Mostrando entradas con la etiqueta Los cátaros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los cátaros. Mostrar todas las entradas

miércoles, 29 de julio de 2020

DOMINGO DE GUZMÁN

La realidad del mundo es para el hombre medieval espanto y terror. No se si el visitante de las ruinas de los castillos y lugares donde tuvo lugar la herejía cátara piensa así respecto a esa época. Y si lo hace por comparación literal con la realidad actual, en la que el mundo es para el hombre digital progreso y paz, o lo hace porque el sentimiento que le transmiten aquellos lugares en si mismos así se lo evocan. Sin pararse a pensar con detenimiento que, si bien es cierto que el confort de aquellos siglos era mucho menos sofisticado que el actual, eso no quiere decir que no existiera ningún tipo de confort, sobre todo si se tiene en cuenta que estos castillos eran propiedad de los señores mas ricos y poderosos del momento. A esto hay que añadir, siguiendo el mismo razonamiento, que la capacidad de autoengaño tanto del medieval como del digital era igualmente nada sofisticada, en el sentido de pode ser expresada libremente.
(...)
El visitante digital de estos, digamos, misteriosos lugares no debe olvidar que la visión teologal del mundo de Domingo de Guzmán y su visión científica digital están ligados a una estructura, históricamente condicionada, de un alma profunda. Para el monje dominico Dios ha creado el mundo y se ha hecho responsable, por así decir, de su creación. La lucha, por la vía del uso de la persuasión de la palabra, fue una lucha en favor de la divinidad en el saber sobre la realidad del mundo. Fue una lucha contra Dios en pro de Dios, ya que la existencia de Dios era indudable. Este Dios con su existencia incondicional de verdad no quiere ser concebido por medio de ilusiones. La fe y la razón, vendría a decir el dominico medieval, son como dos palancas que permiten al ser humano elevarse hacia el encuentro con la verdad. Simon de Montfort, muy al contrario, dictaminó después de ver los vanos intentos de su colega por convencer de su equivocación a los perfectos y perfectas albigenses, que la letra con sangre entra. Y lo llevó con saña a la práctica, desde Beziers hasta Tolosa de Languedoc, entre 1209 y 1218, fecha en la que murió en el sitio de Tolosa a consecuencia de una pedrada en la cabeza lanzada por una catapulta desde las murallas de la ciudad.
(...)
Esta lucha medieval del conversador Guzmán y del guerrero Montfort es idéntica a la que libra el digital contra lo propio en la era mas técnica de la historia de la humanidad, es decir, contra lo mas querido y deseable, contra los ideales y principios; todo ello tiene que ser examinado y comprobado de nuevo y modificado. De la misma manera que Domingo de Guzmán no se lanza a su labor apostólica para sacar a los cátaros de su error, si su creencia de veras en Dios no soporta las preguntas que surgen de los hechos de la realidad en Occitania, lo cual le llevará a prohibirse rigurosamente las ilusiones, la auténtica voluntad del vístante digital que sube y baja entre las ruinas y vericuetos de los castillos y lugares cataros, es la la lucha con los propios deseos y esperanzas con que la digitalización de su experiencia continuamente, como el demonio a Eva, lo esta tentando. Esta lucha encuentra su ultima confirmación en la disputa del digital con sus propia tesis con que se organiza su vida cotidiana, entre la que merece atención la visita a los lugares de los cataros que las autoridades han organizado y preparado para el disfrute de su tiempo de ocio. Sabiendo todo el mundo que nadie, ni el mismo turista digital, es inmune al viento infame de los absolutos. 
(...)
El digital, paseando por los fantasmagóricos lugares cataros, nunca aceptará que las supersticiones de aquellos son también la suyas, pues ambas se basan en la creencia ciega de poder obtener lo imposible. No se logran, entonces, las justas organizaciones, fracasan los planes mas hermosos, sobreviven catástrofes de la condición humana cuya magnitud parecía tan insoportable cuando la fe en Dios era inquebrantable así como en el Progreso indefinido. El teologal y el digital se caracterizan, ayer como hoy, por tropezar con sus limitaciones. El digital, de esta manera, no acepta que el espanto y el terror del teologal se haya encarnado hoy en la amenaza de la tecnología nuclear, que actúa como el dios teologal al desentenderse de su creación.
(...)
Domingo de Guzmán nació en Caleruega (provincia de Burgos en España), hacia el año 1170. Sus padres fueron Félix Núñez de Guzmán (el Venerable Félix) y Juana Garcés (llamada comúnmente santa Juana de Aza, beatificada en 1828). Domingo tuvo dos hermanos mayores, Antonio y el beato Manés (este último, fue uno de los primeros beatos dominicos). Domingo de Guzmán está enterrado en Bolonia, aunque muchas de sus reliquias están repartidas por todo el mundo, donde son veneradas con fervor pos su seguidores.

