viernes, 28 de febrero de 2020

A DISFRUTAR

Dijo que había disfrutado con lo que había leído en la novela MATADERO 5 y pidió una cerveza al camarero. Cuando éste la oyó mostró un tipo de desconcierto que le selló los labios y la expresividad no verbal de la cara. Quienes la acompañaban alrededor de la mesa siguieron a lo suyo no mostraron ninguna reacción reseñable. Cuando llegó el que faltaba dejó el libro abierto por la página 32 sobre la mesa y, disculpándose por el retraso, llamó al camarero y pidió un gin tónic. A continuación dijo, a mi me parece un pedazo de historia, me lo he pasado muy bien leyendo. El camarero lo oyó mientras se alejaba hacia la barra para preparar lo que le había pedido, lo que no le impido sentir vergüenza y remordimiento por lo oido. Primero vergüenza por los crímenes cometidos por otros y remordimiento de que estos crímenes existan y se hayan instalado de manera irrefutable entre las personas y la cosas que ya existían, tal y como lo cuenta el narrador del libro, convirtiéndose al fin y al cabo en la herencia sobre la que se fundamenta el mundo actual. Pero en segundo lugar, vergüenza y remordimiento por la forma de leer aquellos hechos por quienes no los vivieron, pues los convierten en un documento histórico y no en un acontecimiento del alma de cada lector. ¿Hay alguna posibilidad - pensó el camarero - de que estos tipos no rubriquen, o bendigan, cualquier cosa que digan o hagan con el guisopo del verbo disfrutar? Sin que, al mismo tiempo, se sientan obligados a tener que explicar, por ejemplo, que diferencia hay entre ese disfrute y otros mas comunes como es, pongamos, dar un paseo a la orilla del mar una tarde de primavera. ¿Disfrutan sus clientes con el asesinato de personas en masa y con que ese asesinato sea hoy una de las “bellas” noticias mediáticas? Es como si pensaran - dijo para si el camarero - usted cometa las barbaridades que tenga pensado hacer según su programa de vida, pues dentro de cincuenta años se lo contaran a sus nietos como si fuera un invento alienígena o una viñeta de dibujos animados. Toda cultura encierra en su interior su propia barbarie, dijo un filósofo, cierto, pero no lo es menos que toda barbarie anuncia ya, para solaz de los lectores o espectadores del futuro, su propia caricatura. Al menos cuando yo estudiaba en la universidad - insistió el camarero en su monólogo interior, mientras se acercaba a la mesa del libro abierto con la bandeja en la mano - quisimos imaginar que un camarero actual no recuerda de la misma manera ni con la misma responsabilidad las guerras de esta época moderna, como un campesino del siglo XVII pudo recordar sus guerras de religión. Fue Václav Havel quien escribió en un ensayo de 1984 titulado “Política y conciencia”, les dijo el camarero a los de la mesa cuando acabó de servir el ultimo pedido, “Creo que, en lo que respecta a la relación de la Europa Occidental con los sistemas totalitarios, no hay mayor error que el mas extendido: la incapacidad de comprender los sistemas totalitarios por lo que en definitiva son: un espejo convexo de toda la civilización moderna y un duro y quizá último llamamiento para una redefinición global de la idea que esta civilización tiene de si misma.” Cuando el camarero se marchó y antes de que ninguno de los de la mesa pudieran decir palabra alguna, unas hormigas aladas empezaron a volar entre las palabras y las frases de la pagina 32 por donde estaba abierto el libro. Ninguno de los presentes supo como reaccionar ante el surgencia alienígena, como había previsto el camarero, que se les había echado encima en la reunión de aquella mañana. Y si aquella tenia que ver con las palabras de Havel o con la aparición desconcertante de las hormigas aladas haciendo vuelo bajo entre las frases del libro. 

jueves, 27 de febrero de 2020

HOTEL ATLANTICO 5

VIÇOSO
Incomprensiblemente logró deshacerse de la persecución de Nelson y Leo, que también sin saber muy bien por qué querían matarlo. Según iba caminado por la carretera, se fijó en una parada de autobús que había unos cincuenta metros más adelante de donde TSN se encontraba. Aceleró el paso como si supiera que el autobús estuviera a punto de pasar. Cuando llegó a la parada, que tenia forma de garita de cemento con dos asientos metálicos en su interior, miró para comprobar si había un horario que le permitiese averiguar si valía la pena esperar o no. Dentro de la garita, encima de los asientos, había un pequeño tablón de anuncios con un papel sujeto con dos chinchetas, en el que había escrito un texto ilegible, que TSN supuso era el horario de llegada y salida del autobús. El papel tenia pinta de estar allí colgado desde hacía mucho tiempo, lo cual no quería decir, pensó TSN para animarse, que los autobuses no siguieran pasando a su hora. Las dos muertes con que se había topado, mas el intento de Nelson y Leo de acabar con su vida, le hicieron creer que el mundo se estaba acabando, si no lo había hecho ya. Lo que TSN estaba viviendo era, por decirlo así, una prorroga que alguien le estaba dando por alguna razón que desconocía. Salió un momento de la garita y miró en dirección a la curva de la carretera por donde tenia que aparecer el autobús. Nada. Únicamente la sombra que el sol declínate de la tarde, que avanzaba inexorable, proyectaba sobre el asfalto de la carretera. 

