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jueves, 30 de noviembre de 2017

YO ABSOLUTO, TÚ LOCO

Como era de esperar el multiperspectivismo y la relativización nihilista del humor de don Quijote y su escudero Sancho Panza iban a ofender a los lectores de esa clase media global en la que todos estamos más o menos estabulados, que anhelando constituirse en Todo, sin saber muy bien por qué, se atreven a leer las peripecias de esos dos benditos. La tragedia democrática, ya lo hemos comentado, es la ignorancia de los tipos normales que la pueblan, ignorancia de la que, por otro lado, se enorgullecen muchos de ellos, a saber, su incapacidad para persuadir y dejarse persuadir en un diálogo continuo, pues no otra cosa es la democracia, la educación y la lectura en sentido amplio. Ese trípode efímero, frágil e imperfecto sobre donde pretenden que se aguanten la totalidad de sus anhelos, a costa de querer trasformarlo en algo inmutable, robusto y exacto. O en palabras de Arendt, es su incapacidad de pensar, que dio lugar ayer a la banalidad del mal y que hoy produce la banalidad del bien, la que convoca hoy como ayer a los demás totalitarismos públicos y privados. Entre los que destaca, por su apabullante dominación en el estadio actual de la modernidad, el totalitarismo del Yo, unidad y principio fundacional de esa clase media global a que me refiero.

Si el héroe griego Ulises está demasiado lejos de nuestra modernidad y el héroe romano Eneas parece su fundador, Don Quijote representa más bien el principio de su acabamiento. Los tres salen un día de sus casas y los tres vuelven. Pero mientras Ulises vuelve extremadamente ligero de equipaje para recuperar lo suyo y a los suyos, y Eneas vuelve para fundar el embrión de lo será el Imperio Romano, matriz de todos los imperios posteriores, Don Quijote sencillamente vuelve a su casa para morir. Y ese acabamiento de poder constituirse en el Todo, es lo que disloca la mirada de los lectores modernos que, repito, incomprensiblemente se acercan a las aventuras del Señor de la Mancha o de la triste figura. Cuando para satisfacer tales anhelos totales es mucho mejor que frecuenten cualquiera de los otros dos héroes antiguos, preferentemente, tal y como yo percibo el totalitarismo del Ególatra de Hoy, a Ulises, por lo lejos que les cae. El cine de Hollywood ya se encarga de adobarlo y ofrecérselo en bandeja de plata, evitando las salpicaduras indeseables. 

Y es que la lectura de los textos originales de los tres héroes le plantean inconvenientes a este buen señor actual que tiene en propiedad un Yo tan Campanudo. El de Itaca ya que su desprendimiento de todo es lo que permite al fin poner rumbo hacia su destino. El de Roma por ser un “mandao” a servicio del emperador Augusto. Y el de la Mancha porque le anuncia la muerte como destino final de toda peripecia humana. Ninguno de los tres les sirven como ejemplo al Yo moderno. Sin embargo, el Señor de la Mancha o el de la Triste figura, todavía le es útil para revalidar - esta debe ser quizá la razón de que lo lea - el estatuto de su normalidad ególatra. Le sirve para ocultar todo lo que de patológico y peligroso hay en esa legitimidad normal. Pues no hay nada más consolador para quien anhela hacer de su Yo el Todo, que tener a mano un Tú Loco. En la modernidad la lucha no es ya entre los mortales contra los inmortales, como en el caso de Ulises, o del Imperio contra los barbaros que lo quieran destruir como en el caso de Eneas, en la modernidad la lucha es entre el Yo Absoluto y el Tu Loco. Sin embargo, si he podido observar que el Yo Absoluto frente al Señor de la Mancha muestra signos de debilidad que no preveía, pero de los que no es del todo consciente. 

