miércoles, 30 de agosto de 2023

ÁLVARO MUTIS

 LETANÍA



DENISE LEVERTOV

 


CRÓNICAS DEL RÍO SPREE 5

 BERLIN: EL BÚNKER DE BOROS

Hitler definía a la Naturaleza como “una reina cruel” y pretendía aplicar sus leyes a la historia humana. Sus doce años en el poder convirtieron esa fantasía en realidad, escarneciendo cualquier idea de progreso. Nada representa mejor esta visión del mundo que la red de búnkers de muy diversa forma y emplazamiento, que nada más comenzar la Segunda Guerra Mundial el Führer mandó  construir a lo largo y ancho de la geografía alemana. El búnker civil, por así decirlo, se convirtió en la segunda residencia común de la población alemana que vivía en las grandes y medianas ciudades del Reich, donde acudían para protegerse de los bombardeos aliados y donde cada vez pasaron más tiempo de sus vidas hasta el final de la contienda. Desconozco si hay un catálogo que certifique el número de los búnkers que quedan en pie en la actualidad en todo el país germano y el estado de su conservación. Los bombardeos masivos de los aliados, por un lado, y la mala imagen que tienen de cara a la práctica de la memoria histórica posterior, hicieron que muchos de ellos quedaran totalmente derruidos y los que quedaron a medio derruir los vencedores, después de la guerra, concluyeron la labor que las bombas dejaron inacabada. Valga como ejemplo más significativo el búnker del Führer, que fue derruido totalmente por los soviéticos, al menos en su parte exterior para que no fuera lugar de peregrinación de los nostálgicos del régimen nazi. Hoy, ese espacio exterior en una zona de estacionamiento para coches en medio de una zona de viviendas normales. Solo un cartel que espera a los turistas nos recuerda, que en los bajos fondos de ese estacionamiento automovilístico se encuentra lo que fue la residencia en Berlín del Führer y sus cuates en el tiempo final de la guerra: una red de búnkeres debajo del Gran Búnker, construido cerca de la Cancillería del Reich. Todos construidos bajo la batuta  del ministro de la guerra y arquitecto de confianza del Führer, Albert Speer. 


Pero a lo que me quería referir, como se anuncia en el título de esta entrada, es al búnker de Christian Boros. Todo el mundo sabe que hasta ahora el dinero se suele relacionar con todo lo otro que forma lo que llamamos realidad, a saber con la guerra, con la paz, con las dictaduras, con las democracias, con el arte, etc. Lo que no es habitual es que el dinero medie entre, pongamos, la guerra y el arte al mismo tiempo, no solo como moneda de cambio: el traslado de los cuadros del museo del Prado para salvaguardarlos de los bombardeos franquistas costo dinero público. Una transacción meramente preventiva y comercial. La novedad del relato de Christian Boros consiste en lo siguiente. El ciudadano polaco es un millonario y publicista aficionado además, fíjate, al coleccionismo de arte mas vanguardista, cuyos cuadros esperan en diferentes sótanos habilitados hasta que llegue la hora de su exposición. Hete aquí que un día cualquiera el ciudadano Boros decide comprar el búnker de la calle Reinhard de Berlín e instalar allí, en la planta alta del búnker (ver foto adjunta), la vivienda habitual de él y su familia en la capital alemana, y las otras cinco plantas del búnker convertirlas en otras tantas salas de exposición, donde exhibirá sus numerosos cuadros que ha ido coleccionando. Queda claro que la decisión de Boros se aparta de la tendencia dominante en las modas del artisteo, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, en las que demasiadas veces, por no decir todas, se confunden intencionadamente el arte, el dinero, el talento y la fama. Asumiendo la paradoja de meter en un búnker nazi, cuyo régimen consideraba al arte moderno como arte degenerado, las obras más vanguardistas del llamado arte contemporáneo, Boros nos propone dar una vuelta entre los pasillos y pasadizos del búnker-sala de exposiciones para contemplar las obras de su colección. Dicho de otra manera, donde hace ochenta años se vivió el dolor y el espanto inimaginable de la condición humana, hoy se puede contemplar lo último de la imaginación humana. El acierto de Boros es minimizar la distancia entre esos dos momentos de la experiencia humana. Al contrario de tantos gobernantes paniaguados, que se gastan el presupuesto público en construir inverosímiles museos de arte contemporáneo con tal de estar a la moda, no porque sean necesarios, el millonario Boros se gasta sus millones en adaptar un mamotreto de cemento, lleno del significado histórico del horror de nuestra herencia, para meter dentro las ocurrencias de los artistas actuales. Y a ver que pasa. Y lo que nos pasó en la vista que concertamos fue que a esta propuesta de Boros acudieron, mayoritariamente, jóvenes reales y jóvenes en estado de apariencia cuya relación con su pasado inmediato no va más allá del hecho histórico de la llegada al mercado del primer iPhone de Apple. Nunca en ningún otros ámbito expositivo post moderno experimenté el significado profundo del adanismo, esa ideología dominante en el presente que no significa otra cosa que creer firmemente que el mundo empezó a rodar el día que tú naciste. Da igual el envoltorio con tal que afiance al espectador en ese dogma. Así el búnker de Boros deviene como si nada hubiese pasado hace ochenta años, y todo esté ocurriendo en el momento de la visita a sus salas de exposiciones interiores. No hace falta insistir que las obras que se mostraban representan cabalmente la visión del tiempo adanista de sus autores, a la que me he referido antes. El arte comenzó a existir en el mundo el día que ellos nacieron. 