viernes, 17 de julio de 2020

SIMON DE MONTFORT

A la clase media occidental actual lo único que le interesa es entender la vida no comprenderla (al igual que a Simón de Montfort hace ochocientos años). Es decir, lo que le interesa al burgués digital de hoy es tener a mano siempre el manual de instrucciones de cada acción que emprenda en la que, por ejemplo, pueda entender con prontitud que lo obvio que se interpone en el camino de aquella es invisible, y así poder seguir adelante tomando las medidas pertinentes, invisibles a su vez. Que nada te detenga, es el dictum mas repetido por la publicidad a la hora de vender sus productos, sea aquello el virus de una gripe, o la ambición de algún contrincante. De igual manera interpretó  Montfort el mandato papal para luchar contra la herejía albigense. Te hablo de narcisismo y de individualismo. El sentimiento que mejor los inspira es la autorrealización. Por autorrealización hay que entender la fuerza que empuja al individuo a considerarse el centro de su vida y ésta como una obra. Hoy como ayer.
(...)
Los cronistas de la época e historiadores modernos nos presentan a Simón de Montfort como bien dotado para la estrategia militar, obsesionado por manifestar su catolicismo (como ahora su ateismo el burgués digital) hasta el punto de ordenar celebrar misa de campaña antes de entrar en combate, por muy urgente que fuera la situación, y, sobre todo, hombre despiadado y sanguinario (como, bajo el disfraz de su inteligencia civilizada, lo es igualmente el burgués digital actual). Su crueldad, aplicada tanto en el trato a los prisioneros como en el campo de batalla, se hace patente en las terribles mutilaciones, en el descuartizamiento en vivo, en el despedazamiento de cuerpos. La presencia documentada del dirigente de la Cruzada en cada uno de los "espectáculos" horripilantes que se organizaban es un dato más a añadir. Uno de los episodios más crueles de la cruzada se dio en la ciudad de Bram (hoy la colorista siliconizacion de muchas ciudades y almas oculta la barbarie que hay detrás de la cultura digital) en la primavera de 1210, donde, tras rendirla, Montfort mandó dejar ciegos y mancos a más de cien de sus habitantes, a los que mandó cortar también orejas, nariz y labios, menos a uno, al que dejó un ojo, para que pudiera guiar a los demás hasta Cabaret, que pensaba asediar. Todo ello con la intención de desmoralizar a sus habitantes. No hace falta insistir que estos cronistas se refieren a la Cruzada contra los albigenses o cátaros, decretada por el Papa Inocencio III al frente de la cual puso a Simón de Monfort, legado con todos los poderes y atributos. 
(...)
La propia vida es la obra de este sujeto, se llame Simón de Monfort o burgués digital, que no se mira ni en el espejo de la santidad, ni en el de la producción, ni en el de la política, y en los que se refleja exclusivamente por necesidad, no porque crea obtener de ellas ninguna utilidad moral, psicológica o social. Solo quieren actuar con sus propias reglas militares o digitales, adecuar su acción a sus sentimientos y emociones, y depender lo menos posible de los otros. Lo que en terminología más llana conocemos hoy como "ser auténtico". Y ayer como un señor de la guerra. 
(...)
¿Hay peligros en lontananza con este tipo de conductas imperecederas? Los ha habido siempre. En la época de Simón de Montfort el peligro estaba en no poder acabar con la herejía albigense, según el Vaticano, y que cundiera el ejemplo entre la cristiandad. Al entender de la iglesia albigense el peligro radicaba en desaparecer para siempre, como así ocurrió. En la época de la democracia del siglo XXI, debido al desdén por la acción comunitaria de los autorrealizados ilimitadamente que los ciega con una indigencia espiritual creciente, el peligro es que proliferen las dictaduras blandas bajo el paraguas o palio de la formalidad democrática. Con otras palabras, el peligro de la autorrealización ilimitada y la indigencia espiritual que le acompaña es que la humanidad se conduzca hacia una nueva Edad Media, con sus cruzadas y legados papales, sin pérdida de la pose y el mohín digital, por supuesto. 

