martes, 31 de marzo de 2020

INJUSTICIA POÉTICA

Lo dice sin más demora, la elección de Jonathan Teplitzky para contar la película “Churchill” es valiosa porque es la elección que él ha hecho lo que concede valor, no el resultado. No hace falta que te lo diga, Tello no lo dijo así ni de ninguna otra manera mas disimulada, sencillamente no lo dijo de ninguna manera que los demás pudieran sospechar que lo que quería decir iba contra lo agradable tácitamente pactado de la reunión. O al menos esa fue su verdadera intención de comportamiento, desde el primer momento en que lo invitaron al cine forum sobre la película del director australiano mencionado. Era una velada virtual que, por encima de todo, debería ser agradable. A Telmo no le supuso ningún esfuerzo reconocer que, tal y como están las cosas, con un encierro corporal que empieza a provocar los primeros síntomas de enfermedad mental en algunos de los encerrados, lo mejor es que la vida transcurra en las pantallas y fuera de las pantallas de forma agradable. Sea pues. Lo que continúa, piensa Telmo, es la mezquindad social que existe detrás de lo agradable, y que el VMNE_20 no va a modificar un ápice. No es que vaya a aparecer en escena lo mejor y lo peor de nosotros mismos, como consecuencia de esta crisis vírica, simplemente vamos a aparecer nosotros mismos en todo nuestro “esplendor”. Es lo que piensa Telmo. Cuando Telmo dice “lo que continúa”, quiere decir que lo hace porque se manifiesta dentro del campo de lo indiscutible, a saber, es una respuesta que no admite pregunta previa. El mito. Pero esto no es lo que hace a aquella mezquino, sino el hecho de no aceptar que la modernidad, o los modernos dice Telmo, no acepta, no aceptamos, que la estructura mítica se conjuga con lo racional del logos, y ambos forman de manera inseparable de la naturaleza de la modernidad, o sea, nuestra naturaleza como modernos. Para no pocos de estos modernos, es como si lo mítico fuera algo ancestral propio de gente antigua o carcamal, mientras que lo moderno es su irreversible superación y la genialidad inherente a esa manear de ser del moderno el motor que lo hace posible. Sin darnos cuenta, advierte Tello, que no hay nada más mítico que entender la modernidad como Imperio único e indiscutible del Yo, o de la individualidad subjetiva. El sujeto o el yo, así entendidos, es una respuesta que no admite preguntas previas de nadie, en todos caso de nadie que no sea de “el mismo”. O como el Yo moderno se hace mito. Tampoco hay que ser una lince para verificar que esta aseveración es lo común, y donde más cómodas se sienten, las conductas e Inter actuaciones de los sujetos u sujetas actuales, mediante el virus de internet, y su inevitable contagio a las conductas e Inter actuaciones de nuestras vidas cotidianas, por las que, no lo olvidemos dice Tello, nos gusta seguir llamándonos de manera irrenunciable modernos. Sin embargo, la conducta e interacción de Teplitzky como director de Churchill dejan ver, bien es verdad que al otro lado de la cortina de lo agradable, algunas fisuras que a Telmo le gustaría resaltar sin que se viese afectada la cortina en la hermosura y bien hacer que proporciona su textura, en una situación de confinamiento extremo como la que estamos viviendo. Antes de nada, piensa Telmo, comentar que la experiencia de lo agradable con unos, por otro lado, agradables amigos y amigas, no es lo mismo que la experiencia de ver la película de Churchill. La primera esta dentro del canon de nuestra civilidad que hace que se produzca el efecto de convivencia pacifica entre humanos. En verdad, no es propiamente una experiencia, sino un gesto aceptado de urbanidad. La segunda tiene que ver con lo más débil, precario y solitario de nuestras intimidad. La cual a Telmo le parece el nudo central donde se produce y vive toda verdadera experiencia. Conjugar aquel gesto y esta experiencia de forma agradable no es fácil, pues requiere un acuerdo no siempre aceptado por las partes. Pues no es nada agradable reconocer que uno no sabe tanto como cree saber, o hace creer a los demás. La contradicción entre la angustia de exhibirse así ante los otros y la necesidad de ser escuchados se decanta, piensa Telmo, por esa formula de compromiso de lo agradable, que a todo el mundo consuela, al menos durante las dos o tres horas que dure el encuentro. La pregunta, que detrás de la cortina de lo agradable no deja de zumbarle a Telmo en la cabeza, es si con la opción que ha elegido Teplitzky para enfocar la vida del primer ministro de su majestad durante la batalla del desembarco de Normandía en la Segunda Guerra Mundial, ¿pretende hacer justicia social a la persona (al convertirlo en una especie de prejubilado atacado por la angustia de tener que pasar de la máxima actividad a una quietud paulatina) poniendo la puesta en escena de la ralentización del tiempo a su servicio, a costa de la injusticia poética al personaje (dejar de ser “El Gran Salvador de Gran Bretaña” de las garras nazis y por ende de toda Europa) que es como lo conocemos? O simplemente, ¿es un fruto inconsecuente de su forma o estilo de narrar? A saber, Telmo repite lo del principio, la opción de Teplitzky para filmar es valiosa porque es la elección la que concede valor. Ergo el Churchill que de ahí sale es también valioso. Performativo y sin más adjetivos. Para entendernos, apunta Telmo, uno sale al mundo porque no sabe, la autentica experiencia se mueve entre el limite de eso que sabe y el horizonte de lo que no sabe y que coincide con sus posibilidades de inteligibilidad. Si uno sabe se queda en casa o sale para predicar a los cuatros vientos lo que sabe. O para pasar un rato agradable, que es lo mas habitual entre seres civilizados.

lunes, 30 de marzo de 2020

SIGLOS XIX-XXI

¿Que tipo de lector o espectador quiero ser? Es una pregunta, reconoce Telmo, que solo se pueden hacer los lectores o espectadores perfectamente alfabetizados y constantemente informados, es decir, los lectores digitales del siglo XXI, en ninguna caso quienes eran analfabetos y vivían aislados del siglo XIX, la mayoría de la población, que es cuando aparecieron en el mundo urbano las grandes novelas que siguen siendo del interés y el afecto de la mayoría de los lectores actuales, muchas de ellas a través de su representación fílmica.
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¿No deja de ser el sentimiento de pérdida en el presente, es decir, la melancolía de ya no poder entender el mundo en su complejidad, lo que lleva a muchos narradores y directores a narrar? Siendo la ironía, como no puede ser de otra manera, la herramienta que, como últimos héroes de la modernidad, utilizan para llevar a cabo su última empresa. Pues, ¿no tienen las palabras y las imágenes y los demás personajes que acompañan a las historias mas conmovedoras de hoy un aura, no diré de funeral, pero si de lento acabamiento? La ironía es un sentimiento que ha descubierto no hace mucho el ser humano para vencer la astucia de la razón que siempre trata de intentar lo absoluto, a pesar de las calamidades que ha producido. La ironía no deja de ser un sentimiento de salvación, y también de redención, ante el peligro real del naufragio definitivo de la humanidad de aquel.
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¿No es la crisis del periodismo tradicional un consecuencia de esa auto expresión a la que todo el mundo se cree tiene derecho?, así lo ponen en práctica los miles de youtubers e influencers. Lo cual no es óbice para que, al mismo tiempo,  esos mismos lectores y espectadores sigan siendo deudores y consumidores del narrador decimonónico que es capaz de entender el mundo que le rodea. Como así lo atestiguan el éxito incombustible que tienen la cantidad de novelas de estructura decimonónica que hoy se publican.
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¿No es el instinto de conservación y supervivencia lo que impera en la actitud del lector y el espectador, digámoslo así, “académico”? Escribir una novela o filmar una película tienen una relación inseparable con la acción lectora o espectadora y ambas con estar en el filo peligroso de las cosas. Escribir, filmar, leer y mirar (en fin, crear en general) son actividades que nadie nos pide y que se realizan íntimamente bajo una gran influencia de la precariedad y debilidad propias de nuestra existencia como seres humanos. Son las únicas actividades donde, así contemplada, nuestra existencia no corre peligro físico, aunque, por las resistencias y ofuscamientos de los lectores y espectadores, que Telmo ha observado en su larga trayectoria profesional como coordinador de clubs de lectura y cine forums, si parece que el psiquismo de los participantes en esas conversaciones queda permanentemente a la intemperie, lo que de forma reiterada haga que su integridad aquellos la vean en constante peligro. Con las consiguientes reacciones “académicas” por su parte, a veces violentas y de abandono, buscando desesperadamente la conservación y hasta la supervivencia, como si en un campo de batalla autentico se encontraran.