lunes, 28 de agosto de 2023

ROSA. BERBEL

 


EUGENIO FUENTES

 TÁNDEM (fragmento)



MI TÍO

 A propósito de la puesta en escena de la película “Mi tío” de Jacques Tati, recordar que lo importante del ser humano es su capacidad creativa, no su capacidad adaptativa. En esto Darwin no fue preciso, o se equivocó, aunque seguimos bajo su influencia. Tampoco acertaron los románticos con su ideal del genio un poco loco, aislado y creador sin limites. Es la otra influencia que nos condiciona. Así que seguimos pensando que Crear no es propio de los seres humanos corrientes, sino de los artistas iluminados por su genio. Luego, por otro lado, esta el público en general atrapado en la maraña de su vulgaridad, que ya tenemos bastante con distraernos con lo que hacen los artistas mientras nos adaptamos. En esta ecuación vigente desde hace casi 200 años, algo no cuadra si la aplicamos sin enmiendas a nuestra sociedad plural, formalmente democrática y perfectamente alfabetizada e informada. Por decirlo sin rodeos, Chaplin-Charlot apuntalan la idea de Darwin y los románticos, que consiste en cambiar un sistema por otro (esto nos suena), a benéfico y gloria del Progreso. Mientras que Tati-Hulot tratan de abrirle un hueco, en el sistema que ha triunfado en su lucha por la adaptación (esto nos parece extraño), a la nueva visión del mundo plural, democrática, albafetizada e informada, para que respire el aire exterior. 

No me pasa desapercibido que la falta de respuesta de la película se corresponde con la falta de argumento lineal (en el sentido causa efecto del término), y, por tanto, con la ausencia intencionada de una visión a favor o en contra del sistema. La peli “Mi tío” de Tati no va, para entendernos, de lo que va la peli “Tiempos Modernos”, de Chaplin. Va, ya lo he dicho en la anterior entrada, de qué tiempo y espacio le damos a nuestra imaginación y capacidad creativa en un mundo maniqueo, laico y racional dominado por la tecnología más avanzada,  donde, sin embargo, no podemos dejar de seguir ligados a presencias reales que son ensoñaciones de matriz inmaterial  anteriores muchas de ellas a esa cosmovisión que impone la idea de progreso contra retroceso, como único principio del movimiento. 


Ensoñaciones donde la vida fluye no progresa ni retrocede ni se estanca, donde todo siente y se relaciona con todo. Donde la vida simplemente sucede. Porque la vida es más fuerte que el progreso o el retroceso o el estancamiento etc, vistos como categorías mentales fijas. Así de fuerte es también la imaginación y la creatividad humana. Asi Hulot y sus andares ondulados como la naturaleza, como los niños y sus juegos y travesuras, como los perros y sus idas y venidas , como el vendedor de buñuelos a la intemperie,…todos sin salida ni meta definido, sin principio y final explicito. Seres intermedios que viven y sienten en lugares intermedios. Entre el futuro y el pasado. Entre el éxito y el fracaso. Entre la Fe y la incredulidad fanáticas. En fin, entre todos esos opuestos irreconciliables que nos inventamos para amargar la vida ajena y la propia.

jueves, 24 de agosto de 2023

C. P. KAVAFIS

 


CRÓNICAS DEL RIO SPREE 4

 BERLIN: LA GARITA DEL MURO


Era modisto, lo ametrallaron y dejaron desangrar cuando iba a entregarse: el primer asesinado en el muro de Berlín, Günter Liftin, tenía 24 años, vivía en el lado oriental y trabajaba para figuras del cine en el Oeste. Cuando el paso se cerró quedó en el sector comunista. Urdió un plan para pasar al lado oeste y continuar con su profesión. Le salió mal y le costó la vida. Era el 24 de agosto de 1961, 11 días después que los soviéticos empezaran a levantar el muro de Berlín. Fue a partir de noviembre de 1989 cuando esta historia de Günter Liftin - y la de todos los que de una forma u otra sufrieron la ruptura abrupta de sus vidas con la presencia del ominoso muro, que partió en dos, a su vez, la traza urbana de la ciudad de Berlín - tuvo la posibilidad de acabar de una forma digna, digámoslo así sin más abalorios. Fue su hermano el que pidió que se conservase la garita desde donde los soldados soviéticos dispararon contra Günter, como homenaje al asesinado. Hacer una visita a esa garita, donde se rompió fatalmente la esperanzada vida de Günter Liftin, fue una de las citas que nos propusimos en este viaje a Berlín.