jueves, 16 de julio de 2020

INQUISICIÓN

Hemos venido al mundo para saber por qué estamos aquí. Cual es nuestro lugar en el mundo desde el que lo miramos y pensamos, atentos a la perspectiva o profundidad de campo que nos proporciona. Todo lo cual te lleva peguntarte con frecuencia, ¿qué pasó en el mismo espacio en el que estoy?, ¿quién toco, miró, creó este objeto que estoy contemplando y que se conserva casi intacto desde entonces? No puedo relacionarme con esas personas en el mismo espacio, pero si puedo hacerlo en el tiempo. Solo hay que levantar el velo de la historia y preguntar a lo que hay debajo. Solo hay que entender que aquel tiempo no lo agotaron las vidas que lo tuvieron y que, por tanto, los restos, por decirlo así, forman parte del mundo heredado. Entendiendo la palabra restos no como escoria o despojo, sino como tiempo sin usar o no ocupado todavía. Tiempo pasado intacto que se cuela y se pone al lado del tiempo futuro igualmente intacto, formando así entre los dos la ilusión de eternidad del presente.
(...)
Al visitar los castillos cátaros, que hoy forman parte de la oferta turística de las autoridades culturales del sur de Francia, el turista atento percibe una doble presencia. Por un lado, las ruinas visuales que remiten a los vencedores de aquella cruzada, entre los que destacan, a parte de la dinastía de los Capeto y el Vaticano, la Inquisición. El término Inquisición o Santa Inquisición hace referencia a varias instituciones dedicadas a la supresión de la herejía mayoritariamente en el seno de la Iglesia Católica. La herejía en la era medieval europea muchas veces se castigaba con la pena de muerte y de esta se derivan todas las demás. La Inquisición medieval se fundó en 1184 en la zona de Languedoc (en el sur de Francia) para combatir la herejía de los cátaros o albigenses. En 1249 se implantó también en el reino de Aragón, siendo la primera Inquisición estatal. Por otro, el tiempo de aquella rebeldía que todavía perdura entre las paredes de los castillos y que se puede reavivar mirando y preguntando a lo que queda a la vista o a través de las almenas al espacio exterior que se mantiene incólume o en los patios de armas o en lo que descubre de repente el visitante en los muchos recovecos de su itinerario guiado. O, porque no, preguntando a los objetos de la tienda de souvenirs que siempre esperan al visitante para que deje sus dineros, y que desde su impostura o inautenticidad no dejan de interrogar, a su vez, al tiempo que lleva incorporado el turista con su presencia. Los cinco hijos de Carcasona (castillo de Termes, castillo de Aguilar, castillo de Queribús o dernier bastión, Castillo de Peyrepertuse, castillo de Puilaurens) es como denomina el relato turístico del sur de Francia a las ruinas de estos enclaves rocosos, que son testigo firme de la victoria del ejercito aliado (Capetos mas Vaticano) sobre la iglesia albigense, pero también guardianes o vigías de la frontera que a partir de entonces (1258, con el tratado de Corbeil) se estableció entre los Capetos y el rey de Aragón, que renunció así a su aspiraciones expansionistas tras pirenaicas. 
(...)
La Inquisición fue, sin duda, no la ejecutora última de aquellas ruinas (de eso se encargó el legado papal Simón de Monfort) sino solo la responsable ética y la que hoy da el testimonio vivo, introduciéndose con desparpajo en el tiempo del visitante que entre esas paredes, ruinosas y altivas al mismo tiempo, se cuela y dialoga con lo que se imagina a partir de lo que allí se encuentra. No es difícil deducir por parte del visitante, a partir de esta conversación aludida, que la Inquisición es el antecedente de las policías políticas o stasis, para entendernos, de toda estructura de poder totalitario moderno, refractario como aquellos a la más mínima disidencia en su feudo. Este es el verdadero valor de la herejía cátara no tanto sus preceptos y obligaciones, deudores de su época, como su ejemplaridad disidente frente al poder absoluto de aquellos años.