Volvió a sentarse en uno de los asientos metálicos, y pensó en qué había perdido que al hacerlo se había pedido el mismo para siempre. Todo empezó el día que dejó de repetirse ante el espejo, como hacía cada mañana, los tópicos a los que estaba habituado como combustible para salir de casa. De repente, notó un espasmo en la espalda, parecido a un ataque de lumbago, que lo dejó clavado sobre el lavabo. Ese día tuvo que llamar a la oficina justificando su ausencia por causa de un resfriado. Los tres días que le permitía la ley ausentarse del trabajo sin tener que presentar un justificante, creyó que serían mas que suficientes para superar el estado de extrañeza en que se encontraba. De nuevo se asomó a la puerta de la garita y lo único que comprobó es que se estaba haciendo de noche. Cuando pasaron los tres días legales de amparo todo seguía igual. Mejor dicho, todo se iba transformando en un paisaje desolador en el que únicamente le respondían sus piernas y un resto de anhelo de moverse sin parar hacia ninguna parte. Aun así decidió volver a la rutina diaria de levantarse cada mañana e ir a la oficina, pues siempre había confiado en su proverbial capacidad de superación y adaptación a las situaciones imprevistas que había tenido a lo largo de su vida. Miró el reloj y entonces se dio cuenta de que no había respondido a la pregunta que se había hecho hacia unos minutos. Fue cuando le vino otra pregunta a la cabeza que lo sumió todavía mas en la confusión, ¿a donde había regresado cuando volvió a la oficina y de donde se había ido?, ¿se trataba de lo mismo? Cuando había perdido toda esperanza, aparecieron las luces del autobús en la curva. Salió rápido dela garita y le hizo al conductor señales para que se parara. Antes de subir si fijó en un cartel, que al otro lado del cartel ponía Viçoso, escrito a mano. El TSN supuso que era el destino final y así se lo hizo saber al conductor, cuando le preguntó cuánto valía el trayecto. Pagó su billete y se sentó al final, donde estaban los únicos asientos vacíos a un lado y otro del pasillo central. Alguien en la estación lo remitió al único sitio en el pueblo donde podían darle hospedaje por esa noche. Cuando se dirigía hacia allí se preguntó si al dejar su trabajo en la oficina, después que comprobara que ya no era capaz de salir de casa con el ánimo que lo había hecho hasta entonces, había atravesado alguna frontera desconocida. Y si lo había hecho, cuando había sido exactamente el momento y a quien había dejado al otro lado. Llamó a la puerta de la hospedería y quien salió a recibirle se presentó de inmediato como Antonio,  y con una amabilidad, que desentonaba con la hostilidad exterior, le dijo que pasara.

martes, 25 de febrero de 2020

NADA VA BIEN

Estaba esperando su turno en la consulta del dentista, mientras leía un articulo de una revista que cogió de la mesa que había en la sala de espera de la clínica. Le llamó la atención un articulo de un conocido divulgador filosófico en el que decía que la palabra obra el pequeño milagro de que el ser humano, poco preparado para la vida, puede sobrevivir y acabar su proceso evolutivo como humano, evitando así malograrse. La vida en cada uno de nosotros es altamente improbable - continuaba el autor - prodigiosamente neutra respecto a todo lo que tiene que ver con las cuitas cotidianas ya sean sociales o personales. Eso es lo que hace que muchas personas, cada vez mas, se empeñen en aparecer en perfecto estado de revista como gente radiante que existe y habla en la rutilante superficie de las cosas. Pensó que tal vez ahí radicaban algunos de sus malentendidos, pues creía que lo anterior era un punto de llegada, o de definición definitiva de la especie humana, como al parecer intentaban demostrar las nuevas investigaciones antropológicas que se han abierto paso en la era digital en la que nos encontramos, y no tanto un punto de partida como así lo había oído, desde que tiene uso de razón, lo que han hecho creer a la humanidad las promesas liberadoras de aquellos venerables ilustrados cuando las pusieron por escrito hace más de doscientos años. El otro día Juan, así se llama el cliente de la clínica dental, fue a una cena de amigos, de esas que los grupos digitales de amigos organizan de vez en cuando, y a uno se le ocurrió preguntar, supuso Juan que para animar la velada, cual era el libro que estaban leyendo. Juan dijo, cuando le tocó el turno de palabra, que últimamente no leía porque no tenía tiempo. Le hubiera gustado haber leído antes lo que dice el filósofo en el articulo que acababa de leer, para salir al paso de la regañina que le dio su amigo a cuenta de lo de no tener tiempo. Pero no fue así. Efectivamente, Juan llevaba intuyendo, sin decírselo a nadie, que las palabras que salen por nuestra boca sólo tienen un cometido, como dice el filósofo, hacer que nuestras vidas duren. Son, por así decirlo, como las alas de los pájaros, las garras y mandíbulas de los depredadores, la velocidad de los herbívoros, el agua de los peces, etc. Las palabras humanas están conectadas a nuestros sentimientos, los cuales nos protegen de la indiferencia de la naturaleza y ante el acoso y la clara intención de aniquilarnos a que de forma continuada nos somete la vida. Es por eso, pensó Juan también sin decírselo a su amigo, que los planes de promoción de la lectura están alentados antes que por tipos que hablan, por tipos que vuelan o nadan o desgarran o corren a la velocidad del viento. Como si el estado del bienestar, con el paso de los años, se hubiera ido endurecido a base de las diferentes capas de burocracia que se han ido depositando en los diferentes departamentos. Por eso, piensa Juan, nada va bien. Porque las palabras han perdido, aunque Juan duda mucho que alguna vez la tuvieran, esa función primordial de mantenimiento de la dignidad de la vida. Una dignidad que nace de la autoconciencia, como dice el filósofo, de su improbabilidad en un mundo cuya mayoría de seres ni habla ni entiende de palabras. Las personas no vamos bien porque todos queremos sustituir ese papel original que tuvieron las palabras, por alas, garras, mandíbulas, agua, etc., es decir, queremos convertir las palabras en herramientas de ataque o de defensa, creyendo que es lo mejor para nuestra supervivencia. Sin querer darnos cuenta de que las palabras propias y apropiadas de nuestra especie nada tienen que ganar en ese campo de batalla, ya que nuestra supervivencia como especie nunca puede depender de querer comportarnos como las otras especies.  Las palabras tienen un doble movimiento, uno hacia dentro y otro hacia fuera del ser hablante, que raramente se avienen, concluye el filósofo en su articulo que había leído Juan, siendo éste el problema de aquellas a la hora de elaborar la mejor estrategia de mantenimiento de la dignidad de la vida humana. Cuando el dentista le puso la anestesia, antes de su intervención, Juan notó un sabor raro en la boca, procedente de una forma biológica perfectamente articulada, que lo achacó, no sabe por qué, a alguna de las palabras que no dijo en la última cena con sus amigos. La anestesia le había trastornado momentáneamente el gusto, pero juraría que aquel sabor no era el de una idea, sino que se parecía más al veneno de las serpientes.

