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martes, 8 de julio de 2025

LA NUMANCIA

 EL VERDADERO APAGÓN 

Conviene indagar en los hábitos de nuestro consumo cultural a santo de qué una noche de verano un turista va y se mete, bajo la influencia de un calor sofocante, en el teatro romano de Mérida para asistir a la representación de La Numancia, la tragedia que Miguel de Cervantes escribió en 1585. Alguien ha dicho que Cervantes escribió este libreto para dar cuenta de la actualidad de su época, pues por esas fechas se produjo el sitio de Amberes, episodio en que que participaron los marines españoles de la época, los afamados tercios de Flandes. También alguien ha dicho que sea este último sitio el que más cerca esta de nuestra vida actual y, por tanto, sea el más adecuado para poder hacer, como espectadores del presente, ese laborioso ejercicio que siempre hay que hacer cuando uno visita el pasado, y que va acompañado de la impertinente e inquietante pregunta que todo heredero se debe hacer respecto del legado que recibe como mundo, si no quiere caer en los infantiles y torpes ademanes del adanismo: el mundo empezó el día que yo nací. La pregunta mencionada sería: ¿cuánto de aquel pasado perdura en nuestro presente, y que discontinuidades y rupturas detectables se han producido en nuestras forma de vivir nuestro presente? Una pregunta que, sino de forma tan explícita, bien se la pudo hacer Cervantes cuando se planteó escribir La Numancia. ¿Cuanto de aquel episodio celtibérico romano perdura hoy en la España imperial de Felipe II y los nativos de la America conquistada? ¿Cuántas discontinuidades y rupturas lo hacen diferente, ya sea en el siglo XVI de Cervantes o en el siglo XXI del espectador que asiste acalorado al teatro romano de Mérida?


El uso que hacemos de nuestra libertad sea tal vez el nexo de unión de los celtíberos de Numancia y nosotros los modernos, a través de la mirada barroca del inventor del Quijote. Sea por ello que se puede decir que el tema principal es la esperanza no como virtud melosa del tipo tópico que es lo último que se pierde, y tal, sino construida a conciencia sobre el escenario de la ciudad pacense a través de la forma que le da el pueblo numantino en marcha, demos, hacia su destino, que en este caso no es otro que la muerte sin morir matando, sino la muerte antes de caer prisionero en manos del asaltante romano. Y ello es posible cuando el hombre tiene voluntad, deseo de ejercerla y conocimiento o saber que le permita encontrar el modo como ejecutar dicha libertad. En el caso de La Numancia de Cervantes, el acto creativo proviene de una doble intuición que hermana muy anticipadamente a los celtíberos del siglo uno antes de Cristo con nuestra modernidad post-romántica como espectadores del siglo XXI. A saber, por un lado, el aprender a ser libres juntos, aunque eso sea lo último que hagan los numantinos en sus vidas. Por otro lado, el protagonismo de la voz de la mujer, dadora de vida, que propone el suicidio colectivo que frustrará la honra de la victoria al romano Escipión. Con esto ni conseguirá hacer prisioneros que cumplan la función de exhibir un triunfo en Roma, ni podrá llevar a cabo su plan de vencer al enemigo, ni a la ciudad, puesto que no hay enemigo que vencer. Su estrategia de rendir Numancia sin derramar sangre, es así, también, frustrada. 


Los escipiones conquistadores de todo lo que se mueva son hoy muchos y variados, aunque no hagan sangre con las tropelías de sus conquistas. Sitian las propiedades materiales y, sobre todo, sitúan, el alma de los consumidores, robándoles así, en un acto de mutua complicidad, su condición ciudadadana. No esta tan claro, sin embargo, que los consumidores de esas tropelías tengan la voluntad hoy de constituirse en demos, ni que las mujeres, que siguen siendo las dadoras de vida, vayan a proponer un suicidio colectivo, que hoy consistiría en organizar una jornada mundial de destrucción pública de todos los dispositivos digitales. El verdadero apagón. 

viernes, 31 de mayo de 2024

LEYES DE LA ASCENSIÓN 3

 El señor Lauzet, paciente del doctor Pavel Golia, se ha puesto bocarriba otra vez, con los brazos cruzados sobre el tórax. Antes se había girado de lado sobre el diván, nada más sentarse, lo que provocó la sorpresa del doctor Pavel. ¿Que me espera hoy con este mameluco, pensó? No soporto nada, no soporto mi trabajo, no soporto a mi mujer, y ¿que se supone que debo hacer, mandarlo todo a paseo? Ah como le gustaría a Pavel decirle que no está solo, que él también está harto de tanta charlatanería, de tantos deseos y necesidades contrariados y contradictorios. Lo que tenemos dentro es un alma o una ferretería, música o ruido de cosas rotas o que no se dejan atornillar, piensa Pavel, mientras despide al señor Lauzet abriéndole con indulgencia neutra la puerta de su despacho.