viernes, 10 de julio de 2020

PREGUNTAS

Como es bien sabido la Historia Oficial la escriben los vencedores, mientras que los perdedores solo existen, a partir de la derrota, como teloneros mal pagados y peor vistos. Este lugar común se hace cruel realidad en el caso de la herejía albigense o cátara. Como en otras ocasiones durante la edad medieval o premoderna una crisis de fe provocó el despertar de todas las venalidades que parecían estar muertas. Todo lo cual provocó un enfrentamiento político militar que afectó a los cuatro puntos cardinales del foco donde estalló el volcán, afectando a un amplio radio de acción que implicaron a fuerzas y estamentos que acudieron desde lejos, ciegos al olor de la ceniza, para poner la red entre lo que qante y entre las ruinas. En el caso que nos ocupa, como ya se ha dicho, fueron la dinastía de los Capeto y la del Vaticano, Paris y Roma, quienes firmaron la victoria sin condiciones contra la enmienda a la totalidad que los cátaros lanzaron contra el dominio absoluto de la cristiandad por parte del Papa del Vaticano. Consumada la derrota de la herejía cátara o albigense, todo el mundo que representaba pasó a formar parte, por decirlo así, de la prehistoria (me parece mas adecuada que intrahistoria) de la que solo nos quedan hoy las ruinas y los restos materiales de su existencia, pero nada o casi nada del espíritu o el alma que lo alumbró y lo llevó a tan colosal epopeya contra unos poderes mucho mas fuertes y poderosos.
(...)
Es por ello que, delante de las ruinas de los castillos y fortalezas cataros, las preguntas que hoy se les podía formular a sus antiguos moradores, si pudiéramos tenerlos delante, podrían ser las siguientes:
¿Cuáles son los motivos elementales del hombre y la mujer cátara? ¿Cuáles de ellos son los mismos ayer como hoy y cuales se han modificado? ¿Podrían ser discutidos todavía en la actualidad de las redes sociales? ¿Aquellos principios cátaros permanecen en el alma de los ciudadanos modernos, pero están totalmente encubiertos? ¿Fueron frenados esos impulsos por el imperativo de la historia oficial de los vencedores franceses y vaticanos, o ya lo habían sido por el orden interno de la propia rebelión cátara? ¿Su ejemplo irrumpe, desgarrando el velo con que los vencedores pretenden cubrirlos para hacerlos inexistentes, de tiempo en tiempo o en ciertas situaciones mas concretas? ¿Cómo y cuando ha ocurrido esto? ¿Puede decirse que la disidencia albigense fue el prólogo del cisma temporal de Aviñón y de la ruptura definitiva de Lutero con el poder totalitario del Vaticano sobre toda la cristiandad? ¿Estos estallidos posteriores, más fuertes y vigorosos, actuaron sobre las grietas abiertas por los cátaros, que los vencedores trataron de ocultar o mimetizar con la naturaleza mediante el abandono de sus bastiones de defensa hasta convertirlos en piedras propias de aquella?
(...)
Lo que si parece constatable es la crueldad y la impiedad que Simon de Monfort, legado del papa en el Languedoc francés, no tuvo empacho en utilizar contra la población civil de los castillos y alrededores como escarmiento por dar protección a los herejes cátaros. Desde el asalto a la ciudad de Beziers en 1209, fecha oficial del comienzo de la cruzada contra la iglesia cátara y primera gran carnicería contra sus feligreses, hasta su propia muerte en el sitio de Tolosa de Languedoc en 1218, como consecuencia de una pedrada en la cabeza disparada con una catapulta tuneada, se diría hoy, por unas mujeres defensoras de la ciudad, el señor de Monfort ha pasado a las páginas de la historia de los vencedores como un ejemplo de lo que luego se ha conocido como un mercenario de élite a servicio del mejor postor.