Don Quijote consigue que, tanto los lectores aficionados como los profesionales, se pongan la mano en la sotabarba y reconozcan delante de sus iguales que se emocionan. En el fondo, es que son unos sentimentales. En el caso de los lectores que he denominado aficionados, y que normalmente coinciden en los clubs de lectura, la cosa no va a más que los mohines de siempre. En el caso de los que he llamado profesionales, véase profesores de instituto o universidad, críticos culturales y articulistas varios, la confesión de esa primera emoción es la disculpa para desplegar el Todo de sus conocimientos profesionales. Respecto a estos segundos poco se puede hacer, son los que, al fin y al cabo, más hacen gala de un Yo Absoluto absolutamente irreductible, valga la redundancia. En cuanto a los lectores aficionados del Quijote, si me parece atisbar, en esa debilidad que muestran, una oportunidad para iniciar el asalto a su fortaleza inexpugnable. Confiesan que se enternecen, se encariñan con las peripecias del Señor de la Mancha y su escudero, incluso algunos, supongo que por deformación profesional, quieren proteger con su lectura el estado mental que les trasmite el de la triste figura. Como los lectores aficionados no tienen los recursos retóricos y sofistas de los lectores profesionales, los hace muy vulnerables ante las preguntas inopinadas que le puedan surgir a su lado. Por ejemplo, ¿no te parece que Don Quijote tiene lo que tú anhelas tener y nunca has conseguido, a saber, un relato propio? ¿No has caído en la cuenta que sus aparentes delirios no son otra cosas que la manera que siempre han tenido los que piensan por sí mismos, los de relato propio, para huir de la normalidad vigente que, está sí, es una cosa y una casa de locos, pues ahí no cabe relato propio alguno, sino lo que es más propio de los gallineros? ¿No has pensado que Don Quijote, en la obertura de la modernidad, de la que tú has acabado convirtiéndole en Monarca Absoluto, vuelve a casa para morir pero, sobre todo, para recordarte - a falta de dioses que como a Ulises y Eneas se lo recordaban permanentemente - que también eres mortal? Es curioso y reconfortante comprobar que cuando alguna de estas preguntas les rozan, los lectores aficionados del Quijote comienzan a desplegar todas sus habilidades relativas a la comunicación no verbal, descargando, al final, poco antes de acabar la sesión de lectura, la responsabilidad de sus carencias en el sistema educativo. Si oyen, entonces, que salir al mundo con un sistema bajo una axila y con el virtuosismo propio de los expertos o de los que se entrenan mucho bajo la otra, no es lo mismo que salir con un relato propio, y, si cuando oyen eso, los mohines habituales de escándalo fallan en su función inmediata de defensa, es que una grieta se ha abierto en la muralla de su Yo Absoluto, Sólo queda saber como acertar para que el caballo de Troya, que por ella se cuele,  no cause demasiados estragos en el patrimonio ególatra de sus moradores sitiados, para que su fanatismo reactivo se convierta en un impulso individual y colectivo de resistencia creativa. Si eso aconteciera, entonces la aventura de Don Quijote y Sancho Panza, y por extensión la de sus predecesores griego y romano, adquirirá en el siglo XXI toda la plenitud de su sentido. A la que no podríamos  por menos de estar agradecidos.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

ULISES Y/O ENEAS

El que quiere volver a casa después de la batalla y no tiene mapa porque lo ha dejado dentro del cabello de Troya. O al que le encargan después de la misma batalla dibujar el mapa del nuevo Imperio, de la Nueva nación, del clan, en fin, de la familia. El que tiene una visión. O el que tiene una misión. El que piensa en escenas, imágenes, metáforas y relatos. O el que piensa en categorías. El que piensa que el mar es una representación del alma. O el que piensa el mar como un espacio para la construcción de autopistas de navegación. El que se compromete con las preguntas de lo complejo. El que busca la respuesta a costa de la simplificación de todo y de todos. El impulso creativo o el impulso reactivo. La democracia o la tiranía. Leer hoy las peripecias de Ulises y Eneas no es otra cosa que comprobar como nos leen ellas a nosotros mientras vivimos, aunque creamos equivocadamente que somos autosuficientes en la lectura de nuestras vidas. O dicho de otra manera, leer hoy a Ulises es comprobar la falsedad que acompaña a la pálida ambición que preside la lectura del Eneas moderno. 