viernes, 27 de marzo de 2020

GRIPE GORDA

No hace falta que conozca la naturaleza profunda del virus de marras y la de mi propia ignorancia para determinar hasta cierto punto sus relaciones y, también, ensayar asociaciones con su área de influencia. Ahí va una.
(...)
Esto es una gripe gorda que ha producido un problema de salud pública inusual. La cuarta economía de la Unión Europea debería estar en condiciones de afrontar este tipo de imprevistos con rigor y eficacia. ¿Por qué no es así? Porque su forma de hacer política se parece más a la de cualquier país africano. Y porque la educación de los ciudadanos sigue atornillada, en lo fundamental, a los intereses propios del mundo del siglo XIX. ¿Por qué este desajuste entre economía, política y educación?¿Por qué la praxis democrática centro europea no forma parte ya de nuestras costumbres y hábitos habituales, cuarenta años después del Cuarentañismo del General? Podemos exponer los tópicos sociológicos y psicológicos que queramos pero en verdad, nadie lo sabe de manera convincente. Al igual que resulta inexplicable todavía que casi toda la Alemania Muy Culta apoyara a Hitler, y la mitad de la Francia Ilustrada fuera su aliado incondicional. Sin embargo no vamos más a la deriva que siempre, desde luego no más que después que se murió el General, que había llevado el timón del barco con mano de hierro durante tantos años. Después del General ¿qué?, era la pregunta inconfesable de todo bicho viviente, inteligente o no (fíjate como estaban las cosas), que se movía por aquellos años y por estos pagos. Nadie sabía qué. ¿El abismo? ¿Otro General? ¿Mas grande o igual de bajito? ¿Con su furia implacable o más atemperado? En fin. ¿La democracia? La demo...qué. La enorme ansiedad que nos produjo la orfandad real de aquellos años era de gigante. Ahora, con el virus, sus peores efectos son inviables, aunque el jolgorio de su puesta en escena la haga falsamente visible. Al menos ahora nuestra deriva es de cabotaje, casi como un juego de niños, la Costa Europea está siempre a la vista. Después del virus, ¿qué? Nunca como ahora hemos de pensar como centro europeos democráticos (la bibliografia es abundante y las experiencias también), aunque nada mas sea para no dejarnos arrastrar por las ansias africanistas (en el sentido que las entendió la ambición insaciable del General) que imperan en la praxis política y en los medios de información que la divulgan. Esos cómplices necesarios. No es una astracanada mas, es hacia donde debemos girar la mirada, dadas nuestra nula producción política teórica y nuestras inveteradas y acendradas prácticas políticas a garrotazos.

jueves, 26 de marzo de 2020

VMNE_20

Cuando ahora se nos dice, en relación a la que está cayendo, que eso o aquello no es nada más que una mera apariencia, y nos recomiendan que enfoquemos la mirada hacia lo que está más cerca o es más inmediato, desconfío. Es por ello que, metido en casa, no se me ocurre otra manera mejor de sobrellevar “este encierro” que mirando más alto (siempre habrá un trozo de cielo que imaginar) o más hondo (siempre estará esa desconocida que llamamos intimidad). Entonces no olvidemos que, como la cara oculta de lo que sabemos, es decir, lo que creemos que sabemos o lo que no sabremos nunca, "el virus de marras en sí no existe" (VMNE_20), solo existe, ahora sí, la pandemia de sus interpretaciones y puestas en escena. Desde las micros hasta las macros, pasando por las interminables interpretaciones y puestas en escena globales. También los puntos de vista de quienes lo han visto y se lo han contado a quienes no lo veremos jamás. Esos que han visto al COVID_19 lo han representado con una forma redonda y ribeteada de flagelos retráctiles, de textura babosa y de color verde (?). Visto así no me da la impresión que venga de China, sino más bien del Mas_Allá, es decir, de donde viene el VMNE_20. Parece mentira pero si nos fijamos con atención no hemos avanzado tanto, en esa dirección, desde Pablo de Tarso (quien nunca conoció a Jesucristo pero fue quien mejor lo imaginó, construyendo con sus cartas, el whatsApp de entonces y durante muchos siglos, una de las patas en que se sustenta la cultura occidental). Estos asuntos entre humanos siguen teniendo que ver, tampoco lo olvidemos, con la confianza o la sospecha, el nihilismo extremo o la fe ciega, y sobre todo con la mala fe. Lo que si ha existido siempre es el exceso de miedo. O el miedo incontrolado. Y los listillos y oportunistas agazapados, para saltar sobre su presa atemorizada. Es entonces cuando las vidas se hacen virus con rostro humano y se contagian verdaderamente. Así somos de manera habitual. Pero no olvidemos que de la misma forma que el jabón ahuyenta al COVID_19 cuando nos lavamos las manos, que así ya no contaminarán las cara que nos tocamos, las palabras de la imaginación literaria (el VMNE_20) ahuyentan el “mal rollo”, digámoslos así, con que nos contaminamos en el uso utilitarista e interesado de las palabras cotidianas en nuestra vida profesional, familiar, social, digital, íntima, etc. Para tal fin, te dejé ayer este cuento corto, “Casa tomada”, de Julio Cortazar, por si tuvierais tiempo de leerlo o releerlo. Y es que leyendo, mirando, pensando, aprendiendo, en fin, escuchando iremos engordando el antídoto que nos protegerá de esta pandemia y de las que vendrán. En fin, no lo olvidemos, que así también podemos ser. Se interrogan los filósofos, ¿se puede distinguir dos cosas entre sí (el VMNE_20 y el COVID_19 en nuestro caso) y determinar hasta cierto punto sus relaciones, sin conocer por ello la naturaleza de cada una de ellas? Me parece que es la apasionante pregunta que se nos está colando desde el exterior al interior de nuestro encierro, y viceversa.

miércoles, 25 de marzo de 2020

VIRUS, QUÉ VIRUS

Noveno dia de encierro. 
Pienso que es el momento de leer o releer "Casa tomada", de Julio Cortázar.
Y el aforismo de Franz Kafka:
«No es necesario que salgas de casa. Quédate sentado a tu mesa y escucha atentamente. No escuches siquiera. Limítate a esperar. Ni siquiera esperes. Simplemente quédate callado y solo. El mundo se te ofrecerá para que lo desenmascares. No puede evitarlo. Extasiado, se retorcerá ante ti». 
No olvidemos que, como la cara oculta de lo que sabemos, es decir, lo que creemos que sabemos, el virus de marras en sí no existe, solo existe, ahora sí, la pandemia de sus interpretaciones y puestas en escena. Desde las micros hasta las macros, pasando por los interminables jolgorios ensordecedores de las interpretaciones y puestas en escena globales. Los puntos de vista de quienes lo han visto y se lo han contado a quienes no lo verán nunca. Parece mentira pero si nos fijamos con atención no hemos avanzado tanto, en esa dirección, desde Pitágoras. Todo sigue siendo, entre humanos, una asunto de confianza o sospecha o nihilismo extremo, de fe o mala fe. Lo que si ha existido siempre es el exceso de miedo. O el miedo incontrolado. Y los listillos y oportunistas agazapados, para saltar sobre su presa. Es entonces cuando las vidas se hacen virus y se contagian verdaderamente. No olvidemos, igualmente, que de la misma forma que el jabón ahuyenta el virus de las manos que nos lavamos, que así ya no contaminarán las cara que nos tocamos, las palabras de la literatura ahuyenta el rencor y el resentimiento que nos produce el uso cotidiano y contaminante de las palabras en la vida profesional, familiar, social, íntima, etc. En esas estamos.

