrado por la puerta de su casa. Inmediatamente el que dice que es escritor imagina la respuesta a su fracaso pensando en el crimen como una de las Bellas Artes, esa obra de Thomas de Quincey que seguro se la sabe de memoria. Y sin más demora se lo dice a su mujer buscando su complicidad en el asesinato. La pregunta que me hice fue inmediata: ¿que hago yo aquí entre estos dos pringaos, sigo en esta casa o me vuelvo a la mía? Y es que ha recibido un manuscrito de un alumno suyo del seminario que impartió el año anterior. Esa será la víctima y su obra debidamente manoseada será la que le dará el éxito anhelado, al que dice que es escritor pero no puede obtener los aplausos del público con lo que escribe. Dicho y manos a la obra, con la oposición de la mujer que no ve conveniente matar al ex alumno porque salpicaría de sangre los muebles. A cambio le presenta a una afamada vidente, que se ha traslado a vivir cerca de donde viven ellos. Es su vecina. Cuando conocí a la vidente decidí quedarme en el campo narrativo que me estaba ofreciendo la pantalla, pues vi en ella a mi cómplice o, si se quiere, mi alter ego, en esta aventura de comprender la película “La trampa de la muerte”. De entender cualquier película o cualquier cuento o novela o, por extensión, cualquier obra hecha desde la libertad individual y con la imaginación heredada del mundo.


Un lector o un espectador no son otra cosa que videntes, al imaginar las expectativas que la novela o la película en cuestión le va levantando en el horizonte. Es lo que experimenta la vidente, primera protagonista y narradora de la película, al colarse de rondón en casa del que dice que es escritor y su mujer, mas el añadido del que dice ser el alumno más aventajado de aquel. Al final, lo que hace la vidente es poner por escrito toda esa experiencia acumulada, asesinatos incluidos, y llevar el resultado de ese trabajo al escenario donde tiene un rotundo y clamoroso éxito. De lo que yo me siento agradecido, pues es entonces, solo entonces, cuando comprendo, es decir, cuando lo que he estado viendo y oyendo me atraviesa el corazón y la mente con toda su intensidad, después de superar los momentos en que gran parte de lo que veía y oía me resbalaba, y estar tentado de volverme a mi casa.


lunes, 23 de octubre de 2023

CARLOS SAHAGÚN

 


ELADIO CABAÑERO

 EL PAN (fragmento)



ISABEL BERMEJO

 


FRANCISCO LAYNA

 COLOR Y LENGUAJE… (fragmento)



CRÓNICA DEL PONIENTE CASTELLANO 1

 URUEÑA




Este pequeño pueblo de 203 habitantes, ubicado en la estepa castellana modelo vallisoletano, a parte del topónimo geográfico oficial, Urueña, tiene el mas, como decirlo, aristocrático con tufo salonier francés de Villa de los Libros. Efectivamente, Urueña tiene el honor de ser el primer pueblo con este topónimo en el mapa cultural de España. Sin duda, ese lugar lo convierte en un polo de atracción turístico. Valga decir que los datos están  acordes con las dimensiones del término municipal: 9 librerías y 5 bares restaurantes. Todo ello dentro de un perímetro amurallado pequeño. Esta insólita inversión respecto a esa misma ratio en el resto de los municipios españoles, donde como todo el mundo sabe el numero de bares restaurantes supera con creces, digamoslo con esta cifra comodín, al de librerías. Lo que traducido al roman paladino vendría a ser algo parecido a: en España el numero de borrachos supera con creces al numero de lectores. Teniendo en cuenta que en España el 40 % de la población se vanagloria de no haber leído nunca un libro, el espíritu de la anterior estadística parda es acertado. El otro atractivo de Urueña, como ya he sugerido, es su perímetro amurallado y el entorno que lo rodea. El perímetro amurallado se conserva, ante los ojos del visitante, en perfecto estado de revista contemporáneo. Decir en perfecto estado de revista medieval, es entrar de lleno en la vieja polémica sobre como deben llegar hasta nosotros las ruinas del pasado. Como no puede ser de otra manera en nuestro país, frente a esta texitura patrimonial, con sus dos variantes urbanística y arquitectonica, destacan dos bandos irreconciliables. La purista, que defiende que las ruinas no deben tocarse para que llegue hasta nosotros el estado cabal de su deterioro. Y la reformista, que sobre los planos que se conserven se levanta la pieza del patrimonio en cuestión como si aquel tiempo pretérito de donde proviene se presentara a dar la bienvenida al tiempo actual con sus mejores galas. Esta segunda manera de afrontar las ruinas heredadas tiene que ver con la filosofía de la hibridación que postula mi querido Bruno Latour. Es la que amo. Las 9 librerías de Urueña están repartidas estratégicamente dentro de la trama urbana del recinto amurallado. Ocupan la parte baja de los pisos, transformada para el fin libresco a que ha sido destinada. Cada una se ha especializado en un tema (cine, literatura, historia, cuentos para niños,…) aunque no abandonan el fondo, también tienen a disposición del cliente una buena oferta de las novedades literarias. Los cinco bares restaurantes forman la otra red, digamos cultural de Urueña, intercalados entre las librerías, también dentro de la trama urbana del pueblo. Un mapa editado por las autoridades municipales, permite al visitante saltar, como el caballo del ajedrez, de una librería a un bar restaurante sin perderse, sintiendo en estos movimientos una extraña satisfacción mediterránea, en plena comarca de Tierra de campos. Ver fotos adjuntas.