La historia del muro de Berlín es un capítulo más, por decirlo así, de la fragilidad de la democracia en la ya dilatada historia de la humanidad. Fue Esparta quien levantó ese primer muro contra a la democracia ateniense, en lo que se llamó las guerras del Peloponeso. Conviene recordar aquí el el famoso discurso de Pericles en defensa de la democracia, conocido como la Oración Fúnebre. La Segunda Guerra Mundial, heredera de aquella del Peloponeso en cuanto a la partición del mundo en dos mitades irreconciliables, puso su final inclinado al mismo tiempo la Era Atómica y su acompañante bélico inevitable la tercera guerra mundial, más conocida con el eufemismo de la Guerra Fría, entre dos concepciones del mundo, como no, irreconciliables, a saber, la democrática occidental y la tiránica soviética. Entremedias un telón de acero simbólico y un muro de cemento real. Esta concepción del mundo es en la que toda vía nos encontramos, pues aunque el muro de cemento fue derruido hace más de treinta años, el telón de acero prevalece todavía en la mayoría de las mentes actuales de ambos lados. 


Esta viva contradicción berlinesa, y al mismo tiempo tan europea, es lo que hace que te sientas en Berlín como en casa, pues es la mejor atalaya para comprender, fuera ya de la frivolidad turística, la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y su secuela de la Era Atómica donde vivimos, se pongan como se pongan las campañas publicitarias del corte Inglés y todos sus imitadores, que crecen como hongos en cada nueva temporada, invitándonos sin desmayo a una felicidad colorista porque nosotros lo valemos. 

El caso fue que, antes del viaje, vimos en una serie de televisión relativa a la Charité, que situaba la garita desde donde dispararon a Günter Liftin cerca del antiguo hospital de la capital alemana. Allí que nos fuimos dando pedales. 


Charité es un hospital público universitario alemán que se cuenta entre los más grandes de Europa.1 Llamado Charité - Universitätsmedizin de Berlín, forma parte de la Facultad de Medicina de la Universidad Libre de Berlín y la Universidad Humboldt de Berlín. Cinco premios Nobel de Medicina se formaron en él. Inicialmente construido en 1710 en Berlín-Mitte en previsión de un brote de peste bubónica, se convirtió en hospital de caridad pobres después de que la ciudad se repuso de la plaga. En 1727 Federico Guillermo I de Prusia le dio el nombre de Charité, cuyo significado es "caridad". Tras la partición de la ciudad después de la Segunda Guerra Mundial, la Charité quedó ubicada en lo que pasó a llamarse Berlín Este, y a partir de 1961 estuvo limitando directamente con el muro de Berlín. Así la Charité fue adscrita a la Universidad Humboldt. A partir de la reunificación alemana de 1990,2 se inició una amplia remodelación de la Charité, que fue concluida en 1998.


Tardamos en descubrir donde se encontraba la garita. Como es fácil deducir su actual entorno, después de la reunificación alemana, está irreconocible, si nos atenemos a las fotografías de la época de construcción del muro, que están dentro de la garita. Pero al final la encontramos. Se puede visitar sus diferentes pisos, y así hacerse una idea de la perspectiva de los disparos que acabaron con la vida de joven modisto. Ver foto adjunta.

martes, 22 de agosto de 2023

SANTIAGO GALÁN

 LA LUCIDEZ DEL DROMEDARIO



JULIA DE BURGOS

 EL MAR Y TU (fragmento)



J. E. ADOUM

 RESUMEN DE LA INFANCIA (fragmento)



NEBRASKA

 Es inevitable que la peripecia narrativa de la peli Nebraska, de Alexander Payne, remueva por dentro nuestra biografía familiar, independientemente si en esa biografía ha habido borrachos, o no, o si se ha producido en un desierto o en un vergel. No vemos las pelis ni leemos los cuentos, es decir, somos espectadores o lectores, no para poner al día nuestras filias y fobias que tenemos como seres existentes en la vida, sino para todo lo contrario. Es decir, para tratar de comprender por qué las tenemos y por qué todavía esas filias y esa fobias nos acompañan en nuestra existencia. Y da igual que tengamos veinte que ochenta años. Las filias y las fobias sólo sirven para vernos y leernos, una y otra vez una y otra vez, a nosotros mismos. Para ello no hace falta ver ni leer. Es lo que lo hacemos todos los días. No damos para más.

Los personajes de las películas y las novelas y cuentos no se parecen a nadie de nuestra vida, aunque nos dé esa impresión al verlos o leerlos. Son instrumentos o vehículos que el narrador crea para construir a su vez la intencionalidad y sentido de la historia que nos cuenta. Ver o leer es ver y leer con sentido, el que le falta a nuestra existencia. Por eso Daniel está jodido. Empeñarse en encontrarle una relación de causa y efecto entre Vida y Narración es seguir dale que te pego con nuestras fobias y filias  a toda pastilla. Cuando de lo que se trata es de compartir la experiencia de como las hemos entendido después de ver la película o leer la novela o el cuento. Hasta aquí primero de creación narrativa básica. 


