jueves, 15 de octubre de 2026

RAQUEL CASAS

 UNA SEÑORA VIEJA Y GORDA

Mi destino
es una señora vieja y gorda.
Yo quería que fuera
como un caballito de mar
o un pintalabios rojo de Bourjois.
Por eso, ahora que no tengo miedo,
tomo lentamente y descalza
la autopista del este.
No puedo tropezarme con ella.
Aún no estoy preparada.

PEREZA E IGNORANCIA

Comprendí que yo soy mi peor enemigo cuando levanté la mirada en la biblioteca donde me encontraba, y al ver las estanterías llenas de libros me di cuenta que no había salvación fuera de ellos. Fue uno de esos ataques de ansiedad que tengo con frecuencia sobre el futuro que me espera y que no siempre logro dominar. Aunque siempre me he quejado que los humanos no sabemos expresar lo que sentimos, delante de mi había cientos de autores que ya lo habían hecho y estaban esperando que yo les prestara mi atención. Lo que me vino a la cabeza fue que Dios debe estar ciego al permitir que tantas miradas se hayan fijado y dado cuenta del universo que El mismo ha creado. Luego advertí que eso de buscar un chivo expiatorio divino no era muy humano. Así que al salir de la biblioteca pensé, no sin sonrojo, que pereza e ignorancia son los verdaderos enemigos de mi relación con el mundo.

miércoles, 7 de octubre de 2026

JAVIER MATEO

 Enhebrar la aguja

Desde la trastienda
de un viejo comercio desaparecido,
se resiste quien cose
al abandono de sus fantasmas.

No ha iniciado aún el zurcido
de una manta llena de retales,
parca en suavidades
por renunciar al olvido.

Defendiendo su maraña
del pasado, que corre
ahora por aguja de cobre.

Enhebra ahora desde el primer hilo
todo un recorrido por sus vivencias.


CLUB DE LECTORES ADULTOS 60

 ¿De que va esta novela? No va de: el argumento 

Vivimos en una Sociedad Adictiva o Drogodependiente, que necesita imágenes o palabras que satisfagan de manera urgente esa adicción a costa del sentido narrativo del relato 


Hoy en la mayoría de los clubs de lectores adultos prevalece el derecho de los lectores infantiles a decir lo que les pete, que el deber de poner toda la atención de cada lector ante la posibilidad de que, en la conversación, pueda aparecer, entre los lectores asistentes,  el mejor razonamiento que justifique la mejor lectura adulta efectuada .

 

Un intento de sustituir la incertidumbre lectora por la seguridad del argumento. Cada persona cuenta como narradora legítima en el espacio publico del club de lectura. Esto no implica defender un relativismo de la opinión que considera que todas son igual de válidas, incluso las que niegan la realidad del texto al utilizarlo como pretexto para hablar de lo que le peta.


Significa que la verdad narrativa no se  impone desde fuera de la experiencia humana, sino que nace del conflicto, del desacuerdo, de la pluralidad radical que define nuestra vida en común. Lo que hoy está en juego con la amenaza de la posverdad es la idea del esencial pluralismo de la vida social y política, de la pluralidad como rasgo específico de la condición humana y, en consecuencia, la forma en la que la verdad narrativa se relaciona con la democracia. Como ya señalaba Hannah Arendt, la verdad narrativa no es una fórmula matemática, sino un espacio de experiencia compartida.

jueves, 1 de octubre de 2026

ANA MEUCCI

 AGUA SIN VOZ

Abrazar al agua
pedirle palabras

que nos enseñe
la pericia del río
la liviandad de la lluvia
el desapego del mar

nos devele
el lenguaje oculto
de la orilla


CLUB DE LECTORES ADULTOS 59

 ¿QUE HACEN TANTOS LECTORES INFANTILES EN UN CLUB DE LECTORES DE ADULTOS?

Hoy se ha hecho algo habitual convocar a un club de lectores adultos para leer una novela o un cuento de autores adultos y que la mayoría de los asistentes sean biológicamente adultos, sí, pero como lectores sigan viviendo en la edad infantil, como diría Kant. La obligación de tener que adscribirte a alguno de los bandos que monopolizan la vida política y social, la famosa polarización, hace que la mayoría de las personas lleguen a la edad adulta, por decirlo así, emocional e intelectualmente inmaduros, incapaces de afrontar los significados que a esa edad han adquirido las palabras que, como creemos en la edad infantil y adolescente, ya no son espejo de la realidad que en esas edades solo es la nuestra. Ahora en la edad adulta, es una fábrica del sujeto que las pronuncia y que por sus reglas de enunciación es cincelado.


La polarización produce sujetos que se acostumbran a estar siempre del lado correcto de la historia, es decir, a tener siempre razón caiga quien caiga y pase lo que pase, como antaño sus antepasados se acostumbraron  a tener a Dios siempre de su lado y a llevar a la hoguera a quienes no pensaban como ellos. Los inquisidores de ahora cancelan a los infieles, es decir, los hacen invisibles. Si a eso añadimos que todo su aprendizaje lo han hecho y lo hacen a través de las máquinas, que borran la señal emocional de los hechos vitales y literarios, lo cual dificulta la inscripción del significado de la experiencia lectora, tenemos ya construida la supremacía moral, o hipermoralismo, que traen los lectores adultos en su mochila existencial polarizada al club de lectura, mochila que no se les ocurre, aunque los aspen, dejarla ese día en su casa. Una supremacía moral que se interpone constantemente en la adquisición de la humildad necesaria que todo lector adulto debe tener, si quiere llegar  algún lado con sentido, a la hora de abordar las páginas de cualquier novela o cuento adulto que se interponga en el alboroto de su vida.


La lectura infantil (la que también se llama lectura inocente) ligada a la idea de la existencia de un lector corriente aparece como reivindicación que se quiere democrática o espontánea. Al leer todo el mundo tiene derecho a decir lo que piensa y así nos enriquecemos, alardean, aupados en aquella superioridad moral mencionada, muchos de los lectores habituales infantiles en estos clubs de lectores de adultos. En realidad lo que ese énfasis moralista encierra es una reivindicación de aquellas lecturas que asimilan el texto como simple engarce de acciones - apoyándose en las narraciones autobiográficas e incluso desactivando en estas aquellos que por su conflictividad pudieran dar lugar a cuestionar el sentido de la lectura -, y desactivan los aspectos literarios o de representación del mundo en él existentes. No hay reunión con estos lectores infantiles en la que no saquen a colación frases, con las que se sienten identificados, del tipo: “leo para olvidarme de todo”, “prefiero libros que no me hagan pensar mucho”, “quiero algo ligerito par leer en la playa”, y que directamente se relacionan con enunciados como: “la leí de un tirón”, “te atrapa desde el principio”,  “una lectura apasionante”, o el tan socorrido del lector drogodependiente: “me he enganchado”. Así se organizan los lectores infantiles, dentro del club de lectores adultos, su guardería de confort y sonajeros de la que no pueden prescindir nunca, en el que vuelven a ejercitar su pertinaz autocomplacencia y autoreferencia narcisista. 