lunes, 24 de febrero de 2020

PREJUICIOS Y LECTURA

Hay dos prejuicios que dominan el ámbito de la opinión pública, relacionados con la participación de quienes deciden asistir a los clubs de lectura.
Uno, “es que no tengo tiempo”
Dos, “solo me gustan los libros que entiendo”
Llegado el caso, el propietario y administrador de tales expresiones no siente la necesidad, ni la obligación, de explicar a los demás qué quiere decir con ellas, sus prejuicios lo son en tanto en cuanto son irrefutables. El problema surge, cuando aquel propietario y administrador asiste a un club de lectura donde los prejuicios personales no favorecen la conversación con los otros lectores. Una conversación, claro está, que no sea entendida como un mero intercambio de prejuicios.

jueves, 20 de febrero de 2020

HOTEL ATLANTICO 4

NELSON Y LEO
Cuando TSN llevaba en el nuevo autobús un cuarto de hora, se dio cuenta de que todavía tenía puesta la chaqueta colorada que le había prestado Susan Fleming para abrigarse en el anterior trayecto. Como un ensalmo, se le echó encima el temor de que alguien pudiera acusarlo de tener algo que ver con la muerte de la mujer rubia y elegante. De inmediato se quitó la chaqueta roja y la puso debajo de su asiento. Al comprobar que una de las mangas quedaba a la vista, trató de esconderla entre los pliegues de la chaqueta pero no pudo, la manga seguía quedando a la vista de cualquiera. Sacó la chaqueta de debajo del asiento y se la puso de nuevo, pensó que así sin el añadido del disimulo, pasaría totalmente desapercibida. En efecto, cuando pasó el revisor solo puso su atención en el billete que le pidió para picarlo. Se preguntó entonces si el viaje con Fleming continuaba siendo el mismo que ahora, o si algo habría cambiado o, de no ser así, si algo debería cambiar para seguir pasando desapercibido entre quienes se encontrara en el camino. Cuando menos se lo esperara, creía que lo que pareciera inane a su lado se podía convertir en una amenaza. El mismo, sin ir mas lejos. El autobús se metió, al fin, en la autopista interestatal lo que produjo en TSN una sensación de seguridad que no sentía desde la noche anterior, cuando se hospedó en el hotel donde apareció muerto en su habitación uno de los clientes. La sensación de seguridad exterior, sin embargo, le activó el desasosiego interno al acordarse del gran espejo que había en la habitación que le dieron en aquel mismo hotel. El espejo duplicaba exactamente el espacio donde se encontraba, pero a quien reflejaba no era él tal y como aparecía delante en ese momento. Se parecía mas bien, de una manera confusa, a aquel hombre joven que fue TSN cuando se llamaba, pongamos, Joao y acababa de terminar sus estudios en la universidad de Río de Janeiro, donde meses después de su graduación le ofrecieron un puesto de trabajo. En aquel tiempo nada se mostraba roto ante él. Todo tenia una inusitada continuidad, visto desde el lado del espejo en que se encontraba TSN. Joao no paraba de invitarle a que se acercara, al otro lado del espejo, donde se encontraba. ¿En que momento se rompió todo eso, se preguntaba para si TSN ante el requerimiento de Joao? No lo sabía muy bien, pero tal vez fuera el día que decidió dejarlo todo e irse a Estados Unidos a probar fortuna, así rezaba en el cartel que leyó en el tablón de anuncios de la universidad, poco antes de acabar la carrera de ingeniero, cuando todavía no había cumplido los veintitrés años. Le gustaba poner una fecha donde menos sentido tenía, como era en las grietas de sus existencia. Bien mirado Joao debía estar en el hotel donde apareció muerto aquel cliente y TSN al otro lado del espejo alardeando de una vida sin fisuras. Te digo esto porque Joao era un producto del enajenamiento de los pocos años y TSN es lo que quedó después de haberse roto. El caso fue que Joao no aceptó el puesto de trabajo que le ofrecieron en Río de Janeiro y se fue a Estados Unidos a poder elegirlo todo, tal y como le vendieron el viaje al país de las oportunidades ilimitadas. Lo que tenia que haber sido asimilado como una grieta iluminadora, pues dejó a la vista quien era Joao y quien debía ser, con el paso del tiempo se volvió en su contra y lo asimilo como una derrota irredimible respecto a quien era. Solos ante el espejo del hotel, cada uno ocupaba el lugar del otro como una redención provisional, pero que a TSN lo único que le producía era un dolor cada vez mas intenso. Al final, para pasar la noche decidió cubrir el espejo con la colcha de la cama y se prometió no volver a alquilar una habitación con espejos de ese tamaño, pues, al fin y al cabo, eran la herida por la que no dejaba de supurar la victoria de aquel Joao sobre el actual TSN, que definitivamente no había encontrado su lugar en el mundo de las infinitas oportunidades. Cuando volvió a Río de Janeiro, para volverlo a intentar, Joao también había desaparecido. Al llegar el autobús a su destino el revisor tuvo que darle un golpecito en el hombro para que TSN abandonara su ensimismamiento. Se bajó con rapidez y, como no tenia equipaje que recoger en el maletero del autobús, se puso a caminar rumbo al centro del pueblo donde había llegado. Semejante embeleso lo había puesto a resguardo de la vida, aunque no era del todo consciente que también de la muerte. Le gustaba mas bien pensar que su idea del movimiento como sentido de su existencia lo había instalado en un limbo en que creía estar al pairo de todo lo demás. Nelson y Leo, dos macarras de medio pelo con los que no pensaba encontrase, le iban a recordar su enorme error, cuando lo divisaron, desde el bar donde se encontraban, caminar con ese estilo tan característico de quien se dirige hacia ninguna parte.