Que David es amable y auténtico, pues claro. Y Ross es más seco y displicente con su padre. Y la madre de ambos es chillona, mal educada, etc. Y los hermanos de Woody no dicen ni pio. Y la cuñada de Woody es hacendosa y más tranquila que su mujer. Y los jóvenes gorditos son unos fantoches irredentos. Y Woody, Woody Grant, santa demencia, es la suma de todos porque es el más averiado y él mas audaz. ¿Como la vida misma?: falso de toda falsedad. Lo que pasa en la peli Nebraska solo pasa en la peli Nebraska, y solo pasa mientras vemos la peli. Lo que pasa en las familias del estado norteamericano de Nebraska, vaya usted a saber. Segundo de primero de creación narrativa básica. 


Conclusión: que si dejamos a un lado las fobias y las filias cuatro horas a la semana, dos para ver la peli y dos par conversar juntos sobre lo que hemos visto o no visto, las filias y las fobias, cuando volvamos a la vida de cada día, son menos y de menos intensidad. Eso quiere decir que algo hemos comprendido.


****

Leemos una novela o un cuento o vemos una peli con el corazón, pero cuando nos comprometemos a conversar en la tertulia sobre esa experiencia deberíamos usar la razón, pero demasiadas veces no es así. Por poner el símil de la cerámica, que es otra experiencia que hemos tenido juntos, leemos o vemos como si amasáramos el barro acumulado de nuestra biografía en nuestro torno interior, pero cuando conversamos nuestra palabras deberían dar forma mediante el uso de la razón a la vasija que queremos contar. Para eso conversamos,o escribimos sobre lo que conversamos, para crear algo, para dar forma con las palabras a lo que sentimos con el corazón, y ofrecerlo generosamente a los otros para que lo escuchen y lo entiendan. Nos entiendan. No para seguir dándole vueltas al barro de nuestra biografía en nuestro torno interior. Lo que demasiadas veces se ve y se oye en la conversación de la tertulia son truños o pálpitos o truenos sin forma, o mal formadlos, que proceden directamente, no de la razón, sino del torno interior de nuestra biografía, que se nota que no va bien. Dicho de otra manera, sentimos con el corazón (llámense emociones primarias), pero la comprensión o el sentido de ese sentir (llámese sentimiento) lo conseguimos mediante la razón.


Al ver la peli Nebraska, se nos remueve, como no, todo el barro biográfico acumulado que llevamos dentro. Sin embargo, al conversar en la tertulia sobre la peripecia vital de Woody Grant, y toda su familia y amigotes, tenemos la oportunidad de hacer con nuestras palabras una de las mejores vasijas de nuestra vida, que luego podemos colocar en una estantería que diga “Mi razón poética”. 


Primero Leer, mirar, escuchar, y luego conversar en compañía, de eso se trata: CREAR. No de la nada, no crear todo de todo, no crear todo de algo. Crear algo de algo, a mi entender, la genuina manera de la creación y salvación humana.

jueves, 17 de agosto de 2023

FABIO MORÁBITO

 A CADA CUAL SU CIELO






JOSÉ MANUEL LUCÍA

 ELOGIO DEL INSTANTE (fragmento)



CRÓNICA DEL RÍO SPREE 3

 BERLIN: LA TORRE ANTIAÉREA 

Antes de adentrarnos en la almendra berlinesa, siguiendo el itinerario del ejército rojo, hasta llegar al búnker del Fürher, no pudimos por menos de acercarnos al lugar donde estuvo ubicada la Ópera Kroll, hoy una amplia zona ajardinada cerca de la puerta de Brandeburgo, en la que un par de carteles recuerdan al edificio que se levantó allí hasta años después de acabada la guerra. La Ópera Kroll fue la institución musical de cabecera, por decirlo así, de la incipiente burguesía y declinante nobleza que se acopló, como un guante a la mano, al segundo Reich alemán fundado por Otto Bismarck después de la victoria sobre Francia en 1871. También tuvo el horripilante honor de ser la sede del Reichstag después del incendio de febrero de 1933, ya que fue durante este corto período donde se nombró a Hitler como Fürher de todos los alemanes sin ningún derecho a réplica. Así que, como se ve, en el momento de su posible restauración después de la guerra, no solo era la casa de la música berlinesa sino también la casa del nombramiento del Fürher de los mil años. Es de suponer que las autoridades soviéticas, pues el edificio de la ópera Kroll cayó bajo su jurisdicción al finalizar la contienda, optaron por el camino más corto, demolición definitiva de las ruinas en que la habían convertido los bombardeos aliados, y a otra cosa mariposa. 