martes, 24 de marzo de 2020

FRANNY Y ZOOEY 2

Es un dilema al que Telmo se viene enfrentando en su experiencia como lector desde hace ya algunos años. Consiste en lo siguiente. Por un lado, Telmo suele estar la día de las reflexiones de los críticos y teóricos del pensamiento narrativo con las que, a primera vista, tiene una relación de total coincidencia. Por ejemplo, tiene que que ver con lo que ya adelanté ayer respecto a la capacidad de entender el mundo que narran, y que muestran con total desparpajo, los narradores decimonónicos. Eso de entender el mundo que narran, piensa Telmo, lo dicen lo críticos desde la atalaya que les permite el mundo de hoy, cien o ciento cincuenta años después de que aparecieran en el mundo aquellas novelas. Lo que los críticos quieren decir, al entender de Telmo, es que los narradores de entonces todavía estaban en condiciones de imaginar su mundo sin abandonar del todo las coordenadas del mundo creado por dios, principio y fin de toda creación humana. Tolstoi podía imaginar el adulterio de Anna Karenina, siempre y cuando la institución del matrimonio prevaleciera, y la adúltera pagara con su muerte el desliz cometido. Es decir, las costuras del mundo tenían todavía suficiente holgura para soportar los envistes de la imaginación humana. Dicho a la manera de Sancho Panza, el mundo de los seres humanos existía aún bajo la fuerte influencia del encantamiento o de los encantamientos de procedencia no humanos. Hoy, aunque parezca mentira dice Telmo, hay algo que el efecto letal de nuestro desencantamiento moderno no puede ocultar del todo, a saber, que echamos mas en falta que en cualquier otra época histórica aquella influencia. Pero no sabemos como convocarla sin que se nos acuse de antigualla, lamenta con amargura Telmo, y todos los sinónimos imaginables que nos podamos inventar para producir mas escarnio sobre el hereje. O sea, que después de mas de doscientos años supuestamente bajo la influencia de la ilustración, volvemos a estar escabulléndonos de la inquisición y sus hogueras. Lo que no hay duda es que el espíritu del narrador que entiende el mundo que narra vive en el siglo XXI su momento de esplendor en relación con sus verdaderos lectores que son los de hoy y que, como no podía ser de otra manera, están perfectamente alfabetizados y constantemente informados (no olvidemos que en el siglo XIX la mayoría de la población era analfabeta y aislada respecto a lo que acontecía en el mundo exterior). La industria editorial de los betsellers, que publica tanto a los que, según los críticos, son buenos como a los malos, ahí esta, con sus achaques, mas floreciente que nunca para acreditar la vigencia de un narrador que, digámoslo ya, nació a destiempo, es decir cuando la mayoría no podía leer los que había escrito y menos aun descifrarlo. ¿Eso significa que el mundo de hoy es mas inteligible para sus moradores que el del siglo XIX? En absoluto. Lo que significa, dice el lector Telmo, es que el ser humano necesita estar rodeado de historias que, como siempre, le hagan mas soportable la vida. Hasta aquí no hemos avanzado gran cosa, pues de una manera u otra, de forma oral o escrita, ese acompañamiento al ser humano de todos los tiempos siempre se lo ha proporcionado la comunidad en la que vive. Entonces, se pregunta Telmo, porque el narrador de Franny y Zooey se apoya en una estructura tan compleja para hacer inteligible su mundo. Porque, tal y como le han enseñado los críticos y pensadores narrativos a los que ha frecuentado, Bussy Glass no puede, ni sabe (pues su propio desencanto o nihilismo lo incapacita) mostrarse como un narrador decimonónico que dé cobijo y amparo al lector de hoy. Al escribir solo puede manifestar esa incapacidad, pasándole, de esta manera, la responsabilidad compartida, ante la tarea de hacer inteligible su mundo, al lector pues es también la labor del lector que así se sienta. Con otras palabras, la consigna de este tipo de literatura sería, más o menos, la siguiente: narrador desorientado busca a un lector igualmente desnortado para que entre los dos puedan dar, aunque sea de forma provisional, un sentido al mundo en el que los dos viven. Es la única respuesta posible del lector Telmo a la pregunta en el ámbito narrativo que, por otro lado, el individuo democrático moderno que también el mismo es hace constantemente a quienes le interpelan desde el poder político, económico o social, a saber, ¿con qué derecho alguien, Bussy Glass en este caso, reclama la presencia de Telmo ante su voz en la novela de Franny y Zooey? No hace falta insistir en que este tipo de lector puede convivir con el lector decimonónico, sin ningún conflicto, dentro de la misma persona.

lunes, 23 de marzo de 2020

FRANNY Y ZOOEY 1

Después de colgar el teléfono a su amigo, Telmo tuvo un sentimiento de satisfacción al comprobar, un vez mas, que la conversación bien entendida, digámoslo así, otorga una luz a la que únicamente se puede acceder después de escuchar al otro. El otro se convierte así, pensó Telmo también una vez mas, en el primer y principal destino de nuestra recuperada relación con lo infinito. A saber, ese horizonte hacia afuera y esa frontera hacia dentro, que nos empareda entre lo que sabemos o podemos saber y aquello de lo que no sabemos y no podremos saber nunca del todo. Estoy hablando del misterio. La conversación prevista la habían convocado para hablar sobre la lectura que cada cual había hecho de la novela J. D. Salinger, Franny y Zooey. Como ya era habitual en los últimos años la lectura solitaria y silenciosa le había aproximado, le gusta expresarlo así, a un distancia de la voz narradora que le parecía difusa, desde la que le resultaba difícil oír bien las diferentes conversaciones que conformaban la estructura de la novela. Porque lo que si había apreciado era, hasta donde había conseguido llegar, que la novela tenia una estructura parecida a una extraña madeja de diálogos entre los diferentes miembros que formaban la familia Glass, a excepción de los hermanos mellizos, Walt y Waker, la hermana, Boo Boo, y el padre cuyo nombre era Les. Lo cuales, también se dio cuenta de ello  Telmo, en ningún momento de su lectura notó que hubieran justificado sus ausencias en la convocatoria familiar que había hecho Buddy Glass, aunque como el mismo dice, antes de mostrar la prolija carta que le envía a su hermano Zooey, lo mejor es dejar a Buddy Glass en el punto de vista propio de la tercera persona. Lo cual le hizo entender a Telmo, en la segunda lectura de la novela, algo sobre las ocultas, o no explícitas, intenciones del por qué se había puesto a escribir para contar la historia de su familia. De esto también se dio cuenta, aunque todavía de forma difusa, en la segunda lectura de la novela. En cualquier caso, esa confusión de la que ni con la segunda lectura logró desprenderse, no le impidió, siempre lo hace Telmo cuando se encalla como lector, volver a lo que los críticos llaman novela decimonónica, de la que tiene como ejemplo cuando de contar sobre sagas familiares se trata a Los Bunderbrook de Thomas Mann. La novela decimonónica, que para Telmo continua siendo el modelo de lo que es una novela y que sigue predominando en la mente de la mayoría de los lectores actuales (solo me gusta si lo entiendo a la primera), al igual que el mecanicismo de la física de Newton (da igual que hayan pasado ya mas de cien años de la teoría de la relatividad de Einstein), aquella idea de novela, digo, descansa sobre la figura de un narrador que es capaz de entender el mundo. Entiende su razón y las sinrazones de sus pasiones. El juego de intereses de sus protagonistas. En fin, sabe de antemano el sentido de la vida a la que pertenece el trozo de la vida que está contando. Eso explica en buena medida la sensación de comodidad que embarga todavía al lector de hoy, piensa Telmo, al leer alguna de esas grandes novelas. Estamos ante un narrador, el del del siglo XIX,  que da cobijo y amparo al lector actual, aún mas si se tiene en cuenta que el mundo de hoy no tiene nada que ver con el de ayer, en cuanto a esa capacidad de sus narradores de poder entenderlo, tal y como decía antes. Por decirlo así, el mundo de hoy se ha descoyuntado lo que ha sumido a sus moradores, o sea nosotros piensa Telmo, en un inquietante y temeroso desamparo.

viernes, 20 de marzo de 2020

LA VERDAD VA HACIA TI

ESCRIBE ENRIQUE VILA-MATAS:
”Hemingway se asomaba a su ventana alta de la Place de la Contrescarpe de París y pensaba: no te preocupes, has escrito antes y lo harás de nuevo, todo lo que necesitas es escribir una frase verdadera, escribe la frase más sincera que puedas.

