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martes, 27 de junio de 2023

EL ChatGPT Y LA MÁQUINA

 Escribe Basilio Baltasar:

“El advenimiento del Gran Hermano Tecnológico y su declarada intención de injertarse en los cerebros de los pobres humanos domesticados exige suprimir todo vestigio de la voz que discurre bajo el lenguaje y sustituirlo por la aridez discursiva de la computadora universal, por el maquinal acopio de los datos que introducen los programadores, por la monstruosa memoria que festejan los publicistas de la factoría tecnológica.

En esta encrucijada histórica cabe preguntarse quién escribirá el relato que sustituya a la metáfora babélica —sabiendo ya que el mito no cuenta lo que sucedió en el pasado sino lo que ocurre en el futuro— y cuál será el castigo reservado a quienes consigan poner su trono por encima de las estrellas2 (¡y volar por encima de las nubes!). Cómo será la fábula de la nueva transgresión —la fantasía del transhumanismo—, la locura de la ambición despótica y distópica y el remordimiento corrosivo que atormentará a los constructores de la nueva era.


Es probable que el escritor elegido imite el procedimiento narrativo que dio consistencia al relato de Babel. Así como el autor del Génesis evocó el zigurat de Etemenanki y la soberbia de los ingenieros palaciegos para escenificar el límite de lo humanamente aceptable, nuestro contemporáneo deberá encontrar un relato, una imagen, un argumento, que haga verosímil la dispersión psicótica de los humanos aterrados.


Es factible imaginar que el narrador del colapso civilizatorio encuentre en las investigaciones botánicas el más elocuente, deslumbrante y pedagógico de los casos ejemplares. Los biólogos y micólogos han observado el comportamiento del Ophiocordyceps unilateralis con el asombro que producen las desconcertantes articulaciones de la naturaleza. 


El caso en cuestión trata del hongo que organiza su vida alrededor de la hormiga carpintera. La acecha para infectarla, instalarse en su cuerpo y gobernar su comportamiento. El hongo la despoja de su miedo instintivo a las alturas, la saca de su hormiguero y la lleva allí donde el hongo quiere vivir: en la cumbre de las plantas más altas. El micelio obliga a la hormiga a anclarse con sus mandíbulas en la nervadura principal de la hoja y cose sus patas a la superficie de la planta. El hongo se expande en el interior de la hormiga como un órgano protésico, invade sus cavidades corporales, se enreda con sus fibras musculares y segrega las sustancias químicas que controlan su sistema nervioso central. Finalmente, el hongo devora el cuerpo de su huésped y hace que brote un tallo en su frente de tal modo que las esporas caigan sobre las cabezas de las hormigas que pasan por debajo.


El patrón biográfico de la hormiga carpintera anticipa la figura del ser humano infectado por el hongo que gobernará su mente, su voluntad y sus actos. El cíborg y el híbrido transhumano que se quiere fabricar mediante injertos y prótesis encontrará escrito, antes de perder el último aliento de su conciencia, el relato mítico de su destrucción. La imagen del hombre despojado de sus atributos por el instinto maquinal de un huésped homicida ilustrará el final de los humanos trastornados por la pérdida del sentido oculto en el reverso de las palabras.”

martes, 25 de agosto de 2020

LA TRINIDAD DIGITAL

Una gran parte del confinamiento por el ataque inesperado del virus de marras se lo ha pasado Arozamena leyendo las biografías autorizadas, publicadas en un solo volumen, de Bill Gates, Jeff Bezos y Mark Zukerberg, así por orden riguroso de nacimiento, titulado la Trinidad Digital. El monto de sus millones les otorga pleno derecho para formar parte del grupo conocido con el nombre de los CienMilMillonarios. Pero los biógrafos han preferido eludir este dato poco imaginativo y adentrarse mas bien en la senda que abre la pregunta no de los millones que tienen, sino que hacen con tanto dinero y que hace tanto dinero con sus vidas y las de sus familiares y amigos, que están bajo semejante influencia. De las tres biografías Arozamena, que como jefe de estudios del instituto donde trabaja lleva pensando en la vuelta a las aulas en el próximo curso desde el primer día del arresto domiciliario, es la de Bill Gates la que mas le ha interesado, no en balde es le padre de la Trinidad Digital, dejando Zuckerberg el papel del hijo y a Bezos el de espíritu amazónico o raraavis del triángulo. El interés hacia la vida de Gates se debe, sin embargo, a la opinión que de él tiene su mujer. En uno de los capítulos de la biografía, el autor reproduce las palabras de aquella a la pregunta que le hizo con anterioridad sobre como creía que pensaba su marido. Para ella el cerebro de Bill Gates es un multiprocesador de datos, es decir, una compleja red neuronal que tiene la extraña virtud de dar respuestas sencillas la complejidad del mundo en que vivimos. Define al hombre con quien ha compartido su vida como un tipo optimista, pues, como no podía ser de otra manera, dice la señora de Gates, es un facilitador de la sencillez del mundo. 

(...)

Arozamena piensa que aceptar que el mundo es simple y que el dinero guarda una relación de justicia con la inteligencia es fruto de un procesador más bien elemental. Y esa es, en buena medida, la manera de pensar de la comunidad educativa a la hora de enfrentarse a la vuelta a las aulas en el curso que viene. Por mas que ha repetido, una y otra vez, a progenitores y profesores y a los alumnos en edad de entender, desde que comenzó la pandemia (o como se quiera llamar a la enfermedad planetaria que vivimos), piensa Arozamena que la tarea de volver a las aulas no puede ser aceptada a la ligera. Pues de la misma manera que la Auténtica Ciencia Universal (no la que divulga la camarilla tecnócrata de Silicon Valley y aledaños) está ligada a la estructura, históricamente condicionada, de un alma profunda, también lo estuvo en su época la Auténtica Teología Universal. Para entendernos, Tomas de Aquino es a los beatos con las cuentas del rosario como Erwin Schrödinger (no Bill Gates) es a los usuarios con las teclas de los teléfonos móviles.

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Arozamena piensa que el macroprocesador cerebral de Bill Gates, y a través de su influencia el cerebro del todos los adictos a la tecnología digital, confunde la simplicidad del mundo con la búsqueda de la comodidad en la forma de estar en él. No es lo mismo, aunque llevemos muchos años auto engañados. Los progenitores siempre han visto en el sistema educativo vigente, en el que hay que incluir el subsistema de las actividades extraescolares, la manera más cómoda de traer hijos al mundo. Ítem mas, sin un sistema como el actual muchos progenitores reconocen públicamente que preferirían no hacerlo. Para entendernos, dice Arozamena, solo aceptan un sistema educativo y sus subsistemas de pago correspondientes que les faciliten ver a sus hijos dos horas al día como máximo. La explicación de la necesidad inaplazable de la vuelta a las aulas, que corre como la pólvora en la maraña de las redes sociales, la justifican sus divulgadores diciendo que sus hijos echan en falta a sus amiguitos de la escuela, lo que esta haciendo que hayan dejado de hablar. 