miércoles, 19 de febrero de 2020

HELEN OYEYEMI

”Aunque Helen Oyeyemi es en sí misma una adelantada capaz de escribir a los 18  años una novela que de inmediato la puso a la cabeza de los novelistas británicos de su generación, por suerte para ella entonces era demasiado joven para que le afectase aquel recurso universal que consistió en calificar de “experimental” toda escritura que no se atuviese a las reglas de juego establecidas. Pero como la manía de clasificar sigue intacta, ahora ronda sobre ella el peligro de ser despachada como una suerte de actualizadora, o moderna versionadora de viejos  cuentos infantiles universales. Novelas como El señor Fox  (2013) y Boy, Snow, Bird (2016), que tenían como referentes más obvios y cercanos a Barbazul y Blancanieves, respectivamente, la  pusieron al borde del encasillamiento.“

martes, 18 de febrero de 2020

HOTEL ATLANTICO 3

SUSAN FLEMING
Cuando TSN subió al autobús ya estaba sentada en el asiento contiguo al que a él le habían asignado al comprar el billete en la taquilla. Era rubia, guapa y elegante, repitió para sí mismo, lo que sus ojos acababan de verificar en un primer y elemental ejercicio de auscultamiento. Le saludó y le pidió permiso par sentarse a su lado, como si no tuviera pleno derecho a ello y pensara que le podía molestar su presencia. Ella aceptó con una sonrisa que no pretendió del todo que fuera de circunstancia. A continuación se presentó como Susan Fleming. TSN hizo un gesto de aceptación con la cabeza, pero no le dijo como se llamaba. Probablemente porque al mismo tiempo sintió un pinchazo en la cabeza que lo obligó a sentarse de inmediato. No fue un mareo, como él pensó en un primer momento, pues a su alrededor la realidad permanecía estable. Nada que ver con algo orgánico, que requiriese de inmediato el concurso de algún facultativo medico. Luego se dio cuenta de que le había estallado lo que él llamaba un burbuja en el pensamiento y bajo la bóveda craneal empezó a desesperezarse la memoria. La mujer rubia y elegante seguía a su lado hablándole de la perdida de su hijo, pero él empezaba a no estar sentado a su lado, al menos con la memoria que había comenzado a ir a su aire. De vez en cuando hacia el simulacro de que seguía la conversación de Susan Fleming, pues le parecía una falta de respeto no hacerlo, pero lo que verdaderamente le preocupaba era los efectos no previstos de esa burbuja que le había estallado dentro. El autobús se puso en marcha rumbo a su destino que, al parecer, era el mismo que el de la mujer rubia y elegante, según le había confesado nada mas decirle cual era su nombre. Casi al mismo tiempo le estalló una burbuja en su pensamiento y su memoria empezó a desentumecerse bajo la bóveda craneal, se dijo, con lo cual su primer objetivo era identificar a esa mujer que tenia delante y colocarla en algún lugar inteligible de su vasto recorrido. Pero había algo que no funcionaba bien, ya que si intentaba seguir el hilo de la conversación que le proponía la mujer, su memoria se abría en dirección opuesta a donde había decidido orientar su vida, que no era otro lugar que ir hacia ninguna parte, el movimiento por el movimiento era su único destino y también su única brújula. Simplemente, pensó, al escuchar las palabras de alguien que no fueran las suyas, todo se le había revuelto por dentro, como si le hubieran sentado mal no tanto por lo que decían, como por la falta de hábito para digerirlas. Hizo un gesto de escalofrío y Susan Fleming le pasó una chaqueta roja, que, le dijo, era el único recuerdo que le quedaba de su último marido, el padre de su hijo muerto. Unos kilómetros más adelante, Susan Fleming se calló de repente, metió la mano en su bolso y se arrellanó en el asiento como para dar una cabezadita hasta el final de su viaje, al menos fue lo que pensó su acompañante. Le pareció que la decisión de la mujer rubia y elegante era lo más apropiado para su burbuja y los efectos sobre  su memoria. TSN hizo lo propio y notó que aquellas también pedían un descanso para buscar la orientación dentro de la bóveda craneal. Durante el viaje él miraba de reojo a su acompañante y vio que, efectivamente, lo de la cabezadita iba en serio, lo cual en parte lo tranquilizó por lo que trató de insistir en hacer lo mismo sin conseguirlo. Después del estallido de aquella primera burbuja en el pensamiento vino otra y luego otra, por lo que la memoria bajo la bóveda craneal no conseguía lograr el descanso que él deseaba. Trataba más bien de interponerse en su camino y parar en seco el movimiento por el movimiento, desnortando la brújula. Susana Fleming, mientras tanto, continuaba dormida sin haber movido un músculo desde que cerró los ojos. Unicamnete, eso si lo comprobó, la respiración había perdido fuerza y ya no roncaba como al principio, en ese momento parecía que no respiraba tan inaudible era el ruido que hacía. Se dio cuenta, mientras se fijaba en el rostro tranquilo de Susan, que el movimiento de la memoria le hacia subir el oleaje de su conciencia. Así logró entrever los despojos de una edad remota, aquella en que empezó a dejar de ser niño y se abrió ante sí, por primera vez, el mundo con todo el esplendor de su potencialidad. Le pareció extraño que ningún revisor, o funcionario con tal cometido, no hubiera pasado todavía para pedirles los billetes. Tampoco distinguió a nadie que pudiera tener tal oficio hablando con el conductor, como solía ser habitual en este tipo de líneas de transporte. Al final se quedó dormido. Lo notó cuando el autobús se para en la estación y se despertó sobresaltado. Miró a Susan, pero seguía en la misma posición desde que se quedó dormida. Al volver a la vigilia notó que en el interior de su pensamiento no había actividad alguna y que, en consecuencia, la bóveda craneal había recuperado su silencio habitual. Fue entonces cuando asoció esa vuelta a la normalidad de sus constantes vitales con que quien las había alterado, Susan Fleming, no estuviera dormida sino muerta. Efectivamente se acercó más a ella y comprobó que no respiraba, y bajo sus pies vio un tubo de barbitúricos vacío. Con toda la cautela de que fue capaz abandonó el autobús y se dirigió al vestíbulo de la estación. Cuando se dispuso a entrar en el lavabo, se dio cuenta de que llevaba puesta la chaqueta roja que le había prestado Susan. Decidió dejarlo todo como estaba y se acercó a la taquilla para sacar un billete para el primer autobús que saliera hacia cualquier destino. No dejo de congratularse consigo mismo, cuando sintió que había recuperado el movimiento por el movimiento, santo y seña de su destino.