El cara a cara de la Autoridad del narrador literario, invisible, va al alma y el cara a cara de la Autoridad del psicólogo, visible, va al malestar del cuerpo permanentemente insatisfecho del señor Lauzet, de su humanidad mortal, finita e imperfecta.El cara a cara tiene mala prensa hoy para los digitales porque tiene estructura de duelo, donde se puede morir, ser mal visto o mal escuchado, que para su sensibilidad de ofendiditos es lo mismo.


El cara a cara no tiene estructura de espectáculo, por eso no gusta al ego utilitarista, como el del señor Lauzet, mientras que el pandillismo si la tiene por eso gusta tanto a los egos tribales. Del primero solo se llevan dudas, mientras que del segundo si pueden llevarse o renovar la autocomplacencia que tanto le gusta. El señor Lauzet no logra ver esta diferencia. Pavel cree que está a punto de dejar la terapia en su consulta. 


LEYES DE LA ASCENSIÓN 2

 Entiende Modé que la tradición es el referente. Pero quienes la rechazan están condenados a cargar con los estigmas de anormalidad de los rumores que incansablemente tratan de falsear pegando siempre su maliciosa oreja en esa brecha en lo aceptable. Sin embargo, en el  país al que ha llegado como inmigrante todo apunta, con una estructura de bloque sólido e inmutable, en una dirección distinta. Al menos no entienden otra tradición que no emane de la gloriosa revolución, todo lo anterior, toda la belleza que pudiera existir en el tiempo prerrevolucjonario, por decirlo así, no se percibe como tal belleza, a no ser que venga avalada por la autoridad de los historiadores y de los directores de los museos, que es donde han permitido a aquella refugiarse, bajo el palio de la nueva catalogación y ordenamiento revolucionario, claro está.


miércoles, 29 de mayo de 2024

LEYES DE LA ASCENSIÓN 1

Esto es lo que hay, dice Hope. Pero qué haces con lo que hay. Nada, porque aspirar a más, o a otra cosa, me expondría a decepciones demasiado dolorosas. Hope sabe, con toda seguridad, que Dios ha muerto y que nosotros lo hemos matado. Un dictum con el que Nietzsche pretendió zanjar una forma de pensar que ya no daba más de sí, pero que sus lectores o los herederos de la atmósfera creada con esa cita a lo largo de los años, la han respirado al pie de la letra. Si Dios ha muerto que nos queda a sus asesinos. Hope lo tiene claro. Nos queda la vida y el diálogo con los otros asesinos. Un diálogo que es la única posibilidad que tenemos, piensa Hope, de recuperar el sentido último de las cosas que hemos perdido. Sin embargo, se arrepiente de no poder hablar así en público. De no ser fuel a esa convicción íntima. Su intransigencia social se lo impide. No puede hablar del mundo sin sentirse como una adelantada, una anunciadora bendecida por la bondad del luminoso porvenir que ella cree ver la primera, encarnado en la proximidad del paraíso anhelado. Hope lleva toda la vida luchando contra esa enfermedad. No puede evitar envestir con un ataque repentino de furia, insultando o agrediendo a quien se haya cruzado en su camino con cualquier opinión o argumentación que contradiga lo que para ella es sagrado. Por ejemplo, su lucha contra la injusticia del mundo que impide la llegada de lo mejor. Como una Juana de Arco o Manuela Malasaña se levanta con la espada o las tijeras en las manos, y arremete con toda la furia que en ese momento tiene a su disposición contra quien la ha injuriado, a su entender, sin venir a cuento. Pero un día se romperá por dentro, y no es desacertado imaginar que llegue a pronunciar, si algún un periodista se le acerca donde esté sentada en el parque de su barrio, las primeras palabras dichas más arriba en esta especie de epitafio anticipado.


miércoles, 6 de marzo de 2024

CAMBIO DE CUENTO

 Estoy eligiendo un cuento para comentar con los colegas de la tertulia. Como siempre acudo a los cuentistas norteamericanos más o menos actuales, pues sus historias me parecen que se encargan con acierto de las cuitas de la clase media urbana que hoy hegemoniza el rumbo y destino del mundo. 

Pero hete aquí que cuando había elegido un cuento de Tobías Wolff titulado, “Di que sí”, la cita del encuentro con mis colegas lectores se ha metido de rondón en el tiempo de la Semana Santa. Hemos quedado el domingo de ramos. Me digo, entonces, que deberíamos estar a la altura del calendario. Dios no solo no ha muerto, sino que resucita todos los años, para que no se nos olvide.


Me parece que ya los estoy oyendo: Oiga, y si no creo en Dios. Pues el problema es suyo, no del Jardinero Mayor que si cree y además es el protagonista principal del cuento que le adjunto. Así que si los de la tertulia decidimos leerlo, el problema será de los incrédulos menores que lo lean por primera vez, no del Jardinero Mayor, que lleva 130 años siendo el protagonista principal del cuento.


El cuento que he propuesto para tal propósito: estar a la altura del calendario, es de Antón Chéjov (el padre narrativo de todos aquellos autores norteamericanos), y se titula, “RELATO DE UN JARDINERO MAYOR”, escrito en 1894.