Supe el otro día, no sin cierta sorpresa, que este autoconsejo de Hemingway que distraídamente le había enviado hacía un año por correo a ToteKing, le había resultado decisivo a la hora de atreverse a dar el paso de escribir su primer libro. Por lo visto, logró dar con una frase verdadera que de inmediato tomó como punto de arranque de Búnker, el libro que acaba de publicar, lo que me lleva a pensar que muchas veces puede ser providencial dar con una primera frase en la que creamos, que percibamos auténtica, que la sintamos tan “nuestra” que ni siquiera vaya a importarnos lo que de ellas opinen los demás. “Yo soy el que sabe cuando toreo bien”, decía Manolete.

Seguramente Hemingway no lo sabía, pero su autoconsejo tenía un precedente, el ejercicio propuesto, un siglo antes, por Ludwig Börne: “Durante tres días seguidos escribid, sin falsedad ni hipocresía, lo que pensáis de vosotros mismos, de vuestras mujeres, de la guerra con los turcos, del Juicio Final, de vuestros superiores; transcurridos tres días, os quedaréis pasmados de la cantidad de ocurrencias inauditas que habéis tenido. En esto consiste el arte de convertirse en tan breve periodo de tiempo en un escritor”.

Si en todo esto algo me queda claro es que, por mucho que vivamos en un universo ya poblado de textos, quien atiende a su voz interior en lugar de plegarse al vocerío siempre dispondrá de un mundo único. Así que no es recomendable reprimirse a la hora de buscar una primera frase sincera. Todo lo contrario. Por muy superpoblada que esté la aldea global del cuento, se trata tan solo de saber pensar por cuenta propia, “sin falsedad ni hipocresía”, y sin ninguna clase de temores.

Sin temores, porque frente a los múltiples enemigos del principiante siempre puede alzarse su frase auténtica, indestructible. Aunque conviene ser prudente y no olvidar que la verdad solo podrá ayudarnos a poner en marcha un libro, pero nunca a hablar en el nombre exactamente de ella, porque nuestra verdad jamás podrá ir más allá de ser el simple contenido de nuestro discurso. Puede parecer poco, pero ya es mucho. Es más, no perdamos de vista que a la larga la autenticidad tiene peligros, puede ir volviéndose retrógrada. ¿O acaso no habla Boris Johnson de los “verdaderos británicos”, o Donald Trump de los “verdaderos estadounidenses”? Es el culto de lo auténtico metamorfoseándose hacia un credo reaccionario.

¡La verdad! ¿Desde cuándo estudiamos esta palabra? Un día, en su aula del Trinity College, Wittgenstein fue acusado por un positivista del Círculo de Viena de haber abandonado la noción de verdad. “¿La verdad?”, preguntó furioso, y tomando de la pizarra una tiza respondió: “Digamos que esta tiza es el lenguaje y que la verdad va hacia ti”. El positivista no tuvo ni tiempo de esquivar la tiza que Wittgenstein acababa de arrojarle.”

jueves, 19 de marzo de 2020

CAUTIVIDAD

Según iba leyendo un cuento que me había recomendado la directora de una revista digital a la que estoy subscrito, que con buen tino trata de abrirse un hueco entre los lectores que buscan una acorde de la lectura con la vida a base de perseverancia en el trato con la primera, oí decir al narrador que lo que estaba ocurriendo era como si la vida se hubiera convertido en eso (se refería a lo que las películas y las series actuales muestran como representación del mundo actual). Este narrador, que te he de advertir que no participaba en la acción narrativa del cuento (luego es de suponer que no tenia mayor interés que contar bien lo que estaba contando) siguió diciendo que eso era como si la vida hubiera salido repentinamente de sí misma, como si se hubiera convertido toda ella en un bicho. Entonces fue cuando caí en la cuenta que eso a que se refería el narrador, y que yo estaba leyendo, lo hacía el día de hoy, es decir, el día del padre, o también según el calendario vaticano, el día de San José, que fue, según manifiestan los exegetas del Nuevo Testamento, el padre carpintero del primer profeta y mas alto predicador de la cristiandad a la que ha dado tal nombre. Lo primero que me vino a la cabeza fue que el encierro que padece una gran parte de la humanidad este día de San José no tiene nada que ver con el encierro de san Fermín, que se celebrará dios mediante, y si el virus que nos sitia lo permite al retira sus huestes de nuestras frágiles fortalezas, en los primeros días de julio. Es un hecho empíricamente constatable, desde la época de los romanos, que a todo el mundo le gusta el circo antes que cualquiera de las actividades que las autoridades culturales y los suplementos dominicales de los periódicos organizan semanalmente. Lo que de veras está poniendo en jaque las embestidas del virus de marras es que a la gente le deje de gustar el circo debido al prolongamiento del encierro. Piensa por un momento, ahora que estás encerrado, que si te dieran a elegir entre ir al circo o pintar un cuadro, ¿qué elegirías? No lo pongo en duda, elegirías, como el resto de los mortales, ira al circo. Pero piensa también que, si debido a un tiempo prolongado de encierro, o por decirlo de una manera más antropológica, piensa que si se prolonga mas de lo deseable e investigable, fatalmente investigable, este estado de cautividad nos puede ocurrir lo que a otras especies que han pasado por este trance. A saber, que nuestro régimen alimenticio, propiciado en parte por la falta de actividad y el aburrimiento subsiguiente que conlleva el encierro, se verá alterado sin remedio, lo cual hará que engordemos de forma descontrolada, con el consiguiente problema de salud añadido al del virus. Subirá el colesterol y los problemas cardiovasculares se añadirán a los pulmonares del bicho. Has de tener en cuenta que la mayoría de la población, ahora en cautividad, ayer mismo solo tenia una frase como santo y seña de su paso o lugar en el mundo, “no tengo tiempo” o en plan mas cheli “es que voy de bólido”, que en verdad me parece, esta última, una de esas frases que representa, como ninguna otra, lo que los filósofos llaman el vacío de significado que tienen las mayoría de las expresiones que se utilizan en las conversaciones coloquiales actuales. El deshielo de marzo ha inflingido a los habitantes del hemisferio norte, en contra todos los buenos augurios tradicionales de los idus de este tercer mes del año, el lacerante e invisible dolor de un ser invisible, que venía anunciando su sonata de muerte desde enero, en pleno invierno, allá en el lejano oriente. Per nosotros a lo nuestro. De repente, todo el mundo se ha puesto a toser y le ha empezado a faltar aire en los pulmones. No escupan en las aceras, no se amontonen en las esquinas, han empezado a gritar, megáfonos mediáticos en mano, los responsables sanitarios, no salgan a la calle si no es estrictamente necesario. ¿Que es lo estrictamente necesario?, se preguntaba ayer por la noche un influencer en su canal de YouTube. Lo que pida el cuerpo para que no se muera antes de que le toque la sonata el virus. Algunos propagandistas antigubernamentales empiezan a vociferar en contra de la cautividad porque, dicen, es un atentado contra libertad individual. Si aplicamos a la especie humana, le ha contestado un experto afín a ls autoridades sanitarias, el hecho demostrado de que los animales domésticos comen más para suplir la falta de libertad, los humanos hemos perdido la libertad por nuestra cuenta y riesgo, si tenemos en cuenta los índices de obesidad en ascenso que padecen cada vez más las personas en la actualidad. Bien entendida, ha concluido el experto gubernamental, esta invasión vírica sólo puede ser entendida como una bendición del cielo.

miércoles, 18 de marzo de 2020

DURACIÓN

Por años que un autor haya podido emplear en escribir una novela, ésta, una vez concluida, tiene su propio reloj interno, que prescribe un determinado margen de tiempo para su lectura. Sobrepasado ese margen, sin duda flexible, la lectura queda invalidada, al menos en buena medida. Por supuesto que ese margen varía muy notablemente dependiendo de la novela, de su extensión, de su clima, de su complejidad, de su intensidad, etc. Pero, insisto: sobrepasado ese margen, lo que uno ha leído deja de ser, por así decirlo, una experiencia compartible.”