lunes, 17 de febrero de 2020

MATADERO 5

Ya sabemos que como seres humanos somos finitos, imperfectos, pero también aniquilables físicamente por una larga enfermedad, un infarto, o un accidente imprevisto de los muchos que acechan nuestra maravillosa vida moderna, y, por que no, por un bombardeo no diseñado en la hoja de ruta de las autoridades financiero_castrenses. Aunque lo no previsto está en que los buenos de la guerra fueran los artífices de la matanza. Dresde se convirtió así, a mi entender, en la metáfora de lo que no tenia que haber ocurrido el 13 de febrero de 1945, y por extensión en cualquier otra fecha, pero ocurrió. Como casi todo lo que ocurre en el juego entre la vida y la muere en el que, sin saber muy bien del todo por qué, dicen que estamos jugando. “Si creéis que la muerte es algo terrible es que no habéis  entendido nada de lo que os he contado”, dice Billy Pilgrim, alma protagonista de la novela MATADERO 5, de Kurt Vonnegut. En fin, como ya he dicho, lo que Pilgrim nos quiere recordar es lo innegable e inevitable: que, por encima de todo, somos seres mortales, aunque sin fecha fija en el calendario. Bien es verdad que por ello no se desanima. Al mismo tiempo Pilgrim también nos recuerda con sus palabras, que para compensar esta colosal carencia nuestra capacidad de ficción es infinita, perfecta, indestructible e inmortal, con la que tratamos, mientras dura nuestra existencia, de crear una enmienda parcial a nuestra caduca naturaleza corporal. El arte es lo que nos salva y nos consuela cuando la vida trata de destruirnos, dicen los filósofos. Pilgrim no es filósofo, pero sabe mucho de la vida,¿no hace una labor creativa mientras nos cuenta la peripecia de la vida, que casi lo aniquila? Pero no deja de advertirnos a los lectores del futuro,  que puede que un día, sin previo aviso y sin causa justificada, no podamos hacerlo. La vida, entonces, es como si nos cayeran encima ocho toneladas de bombas. ¿Quien no ha experimentado ese mismo efecto, aunque sean otras las causas que lo han producido? El número de muertos, como dijo Stalin, no importa, pues es pura estadística. 

martes, 11 de febrero de 2020

HOTEL ATLANTICO 2

CERCA, MUY CERCA
Lo vi salir del hotel como si huyera de algo o de alguien, que no estaba allí delante de mi campo visual. Así que me dije, espero que no te sorprenda, este TSN (protagonista de la novela Hotel Atlantico) merece que lo siga a ver donde me llevan sus pasos. Estando así, cerca muy cerca, podría oír mejor lo que decía, y si lo oía estaba en la senda de entender su extraño comportamiento. Cuando me fijé en él por primera vez yo estaba en el vestíbulo del hotel, donde había entrado para ir al cuarto de baño. Lo que vi fue a alguien tambaleante que bajaba las escaleras como si estuviera todavía bajo los efectos del sueño; como si lo que le hubiera dado consistencia como ser humano, lo hubiera perdido o extraviado en las horas de sueño. Para que me entiendas, andaba como si fuera un zombi. Al principio no le di más importancia, pues pensé que aquellos ademanes no eran tanto fruto de una pérdida durante el sueño como de los excesos de la vigilia alargada hasta altas horas de la madrugada. El caso fue que cuando empezó a cundir el desasosiego por la muerte de un cliente en su habitación, TSN pareció renacer de su modorra y acelerando el paso se enfiló hacia la estación de autobuses. Fuera lo que fuera lo que hubiera perdido durante las breves horas del sueño, lo cierto era que no se iba a detener a buscarlo entre aquel tumulto creciente que se había apoderado de repente del hotel y sus alrededores. Fueran las ambiciones que fueran o los destinos que se hubiera fijado la noche anterior durante la prolongada vigilia, tendría que acostumbrase a viajar sin ellos, pensé mientras le seguía los pasos conducentes a la estación de autobuses. He de confesarte que fue esta suposición, que me hice de forma apresurada, la que me proporcionó la justificación mas convincente de mi decisión para seguirle en su peripecia. Estarás de acuerdo conmigo que a todos nos ha pasado, y nos pasa, con mas frecuencia de la que desearíamos, el hecho de levantarte por la mañana y cuando te vas a mirar al espejo para despejarte no eres capaz de reconocer quien eres. Entonces vuelves a la cama para ver si lo que te falta esta entre las sabanas, pero descubres con los primeros temblores que allí solo se encuentra la huella difusa de tu cuerpo. O sea, que en el mismo lugar donde has pasado la noche, no hay rastro de lo que sientes que te falta. Hay algo temible en nuestras sociedades: necesidad del autoengaño y aceptar como normal que alguien nos mienta. Lo cual empezó a ocurrir cuando nos dejamos de preocupar por nuestra dignidad a cambio de alimentar solo nuestro narcisismo. No fue algo que ocurrió de un día para otro, sino que necesitó su tiempo de maduración. Lo que observé en TSN fue que era ya una fruta a punto de caer del árbol. Decidí seguirlo, como puedes imaginar, con la única intención de estar presente cuando se producía tan definitiva caída. Imaginé que atrás debieron  quedar sus intereses que cambiaron de dirección una y otra vez hasta que aquella, un día de los que vendrían, rompería su enlace con ellos; o sus afectos y sus odios hartos de buscar una encaje en la vigilia en ese ultimo sueño se escaparon para siempre por el sumidero de la desesperación; o que sus gustos y anhelos, demasiado tiempo desordenados y amontonados los unos encima de los otros, sin orden ni concierto, decidieron esa noche no acudir a su cita con el espejo en el inicio de ese nuevo día; en fin, es posible que TSN haya descubierto que ya no sea el mismo, después de meses o años perseverando en su identidad y en su afán de pertenencia. Sólo le quedaba, imagino que se dio cuenta, el movimiento por el movimiento de su cuerpo hasta que se produjera la caída definitiva, la ruptura con todo. Nadie del hotel notó su marcha, a pesar de que sus gestos y ademanes invitaban a cualquier observador atento a culpabilizarle, o al menos a señalarlo como sospechoso del muerto que acaban de descubrir en una de las suites mas lujosas del hotel. Sin embargo, no fue así. Abandonó el hotel dando tumbos y se dirigió a la estación de autobuses, donde compró un billete para el primer autobús que saliera, fuera donde fuera. Yo hice lo propio y me senté detrás de él, que se había colocado al lado de una mujer joven y atractiva, que tenia el aspecto de haber perdido también algo al mirarse al espejo al levantarse aquella mañana. Nada mas arrancar el autobús me vino a la cabeza si estas caídas pasaban también antes, o son mas propio de nuestro presente. Las primeras palabras que TSN y la mujer joven se intercambiaron, pues rápidamente congeniaron y se pusieron a hablar como si se conocieran de toda la vida, me parecieron que emanaban de lo que ambos habían perdido. Me dio la impresión que con ellas lo que pretendían era apuntalarse entre ellos para demorar cuanto fuera posible su caída. De repente, se callaron y me pareció que ambos se entregaron al sueño, o al menos cerraron los ojos para que la luz exterior dejara de molestarlos.