Por tanto, volviendo a las palabras del principio, hoy es habitual que cabezas huecas con ademanes omnipotentes y sabelotodo llenen los clubs de lectores que convocan las bibliotecas públicas y los centros culturales municipales, y, como no, con lista de espera añadida.

miércoles, 23 de septiembre de 2026

JORGE ENRIQUE ADOUM

 HOME SWEET HOME

de qué carajo sirvió todo el amor sobre todo
si después de todo llegaron las explicaciones
esa excrecencia que le nace al destino
cuando ya se han gastado por el uso los cuerpos
entonces me voy yendo
pero nos quedamos quedándonos
animalmente atados entre nosotros dos

y vivieron felices muchos años

EL ÚLTIMO MAGNATE

 Digámoslo rápido: La democracia es una comunidad de oyentes. La sociedad de masas es un producto de la democracia. El cine es un producto de la necesidad de entretener a las masas mediante la imagen y el sonido. La tecnología digital es un producto muy sofisticado a su vez de la sociedad del entretenimiento. La comunicación digital como comunicación sin comunidad destruye la política basada en escuchar. Entonces solo nos escuchamos a nosotros mismos. Eso sería el fin de la acción comunicativa. El saber instrumental que siempre es técnico material se impone al saber teórico que siempre es espiritual y del alma. En esas estamos.

Pero antes de llegar a este final, que es, concretando más, donde realmente estamos, hubo un tiempo en el que el entretenimiento se conjugaba a secas. Uno se aburría o creía que se aburría y a continuación se metía en un cine para entretenerse. Al salir del cine comentaba con sus amigos quien era el bueno y quien el malo. Lo hacíamos de forma pedestre, sin duda, pero eso nos exigía un cierto esfuerzo mental para ordenar la mente y las palabras que decíamos. Queríamos que los otros nos escuchasen. De la asociación de tan elementales sentimientos surgió, aunque hoy nos parezca inverosímil, toda una industria para satisfacer esa demanda de entretenerse, que como todas las demandas desde entonces ya no trabajan sobre el por qué nos aburrimos, sino sobre los medios para matar ese aburrimiento: hagamos películas a mansalva. 


“El ultimo magnate”, la última película que filmó Elia Kazan, va de aquel tiempo que he mencionado. De uno de los momentos de esplendor de aquella industria, años 30 del siglo XX, y, como no, de la fauna que la poblaba. En aquellos años todavía era inimaginable la tecnología digital y, por tanto, la fe en la acción comunicativa se mantenían intacta como en la época de Homero y demás precedentes de la cultura occidental: todo el mundo trabajaba y esperaba, a un lado y otro de la gran pantalla, contar y sentarse a ver y escuchar una buena historia. De esta manera, la democracia deliberativa salía fortalecida, al salir del cine, frente a los desmanes psicóticos de los profesionales del poder, que siempre acaban por atentar contra la dignidad y perdurabilidad de aquella.


Cuando uno lee la sinopsis de “El último magnate” y luego ve la peli no le cabe lugar a la duda respecto a lo que acabo de decir. Adaptación cinematográfica de la última e inacabada novela de Francis Scott Fitzgerald, la acción de “El último magnate” se desarrolla, como ya he dicho, en los años treinta, la época dorada de los estudios de Hollywood, y trata sobre la desmedida ambición y falta de escrúpulos de los que están dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance para conquistar la gloria: aspirantes a actores, escritores y productores cinematográficos. Todo ese ambiente de cloaca, digámoslo así, a servicio de contar la mejor historia a los aburridos espectadores que esperan anhelantes, sentados cómodamente en sus butacas, su particular visita al paraíso, aunque tengan que transitar antes por los lúgubres pasillos del infierno. De este milagro se encargan el elenco de actores que Kazan ha conseguido reunir en esta película. Con Robert de Niro al frente como Último Magnate, a cuyo alrededor se arraciman las conspiraciones de sus “colegas” que tratan, hasta conseguirlo, de hacer efectivo ese final que anuncia el título de la película. Lo que no es óbice para que antes nos enteremos de la vida privada de este potentado de Hollywood y lo que acabará perdiendo cuando lo desbanquen del trono que ha ocupado en los últimos tiempos. Incluido, como no podía ser de otra manera, el amor de la mujer, que aparece impremeditadamente en su vida y que el último magnate “no quiere perderla”. Esas son las últimas palabras en off que el espectador oye antes de que suban los títulos de crédito.


Sucede, entonces, que una vez que todo ha sucedido en la pantalla, tratamos hoy de conversar presencialmente sobre lo hemos visto, lo que implica enfrentarse a malentendidos, inhibiciones, discusiones, decir más de lo que queríamos sin la certeza de cómo acabará el encuentro. Pero esa es otra historia, no de la época dorada Hollywood, sino de los oscuros algoritmos que nos acechan cada día cada vez que abrimos la boca.


lunes, 21 de septiembre de 2026

CAROLINA AMOROSI

 Vamos a estar mejor en otro lado


Pensaba escribir algo
sobre el olor a pasto
recién cortado, las máquinas
de la cuadra que suenan
al unísono el domingo
a la mañana.
Pero todo se me escapa;
el olor, la savia
pegada en la suela de mis ojotas
el sol de octubre en la cara
la promesa de que el día
recién empieza, de que todo
está por escribirse.

SALVACIÓN

 No ha habido un minuto que no me acuerde de ese día en el que todo pareció ordenarse como había imaginado. El caso fue que había puesto para el siguiente club de lectura la novela de Jack London titulada “Martin Eden”. Brevemente el argumento del libro dice así: “Un marinero de veinte años, fuerte, guapo y curtido, con un historial de delincuencia y trabajo rudo, es invitado casi por accidente a cenar en un hogar pequeño burgués. Él, que sólo ha visto un óleo en los escaparates de las tiendas, que no tiene ni idea de lo que es un lavafrutas, queda fascinado ante lo que sus ojos le presentan como cultura y civilización.”  Al acabar la sesión del club de lectura, donde Anselmo se mostró tan activo como perplejo, se acercó a mi y me dijo: 

  • Soy como un navegante a la deriva sin cartas ni compás en un mar desconocido. Pero me gustaría encontrar el rumbo. Tal vez puedas ayudarme. 
  • Coge papel y lápiz, y ven cada día a la biblioteca. Así logré yo salvarme de mi mismo a pesar de mí mismo.


jueves, 17 de septiembre de 2026

JUAN EDUARDO CIRLOT

 Triste, mi corazón, como los ángeles

Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.