Un paseo siguiendo por arriba la silueta de la muralla permite al visitante comprobar la amplitud geográfica y el significado histórico y emocional de la comarca mencionada, a la que pertenece la Villa de los Libros de Urueña. Un mar de olas verdes, amarillas, marrones o blancas, según la época del año, viene a decir Miguel Delibes sobre lo que desde esa muralla se divisa. Delibes es el vallisoletano universal, al que le han dedicado en Urueña un museo a su obra y al espíritu que transpira como una segunda naturaleza a quien lo lee. Ya sea recorriendo la silueta de la muralla, con mirada de defensor, ya se observando su imponente perfil extramuros, desde lejos, al acercarse el visitante con mirada de conquistador, la sensación es invariablemente (me pasa con las ciudades bien amuralladas) la de haberme trasladado a la edad media. A esa época - pienso mientras camino despacio encima de la muralla, mientras me deleito con la puesta de sol, otro de los atractivos recomendados por las autoridades turísticas - en la que salir fuera de la muralla, tal y como veo ahora mismo a un par de corredores haciendo su ritual diario de gimnasia, suponía jugarse la vida. 

Dos apuntes mas relacionados con esa doble vida, que han sugerído durante tanto tiempo la presencia incontestable de las murallas. Me estoy refiriendo a la vida extramuros y la vida intramuros. Hoy sabemos que estas taxonomías, como la de esculpir en la fachada exterior de las catedrales las figuras que representan los demonios y sus aliados, se han desplazado, después de la muerte de Dios, hacia los rincones ocultos de nuestra intimidad humana. El primer apunte es fuera de muralla y se refiere a la ermita santuario de Nuestra Señora de la Anunciada. El segundo apunte es intramuros y corresponde a la iglesia parroquial gótico renacentista de Santa Maria de Azogue y al centro etnográfico "Joaquin Diaz.” 

La ermita santuario fue construida en el siglo XI según el estilo romántico lombardo, el primer románico. Ver foto. El visitante se la encuentra casi de sopetón, si no hubiera sido por el enorme cartelón que anuncia su presencie a la izquierda de la carretera que le lleva a Urueña, hipnotizado como está con la estampa turística que le ofrece desde kilómetros atrás la muralla del pueblo. Digo estampa turística porque el visitante actual no puede verlo de otra manera, por mas esfuerzo que haga por transubstanciarse en un viajero de la edad media que se acerca tembloroso o dubitativo, según los casos y los momentos bélicos. La muralla de Urueña desde donde avanza metido en su coche no puede evitar que se le parezca algo bendecido por una fuerza de rehabilitación tecnológica, todo lo mas por una emoción estética asociada al me gusta con que ya estamos acostumbrados a calificar con un golpe de tecla cualquier fotografía que se nos cuela de rondan en alguna de nuestras pantallas. Ahora que lo pienso la emoción es esa, con la que me desvió del camino y me acerco a la ermita santuario de Nuestra Señora de la Anunciada. Nada mas ponerme delante de su imponente factura se me echa encima otra emoción, en absoluto medieval, hoy no es mi día pues no he visto por enésima el nombre de la rosa, que tiene que ver con el arte cubista de Picasso y compañía. Y me reafirmo en lo que pienso, el arte contemporaneo con el cubismo al frente lo inventaron los arquitectos anónimos de estas ermitas lombardas del siglo XI.