jueves, 9 de julio de 2020

RUINAS SON RUINAS

En su afán por dar un sentido moderno a unos hechos que se produjeron hace ya ochocientos años, las autoridades turísticas francesas han reconvertido la marcha del espíritu y la razón medieval, que representó la herejía catara en su defensa contra el poder de la dinastía de los Capeto por un lado y contra el poder del Vaticano por otro, como si se tratara de algo demostrable científicamente aunque la ciencia de entonces no tenga nada que ver con la de ahora, como si quien hubiera movido los músculos de ese esfuerzo descomunal fuera una razón palmaria e incuestionable. Y es cierto, al menos esa ha sido mi experiencia, que en un primera toma de contacto el visitante agradece que en la taquilla donde le venden el billete de entrada a las instalaciones del castillo correspondiente, también le ofrezcan un tríptico donde se le explica de manera detallada y con ese estilo historiográfico moderno antes descrito lo que entre esas ruinas sucedió antaño, muy antaño. Sin embargo, una de las ventajas que tiene el que las autoridades turísticas francesas no hayan reconstruido en su totalidad los castillos y fortalezas donde sus propietarios de entonces, dieron cobijo y protección a los disidentes cataros, es que han dado así un nuevo valor propio y apropiado a las ruinas no como restos de algo ya concluido, sino como una manera de renovar lo que ha venido después, y que tan adecuadamente representa el turista visitante que se da una vuelta entre sus paredes desnudas. Ruinas son ruinas, seria el lema de mejor hace posible abrirle un hueco en la sensibilidad del turista a lo que allí ocurrió.
(...)
No siempre es necesario, dice la filosofía existencial, que lo verdadero se materialice; basta con que se cierna espiritualmente sobre el ambiente y genere acuerdo; basta que, como un repicar de campanas, ondee en el aire serio pero amable.
(...)
Si mal no recuerdo no leí nada parecido en los trípticos que daban en las taquillas donde vendían los billetes de acceso a los castillos y fortalezas cataros. No obstante, me parecen las palabras que mejor representan lo que se siente al pasear entre sus ruinas, y, por extensión, entre las paredes de cualquier monumento del pasado, convertido por obra y gracia de esas palabras en un acontecimiento imprevisto del presente de quien las repita en su intimidad mientras pasea entre sus salas y recovecos. Tal vez semejante falta o carencia sea debida, pensé mientras me acercaba al castillo de Peyrepertus (localizado igualmente sobre un peñasco enfrente de Queribús), a que los historiadores positivistas y pragmáticos siguen inspirando y guiando las decisiones culturales de los políticos elegidos, como ya pasa en la educación y el urbanismo y ahora en la sanidad. Para tal menester construyen, reconstruyen y deconstruyen los hechos para adaptar la Historia oficial y con mayúsculas a la época presente, inventándose de paso para el mismo fin la época anterior y recordando a la siguiente, todo bajo la aureola de su palmito de expertos sabelotodo.
(...)
En la vida inauténtica, comenta Narbona la obra de Heidegger, el tiempo está dominado por la expectativa del éxito y el apego a los logros mundanos. En cambio, en la vida auténtica, que asume la perspectiva de la muerte como la condición absoluta de la libertad humana, se mantiene la apertura del Ser actualizando el pasado como rememoración de lo ya sido, y vivificando el presente como instante, donde el hombre repudia lo impropio de las habladurías y cotilleos que imperan en el domino de la actualidad, apropiándose de su destino mediante su capacidad de elaborar y realizar proyectos, sin solidificar su acción en ninguna posibilidad. La actitud del filosofo alemán hacia el pasado no es de ruptura, sino de querer lo que ha sido, regresando a las posibilidades que constituyeron el presente. Esta especie de amor del destino salva al pasado de su estado atemporal, abstracto, insertándolo en una relación crítica con el presente, pues la vida auténtica, al repetir las posibilidades que constituyeron su ser actual, establece un trato respetuoso con lo anterior, mostrando que el hoy no es una superación de lo precedente, sino su continuación.

miércoles, 8 de julio de 2020

EMBOTAMIENTO

También me doy cuenta, después de haber visitado el castillo de Queribús que nuestra cultura actual no necesita una religión mágica, ni una aclaración filosófica, ni anhelo alguno de salvación, ni puerta de salida a la libertad ante situaciones límite; nuestra cultura tardo moderna o post moderna, según los gustos, vive dentro de un especial embotamiento e insensibilidad lo que la hace muy proclive a disfrutar del extraordinario estilo que despliegan algunas realizaciones artísticas, especialmente en la arquitectura y la plástica.
(...)
La perplejidad ante el misterio que rodea las ruinas del castillo de Queribús (epítome sobresaliente de las otras cuatro fortalezas cátaras, que forman según el dictado de las autoridades turísticas los cinco hijos de Caracasona), imaginando ante su imponente figuras el esfuerzo que aquellos hombres y mujeres tuvieron que desplegar para levantarlas donde hoy las observa el visitante, encima del peñasco más agreste y elevado de los alrededores, debería ser, también, un fecundo acto de conocimiento en cuanto punto de partida para que los visitantes se adentraran en aquel misterio. Lo cual, pensé cuando me puse por primera vez delante del castillo de Queribús, debería ser también el propósito de una nueva manera de conocer y reconocer. Estas conductas no deberían ser otra cosa que, debido a las posibilidades que nos proporciona el saber tecno científico de la cultura actual, iniciarse en el verdadero camino de la ignorancia que aquel proyecta, como una sombra oceánica, delante de esas fortalezas en ruinas. En lugar de enrocar el ser en lo que conocemos, convirtiéndolo en un objeto de enjaulado sobre sí mismo. Tal y como sugieren de forma mas o menos explicita la mayoria delos comentarios que voy leyendo en los distintos foros que he consultado sobre el catarismo cultural.
(...)
El embotamiento espiritual actual dificulta, hasta hacerlo casi inviable, cualquier aproximación a una forma de entender el mundo que enmiende en algún medida, leve incluso, la intransigencia materialista  de la actual. Cuanto mas si nos fijamos en la exacerbación espiritual de aquellos perfectos y perfectas de la Iglesia cátara, así se llamaban los sacerdotes cataros, que consideraban todo lo relativo a lo material como la obra magna del diablo.