SOLO ANTE EL PELIGRO

 Lo que interpela al espectador de hoy, al ver esta película, es llegar a comprender como afecta al tiempo de que están hechas las almas de tantas vidas convocadas a un lado y otro de la pantalla, durante el tic tac de la hora de espera que marca el reloj de pared mecánico.

El lugar común es el pueblo de Hadleyville y la hora del reloj común es la llegada del tren al medio día. Entre ambas coordenadas transcurren, desde el primer minuto de la película de Fred Zinemann, las vidas de todos y cada uno de sus protagonistas, y a través de ellos la experiencia del espectador que va cronometrando con su mirada sobre el reloj que aparece periódicamente los cambios que se van produciendo en la vida exterior e interior de los protagonistas. Esa simultaneidad y relación de causa y efecto entre los sucesivos acontecimientos que van ocurriendo a medida que el tic tac del reloj se acerca hacia su destino: high noon, da cuerpo y sentido, por un lado, al suspense: que va a pasar en el próximo minuto, y, por otro, al misterio que está sucediendo siempre en la intimidad de cada personaje. Orden, duración y frecuencia. El tiempo articula el proceso de dar forma y fijar la experiencia humana. Toda narrativa reordena la experiencia temporal. Cuando la velocidad de las experiencias impide su elaboración, y se pasa de una a otra sin solución de continuidad, la capacidad simbólica se deteriora. No es el caso de “Solo ante el peligro”. Más bien el espectador comprende, no sin esfuerzo, todo lo contrario. Al final de la peli, el sonido del último disparo y el del último tic tac que ha debido dar el reloj, esta vez fuera de cámara, que nos ha acompañado como un fiel protagonista, proporcionan el sentido del tema de la peli, que no es otro, por fin lo comprendemos en toda su dimensión e intensidad, que el de la espera y la soledad que lleva añadida. 


Esperar es una lata. Y, sin embargo, es lo único que nos hace experimentar el roer del tiempo y sus promesas. Hay infinitas formas de demora: la que llega con el amor, la visita al médico, la espera en el andén o en el atasco. Esperamos: al otro, la primavera, los resultados de la lotería, una oferta, la comida, al adecuado, y a Godot. Entonces, ¿por qué esperamos lo que espera Will Kane tantos años después, nosotros que además de lo dicho también somos los espectadores mas impacientes de la historia de la humanidad? Nosotros los hijos terribles de la edad moderna, que por no esperar ya no esperamos ni a dios ni al diablo. Nosotros que al decir que esperamos queremos decir que sólo nos esperamos a nosotros mismos. Sin ningún tipo de esperanza.


Una de las virtudes que uno descubre al volver a ver hoy “Solo ante el peligro” es que ata en corto a nuestra proverbial impaciencia digital. Y no es poca cosa. Es lo que pasa con el cine clásico. Devuelve al mundo el sabor del tiempo y del espacio, como un ser vivo que es, separándolo, debido la complicidad con la peripecia de Will Kane y sus contemporáneos, del sabor máquina de los andurriales digitales por donde habitualmente deambulamos.





miércoles, 9 de septiembre de 2026

AROA MORENO

 NO QUIERES ESTE LIBRO

El tejido es el mismo.
Galope brutal
del corazón de enero.
Adivinas lo que cargan sus páginas.
Una herida tierna en el origen.
No cosas esta carne todavía.
Mirémonos de frente.
Temblemos los dos juntos.
Las puntas de los dedos.
La mandíbula.
Somos los mismos de aquellas mañanas
luminosas de verano.
Pero ya nunca dormimos como entonces
¿por qué cerrar los ojos?

LA BRASILEIRA

¿Te lo puedes creer?, cuando llegué a Lisboa nunca pensé que pudiera llegar a verlo. Acompañaba a mi marido que iba a dar una conferencia en la Universidad sobre la viabilidad de los derechos humanos en la época de la inteligencia artificial. Allí me enteré que vivía en la capital portuguesa. Nada más entrar en el café La Brasileira, lo vi en un rincón rodeado de papeles. Alberto al alzar la mirada también notó mi presencia. Te cuento todo esto porque no sé por qué dirigí mis pasos a donde sabía seguro que iba a encontrarlo. Aunque ahora que te lo digo, nada más cruzarnos la mirada en el café lo que me vino a la cabeza fue el aeropuerto de Roma hace dos años. Habíamos quedado allí para marcharnos juntos a Estados Unidos. Yo no puede ir y tampoco pude avisarle. Desde entonces no ha habido un minuto que no me acuerde de ese día. 

domingo, 6 de septiembre de 2026

FRANCISCO DE QUEVEDO

 Definición del amor

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

DIÁLOGO AMOROSO

  • ¿Te lo puedes creer?, nunca pensé que iba volver a verte.
  • Tantos sitios donde tenías para ir y tienes que venir a Lisboa
  • No fue mi intención venir aquí, me han traído. 
  • Quien, si se puede saber el afortunado.
  • Paulino Zugazagoitia, ¿lo conoces?
  • Como desconocer al gran defensor de los derechos humanos.
  • Estaremos sólo dos días en Lisboa
  • Veo que te ha ido muy bien desde que me dejaste
  • No empieces Alberto
  • Empezaste tu aquella tarde en el aeropuerto de Roma
  • No puede avisarte que no iría 
  • Una llamada de teléfono no cuesta tanto 
  • Aunque te cueste creerlo perdí el teléfono 
  • Y no te has vuelto a comprar otro
  • Puedo explicártelo, la vida se me complicó como no te puedes imaginar 
  • A mi se me hizo muy sencilla, pero también muy dolorosa, allí solo en el aeropuerto con el corazón hecho trizas.
  • Nunca fue mi intención hacerte daño
  • Como has venido a este “tugurio”. 
  • Todo el mundo conoce a Alberto en Lisboa.
  • Pues ya ves, sigo vivo.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

SARA HERRERA

 ¿CÓMO SE CANTA LA NANA DE LOS NIÑOS QUE NO HAN NACIDO?

Con un metrónomo y una carta,
la madre cose un pantalón pequeñito,
ay, mi niño, ay,
como una manía de miel y llanto.

La nana existe, mujer,
tu hijo huele a un perfume de flores y betún
y tu cuerpo aprende a sostener un espejo que está roto.