Indudablemente mucho más atractiva la figura de Ulises, tal vez fuera por ello que Joyce escribió la versión moderna del héroe griego, encarnada en la vida de Leopold Bloom paseando durante un día por la ciudad de Dublín. Nadie, sin embargo, le ha parecido relevante hacer lo propio con la figura del héroe romano. Me refiero a nadie que haya querido actualizar el sentido heroico de semejante encargo, presumiblemente porque ya no es posible hacerlo. Bloom, visto así, sería el último héroe antiguo, antes del cataclismo final. Sin embargo, la misión por encargo de Eneas no se diferencia de lo que hacemos cada día el común de los mortales. Lo que ocurre es que hoy los planes del Emperador ya no son tan visibles ni tan fácilmente cartografiables como en la época de Augusto. También porque hoy las dos peripecias no pueden narrarse por separado. Cualquier personaje que quiera dar cuenta de lo que ha quedado después de las grandes catástrofes de 1945, debe incorporar, al mismo tiempo, la determinación que conforma el carácter de Ulises y la sumisión a la virtud imperial (o del paradigma dominante actual) que marca el destino de Eneas. Pues el héroe moderno, si se le puede llamar así, se ha transformado en un monstruo con dos cabezas, que también tiene su representación en la antigüedad clásica, y se llama Jano. 


¿Cómo se construye y se mantiene un Imperio, cualquier Imperio? Como hace el narrador mercenario de la Eneida, peripecia de Eneas mediante: llenando el mapa del territorio imperial de datos de todo tipo, dando así sentimiento absoluto de verdad incuestionable. ¿Cómo se construye un individuo? Como hace Ulises en su periplo hacia Itaca: desprendiéndose de esos datos, o de esa roña, acumulada en su corazón y en su mirada. ¿Cómo se hace uno Ulises sin dejar del todo de ser Eneas? Sería la pregunta para el ególatra moderno, que tanto miedo tiene a la muerte y sus emisarios. ¿Debería ser leída la peripecia de Eneas, al hilo de los acontecimientos del presente, como una posterioridad anterior y la de Ulises como una anterioridad posterior? ¿O ya está bien la lectura que hagamos, siguiendo los pasos y ritmos tal y como nos los ofrece la cronología histórica, a saber, Ulises más antiguo y más lejano y más incomprensible para nosotros que, para entendernos, el colega Eneas, que parece así uno de los nuestros?

martes, 21 de noviembre de 2017

TODO LO SÓLIDO SE DESVANECE EN EL ALMA

O en el aire, como dijo Marx según nos recuerda en su libro homólogo  Marshall Berman. Dice así: 
“Ser modernos es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros mismos y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las experiencias modernas atraviesan todas las fronteras de la geografía y la etnia, de la clase y la nacionalidad, de la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión: nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire”.

Traigo a colación este párrafo del libro de Berman porque me parece que acierta a describir el estado de ánimo o mental de cualquier lector que hoy se ponga a leer el diálogo que mantiene Sócrates con Cebes y Simmias, a propósito de la teoría armónica del alma. Es como si ellos y nosotros dijéramos que todo lo que captan nuestros sentidos, incluso cuando ya no lo hacen, tiene que estar archivado an algún sitio que creemos seguir viendo: en el aire. Son las palabras de Cebes y Simmias salidas de unos cuerpos que parecen antecedentes de los cuerpos y palabras modernos, caracterizados por tener una psicología sin alma, como esos zombis que apuntabas en tu escrito, alicaídos e incapaces de coger verticalidad, que se mueven mecánicamente, como la realidad que conforman, arrastrando los pies a ras de tierra. Cuerpos y palabras que sólo levantan el vuelo sí, como les dictan sus coachings, se entrenan sin parar hasta alcanzar la forma ideal, mediante la que arrastran también al alma (mente la llaman ellos), pues la entienden como una mera función del cuerpo, a través de esos intercambios psíquicos tan publicitados por los entrenadores de la llamada autoayuda. Si quieres, tú puedes. No te pongas limites. Son cuerpos y palabras que buscan la victoria antes que el entendimiento, o que piensan sobre todo que en la victoria se encuentra la última palabra. Y es contra esa victoria, de unos argumentos sobre otros, contra lo que están las argumentaciones de Sócrates durante todo el diálogo del Fedon. 