martes, 17 de marzo de 2020

EL HUESO

A medida que pasan los días se van acumulando indicios de que la pandemia actual es de origen íntimo no de procedencia exógena, una apartada provincia de China, Wuang, como se pensó desde el principio. La intimidad de cada cual lleva viviendo siempre con cada cual y a eso nadie parece darle importancia. El otro día entrevistaron por el canal de televisión de ámbito nacional al que, según las estadísticas del ministerio del ramo, ha sido el primer infectado por el virus de marras. Como no podía ser de otra manera es un ciudadano de origen chino que vino a nuestro país a buscarse la vida, mucho antes de que saltara a la opinión pública global la alarma del contagio generalizado. Wang Hu, así se llama el ciudadano contaminado, dijo a la periodista que lo entrevistó que se encontraba tranquilo, pues nunca ha temido a la muerte ya que siempre ha vivido con ella dentro. Este tipo de percances no deseados, dijo Hu, me ha permitido tener un contacto permanente con la realidad. La muerte es el nacimiento, y al revés, eso es ser real y vivir en la superficie de la realidad, le contestó a la periodista mientras que con la mano señalaba a las calles heladas y llenas de nieve de la ciudad. Curiosamente, continuó Hu, los casos de mayor ansiedad como consecuencia del avance del virus se están produciendo entre quienes están más protegidos, que se corresponden con los que nunca han pensado en su intimidad, que donde se aloja el hueso de su muerte. Para que me entiendan los espectadores, la vida no es muy diferente de comerse un hermoso melocotón, mientras disfrutas de su carne sabrosa te vas acercando con el mismo impulso al hueso que la ha hecho posible. No hay nada trágico en ello, lo único que hay que hacer es tener conciencia de ello, que es lo mismo que moverse o tomar las decisiones pegados a la realidad. De otra manera, ser realista es morder el melocotón sin temor a que uno de los bocados toque el hueso. Caminamos hacia ese hueso haya o no haya virus en el ambiente, pero ustedes los occidentales, subrayó de forma enfática este extremo, se empeñan en creer y hacer ver lo contrario. En este sentido que usted acaba de apuntar, le parece bien el decreto del gobierno obligando a todos los ciudadanos a estar permanente conectados a través de sus dispositivos móviles, le preguntó la periodista a Hu. No creo que ese tipo de medidas tengan que ver con la supervivencia. Insisto, antes de ayer fue la guerra convencional, ayer fue la guerra nuclear hoy, contra todo pronóstico, es un virus que pone en jaque a la civilización occidental, que vuelve a estar en peligro. ¿Que han aprendido ustedes de todas esas experiencias? Yo diría que nada o casi nada. No han aprendido a llegar a morder el hueso del melocotón sin perder la cabeza. Todo en sus vidas subsiste como si nunca hubiera existido el hueso del melocotón, pero ya nadie cree en la carne que lo cubre, ni en la esperanza de sustituir un melocotón por otro con tal de estar siempre mordiendo su carne, o lo que es lo mismo, demorando inútilmente la idea de que una día, tarde o temprano, tendrán que hacerlo, pues ya no habrá más melocotones. Señor Hu, la gente empieza a sufrir insomnio de una manera preocupante, piensa usted que tiene que ver con que no pueden salir de casa o que si se duermen tienen miedo de soñar que el virus los alcance y no puedan despertarse nunca mas. Creo que fue uno de sus físicos más eminentes quien dijo que hay dos cosas que se extienden sin poder evitarlo: el universo y la estupidez humana. Lo saben los médicos mejor que nadie, nada se transmite mas rápido que el miedo, y no hay mayor caldo de cultivo para el miedo que la ignorancia. Créame si le repito lo que ya he dicho antes: celebrar el nacimiento de una persona es lo mismo que celebrar su muerte anticipadamente. La vida, mejor dicho, vivir la vida de eso se trata. Ir hacia el hueso del melocotón salvando las hebras con la lengua hasta tocar su dureza. Ah, y una esperanzadora información para sus lectores, yo estoy contagiado con el virus pero no estoy en peligro de muerte inminente. Ni usted tampoco, aunque haya mantenido cara a cara está conversación conmigo, lo cual le agradezco. 

lunes, 16 de marzo de 2020

VIAJEROS Y CASEROS

El caso es que la “pelea” milenaria entre los partidarios de “En casa como en ningún sitio” y los de “Viajar para conquistar y conocer mundo y poder elegirlo todo”, que estos últimos, poco a poco, han ido ganando en el mundo occidental, a cuenta de la imagen atrasada o inmovilista o fuera de moda de los caseros, parece que ha llegado de repente y sin previo aviso a un punto de empate, que el decreto del primer ministro de su majestad ha decidido que se celebre en la casa de cada cual. Es decir, en el campo de los caseros. Lo cual significa, a mi entender, que ha llegado el momento de conversar y dejar de lado el motivo de la pelea, a saber, quien es superior y quien inferior, o que es lo mejor y que lo peor, o cuitas estériles por el estilo con las que caseros y viajeros se han venido ”entreteniendo” (demasiado tiempo a sangre y fuego) durante siglos. Que el responsable de todo este lío sea hoy un virus invisible al ojo humano, no puede ser entendido nada más que como una bendición. Por fin no hay culpables visibles o al alcance del insulto o del sable, por fin no habrá vencedores ni vencidos, porque en el fondo del fondo, sin saber muy bien por qué, empezamos a intuir que lo somos todos, y de todo. Es decir, todos los somos pero de nada y por nada. ¿Fin de la idea del viaje para conocer mundo o de en casa como en ningún sitio? Es decir, ¿Fin de una manera de entender la civilización o lo que es lo mismo, el equilibrio necesario entre la inteligencia y la naturaleza? No la bomba atómica y su estela de destrucción masiva, sino un ser inapreciable, sin despeinarse, nos ha puesto a viajeros y caseros en nuestro lugar, pero no nos ha dicho cual es. Solo ha dicho basta. Ya ves.

Algunas preguntas que pueden ayudar a empezar a comprender el  embrollo, aunque no puedan evitar dejarse acompañar por las teorías conspirativas, tan invisibles como el virus, que ya están empezando a proliferar:
¿Qué es aquello que una vez perdido, en casa o de viaje, nos pierde para siempre?
¿Hemos sido buenos viajeros, porque sabíamos que teníamos el billete de vuelta a casa? ¿Se puede ser buen casero sin valor ni coraje, sin tan siquiera poder imaginar el viaje?
Si es que todavía importa, ¿donde se consigue la sabiduría: en cualquier sitio menos en casa o en casa como en ningún sitio?

Y dos poemas para leer en voz alta a quiene tengamos al lado:

De Wislawa Szymborska (viajera y casera)
Prospecto
Soy un ansiolítico.
Actúo en casa, 
hago efecto en la oficina, 
me presento a los exámenes, 
comparezco ante los tribunales, 
reparo tacitas rotas. 
No tienes más que ingerirme, 
ponme debajo de la lengua, 
no tienes más que tragarme, 
con un sorbo de agua basta. 

Sé enfrentarme a la desgracia, 
soportar malas noticias, 
paliar la injusticia, 
llenar de luz el vacío de Dios, 
elegir un sombrero de luto que favorezca. 
¿A qué esperas?, 
confía en la piedad química. 
Todavía eres un hombre/ una mujer joven, 
Debes seguir en la brecha. 

¿Quién dice
que vivir requiere valor? 
Dame tu abismo, 
lo acolcharé de sueño, 
me estarás para siempre agradecido/agradecida
por las patas sobre las que caer de patas. 
Véndeme tu alma. 
No te saldrá otro comprador. 
No existe ningún otro diablo.