Para ayudar a salvar ese desnivele de fechas, cuerpos y espíritus o conciencias: un cuento escrito en 1894 pero leído en 2024, he propuesto también la conferencia de Javier Gomá sobre “¿Qué es la dignidad humana?”. 


Lo que quiero sugerir, al fin y a cabo, es que sea de obligado cumplimiento no solo leer el cuento, sino también ver el vídeo. Dos actividades para responder a una sola pregunta, en la conversación que mantengamos en la tertulia. A saber:

¿CÓMO COMPRENDEMOS, Y EXPLICAMOS, NUESTRA DIGNIDAD, Y LA AJENA, DENTRO DE LAS ACTUACIONES CONCRETAS QUE TENEMOS EN NUESTRA VIDA COTIDIANA? Eso es todo.

jueves, 22 de diciembre de 2022

LA VIDA ES SUEÑO

 Algunas preguntas antes de ir a ver la obra “La vida es sueño”, de Calderón de la Barca, en adaptación de Deglan Donnellan, que unos dicen que se ha cargado el original y otros que lo ha modernizado.

¿Por qué en una sociedad oficial laica y en la práctica llena de narcisistas extremos, se postula por el estado la necesidad de relacionarse con los autores clásicos de la época teocrática? 

¿Es auténtica o inducida esa necesidad, como si fuera un producto mas de consumo? “Compre compre lo que no necesita…”, según palabras del cantautor Rosendo Mercado. El sesenta por ciento de la población compra más, mucho más, de lo que necesita. Correlato de otro sesenta por ciento de la población que se vanagloria de no haber leído nunca un libro. Se nutren solo con los 140 caracteres de twiter. Digamos entonces, que en justa correspondencia con nuestro narcisismo extremo, somos un país de extrema Anorexia espiritual. 


¿Por qué una época donde domina con mano de hierro la ebriedad del Ego, tiene necesidad de relacionarse con otra época donde dominaba con igual empeño y ahínco la ebriedad de Dios?

¿Por qué la celebración y representación de la navidad produce consenso y la representación por el inglés de “la vida es sueño” produce disenso o enfrentamiento?


¿A los ciudadanos de un país como el nuestro nos conviene hacer un uso de nuestros clásicos para seguir ahondando en nuestras heridas cainitas? ¿No sería más decoroso e imaginativo hacerlo para encontrar, al fin, la necesaria armonía entre nosotros? ¿No es esta de nuevo, y después de las catástrofes de 1945, la misión irrenunciable de la creación humana? Venga, inglés, si te sientes mejor llámate artista si quieres.


Inglés, tienes que leer y representar “La vida es sueño” como si tuvieses a Dios delante, su misterio e inabarcabilidad. Fíjate, inglés, que he dicho como si, no he dicho teniendo a Dios delante. Tu Dios anglicano si quieres, el que se peleó, hasta la escisión, con el Dios del Vaticano. No lo hagas nunca, inglés, como si fueras un ingeniero (epítome de la sociedad digital hiper tecnologizada en la que vivimos), que todo lo controla, todo lo sabe, todo lo manipula, no lo hagas como si hubieras sustituido a Dios, al Dios de tu tradición si quieres, es decir, como si fueras tu un dios mismo. El único Dios. Además de increíble e inverosímil, inglés, queda feo. Y desprende un abstruso tufo de intereses, no de amor incondicional al teatro.

jueves, 8 de septiembre de 2022

LAS PALABRAS Y LA GUERRA CIVIL

 En un país como España, cuyos moradores, “guiados” por sus dirigentes de turno, se han metido ellos solitos en cinco guerras civiles (en la última los tiros y los linchamientos tienen formato digital) en menos de doscientos años, lo que me resulta extraño es que los supervivientes de todos esos desastres usemos hoy todavía algo que vagamente recuerda al lenguaje humano, cuando sabemos que la primera víctima de toda guerra civil es la Palabra. 

Así en España escribir o imaginar o crear en general es siempre empezar de nuevo. Nada perdura todo desaparece o queda en forma de ruina bajo  el influjo devastador del guerracivilismo dominante. Por eso el adanismo (el  mundo empezó el día que yo nací) es la ideología que mejor se acopla a este inacabable y estéril colapso hispano. Tal vez por eso, también, hablamos cómo respiramos, y viceversa.


Les dejo dos muestras literarias de lo que digo. Fueron escritos en 1811, bajo la influencia de los debates que dieron lugar a la Constitución de Cádiz de 1812. Dos siglos después, ahí seguimos.

“Diccionario crítico burlesco”, del liberal Bartolomé José Gallardo, ediciones Trea.

“Diccionario razonado”, del clerical Justo Pastor Pérez, editorial Renacimiento.


