miércoles, 23 de septiembre de 2020

DISTANCIA CELESTIAL

 Epidemias ha habido siempre, lo que ha ido cambiando ha sido la distancia entre los humanos y los dioses que había en cada momento. Por ejemplo, en la de 1348, que diezmó al continente europeo, Dios estaba hasta en el último pelo. La de 1831 en Berlín se llevó a Hegel, pero el gran pensador ya había puesto a Dios en un sitio menos atosigante, más acorde con los tiempos de la posibilidad revolucionaria de los humanos. En la era digital los dioses han desaparecido y con su ausencia la capacidad de imaginación de los seres humanos. Nunca se debe tratar así a los dioses, porque somos los humanos los que al final salimos perdiendo. Es por eso que, dejada solo en manos de los expertos digitales (los tipos con menos imaginación del planeta), la pandemia actual es ininteligible e inmanejable. Con la desaparición de los dioses ha desparecido la práctica de la distancia, que es lo propio del alma, y lo más saludable para el cuerpo. Cuando los seres humanos quieren suplantar la figura de los dioses, rompiendo esa distancia, empiezan los problemas de amontonamiento corporal en la ciudad. No sabemos quedarnos en casa, como dijo Pascal. Las urbanizaciones de la clase media de extrarradio fue el primer síntoma de que ese amontonamiento era imparable. En caso de alarma pandémica, ya no se pudo leer nunca más en la ciudad la oración fúnebre de Pericles, pues no existen los muertos. Solo quedaba huir de la ciudad. Sin los ideales irrealizables del alma, la ciudad no es habitable, pues solo queda el empirismo recurrente del cuerpo, que más pronto que tarde se convierte en la ventana de entrada de la tristeza del mundo, se expongan como se expongan los trampantojos de la alegría publicitaria y propagandística.


Lo importante no es lo que está sucediendo (la actualidad de los expertos y sus seguidores), sino lo que nos está sucediendo con lo que nos dicen que sucede. Esto está alojado en el alma de cada cual, pero el alma occidental es un concepto que pertenece a la tradición de la religión vaticana, no a la filosófica existencial. Dicho de otra manera, para tratar hoy con el alma hay que creer pasivamente en Dios, no como la posibilidad de pensar activamente para ver el mundo desde otro lugar que el que lo hacen los expertos. Donde ocurren los hechos está el cuerpo, pero para pensar sobre ello hay que coger distancia, hay que echarle imaginación. Hay que tener alma. Se puede decir de muchas maneras. No otro es el mensaje del ataque definitivo del virus de marras, vivimos muy apelotonados, vivimos sin alma y a expensas de los expertos. Mal negocio y pero conversación.  Ahí nace la fuente de nuestra incertidumbre y desasosiego. En todo caso, lo que si es imaginable es que el ser humano moderno y digital vive dentro de la resaca posterior a la ebriedad del Dios medieval. No en otra fiesta mejor inventada por los expertos, como nos pretenden hacer creer sus palmeros.

Nos movemos, es decir, existimos entre el límite de lo propio y la existencia de lo que rebasa lo propio. El alma es un espacio y un tiempo intermedio entre que lo que sabemos y lo que no podremos saber nunca. Es ese lugar y ese tiempo que nos pone en relación con lo infinito, desde nuestra propia finitud. Tampoco es tan complicado, si uno acepta su propia finitud, claro está, sin autoengaños y subterfugios. Y el problema está aquí, no en la supuesta supremacía de los expertos y sus imitadores, que no es otra cosa que la impostura que practican e imponen a los otros al no querer relacionarse abiertamente con su propia finitud.

¿Cómo nos persuadimos de todo esto? Si se diera la oportunidad, ¿cómo estaríamos dispuestos a persuadir a los otros de aquella pérdida de Dios y de nuestra 

viernes, 4 de septiembre de 2020

jueves, 3 de septiembre de 2020

ABISMO CELESTIAL

Me dice K que la muerte colocada en el centro de la polis aumenta la banalidad de las redes sociales en proporción geométrica a la voluntad de ocultarla. Frente a esta aparición imprevista e inopinada, los rostros y ademanes de sus habitantes, el nosotros, se hacen cada vez mas inimpresionables, o también, mas resistentes a la estupefacción o al asombro frente a lo que nos se sabe y no se sabrá nunca. Aunque, incomprensiblemente, su proyecto de vida ferozmente individualista se deja seducir por los cantos de sirena de los ejércitos de grupos ideológicos que le anuncian su pertenencia jurídica a proyectos de sociedad de supervivencia local. Contra el otro que llega, o el otro que lleva entre el nosotros mas tiempo que muchos de los que están ocultos ahí dentro. Es el espíritu de Ropocop. Según k el androide mejor acabado de toda la historia de la distopía (la cara oculta de cualquier utopía), que empeñada en dibujar un futuro totalmente inahabitable está consiguiendo el efecto contrario, a saber, hacer vivible como sea el presente actual. Pues los personajes que crean los narradores distópicos son quiénes nos han de acompañar en nuestro camino desde el centro de la polis hacia el abismo. A veces da gusto ir hacia esas profundidades de la mano de tipos tan grotescos y esperpénticos, ironiza K.