Ya dentro de la muralla de Urueña, el visitante busca caminando entre librerías y bares restaurantes, por este orden, la iglesia parroquial de Santa Maria de Azogue. Se trata de un edificio de estilo renacentista, con cabecera gótica, construido en el siglo XVI sobre la fábrica de una iglesia medieval anterior. Su advocación actual es el de Nuestra Señora de la Asunción, llamándose tradicionalmente Santa Maria del Azogue por ser éste el sobrenombre que tenia la primitiva parroquia sobre la que se asienta. La construcción renacentista fue promovida por el quinto conde de Urueña y primer  duque de Osuna, Pedro Giron, el cual encargó la dirección de las obras al arquitecto Rodrigo Gil de Hontañon. El visitante sale de esta iglesia de arquitectura en capas, como me gusta llamarla, con la sensación de fragilidad mas aumentada que cuando entré. En un alarde de imaginación, me viene a la mente el principio de complementariedad de Niels Bohr que suscribe la idea de que un postulado cualquiera es verdadero si y solo si complementa o se asienta en el anterior, si no fuera así es falso. De lo cual deduzco que el estilo renacentista de la iglesia parroquial de Santa Maria de Azogue es verdadero en su esencia puesto que no se empeña en anular, se ve al visitar la iglesia por dentro, sus antecedentes medievales arquitectónicos, ni las huellas de sus herederos reformistas modernos.

El Centro Etnográfico Joaquin Díaz, el otro edificio destacable intramuros que visité, tiene su sede definitiva en la casa de la Mayorazga desde 1991, después de diferentes mudanzas desde su inauguración en 1985. Una vez dentro me recibió una exposición llamada "Amas de cría”, pliegos de cordel, una colección de grabados, una biblioteca, una fonoteca y un museo de instrumentos. Y, como no, en el piso de arriba, la residencia del fundador del Centro Etnográfico, que según comentó quien nos recibio en la puerta se encuentra en plena  forma, entrando y saliendo para cumplir con los compromisos que lo requieren. Como siempre que entras en un museo, sea del tipo o la especialidad que sea, no te reciben la Amas de cria, los pliegos de cordel, los grabados, los instrumentos, etc. No. Te recibe lo que la Modernidad  - paradigma dentro del que vivimos, no lo olvidemos - ha hecho con todo ese acerbo cultural. Me refiero, como no, a esa categoría tan inquisitorial, que la modernidad ha hecho santo y seña de su razón de ser desde hace ya mas de 200 años, te recibe la HISTORIA de las Amas de casa, la HISTORIA de los pliegos de cordel, la HISTORIA de los grabados, la HISTORIA de los instrumentos, etc. Que  poco que nos fijemos con atención, no es lo mismo lo uno con lo otro, ni esto con aquello

jueves, 19 de octubre de 2023

CRÓNICAS DEL RÍO SPREE Y 13

 BERLIN: A TIRO DE UN PUÑADO DE PEDALES



Con el aroma de la presencia de Voigt todavía en el ánimo de un servidor, mientras buscaba la salida de Köpenick me topé con un cartel de "la ruta ciclista del rio Spree" que indicaba que el centro de Berlin estaba a 17 km. Un poco menos de lo que había calculado. Todo lo cual me introdujo de lleno en la particularidad de esta etapa final.  Como ya he dicho anteriormente es esta una experiencia dentro de la mas general de andar dando pedales durante veinte o treinta días. La viví por primera vez justamente desde el lado norte de Berlin. En aquella ocasión fueron los últimos 25 km, y la ciudad desde donde inicié el recorrido es Postdam, capital del estado federado alemán de Brandeburgo. Me viene a la cabeza que fue en esta etapa donde pensé, al hilo de una conversación al final del día mientras cenábamamos, que los mismos kilometros hechos en bici, dije, no tienen nada que ver con los recorridos en coche o tren, y menos aun con los recorridos según la escala del viaje en avión. Una obviedad no tan obvia, dependiendo de quien escuche la expresion. Creo que no lo he vuelto a mencionar ni a escribir en ningún lado. Siempre me viene a la cabeza esta idea cuando, en las conversaciones con los amigos, surgen los grandes desplazamientos que la mayoría efectúa en sus vacaciones. Comparados con ellos, los 400 kilometros que nosotros hemos hecho en 16 días, dando pedales siguiendo el cauce del rio Spree, en términos dataístas, por decirlo así, nuestra experiencia cicloturista es algo sobradamente insignificante antes esos trotamundos del kilometraje y el dato. Queda recordado y dicho.