Quienes han rescatado ambos textos del olvido son:

Romero Ferrer y Muñoz Sempere, el del autor liberal

Marieta Cantos, el del autor clerical.

martes, 18 de enero de 2022

DECIR EL MAL

Les dejo la referencia y comentario al libro que ha escrito la filósofa Ana Carrasco Conde (1979, lectora ferviente de Hannah Arendt), sobre el auténtico tema de la segunda mitad del siglo XX y primeras dos décadas del siglo XXI, y que seguirá así, porque Dios ya no lo puede remediar, hasta el día del juicio final: EL MAL. Monstruo de ayer, y de siempre, que hoy está oculto detrás de todas las actividades buenistas de la Clase Media Occidental, reinante sin contestación como las Monarquías Absolutas de antaño, que si nos fijamos bien son irrelevantes (banalización del bien) no tanto debido al afán por negar su condición de albaceas y administradora de esa terrible herencia, sino como inventora y propagandista sin tapujos de un mundo nuevo y definitivamente feliz, que nada tiene que ver con el de sus ancestros. Únicamente adquiere sonora relevancia la ambición desmedida y la autocomplacencia sin desmayo de sus miembros entre, digámoslo así, 15 y 100 años, lo que no impide al observador atento ver como EL MAL forcejea detrás del bullicio constante, que estos producen cada día con sus noches, por salir a escena y tomar el mando en plaza, para repetir las hazañas bélicas de aniquilación masiva de aquellos antepasados.

lunes, 10 de enero de 2022

MUJERCITAS

 Sobre lo que les propongo reflexionar, además de sobre la peli de Ladybird, es que, tal y como yo he mirado las dos pelis, Christine McPerson, alias Ladybird, bien podría ser la descendiente directa de Josephine “Jo” March, por lo que creativamente estaría fuera de lugar que Greta Gerwig haya filmado, como lo ha hecho, una nueva versión de Mujercitas, pues dos años antes ya había filmado Ladybird. Cosa aparte son los intereses mercantiles que acompañan siempre a estas operaciones culturales. Adjunto entrevista a Greta Gerwig donde habla sobre el asunto.

https://elpais.com/cultura/2019/12/21/actualidad/1576917730_801450.html


¿Cual es el tema que da sentido a la novela Mujercitas? ¿Qué es lo que existiendo por debajo de las cosas y las acciones de los personajes que se ven al leer la novela acaba, al fin y al cabo, ordenándolas? En fin, ¿cual es su visón ética? En Mujercitas - no lo olvidemos, la novela de Louisa May Alcott fue un bestseller  cuando todavía no existía esta palabra para catalogar un éxito de ventas literario - ese tema sería el bien, la búsqueda del bien, entendiendo por bien la paz y la tranquilidad familiares. La conquista de ese bien se presenta como una meta que debe alcanzarse por distintas vías, pero que pueden resumirse en tres: el trabajo, la tolerancia y la ayuda mutua.


La adaptación cinematográfica de esta novela, y por extensión cualquier adaptación literaria al cine, consiste, a mi entender, en poner en imágenes sobre la pantalla el tema o el sentido que construyen las palabras originales de la novela sobre el papel. Más o menos, las tresprimeras adaptaciones lo consiguen, pues aunque cambian lo visible o aspecto exterior (la estética), en sintonía con la época en que fueron filmadas, mantienen el tema original de la novela (la ética de la búsqueda del bien) ordenando así cada una de las películas. Sin embargo, la adaptación que hace Greta Gerwig no respeta el tema, que es lo mismo que decir que no respeta la ética original de la novela, pues en su película ya no es la búsqueda del bien sino la búsqueda del éxito literario de la protagonista la visión ética que la sustenta, tal y como queda claro en el arranque y posterior desarrollo de aquella. Ya no es la búsqueda del bien universal (encarnación de la humanidad que desde siempre a todos nos asiste, nos ampara y nos da sentido), sino el incipiente triunfo del Yo Moderno (mientras viva, y caiga quien caiga, hago lo que me peta, cuando me peta y donde me peta). Luego el trabajo de Gerwig no es una adaptación entendida como la he definido, ni siquiera es una adaptación libre, pues con semejante oximerón la supuesta libertad individual de Gerwig rompe con la tradición de la visión ética universal que imaginó Louisa May Alcott, lo cual plantea el límite de las posibilidades que tienen las adaptaciones cinematográficas como género y manera de filmar. O dicho de otra manera, no adapta lo que quiere sino lo que honestamente puede, si el director o directora en cuestión se  abstienen de utilizar con oportunismo mercantil (taquillazo) el prestigio canónico del título literario que elijan. O, también, escritores, directores, espectadores y lectores deberíamos aprender a dar a la literatura lo que es de la literatura, al cine lo que es del cine y al mercado lo que es del mercado, pues sus lenguajes diferentes así lo exigen. Sea este necesario esfuerzo en beneficio y respeto a la imaginación creativa de todos nosotros, que somos los que en última instancia, en una sociedad de listas, audiencias y consumo masivo como la nuestra, deberíamos tener la última palabra ya que, eso sí, ponemos todos los euros. Tener conciencia de ello es, como diría Karl Jaspers, la obligación ética, vinculada a su correspondiente praxis política, social y cultural en la polis (genuino teatro y límite de nuestra finitud), de cada ciudadano frente a la complejidad y aceleración propias del  siglo XXI. Amén.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

LA FISURA

 El ensayo de Francis Scott Fitzgerald, titulado La fisura, arranca así: “Toda vida es, desde luego, un proceso de demolición”. No dice humillación, ni desintegración, dice demolición. 