Desplazarnos dando pedales al barrio Gesundbrunnen, en el distrito norte de la ciudad - a diez o doce kilómetros del centro o mitre, de donde se encuentra la opera Kroll - es una experiencia que hace de Berlín esa ciudad única e irrepetible. Sencillamente, a ese ritmo el ciclista capta con una precisión inigualable el ritmo y la textura de su crecimiento en los últimos años. El latido del presente de la ciudad. Con un pasado remoto y reciente, encadenados por lo siniestro y lo terrible, el ciclista experimenta ese presente de forma acogedora e incomprensiblemente habitable, como si no hubiera pasado nada, lo cual no era óbice para la distracción de la misión de los ciclistas que seguía siendo visitar las huellas de la batalla de Berlín, última de la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo. Dicho con otras palabras, sin esa cicatrices de su pasado Berlin sería como Paris, para entendernos. Dos formas de pedalear o pasear que también ilustran nuestra manera de ser europeos. Me atrevería a decir que Berlin convierte, con más facilidad que Paris, en viajero consciente al turista despreocupado.


El caso fue que en ese barrio norte de Gesundbrunnen, que entonces era eso que se dice el campo que rodea las ciudades, los alemanes instalaron una de las tres torres antiaéreas (55 metros de altura) mediante las cuales pretendieron neutralizar a la fuerza aérea aliada que - sorpresivamente, y contra todo pronóstico del orgullo nazi, bombardeó la ciudad de Berlín en la segunda quincena de agosto de 1940. Nadie se lo esperaba. Y menos el Fürher y su corte de aduladores. Así que ordenó construir un conjunto de torres antiaéreas en las ciudades alemanas más importantes. De repente el Fürher se sintió vulnerable, lo cual para los mil años de Reich que había prometido a sus feligreses era inadmisible. En menos de seis meses crecieron estas construcciones, que el mejor calificativo que se les puede aplicar es que estaban hechas con toneladas de cemento y esfuerzo humano, a imagen y semejanza de la megalomanía del régimen nazi. Todavía hoy, las ruinas de una de estas construcciones en el distrito norte, motivo de nuestra visita, solo puede ser calificada para ser honestos de la misma manera. Y, ahora si, ahí seguirá, como las catedrales góticas, por los siglos de los siglos. Lo que tiene de ventaja estas sobre aquellas es que las góticas se construyeron en honor y Gloria de la eternidad del Dios Creador, mientras que las antiaéreas se construyeron para salvar la cara de una cabo furriel y su sueño de mil años. Como verán la comparación no tiene color.


miércoles, 16 de agosto de 2023

KAY RYAN

 


FABIO MORÁBITO

 A CADA CUAL SU CIELO



JOSÉ MANUEL LUCÍA

 ELOGIO DEL INSTANTE (fragmento)



BERLIN OCCIDENTE 2

Después de la Segunda Guerra Mundial (La Era Atómica es como se llama técnicamente a ese después) convendría que nos hiciésemos las siguientes preguntas: ¿la posibilidad del Apocalipsis es ya cosa solo de nuestra voluntad como humanos, no de la voluntad divina como hasta entonces? ¿Somos capaces de comprender y de representar esa pregunta que nos hacemos? ¿Cuántos muertos somos capaces de acoger en nuestros sentimientos: uno, dos, tres todo lo más? ¿Cuántos muertos podemos acoger en nuestra imaginación: cuatro, ocho, doce todo lo más? ¿Lo experimentamos como una carencia o como una liberación, o simplemente forma parte de nuestra ignorancia en la época de la máxima información y conexión? ¿Inocencia culpable?

La Era Atómica inauguró las matanzas que desbordan nuestra capacidad de comprender y de representar, nuestra capacidad de acoger en nuestros sentimientos y en nuestra imaginación a millones y millones de muertos. E inventó también dos eslóganes, ocultos detrás de ideologías totalitarias, para justificar aquellas atrocidades: “lo puedo hacer y lo hago” y “porque yo lo valgo.” Eslóganes muy queridos hoy, ya sin tapujos ideológicos, por los consumidores de la sociedad actual. ¿Somos capaces de comprender el significado profundo y el destino final que dibujan ambas locuciones más allá del ámbito del mercado, donde ahora nos entrenan como soldados fanáticos de cara a la conquista de ese inquietante futuro no ya tan lejano? Si podemos pensar así el futuro, es que ya forma parte de nuestro presente, no es ciencia ficción.

BERLIN OCCIDENTE 1

 No es difícil imaginar por qué Billy Wilder decidió usar, para iniciar la historia que acabaría siendo la película que hemos visto, las imágenes documentales que muestran, a vista de pájaro, el Berlin del tercer Reich totalmente destruido, como nunca antes se había visto. Y tampoco es difícil imaginar, que tomó esa decisión a sabiendas que el mundo mundial también era conocedor de las imágenes complementarias de aquellas: las de los lager nazis y, como no, las de los primeros efectos sobre los habitantes de Hiroshima y Nagasaki de las bombas que los norteamericanos lanzaron sobre ellos. Estos tres bloques de imágenes, eran inéditos y sorprendentes para los espectadores de entonces, 1947, nunca antes nadie había visto nada igual. Sin embargo, a nosotros esas mismas imágenes, más las de los del gulag soviético, ya nos llegan envueltos bajo un etiqueta que todavía no sabemos que hacer con ella, sino es otra cosa que añadirla a los múltiples eslóganes publicitarios con los que convivimos cada día. Me refiero, como no, a La Destrucción Total del Legado Espiritual y Material  de la Humanidad Occidental, que se inauguró oficialmente en aquellos años. Lease “En el mundo de ayer”, de Stefan Zweig. 