viernes, 3 de julio de 2020

PUBLICATARISMO

La política cultural para el sur de Francia quedó fijada por aquel ministro impar de la V República, André Malraux, allá por el año 1959. Malraux entendió cabalmente que la cultura es eso que ayuda a hacer menos dolorosa la herida incurable entre la máxima dignidad, propia de nuestra condición de seres humanos, y el tratamiento indigno tal y como la muerte pone fin de manera incontestable a la existencia humana (la imposibilidad de más condiciones de posibilidad), tratando así a esos mismos seres humanos como animales. Esa enorme farsa que hay entre el gozo por que haya nacido un niño, a sabiendas que ese mimos día comienza a rodar el tiempo de descuento hasta el minuto final, solo lo podemos sobrellevar mediante el invento que hagamos de nuestras prácticas culturales. Por eso los animales viven, mientras que los humanos existimos; por eso lo que los animales tienen a su alrededor se llama entorno, mientras que los humanos estamos rodeados del mundo por todas partes. La cultura, por tanto, es el nexo de unión entre la existencia humana y el mundo que lo rodea, para sobreponerse a la indignidad a que de forma inexorable lo aboca la muerte. 
(...)
Lo que Malraux hizo fue hacer resaltar a la vista del futuro turista o visitante todo el patrimonio histórico del sur francés, y darle un valor acorde con la nueva industria que, después de la Segunda Guerra Mundial, estaba empezando a emerger por aquellos años. Me refiero, como no, a la industria cultural. No olvidemos que, a principios de la década d los 50 del siglo XX, los norteamericanos abrieron este camino con la creación de la Ruta Romántica en Baviera, estado federado del sur de Alemania. Como puedes observar estas actuaciones político culturales anticipan ya esa idea del papel de la cultura tal y como la piensa una parte de la filosofía actual (Javier Gomá), según he mencionado antes. No en balde la generación europea de la postguerra supo como ninguna otra anteriormente no solo de la indignidad de la muerte, sino de la propia indignidad de la vida que la precedió y que hizo posible tanta destrucción y sufrimiento en un cúmulo de situaciones limite, como decía ayer. Aunque mas tarde he ido comprobando que esta concepción de la cultura occidental moderna pretende mas que sobrellevar dar brillo y apariencia a una visión materialista de la existencia contra la que atenta sin reparos la indignidad de la muerte, lo cual choca de frente con la imagen cultural que tenían los feligreses de la Iglesia cátara del siglo XI y XII, en la que una exaltación de vida espiritual transcendente les llevó a un desdén absoluto por la vida material que consideraban una obra del diablo.
(...)
Fue así como, sin previo aviso, me topé de frente con el primer signo, insignificante en ese momento para mi, de la cultura cátara, a  saber, un cartel muy bien diseñado visualmente y colocado estratégicamente en la carretera departamental 118, en el que se indicaba algo para mi sorprendente: chateau de Queribús, Dernier bastión catara. Lo que después he aprendido a traducir como que ese castillo fue el ultimo foco de resistencia cátara, año 1255, contra las fuerzas de la alianza formada por la el rey de Francia, perteneciente a la dinastía Capeto, y el papa del vaticano.
(...)
No me ha dejado de sorprender, desde que vi el cartel anunciador del castillo de Queribus, el significado posterior del mismo, la intención de las autoridades turísticas francesas y la mi propia al dejarme llevar por esos parajes a lomos de mi bicicleta. Tres actitudes diferentes pero pertenecientes todas al mismo surgimiento originario, al decir de Jaspers.