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Como es fácil deducir en esto Gates también tiene su influencia. Pues el cerebro del jefe de Microsoft piensa en términos de opuestos contradictorios, como si esa fuera la única manera de hacerlo. es decir, en plan dinero-inteligencia opuesto a pobreza-falta de recursos intelectuales. Gates cree que es rico porque es listo y considera que existe además una proporción en los términos. Por tanto, al igual que su alto profeta digital, sin olvidar, claro está, a sus compañeros de biografía,  los progenitores de la era educativa digitalizada piensan que entre la inteligencia y el dinero hay una relación de causa y efecto, que se vincula de forma oculta y profunda (esto último no lo dicen así, constata Arozamena) con el escaso tiempo tiempo de que disponen para dedicarlo a la educación de sus hijos, ya que tienen que ganar dinero para que sus vástagos puedan ser inteligentes en el mundo del mañana. A eso, dice Arozamena, lo llaman tener éxito en la vida, o lo que es lo mismo poner en práctica actitudes y dar la imagen propias del éxito. O dicho de otra manera, a eso lo llaman su manera de estar en el mundo.

jueves, 13 de agosto de 2020

LA HUELLA BRONTE

Desde que leyó por primera vez Cumbres borrascosas, de Emily Bronte, intuyó vagamente que el mundo que ahí se narra no tenía nada que ver con un pasado concluido sino con un presente inconcluible y, por tanto, con un futuro siempre inalcanzable. Luego vinieron, para acabar de rematar su convicción, la lectura de las biografías de las hermanas Bronte, Emily y Charlotte, a cargo de Winifred Gerin y Elisabeth Gaskell. Lo que Arozamena ha descubierto en los meses de confinamiento viral ha sido la falsedad que encubre al sistema educativo vigente y, por ende, la forma de vida de sus protagonistas que lo defienden con sus impuestos. Ha tenido que ser un agente ajeno e invisible a la realidad educativa, por decirlo así un ser ineducable, el que haya hecho una enmienda a la totalidad de los diferentes proyectos de renovación pedagógica, a cual mas progresista que el anterior, que han surgido en nuestro país durante este periodo de cuarentañismo democrático. De repente, con las tecnologías mas avanzadas al alcance de profesores, alumnos y progenitores, no sabemos, piensa Arozamena, como continuar la labor educativa que todo el mundo consideraba ejemplar, si nos atenemos al nivel de aquiescencia generalizado entre las partes, antes de la llegada del virus de marras. ¿Volver o no volver a la aulas? ¿Quedarse o no quedarse en casa? Son preguntas que los sesudos expertos del entorno gubernamental no saben como responder. Pero la cuestión fundamental nunca llega, pues no está en sus cabezas: ¿cuales son las preguntas que mejor convienen a la educación de nuestros hijos y alumnos? Únicamente insisten paranoicos (pueden ser de otra manera nuestros docentes y progenitores): el sitio y el horario y los contenidos y los objetivos. No son respuestas a tales preguntas, sino etiquetas para tranquilizar a quienes regentan las aulas y los hogares, que es por donde se pasea con toda impunidad el virus de marras. Es necesario rastrear y pensar la huella de la experiencia educativa ajena antes que ensimismarse con los papeles de los proyectos educativos propios, dice Arozamena, lector atento de la vida y obra de la familia Bronte, ademas de visitante emocionado de Haworth, pequeño pueblo de Inglaterra que fue el lugar donde ocurrieron los hechos memorables de aquellas

Cualquiera de los proyectos de renovación pedagógica actuales repudiaría públicamente, si así se lo pidiesen a sus redactores, la figura del reverendo Patrick Bronte, padre de las hermanas Charlotte, Emily y Anna. Seco, autoritario e inflexible en el cumplimiento de la moral victoriana imperante, servía, sin embargo, en bandeja de plata los diarios y revistas a las que estaba suscrito no solo para que sus hijas estuvieran bien informadas, sino, y esto es lo más importante, para que discutieran entre ellas y con él mismo  los diferentes pareceres de sus lecturas. En el mismo sentido, aunque se opuso a los colores de las botas o al uso de la seda en los vestidos de sus hijas por parecerle demasiado atrevidos, por ejemplo, nunca se opuso, mas bien lo alentó, a que sus hijas llevaran su imaginación hasta los confines que les pareciera mas oportuno en forma de escritos, cartas, cuentos, obras de representaciones de teatro, tertulias, paseos por los páramos, etc, etc. Arozamena lleva intentando reinventar el estilo del reverendo Bronte con las familias modernas de sus alumnos desde el primero día del confinamiento. Término a término a la moral victoriana se opone la amoralidad posmoderna de la clase media urbana; a la voluntad empírica  del reverendo de que sus hijas aprendan el desdén y abandono de los padres permanentemente ocupados que no saben que hacer con sus hijos, pues ahora están todo el día en casa sin poder asistir a las actividades técnicas extraescolares que hacía que solo los vieran dos horas al dia, ¡qué alivio!; a la desbordante y desconcertante imaginación comunicativa de las hermanas Bronte, la anticipada estructura robótica del carácter de sus alumnos incapaces de hablarse entre ellos cara a cara y de mirar al mundo, si no es mediante la interposición de un dispositivo a sus dedos pegado. 

martes, 11 de agosto de 2020

EN EL BARRO

 Arozamena lleva pensando, desde que empezaron las vacaciones del verano viral, en cómo será la vuelta al virus de marras en setiembre. Se despidió de sus compañeros de instituto el mismo día que las autoridades gubernativas dieron por finalizado el estado del alarma, y la vuelta a la aulas, dijo Arozamena dirigiéndose al claustro de profesores com jefe de estudios saliente, coincidirá con la nueva proclamación oficiosa de una nueva etapa para estar alarmados, al menos hasta después del invierno, y que también será nueva a mi entender para saber que hemos hecho mal para llegar hasta aquí. Al acabar su discurso se rió de manera oficial y alzó la copa para brindar de manera que todo apareciera inverosímil, así entendió que la farsa que estaban viviendo era la manera mas adecuada para conjurarse contra los peores presagios reales.

Arozamena se había dado cuenta, al poco tiempo de empezar su nómada y discontinua carrera de profesor de educación secundaria, que el proceso histórico que había llevado a la construcción de la figura del docente y de los progenitores modernos tenia una peligrosa naturaleza viral, que se había hecho patente con la emergencia y participación de la sociedad de masas en los asuntos de la enseñanza de subvención estatal durante los últimos cuarenta años. Y que no es exagerado afirmar que es el correlato civil de la emergencia del terror nuclear militar, la amenaza que sustituyó a la cólera de Dios después de la época de los grandes desastres que acompañaron a la Segunda Guerra Mundial. A este proceso histórico individual le ha acompañado, también al entender de Arozamena, un proceso de ceguera espiritual colectiva (el no querer ver o el mirar para otro lado) que ha desembocado en la construcción de una ideal material de la humanidad donde docentes, progenitores y alumnos han conseguido  acomodarse a los aspectos mas queridos de aquel ideal, es decir, aquellos que les han permitido repetir curso tras curso, así sea en el aula como en el hogar familiar, como si fueran los únicos privilegiados que hubieran alcanzado la meta. Es decir, como si ya estuviera aprendido o todo el pescado estuviera vendido y únicamente bastaba con entregarse a la ma explicita de las banalidades. La inteligencia había optado por el camino de la estupidez. Sin embargo, reconoce Arozamena y así se lo hizo saber también al claustro de profesores, la llegada del virus de marras ha dejado ver a las claras la falsedad que ha acompañado tanto a la construcción del docente, el progenitor y el alumnos modernos como al ideal de humanidad en donde todas esas figuras han acabado reflejándose y acomodándose.


La prueba de ello, les dijo Arozamena a sus compañeros, es que teniendo todos nosotros los medios tecnológicos y sociales a nuestra disposición, a saber, todos, docentes, progenitores y alumnos estamos conectados entres nosotros y lo estamos las veinticuatro horas del día, nos estamos enfrentando al virus de marras como si formáramos parte emocional y racional de una sociedad medieval. Toda sociedad viral esta formada en íntima compenetración por quienes contagian y los contagiados. La nuestra no es una excepción y sucede tanto con las redes sociales en intima compenetración con el virus de marras. No hay diferencia entre ellos, pues las relaciones víricas de las unas llevan a las cepas del otro, y viceversa. Bien es verdad que no de una forma mecánica y visible, pero es aquí donde está el peligro, enfatizó Arozamena en ese momento de su discurso, en una sociedad apegada con celo irrefutable a la vida material como la nuestra. Acomodados en nuestros nichos materiales, los protagonistas de la vida educativa sitiada por el virus de marras, o sea, nosotros, mas los alumnos y sus padres que no están aquí, permítanme que los llame cariñosa y activamente los felices ausentes, no nos hemos dado cuenta todavía que esos nichos donde vivimos empiezan a adquirir una cierta forma sepulcral definitiva.