Por primera vez en la historia del legado de esa misma Humanidad Occidental su destrucción total no es una amenaza o castigo divinos en forma de plagas o alguna de las lindezas a que nos tenía acostumbrado el Dios Creador en sus escritos bíblicos, sino una obra propia de los Seres Humanos, hechos Dioses, justo en el momento histórico en el que habían adquirido la imagen inmortal de sí mismos más elaborada. Imagen que no ha menguado con el paso de los años y el mayor conocimiento de aquellos acontecimientos, faltaría mas. Muy al contrario, nuestra imagen inmortal actual (esa es la única herencia que se salvó de la quema) ha crecido hasta unos extremos que nos induce a pensar, al ver el inicio de la peli de Wilder, que estamos ante unas imágenes rudimentarias, propias de las primeras películas del género ciencia ficción, hoy felizmente superadas por los formidables efectos especiales de la tecnología digital. Ahora que lo pienso, ¿podemos mirar esas primeras imágenes de otra manera, si nos atenemos al estilo de vida material y virtual en el que vivimos, que impide nuestra percepción de las presencias reales? Otro asunto es preguntarnos, ¿por qué aquella horrible herencia ha acabado así de edulcorada entre nuestras pantallas?


Bajo estos imperativos mentales o prejuicios del

tipo-ilustrado-romántico-digital transcurrió, a mi entender, la tertulia de “Berlín occidente”. Solo hacia el final, y como un gesto de cortesía, los participantes parecimos aceptar algún tipo verosimilitud narrativa en la historia que nos había contado Wilder, gracias a su habilidad al colocar entre los escombros la acción divina de Marlene Dietrich y su influencia en los demás protagonistas, caricaturizados ante su presencia. Una actriz, y esto es lo importante para la causa de nuestra inmortalidad vigente, que nos sigue pareciendo que sigue ahí, viva y coleando como cuando entonces. Aunque tengamos localizada la tumba de su sueño eterno. “Berlin es Marlene”, dijo el perspicaz Billy Wilder antes de la Gran Catástrofe. Berlin sigue siendo Marlene, caiga quien caiga y caiga lo que caiga sobre la capital alemana, podemos decir hoy satisfechos los espectadores-ilustrados-románticos-digitales.

jueves, 10 de agosto de 2023

CRÓNICA DEL RÍO SPREE 2

BERLÍN: EL PUENTE DEL EJÉRCITO ROJO




Como toda ciudad grande a Berlin se puede entrar por las diferentes puertas que se han ido configurando a lo largo de su historia oficial, la de los que tienen el poder de contar, y de su historia oculta, la de los que tienen que buscar las rendijas de esas murallas oficiales para contarla. En definitiva, todo sigue igual que siempre, desde la Ilíada. Las revoluciones llegan donde llegan, pero no se puede estar en éxtasis revolucionario toda la vida. Como diría un revolucionario vocacional, ¡es que me aburro! Toda ciudad, por tanto, es una ciudad “amurallada y controlada” por los representantes de sus moradores, que muestra al visitante las puertas por donde puede entrar. Hoy, por ventura civilizatoria, no hay oposición explícita a que una vez dentro este visitante pueda explorer por su cuenta y riesgo los rincones que quedan ocultos a aquella mirada oficial.

Esta fue la cuarta vista a Berlín, lo cual me convierte en un visitante avezado o con criterio. La capital alemana está hecha - digámoslo así: la alegría de vivir lo que hoy aparece ante las pedaladas del ciclista - de la cicatrización de dos colosales heridas. Una, la que dejó la Segunda Guerra Mundial en su última batalla europea, llamada no en balde la batalla de Berlín. Dos, como no, la que le produjo el muro de Berlín, fruto de la guerra fría que comenzó, sin solución de continuidad, antes de que acabará la última gran guerra caliente, bombas atómicas mediante. Recorrer así Berlín es, a mi entender, aprender a recorrer también la Europa de post guerra, para reflexionar cuál es nuestro papel en el mundo después de aquella etapa colonial e imperialista europea, autoaniquilada por sus propios excesos bélicos y anti humanitarios, que han quedado representados para la historia en los innumerables campos de batalla, en los lager de exterminio  nazi, en los Gulag soviéticos y en las bombas atómicas norteamericanas. No nos queda más remedio que definir nuestro destino, como civilización dos veces  milenaria, caminando o pedaleando entre aquellas brumas que produjeron la cicatrización a toda costa de aquellas dos heridas colosales y estas otras que producen el tener que seguir viviendo inventando una forma de olvidar que no es otra que convertir aquellas marcas en una moda: la de los tatuajes post coloniales e imperialistas con vitola de postmodernos, superpuestos o camuflados, unos entre otros, en un batiburrillo de garabatos crípticos sobre la piel de cada cual. Unas pieles tatuadas que, junto a las sorprendentes innovaciones arquitectónicas urbanísticas, hoy forman parte inexcusable e inconfundible del paisaje berlinés. Ah, y un árbol, mi amor botánico, que lo volví a abrazar frente a la filarmónica, donde sigue impertérrito el paso del tiempo sin dejar de ser testigo viviente de los peores tiempos pasados. 