Más existencial “Toda vida es un proceso de humillación”, lo diría Lenny Bruce (película de Bob Fosse)
Más nihilista, “Toda vida es un proceso de demolición”, lo diría George Carlin. 
Más técnico , tal vez, “Toda vida es un proceso de desintegración” lo diría Louis C. K.


Unas lineas después de la primera de su texto, Scott Fitzgerald escribe: 

“La marca de una inteligencia de primer plano, democrática, es su capacidad para concentrarse en dos ideas contradictorias sin perder la posibilidad de funcionar. Por ejemplo, deberíamos poder comprender que las cosas carecen de esperanza, y no obstante estar resueltos a cambiarlas”.


Más político (relativo a la polis, no al profesional del poder), “Toda vida es un proceso de imaginación”, lo diría Manuel Arias Maldonado.



miércoles, 15 de septiembre de 2021

NOCIÓN DEL ALMA

 Pienso que creamos o frecuentamos poco los espacios del alma porque no tenemos el hábito de usar la imaginación que tiene que ver con las palabras sensibles, es decir, con las palabras del alma. No es que no tengamos tiempo, ni voluntad, es que solemos hablar únicamente con las palabras instrumentales, es decir, como lo hace la ciencia (paradigma dominante en la era tecnocrática), que acaba por ordenar nuestro tiempo y dirigir las voluntades mejor intencionadas. Pero la ficción cinematográfica o literaria está construida, mejor o peor, desde el alma, y busca iluminar de manera diferente, a cómo mueve o empuja la ciencia al cuerpo, el alma de los espectadores o lectores. Sin embargo, nosotros solo encontramos el sentido y significado de las palabras o de las imágenes cuando las utilizamos como martillos, cuchillos, ordenadores, leyes de educación, protocolos sanitarios, administrativos, económicos,…, o enmarcadas en alguna de las ideologías que ofrece el mercado variopinto actual de las ideologías. Sin prestar demasía atención al hecho que una ideología es la materialización contingente, particular o gremial, de un ideal invisible que afecta desde siempre a toda la humanidad. Para entendernos, una ideología es al cuerpo y la ciencia como el ideal lo es al alma y la ficción poética. Aquellos, decía,  son instrumentos que sirven para tratar con algo visible, medible, contable y de cuyo uso se supone que nos llevaremos igualmente algo visible, medible, contable. Si no es así lo consideramos una pérdida de tiempo (el que marca el reloj), o una falta de sentido. Es cuando la llamada invisible del alma queda dominada e insonorizada por el imperativo inaplazable de las exigencias materiales de la ciencia sobre el cuerpo. Tal vez por ello sea que de las 168 horas que tiene la semana, pasar 2 horas en un espacio creado desde la noción del alma hablando con y desde el lenguaje del alma siga siendo demasiado para un cuerpo aturdido y angustiado por los asuntos que cada día le demandan el uso de las palabras instruméntales o de la ciencia. En esas estamos.

Les dejo esta nota que Andrés Ibáñez ha hecho de la lectura del libro de Juan Arnau, Historia de la imaginación.

“Corre por ahí la idea de que lo moderno es la ciencia. Esa creencia popular de que la tecnología y los algoritmos lo solucionarán todo. Pero hay otra forma de entender lo moderno: que debemos regresar a la noción del alma. Esta idea, puesto que es la más nueva y actual, es la verdaderamente «moderna». Porque es más moderno considerar que vivimos en un ecosistema de naturaleza y de cultura, de física y de espíritu, que creer que vivimos en un universo mecánico que puede explicarse mediante leyes matemáticas.


No podemos seguir creyendo en fantasías tecnológicas cuando el planeta se desmorona y nuestra cultura se desintegra, cuando las negras construcciones de la mente están destruyendo el mundo, tanto el simbólico (sobre todo a través del lenguaje verbal tecnocrático) como el natural (cambio climático). 


La urgencia de que algo debe hacerse llena todas las páginas de esta maravillosa Historia de la imaginación, de Juan Arnau”

martes, 19 de enero de 2021

SPINOZA

 La finitud propia del ser humano lo debería convertir en un ser ordenado frente a Lo infinito (bien con el modo geométrico bien con otro semejante), lo cual no significa aceptar servilmente que “Esto es lo que hay.” Significa saber el lugar desde el que uno mismo mira a UNO, es decir, mira a la totalidad del mundo, y aceptar la perplejidad que eso nos produce. Pues para eso nacemos (Jaspers-Arendt), para construir esa mirada con los otros y entre los otros, y para hacer luego en la polis un intercambio generoso de sus resultados. 