Si te fijas la decisión de Marx de enviar al aire todo lo que se desvanece, que como buen materialista es todo, está basada, al igual que los argumentos de Cebes y Simmias, en la filosofía natural. Es decir, en que solo existe lo que se ve, es medible y contable. Y también lo que es contiguo, como la noche lo es del día, o el invierno lo es del otoño y este del verano, o el cielo lo es de la tierra, o, en fin, la mente lo es del cuerpo. Contigüidad que, como nos enseñan las argumentaciones de Sócrates, no es sinónimo de consecuencia. Ya que esta consecuencia viene determinada, eso es lo que sospecha Sócrates, por la necesidad de vencer en el diálogo, como ya he dicho, antes que por la firme convicción de la veracidad de sus argumentaciones, de que la verdad radique ahí y solo ahí, es decir, en lo que uno cree o piensa. Pues es esa una convicción totalizadora y omnisciente que es impropia de la condición humana, que se caracteriza, como ya he dicho en otras ocasiones, porque siempre hay algo que no conocemos y, sobre todo, algo que no conoceremos nunca. Ese algo que aunque nos lo quiera imponer el deseo inaplazable e insaciable del cuerpo, como también dice Sócrates, solo podemos aspirar a recordar y a trasmitir, pues es invisible e inmaterial, nunca, por tanto, puedo ser un mero epifenómeno del mecanicismo funcional del cuerpo ya que entonces sería perfectamente inteligible. Eso es a lo que se puede llamar alma o también imaginación. Que se caracteriza por estar en el cuerpo y fuera del cuerpo a la vez, en la medida que no se hace eco de su mecanicismo funcional, que pertenece por entero al mundo heredado y nunca a la vida en propiedad, que solo se puede comunicar como algo ficticio nunca como algo tangible o noticiable. Es por lo que de cualquier diálogo, entiende Sócrates, no se puede salir ni humillado ni vencido, ni laureado como vencedor, sino más inteligente y sensible que se entró, es decir, más sabio. Esa es la diferencia entre el debate dialógico frente al dialéctico, a saber, que de las diferencias, lagunas, tensiones, etc., que puedan surgir entre los que participan pueda surgir algún tipo de beneficio que repercuta en su inteligencia y sensibilidad. En el logro de su sabiduría.

lunes, 20 de noviembre de 2017

HIPOTAXIS Y ENSALADA

“Atrae por la voz que nos acuna y por la belleza de las imágenes de colores, que se mezclan entre sí como cuando aliñas la ensalada la sal, aceite y vinagre uno encima de otro sin eliminarse el sabor ni el color, sumando y no restando”. Así escribe Duarte en un momento de su diario, que tiene que ver, más o menos, con la llegada a la Nueva Galeria, poco después de haber dejado a nuestras espaldas la instalación del contenedor y la haima itinerante. Lo traigo a colación porque me parece una imagen de lo más acertada para poder moverse con algo de soltura por los vericuetos de Documenta y, por extensión, del arte llamado contemporáneo. Duarte que es una excelente cocinera, y lo que ha hecho ha sido llevar a la cocina el asunto, porque, imagino, que intuye es el lugar más alejado - más lejos seguro que todo lo que se pueda leer o ver  sobre arte contemporáneo antes de viajar a Kassel - desde el que poder tener una perspectiva suficientemente amplia que le permita enfrentarse a los fragmentos y dislocaciones en que se aloja la necesidad imperecedera que tenemos los seres humanos, desde las pinturas de las cuevas de Chauvet por mencionar las más antiguas obras de arte reconocidas, de representar como sea y como podamos la angustia que nos produce la realidad que nos rodea. Si como dijo alguien el cocinar hizo al cuerpo del hombre, es decir, creo el espacio de la cocina, fue desde este lugar desde donde se pergeñó el estudio de pintura y escultura, la habitación de lectura y escritura, el auditorio de los conciertos, en fin, los lugares de la creación del alma, que así se vio sujeta de forma permanente a una ubicación itinerante y su consiguiente modelación de lo que siempre ha significado: el atributo esencial del ser humano. Luego como intuye Duarte acertadamente algún tipo de aliño hay tener preparado, o dicho de otra manera, algo hay que imaginar para digerir esta ensalada que es, en definitiva, este trajín entre la cocina y los diferentes lugares de creación en que se encuentra inmerso el venir y el devenir humano. Rafael Sanchez Ferlosio lo denomina hipotaxis, “Se trata de construir la frase y el periodo en tres dimensiones, es decir, lineal y lateral cuando el concepto lo requiere”. Queda claro que la suya es un tipo de prosa cuya tercera dimensión permite comunicar pensamientos complejos. 