Así que, llegados a la estación central de ferrocarril, km 0 del mitte capitalino, desayunamos y nos fuimos a ver el puente por el que según las crónicas bélicas irrumpió, con toda su maquinaria  destructora el ejército rojo en abril de 1945, a la almendra de la ciudad. El búnker del Furher estaba cada vez más cerca y bien que lo sabía el del bigotito. Hubo que esperar al dos de mayo (Stalin había ordenado que fuera el uno de Mayo, por hacerlo coincidir con la fiesta del trabajo) para que se consumara la victoria soviética en lo que acabó denominándose en los libros de historia como la batalla de Berlín, última de la Segunda Guerra Mundial en el continente europeo. El puente que entonces recibió a los soldados soviéticos a las afueras de la ciudad, en medio del campo, se encuentra hoy en perfecto estado de revista turística, aunque tiene que competir de forma desleal con toda la imaginería ingenieril - hecha de diseño a base de cristal y acero, usando todas las formas retorcidas que aquella tiene a bien ofrecer al espacio público - que se le ha echado encima en los últimos treinta años. Aun así, una vez que el visitante consigue llegar hasta él, después de superar toda aquella maraña que lo cerca, imagina con facilidad lo que debió suponer a los primeros soldados del ejército invasor llegar hasta su orilla oriental, y ver o atisbar desde allí el Reichstag, la ópera Kroll, la puesta de Brandeburgo, la embajada suiza y algún que otros edificio que desde esa orilla se ofrecían como postal de bienvenida a quien entrara a la ciudad por ese puente, único que permitía salvar el escollo natural del río Spree. Lo que que ocurrió en 1945 es que la bienvenida a los soldados soviéticos tenía forma de cañones y francotiradores alemanes no localizados y difícilmente localizables, que estaban dispuestos a no dejarse amedrentar por orden directa del Führer. Atravesamos el puente de una orilla a otra, despacio con la bici entre las manos no entre las piernas, alejándonos poco a poco del mundanal ruido de la estación de ferrocarril y llegamos así hasta el Reichstag, hoy Bundestag. Evidentemente no solo nadie nos cerró el paso con los fusiles en ristre, sino que además nos recibió una gran cantidad de turistas despreocupados tumbados en las praderas colindantes o dando vueltas cerca de sus monumentales paredes o fisgoneando desde lo alto de la cúpula del arquitecto Foster. Así que nos miramos a la cara y nos dijimos agradecidos que el Führer bien podía esperar quietecito en el fondo de su búnker.


martes, 8 de agosto de 2023

MANUELA GÓMEZ

 LA VIDA COMO ERA (fragmento)



LUIS CERNUDA

 SOLILOQUIO DEL FARERO (fragmento)



JUANA INÉS DE LA CRUZ

 


ROMA

 ROMA DE FELLINI, TIENE QUE GUSTAR

Y de hecho gusta. Sus imágenes preciosas y preciosistas así lo corroboran. Por decirlo sin tapujos, Roma de Fellini “no puede no gustar”. Sin embargo, si una tarde de verano, cincuenta años más tarde, un puñado de espectadores, más o menos entusiastas o distantes, es decir, más o menos apegados a la época que les ha tocado vivir, comparten su experiencia visual sobre aquel acontecimiento romano…¡Ay!, tal vez la hubieran titulado, “Diario de un hombre de cincuenta años.” Quedaría más acorde con una mirada universal, de cualquier tiempo y lugar.


La recaída romántica de la mirada del director italiano y la otra cara de esa vuelta a las andadas: la “irracionalidad” que acompaña a la “alegría de vivir” que nos muestra, hacen que - ahora si lo comprendo - sea la nostalgia (como dijo una colega) y no el amor (como estuvimos manejando durante casi toda la tertulia) el sentimiento que mueve la acción evocadora, que no narrativa, de Fellini. Lo cual no quiere decir que no haya amor en esa nostalgia, y viceversa. Es más, es esa nostalgia la fuerza que trae de nuevo a la actualidad mental del director italiano, y nuestra como espectadores, la necesidad de dejarse abrazar por el calor inconfundible e irrepetible de aquel amor de juventud romano. Es esa necesidad inaplazable la que hace aflorar la honestidad profunda del director en el trato con su pasado, dejando de lado las veleidades propias de quien se cree un genio caprichoso y sabelotodo, pléyade de aduladores mediante. Aviso ejemplar para espectadores maduros (entre treinta y noventa años, pongamos). No hay más futuro que el pasado. O el mañana tiene que ver con el ayer. O para dar un paso hacia adelante hay que dar dos pasos hacia atrás. O para hacer Amarcord, en fin, Fellini tuvo que hacer antes Roma. 