Es la etapa más corta del recorrido. Suelo llegar a ese día cansado mentalmente después de tantos días de pedaleo, pero más en forma física que cuando empecé la ruta. Esa combinación de cansancio mental por un lado y buena forma física por otro, hace que experimente dentro de mi ante esta última etapa un extraña mezcla de acabamiento y renacer simultaneo. Eso se encarna en una forma de pedalear pausada, parándome muchas veces ante cualquiera de los reclamos: jardines, tipos andando o hablando, escaparates, actitudes solitarias o en grupo, etc., de que esta compuesta la trama urbana en la que me encuentro, como queriendo no llegar nunca a la meta, en este caso el centro de Berlín. Destaco sobre todo, la obligación de tener que pararme en los semáforos, algo que casi se me había olvidado que existía, acostumbrado como estaba durante los últimos días a pararme cuando he querido. Me regodeo con el hecho de que Kopenick no es un pueblo cercano a la capital, sino su barrio mas grande y populoso. Los autobuses con sus letreros que informan de su destino así me lo recuerdan. Ya estoy más cerca, me digo, al entrar en un parque y ver unas cuantas familias montando en bici. Es sábado y se nota la afluencia de vecinos disfrutando del hermoso día que hace. Son sentimientos familiares, que tienen que ver con mi condición de urbanista capitalino, después de tantos días pedaleando dentro de los bosques que forman esta reserva mundial de la biosfera atravesada por el río Spree y sus derivadas, formadas por los más de 1000 kilómetros de canales que atraviesan en todas las direcciones imaginables está gran masa forestal de lado oriental alemán, cerca del cauce del río Oder y de la frontera polaca. Al pararme en un semáforo, me viene a la memoria el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial que ocupó estos lugares hace casi ochenta años. Es un clásico de mi pensamiento asociativo.


Misión y fin de estás reservas naturales es preservar y dar continuidad a la vida biológica. Misión de los ciclistas después de dar pedales dentro de sus inmensos bosques es preservar y dar continuidad a la vida espiritual, cada vez más difícil, en las grandes ciudades. Noto que me estoy poniendo existencial. Me reconforta que esto me ocurra mientras me acerco al centro de la capital alemana, ahora envuelto por los ruidos y ademanes de una gran ciudad moderna, que aunque es una de las más ciclables de Europa, no deja de tener sus enconadas esquinas y amontonamientos imprevistos propios de su tiempo.


Quedan 5 km me indica un cartel de la ruta ciclista del río Spree. Miro el cielo y se cierne sobre nosotros una inminente tormenta. Efectivamente, cuando el nuevo cartel anuncia 2 km para el centro, el cielo se abre y descarga sobre la ciudad todo lo que lleva dentro. Ver foto adjunta. A nosotros nos pilla en el barrio de Kreuze, bajo las vías del tren suburbano, al lado de un kiosko de salchichas. El enorme chaparrón es de esos del otoño adelantado que tiene lugar en estas latitudes. No es el primero ni será el último. Bajo las vías del suburbanos encontramos a tiempo un refugio adecuado. Llegan otros ciclista urbanos que buscan su hueco. Nos achicamos. Para pasar el tiempo, me pido una cerveza y unas chips. El camarero oriental no sirve solícito y con una sonrisa en la cara. A pesar de la tormenta, tengo la sensación de que estamos a salvo. Otro de los indicadores de que mi alma de urbanista sigue haciendo su trabajo. En los bosques del río Spree, ¿estaba en peligro? Desde la percepción de ese alma que llevo dentro sin duda. Después del chaparrón, iniciamos la ruta, unos minutos después diviso a lo lejos el esplendor de  la puerta de Brandeburgo. Por mi parte he llegado al centro de Berlín,  me bajo de la bici y la vuelvo a contemplar con emoción primeriza. Aunque las autoridades berlinesas sitúen más abajo el mitre centro, en el entorno del Palacio Imperial y la Catedral, por otro parte como debe ser. 