TREASURE

 Es 1990 y la periodista musical Ruth y su padre Edek, un superviviente del Holocausto, realizan un viaje por su tierra natal, Polonia. Su viaje los llevará a Varsovia, Łódź, Cracovia y al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Ruth quiere descubrir sus propias raíces y explorar la historia de su familia. Edek en aquel entonces tomó la decisión de abandonar Polonia para siempre y acabar con el pasado.

El contenido de la sinopsis no por haberlo leído ya en otras sinopsis, es lo suficientemente persuasivo como para decidir ver la película en cuanto tuviera un rato. Y así fue. La película Treasure, de Julia von Heinz, tiene el atractivo de que padre e hija, dos tipos adultos, vuelven juntos a casa de sus antepasados en Polonia, pero tiene el inconveniente de que lo hacen cuando ellos todavía no se reconocen como tales adultos en el presente neoyorquino de donde parten. Edek no deja de ser el padre-madre protector y clueca de la niña calabacita cómo llama a su hija. La madre ha muerto. Ruth, porque no ha aprendido a ser otra cosa delante de su padre o porque si no es así no habría hecho el viaje que tanto deseaba, reacciona ante la conducta paternal maternal de su padre como la adolescente quinceañera que hace tiempo biológicamente dejó de ser. No quiero que me vuelvas a llamar calabacita, ya no soy una niña, le espeta a su padre en uno de los frecuentes altercados en que los dos se enzarzan durante el recorrido que hacen por los lugares que tenían previstos en su visita. Entonces, la pregunta que le surge al espectador es, ¿por qué hacen juntos este viaje a Polonia? ¿Por qué el conocimiento del origen de su vida, en el caso de la hija, y el olvido del pasado en el caso del padre como acompañante de aquel conocimiento, piensa la directora que puede poner una nueva claridad a sus vidas actuales? Después de ver la película no lo tengo tan claro. Diría más, la forma precipitada de marcharse de Polonia la hija, por enfado con el padre, hasta el punto de decir que no lo aguanta más, y la decisión del padre, sin explicación narrativa alguna, de acompañarla, si ya hemos comprendido que él con su calabacita va hasta el fin del mundo, dan un idea de cual es el sentido narrativo de la película.


El ansía investigador de la hija sobre sus antepasados y el desdén del padre hacia ese mismo propósito abren, como resultado de estar juntos y mal avenidos durante todo el metraje de la película, una grieta que se va haciendo más grande a medida que los minutos avanzan inexorablemente hacia el final de aquella. La escena blandengue del aeropuerto de Varsovia, donde padre e hija de vuelven a encontrar para hacer juntos el viaje a Nueva York, como si no hubiera pasado nada,  me pareció cosas de turistas, según los veía despedirse de quien les había acompañado como su chofer durante toda su estancia en el país polaco. En la escena donde el padre recupera debajo de las ruinas de su antigua casa y la de su familia una caja que enterró, antes de huir, con las escrituras de la misma, que de inmediato entrega a su hija como única y legítima heredera de la antigua propiedad de sus antepasados, me doy cuenta de lo que hacía ya unos minutos venía sospechando: que eso era todo lo que sígnifica para el padre el viaje a Polonia, y lo que significa acompañar a su calabacita. Un gesto que tranquiliza a la conciencia de propietario del padre, aunque como superviviente del Holocausto ya ha quedado claro a esas alturas que no quiere saber nada, como si el asunto no fuera con él ni con su familia. Pero de ninguna manera se comporta así la conciencia de querer saber de la hija y la del espectador, que venimos de visitar, junto con el padre, los lugares más emblemáticos del holocausto polaco: Varsovia, Łódź, Cracovia y al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. 


Se podría concluir preguntando a la directora que si el padre sigue siendo el mismo después del viaje, ¿para que lo hace? Para vigilar a su hija, para que siga siendo ante él su calabacita, para que no cambie nunca, para que no se contamine de esa pasado que rechaza. Poca chicha para tal envite. El padre opone al afán de mantener el reconocimiento de su hija calabacita, la nula ambición por conocer que ocurrió en aquellos años tan lúgubres de su pasado, que es lo desea saber su hija sin más apelativos. Y es que reconocimiento y conocimiento son las dos caras de lo que significa seguir vivo hoy junto a su hija mujer adulta y todo lo otro que los acompaña, sea en la Polonia de los antiguos campos de exterminio y la cultura degenerada de los nazis o en la Nueva York actual de los rascacielos y el glamour universal de su cultura.

lunes, 31 de agosto de 2026

CRISTÓBAL ZAPATA

 MUJERES PEINADAS POR LA LUNA

Para asegurar el crecimiento
de sus cabellos,
las mujeres y las niñas
se lavaban el pelo con la primera lluvia
de mayo.
Entonces, un aura lunar
flotaba sobre sus cabezas.

Había niñas cuarto creciente
cuya luz iba aumentando con los días
bajo sus cerquillos taciturnos.
Un ejército de muchachas luna llena
con sus cabelleras curvas como el deseo.
Y una multitud de mujeres menguantes
con sus hermosas crines de yeguas profundas.

Durante algunas semanas
las mujeres brillaban
como hadas noctámbulas.
Y nosotros nos quedábamos de pie,
mirando hipnotizados
sus peinados llovidos,
sus metamorfosis secretas
a la luz de la luna.


SANDITON

 Drama histórico basado en la última novela inacabada de Jane Austen. Sanditon, nombre de la novela y de la serie (varios directores) que comentó es también el nombre de un antiguo pueblo de pescadores que se está transformando en un balneario de moda burguesa. Allí se encuentra la impulsiva Charlotte Heywood, una mujer liberal y moderna para la época que desea reinventarse. La trama da un giro cuando salen a la luz los planes ocultos de los personajes, cuya fortuna dependen del éxito comercial de Sanditon.

