En una de sus “cartas a Theo”, Vincent van Goth escribe: “Si uno está bien de salud, es preciso poder vivir de un trozo de pan, trabajando toda la jomada, teniendo todavía la fuerza de fumar y de beberse un vaso, esto es necesario en esas condiciones. Y sentir, sin embargo, claramente en lo alto las estrellas y el infinito. Entonces la vida llega a ser casi fascinante. ¡Ah!, aquéllos que no creen en el sol de aquí son bien impíos.”
Aunque les parezca mentira a los lectores adultos de espíritu tribal, cuanto más se relacionan en el Club de Lectores Adultos ajenos y distintos más claramente emergen las semejanzas que nos unen. Sin embargo, casi ningún lector adulto tiene el menor interés por colocarse en una situación ideal de comunicación ni abundan quienes se esfuerzan por usar honestamente la razón pública para intercambiar argumentos racionales con los otros lectores respecto al libro que han leído.
Lo que quiero decir es que en esto de los clubs de lectores adultos, en fin de la lectura, también se cumple aquello que ya se cumple en el ámbito de lo político, lo social y lo económico, a saber, es posible —incluso probable— que nuestro país no dé para más, organizado como está como un modelo de negocio. Visto así la correlación que hay entre creer saber mucho (internet) y no aprender nada es muy alta. Pueden trasmitirte muchos datos y conocimientos vinculados a habilidades profesionales (así serás un mando intermedio) o puede que no te transmitan nada de eso (así serás un esclavo más del sistema productivo), pero en los dos casos no tendrás un carácter previo formado.
Aprender es lo que te atraviesa, lo que te construye el carácter, lo que te da una ética. Es decir, una actitud ante la muerte, el dolor y la pérdida, que son cosas para ganarte tu vida y que deberían formar parte inexcusable de cualquier diseño curricular de aprendizaje junto a las habilidades sociales y profesionales para ganarte la vida. Pero con un móvil en una mano y un perro en la otra hemos llegado a ser unos grandes ignorantes empoderados. En esas estamos, ya digo, como país no damos para más.