Fíjense que he dicho acomodo material, no vida humana mejor, también pensado en los niños pobres de Brasil, a propósito de algo que leí el otro día mientras preparaba estas palabras que les estoy trasmitiendo. Como ustedes deben saber, me estoy refiriendo a los tristemente famosos meninos da rua, los niños de la calle. Estos niños son los que viven en las alcantarillas, y suelen salir al exterior por la noche para acercarse a comer a los cubos de basura. Pero esto no es lo importante. La noticia que atrajo mi atención la leí el otro día en un breve del periódico, por eso la traigo a este claustro de fin de curso, no fue por su forma de vida sino porque, al parecer, estos niños se drogan con barro. El símbolo material de la creación bíblica. El barro, que esta por todos los sitios y ni siquiera se tienen que levantar a cogerlo, evitando así ser atrapados por los traficantes de niños, tienen unos efectos narcotizantes que les permiten olvidar durante algunos minutos la realidad donde viven. Lo que les quiero decir para acabar, es que la esperanza espiritual se pierde en las situaciones extremas de la vida material, entonces solo queda el embotamiento. Unos en la cima y otros volviendo al origen. Felices vacaciones.

martes, 4 de agosto de 2020

LA PROSA

“Esta palabra no significa solo un lenguaje no versificado; significa también el carácter concreto, cotidiano, corporal, de la vida.” Milán Kundera


¿Podremos conversar en otoño? El virus de marras se ha colado entre la vulgaridad de las aglomeraciones humanas, produciendo la distancia necesaria que nos permita confiar razonablemente en el acontecer de la excelencia de cada conversador. Ademas tras la vuelta a las aulas el virus de marras las convertirá en lo contrario de lo que imaginaron los ilustrados. ¿Nos pondrá ese cambio de función de la educación, de emancipadora de la humanidad en contagiadora de los humanos, en mejor disposición de escuchar al otro? A lo mejor nos da, Dios te oiga, por hacernos entender entre nuestros semejantes.

(...)

La locutora de la radio hablaba mas o menos en estos términos mientras iba dando mi paseo matinal. La cita de Kundera fue lo primero que dijo nada mas comenzar su programa. Lo titula “Lo asombroso de la vida” y antes de dar los buenos días a la audiencia le gusta empezar con la cita de algún autor o autora que invite al radio oyente, es lo que yo supongo, no a relajarse sino a ponerse tenso como si estuviera al borde de un abismo, donde ella piensa, lo repite con frecuencia a lo largo de la dos horas que dura su programa, se encuentra el verdadero asombro de la existencia. Lo que mas me llamó la atención fue la coincidencia que se produjo esa mañana en que todo parecía refractario a cualquier tipo de armonía. Las palabras de la locutora sobre la conversión de la educación en referente de contagio de seres humanos concretos en lugar de emancipación de la humanidad en general, como había sido la creencia hasta la invasión del virus de marras, se produjo al mismo tiempo que pasaba caminando a la altura del colegio en el que me habían contratado en la escuela municipal para cubrir la vacante, durante el primer trimestre del curso que viene, de un profesor que estaba de baja por efecto del contagio vírico imperante. Lo primero que hice, por instinto de supervivencia, fue alejarme del colegio y dirigirme con rapidez hacia el campo colindante, donde cambié la emisora de radio y puse otra donde John Coltrane tocaba una de sus famosa piezas, A Love supreme.

(...)

Si los mandos a distancia son capaces de cambiar de canal desde la butaca donde te encuentras, me dije mientras me alejaba del colegio en el que trabajaría en un mes y medio, con mayor razón las palabras de la radio que entran directamente por las orejas podrían tener un efecto inmediato sobre el oyente. La locutora había mencionado al mismo tiempo, por un lado, el destino contagiador de la educación pública, ahora por causas víricas infantiles y no pastorales adultas, y, por otro, se preguntaba si sería posible, en tales condiciones, la conversación pública en otoño. Ese baipás, solo posible mediante el juego de las ondas, hizo que saliera corriendo a oler el aroma de la naturaleza mientras escuchaba los sonidos espirituales de Trane. 

(...)

¿Como era posible plantear tal disyuntiva, sin empezar a sentir el vértigo del abismo, aunque fuera tras la impunidad aparente que siempre me ha trasmitido la radio? Después de haber encumbrado a la infancia, para ocultar la corrupción ética actual del ser adulto, a lugares impropios de su edad e inocencia, ¿como iban a admitir sus ecumbradores (padres y profesores), sin acusarse del estropicio que la conducta irresponsable de sus vástagos y alumnos por ellos subvencionada acabaría siendo, al fin y a la postre, la que está enterrando la esperanza de la conversación entre sus mayores. Podremos conversar en otoño, repetí como un mantra las palabras de la locutora, cuando creí encontrarme a salvo entre arbustos y pinos piñoneros. Sin duda, me respondí, siempre y cuando lo hagamos fuera del área de influencia contaminada de la escuela y la familia, y la de cualquier entramado de relaciones de poder hoy establecido. Pues uno de los efectos colaterales de la infantilización de la vida adulta, ahora doblemente contagiada, es la pérdida de su prosa y, por tanto, como dice Kundera, de su carácter. A lo que hay que añadir que ya no es posible el espectáculo de semejante farsa familiar y educativa. La distancia, ¡ay!, hay que respetar la distancia ahí mismo donde nos encontremos.

miércoles, 15 de julio de 2020

MUTANTE

La carta del email decía, mas o menos, que volvemos a la carga dado que estamos de acuerdo en que nos apetece vernos las caras después de tanto tiempo aislados por el virus de marras. Así que si os parece quedamos debajo de la estatua que la municipalidad ha levantado en honor del ángel caído. Algo insólito, tal y como lo pensó Telmo al leer el email, si se tiene en cuantía la tradición confesional de que es deudora la clase política municipal, sea de un color o de otro. Durante los días siguientes los destinatarios del email fueron contestando de forma convencional, sin mostrar un entusiasmo especial dada la excepcionalidad de la convocatoria, aceptando unos la invitación y disculpándose otros por razones personales explicitadas únicamente en el caso de que su ausencia se debía a que no estarían en esa fecha en la ciudad del ángel caído. Solo Telmo disculpó su ausencia añadiendo su preocupación, que pretendió ser irónica a riesgo de no ser del todo entendido, por el lugar elegido para formalizar el encuentro entre los asistentes como paso previo para ir después a alguna terraza cercana. Desde la frontera (fueron la primeras palabras de Telmo en su email, pues es el lugar donde vive habitualmente), todo el día me encuentro embozado, solo con el alivio de alguna escapada a la France donde enmascararse en público no es obligatorio. Ya de paso os recuerdo que Francia celebra hoy su día grande (14 de julio), pero sin perder el temor al bicho pequeño. Metáfora cabal del mundo que viene. Si Napoleón levantara la cabeza..., es que La Grandeur ya no es lo que era. Abrazos y cuidado con el diablo donde os habéis citado, seguro que no lleva máscara. No hace falta insistir que no podré estar ahí para comprobarlo, dado lo lejos que me encuentro. Que los paséis bien sin contagiaros.
(...)
La base conspirativa de la naturaleza humana sobre la que se fundan nuestras creencias y nuestras ideas es algo a lo que Maquiavelo le otorgó un estatuto respetable y práctico dentro de la filosofía política occidental en su obra mundialmente conocida, El Príncipe. Aunque desde los inicios del pensamiento cristiano el diablo era el gran conspirador para imponer el Mal entre los seres humanos, alejándolos del Bien que representaba el camino hacia Dios. No funcionaba, por así decir, dentro del marco o campo de juego de las predicciones políticas, mas bien iba siempre a su aire aprovechando el vacío legal que el dominio del Vaticano sobe los asuntos terrenales le permitía. Pero a partir de la obra del autor florentino, que inspiró a los grandes filósofos de la política del siglo XVII, la futura imagen del diablo mutó y se instaló entre los tejemanejes de los seres humanos en sus quehaceres políticos, que cada vez eran mas complejos y laicos, si no al margen del camino de Dios si mediante la invención de alguno de los atajos que cada vez eran mas frecuentes entre los conspiradores políticos y sus cómplices.
(...)
La noticia la leyó Telmo en uno de los periódicos locales, pero se hizo viral en las redes sociales días antes de la implantación del estado de alarma por las autoridades competentes. AL parecer, la mano derecha de un muerto en accidente tráfico, que había sido trasplantada a otro que había sobrevivido al mismo accidente pero que había quedado mutilado de aquella misma mano, empezaba a dar signos de indisciplina en el organismo de su reciente receptor. Como si añorara, decía una de los comentarios, a su antiguo dueño. Y es que la necesidad inaplazable de tener una identidad sin que haga falta tener al mismo tiempo, por decirlo así, un relato verbal ordenado acorde con aquella, como había pasado hasta hora, sino únicamente un cuerpo cualquiera donde alojarse forma parte de la identidad, valga la redundancia, de los tiempos digitales y víricos en que vivimos. Así el diablo puede alojarse en cualquier hueco que la pereza o la vanidad humana ha dejado libre creyendo que ya estaba por completo amortizado. Y desde ahí saltar, como hace el virus de marras, sobre el primero que asome meta la nariz donde no le llaman.