CRÓNICAS DEL RÍO SPREE 12

 KÖPENICK



Una de las ventajas que tiene hoy el ser cicloturista es que todavía uno puede entrar y salir de las ciudades grandes y medianas por sus propios pedales. Si son ciudades del centro y norte europeo mejor. Como hicieron hasta hace casi nada los carros, las carretas, los peregrinos, los fugitivos, los predicadores del más allá y del más acá, los vendedores de humos y de todo lo demás, en fin, los ejércitos invasores y los defensores. Me explico. Todo el mundo sabe que hoy se entra en las grandes ciudades y medianas de tres maneras, y ya esta: en coche privado o publico, en tren y en avión. Todas las infraestructuras para acceder a la gran ciudad o mediana a la manera antigua han desaparecido. Lo cual significa que si la ciudad en cuestión no esta dentro de la red de itinerarios cicloturistas, ya puedes subir la bici a un tren o deshacerte de ella. lo de subirla a un autobús o en avión complica el viaje hasta cotas surrealistas. 

Entrar dando pedales en las grandes capitales como Viena, Munich, Budapest, Amsterdam, Bruselas, Hamburgo, Rótterdam, o en las ciudades medias ribereñas de los grandes rios europeos, Danubio, Rihn, Elba, Oder, Mosela, es una experiencia, como decirlo, moderna sobre el espacio pero medieval tendiendo a intemporal en el tiempo. Lo que quiero decir, con este juego de palabras aparente, es que dando pedales con las piernas, como debe ser, transitas por el espacio que ha construido el capitalismo tardío, también llamado postmodernidad, globalización o la inacabable e inacabada post segunda guerra mundial, como me gusta llamar a la época en que vivimos. La experiencia medieval tendiendo a intemporal sobre el tiempo quiere decir que al dar pedales como manera de desplazarte te equiparas con las modos medievales de transporte: carro,carrtea, caminando, a caballo. Lo cual, aquí esta lo interesante, te permite tener una relación transversal o intemporal con el tiempo, en el sentido, por decirlo rápido, que dando pedales puedes experimentar todos los tiempos al mismo tiempo que te desplazas por el espacio del presente. El caso fue que desde Köpenick, principio de la ultima etapa de nuestro itinerario sobre el rio Spree, teníamos por delante poco mas de una veintena de kilómetros hasta el centro, mitre, de la ciudad de Berlin. Volveré sobre esta ultima etapa.

Köpenick forma parte del distrito sur de Berlin, el mas extenso y numeroso en la actualidad, aunque no siempre fue así. Hasta los años veinte del siglo pasado Köpenick era un pueblo cercano al centro berlinés. Uno mas entre otros pueblos. Algo, para entendernos, perfectamente reconocible en la historia de las grandes ciudades españolas, Madrid y Barcelona sobre todo. Como primero fueron las demoliciones de las murallas medievales de muchas ciudades europeas en el siglo XIX, el expansionismo urbanístico posterior a la primera guerra mundial también alcanzó, y convirtió en un hecho irreversible, a la anexión de los pueblos limítrofes de las grandes urbes que se vieron afectados por esa fiebre que traía encima la ultima encíclica de la religión del progreso. Este apropiamiento urbanístico forma parte del mismo campo semántico,  a nivel municipal, que el de la fiebre rapiñadora que pillaron los grandes imperios continentales en los siglos anteriores. Los dos elementos que otorgan significación al barrio de Köpenick son el castillo y la Köpenickiade.

El castillo de Köpenick fue construido originalmente en 1558 como un pabellón de caza, por orden del elector Joaquin II de Brandeburgo. El edificio de estilo renacentista estaba ubicado en la isla en medio del rio Spree, en el lugar de una antigua fortaleza medieval. Actualmente, el castillo esta rodeado por un pequeño parque que sirve como un museo de arte decorativo.

La Köpenickiade es el nombre dado al episodio mas rocambolesco vivido en el pueblo, cuando todavía no formaba parte del entramado urbano de Berlin. En 1906, el ayuntamiento fue escenario de un asalto, donde un supuesto capitán (el Hauptman von Kópenick), con ayuda de una tropa de soldados, se apoderó de los fondos de la ciudad, que en ese momento casi alcanzaban una cifra de 4000 marcos, equivalentes a unos 20000 euros actuales. Los testigos que luego declararon vieron a Wilheim Voigt, el supuesto capitan, bebiendo por ultima vez en un bar, tras lo cual desapareció de Köpenick sin dejar rastro. A través de la obra de teatro del mismo nombre, Karl Zuckmayer, autor de la obra, hizo que el capitán Köpenick se convirtiera en una figura literaria muy popular entre los alemanes. Hoy, como prueba de ese fervor popular, una estatua del capitán Köpenick (ver foto adjunta) hace guardia en la entrada del ayuntamiento, no tanto para vigilar que no entren sospechosos de querer asaltar el edificio de la institución como para dar la bienvenida a cualquiera que quiera entrar a hacer alguna gestión o que simplemente pase por allí. Se sabe que Voigt está enterrado en Luxemburgo, donde acabó los días de su procelosa vida. Sin embargo, su espíritu pulula tan campante por las calles de Köpenick, sin abandonar ni un instante su nuevo cuerpo de bronce a las puertas del ayuntamiento. Es emocionante estar en el lugar de los hechos donde nacen los héroes populares, esos que no pueden apropiarse los profesionales del poder en beneficio propio. 