Cuando las palabras de las novelas de Jane Austen pasan al cine de la mano de las productoras inglesas, algo me dice que tengo que ponerme sin pérdida de tiempo delante de la pantalla a hacer eso que uno de los mantras actuales ordena: ¡¡a disfrutar!! Y no suelo salir decepcionado del envite. Sanditon, como se dice al principio es una novela inacabada de la autora inglesa, lo que quiere decir que estamos a finales de la segunda década del siglo XIX. Es decir, cuando la modernidad, después de los desmanes napoleónicos está dispuesta a lanzarse sobre el planeta con toda su agenda de conquista antigenealogica y disruptiva. O dicho en roman paladino, el mundo empieza el día que yo nací. O yo no acepto esta constitución porque no la voté porque no había nacido, tal como me espetó a la cara un quinceañero emergente.   Una agenda, esta de la modernidad, donde el ayer no vale nada, porque ya no existe a efectos de ganar dinero, solo tiene valor para tal fin el ilimitado futuro. Esta brújula es la que ocupa de forma absoluta la mente de Tom Parker, un empresario emergente de la época que quiere convertir Sanditon en lugar de veraneo ejemplar para las próximas décadas y generaciones. Aunque los planes ocultos de los otros personajes están muy vinculados a ese pasado que el nuevo Sadinton de Tom Parker quiere hacer inexistente, y no han dicho todavía su última palabra. En el centro de ese tumulto de personajes del antiguo régimen se encuentra Lady Denham con una gran fortuna conseguida a la antigua usanza, es decir, por herencia como debe ser entre los grandes aristócratas. Sin embargo, se da la circunstancia de que Lady Denham no tiene descendencia, por lo que sobrinos empiezan a aparecer preguntando que hay de lo mío. Estas dos tramas de la historia, la del burgués emergente Tom Parker necesitado de crédito para llevar acabo sus planes turísticos y la de aristócrata decadente Lady Denham que no está dispuesta a desprenderse de su primordial tacañería dejándose engatusar a las primeras de cambio irán asfaltando un itinerario por el que van y vienen los distintos personajes adscritos a una u otra trama, sin que en ningún momento ese asfaltado pierde el tono esmeralda que tiene Sanditon y sus alrededores.


Destacar, cómo se dice al principio, la figura de Charlotte Heywood, la principal heroína de la historia y verdadera representante del mundo que quiere mostrar Jane Austen en su novela, y los diferentes directores en los sucesivos capítulos de la serie, que perteneciendo a la clase campesina del antiguo régimen, quiere subir socialmente atravesando las puertas y las ventanas que pone en contacto un mundo con el otro, incluso cuando se encuentra con alguna puerta giratoria no cesa en su empeño de volver a intentarlo. Un empeño que junto al de Tom Parker por construir una ciudad de vacaciones para los nuevos adinerados que pertenecen a la nueva clase burguesa que se ha hecho con la visión del mundo, da como resultado final una estampa bastante precisa de lo que fue esa época de transición de la segunda década del siglo XIX, que también puede verse, salvando todas las distancias, como los primeros años de nuestro mundo actual. De hecho, bien mirando puede concluirse que hay menos distancia temporal con la serie entre los espectadores del siglo XXI que entre los habitantes de Sanditon a principio del siglo XIX.

martes, 25 de agosto de 2026

MARGARET ATWOOD

 ¡OH! NIÑOS! 

¡Oh, niños!, ¿creceréis en un mundo sin pájaros?
¿Habrá grillos donde estéis?
¿Habrá margaritas?
Almejas, por lo menos.
Tal vez ni almejas.

Sabemos que habrá olas.
Éstas no necesitan mucha vida.
Una brisa, una tormenta, un ciclón.
Mareas, también. Piedras.
Las piedras son un consuelo.

Habrá puestas de sol, mientras haya polvo.
Habrá polvo.

¡Oh niños!, ¿creceréis en un mundo sin canciones?
¿Sin pinos, sin musgo?

¿Pasaréis la vida en una cueva,
una cueva sellada con una línea de oxígeno,
hasta que haya un corte de luz?
¿Se os quedarán los ojos en blanco como los ojos de clara de huevo
de los peces sin sol?
Allí dentro, ¿qué desearéis?

¡Oh, niños!, ¿creceréis en un mundo sin hielo?
¿Sin ratones, sin líquenes?

¡Oh, niños!, ¿creceréis?

CLUB DE LECTORES ADULTOS 58

 LOS DIOSES Y LA MENTE HUMANA

Quizá queda un tanto confuso afirmar que somos mortales e imperfectos y a continuación decir que tenemos algo poderoso en nuestro interior a la espera de manifestarse. Como repito con frecuencia en el club de lectores adultos. Un algo que tiene que ver, paradójicamente, con esa aspiración divina que también es propia de nuestra naturaleza humana, de la que se encarga nuestra capacidad creativa como lectores y escritores.

Pienso que Juan Arnau lo expresa mejor cuando afirma que:

“Los dioses se manifiestan con fenómenos mentales. Contrariamente a la ilusión moderna, las fuerzas psíquicas son fragmentos de los dioses, no al revés.”

viernes, 21 de agosto de 2026

RAYMOND CARVER

 El mejor momento del día

Frescas noches de verano.
Las ventanas abiertas.
Las lámparas encendidas.
Fruta en el frutero.
Y tu cabeza sobre mi hombro.
El momento más feliz del día.

El amanecer,
desde luego. Y ese momento
justo antes de comer.
Y las primeras horas
de la tarde.
Pero amo

estas noches de verano.
Más incluso, me parece,
que todos esos otros momentos.
El trabajo terminado por ese día.
Y nadie que nos pueda alcanzar en ese momento,
O nunca.

COBARDIA LABORAL


  • Como tú y yo lo sabemos, que nuestro nuevo jefe se empeñe en controlarlo todo, es algo que no nos resulta indiferente, - le digo a mi compañero de oficina Enrique.
  • Tu y yo también hemos hablado que mas bien nuestro jefe es de esa nueva generación de desinhibidos que no se plantean relajarse para llegar a un acuerdo, sino dar pasos para ejercitarse en actitudes de superioridad - dice Enrique.
  • Lo que más me cabrea es que tipos como nuestro jefe pertenecen a esa nueva panda de jóvenes embaucadores ante los que veteranos como nosotros nos sentimos impotentes. Nunca antes, en los quince años que llevo trabajando aquí, los asuntos internos de la oficina me parecieron tan oscuros - digo mientras me atuso los cabellos.
  • Reconozcamos, de una vez por todas, que más que impotencia es una colosal cobardía lo único que estamos expresando ante su proverbial vocación de embaucador - dice Enrique antes de despedirnos

viernes, 14 de agosto de 2026

ELISABETH STELLAVATO

 No, hay futuro

El perro olfatea el suelo
busca desesperado
una pista
una huella
que le marque el camino.

Quizás de eso se trate todo
en definitiva
creer que hasta una piedra en el suelo
es
la señal que necesitamos
para volver a casa.