Bien es verdad que detrás del sintagma “no puede no gustarnos” se esconde todo el misterio de nuestra naturaleza humana, algo que saben muy bien los publicistas postmodernos. Lo cual no significa ponerse en contra de la recaída romántica y de la irracionalidad de la vida alegre, arriba mencionadas, como salida al aburrimiento imperante o para salvaguardar nuestra maleta de creencias. Aunque sí debemos ser conscientes de que mejor que enarbolarlas como bandera auto-propagandística cada mañana, pensemos sobre ellas, al caer la noche, como la herencia inequívoca que todos hemos recibido. 

viernes, 4 de agosto de 2023

CRÓNICA DEL RIO SPREE 1

BERLÍN: DESTRUCCIÓN DE LA HUMANIDAD

Tengo para mi que la ciudad de Berlín es la representación cabal de la destrucción de la humanidad. O dicho con más precisión: de la Europa en ruinas, que en ese momento, 1945, era la representación de toda la humanidad. O también, Berlin representa el proemio de un relato nuevo: la destrucción de la humanidad por parte de los propios humanos como motor y sentido de la historia de la humanidad misma. Fuera dioses y seres sobre naturales, el ser humano mismo como único agente de destrucción masiva. En fin, la destrucción total de la humanidad por parte de los propios humanos como un hecho real, contable en muertos, heridos y desaparecidos, y demostrable en las ruinas urbanas que quedaron a la vista, hoy tapadas por la apoteosis de la arquitectura vanguardista del cristal y del acero. Un hecho real que ha sucedido y seguirá sucediendo. Destruir para volver a construir. Y, sin embargo, Berlin es una de las ciudades más seductoras, sino la que más, desde el punto de vista turístico. Esa doble dimensión hace de la capital alemana, ahora si, un espacio y un tiempo inigualable. Gracias a los ingenieros de la propaganda y la publicidad el sintagma “destrucción de la humanidad” sigue oliendo a supersticiones del pasado propias de creyentes alcanforados, algo que dependía de las plagas que Dios tuvo a bien enviar a nuestros antepasados, fuera del alcance de toda prescripción cientifista. Mejor predicar mucho y alto “científicamente” sobre el apocalipsis que se nos echa encima debido al cambio climático, como si éste no tuviera que ver con aquella, o viceversa. Que quiere que la diga, a estas alturas de la incredulidad humana me da más confianza que sea Dios el que decida y legisle sobre la destrucción de la humanidad, con su plagas y ventoleras, a que sean los hombres y mujeres con sus guerras nucleares. Cielo santo, que miedo poner nuestro destino solo en manos de estos últimos simios. Sea como fuere, no voy a entrar a discutir sobre que es antes si el huevo o la gallina, simplemente el sintagma “destrucción de la humanidad” me parece algo tan evidente pues cada día la percibimos, en mayor o menor escala, a través de nuestros sentidos. Y esa nueva forma de percibir tiene una fecha de comienzo, por decirlo así, un año uno de la nueva era, y que no es otra, como ya dije, que la de 1945. Tres palabras representan ese espantoso honor de dar comienzo al primer año de la Destrucción de la Humanidad: Auschwitz Gulag, Hiroshima. Cada una de las tres se relacionan con los tres bandos en liza en esa operación destructora que significó ls Segunda Guerra Mundial: Alemania nazi, Rusia soviética, USA democrática. Esa es nuestra herencia, casi ochenta años después. Para que no haya equívocos ni colorantes añadidos, sobre ese suelo empiezo a contar algunas de las peripecias del viaje ciclista siguiendo el curso del río Spree, (Spree-Radweg, en alemán) desde cerca de su nacimiento en la Alta Lusacia checa hasta la ciudad de Berlín, poco antes de su desembocadura en el río Havel. Lo que quiero decir es que este relato del rio Spree empieza por el final. Como no podía ser de otra manera. 

jueves, 3 de agosto de 2023

PEDRO SALINAS

 LA VOZ A TI DEBIDA (fragmento)



CARMEN M. GAITE

 


CULTURA NO ES ARTE

De Creer por convicción absoluta a Creer por necesidad en lo primero que te vendan a Confiar en los Otros para Crear y que el Arte prevalezca entre nosotros. 

[…]

Decir democracia no es decir atajos e imponer revoluciones pendientes

[…]


Decir cultura es decir entretenimiento y espectáculo, y ya está, es decir sociedad sin arte.


[…]


Una sociedad que no cree en él más allá tiene que creer y buscar su paraíso o zona de confort en en la actualidad del más acá. Por eso lo de que hay que probarlo todo, o lo de la búsqueda obsesiva de lo diferente, por eso el dominio absoluto del mercado sobre la política, el arte o cualquier otra instancia. Todo es algo o alguien si, y solo si, se convierte en una mercancía, sino es nada o nadie.


[…]


Por eso es tan difícil que abandone esa zona de confort, que cada cual le da forma y actualiza a su antojo.

Por eso es imposible el arte, que no es un asunto del mas acá, sino del mas allá de la actualidad de la zona de confort. 


[…]


“Me falto el valor necesario para asomarme a la boca del abismo que, sin duda, me esperaba al otro lado del espejo.” Julio Llamazares