De Emily Dickinson (casera, casera)
¡Corazón!  ¡Lo olvidamos!
¡Esta noche - Tu y Yo!
Tu puedes olvidar el calor que nos daba -
¡Yo olvidaré la luz1 

Cuando hayas terminado te ruego me lo digas
¡Que acaso pueda comenzar de nuevo!
¡Deprisa! No sea que mientras te entretienes
¡Lo recuerde!

viernes, 13 de marzo de 2020

MAL HUMOR

La primera vez que oyó la locución: “la vida no tiene solución porque no es un problema”, fue también la primera vez que sintió un tumulto dentro de si que nunca antes había sentido. Luego vinieron otras no menos tumultuosas, por ejemplo, “¿por qué somos una catástrofe psicológica, mientras que desde el punto de vista físico mantenemos una estabilidad envidiable?” Y otra mas, esta vez Mamie sentenció, “lo que no entiendo no me gusta, desconecto y me voy.” Valdría decir que estos son algunos de los implantes, pendientes o anticonceptivos (así llama Mamie a toda esta fraseología que lee en los libros, las revistas o los periódicos que la rodean durante un día normal de su vida), que lo mismo le causan mal humor como le impiden salir de él. Mamie suele estar casi siempre de un humor de perros. Si uno quiere abordar el mundo de Mamie, por ejemplo su marido Rusky, lo más difícil es saber a que achacarlo. Normalmente Rusky piensa que debe ser debido a alguna causa exógena derivada de su trabajo en la editorial con la trabaja de free lance, algo que ella se niega a aceptar, o la menos se niega a discutir con el o a buscar a su lado la verdadera explicación autentica de lo que le pasa, que ha acabado por afectarle a él mismo. Por decirlo en plan sociológico, Rusky piensa que Mamie socializa las causas y privatiza los efectos si estos no le procuran algún tipo de beneficio, si no es así también los socializa. Con el paso de los años Rusky ha comprendido (no le parece a él que Mamie haya tenido similar experiencia) que los seres humanos, el mismo sin ir las lejos, primero ha hecho las cosas porque le ha petado y cuando y como le ha petado, y luego ha justificado esos hechos a su conveniencia para dar a los demás, a Mamie de forma prioritaria, la impresión de que ha sido siempre dueño de su propia vida. Mamie ha sido incapaz, al compás y al acorde de los años que llevan viviendo juntos, de darse cuenta de esto. Su nivel de autoconciencia, por decirlo así, es ilimitado y, en consecuencia, su necesidad de auto realización no descansa jamás. Mamie tiene muchas razones para sentirse desgraciada, pero nada le pone de tan mal humor como esa forma de razonar que, a partir de un día, Rusky quiso poner en el centro de sus conversaciones. La sola insinuación de que hablando en estos términos con Rusky, alrededor de una cerveza una tarde soleada, por adobarlo todo en plan muy romántico y primaveral, su desdicha pudiera quedar aliviada, encontraba una explicación irrefutable para volver a hundirse en la miseria. Los trabajos de ilustración para libros infantiles y juveniles que envía a la empresa editorial para la que trabaja, a Mamie le gustaría que tuviesen una repercusión diferente en los lectores a los que van dirigidos. Esto también le hace ponerse de mal humor cada vez que lo comprueba en las bibliotecas o las escuelas que, de vez en cuando, la invitan para hacer la presentación de sus libros. Da igual que los pocos asistentes, que siempre suelen acudir a estos actos, se hubieran entregado incondicionalmente a la magia y conmoción que trasmitía el arte de sus ilustraciones, en cuanto los perdía de vista volvía a las andadas con su mal humor y su hundimiento en la miseria.

jueves, 12 de marzo de 2020

BILLY WILDER

”En los años ochenta, la facultad de Filosofía de la Universidad Complutense se hallaba repleta de alumnos parecidos a Otto Ludwig Piffl, jóvenes airados que creían con fervor en la perversidad intrínseca del capitalismo. En el bar, quizás el espacio más frecuentado por los estudiantes, se podía escuchar que el Estado del bienestar era insuficiente, que no había que descansar hasta consumar la revolución del proletariado. El marxismo no se interpretaba como una opción política más, sino como una religión secularizada con dogmas infalibles. Atreverse a discrepar o mostrar alguna reticencia, te convertía inmediatamente en un enemigo de la humanidad. Otto Ludwig Piffl es un personaje de UNO, DOS, TRES, la hilarante comedia de Billy Wilder estrenada en 1961. Interpretado por el actor alemán Horst Buchholz, no lleva calcetines ni calzoncillos, pues considera que ambas prendas son un signo de decadencia burguesa. Estudia para ser ingeniero de cohetes en la República Democrática Alemana y sueña con vivir en Moscú, la nueva Jerusalén de la utopía socialista. Aunque se declara pacifista, fantasea con el Ejército Rojo desfilando por todas las capitales de Europa. Su único patrimonio es un ajedrez y doscientos libros de indigesta teoría marxista.”

miércoles, 11 de marzo de 2020

KANT EN CASA

El placer puro inmediato y desinteresado se cumple en la medida que la relación que mantiene el ser humano con la naturaleza: amanecer, atardecer, paisaje nevado, montañas, valles, y con la institucionalización técnica de la vida urbana,  se vean reflejadas en el arte en igual medida de pureza, inmediatez y desinterés.
(...)
Cualquier retorcimiento, cualquier intromisión inesperada o extraña en esa lógica o en ese mandato natural o precepto técnico produce inevitablemente en el espectador un placer impuro, no inmediato y lleno de intereses. En definitiva, el arte moderno o el arte de vanguardia, cuyos giros producen y exigen otra participación del espectador o lector pasivo de la naturaleza o técnica urbana.
(...)
El auténtico entusiasmo acontece sin poder evitarlo, y sin capacidad alguna para disimularlo. Tiene que ver, sin ruido ni alharacas, con lo que uno es y no tanto con la fanfarria que acompaña a lo que uno debe ser, como nos quieren hacer creer. En fin, el auténtico entusiasmo tiene que ver más con la perplejidad del No Saber, que con la chundarata que acompaña a lo que y ya se sabe. Como el viaje crea falsos viajeros, el entusiasmo, cuando debe ser una obligación, produce falsos entusiastas. Solo hay que fijarse con atención.

martes, 10 de marzo de 2020

ESA DISTANCIA

Mi propia condición de ser espacial de Yo Dividido, de Lector Dividido, es lo que hace de mí un ser Mortal, es lo que me impide ser Idéntico, y lo que me confiere Mismidad y no Auto Conciencia Plena.
(...)
Solo gracias a ese intervalo hay para mi lugares, es decir, puedo saber qué lugares ocupo en el mundo, puedo decir que tengo lugar. Así, igualmente, puedo saber cual es mi lugar en el lugar de la Narración que me propone el narrador.
(...)
Aptitudes Como Chips
Aptitud 1, solo tengo dentro “el chip del deber ser”, es decir lo que tengo que hacer cada día, lo que me convierte en su esclavo.
Aptitud 2, además de la actitud 1 tengo “el chip del ser”, es decir poder pensar sobre eso que hago cada día, lo que me hace aprender y me libera y, sobre todo, me consuela.

lunes, 9 de marzo de 2020

LOS IRASCIBLES

Escribe FELIX DE AZÚA:
“Si me hubiera cabido, habría titulado la columna: ‘¿Por dónde se va al futuro?’, pero no cabe y además es una ingenuidad. Al futuro llegaremos todos, lo queramos o no. Era una pregunta retórica, en realidad lo que preguntaba era si alguien avistaba algún signo de que el futuro vaya a tener mejor cara que el presente. ¿Hay remedio para tanta ruina moral y mental?
Durante siglos las artes fueron un índice de por dónde podía divisarse un futuro mejor. Los humanos trabajaban para imponer sus formas más esperanzadoras a la tediosa actualidad. Los historiadores podían orientarse observando esos signos. Veían cómo surgió el arte cristiano con sus basílicas cubiertas de mosaicos dorados que poco más tarde se renovarían como monasterios y conventos rodeados de viñedos feudales. Pero muy pronto empiezan a elevarse las torres en aguja y a hacerse transparentes los muros de las catedrales, aunque luego se retuercen y convulsionan las figuras, las columnas, los espacios del barroco. En fin, así se hizo siempre y ya en el siglo XX los sólidos transparentes de Mies o los rascacielos gritaban el comienzo de una nueva era llena de energía y esperanza. Todavía se podía observar la aceleración del tiempo, por ejemplo, comparando una ópera de Alban Berg y otra de Verdi, una novela de Dickens y otra de Faulkner, los historiadores indagaban el significado de los cambios formales, de la afirmación. 
Yo miro a los años que he vivido y apenas veo signos nuevos, sólo actualidades repetidas una y otra vez. Ninguna forma nueva señala con energía hacia el futuro. Los últimos fueron Los irascibles, hace 70 años, que ahora se exponen en la Fundación Juan March de Madrid. Luego vino la melancolía conceptual y la diversión mil veces repetidas. El tedio.”