ABRAHAM LINCOLN

 Volver al origen cuando crees que lo sabes todo por el solo hecho de que han pasado casi cien años desde entonces, es un buen ejercicio de humildad que te coloca en ese ámbito desconocido que es el lugar del No Saber, desde el que es el único posible que te clarifiques ante los otros. Es decir, imponerte como tarea cotidiana de tu condición de ser humano la clarificación de tu existencia; de tu ser y su relación con el mundo en tanto que posibilidad. Debemos esforzarnos en la búsqueda de la verdad y hallar un espacio que esté a nuestra disposición, donde actuar y adquirir el compromiso con aquella clarificación de la existencia. O dicho de otra manera: Tener un ideal que, aunque no se cumpla, ponga esperanza en el horizonte. Talmente es lo que hace Abraham Lincoln en la película de David Griffith, y lo hace sin el maquillaje de las nuevas técnicas cinematográficas. Lo que quiero decir es que la tosquedad técnica del momento de la filmación de la película, favorece la ambigüedad y el trazo grueso de las decisiones de Lincoln. Favorece, en última instancia, el retrato de la conciencia de un hombre de su tiempo y de cualquier tiempo. La imagen de Lincoln dando vueltas histérico y en calcetines, en un salón de La Casa Blanca, ante el dilema de que para ganar la Unión tiene que continuar la guerra, o dejar que el sur se vaya por su cuenta y así acabar la sangrienta guerra, consigue captar ese carácter universal del alma humana frente a esos dilemas. Esa escena, que acaba con Mary Lincoln poniéndole las pantuflas para que no se resfríe, se encuentra en la tradición del misterio que habita en los dilemas del alma humana desde siempre. Algo de lo que se aleja, hasta ignorarlo, la sofisticación técnica audiovisual contemporánea, propia de una industria que se basa en una narratividad afín al anuncio publicitario y de la conciencia del ser humano posmoderno: autoafirmante y autocomplaciente. Dueño de esa pertinaz arrogancia, que a través de la razón maquinal ha colonizado su conciencia digital y de paso la miradas que pone sobre el mundo.

Igual pasa con las escenas donde se ven los debates de Lincoln y su eterno rival Stephen Douglas. Parece lo que son y siempre han sido y serán estos debates: unas marionetas de guiñol pegándose estacazos, diciendo que van a resolver lo que nunca han entendido, ni entenderán. O parafraseando el cuento de Kafka: Lincoln y Douglas parecen dos monos tratando de explicar a una audiencia invisible, pero supuestamente entendida, lo que han aprendido a su lado. En cualquier caso, ambas representaciones no son lo que pretenden ser ahora, una conversación de tipos sabelotodo, bien maquillados e iluminados, que aupados sobre un escenario galáctico nos dicen que van a resolver todos los problemas terrenales que nos aquejan.


Por la demás, entre pantuflas y diálogo de monos más algún destello de raíz divina, la película, como no puede ser de otra manera entre humanos, camina sin prisa pero sin pausa hacia la victoria de la Unión y el posterior asesinato de quien más había creído en ella. Una tragedia. Con un fondo y una forma que, después de la odisea digital de Nolan, el espectador que suscribe lo agradece de palabra y de corazón.

miércoles, 12 de agosto de 2026

JULIÁN BORAO

 ECLIPSE

La presencia fue previa a ese momento
en que volvió a su forma quedamente.
Quedó prendido el aire levemente
de un reflujo de instantes, de un intento

que de la luna apenas fue contento,
fugaz aparición, desliz silente
que de sus pasos presto, en noche ausente,
detuvo la visión del firmamento.

Nada quedó después, sólo un lamento
del que la propia luz fue confidente,
una callada sombra, un filamento
quebrado en un fulgor inexistente.

Como si fuera casi una certeza
del sol la oscura faz en su belleza. 

CLUB DE LECTORES ADULTOS 57

 HABLAR, LEER, ESCRIBIR

En algún momento de las reuniones del club de lectura de adultos, no en todas y no siempre al principio de la reunión, suelo pasarles una nota, a modo de chuleta, que leemos de forma oral. Estas notas forman parte de una guía de lectura que entregué en su día a los lectores y a la que siempre me refiero durante la conversación sobre la novela que nos haya convocando en esa ocasión. Una de esa notas dice así: 


En que el uso común del lenguaje parece como si tendiese a no significar. Quien habla parece no ser consciente de que habla. Precisamente porque el hablar es un hecho natural. Uno habla y el interlocutor responde. El funcionamiento normal del lenguaje hace que interioricemos la impresión de que el lenguaje funciona porque sí. Solo cuando en la comunicación aparece un problema reconocemos la complejidad del hablar, del mismo modo que la enfermedad nos hace recordar que la salud también es un estado o que la espera de una llamada urgente de teléfono nos hace ver que el silencio del teléfono también es una señal. Una señal que hasta puede ser angustiosa. Esos ejemplos que se refieren al hablar también sirven de alguna manera para el escribir y leer. La capacidad de escribir y de leer, en un mundo desarrollado, parece ser una capacidad natural. Todo el mundo puede escribir y leer. El mecanismo de escribir y de leer sólo se hace evidente cuando uno se enfrenta a un problema expresivo semejante al que representaban los supuestos anteriores, es entonces cuando la conciencia mecánica desaparece y la conciencia de la complejidad se hace presente. Es entonces cuando la clarificación como lector ante las palabras del narrador aparece como una necesidad narrativa ante el mundo de los personajes de la novela y una necesidad ética ante la vida de la que forman parte los otros lectores del club de lectura. Es lo que llamo la doble clarificación en la sociedad de las apariencias, que produce el ejercicio de la lectura en compañía. Ante la ficción y ante la realidad.


He elegido este párrafo de la guía antes aludida porque me parece que entre los asistentes al club de lectores de adultos la conciencia mecánica no solo es dominante, sino, lo que es peor, no quiere dejar de serlo,


lunes, 10 de agosto de 2026

STEFANIA ONIDI

 Perspectiva

Esta tarde es un envoltorio
de palabras calladas,
tela ligera de hojas y de abismos.
Áspero eco de un sueño.
Y busco espacios en la mirada de la luna
para medir mi vuelo;
entreveo desde aquí un intervalo de libertad,
un palmo de corazón,
el tuyo, desnudo núcleo de verdad.
Necesito este invierno
para renacer,
este silencio
que es viento, refugio, mutación.

TU Y YO SABEMOS

Volver a su trabajo fue siempre un anhelo posible. Me confiesa una vez más mi hermano, mientras tomamos el café matinal. Según estudios de toda solvencia, le digo, la culpa de la separación entre el mundo productivo y el mundo improductivo la tiene la falta de conexión entre el trabajo y la vida. Y viceversa. Todo el mundo que nace sabe, tu y yo también, que se ha de morir, y todo el mundo que trabaja sabe que tarde o temprano se ha de jubilar. El peligro es, le dije a mi hermano, reducir el trabajo a la vida y el deseo a la realidad, porque eso significa, según aquellos mismos estudios, franquear las puertas del paraíso. Lo cual es una manera rápida de entrar en el infierno, sobre todo para los seres mortales como tú y yo sabemos.


sábado, 8 de agosto de 2026

JÜRI TALVET

 El amor

es mandamiento, así pensaba
Kierkegaard. Mejor será
–pienso yo– amar, sin hacer
caso de ese mandamiento.
Reconociéndose
el alma con el alma,
respondiendo
la sangre a la sangre,
sin saber, en pleno
vuelo –hacia arriba
o hacia abajo–,
cuál habrá de ser
el lugar de destino.