viernes, 12 de junio de 2020

CÓMODO O MEJOR

Volver desde casa a la nueva normalidad de la calle establecida por los expertos, dando así por concluido el viaje que emprendimos hace ya tres meses, supone volver, a mi entender, de lo cómodo dentro de la jaula a lo mejor que pueda existir ahí afuera en el mundo. Uno de los descubrimientos mas notables de este viaje ha sido que lo empezamos acostumbrados a la cartografía de lo cómodo y nos tenemos que mover en la nueva normalidad con la cartografía de lo mejor, que desconocemos ya que todavía no esta publicada. La cartografía de lo cómodo sabemos a donde nos lleva: a la cacofonía propia de egos que no dejan de hablar en proporción directa a su falta de entendimiento. La cartografía en el mundo de ahí afuera nos abre una horizonte de inteligibilidad en el que esos egos, por fin, no tendrán la última palabra. A esto llamo yo lo mejor de la nueva normalidad frente a aquello, lo cómodo, de la antigua.
(...)
La madre y el padre trabajan  como profesores en un instituto de secundaria, lo que les permite vivir siempre protegidos dentro de la jaula de sus conocimientos especializados, matemáticas ella literatura el, que repiten como dos loros curso tras curso desde hace ya más de diez años. Sin embargo, inesperadamente, a partir del parón docente debido la virus de marras, han descubierto con sorpresa que se han acomodado al mundo al descubrir entre las cuatros paredes de su casa todo lo que no es tangible o contable o medible o determinado, dentro de esa rutina profesional enjaulada. Un acomodo que lleva incluido la oposición o indignación contra la imperfección material o visible de lo que hasta ahora los amparaba. Que se sepa no consta noticia, ni en las redes sociales ni en sus conversaciones en los claustros del instituto, que tan colosal descubrimiento se lo hayan hecho saber a sus vástagos y alumnos.

miércoles, 10 de junio de 2020

UNAS CAÑITAS

No hay mejor expresión, dentro de la gramática del cotilleo, que te convoquen a una reunión para tomar unas cañas como puerta de entrada a todo lo demás, que en términos de ese género tan humano no suele ser otra cosa que arreglar o apañar el mundo y a continuación volver a casa llenos de la tranquilidad que da el pensar que así nos gustaría que fuese. Dicho todo esto en términos genéricos y sin preguntarse nunca que es eso que nos convoca o nos impulsa a hablar. Por ejemplo, si surge en la conversación las condiciones laborales posteriores al confinamiento viral, a nadie se le ocurrirá explicar que es hoy un puesto de trabajo digno. Se da por sabido de antemano por todos los asistentes. Telmo, que es a quien han convocado a tomarse unas cañitas con los colegas del club de lectura al que asiste con frecuencia, no quiere darle al género del cotilleo un tono peyorativo. Telmo piensa que es el género base de la literatura, pues se practica de forma natural e inevitable desde que el ser humano dejó de ser nómada y optó por el sedentarismo como forma mejor de la subsistencia de le especie. Desde entonces y de forma ininterrunpida, los hombres por un lado y las mujeres por otro han venido practicando y poniendo al día de forma creativa el genero del cotilleo. Las reuniones de los hombres, que casi siempre han sido en la taberna, los antropólogos, dice Telmo, lo han denominado fratrias de compadres. Las reuniones de mujeres, que siempre han sido en casa o alrededores dependiendo del clima estacional, los antropólogos lo han denominado patio de comadres, nombre que también ha recogido la literatura de costumbres. Así que las fatrias de los compadres y el patio de las comadres son los dos modelos que durante siglos y siglos ha adquirido el género del cotilleo. Y es ahí donde se ha mantenido vivo el lenguaje llamado de costumbres. Solo con la llegada de las redes sociales, que ha tomado el relevo de esa tradición del genero cotilleo, se puede empezar a hablar de un declinar preocupante de lo que hasta ahora ha sido, al entender de Telmo, la esencia primordial del lenguaje humano. Es la velocidad y la falta de delicadeza y elegancia de aquellas, lo que puede acabar con el estilo propio e irreductible del genero cotilleo, arrastrando en su declinar a la propia literatura.
(...)
De repente, llegó el virus de marras y mandó parar, como aquel comandante barbudo que aseguró que la Historia con mayusculas lo absolvería. Aunque nunca dijo de qué. Antes del virus de marras y mientras vivió el comandante barbudo, existió el período llamado de bienestar en el que estábamos acostumbrados a las distancias que la forma de salir de casa y de volver a casa dibujaban en nuestro horizonte, dice Telmo. Así éramos expertos en las amenazas y las complicidades que nos acompañaban, en la impaciencia de la espera y, como no, en las picardías de los atajos. Antes todo era visible, medible, contable, determinado, en fin, predecible e inteligible. Todo era, por decirlo así, como en el siglo XIX, aunque con los avances políticos, individuales, sociales y técnicos propios del siglo XXI. Más o menos, podíamos asegurar, que éramos felices. Pero, de repente, con el virus de marras llegó también lo invisible, lo indeterminado, lo impredecible, lo inacabado, lo irresoluble, en fin, lo ininteligible o lo no inteligible al primer golpe de ojo o de oído. De repente llegó el futuro, del que nos estaban avisando los diferentes vanguardistas científicos, psico-sociales y artísticos desde hace más de cien años. Por resumirlo de forma rápida, hoy, aunque nos parezca mentira, la distancia más corta entre dos seres humanos ya no es la línea recta, porque el altivo Yo moderno ya no depende de si mismo, sino de un extraño y enmascarado llamado Otro. Todo lo cual, de momento, nos da para decir que no somos del todo infelices. Que, al entender de Telmo, es razón suficiente para no quedarse en casa y salir de nuevo a la calle, a tomar unas cañitas con los colegas del club de lectura. Sea pues.

martes, 9 de junio de 2020

VOLVER: ¿A DONDE?