martes, 17 de octubre de 2023

CRÓNICAS DEL RÍO SPREE 11

 COTTBUS




La ciudad de Cottbus es, junto con Postdam y Frankfurt de Oder, una de las mas grandes del estado federado alemán de Brandeburgo. De hecho, fue al alcanzar los 100000 habitantes cuando obtuvo este honor simbólico. A parte de este dato demográfico, destaco de mi visita a Cottbus tres asuntos propios que tienen que ver con su historia reciente. Mas un cuarto que es común a todas las ciudades ribereñas del rio Spree, y que no es otro que estar dentro de su ámbito medio ambiental, catalogado por la ONU como reserva mundial de la biosfera, lo que hizo que llegáramos y saliéramos de Cottbus pedaleando dentro de unas masas boscosas realmente exuberantes. Lastima no ser un experto en asuntos botánicos, o zoológicos  pues la diversidad de arbustos, plantas y bichos que el ciclista intuye habitan el bosque da para una cronica, digamos “grunen", de envergadura. También, como no, para una historia sobre hadas, elfos y demás habitantes de los bosques encantados, antes de que los bosques quedasen  matematizados, es decir petrificados, por la ciencia positivista del siglo XIX.

El primero de esos asuntos propios que he mencionado, se refiere a su pasado en la segunda guerra mundial. Cottbus formó parte del frente oriental y, por tanto, estuvo sometido a todos los avatares que tuvieron que ver con este espisodio decisivo para el desenlace final de la gran contienda. Lo que rápidamente percibe el ciclista es la gran paradoja que envuelve a la ciudad, si imagina la ciudad mas allá de la bendición medio ambiental oficial. Cuesta creer en esa forma de pensar lineal a que nos tiene acostumbrado el pensamiento pacifista, que consiste en que lo que viene después de la guerra es la paz, cuando lo que de verdad viene a continuación de la guerra es la guerra misma por otros medios, también llamada post guerra o mas en plan posmoderno, como dije en la anterior entrada, globalízacion. La Paz, como no puede ser de otra manera si hablamos de la especie humana, no pasa de ser un argumento publicitario para los predicadores de turno al servicio de los poderosos de siempre. También un ideal al servicio de los ciudadanos, aunque como todo ideal hemos de entender que no se cumplirá nunca en su totalidad, aunque hemos de tenerlo siempre presente en los vaivenes parciales y provisionales de nuestra inteligencia e imaginación y las de los demas en el ámbito cambiante de la polis. El caso es que allí mismo, inmersos los ciclistas en una reserva natural de la Biosfera, tuvo lugar hace casi ochenta años una de las tantas carnicerías que se perpetraron en la segunda gran guerra. El resultado final fue la destrucción de casi la totalidad del casco antiguo de la ciudad, mas el añadido de miles de sus vecinos muertos o heridos.