lunes, 10 de febrero de 2020

ANA MERINO

“Aunque ya tenía un libro juvenil, El hombre de los dos corazones, su primera novela de ficción le supuso a Ana Merino, el Premio Nadal de 2020. Ya le pasó algo parecido con su primer libro de poesía. Fue terminarlo y ganar el Adonais, recuerda esta escritora poliédrica que lo mismo cultiva los versos, que el teatro o el ensayo. El proceso ha sido largo, no obstante. A vueltas con ella desde 2009, cuando publicó aquel otro título juvenil, su trabajo en el MFA de escritura creativa en español en Iowa paró su impulso narrativo hasta ahora. “Yo ya venía con un imaginario narrativo de querer hacer una novela pero se paró –cuenta-. Estaba allí, pero se quedó bastantes años tejiéndose. Lo que me daba tiempo a concluir eran poemarios y teatro. Una novela tiene muchísimo trabajo de reposo y de reescritura y yo estaba viviendo una gestión tan intensa que no es hasta que dejo ya la dirección del MFA que cojo la caja llena de papeles, de ideas y decido ordenarlo porque veo que tengo ahí un mundo, y quiero que salga”. Publicado ahora por Destino, El mapa de los afectos es una novela coral que parte de la América rural para crear una comunidad que le permita a su autora escarbar en los devenires de la humanidad y en la pulsión de la bondad como fuerza motora.”