viernes, 6 de marzo de 2020

PLACAS

En la mesa de al lado de donde me había sentado para beber una cerveza, una pareja discutía sobre la gente que llevaba placas en la cabeza. Carla, así se llamaba ella, decía que todas las películas que había visto últimamente iban de personajes que les habían implantado una placa en la cabeza. Por algo será, interpelada a Rusky, así se llamaba él. Lo que si aceptaba como normal era que un porcentaje elevado de las personas que caminaban llevaban, como mínimo, una prótesis en una de las rodillas. Un dia mirando en Google había leído que el número de quienes llevan  prótesis en ambas rodillas ha aumentado exponencialmente en los últimos años. Era como si el acelerón que la vida había experimentado en la última década la hubiera convertido en eso. El articulo de Google también hacía referencia a los teléfonos inteligentes o smartphone, a los que consideraba la prótesis no del cráneo como las placas, sino del cerebro y por extensión del alma. De repente, este organismo inmaterial, tenazmente reprimido por el laicismo republicano después de la revolución francesa, se había implantado imperiosamente en las manos de todos los ciudadanos. Como si la vida hubiera entrado en un estadio en el que empezara a dejar de ser vida, pareciéndose mas a lo que podría entenderse como fin de la vida, dijo Carla haciendo al mismo tiempo un gesto facial con el que pretendía atraer la atención de Rusky, que parecía no estar muy interesado en las cavilaciones de su acompañante. Me fijé con disimulo y no detecté que Rusky llevara alguna placa en la cabeza o en alguna otra parte de su cuerpo. Mas que nada lo hice por la insistencia de Carla en que Rusky escuchara su historia, pues su forma de contarla me hizo suponer que era una manera indirecta de referirse a la posible prótesis craneal de su acompañante o en, su defecto, para tratar de hacerle ver la necesidad de que sin demora se la implantara, tal y como indicaban las tendencias actuales del cine y del mundo audiovisual en general. Había algo que se estaba rompiendo en las últimas décadas, pensé. La estabilidad física de la que los humanos siempre hemos hecho profuso alarde, si la comparamos con la catástrofe psicológica que nos constituye, se estaba derrumbando de manera incontrolada. Tal vez sea por eso que me guste tanto la película Robocop, cuyo personaje principal está hecho de implantes de placas y otros artificios electrónicos, bien es verdad que bastante rudimentarios si los comparamos con los de las últimas tendencias a las que se refería Carla. Esta película me parece la cabal advertencia sobre lo que media entre esa plenitud física de la que alardeamos y la catástrofe psicológica que padecemos y que tanto nos cuesta disimular con aquella. Cuando Carla y Rusky se levantaron de la mesa, y según se dirigían a la puerta de salida de la cafetería, pensé si lo de las placas en el cráneo, como los tatuajes en a piel, fueran los adelantados de que mañana la oreja quiera mudar al pie y que el pie quiera instalarse en la parte baja del ombligo. Después de todo nadie nos ha dicho que esa rutina orgánica, que disimula la locura que escondemos dentro, tenga que durar para siempre.

jueves, 5 de marzo de 2020

INGMAR BERGMAN

“El pesimismo nace de una perspectiva insuficiente. La vida en sí misma es un milagro: la luz, el espacio, la naturaleza, el color, el silencio, la palabra. Hay cosas horribles, pero la belleza sobrepasa al espanto. Cada niño que nace es un argumento a favor de la vida. La Muerte que arrebata de este mundo a Antonius Block no puede hacer nada contra Miguel, el hijo de los cómicos. El futuro de la humanidad descansa en los pasos vacilantes de un recién nacido. Bergman plasmó esa idea en las imágenes de El séptimo sello, pero sucumbió al desánimo con la edad. Afortunadamente, las obras de arte tienen una existencia propia que trasciende la voluntad de sus artífices, quizás porque el amor y la creatividad –si es que son algo distinto– circulan por el cosmos con una fuerza incontenible y nada puede interrumpir su capacidad de fecundar el presente con semillas de eternidad.”

miércoles, 4 de marzo de 2020

HOTEL ATLANTICO 7

PORTO ALEGRE
El caso fue que después de pasar la noche en blanco en la habitación que le habían cedido en la hospedería TSN decidió continuar su viaje. A mitad del insomnio notó encima, como si fuera un implante, el recuerdo de la película “el show de Truman”. Sobre todo no dejó de triturarlo el descubrimiento que hace el protagonista de la textura de cartón piedra de que está hecha la realidad que lo rodea. Se dio cuenta de algo que no le había pasado cuando vio la película por primera vez, se le pusieron los pelos de punta al igual que le pasa ala protagonista Truman cuando se da cuenta que donde esta metido mas bien lo han metido sin su permiso. Fue en ese momento cuando empezó a entender la desconfianza que empezó a sentir hacia todo lo que, al fin y al cabo, había determinado su decisión irrevocable de marcharse de casa. Ya en el camino ha ido entendiendo que irse de casa era lo mismo que decir fin de la vida, encaminarse hacia ese sitio que tenía ese rótulo en la entrada. Los días antes de marcharse de casa soñaba despierto con ello. También, a veces, la imagen se le aparecía en sus breves ratos en que no estaba de vigilia. Siempre iba en grupo, y no especialmente trastornados por el destino al que se dirigían. Uno de los acompañantes, eso si lo recuerda TSN con nitidez, repetía una frase que había escuchado en una de las ultimas novelas que había leído, decía así, ¿qué había perdido al hacer lo que estaba haciendo que el mismo se ha perdido para siempre? Como la vida misma, le repetía otro. Y eso que tenia que ver, se preguntó TSN, con la obsesión por el fin de la vida que no lo dejaba en paz desde que abandonó su casa y a su mujer, como si ese fuera su destino. Probablemente la expresión como la vida y el fin de la vida quieran decir lo mismo, se dijo mientras se incorporaba sobre la cama dispuesto a emprender su viaje.  O dicho de otra manera, era el resultado inevitable de mirar hacia otro lado, de haber cambiado su punto de vista respecto a lo que había planificado para él y para su familia, respecto a las expectativas a que se había acostumbrado y con las que aquellos lo reconocían como alguien importante. Por eso su mujer no le hizo caso cuando le anunció que se marchaba, a cambio le dijo que era cosa de la edad. Estaba amaneciendo. Se vistió con sus ropas secas y se mojó un poco la cara con el agua de la palangana. Luego colgó la sotana en la puerta del armario y escribió la palabra gracias en un papel que encontró sobre la mesilla. Lo alojó como pudo entre los pliegues de la sotana y, sin mediar palabra, salió con sigilo de la hospedería. Había dejado de llover pero las nubes seguían amenazantes, lo que le produjo un gesto de intimidación en el rostro. De nuevo se preguntó, como la vida es lo mismo que el fin de la vida. Empezó a caminar con determinación por la carretera, con la intención de llegar a algún sitio antes de que la amenaza meteorológica cumpliera sus pronósticos. De cada curva de la carretera todavía le venía el temor de que aparecieran Nelson y Leo con las ganas intactas de matarlo. Después de cuatro horas andando atisbó lo que debía ser una pueblo. El cielo empezó a tronar, aunque la lluvia de momento no hizo acto de presencia. Lo que vino a continuación se aceleró de forma inesperada. Lo único que recuerda fue que perdió el equilibrio y al caer su cabeza se golpeó contra el asfalto, que lo percibió como si fuera el decorado de lo que estaba pasando, como si hubiera caído herido de muerte, en el combate postrero de su vida, en medio del escenario donde la había representado. Cuando se despertó estaba tumbado en la cama de lo que debía ser un hospital o una clínica, rodeado por un tipo que decía ser el enfermero, Sebastián, y por el médico que lo había atendido, que decía que se presentaba como candidato a las próximas elecciones. También andaba por allí la joven hija del doctor, con indisimuladas maneras de que TSN le hiciera caso. Fue el doctor quien al final le dijo, a bocajarro, que le había tenido que amputar la pierna. De nuevo la frase que no lo abandonaba, como la vida es lo mismo que el fin de la vida, se le fijó en la cabeza como una placa. Le bastó con volver a repetirla en silencio para no tener que pedir explicaciones sobre la amputación de su pierna. Los días siguientes le valieron para reconocer que había llegado a su destino, y así se lo hizo saber a Sebastián que le prometió que se irían juntos cuando se recuperara de la amputación, pues a él también se le acababa el contrato en el hospital. Pasados quince días TSN estaba en condiciones de emprender la ultima etapa de su viaje, esta vez en compañía. La meta era Porto Alegre, porque era su ciudad natal y, también porque Sebastián no había visto nunca el mar. Con un poco de suerte, y si su acompañante no le abandonaba a ultima hora, TSN pensó que, mirando el mar, podría saber al fin que él era él, al juntar como la vida con el fin de la vida en el último suspiro de su existencia.