EL HALCÓN MALTÉS

 A finales del pasado mes de junio, un año más, miles de cinéfilos del mundo entero se congregaron en Bolonia para asistir a una nueva edición del festival “El Cinema Ritrovato”. Yo no pude ir, así que compensé la ausencia volviendo a ver “El halcón maltés”, ópera prima de John Houston, y también, según los que se dedican a hacer listas, la primera película del género noir.  

Vaya por delante que de nuevo la película me mantuvo pegado a la butaca gracias al tanden Sam Spade-Humphrey Bogart y a los diálogos entre sus personajes en el medio de todos ellos se encuentra siempre, como no, el mencionado tanden de dos que en este caso es solo de uno. Puestos a averiguar quién lleva la batuta en la historia, por aquello de saber como espectador con quien me las estoy viendo y midiendo, uno no sabe si Spade hace a Bogart o es la revés. Tan es así que la mayoría de los personajes que Bogart encarnó a lo largo de su carrera llevaban algo del personaje Spade en sus ademanes físicos y mentales, algo de su forma de mirar el mundo. Lo que pudiera ser una limitación profesional - véase el caso del actor español Bardem que solo sabe encarnar bien a sicópatas irreductibles fuera de los cuales su capacidad interpretativa es muy reducida - en el caso de Spade-Bogart es un mérito de su talento actoral. El disfraz (Spade), por decirlo así, no le pone impedimentos ni trabas a que la autenticidad de Bogart se manifieste en todo su esplendor mientras investiga la localización del pájaro pintado de negro. Y viceversa. Esta vez que los he vuelto a ver, se me ha ocurrido pensar que también John Houston lo leyó así y me doy cuenta que eso le permitió hacer una puesta en escena innovadora tanto en los giros narrativos que introduce, como en el montaje de las distintas escenas, como en la forma de utilizar la luz o la obscuridad, según se mire. Al final uno no sabe si es Spade quien representa a Bogart o es al revés. Lo que quiero decir - siempre dentro del campo del espectador, determinado como está por su obligación de saber quién es el narrador, es decir, como se lo representa mientras está viendo la película - es que Houston consigue construir una unidad narrativa hecha de ficción y realidad, donde las mañas y habilidades de Spade y Bogart van de la mano - al contrario de sus antepasados Holmes y Watson en las historias de Conan Doyle -, a la hora de relacionarse con la mujer fatal Brigid O'Shaughnessy y los otros personajes que pululan alrededor de las peripecias del pájaro. A saber, el taimado y cínico  Joel Cairo, el orondo Kasper Gutman, el lacayo de este último Wilmer Cook, y los dos polis que persiguen a Spade para que les cuente todo lo que va averiguando. Unas peripecias que se inician en el siglo XVI, cuando los Caballeros de la Orden de Malta regalaron a Carlos I de España y V de Alemania la estatuilla de un halcón de oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas. Era una muestra de gratitud por ciertas prerrogativas que el monarca les había concedido. Sin embargo, la joya no llegó nunca a manos del Emperador, ya que la galera que la transportaba fue asaltada por unos piratas. Mire usted por donde los caprichos de la historia.


Cuatrocientos años después, el detective privado Sam Spade y su socio Archer aceptan el encargo de una joven que quiere encontrar a su hermana, que ha desaparecido con un hombre sin escrúpulos. Hasta aquí, mas o menos, lo que nos cuenta Dashiell  Hammett en la novela homónima. Después de la visita de la joven al despacho de Spade, su socio es asesinado de forma misteriosa y Bogart entra en acción sin olvidar a su alma gemela Spade, que se ha quedado como dueño en solitario del despacho de detectives. Como puede apreciarse Houston abandona la lógica narrativa de sus antecesores Holmes y Watson, y se mete de coz y hoz en el laberinto que él mismo va creando con sus giros, con unos personajes a cual más friki e impredecibles todos con algún interés confesado u oculto en el halcón maltés, propiedad del emperador español que nuca llegó a recibir, En fin, rodeando todo ese laberinto de un ambiente sombrío donde nunca nace el sol pero si todo el sentido que la luz de aquel siempre oculta bajo las apariencias luminosas que genera, tan propio del estilo noir que el director americano está inventando, como ya he dicho. Al final de la peli, Spade comenta a los policías que han venido en su ayuda  - y sobre todo comenta a los espectadores que lo hemos seguido hasta donde se encuentra - mientras mira el pájaro al fin recuperado y se llevan a la mujer fatal que lo ha estado engañando: todo lo que ustedes han visto y verán, incluido este bicho, forma parte del material del que está hechos los sueños.  

Willian Shakespeare, again. Cerrando así el ciclo del bloque del tiempo, que la película ha inaugurado desde el primer fotograma.



viernes, 31 de julio de 2026

PAULA ARBONA

 MI PROBLEMA

Quizás mi problema es
que no puedo ver un árbol.
Cuando veo un árbol,
veo un bosque.
Cuando veo una persona,
veo un pueblo.
Veo sus secretos,
su pasado,
su tormento.
Quizás mi problema es
que no puedo dejar de mirar
viendo aquello que no está.

LOCKSEY Y ULISES

En estos tiempos sin futuro los profetas del mismo que siempre han sido, de repente, se han quedado sin trabajo. Ya no tienen crecepelo que vender ni pócimas milagrosas que repartir entre sus feligreses de cara al mañana. Pero hete aquí, que el gallinero en que se han convertido las redes sociales ha dado alas a los pispas del negocio del futuro, que es lo que siempre han sido los profetas aludidos, desde Jesus Cristo hasta Carlos Marx. Mejor dicho, desde los malos lectores del uno hasta los peores lectores del otro. El caso es que, y sea como fuere, estos pésimos lectores han visto el negocio en la modificación del pasado para dar relumbrón al futuro inexistente. En nombre, como no, de la sacrosanta Libertad de expresión y del la performatividad del uso del lenguaje. Dicho en roman paladino, esto es lo que quiero hacer pues lo hago y además en el mismo momento que lo nombre queda hecho. Chim Pum. En esas estamos. Así Christopher Nolan en su “Odisea” dice que le gusta que Helena de Troya sea negra pues sea. Pero el protagonismo de la mujer en la vida real y en la imaginada está en marcha al ritmo de la historia y de su crítica y deliberación democráticas, y ni lo acelera ni lo retarda este cambio de colorido que Nolan le ha dado a la heroína de su película. Eso sí sirve para engordar su caja de caudales y nada más. Valga decir, sin embargo, que su visión de la obra de Homero es un western, porque no puede ser otra cosa, a imagen y semejanza de John Ford que fue el Homero de la epopeya norteamericana. Y el cine americano ha colonizado la mente europea después de la Segunda Guerra Mundial. Todo esto ya lo sabemos los europeos, pero ahí seguimos subiéndonos a las caravanas publicitarias que nos ofrecen. Pero hasta que Clint Eastwood no haga de Nelson Mandela, no iré a ver más este tipo componendas postmodernas, o wokismo, que es la etiqueta general para nombrar a este movimiento futurista. Pues yo si creo en el futuro, que no es otra cosa que un ejercicio de la imaginación con sentido, otro asunto a debatir es que se cumpla, o no. Y que hacer entonces. En ningún caso falaces componendas como la descrita.