viernes, 7 de febrero de 2020

HOTEL ATLANTICO 1

NO TAN LEJOS
Es casi seguro que este tipo sin nombre (TSN) que protagoniza la novela de Joao G. Noll, Hotel Atlantico, lo he visto el otro día no tan lejos, como si pudiera traspasar su condición de personaje literario. Estaba a mi lado cuando los dos nos disponíamos a cruzar la calle, una vez que el semáforo cambiara al verde. Si tu lo hubieras visto, habríais dicho que era un tipo normal, uno mas de esos que se han levantado por la mañana y después de reunir lo que el día anterior había dispersado, y que el sueño lo ha ido colocando a su manera incuestionable pero únicamente para pasar la noche, se había tomado el café en la cafetería habitual y había empezado a caminar hacia su trabajo. Digo trabajo porque no se me ocurre que un tipo así pudiera ir a esas horas a otro sitio. No te voy a negar que todos hacemos eso cada mañana, pero no todos lo hacemos con la misma intención ni, sobre todo, con el mismo grado de conciencia. Si te soy sincero, cuando me di cuenta de que estaba a mi lado, lo primero que pensé fue que estaba medio dormido, que le faltaba tomar el  segundo café que con toda probabilidad lo haría en compañía de la secretaria o de algún compañero de su oficina. No me preguntes por qué imaginé que TSN trabajaba en una oficina y que allí había una secretaria dispuesta a tomar un café con él, etc. Supongo que cuando hago la primera lectura de cualquier novela estoy todavía muy apegado a la vida, como si las  palabras de aquella significaran lo mismo que las de esta. Noto que lo que dice TSN me concierne, pero todavía no he averiguado la distancia que hay desde donde lo hace respecto donde yo me encuentro, que no tiene nada que ver con la butaca en la que estoy leyendo. Para solventar esa falta de ubicación, hago como si TSN estuviera a mi lado, o fuera alguien conocido con el que hablo cada día. Lo que quiero decir es que esos primeros compases de la lectura los hago, creo que no puede ser de otra manera, bajo la influencia de la familiaridad propia de cualquier otra actividad cotidiana. Y lo hago a sabiendas de que solo empezaré a leer cuando el sentimiento de extrañeza que me trasmite alguien que acabo de conocer, como es el caso de TSN, se empiece a apoderar de mi. Para entendernos, me concierne como lo hace cada día el semáforo a que he hecho referencia al principio, o el primer café de la mañana, o si la hora que marca el reloj me dice que llego a tiempo a la oficina o, en fin, la oficina misma como implacable destino de mi vida. Sin embargo, cuando vi a TSN por primera vez me pareció que no era él exactamente, noté de inmediato que lo que estaba percibiendo era su sombra o algo similar, que lo que él había sido se había quedado en otra parte. De hecho, cuando lo vi salir del hotel, antes de coincidir los dos en el semáforo, ya me pareció que le faltaba algo, o algo se le había fundido dentro dejando al resto a la deriva, fue lo que primero pensé. Bueno, para ser sincero, lo primero que pensé fue en la juerga que había tenido la noche anterior, cuyos efectos más visibles se encarnaban en la imagen de resaca con que había salido a la calle. Pero a medida que se alejaba del hotel, según lo vi acercarse hacia mi, me di cuenta que no era la exceso de bebida lo que le hacía mirar así, y caminar de aquel modo en absoluto tambaleante. En ese instante no me fijé en que anotaba con la vista todo aquello que se interponía en su camino o en su campo visual, no tanto porque le afectaba de alguna manera, sino más bien lo hacía con la intención de levantar acta, como si fuera un notario. También pensé, lo he de reconocer, que era un periodista que estaba tomando notas para hacer un reportaje de encargo que le había pedido alguna revista internacional. Me resultó raro que no tuviera un cuaderno o un dispositivo digital en la mano, pero lo disculpé pensando que su intención al escribir no eran tanto los detalles exteriores como la impresión de conjunto de lo que iba viendo según caminaba. Por ejemplo, al salir del hotel había un tumulto en los alrededores al parecer, me enteré después por los periódicos, porque había muerto de forma repentina unos de los clientes. A TSN, pensé, le bastó con coger nota mental del dato, los detalles, digamos, detectivescos de la muerte del hotel donde había dormido no le interesaron para nada. Se debió de enterar al pagar la cuenta, o a lo mejor se lo comentó quien limpia las habitaciones. Es igual, TSN bajó deprisa las escaleras, ni siquiera cogió el ascensor porque estaba ocupado con el trajín del muerto, no llevaba equipaje, y se dirigió a la recepción a pagar lo que debía.  Cuando salió a la calle vio el tumulto de personas y sirenas, se acobardó, esto ya forma parte de mi experiencia visual, vi que intentó volver sobre sus pasos como pidiendo disculpas, pero no lo hizo. Logró con rapidez recomponer su figura plana, a lo mejor todavía tiene, pensé, algún resto de hálito dentro. No puede evitar pensar que el muerto era él mismo.lo he visto el otro día, no tan lejos como pudiera suponer su condición de personaje literario. Estaba a mi lado cuando los dos nos disponíamos a cruzar la calle, una vez que el semáforo cambiara al verde. Si tu lo hubieras visto, habríais dicho que era un tipo normal, uno mas de esos que se han levantado por la mañana y después de reunir lo que el día anterior había dispersado, y que el sueño lo ha ido colocando a su manera incuestionable pero únicamente para pasar la noche, se había tomado el café en la cafetería habitual y había empezado a caminar hacia su trabajo. Digo trabajo porque no se me ocurre que un tipo así pudiera ir a esas horas a otro sitio. No te voy a negar que todos hacemos eso cada mañana, pero no todos lo hacemos con la misma intención ni, sobre todo, con el mismo grado de conciencia. Si te soy sincero, cuando me di cuenta de que estaba a mi lado, lo primero que pensé fue que estaba medio dormido, que le faltaba tomar el  segundo café que con toda probabilidad lo haría en compañía de la secretaria o de algún compañero de su oficina. No me preguntes por qué imaginé que TSN trabajaba en una oficina y que allí había una secretaria dispuesta a tomar un café con él, etc. Supongo que cuando hago la primera lectura de cualquier novela estoy todavía muy apegado a la vida, como si las  palabras de aquella significaran lo mismo que las de esta. Noto que lo que dice TSN me concierne, pero todavía no he averiguado la distancia que hay desde donde lo hace respecto donde yo me encuentro, que no tiene nada que ver con la butaca en la que estoy leyendo. Para solventar esa falta de ubicación, hago como si TSN estuviera a mi lado, o fuera alguien conocido con el que hablo cada día. Lo que quiero decir es que esos primeros compases de la lectura los hago, creo que no puede ser de otra manera, bajo la influencia de la familiaridad propia de cualquier otra actividad cotidiana. Y lo hago a sabiendas de que solo empezaré a leer cuando el sentimiento de extrañeza que me trasmite alguien que acabo de conocer, como es el caso de TSN, se empiece a apoderar de mi. Para entendernos, me concierne como lo hace cada día el semáforo a que he hecho referencia al principio, o el primer café de la mañana, o si la hora que marca el reloj me dice que llego a tiempo a la oficina o, en fin, la oficina misma como implacable destino de mi vida. Sin embargo, cuando vi a TSN por primera vez me pareció que no era él exactamente, noté de inmediato que lo que estaba percibiendo era su sombra o algo similar, que lo que él había sido se había quedado en otra parte. De hecho, cuando lo vi salir del hotel, antes de coincidir los dos en el semáforo, ya me pareció que le faltaba algo, o algo se le había fundido dentro dejando al resto a la deriva, fue lo que primero pensé. Bueno, para ser sincero, lo primero que pensé fue en la juerga que había tenido la noche anterior, cuyos efectos más visibles se encarnaban en la imagen de resaca con que había salido a la calle. Pero a medida que se alejaba del hotel, según lo vi acercarse hacia mi, me di cuenta que no era la exceso de bebida lo que le hacía mirar así, y caminar de aquel modo en absoluto tambaleante. En ese instante no me fijé en que anotaba con la vista todo aquello que se interponía en su camino o en su campo visual, no tanto porque le afectaba de alguna manera, sino más bien lo hacía con la intención de levantar acta, como si fuera un notario. También pensé, lo he de reconocer, que era un periodista que estaba tomando notas para hacer un reportaje de encargo que le había pedido alguna revista internacional. Me resultó raro que no tuviera un cuaderno o un dispositivo digital en la mano, pero lo disculpé pensando que su intención al escribir no eran tanto los detalles exteriores como la impresión de conjunto de lo que iba viendo según caminaba. Por ejemplo, al salir del hotel había un tumulto en los alrededores al parecer, me enteré después por los periódicos, porque había muerto de forma repentina unos de los clientes. A TSN, pensé, le bastó con coger nota mental del dato, los detalles, digamos, detectivescos de la muerte del hotel donde había dormido no le interesaron para nada. Se debió de enterar al pagar la cuenta, o a lo mejor se lo comentó quien limpia las habitaciones. Es igual, TSN bajó deprisa las escaleras, ni siquiera cogió el ascensor porque estaba ocupado con el trajín del muerto, no llevaba equipaje, y se dirigió a la recepción a pagar lo que debía. Cuando salió a la calle vio el tumulto de personas y sirenas, se acobardó, esto ya forma parte de mi experiencia visual, vi que intentó volver sobre sus pasos como pidiendo disculpas, pero no lo hizo. Logró con rapidez recomponer su figura plana, a lo mejor todavía tiene, pensé, algún resto de hálito dentro. No puede evitar pensar que el muerto era él mismo.