Pero, paradójicamente, la modernidad laica nos ha convertido en los seres más desordenados de la historia de la humanidad. Freud con el rigorismo cientifista de su método psicoanalítico ha tratado, en vano, de poner orden en semejante disonancia cognitiva, a saber, ser conscientes de nuestra finitud y mortalidad pero vivir y hablar como un seres infinitos e inmortales, autocomplacientes y autoafírmativos. Tampoco el orden de la industria del entretenimiento (con el rigorismo de su método festivo y performativo) ha tenido efectos solventes sobre esa causa engañosa de la inmortalidad humana, al contrario, la ha reforzado aún más creando su propio Olimpio de infinitud y eternidad. Así, los modernos progresistas surfeamos sobre la cresta de nuestra existencia, al menos desde la revolución francesa hasta hoy, catástrofes naturales y bélicas mediante. Y es que hay mucha fe teológica de matriz medieval en todas estas creencias modernas y progresistas. Mucha fe y escasas, por no decir ninguna, demostraciones y escolios al estilo spinoziano.  Justificaciones, no precisamente de surfista banal, decimos ahora. Así que, entre guerras y pandemias, los modernos progresistas hemos decidido seguir creyendo ciegamente en los sumos sacerdotes de la sospecha (o a cualquiera de sus falsos imitadores), o no creer nada ni en nadie que no sea uno mismo, antes que pensar de forma renovada, en el siglo XXI, lo que Spinoza nos enseñó en el siglo XVII.

lunes, 4 de enero de 2021

ENTRE TERESA Y CLARA

 Leyendo estos dos poemas, el primero de Teresa de Avila (siglo XVI) y el segundo de Clara Janés (siglo XX), entiendo mejor, aunque sea de manera indirecta, la filosofía de Spinoza (siglo XVII). Entiendo mejor lo que quiso decir el holandés cuando afirmó que no había construido la mejor filosofía aunque si la verdadera. Entre el subrayado en rojo de los versos del poema de Teresa y los de Clara cabe, muerte de Dios mediante, el alumbramiento, desarrollo y fracaso de eso que hemos convenido en llamar Modernidad Laica. Y también de su ideología subyacente: El Progreso, que sin discusión ni duda nos ha de llevar hacia el Paraíso aquí en la Tierra (así con muchas mayúsculas), ni un milímetro más arriba ni un milímetro más abajo. Paraíso y Progreso, dos palabras que Spinoza deja de concebir tal y como lo hicieron los teólogos vaticanistas, primero, y luego sus herederos, los autodenominados progresistas que en el mundo han sido y hoy perseveran, ciegos y sordos ante ese colosal fracaso.

Todo cambia pero nada progresa, todo es según el juego de luz y sombras que iluminen cada época. La modernidad laica tomó conciencia de sí misma a toda máquina, y a toda luz sin sombras, a partir del llamado por ello el siglo de las luces, y acabó sumergida en la más espantosa de las tinieblas que produjeron los delirios de grandeza divina de los seres humanos que protagonizaron la primera mitad del siglo XX. Ya usted sabe. Después de aquellos horrores murió también la política, entendida en sentido amplio y aristotélico, y ya no pudimos volver aspirar a ser ciudadanos. Ahora ya solo aspiramos a ser meros clientes (que siempre queremos tenemos razón, como todo cliente que se precie, por eso se la quitamos, a cañonazos si es preciso,  a cualquiera que se ponga delante) de un supermercado de consumo y entretenimiento planetario. El rigorismo racionalista de Spinoza es más bien, vistas así las personas y las cosas, y siempre siguiendo el hilo del subrayado de los dos poemas mencionados, un dique geométrico de firme contención contra los caprichos, muchos de ellos criminales, a que nos empujan los deseos insaciables que entran por nuestros sentidos volubles y ondulantes. 

jueves, 27 de agosto de 2020

RAFAEL SANZIO

“Los ojos del pintor de Urbino solo reparan en la belleza del mundo. Su pincel destaca la delicadeza y el equilibrio, desdeñando lo asimétrico y deforme. Su obra es una primavera ininterrumpida. Se ha intentado rebajar el genio de Rafael a un idealismo relamido, pero la humanidad de sus retratos, que revelan una aguda penetración psicológica, y la grandeza de sus grandes composiciones, auténticos prodigios de color y armonía, evidencian la inconsistencia de ese argumento malicioso. Desde el siglo XIX, el ascenso del pesimismo ha proscrito las manifestaciones de alegría en el arte y en Rafael -¡ay!- fluye una alegría desbordante. Aunque a veces se adentra en la penumbra del espíritu humano, la nota final siempre es una exaltación de la vida. Demasiada impertinencia para un mundo que rinde culto a lo trágico y absurdo.“