Una vez que he llegado hasta aquí, y dentro del marco inspirador de Documenta 14, yo también quisiera proponer una instalación resumen, o de examen final de la visita a Kassel (y por extensión, a toda experiencia artística, como dice Sanchez Ferlosio, en tres dimensiones) que tendría forma de aliño y serviría para unir estas dos palabras que han salido en el escrito, a saber, la ensalada y la hipotaxis. Existe la suficiente distancia entre ellas, mucho más arriesgada que las distancias virtuales a través de las que damos varias vueltas al mundo cada día, como para iniciar un viaje que sea un acto creativo humano de un tercer espacio entre la ensalada y la hipotaxis, que tendría los atributos propios de esa esencialidad humana que he mencionado y que no son otros que los que dan forma a nuestra intimidad, dicha también, el alma. O la forma de un claro del bosque, al decir de María Zambrano, donde poder pensar lo que hemos sentido en ese itinerario, en fin, donde padecer y gozar de nuestra trascendencia, lo cual sería un alivio darnos cuenta que eso nos diferenciaría a todos de las diversas mascotas que también acompañaron a sus dueños en su deambular por las calles de Documenta. Un viaje en el que deberíamos aprender a aderezar, por una parte, la linealidad de los movimientos previsibles a que estamos acostumbrados en nuestra vida cotidiana, que suelen corresponder con la mecánica de relojería de lo que llamamos realidad - tal y como mencioné en el escrito del otro día -, y que no desaparecen por el hecho de estar transitando por la muestra de arte contemporáneo más importante del mundo, y, por otros, los movimientos o distorsiones de todo tipo propios de  la lateralidad que acompaña a aquella linealidad sin que la mayoría de las veces nos demos cuenta. Únicamente nos alertamos de su existencia, tal vez, por esos escasos momentos de perplejidad que a veces se nos escapan en público, desobedeciendo el mandato de los organizadores de la muestra, que aseguran que allí solo hay ideas o conceptos - aunque tampoco aclaran el qué, pues hay una gran diferencia entre ellos a la hora de mover tanto el cerebro como el corazón - que disuaden antes que alientan nuestras emociones en cualquiera de sus niveles de manifestación. Conviene advertir que la complejidad que de todo ello pareciera desprenderse, tiene que ver más con el desconocimiento, debido a la falta de hábito de viajar así y con tales alforjas, que con las escarpaduras que nos podamos encontrar durante el recorrido.  

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EL TAO ES EL OTRO Y LO OTRO

Las alegrías y las preocupaciones de nuestras vidas están ahí disponibles y son perfectamente previsibles. Lo que quiero decir es que no están pensadas para que ocurran tragedias, ni que haya nunca sombras acechantes ni palabras o siluetas misteriosas. Más bien funcionan como lo hace un mecanismo de relojería, y podría continuar así indefinidamente de igual forma, pues pareciera que de los propietarios de esas vidas hubiera desaparecido todo vestigio de conciencia, voluntad, esfuerzo, dolor o placer. 