El segundo y el tercer aspecto, de nuevo aparecen las paradojas, tienen que ver con los libros. La Biblioteca de la Universidad Tecnica de Cottbus y la casa donde vivió durante unos años Gerhard Haufmann, escritor alemán que recibio el premio Nobel de Literatura en 1912. Naturaleza feraz, bombas de destrucción masiva de lo humano, biblioteca como reservorio del conocimiento humano. Así va el mundo. Y Cottbus es un buen epitome de esa tendencia. El nuevo edificio de la Biblioteca de la Universidad Tecnica de Cottbus surge dentro del movimiento de reunificación alemana y de la adaptación de las instituciones educativas a la nueva situación política. Al norte de la ciudad, justo al lado de los edificios docentes construidos en tiempos de la RDA, se construyó en 2004 el singular edificio de la nueva biblioteca. Con una altura de 32 metros situado en una pequeña colina y diseñado por los arquitectos de Basilea Herzog & de Meuron, sirve como biblioteca publica y centro de documentación de la universidad, ofreciendo un fuerte contraste con su entorno. Ver foto adjunta.
La composición geometrica tiene una fachada en forma de olas y una planta con forma de ameba que parece propagarse con el flujo del paisaje circundante, que lleva al observador a que pueda preguntase si es un forma puramente accidental, resultado de una inspiración artística y expresión de los sentimientos personales de sus autores. Aunque, a primera vista, puede parecer una forma accidental, dicen los expertos, una observación mas detallada demuestra en su configuración un propósito útil con muchos flujos diferentes de movimientos. Ay, la utilidad. Sea como fuere, al ciclista observador le parece que lo puramente accidental del edifico se aviene mejor con su propio sentido de la “inutilidad" del pedaleo. 

En cuanto a Gerhart Hauptmann destacar que fue un dramaturgo, novelista y poeta alemán del naturalismo, ganador del premio Nobel de literatura en 1912. Su relación con Cottbus tiene que ver con el hecho de elegirla con lugar de residencia durante unos años de su vida. Visitamos los exteriores de la casa donde vivió, entonces ubicada a las afueras de la ciudad. Ver foto adjunta. El contraste con la Biblioteca de la Universidad Tecnica técnica que acabamos de ver fue notorio. Sin embargo, como suele suceder en el tratamiento del espacio exterior por las autoridades alemanas, la Biblioteca, la casa del escritor, el casco antiguo reconstruido, el bosque colindante y el rio Spree sin oponerse a que sus aguas lleguen hasta Berlin, forman un todo en el presente de la mente del ciclista donde confluyen pasado y futuro sin estridencias pero si con lucidez

CRÓNICAS DEL RÍO SPREE 10

 LÚBBENAU

La principal peculiaridad de la ciudad de Lubbennau es que dentro de su termino municipal se encuentra el castillo donde se diseñó la operación Walkiria, que pretendió acabar con la vida de Adolf Hitler, y adelantar así el final de la segunda guerra mundial. El castillo de Lubbenau es de estilo neoclásico y se encuentra ubicado en el bosque Spree, siendo uno de los edificios protegidos de Lubbenau. Hoy es un hotel de lujo. Paradojas de la historia.

Cuando lei la placa conmemorativa pegada a la fachada del castillo hotel, en la que se recordaba que su propietario Wliheim von Lynar (oponente por esas fechas al Fuhrer) había cedido parte de las instalaciones del castillo para llevar a cabo una de las reuniones preparatorias de la operación Walkiria, se me disparó la imaginación de este suceso y de sus consecuencias en el desarrollo final de la Segunda Guerra Mundial y la post guerra. Sobre todo por el de esta ultima, dentro del cual seguimos habitando todavía. No se si nos preguntamos en esta época de post guerra extendida, llamada eufemísticamente globalización, que hubiera supuesto el triunfo de la Operación Walkiria y la consiguiente desaparición de Hitler incluida. Los nueve meses menos que hubiera durado la guerra, habrían supuesto un ahorro considerable en vidas humanas y en la destrucción de decenas de ciudades y otros lugares e instalaciones necesarios para el porvenir de esas vidas humanas. No se si aun así el daño en julio de 1944 era ya irreparable, quiero pensar que no. Una salida negociada después de la muerte de Hitler en el atentado, como así tenían pensado los promotores del golpe, hubiera mantenido en pie todavía una buena parte del patrimonio urbanístico del continente y también, esto es muy importante, se hubieran conservado los hábitos de convivencia reconocibles dentro de los ámbitos  que existían antes del inicio de las hostilidades. En que medida la postguerra extendida o globalización, es decir, la salida de la guerra con una inequívoca división entre vencedores y vencidos, ha acabado de hacer lo que la guerra propiamente, y por razones obvias de agotamiento, no pudo rematar, lo podemos ver los ciclistas en la nueva urbanización de los solares que dejaron al descubierto las bombas. Ganaron los bolsillos de los especuladores urbanísticos, perdieron los corazones de los ciudadanos.

