viernes, 26 de enero de 2018

NUREMBERG ANTIGUO

A parte de por una cuestión práctica, está situada en medio de Alemania lo que le permite estar muy bien conectada por tierra y por aire con el resto de las ciudades más importantes del país, Nuremberg desde la época del primer Reich o Sacro Imperio Romano Germánico se engalanaba con frecuencia cada vez que recibía la visita del emperador. Consciente de su importancia histórica como capital imperial, Albert Speer imaginó una gran proyecto urbanístico que uniera las nuevas instalaciones del tercer Reich (la Zeppelintribüne, el estadio olímpico, la sala de congresos) construidas a las afueras de la ciudad, con el centro neurálgico, digámoslo así, del primer Reich, cuya pieza más significativa es, según apunta Duarte en su diario, “el Castillo de Nuremberg”. El proyecto no pudo llevarse cabo, tal y como lo había diseñado Speer, debido a que los acontecimientos bélicos, a partir de la invasión de Polonia por parte del ejército alemán en septiembre de 1939, derivaron todos los recursos y energías hacia los diferentes frentes y campos de batalla que la evolución de la Guerra iba produciendo. Cabe resaltar, entre estas obras dejadas a medias, la del salón de congresos (construido a imagen y semejanza del coliseo romano sito en la ciudad de Roma) donde tenían lugar las reuniones, digamos, a puerta cerrada de la elite nacional socialista. También quedó únicamente sobre los papeles toda la traza urbanística que, como ya he dicho, pretendía unir el Nuremberg nuevo con el antiguo. Volviendo aquí, el castillo de Nuremberg era donde tenía la sede social la Dieta o parlamento del Sacro Imperio. Era también el lugar donde se hospedaba el Kaiser o emperador y su séquito, además de los príncipes electores, cada vez que visitaban la ciudad para presidir o asistir a  las reuniones periódicas de la Dieta, en las que se dirimían asuntos concernientes a los distintos principados o reinos, y al estado de la relación de éstos con la institución imperial. “El cuarto que utilizaba Carlos V, a la sazón el Kaiser durante el siglo XVI, - anota Duarte en su diario - se encontraba al lado de la capilla donde se celebraba la misa. Era una capilla de tres pisos, abajo la plebe, en el medio los burgueses y cortesanos, por encima el rey y por encima de su cabeza la de Dios, en la pared pegada. Luego hicimos una visita completa a las instancias, convertidas en naves polivalentes tal y como se utilizaban entonces, al decir de la guía que nos explicaba la visita. Se habilitaban espacios según las necesidades, y según los visitantes se redecoraban una y otra vez, colocando incluso los cristales. También subimos a la torre que proporciona una vista de pájaro sobre la ciudad, con recuerdos fotográficos que muestran como quedó después de los bombarderos de 1945, en ruinas, mezcla de tierra, pólvora y escombros”. Las ambiciones y crueldades del Reig tercero, cuyas instalaciones se podían observar en lo que quedan desde aquella altura privilegiada del Reig primero, permanecían ocultas trazando de forma invisible el proyecto urbanístico que el arquitecto del Furher no pudo llevar a cabo.