Estas palabras pudieran parecer el arranque de cualquier distopía adscrita al género de la ciencia ficción, pero a mí me parece que es el relato dominante en la actualidad real, es decir, el relato que hace que cada mañana millones de seres humanos se levanten de la cama para ir al trabajo, a sabiendas de la colosal humillación que esto supone desde el primer día que lo hicieron. Estoy hablando del relato que se conoce como el self made man, o el hombre hecho a sí mismo, al fin, sin intermediarios. Digo esto porque me parece conveniente tener claro que cualquier otro relato, provenga de la más remota antigüedad o de la más rabiosa actualidad, que quiera tener algún tipo de presencia en el mundo de hoy se tiene que ver las caras con este tipo de lectores, que también se creen hechos a sí mismos y que son quienes cortan el bacalao en el ámbito de la industria editorial. O dicho con otras palabras, el self made men trata de parecerse denodadamente a su relato, o lo que es lo mismo convertir su relato en el único relato. Este es a mi entender el principal obstáculo que tiene el Tao, la Odisea o la Biblia, y en general cualquier otro relato, para abrirse un hueco sin tener que convertirse en el espejo donde se refleje la sensibilidad campanuda tipo Dorian Grey de nuestro héroe que se cree hecho a sí mismo. 

Simplemente con que el self made man entendiera el alcance real y la utilidad de su relato, a saber, únicamente le da para ganarse la vida, y que el vacío que entonces se le aparece no es sinónimo de la nada, ni de miedo, sino de todo lo que no es y no podrá ser nunca, lo cual le es negado como propiedad o conquista privada por mucho que haga intercambios psíquicos sobornando a su psicólogo de cabecera, cierto, pero que el misterio que anuncia el Tao se lo ofrece como el campo propicio y apropiado a su imaginación ilimitada, es decir, a su creatividad, simplemente con que entendiera esto, digo, entonces en ese horizonte vacío y lleno de todos lo temores aparecería el Tao, la Odisea, la Biblia, y cualquier otro relato, como las condiciones de posibilidad para ganarse su vida. Para ser alguien, que es lo que todo mortal anhela en silencio. Pues todos esos relatos están ahí no para infundir miedo, sino para que el self made man se dé cuenta, y tome buena nota, de su incompetencia frente a algo tan natural que llama inapropiadamente vacío, cuando en realidad, repito, como dice el Tao, debería llamar misterio. 

Recordemos el primer capítulo del Tao que, como en toda buena narración, queda sugerido todo lo que vendrá a continuación, y que, también, parece escrito ayer mismo para que lo lea hoy nuestro apresurado y acojonado self made man, antes de salir de casa para dirigirse a la oficina. Un acojonado ser humano actual perfectamente alfabetizado e informado, que con lo que ha llovido desde que lo escribió Lao Tse, parece mentira, se cree hecho a sí mismo porque exclusivamente está acostumbrado encontrar emoción en lo diferente, lo individual y lo excepcional, cerrando lo ojos para la nobleza y la hondura del estado anímico que se esconden en la normalidad democrática de lo que todo el mundo hace, siente y piensa. En fin, el Tao, como toda gran obra, está siempre entre el run run sabelotodo de nuestro presente, porque los histéricos e inconfesables temores que acompañan, como la uña a la carne, a nuestra arrogante manera de ser: hechos a nosotros mismos, no pueden impedir que suceda siempre. Oigamos con atención, al hilo de ese run run cotidiano, esas primera palabras.

“El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre.
Sin nombre es el principio del universo; y con nombre, es la madre de todas las cosas.
Desde el no-ser comprendemos su esencia; y desde el ser, solo vemos su apariencia.
Ambas cosas, ser y no ser, tienen el mismo origen aunque distinto nombre.
Su identidad es el misterio.
Y en ese misterio se halla la puerta de toda maravilla.”

Nada que temer, por tanto, acojonado e incompetente self made man. Sin embargo, lo tienes todo por imaginar, tío, si estás cerca del Tao, que no eres tú mismo, sino el Otro y lo Otro.

lunes, 6 de noviembre de 2017

VIAJAR Y TURISTEAR

Pero que difícil es volver a la casa de Itaca. Cuantos obstáculos en un camino tan corto geográficamente y de una cartografía impecable (cada rincón tiene su nombre, cada personaje una larga retahíla de apellidos, parece que es difícil perderse y llegar pronto a destino), pero tan vasto anímicamente acompañado de una cartografía impredecible. Lo que diferencia ese viaje de un viaje de hoy es que en la Odisea ambas cartografías se miran a la cara y dialogan de forma constante. De nuevo, lo real de la geografía y sus cuitas humanas y físicas y lo verdadero de las cuitas geográficas  del alma de Odiseo no se ignoran. Una sobre la otra o la una al lado de la otra, más bien se necesitan mutuamente. 