Toda esta introducción para decir que he vuelto a ver “Robin de los bosques” dirigida por Michael Curtiz y Willian Keighley, en 1938. ¿Por qué creyeron estos directores que los espectadores del siglo XX  iban a prestar su atención a las peripecias de un noble en la época de la Tercera Cruzada, 1189-1192, vinculado al rey Ricardo I Corazon de León y a su hermano Juan sin Tierra? Porque el cine era todavía en 1938 un arte joven que se atrevía con cautela a visitar el pasado con la intención, no de cambiar sus mimbres históricas fundamentales, sino de experimentar su permanencia muchos siglos después. ¿Qué es lo que permanece muchos siglos después que hace que tantos espectadores, yo mismo una vez más, se mantengan quietos en la butaca como si aquellas peripecias hubieran ocurrido ayer mismo? Señor, la injusticia universal y el ansía de justicia también universal que todos llevamos escondido en los repliegues del alma. Y que camino mejor para tal fin que ponerse en manos de un héroe de ficción como Robin de Locksey que habita los bosques como si fuera su propia casa, por encima del bien y del mal y de las cabriolas digitales actuales. Un verdadero emboscado. Los emboscados que acompañan a Locksey se encuentran solos ante el absolutismo de Juan sin Tierra, y quizá es esa la soledad que nos llama cuando vemos la película de Curtiz y Keighley: es una soledad entre los otros seres vivos, pues se proyecta en un mundo de hombres y árboles sajones. Y una mujer normanda, Lady Marian. Que se reconocen de inmediato, dada la carencia del presente, en su permanente heroicidad como tales. Sin aderezos de los efectos especiales. La victoria frente a los tiranos es posible.

Cuando una y otra vez, ayer como hoy y mañana, los que se postulan en la vida real para resolver la injusticia acaban siendo unos corruptos convictos y confesos sean de un bando o del otro, sea joven o provecto, sea hombre o mujer. La película nos muestra que la victoria contra los tiranos es posible.


En el ecosistema mental del bosque de Robin de Locksey y su colegas los acontecimientos más importantes, tanto en lo malo como en lo bueno, pudieran ser aquellos que todavía no han sucedido. Y eso nos acerca a la actualidad del siglo XXI. Así son los héroes de ficción. De modo que, en consecuencia, serían los finales en el bosque, ya no los comienzos, los que decidirían sobre los sucesos de en medio. Serían los futuros en el bosque, y no los orígenes, los que contarían de verdad. Muy de los espectadores de hoy. Repito, todo contado con un colorido y montaje cinematográfico de escenas de hace más de ochenta años.


martes, 28 de julio de 2026

JUAN VICENTE PIQUERAS

 LO ETERNO SE ACABÓ

Ahora toca admitir lo inadmisible,
aprender a olvidar lo inolvidable,
tener que soportar lo insoportable,
intentar comprender lo incomprensible.

Prescindir de lo que era imprescindible,
tener que poner nombre a lo inefable,
sinvivir sin amor y ser amable.
Como buen ciego darse a lo invisible.

Hoy pongo en discusión lo indiscutible.
Me presentan a gente impresentable.
Debo decir que sí y sentir que no.

Tengo que hacer posible lo imposible.
Estar donde no está lo que era estable.
Aceptar que lo eterno se acabó.


JUEZ DE INSTRUCCIÓN

 Le dejó sentado en el suelo, después de degollarle por la espalda. Eso es lo que deduzco al acabar de leer el informe de la forense. Ahora que ha pasado ya una semana, entre los vecinos de la urbanización cunde la pregunta de por qué han asesinado al periodista Ramírez. Pero las declaraciones de esos mismos vecinos en el juzgado, van en la dirección de pensar que el asesino no está entre ellos. Aunque las columnas de aquel en el diario local cada vez gustaban menos a los ricos explotadores de la segunda residencia, como Ramírez los llamaba. Yo como juez de instrucción del caso, después de escuchar a los vecinos, no lo tengo claro. Siempre he desconfiado de los que creen que los avatares de la vida se comprenden al primer golpe de vista. A la espera de otras pruebas, mas bien intuyo que quién sabe quién es el asesino del periodista Ramírez no sabe que lo sabe.

lunes, 20 de julio de 2026

ALEJANDRA PULTRONE

 HASTA VERTE AMANECER

Encuentro tu letra.

Viejas dedicatorias.
Esas bromas escritas para divertirnos.
Las listas del supermercado.
Todo lo insignificante brilla.

Me aferro a esos papeles
con desesperación

de náufrago.

CLUB DE LECTORES ADULTOS 56

BREVE APUNTE DE VIDA Y LITERATURA

 1 La dificultad de encontrar el lugar en el mundo tiene que ver, a mi entender, con aceptar las cosas que nos pasan tal y como aparecen a la vista (vida). 

2 No tenemos la costumbre - porque nadie nos lo ha enseñado y además vivimos muy de prisa - de preguntarnos por las cosas que nos pasan y relacionar unas cosas con otras. Y con las de los demás (literatura). 


3 Los adultos somos seres atencionales y relacionales respecto al otro y lo otro, al contrario que los niños y los jóvenes que solo se fijan y se relacionan consigo mismos.

miércoles, 15 de julio de 2026

MARCELO DIEZ

 Newton y yo

La manzana que cayó durante la siesta de Newton
descansa en mis manos
como un agujero negro hambriento de sentidos.
La muerte de los cometas cabe en su núcleo.
Escribo el poema
con lo que tarda un rayo de luz
en aparecer en el mundo.
Newton sabía que los árboles
trabajan a la inversa de la gravedad,
lo leyó debajo de sus píes:
en cada hombre, comprimida,
hay una descarga universal
del tamaño de un planeta.