Conviene no olvidar que todo viaje acaba siempre en el mismo sitio: el lugar de donde se ha de volver. Estábamos acostumbrados a volver de viaje a casa, no a volver del viaje desde casa. El caso es que en esta ocasión nuestro viaje empezó un día, hace casi tres meses en nuestra casa, pero, sin abandonar ni un día sus cuatro paredes, acabará cuando volvamos a salir a la calle dentro de la nueva normalidad, que las voces autorizadas pregonan a todas horas. Os dejo dos citas con las que me he tropezado esta mañana, que me perecen de interés llevarlas en cada uno de los hemisferio del cerebro o de los pliegues del alma (según la filosofia existencial de cada cual), una vez que todo lo del virus de marras acabe y empiece la vuelta a la nueva normalidad, que no será otra cosa que salir a la calle normalmente como nunca antes lo habíamos hecho. 
(...)
Aristóteles: “No es bueno que cada ciudadano se considere a sí mismo como cosa propia: todos deben pensar que pertenecen a la ciudad porque cada uno forma parte de la ciudad”
Heinrich von Kleist : “Para ser hombre verdadero hay que estar lejos de los hombres”. 
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Si os fijáis las palabras del filosofo griego, que fueron dichas dentro de la cosmovisión antigua del mundo, hoy inexistente, evocan algo que no ha existido nunca. Mientras que las palabras del poeta romántico alemán, dichas dentro de la cosmovisón moderna a la que nosotros pertenecemos, transmiten una hostilidad entre lobos y hombres, que no deja de amenazarnos desde siempre.
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No obstante ante la cita de Aristóteles cabria preguntarse, ¿a qué ciudad debería pertenecer ese ciudadano para ser merecedor de tal nombre? Y ante la cita de von Kleist cabria también preguntarse, ¿qué distancia entre los lobos es la más apropiada para que un solo hombre llegue a ser verdadero? 
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En fin, ¿a qué lugar debemos regresar, después del viaje dentro de nuestra casa, para poder medir esa distancia con la certeza de no equivocarnos nunca? ¿Sería a la ciudad que solo existe en la imaginación de Aristóteles? ¿O seria a una ciudad sin toda la “inteligencia” que tiene incorporada la de hoy en día, tal y como puede que la imaginara von Kleist?

lunes, 8 de junio de 2020

AMONTONAMIENTO

Coincidiendo con el final próximo del estado de alarma que llevamos padeciendo para protegernos de la peste digital, tal y como nos dicen, Telmo ha leído en alguna revista no del todo generalista ni tampoco del todo muy especializada, que según la experiencia vivida en estos tres meses de encierro obligatorio, al entender de los que tienen que decir algo sobre la nueva distancia social entre humanos, el amontonamiento propio del ocio cultural (aquí no se contempla el amontonamiento educativo, que tiene otro impacto en la sociedad de masas), al que los humanos de estos pagos somos tan aficionados, aunque seria exagerado afirmar que está en vías de desaparición si ha sufrido un duro revés en alguna parte importante, todavía por determinar, de su naturaleza inherente. Uno de los que se ha dado cuenta de ello, tal y como consta en la revista que ha leído Telmo, es el arquitecto de Rotterdam afincado en Nueva York, Rem Koolhaas. Volver la mirada al campo es un clásico en situaciones de este tipo, haciéndonos ver que allí el infierno urbano por amontonamiento no existe. Pero también han aparecido otras posibilidades, fruto de la experiencia pantallista que hemos tenido en estos días.
(...)
¿Cual es la naturaleza inherente a un concierto de música sinfónica, una corrida de toros, una peli, un partido de fútbol, un partido de tenis o una partida de billar o de futbolín, etc.?, se pregunta uno de los articulistas en la revista dice Telmo. ¿Valdría como respuesta, una orquesta con su director al frente, un toro y un torero, un tema y un argumento, once futbolistas contra once futbolistas dándole al vejigo, uno contra uno dándole a una bola en una cancha con una red mediante, o en una mesa rectangular de fondo verde? ¿O la naturaleza intrínseca de la música sinfónica, los toros, el cine, el futbol, el tenis, el billar, etc., es también tener a un conclomerado de espectadores y oyentes, mas o menos educado y ruidoso, que los vea y escuche y aplauda en directo? ¿O esto último es un efecto consentido cuando no hay virus de marras, como gastar mas de lo que uno gana lo es cuando circula el dinero a espuertas? ¿O es un efecto insoslayable, añade Telmo, que se convierte así en parte de la esencia de la música sinfónica, el futbol, lo toros,  el cine, el tenis, el billar, etc.? O dicho con otras palabras, ¿la magia de los espacios del amontonamiento humano, son parte de la naturaleza inherente a lo que se dirime en el escenario que esta en frente o en medio, según los casos, de ese espacio donde nos amontonamos? Concluye por su cuenta Telmo.
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Sin embargo, los datos son tan elocuentes como tozudos. El negocio cultural ya nos está en esos espacios de amontonamiento, sino en las cuotas de las diferentes pantallas que los transmiten en directo o diferido. Hoy hay mas espectadores, por ejemplo, viendo un partido de futbol que en el campo desde donde se trasmite. Si no salen las cuentas, por ejemplo, en el teatro, el cine, la danza,... el Estado afloja la guita, al menos en España.
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La magia - que no olvidemos tiene una naturaleza de procedencia ancestral y, por tanto, predemocrática - de ocupar un lugar en un auditorio de música, una sala de cine, un campo de fútbol, una plaza de toros, etc. se ha ido desnaturalizando en el ámbito de las prácticas democráticas cada vez más masificadas. Esa magia, digámoslo así, se aviene mal, paradójicamente, con la tendencia al amontonamiento de la emocionalidad democrática. O dicho de otra manera, dice Temo, la sociedad democrática al igual que no puede aceptar de ninguna de las maneras la esclavitud de épocas predemocráticas o ancestrales, tampoco puede aceptar, sino es aceptando su lado elitista o antidemocrático, la naturaleza propia de la magia de aquellas. Asistir a un auditorio de música, una sala de cine, un campo de fútbol, etc será un acto aristocrático, o no será, como es comer en un restaurante de tres estrellas michelin, en lugar de hacerlo de un McDonalds.
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Para acabar, subraya Telmo lo que se pregunta un joven arquitecto español de edificios inteligentes, ¿El desamontonamiento del ocio cultural es la primera impugnación a la naturaleza de la democracia tal y como la concibieron sus padres fundadores? Entonces, ¿la desmasificacion del ocio cultural es un acto de afirmación democrática o es el primer gesto de la etapa post democrática o, como dicen los politólogos, de la democracia iliberal? Esto es, la vuelta a la vida pública de los hombres fuertes, mientras los ciudadanos se quedan en su casa privada para luchar contra la manía de amontonarnos.