Hay algo fundamental que distingue al viaje de Odiseo del de los turistas modernos, a saber, la motivación y la actitud ante el desplazamiento. En Odiseo tiene un fin épico concreto que distorsiona no solo la geografía que pisa, sino, y sobre todo, la geografía de su alma y la de sus acompañantes, y también alcanza a la de quienes abandona. Mientras que en el caso del turista moderno su viaje se encuentra motivado por la claridad dogmática de toda la información que atesora antes de iniciar su periplo, y que se impone a las contradicciones de sus sentimientos al dejar su casa y a los suyos, lo que nos habla de su posición dominante previa respecto a donde se desplaza, y respecto a lo que allí se ha de encontrar. Odiseo, habiendo destruido Troya, es un hombre atormentadamente pacífico. Mientras que el turista moderno siendo un pacifista convencido, eso dice antes de partir, alienta y favorece la depredación pues así lo requieren sus desplazamientos.

sábado, 4 de noviembre de 2017

DE REGRESO A ITACA

Entre lo verdadero que cuenta el narrador y lo real desde en donde se encuentra el lector.
Según voy leyendo la Odisea tengo todo el rato la sensación de estar leyendo un historia de dibujos animados para niños, pues solo los niños, tal y como nuestra modernidad ha querido construir y codificado la infancia, creen que la ficción es la única realidad. Y, sin embargo, es innegable que las palabras de Homero se dirigen a hombres adultos, perfectamente conscientes de su mortalidad y de la inmortalidad de los dioses, que es el principal distintivo de esas vidas adultas, que los separa de forma radical de la vida infantil o adolescente a la que ya no pertenecen. De otra manera, lo que me parece más difícil al leer hoy la Odisea es moverme con la naturalidad que lo hacen sus protagonistas entre el carril, digamos, que va de lo real a lo posible y el carril que comunica lo imposible y lo verdadero. El paradigma científico técnico de la esa misma modernidad, que nos salva de nosotros mismos en otros asuntos, nos hace ciegos e incompetentes en éste. No hay relación o dependencia de causa efecto entre las diferentes acciones, lo que las haría reales tal y como entendemos la realidad de matriz historicista. Pero tal y como las oímos son verdaderas, sin más justificaciones que la verdad que llevan dentro y que tiene vocación de alcanzar a la verdad que tiene el lector, igualmente en su intimidad. ¿Tendrá éste el suficiente valor y coraje para desprenderse del velo historicista que lo nubla? ¿Sabrá recibir a la verdad de Odiseo, entonces, con todo los honores que se merece? Volver a Itaca hoy, de eso se trata.

Es cuento pero sobre todo, no hay que olvidarlo, es canto, lo cual  da a la música de las palabras que nos dicen una sonoridad primordial y prioritaria. Las oigo antes que las leo. O las leo porque las oigo como las cantan. Uno tiene la sensación que quien se desplaza es el alma de los protagonistas y no tanto su cuerpo. ¿Hay una distancia comprensible entre los protagonistas y sus actos, a pesar de la desmesura con que estos se nos cuentan? ¿Eso es debido a que están siempre bajo la influencia de la conversación cercana con los dioses, que es lo mismo que decir que saben quienes son y qué lugar ocupan en el mundo? ¿No viven, por así decirlo, como solemos hacer los modernos de hoy en día, con un fondo de aislamiento, ni sienten un íntimo y lacerante abandono de sus vidas, rodeadas por una nada exterior amenazante porque es  incomprensible a pesar, o debido a sus habilidades y virtuosismos científico técnicos?

miércoles, 1 de noviembre de 2017

EL SACRIFICIO DE ESCRIBIR

Mi gato Delfín, un tipo simpático además de inmortal, me dice que tal vez los relatos de la ciencia, la religión y la política no dan más de sí en la dirección que ellos propugnan, a saber, siempre hacia delante y siempre imaginando como meta definitiva algún tipo de sociedad perfecta. Lo que, a mí entender, viene a decir mi gato es que escribir lo que piensan ingenieros, curas, diputados y activistas varios, que es como escriben hoy muchas personas, sin contar, subraya Delfín, las que escriben sin pensar que gracias a Internet son epidemia, no lleva a ningún sitio, no con inter€s, me aclara, sino interesante. El camino, por decirlo así, está cegado, como le pasa a las alcantarillas que no se limpian, por los desperdicios en que se han convertido las buenas intenciones que durante siglos lo llevan intentando. Y entonces, ¿la esperanza de emancipación?, dicen los alarmistas que no siendo ni gatos ni perros, sino únicamente bípedos implumes, tienen derecho, dicen, a una respuesta.