martes, 3 de marzo de 2020

HOTEL ATLANTICO 6

ANTONIO
Desde el primer momento todo fueron parabienes y ganas de conversar. Lo cual le produjo a TSN una incomodidad que le parecía injusto hacer visible ante su anfitrión. Si se dejaba llevar por la corriente de amabilidad y educación que se movía entre las personas y las cosas en el el interior de la hospedería, temía que no pudiera continuar su camino. Y eso lo sentía como una infame cobardía. Cuando la mayor parte de la realidad, por no decir toda, se le hizo invisible, su conciencia la empezó a sentir como si fuera un hosco y frío sótano, casi inhabitable. Así que a partir de ese momento, decidió que su destino no iba a ser otro que moverse sin parar hacia ninguna parte. Lo habló con su mujer y, como no podía ser de otra manera, no estaba de acuerdo en nada, eran cosas de la edad, le dijo. Cuando lo pensó con mas detenimiento, se dio cuenta de que el primer síntoma de invisibilidad de la realidad exterior era su propia mujer, es decir, los quince años que llevaban viviendo juntos. Sin embargo, al vecino del cuarto, que no lo veía habitualmente, cuando se encontró una mañana con él en el portal le hizo dudar sobre la decisión que había tomado. Por lo que llegó a la conclusión que no todas las personas, ni las cosas, que componían el mundo pesaban lo mismo, ni ocupaban el mismo espacio. Los había ligeros y graves, llenos de luz y oscuros como una cueva prehistórica, turbios y limpios, gordos como un paquidermo y finos como un suspiro. El descubrimiento de lo que, por otro lado, siempre había estado ahí, lo experimentó como si una fuerza extraña, ajena por completo a él, hubiera sometido a la realidad a una especie de retorcimiento hasta convertir a quienes la componían, o a quienes se aparecían ante él, en algo impuro, de falta total de inmediatez y llenos de intereses en el trato. Por eso cuando Antonio le ofreció la sotana para cubrir la desnudez de su cuerpo, mientras sus ropas se secaban del chaparrón que le había caído encima poco a antes de llegar a la hospedería, sintió que todo volvía a ser como antes de tomar la decisión de moverse sin parar hasta lograr abandonar el mundo. También le sorprendió la pureza, la inmediatez y el desinterés con que le contó su relación con una monja novicia en Roma. De repente, todo a su alrededor, y la misma hospedería incluso, le pareció que flotaban como si estuvieran construidas fuera de la superficie terrestre, o como si fueran un espejismo, lo que le dio a su presencia, cubierta con la sotana del antiguo sacerdote de la hospedería una dimensión fantasmal que desconocía. Todo parecía estar como antes, pero ahora él el que estaba fuera. Como si la decisión de abandonar el mundo se hubiera hecho ya irreversible. Decidió, entonces, dar una vuelta por el pueblo vestido con la sotana, lo cual acentuaba aun mas, si cabe, su aura fantasmagórica. Cuando regresó a la hospedería, sin encontrarse a nadie por el camino salvo algún vecino que asomó con disimulo la cabeza tras la cortina de la ventana, todavía tuvo tiempo de dar la extremaución a una anciana moribunda. Fue su hermana quien al confundirlo con el anterior sacerdote (Antonio le aclaró que la mujer no estaba del todo en sus cabales) le rogó que diera esos últimos auxilios a su hermana, pues quería que se fuera al otro mundo en gracia de Dios. TSN cruzó una mirada de complicidad con la de Antonio y sin mediar más palabras siguió a la señora hasta la habitación donde se encontraba su hermana agonizante. Delgada y seca como la mojama todavía llegó a tiempo de que oyera sus oraciones. Antes del ultimo suspiro TSN abandonó la habitación y se dirigió hacia la suya, no sin antes recordar que era el tercer muerto que se cruzaba en su camino desde que inició el viaje. La muerte, pensó, debe ser el destino de quien camina hacia ninguna parte, pero no le dio mayor importancia. Cerró la puerta de la habitación, se quito la sotana y se echó en la cama. En la silla de al lado, alguien le había colocado con delicadeza sus ropas secas.

lunes, 2 de marzo de 2020

PERTENENCIA

Decía Eduardo Chillada, el escultor del vacío, que todos somos de algún sitio. Yo pienso que el Estado debería decir a toda persona que viene al mundo de que sitio es y darle una subvención para situarse allí desde el primer minuto de sus existencia. Los padres y los profesores solo le darían lo necesario para que aprenda y cumpla su misión en ese lugar. Pero no, mira que pagamos impuestos. El Estado va a lo suyo, con la colaboración inestimable de padres y profesores, que encima se creen que ese es su lugar propio y apropiado en el mundo, no la función que les ha encomendado el Estado. En fin, un lio.  Chillida también sabía en que se gasta el Estado la pasta que le saca al ciudadano. El caso es que a uno lo arrojan al mundo (nace en lenguaje políticamente correcto) y lo primero que empieza a oír es que es muy guapo o guapa, a ver muecas de bienvenida de todos los formatos, pero nadie le asigna ese sitio que le pertenece al recién llegado. Y al mismo tiempo empieza a intuir que ese sitio desde donde le hablan, quienes dicen que mucho lo quieren, es y no es su sitio, al mismo tiempo. La confusión existencial empieza a hacer de la suyas en el recién llegado. Y el Estado calla y los papis mas y los abuelos ni te cuento, y los profes, ay los profes, etc. Todo el mundo calla sobre cual es ese sitio que tienes asignado y, mientras tanto, no paran de adularte, que es otra manera de decirte que tu sitio es donde has nacido, allí junto a tus padres en esa casa y junto a tus profes en esa aula. Y encima, a todo eso lo llaman Estado de bienestar. A lo sumo un día, años después, empiezas a oír otra monserga: deberías ser alguien el día de mañana, es que no te mueves. Y cosas así. La primera mentira de la que eres consciente empieza a trabajar en tus adentros. Tu entras al trapo y durante los siguientes veinte o treinta años (depende de cada época) te pones en contra del mundo, y encima tus padres y profes te dicen que esa es la manera más adecuada de que encuentres tu lugar en él. Vaya jeta. De esta manera el resto de la farsa no llegaras a conocerla nunca. Pasarás de la indignación mas extrema a tener que repetirles a tus hijos lo que a ti te han contado desde que naciste. Ya resignado, dices, no esta mal, es un relato eficiente y económicamente rentable. Aunque siga sin decirte cual es tu lugar en el mundo, aunque lo peor de todo es que no quiere competidores. No quiere que lo busques por tu cuenta. Pero esto ya forma parte de esa sabiduría que da la vida, aunque se aloje en la carpeta de los asuntos inconfesables. Nadie de los tuyos, porque a estas alturas de tu vida ya tendrás hecha tu tribu o tu familia, te dará la oportunidad de hacerlo, todo lo mas, si el malestar no te deja dormir, alguno te remitirá a un profesional o te dirá que te apuntes a algún curso de meditación. Cosas así. Y tu lugar de pertenencia quedará como tu asignatura pendiente. Lo sabes, pero no sabes como lo sabes. Lo que quiero decirte es que lo has olvidado. Solo es preciso que te pongas a recordar, pero dices que no tienes tiempo.

domingo, 1 de marzo de 2020

PAULA FOX

“Sexto Piso nos da una nueva oportunidad, con traducción de Rosa Pérez Pérez, de descubrir a Paula Fox (1923-2017) y su gran novela, PERSONAJES DESESPERADOS
Fox, abuela que fue de la cantante Courtney Love, tal vez nieta de Marlon Brando. Pero no es seguro. Y ésa es otra historia. ¿Cómo es posible que esta novela y otras de Fox –Pobre George (1967), Los hijos de la viuda (1976), hasta seis- estuvieran en la penumbra hasta que Jonathan Franzen autor del prólogo que encabeza esta edición– las pusiera en valor muy a finales de los años 90?”