viernes, 5 de junio de 2020

EL DÍA D

Cuando se despertó, Telmo notó una molestia en la garganta, que se hacia mas ostensible al tragar la saliva. Como era el 6 de junio, el día D en que se produjo el desembarco de Normandía, pensó que tenía que ver con ello. Cada año, inexplicablemente, ese día amanecía con alguna dolencia física que no tiene relación aparente con la parte del cuerpo donde notaba los síntomas. La única explicación que se le ocurre tiene que ver con su particular relación con el episodio que ocurrió en las playas de Normandía, norte de Francia, hace mas de 70 años. Este año, reconoce, la efemérides está condicionada por el desembarco del virus de marras hace ya tres meses, que ha producido en la conciencia de Telmo una acercamiento inesperado de lo infinito. Lo cual le ha llevado a imaginar con mas claridad el sentimiento que acompañó a los soldados, horas antes de que se produjera el desembarco. La cercanía de la muerte aviva en el ser humano la conciencia del mas allá. También, supone Telmo, un sentimiento opuesto de miedo y felicidad. Lo que ocurre es que en la sociedad actual ese sentimiento es difícilmente exportable, una vez que desaparecen las condiciones que lo provocan, a la nueva normalidad recuperada de la vida cotidiana. Quedando así, en la memoria colectiva, como una mera estadística referida a los muertos que han caído en combate. Menos aun, dice Telmo, como ejercicio intelectual después, por ejemplo, de leer un libro o ver una película. El infinito desaparece como fecha del calendario (ese día que lo percibimos tan cerca de nuestras vidas) y como referencia de nuestro existente (ese horizonte de inteligibilidad que se ha quedado con nosotros como opción del alma). Sin embargo, no todo desaparece en el carril de la Historia con mayusculas que pretende colonizar todo lo que se mueve. Queda la huella del día D en la retina y de la visón furtiva del infinito en la conciencia de quien se ha levantado con la dolencia física inesperada, tal y como lo entiende y lo justifica Telmo al cabo de una horas de estar despierto y a punto de iniciar el trajín cotidiano de cada día. Es por lo que Telmo ve necesario salir de la ebriedad tecnológica presente, como nuestros antepasados medievales debieron de sentir el impulso de abandonar la ebriedad de Dios que los estaba consumiendo, paradojicamente, con los mimbres iniciales  de la ciencia que nos ha llevado a sus descendientes a la borrachera tecnológica que padecemos. Una paradoja que nos debería hacer pensar en el día D, que para Telmo no hay día que no lo sea en alguna de sus horas, sobre los atajos de quienes mas se encuentras atrapados en ese, digámoslos así,  coma tecnológico que, más pronto que tarde, acabaran cogiendo y arrastrando a sus clientes con ellos a cuenta de su irresistible imagen seductora (pulsión erotica) para llevarnos al abismo (pulsión de muerte). No es algo por venir, concluye Telmo, es algo que ya ha sucedido varias veces desde entonces. Después de beber el primer café, Telmo se dirigió a la farmacia para consultar su inesperada dolencia. Él farmacéutico le recetó un antiestaminico y le preguntó si padecía alergia estacional. Telmo respondió que no, aunque  aclaró que si era propenso a la astenia primaveral. El farmacéutico insistió en su receta, y recomendó a Telmo que estuviera en observación unos días. Al día siguiente del día D, Telmo notó al levantarse que la dolencia inesperada de la noche anterior había desaparecido. Es asombroso, pensó mientras caminaba hacia la oficina, como unos sentimientos tan profundos como son los que se despiertan cuando estamos cerca de lo infinito, puedan estar acompañados, en la mayoría de las personas de hoy, de una absoluta falta de imaginación.

martes, 19 de mayo de 2020

MUCHO PEOR

Resulta que mi panadera de cabecera me lo dijo el otro día: el mundo en el que viviremos después del virus de marras será peor que el anterior, hace solo un par de meses y medio. No dijo mi mundo, sino el mundo. Resulta, también, que mi panadera de cabecera tiene estudios, pero no encuentra trabajo. Tengo la sensación que el mundo le parece infinitamente grande cuando habla solo consigo misma.
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¿De quien es la experiencia de mi panadera de cabecera que le hace hablar con tal suficiencia? Hecha la pregunta así lo primero que me respondió mi panadera fue que su experiencia es suya, nada mas que suya. Aunque mas tarde me fijé con mas atención en sus palabras, y aunque me habló con máscara interpuesta, probablemente estuviera confundiendo su experiencia con el lado literal de su biografía: Mujer joven con estudios que vende pan por las mañanas de 8 a 14 horas. Desde este punto de vista no le discuto a mi panadera de cabecera que su biografía es solo suya y, por tanto, distinta de la mía, y la una y la otra distintas a su vez de las biografías de los distintos clientes que esperan cola en la puerta de la panadería para evitar el amontonamiento. Y que todas ellas entre sí, así vez, son intransitivas. Es decir, incomunicadas e incomunicables dentro de la jaula mental donde vivimos, la panadera y sus clientes.
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Ahora bien, si mi panadera de cabecera entiende la pregunta como el impulso para salir de esa jaula, y también como el punto de arranque de su aprendizaje fuera de ella, la experiencia de mi panadera de cabecera es básicamente delegada, es decir, la vivida por quienes elige como compañeros de viaje, que se convierten así en el itinerario de su viaje fuera de la jaula. Su aprendizaje será, entonces, saber que han aprendido los compañeros de viaje con sus ideas, prejuicios, creencias, etc. Ahora no cuesta nada deducir que lo que impresiona y percibe mi panadera de cabecera lo hace por relación con su aprendizaje fuera de la jaula, que no es otra cosa que experimentar lo de los otros. Pues cabe la posibilidad que descubra  que le puede impresionar lo que le ha sucedido a otra persona con mas fuerza que si le hubiera sucedido a ella misma. Por tanto, forma parte de la panadera todo lo que experimenta, toda la experiencia que ha asumido.
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Llegados hasta aquí, fuera de la jaula y camino de la cabaña donde se supone que mi panadera de cabecera reflexionará sobre todo ello (las mejores ideas de siglo XX se imaginaron dentro de una cabaña, alejados su autores del síndrome de la jaula), ¿qué es lo absolutamente necesario para que los otros la escuchen y ella los escuche a ellos, para que el mundo, sin dejar de serle infinitamente grande, les sea a todos parcialmente inteligible? Que cada cual se sumerja en la experiencia del otro. Ya que la propia experiencia puede ser compartida con los otros, pero no se puede experimentar con otros, pues su carácter, como dije antes, es lo propio de lo estrictamente biográfico y básicamente intransitivo o incomunicable. Prueba a compartir, le dije a mi panadera de cabecera, un dolor de muelas o de cabeza con el ser que uno mas quiera, observaremos que el otro o la otra se pone triste, o se desespera, pero que no le duele en el mismo sitio y a menudo ni siquiera le duele.
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¿Que es el síndrome de la jaula?, me preguntó mi panadera de cabecera. Que te den un papel para que pintes lo que ves desde allí dentro y sólo pintes barrotes.

sábado, 2 de mayo de 2020

BABY BOOM Y VIRUS

Escribe FRANCISCO FERRER LERIN:
“A los natalistas recalcitrantes les alegrará saber que, en nueve meses, llegará un nuevo baby boom, fruto de ese antiguo método para conjurar el aburrimiento. Y aquí surgen dos temas a explorar, el aburrimiento como el mayor de los problemas de la raza humana, y el resabio neandertal del temor a que la tribu mengüe. Son situaciones simples, el hombre y la mujer, juntos, sólo saben hacer una cosa, quedando todo lo demás, conversación, complicidad, adjudicado al gratificante trato con el mismo sexo (véase la expresión desespereda de los veraneantes, contando los días que les faltan para reintegrarse a sus quehaceres cotidianos de trabajo, fútbol y chismorreo); y, por otra parte, la babosa pasión por los bebés, el nervioso alarido que sitúa a las mujeres y los niños primero, el disgusto ante el fallecimiento de seres queridos o simplemente seres humanos, constituyen un llamativo cuadro de señales que podemos relacionar, sin correr excesivo riesgo, con una equivocada estrategia, la que ignora, o quiere ignorar, que a la humanidad le sobran piezas, que la necesidad imperiosa de aumentar el número correspondía a cuando éramos pocos y la clave del éxito se cifraba en la cantidad para así domeñar a la naturaleza, entonces nuestro enemigo.”  

lunes, 13 de abril de 2020

NÚMEROS Y PALABRAS

Con los números y las palabras zascandileando sin desmayo de aquí para allá durante este encierro (o arresto domiciliario), 
¿Donde se encuentra el horizonte de inteligibilidad de nuestras decisiones, sean estas de índole mental o corporal?
En el pasado
En el futuro
En el presente
En casa como en ningún sitio, pero nada a corto plazo
Fuera de casa en cualquier sitio, pero nada a largo plazo
¿Quien habita ese supuesto horizonte de inteligibilidad?
Yo mismo, para que alguien mas.
Nadie, pero la astucia de la razón me dice que espere a alguien ¿Le llamo el estado actual de mi FE? 
Nadie, pero la razón sin astucia me dice que no espere a nadie, ¿Le llamo el estado actual de mi INCREDULIDAD?
Vislumbro entre sombras al otro y lo otro, y me doy cuenta de que es radicalmente diferente a mi mismo, lo cual hace aparecer ante mi una extraña sensación desconocida. ¿Le llamo el estado actual de mi ESPERANZA?
También, 
Con los números y las palabras zascandileando de aquí para allá, ni siento ni padezco ni espero. Sencillamente sigo ahí, sin moverme, donde he estado siempre. Sin horizonte ni sombra.