jueves, 2 de julio de 2020

SITUACIONES LÍMITE

Aunque las autoridades turísticas francesas lo anuncian o publicitan de manera impecable, el acceso desde el lado español, a lo que fue el espacio donde tuvieron lugar los diferentes enfrentamientos de la cruzada contra los cataros,  requiere por parte del visitante un esfuerzo añadido. No es, por decirlo así, como la visita a los monumentos de una ciudad, que se encuentran mas menos dentro de la trama urbana actual. La orografía del territorio cátaro es muy abrupta y a veces de complicados accesos, lo cual disuade la disposición de quien pasa por los alrededores una y otra vez. Tal ha sido mi experiencia. Al acceder desde el lado español el visitante se encuentra con el lado sur de aquel cuadrilátero irregular dentro del cual, y en los aledaños próximos, tuvieron lugar los enfrentamientos y la resistencia de la cruzada cátara. Este lado sur estaría hoy ocupado, mas o menos, por la carretera dapartamental 118 que une las ciudades de Perpiñan y Foix. Te recuerdo que el lado norte estaría hoy ocupado, también mas o menos, por la autovía 61 que nace en su encuentro con la autovía 9 - que une a su vez Perpiñan con Beziers, (lado oriental del cuadrilátero cátaro)- y acaba en Tolosa de Languedoc, que se une con Foix mediante otra carretera departamental (lado occidental del cuadrilátero cátaro). Insisto en remarcar de forma geométrica el ámbito geográfico de la cruzada cátara, porque es donde tuvieron lugar las situaciones límite que vivieron sus protagonistas y que las hacen fuente y foco de interés para el visitante del siglo XXI. 
(...)
El concepto de las situaciones limite es importante en la filosofía existencial del siglo XX (Karl Jaspers) durante el cual no en balde cristalizaron, como nunca antes en la Historia de la humanidad, un buen número de situaciones de este tipo, que a través de las reflexiones del filósofo alemán proyectan su luz sobre el pasado mas remoto, como es el caso de la cruzada albigense. El hombre, dice Jaspers, siempre está dentro de una situación; si sale de una es para entrar en otra; puede modificarlas, puede crear nuevas situaciones. Pero hay situaciones que no se modifican nunca esencialmente, sino en su manera de presentarse. Tienen un carácter definitivo, último. No podemos mirar mas allá de ellas; son como un muro contra el cual tropezamos. No podemos modificarlas, ni desvirtuarlas, ni explicarlas. Tales situaciones son: que tengo que vivir forzosamente en una situación, que no puedo vivir sin lucha ni sufrimiento, que tengo que morir. Son una misma cosa con nuestra existencia empírica. Para eludirlas no puedo hacer mas que ignorarlas (no querer saber o querer saberlo todo), cerrar los ojos y los oídos, puesto que no hay manera de superarlas; se resisten al conocimiento y solo podemos sentirlas existencialmente. Hacer la experiencia de las situaciones límites y existir son una sola y la misma cosa, dice Jaspers. O dicho de otro modo, el ser humano como existente no llega a sí mismo mas que en las situaciones límite.
(...)
El espíritu de la cristiandad del siglo XII, bajo los auspicios del papa Inocencio III que se encontraba al mando del Vaticano, les debió parecer a los avanzados del catarismo, instalados por aquella época en Occitania, que se encontraba ya en un estado muy mortecino. Para ellos, el gnosticismo que practicaban como forma de llegar a Dios era superior a la fe que predicaban e imponían desde la ciudad romana. Pensaron, para entendernos, que la cristiandad vaticana, debido a sus abusos y corrupciones, estaba en una situación limite de la que no ya no podría salir. Lo mejor era, por tanto, abandonarla y entrar en la situación creada por las creencias cátaras. Todo aparece indicar que los rebeldes cátaros o albigenses erraron gravemente en su cálculo. 