jueves, 6 de febrero de 2020

GEORGE STEINER

”George Steiner advirtió que el arte se separó del mundo a partir de Mallarmé, cuando la palabra prescindió del significado y se convirtió en un objeto independiente e ininteligible, casi una cosa entre las cosas. Desde entonces, su alienación no ha dejado de crecer, confinando al hombre en un espacio cada vez más pequeño de perplejidad y esterilidad. Ya no hay pensamiento, sino notas a pie de página. Hemos quedado atrapados en la “cultura del comentario” de las grandes obras del pasado. El ser humano solo podrá salir de ese callejón recobrando el sentido del riesgo y abriéndose a lo incierto. Pensar siempre es un gesto de temeridad, un desafío, una aventura de imprevisible desenlace. El hombre solo puede ser libre por medio de la imaginación, que siempre le obliga a dar un paso más allá, adentrándose en el misterio, en la alteridad radical. Steiner aprecia una indudable equivalencia entre la pregunta por el ser y la pregunta por el arte. ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Por qué ha surgido la creación artística, una actividad gratuita y aparentemente inútil? La respuesta de Steiner, que transitó de la filología a la teología, es valiente y clara: “hay creación estética porque hay creación”. La intuición de un acto creador primigenio nos conduce a la “gramática de lo insondable”.

miércoles, 5 de febrero de 2020

ESCÁNDALO

Me levanté y salí de casa camino de la cafetería del barrio. En el camino me acerqué al kiosco y compré el periódico. El titular del día hacía mención a “la ultima perfomance de Boris Johnson”, asi que decidí, cuando me senté en la mesa de la cafetería, ir directamente a leer a mi columnista de cabecera. Su escrito arrancaba diciendo que para vivir hay que mentir. Lo que me extrañó es que a continuación dijera que ahí residía el escándalo. Seguí leyendo por ver si se refería al titular de cabecera del periódico, no en balde el arte de los auténticos payasos es decir la verdad a través de su grotesca impostura. Esta es una de las primeras lecciones sobre la verdad que recibimos al poco de nacer, me refiero al primer día que papá y mamá, la encarnación viva de nuestra verdad única y total, nos llevan con sus mejores intenciones al circo o a cualquiera de los sucedáneos que le han salido a medida que la modernidad ha ido cumpliendo años. Efectivamente, para mi consuelo, mi columnista de cabecera no hablaba directamente de Johnson ni del otro payaso de moda, Donald Trump, aunque dejaba intuir que estos dos ¨artistas¨ formaban parte de la matriz de aquella creencia, para vivir hay que mentir, que nos estaba conduciendo a los seres hablantes a desesperar de las palabras o perder la confianza en ellas, que es lo que nos singulariza respecto a los animales y, en definitiva, nos hacer ser como somos. Cuando acabé de repasar lo que había en las demás páginas del periódico, salí de la cafetería y me dirigía al cajero de la sucursal de banco más próxima, pues al pagar al camarero me di cuenta de que me había quedado sin dinero en metálico. Introduje la tarjeta de crédito en la ranura correspondiente de la máquina que a continuación me pidió, como era habitual, mi código secreto. Lo hice, mirando de reojo por si había alguien cerca de mí esperando, y la máquina se puso a pensar como lo hacen estas máquinas. Después de unos breves instantes que me parecieron una eternidad apareció en pantalla lo siguiente: número correcto, operación cancelada, inténtelo pasados unos minutos. Mi primera intención fue no hacer caso a la recomendación de la máquina y volver a intentarlo de nuevo, pero me di cuenta de que en ese lapso de tiempo se había formado una cola de tres personas que también querían sacar dinero. Así que opté por tomármelo con calma, al fin y al cabo no tenía nada que hacer, y decidí darme una vuelta por los alrededores y volver a intentarlo más tarde, cuando no hubiera nadie esperando. Mientras iba caminando no pude menos de volver a pensar en lo que había escrito en el periódico mi columnista de cabecera, para vivir hay que mentir. La asociación que me vino a la cabeza hizo que me pusiera a temblar. Nunca he considerado que la mentira tuviera algo que ver con la exactitud del número de mi cuenta corriente. Y, sin embargo, todo parecía indicar que el virus de aquella, hasta ahora un atributo propio únicamente de las palabras, también estaba infectando a los números. Me acordé, entonces, de lo que mi columnista de cabecera había escrito hacia un par de meses respecto a una entrevista que le hicieron a otro payaso famoso, Adolf Hitler, poco antes de acceder al poder. Al aparecer el fūhrer dijo que lo importante es conseguir el poder todo lo demás es falso. No me quedó más remedio que aceptar, aunque nada más fuera para abandonar la parálisis que me embargaba, que los payasos como los niños son los únicos que dicen la verdad. Decidí dar un par de vueltas más a la manzana donde se encontraba el cajero de la sucursal del banco, y al final opté por no sacar dinero, aunque eso suponía tener que volver a casa andando, ya que, en ese momento, me sentí incompetente para mentir al conductor del autobús diciéndole lo que me había pasado, evitando así mi vergüenza y el escándalo que hubiera organizado.

martes, 4 de febrero de 2020

NOVUM

Mucho de lo que está por venir ya lo has vivido, sin embargo también mucho de lo dejaste atrás no lo has vivido todavía.
Tanta prisa tienes por disfrutar de lo nuevo que interrumpes el disfrute de lo presente y dices que ya está disfrutado.
(...)
No se puede aprender ni crear de la nada, luego lo nuevo no es otra cosa que experimentar lo ya aprendido que has olvidado.
(...)
Tu tiene el derecho de decir lo que quieres, cierto, pero al mismo tiempo que dices lo que quieres tienes la obligación de pensarlo bien para saber que lo estás diciendo, es decir, para hacerte entender, ¿ante quien?, ya no ante dios pues dios no existe porque lo hemos asesinado sino ante un otro que es como tu en cuanto a sus derechos y obligaciones pero al mismo tiempo íntimamente distinto. Por eso estamos en un ágora y no en un templo. Para escuchar al otro, para escuchar algo de sus derechos y de sus obligaciones. Para entender algo de algo.
(...)
¿Cuál es el horizonte de inteligibilidad que te hace ponerte en marcha? ¿Tú mismo, mejor dicho, la autoconciencia ilimitada aupada en un blando relativismo? 
(...)
Todo libro es un documento o un monumento  a servicio del funcionamiento del cuerpo del sistema y, al mismo tiempo, es un acontecimiento en tu alma o intimidad como lector (y escritor) que lo han creado o hecho posible.