jueves, 9 de abril de 2020

PESADILLA

Cuando fui niño los curas vaticanos me enseñaron la magnanimidad del bien.
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Muchos años después los filósofos existencialistas me enseñaron la banalidad del mal y que el ser se presentaba huyendo.
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Casi simultáneamente algún pensador oriental, que se cruzó en mi camino, me enseñó que la nada no es lo mismo que el vacío.
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Luego vinieron los banqueros y le dieron la razón a los curas y a los filósofos, y me dijeron que, efectivamente, los artefactos financieros donde el dinero se hacía invisible lo eran todo, y que ese todo era el tuétano del ser, y que por supuesto se presentaba huyendo.
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Y ahora estoy aquí, “no en casa como en ningún sitio”, sino encerrado bajo el imperativo de un innovador arresto domiciliario, sin saber que es el bien y mal, el ser y la nada, y donde ha huido el dinero. 
(...)
Lo que más angustia es que si algún día me levantan el arresto domiciliario, solo pueda salir a la calle bajo el imperativo de una libertad condicional desconocida. Y que grite si hay alguien por ahí, y nadie conteste. Y que eso sea para siempre.

lunes, 6 de abril de 2020

EL MURCIÉLAGO

Nadie le ha explicado todavía al arrestado la Técnica de la Mezquindad. Consiste en lo siguiente: se empieza por mirar de lado y luego se apedrea al diferente hasta que la muerte civil y la llamada opinión pública, más la publicada, acaba con su crédito. Los aplausos de las ocho de la tarde no logran disimular esta amenaza que padece el arrestado, mas bien le dan una función que su arresto le ha arrebatado (función que si conservan los sanitarios, los enfermos y los que ya han muerto, a los que desde su balcón apoya), la cual alivia en parte su condición de arrestado de la que solo sabe que va en serio. Ahora bien, desde el primer día de después del arresto iremos viendo el alcance de ese estigma inexplicable, en las estadísticas del paro o en la lista de espera de las instituciones sanitarias.
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Nadie le ha explicado tampoco al contagiado del virus de marras la Técnica mediante la que corroe el desasosiego. ¿Tan difícil es entender que un contagiado del virus de marras deja de estar en paz consigo mismo, con su tierra, con su mundo, y, mientras está contagiado y aun después, no está nunca contento con lo que ve y hace la gente que él considera los suyos y menos con los que califica como los otros?
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¿Tan difícil es entender que la verdadera peste es la mezquindad que ocupa a la entera vida social (más mezquina cuanto más social se empeña en aparentar ser) de donde provienen tanto el arrestado como el contagiado?
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Ayer porque se creían que no sabían nada se refugiaban en los confines de un silenciado impenetrable. Hoy porque se creen que lo saben todo se mueven de forma histérica hacia un horizonte que piensan es solo suyo y, por ello, se creen merecedores de su conquista. En cualquier caso, tanto ayer como hoy la cultura occidental no ha dejado de producir mentes monologuistas, ya sea mediante su largo y rencoroso silencio como con su corta pero abrupta charlatanería. Ahí reside, a mi entender, el fundamento primordial de la mezquindad. Solo si salimos de ese imperativo temporal que decide que el ayer es contra el hoy, y el hoy y el ayer contra el mañana, podremos, tal vez, reconocernos los unos a los otros en “lo que sucede siempre” mediante el diálogo incondicional y afectuoso.
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Pareciera que de este sofrito informativo que nos preparan cada día, con meticulosa puntualidad, los jefes de cocina de la otra pandemia que padecemos los arrestados, pareciera, digo, que cocineros y arrestados fueramos apachas en saber lo que esta pasando. ¿Como es que un murciélago ha conseguido hacer hincar la rodilla a la sociedad más tecnológica (que, al entender, de sus mas entusiastas militantes, es lo mismo que decir mas informada, que es lo mismo que decir mas moderna y sabia), sin que lo hayamos previsto o provisionado con suficiente antelación para tomar las medidas oportunas? 
(...)
Si sabemos sobradamente, por imperativo de la razón digital (última encarnación de la Razón Hegeliana, madre de todas las razones que desde entonces han sido) que las migraciones son hoy uno de los fundamentos de la razón económica mundial, ¿como es que no hemos previsto encauzar, desde la atalaya insuperable de esa misma razón digital, las enfermedades que se iban a movilizar acompañando a los cuerpos de los emigrantes, que seguro iban a contaminar a los cuerpos de los nativos de su país receptor? 
(...)
Ayer fueron las ratas las transmisoras de la peste medieval, hoy son los murciélagos los transmisores de la peste digital. Ayer los que vivían entre ratas lo sabían, pues las veían deambular continuamente por las calles, los establos y en las casas, pero también sabían que eran sus pecados los que habían hecho que aquellos bichos contagiaran sus formas de vidas desconocedoras, por otro lado, de cualquier intencionalidad higiénica. Hoy solo sabemos de los murciélagos por los documentales y en nuestras vidas el pecado ha sido sustituido por la higiene y el culto a la salud corporal. De ahí el lamento generalizado, ¿qué hemos hecho nosotros para merecer esta peste? No se dice, que hemos hecho mal, porque sin la idea del pecado tampoco se convive con la idea de la culpa. Y la Ciencia, por mucho que se lo proponga, no puede sustituir en estos casos la función o la gramática de Dios. Entonces, ¿cómo vamos a salir de ésta? Unidad Global, gritan los cocineros a los arrestados.

viernes, 3 de abril de 2020

COVID_19 Y MOBY DICK

Estamos demasiado acostumbrados a quejarnos o indignarnos de la banalidad y mezquindad que se ha ido colando en la sociedad en la que vivimos, pero sin darnos cuenta que la dimensión mas acertada de esa banalidad y esa mezquindad nos las da justamente quienes tenemos al lado, tipos y tipas a los que decimos que queremos porque son familiares o amigos o compañeros de trabajo nuestros. Es decir, que mi decisión tiene un valor añadido y hasta excluyente por el el hecho de que la he tomado yo, en ningún caso porque abra las condiciones de posibilidad para dar la palabra a quien me escucha o mira. Sin embargo, si nos fijamos con atención, no puede ser del todo así (nuestra elección como valor añadido), digo, pues no podemos sacar aquellas conclusiones de banalidad y mezquindad de la sociedad que verdaderamente nos aflige (pues no pongo en duda que la aflicción si es autentica) de meras abstracciones desligadas de todo vinculo o asociación con nuestra experiencia cotidiana, que son los que activan o ponen marcha lo que realmente somos no tanto lo que debemos o aparentamos ser. Creo que esta actitud, bastante habitual en su práctica de ignorar lo que no afecta (de ahí la aflicción), es el principal foco de contagio de la banalidad y la mezquindad reinante. Y de su aflicción individual consecuente.
(...)
Esta forma de relacionarnos con lo invisible o con lo indeterminado o con lo que nos excede, bien porque es mas grande que nosotros, bien porque no lo entendemos me trae a la memoria la ballena blanca mas famosa, Moby Dick, para relacionarla con el ya indiscutible virus más mediático de la historia de la enfermedad humana, COVID_19. Dos casos que, con mas de ciento cincuenta años entre ellos y una procedencia distinta (la ballena es un personaje de ficción y COVID_19 es un virus real) tienen en común lo verdadero de su presencia, a saber, que la naturaleza no siempre nos es  favorable, diría mas, nunca nos es favorable. Todo depende de como nos coloquemos ante el colosal peligro que siempre la acompaña. Lo que quiero resaltar es que el mundo, tanto el de ayer como el de hoy, es un sitio peligroso. Ahab nunca lo quiso entender y pagó con la locura su soberbia. Nosotros lo hemos borrado de nuestra memoria y estamos pagando la neurosis o locura moderna con nuestro narcisismo ilimitado y sin suelo. La locura de Ahab consiste en imputar a la naturaleza lo que solo se puede dar en el marco de la moralidad entre humanos. La neurosis actual es ir de la mano de las mascotas animales (mira por donde, son las únicas con las que los humanos podemos salir a la calle, según ordena la ley de encierro vigente) para negarle o ignorar la palabra al otro humano en el campo de la moralidad o ética que define el espacio y el tiempo de nuestra convivencia, ética o moralidad que se hacen así inexistentes. Lo que no vemos y lo que nos excede siempre han sido la fuente primordial de nuestros mas peligrosos desvaríos.
(...)
Nadie esta evaluando, al menos no conozco ninguna estadística fiable al respecto, en que medida la naturaleza contagiosa, propia de un ser vivo como es el virus de marras, se esta viendo multiplicada por la naturaleza de la inteligencia digital que lo esta mirando y transmitiendo, vía redes sociales y demás conductores de efectos instantáneos y exponecialmente mas contagiosas que el propio virus de marras. ¿No es este el primer capítulo del llamado post humanismo, o del poder de la inteligencia artificial, del que tanto alardean no pocos de los activistas y teóricos de la causa digital que exhiben con desparpajo su ética militante como la novedad entre las novedades, que logrará salvarnos? Añadamos, por tanto, a la ética militante su correlato inevitable, la ética de la salvación. Visto lo visto y lo que nos tocara ver, sospecho (la tercera ética en liza) que toda esta fanfarria mediática, a cuanta del virus de marras, no es para hacernos mas humanos, sino mas animales que los propios animales. Enfocado de esta manera, el post humanismo queda claro que no es mas humanismo, ¿es la vuelta atrás, pero a un grado de animalidad superior, en el sentido de mas destructiva, que la que dejamos atrás cuando nos hicimos humanos aprendices de humanos?
(...)
Dice Simone Weil que hay un infierno habitado por personas que creen encontrarse en el paraíso.  El virus de marras está poniendo al día esta verdad eterna.