miércoles, 1 de julio de 2020

DANDO PEDALES

En efecto, fue así como entré en el territorio donde tuvo lugar la herejía albigense o de la Iglesia cátara: dando pedales encima de una bicicleta. Lo de entrar en lo que supuso aquel mundo requiere otras actitudes y conocimientos a los que me he dedicado, como he dicho de manera inconstante e inconsciente, en los últimos años. No hace falta insistir mucho en que a unos acontecimientos históricos, ocurridos hace ochocientos años, cuesta abrirles un espacio en la imagen que hoy podamos tener sobre el mundo. Aunque si te fijas con atención, la manera con que hemos abordado la pandemia provocada por el virus de marras, por mencionar lo que más condiciona nuestro presente, no varia sustancialmente a como fueron abordadas las plagas y epidemias en la Edad Media. Dicho con otras palabras, en el momento más tecnologizado de la historia de la humanidad nos hemos enfrentado al virus de marras con similar audacia que lo hicieron nuestros antepasados de aquellos años. Lo cual no quiere decir otra cosa que, cuando la muerte nos ronda los talones, ayer como hoy somos todos igualmente grises, mezquinos y vulgares. Lo cual nos da un pista de que tal vez ochocientos años, vistos bajo el prisma de la parca, no son mas que un ayer a mediodía. También es verdad que hace veinte años la idea de progreso hacia adelante era incuestionable y los pasados bien pasados estaban dentro de las vitrinas de los museos o de las páginas de los libros especializados de historiadores, antropólogos, etnólogos y demás expertos que se encargan de que el pasado sea solo eso, lo que está ya concluido y agotado en sus posibilidades de ser experimentados por sus herederos. Es decir, el pasado es algo muerto y alejado, por tanto, de la vida, la cual sólo corresponde, sin competencia alguna, a lo que está por venir o futuro. 
(...)
No debe ser casual, ahora que lo pienso, que justo desde que empezó a quebrarse aquella idea de progreso ilimitado, allá por el año 2008, ha sido cuando mas he comenzado relacionarme con los cátaros de una manera, por decirlo así, más contemporánea. Lo que me ha llevado paulatinamente a mirar en los fundamentos de su rebelión contra el poder absoluto del Vaticano, las mismas razones que en la lucha por el advenimiento de la modernidad hicieron valer las revueltas y revoluciones que consiguieron, al fin, alumbrarla y mantenerla durante los últimos trescientos años. Hasta hoy.

martes, 30 de junio de 2020

PASADO INCONCLUSO

Fue hace veinte años, mas o menos, cuando hice la primera incursión en el mundo de los cátaros. Decir hoy el mundo de los cátaros es hablar, como no podía ser de otra manera, de un marca turística o una denominación de origen vitivinícola, por ejemplo, la Dernier Bastion. Un marca de vinos situada en el sur de Francia, a 30 kilometros del mar Mediterráneo, entre el Macizo de las Corbieras y los contrafuertes de los Pirineos, en el centro del municipio de Maury. Dernier Bastión hace referencia al castillo de Quéribus, último baluarte de resistencia cátara contra las fuerzas aliadas del Vaticano y el rey de Francia, que se entregó al poder francés en mayo de 1255, dando así por concluida la cruzada contra la iglesia cátara. Volveré sobre este asunto.
(...)
Como marca turística es una de las mas y mejor publicitadas en el sur de Francia. Se la conoce como el País Cátaro y hace referencia al espacio geográfico donde tuvo lugar la cruzada contra la iglesia cátara, también conocida como cruzada albigense, por ser la ciudad de Albi donde se empezaron a congregar las primeras comunidades cátaras en la segunda mitad del siglo XII. Ese espacio es el comprendido actualmente dentro y en las próximas inmediaciones del cuadrilátero irregular formado por las ciudades de Beziers, Carcasona, Tolosa de Languedoc y Foix.
(...)
Si he de responder a la pregunta que un profesor de filosofía universitario les hizo un día a sus alumnos, respecto a cuál era el hecho histórico del pasado que ejercía sobre ellos una indudable influencia en su presente, o dicho de otra manera, a partir de que momento histórico comenzaba para esos alumnos el mundo, a lo que la gran mayoría respondió que la salida al mercado del primer teléfono inteligente o smartphone en 2007. Para ellos fue, sin duda, el momento fundacional del mundo, ni siquiera dijeron, así lo subrayaba con sorna el profesor en la entrevista, el momento fundacional de su mundo, si hubiera de responder a esa misma pregunta, decía, no lo podría hacer, ni creo que nadie lo haga hoy en día, diciendo que la cruzada albigense o cátara es el momento fundacional del mundo ni, por supuesto, de mi mundo. 
(...)
La pregunta que me surge, y que la relación ininterrumpida pero también inconstante que he mantenido con estos hechos me ha ayudado a darle forma, es, ¿si no es a través de la historiografía experta o erudita, por decirlo así, cómo nos podemos relacionar con los diferentes pasados habidos? Aunque no sean todos igualmente conocidos y merecedores de un lugar privilegiado en el ranking al entender de quienes escriben la Historia con mayusculas. ¿Como nos relacionamos con esos hechos pasados no tanto como algo ya concluido, sino como algo que intuyo sigue vivo todavía en nuestro presente?