viernes, 14 de agosto de 2020

EMMANUEL LÉVINAS

“Lévinas habla De Dios, pero rompiendo con la tradición metafísica que lo presenta como un ente al que se puede conocer y adorar. En ese sentido, coincide con Jacques Derrida, según el cual “es necesario pensar la huella antes que el ente”. Hay algo más allá de lo que se da, de lo que está a la vista: “Solo un ser que trasciende el mundo puede dejar una huella”. Lévinas habla de una “trascendencia irreversible” que nos impide callar ante un rostro herido. Una trascendencia que se manifiesta de forma indirecta, conservando su condición de enigma. La huella nos impele a buscar un sentido, pero sin caer en el antagonismo entre lo trascendente y lo inmanente. El enigma “es una tercera persona que no se define por el Sí-mismo”. Esa tercera persona es lo que Lévinas llama Dios o “Illeidad”. Dios no es presencia, sino exposición, apertura. Es incognoscible, pues no podemos re-conocerlo, hacerlo presente, pero es lo que nos empuja hacia el Bien. El tiempo no es una caída, sino una subida hacia el Infinito. “Lejos de significar la corruptibilidad del ser –escribe Lévinas–, el tiempo significaría la ascensión hacia Dios, el des-inter-és, el paso al más allá del ser, la salida del es”. La huella de Dios es “un deseo que no se identifica con la necesidad. Un deseo sin hambre y sin fin”. Lévinas se rebela contra la onto-teo-logía, que reduce a Dios al orden de los seres: “La palabra Dios es única, porque es la única palabra que no extingue o no ahoga o no absorbe su Decir. No es más que una palabra, pero revoluciona la semántica. La gloria se encierra en una palabra, se hace ser, pero al mismo tiempo destruye esa morada”.

viernes, 7 de agosto de 2020

LA AVERÍA

“En los relatos de Agatha Christie se produce un crimen, y con el detective Hércules Poirot al frente de las pesquisas, se trata de averiguar quién es el culpable entre un grupo de sospechosos concernidos. El lector de La avería intuye pronto que en este relato ya tenemos desde el principio al culpable: lo que se trata de saber, mediante el juego procesal, es qué crimen ha cometido. La culpabilidad del acusado no está predeterminada por una especie de pecado original de dimensión religiosa o metafísica -todo ser humano sería culpable de algo por el mero hecho de ser hombre-, sino que se hace inevitable por su participación en un sistema social y económico en el que progresar o, simplemente, salir adelante implica la comisión de alguna clase de delito. A ver, señor Traps, ese molón Studebaker, ese alto rango alcanzado en su empresa textil, esa vida itinerante al margen de su esposa y de sus hijos, ese estar abierto a las aventurillas eróticas que puedan surgir en sus viajes, todo eso, aunque su existencia no deje de ser mediocre, tiene que esconder maniobras impropias, ambiciones que no se detienen ante la falta de ética o de estética de ciertos actos, daños causados a terceros por querer satisfacer sueños mezquinos incitados por unas reglas del juego que fomentan la competencia, el deseo de medro y la búsqueda de compensaciones que sirvan de alivio a una existencia irrelevante y vulgar. Señor Traps -señor lector-, algo habrá hecho usted mal para llegar hasta aquí.“

martes, 28 de julio de 2020

JUAN MARSÉ

”Últimas tardes con Teresa es una auténtica subida al Monte Carmelo, pero en la cima no se encuentra Dios, sino el Grial de la Revolución. Los pijos con disfraz de redentores de la clase obrera expían el pecado original de la burguesía: la explotación del trabajador, sin la cual –por otra parte– no disfrutarían de sus privilegios. Manolo Reyes, Pijoaparte, es un pequeño ratero con una percha sumamente seductora y dotes de embaucador. Aunque vive en Barcelona, nació en Ronda. Es un chico del Sur, un charnego. Su tez morena le hace parecer un gitano. De niño, una familia francesa se encaprichó con él y le ofreció pagarle los estudios, pero una mañana desaparecieron sin molestarse en decir adiós. Enamorado de su hija, una cría de su edad, la experiencia le dejaría una profunda herida psíquica. Hijo de una madre soltera que trabajaba como criada, Pijoaparte emigra a Barcelona en busca de oportunidades. Su hermano vive en Monte Carmelo y espera que lo acoja, garantizándole el sustento. Piensa que Cataluña es una tierra de promisión donde es posible prosperar. No descarta la posibilidad de seducir a una niña bien –en su memoria, perdura su truncado idilio con la niña francesa– y realizar una boda ventajosa, accediendo a ese mundo dorado que solo ha conocido cuando acompañaba a su madre al cortijo donde limpiaba y fregaba suelos. Su hermano no lo recibirá con los brazos abiertos, pero le dejará trabajar en su negocio. Un taller que se dedica al desguace y venta de motos robadas. Su fantasía de cortejar a una niña rica desembocará en un sainete. Flirteará con una joven creyendo que es la hija de un próspero hombre de negocios, pero cuando al fin logra acostarse con ella, descubre que solo es la criada. Tímida y sumisa, la chica se llama Maruja y trabaja en casa del matrimonio Serrat. Se lleva muy bien con su hija Teresa, un atractiva rubia que ha estado a punto de ser expulsada de la universidad por su participación en las protestas estudiantiles contra el régimen. Es la oportunidad que tanto había esperado Pijoaparte.“