jueves, 2 de abril de 2020

INVISIBLE

Los de arriba manejan dos estadísticas frente al parón del virus de marras: muertos y votos que pierdo. Los de abajo nos hemos fabricado, a su vez, la nuestra: muertos frente a días que faltan de encierro. Los muertos, como puedes observar, al valer lo mismo para un roto que para un descosido, une a lo que debería estar siempre separado, a saber, los que mandan (eso son topográficamente los de arriba) y los de abajo (esos son topográficamente los que obedecen).
(...)
La “Democracia digital” actual es entendida, entre los de arriba y de los de abajo, como una disneylandia del espíritu jovial, festiva etc, como Algo que esta por encima de la ley que protege a quienes no tienen otra fuerza que ser lo que son: ciudadanos anónimos, pero libres en su irreductible capacidad de pensar y actuar por si mismos. Anónimo, para entendernos, no es sinónimo de enajenado o ensimismado o esclavo, etc. Estos ciudadanos (que son realmente existentes) no son, ni quieren ser, millonarios, ni traficantes de armas o de drogas o de personas...,ni famosos, ni tener muchos amigos virtuales, ni figuras destacadas por encima de ese modesto anonimato. No quieren que los de abajo toleren que la demanda por encima de la ley acaba demandando un Führer, o líder fuerte, por encima de la misma democracia.
(...)
Ser anónimo no es igual a ser un Don Nadie, como dicen enfáticamente quienes alardean de vivir constantemente saltando de pantalla en pantalla. Ser anónimo en una sociedad democrática bajo el amparo de la ley es la esencia de lo que es ser Alguien. Alguien que se relaciona con algo (no con todo) y con otro alguien (no con todos los amigos del mundo mundial).
(...)
“Abril es el mes mas cruel, criando
Lilas de la tierra muerta, mezclando
Memoria y deseo, removiendo
Turbias raíces con lluvia de primavera
El invierno nos mantenía calientes, cubriendo
Tierra con nieve olvidadiza, nutriendo
Un poco de vida con tubérculos secos.”
(La Tierra Baldía, de T. S. Eliot)

miércoles, 1 de abril de 2020

RETROVISOR

"Por último, perecen las lluvias cuando el padre éter las ha depositado en el seno de la madre tierra; pero resplandecientes surgen las mieses y reverdecen las ramas en los árboles, crecen estos mismos y se cargan de fruto; de ahí se alimenta a su vez nuestra especie y la de los animales, de ahí vemos alegres ciudades florecer de muchachos y frondosas selvas resonar por doquier con el canto de los pájaros; de ahí las reses, cansadas por su gordura, tienden sus cuerpos por los risueños pastos y el blanco licor de la leche mana de sus ubres henchidas; de ahí la nueva prole con sus débiles patas por las tiernas hierbas retoza juguetona, embriagadas de leche pura sus jóvenes cabezas. Así pues, no perece por completo todo lo que parece morir, puesto que la naturaleza le rehace lo uno a partir de lo otro y no permite que cosa alguna se engendre si no es sirviéndose de la muerte de otra." (Lucrecio. La naturaleza de las cosas)
(...)
Me va pareciendo que esto del virus es una metáfora de algo que no tiene que ver con buscar el éxito o lo que cada cual busque, mirando hacia adelante. Es una pérdida de algo que, leyendo a los clásicos, comprobamos que lo hemos perdido para siempre. Así que después del virus, qué. Solo nos queda mirar con retrovisor. El problema es que, después de tantos siglos, no tenemos el libro de instrucciones, y la vida no tiene miramientos, siempre tira hacia adelante hasta cumplir su destino final que para eso ha nacido.

viernes, 27 de marzo de 2020

GRIPE GORDA

No hace falta que conozca la naturaleza profunda del virus de marras y la de mi propia ignorancia para determinar hasta cierto punto sus relaciones y, también, ensayar asociaciones con su área de influencia. Ahí va una.
(...)
Esto es una gripe gorda que ha producido un problema de salud pública inusual. La cuarta economía de la Unión Europea debería estar en condiciones de afrontar este tipo de imprevistos con rigor y eficacia. ¿Por qué no es así? Porque su forma de hacer política se parece más a la de cualquier país africano. Y porque la educación de los ciudadanos sigue atornillada, en lo fundamental, a los intereses propios del mundo del siglo XIX. ¿Por qué este desajuste entre economía, política y educación?¿Por qué la praxis democrática centro europea no forma parte ya de nuestras costumbres y hábitos habituales, cuarenta años después del Cuarentañismo del General? Podemos exponer los tópicos sociológicos y psicológicos que queramos pero en verdad, nadie lo sabe de manera convincente. Al igual que resulta inexplicable todavía que casi toda la Alemania Muy Culta apoyara a Hitler, y la mitad de la Francia Ilustrada fuera su aliado incondicional. Sin embargo no vamos más a la deriva que siempre, desde luego no más que después que se murió el General, que había llevado el timón del barco con mano de hierro durante tantos años. Después del General ¿qué?, era la pregunta inconfesable de todo bicho viviente, inteligente o no (fíjate como estaban las cosas), que se movía por aquellos años y por estos pagos. Nadie sabía qué. ¿El abismo? ¿Otro General? ¿Mas grande o igual de bajito? ¿Con su furia implacable o más atemperado? En fin. ¿La democracia? La demo...qué. La enorme ansiedad que nos produjo la orfandad real de aquellos años era de gigante. Ahora, con el virus, sus peores efectos son inviables, aunque el jolgorio de su puesta en escena la haga falsamente visible. Al menos ahora nuestra deriva es de cabotaje, casi como un juego de niños, la Costa Europea está siempre a la vista. Después del virus, ¿qué? Nunca como ahora hemos de pensar como centro europeos democráticos (la bibliografia es abundante y las experiencias también), aunque nada mas sea para no dejarnos arrastrar por las ansias africanistas (en el sentido que las entendió la ambición insaciable del General) que imperan en la praxis política y en los medios de información que la divulgan. Esos cómplices necesarios. No es una astracanada mas, es hacia donde debemos girar la mirada, dadas nuestra nula producción política teórica y nuestras inveteradas y acendradas prácticas políticas a garrotazos.