Como consecuencia de toda esa maldicion, que debido a la prepotencia tecnológica del sujeto modeno, cayó sobre las ciudades europeas y alemanas en forma de tormentas sucesivas de fuego, perdimos nuestra relación con el origen y por ende el rumbo de nuestro destino como civilización. Y a quienes cogieron el testigo de semejantes catástrofes, como castigo, las palabras de siempre dejaron de hablarles en nuestra lengua natal para volverse ambiguas y vacías, y a renglón de esa perdida los víveres que habían consumido sus antepasados perdieron su sabor y los útiles que les habían acompañado en sus trabajos su tacto. ¿Nosotros en nuestro existir, existimos hstoricamnete en el origen? La pregunta de Heidegger se avalanzo sobre mi y mi bicicleta cuando bajaba las escaleras del hotel y me disponía a ver de nuevo la fachada renacentista del castillo de la Familia von Lynar, que era la única que parecía tener la respuesta a la pregunta del filosofo del ser. La Globalización, que es como ahora se llama La Post Segunda Guerra Mundial Extendida, lo tiene claro en los mensajes de su publicidad constante. Si hemos perdido el origen, las palabras, el sabor y el tacto, solo nos quedan los No Lugares o Centros Comerciales, donde las palabras son datos y el sabor y el tacto son intercambiables en cada estantería y en cada producto. Únicamente es distinto el precio que has de pagar al pasar por caja. 

Rodeados por el bosque del río Spree, la presencia de aquella placa (ver foto) y aquel castillo continuan, pero hoy los visitan, como si allí y en el continente europeo hace casi ochenta años no hubiera pasado nada, los turistas adinerados que se pueden permitir el coste de sus habitaciones, eso si con desayuno incluido, según pude comprobar en la lista de precios que figuraban enmarcados en la entrada del castillos

lunes, 16 de octubre de 2023

CRÓNICAS DEL RÍO SPREE 9

BAUTZEN

 Elegimos la ciudad de Bautzen , como punto de inicio del recorrido cicloturista siguiendo el cauce del rio Spree, mirando las piernas y sintiendo los latidos del corazón. El diagnostico de la percepción fue inapelable: no podemos iniciar el recorrido donde nace el rio Spree, que seria lo suyo, en lo alto de los montes Lusacios, que forman parte, como no, de la región histórica de la Alta Lusacia, valga la redundancia, de la que es capiltal Bautzen a partir de la cual el rio entra en su curso medio lo que hace mas satisfactorio el pedaleo siguiendo su cauce, como he dicho.

Lo mas significativo que el visitante percibe visualmente, nada mas llegar a Bautzen, es la buena conservación de su casco antiguo medieval. Tengamos en cuenta que esta característica urbanística en la mayoría de las ciudades alemanas no se da, pues los bombardeos masivos de los aliados durante la segunda guerra mundial destruyeron la traza urbana que se había conservado desde hacia mas de quinientos años. Con sus ocho o nueve torres el casco antiguo de Bautzen se alza sobre uno de los meandros del rio Spree. Aunque mas del 90 % de los habitantes tienen hoy el alemán como lengua materna, Bautzen es el centro político y cultural mas importante del pueblo sorbio. Esta minoría etnica alemana de origen eslavo, reconocida como minoría nacional, ocupa la región de Lusacia, a caballo entre los estados de Sajonia y Brandeburgo. 

Otro aspecto significativo, aunque menos evidente al primer golpe de vista, es que la ciudad era conocida en la República Democratica Alemana por las prisiones Bautzen I y Bautzen II. La Bautzen II, situada en la parte trasera del Palacio de Justicia, era una prisión de ls Stasi para presos políticos, disidentes y presos de conciencia, que fue reconvertida en museo memorial en 1993. La Bautzen I es un carcel ordinaria, que sigue en uso como tal hoy en día y es conocida en toda Alemania como la miseria amarilla en referencia al ladrillo amarillo con el que esta construido el edificio.

Por ultimo mencionar la mostaza, ingrediente tipico de la gastronomia de la region, que pudimos catar con deleite en el restaurante que elegimos para reponer fuerzas.

Las cicatrices del pasado reciente de Alemania dejan constancia en Bautzen, bien con su presencia como es el caso de las prisiones amarillas (época del telón de acero y de la era nuclear), bien con su ausencia, como es el caso milagroso de que los bombarderos aliados pasaran de largo antes esta hermosa población a orillas del rio Spree. Sea como fuere, esas cicatrices atraviesan el corazón del ciclista del siglo XXI con su capacidad significativa permanente, iluminando su presente de alcance europeo en cualquiera de sus puntos cardinales.