lunes, 20 de julio de 2020

PLATÓN

“Sócrates no deseaba tener discípulos, sino amigos. Su discurso es político y pedagógico, pero sobre todo es moral y filosófico. En la Apología, comenta: “Nunca he sido yo maestro de nadie. Pero si alguien tiene ganas de oírme cuando hablo y cumplo mi misión, sea joven o viejo, no se lo prohíbo”. Sócrates intenta desenmascarar lo falso, mostrando los abusos e inconsistencias de quienes se erigen en jueces y se atribuyen el poder de decidir sobre la vida de sus conciudadanos. La vida de Sócrates es un ejemplo de responsabilidad cívica y exigencia moral. No conspira ni se plantea utilizar la fuerza para hacerse con el poder. Únicamente invita a pensar, sacudiendo la ceguera que acarrea vivir apegado a la rutina y el conformismo. Cuando los jueces le plantean varias penas, rechaza todas las alternativas. No quiere ser un prisionero que vive a expensas de las arcas públicas. No tiene dinero para pagar una multa. No está dispuesto a cerrar la boca, pues se niega a desobedecer a la voz de su conciencia, a ese dios que le instiga sin cesar, obligándole a pensar y hablar. La posibilidad del destierro le resulta inaceptable: “¡Sí que iba a ser hermosa la existencia para mí, a mi edad, partiendo para el destierro, cambiando siempre de residencia, de ciudad en ciudad, expulsado de todas!”. Ser condenado a muerte no le preocupa. El alma es demasiado valiosa para acompañar al cuerpo en su proceso de putrefacción.”

martes, 2 de junio de 2020

MOMENTOS REACCIONARIOS

“Los momentos reaccionarios de la historia son aquellos en los que los proyectos de historicidad no son plausibles ni verosímiles, ni conectados con el sentido común. Para este momento de la historia (que es el actual) propongo que la ficción trabaje en la retaguardia. Pues el modelo contrario ya lo conocemos. La exaltación del individualismo narcisista extremo y de la libertad del artista no es sino una forma de encubrir el modo en que hoy los artistas, los novelistas, los guionistas, salimos a la plaza del mercado (hoy de las redes sociales) como antes salían los jornaleros. Salimos a vendernos, a comprobar si hemos acertado con un encargo que no se formula explícitamente pero que esta ahí. Y mientras se malbaratan cientos de miles de proyectos de quienes no han acertado, algunos triunfan” (Retaguardia y ficción, de Belen Gopegui)
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Compromiso horizontal contra colaboracionismo vertical, en esta lucha se dirime la vida democrática del momento reaccionario actual. Gana el segundo, pues los siervos siguen colaborando verticalmente con los amos. Todavía no ha aparecido la opción del compromiso horizontal entre ciudadanos.
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La clase media acabó con la distinción entre elevado o bajo, noble o plebeyo etc. La clase media tiene una única inteligencia media y, también hay que decirlo, un incontenible  furor narcisista, cuyas condiciones de posibilidad mas sobresalientes en su acción diaria son la estupidez y el talento.
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“Tenemos una memoria absolutamente frágil como para poder aguantar el peso de nuestra maldad. Si recordásemos un poco más, nos hundiríamos. Por fortuna en el siglo XIX inventamos la HISTORIA como aparato técnico capaz de tranquilizar una memoria engañadora y sectaria. Ahora lo engañadle y sectario es la HISTORIA escrita por los expertos y así nuestra conciencia puede quedar al margen. Así recordamos perfectamente la maldad de los enemigos consagrados por la HISTORIA y gracias a ello nosotros somos inocentes.” (Europa en ruinas, de Hans Magnus Ezenberger)
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“De un mundo que ya no está”
Israel Yehoshua Singer
Editorial Acantilado

domingo, 31 de mayo de 2020

LA CONDICIÓN HUMANA

”La condición humana no es un tratado antropológico, sino político. Sin la referencia a Los orígenes del totalitarismo, que apareció en 1951, la obra quedaría incompleta. Hannah Arendt, que prefería el calificativo de publicista al de filósofo, no subordinó los acontecimientos a una escatología ni se identificó con un programa definido de reformas. Sabía que el hombre no está sujeto a leyes históricas o naturales. La condición humana es imprevisible y lo imprevisible no procede del azar, sino de la libertad. De convicciones liberales, Arendt siempre abogó por el imperio de la ley, el constitucionalismo y la razón política. No se puede obligar al individuo a involucrarse en la vida pública, pues eso es lo que hace el totalitarismo, pero se debe subrayar que la defensa del bien común es una obligación ciudadana. Si cada uno se dedica exclusivamente a cultivar su jardín, algún día la maleza penetrará en su hogar, destruyendo su existencia idílica. Hannah Arendt es una humanista. De ahí su firme oposición al poder totalitario, que considera al individuo superfluo: un cuerpo que se puede destruir y un alma susceptible de ser manipulada.“