Hoy cambié el recorrido de mi paseo mañanero por acompañar a mi mujer, que le molestan los ruidos automovilísticos del recorrido que hago solo habitualmente. Ciertamente hay menos ruido y nulas probabilidades de que te topes con un control de la guardia de tráfico, que últimamente tiene un afán de productividad inusitado. Sin ir más lejos, el día anterior me topé con unos de esos controles policiales que colapsan el tráfico en una de las rotondas que hay en mi recorrido andarín habitual. Pasé de largo. Pero luego me enteré en la frutería, que el mencionado control era para averiguar en qué estado de actualidad se encontraban las iTV de los automóviles que por allí pasaban. La presencia de toda esa algaravía me sacó de lo que se había instalado en mi mente nada mas comenzar a caminar. En la noche anterior había visto la película “Tal como éramos”, de Sidney Pollack, que sitúa la acción narrativa en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, cuando
EE UU está a punto de entrar en la contienda. Y lo que ocupo mi mente fue aquello del eterno retorno en nuestras vidas. Hoy como ayer la guerra llama a la puerta de nuestras cómodas vidas, y lo hace a través de los chismes electrónicos que jalonan nuestros confortable patrimonio hogares. Hoy como ayer existen tipos como Hubbell Gardiner, chico guapo e inteligente que le gusta disfrutar de la vida antes que comprometerse en la solución de sus injusticias. Y como Katie Morosky, que es una chica inteligente que tiene unos ideales muy claros sobre un mundo mejor y más justo para todos, y lucha por ellos sin esconderse ni venirse abajo en un sitio en el que nadie piensa como ella. A los metros de la rotonda donde se encontraba la algaravía, dudé entre permitirme seguir siendo feliz con mis ensoñaciones con la peli Hubbell y Katie, o interesarme por lo que estaba ocurriendo en el control de la policía. Si seguía lo primero cabía la posibilidad que hiciera una comparativa con la situación geopolítica presente y mi euforia cinematográfica descendiera apreciablemente. Si optaba por la segunda opción, me acabaría metiendo de coz y hoz en la sordidez de la actualidad cotidiana doméstica.