La cultura digital se ha apropiado completamente de la actitud estoica de antaño, que inculcaba la negación de la admiración ante cualquier acontecimiento de la vida. Hoy es bastante habitual estar rodeado de amigos y familiares, los seres queridos dice K, de los que no te acuerdas cual fue su última manifestación de asombro, cuando tuvo lugar y cual fue el motivo que la provocó. El intercambio constante de selfies y twits entre esos robocops, que forman las pandillas de jóvenes adultos actuales, son parte de esa munición distópica que se ha mencionado, que hace equiparar al cielo con el abismo dando como resultado una nueva relación innovadora con el infinito. 


No en balde, piensa K, la matriz teologal de lo digital, como no podía ser de otra manera en todo lo que provenga de la ciencia y de la política en la polis, hace que sus feligreses desarrollen una nueva manera de entender la beatitud, que se opone, término a término, a la grave normalización de la fuente original que practicó durante todo el siglo XIX la beatitud victoriana, por decirlo así. Lo digital mata la vida a la velocidad de la luz, una y otra vez, sencillamente porque los feligreses digitales no quieren tener experiencia de la vida ni arraigo en sus imperfecciones e infructuosidades. Si a esa velocidad todo es suficientemente fácil e intercambiable, nada es merecedor de tu asombro y de tu capacidad de impresionabilidad. Así K llega a la conclusión de que el nosotros digital de la polis es una zona libre de estupefacción, aunque no de sonrisas almibaradas.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

JORGE LUIS BORGES

 


MUDANZA

Dice K que hoy ha dormido mejor, después del primer día de este tiempo de mudanza que ha comenzado al final del verano. Espera que será largo y no exento de sobresaltos, hasta después de navidad según sus cálculos mas optimistas. El por qué de la mudanza, como la presión arterial, obedece siempre a causas diversas. Toda mudanza es material pero, sobre todo, es espiritual. Frente a los que se mudan de vez en cuando, están los que no se mudan nunca y llevan viviendo en la misma casa desde que nacieron exhibiendo la fotos de esa movilidad inmóvil. Están orgullosos del lema en casa como en ningún sitio. Frente a que los se mudan saltando de ciudad en ciudad, están quienes se mudan saltando de barrio en barrio de la misma ciudad. Su lema favorito es nada a largo plazo. El que tenga problemas de sueño, piensa K que se debe a esa deslocalización material y espiritual que se avecina durante este tiempo de mudanza. La ciudad de acogida, en la que lleva viviendo mas de diez años, hace dos que se ha convertido en una extraña, así en lo material como en lo espiritual. Este paralelismo entre lo primero y lo segundo desmiente que uno se va de la ciudad porque, pongamos, no aguanta sus ruidos o esta muy sucia y cosas así. Dice K que la extrañeza que siente respecto a la ciudad que lo acogió hace mas de una década, y que se ha ido apoderando irreversiblemente de su ánimo, esta envuelta por la confusión antes que por la claridad. Si no fuera así su sentimiento sería claro y diáfano, no seria, en cualquier caso y situación, un sentimiento de extrañeza. Puesto a seguir alguna pista, a K le parece oportuno vincular levemente la sensación de extrañeza a lo que se acaba y ésta al origen de por qué vino a la ciudad hace mas de diez años. ¿Que hay de los culpables?, se pegunta K a la busca de consuelo. De igual manera que una ciudad te acoge, piensa K, también llegado un momento la misma ciudad te expulsa. Sus murallas invisibles protegen al “nosotros” que de forma oculta gobierna en toda ciudad. Toda ciudad es así. Tiene algo de Chicago y otro algo de Nueva York. Los señores de la ciudad se reparten sus barrios con implacable impiedad. La pregunta sobre los culpables, por tanto, es impertinente dice K, no los hay ni se los espera. Aunque haberlos los hay, sin duda, y su culpa es diferente dependiendo el lugar que ocupen en la jerarquía que presiden los señores de la ciudad. Podría decirse que hay culpables criminales y culpables de un orden político y moral. Pero eso no tienen importancia mientras la ciudad siga siendo, con la propaganda en las pantallas, una ciudad acogedora. Mientras vivir sea solo igual a sobrevivir, no hay culpables ni juicio moral que valga. Todos somos nosotros y cabemos en su ciudad amurallada.

martes, 1 de septiembre de 2020

ANTONIO GAMONEDA


 

COSIFICAR

Ya estan diagnosticando que la nueva frontera del individualismo es la mascarilla. También ahí capturamos imágenes sin parar, y sin demora las encajamos en un molde técnico que satisface y da consuelo a nuestra inaplazable necesidad de entender aquí y ahora, y a solas. A saber, ante esto que te ocurre haz aquello que ofrecen, para esto que te duele tómate o lee eso que han publicado en los medios, me duele la rodilla no has esto otro. No te pares nunca, entrénate duro y conseguirás lo que te propongas. Cosificar no es otra cosa que recortar la realidad técnicamente (aprovechándose hoy de los éxitos digitales), es encapsular o dogmatizar el fluir propio del pensamiento científico y, a su vez, es una manera de ocultar sus limitaciones, es decir, que el horizonte del pensamiento científico moderno de estirpe únicamente matemática y física, en su última versión cuántica que está detrás del éxito tecno cínico, tiene su último destino en el ámbito de la antológico del ser, es decir en el ámbito de la filosofía. Su propia manera de pensar ha producido su consumación o acabamiento, lo que lo remite, como todo lo consumado, a la forma de pensar original de la ciencia.