Un servidor piensa que Escribir es, antes que nada pensar lo que se quiere escribir, es decir, darse cuenta de como no hay que hacerlo. No debemos escribir como un ingeniero (metáfora cabal del cientifismo técnico imperante), ni como un cura o un profesor de instituto, ni como un diputado o un activista, ni, cielo santo, como lo hacen en las redes sociales. Teniendo esto claro viene, en segundo lugar, lo de ¿para que Escribir en tiempos de ceguera y de sordera generalizada? Para dar cuenta de nuestra irrelevancia en ese mundo, hoy dominado por ciegos y sordos, que es lo que aparece cuando uno tiene aquello claro. Escribir es construir un puente, para que no digan los ingenieros, entre nuestra finita irrelevancia y la ignota infinitud del mundo que nos rodea. Vamos, lo del miedo al folio en blanco y tal. Rafael Argullol rinde un homenaje al folio en blanco asociándolo, frente al mal del mundo, con la bondad. No seré yo quien se oponga a esta hermosa visión. Escribir, por tanto, es una manera lúcida y verdadera de luchar contra el miedo que nos produce la muerte, es decir, contra lo que es más grande que nosotros. Lo que no es sinónimo de sálvese quien pueda. Al contrario, escribir es una llamada al ser mortal que somos desde lo imposible y lo verdadero, una llamada que quiere ser compartida entre otros seres mortales. Escribir, en fin, es una oculta necesidad individual que tiene, sin embargo, una explícita vocación transitiva hacia los otros, leer, y de formar comunidad, conversación entre lectores. Si esto lo sabe mi gato Delfín, y mucho antes lo dijeron los griegos, “de las palabras nacen la belleza y el encanto” (la lengua de los dioses, de Andrea Marcolono), ¿qué problemas hemos de tener los bípedos implumes? Mejor que a los enigmas de cada existencia tratemos de responder, aunque sea de forma precaria e insatisfactoria siempre, desde y sobre el folio en blanco, evitando así que metan ahí los morros el Vaticano, La Casa Blanca, el Kremlin, o cualquier otra organización científica, religiosa o política que se mueva entre lo posible y lo real. 

THE ONLY NATION IS THE IMAGINATION

“No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero.”
Con esa frase no hay tiempo suficiente para comprenderla (no confundir con entenderla), ni con tres vidas, mortales por supuesto. A mi me dijeron que pusiera en el frontispicio de mi alcoba: “Lo importante no es lo que haces, sino que haces con lo que haces, o mejor dicho, que hace contigo lo que dices que haces con lo que haces.”, y que las leyera como una “jaculatoria” antes de que me entrara el sueño. Como puedes suponer lo que me entraba, aún me pasa, es el insomnio. Cualquiera de los seres inmortales que nos rodean, esos que están adscritos a la ciencia, la religión y/o la política en plan “Fe del Carbonero”, es bastante probable que piensen que lo que digo es una exageración. Y aupados en la atalaya que les proporciona esa Fe Negra, puede que tengan razón, científica, religiosa y/o política, por supuesto, no en balde es esa Honorable Señora la que los hace sentirse inmortales durante unos años. Pues no tienen necesidad, como dice Martel, de tender un puente entre su alma y el mundo, entre su cuerpo y la tierra. Como los animales, los únicos seres vivos verdaderamente inmortales, un día dejaran de vivir, sin haberse dado cuenta de que existen otras racionalidades,  a parte de las de su Santísima Trinidad (ciencia, religión y política), que dibujan otras perspectivas y posibilitan otras conversaciones.