domingo, 9 de julio de 2017

SOBRE EL ESTOICISMO

No sientes la cabeza, ponla a trabajar como no lo has hecho hasta ahora. Sienta el culo, este sí, y no salgas tanto de casa para entregarte a la nada con los saraos del estado y sus cuates. No salgas a hacer en la calle, lo que antes no lo hayas pensado en tu casa. No te entregues al confort horizontal del diván del psiquiatra al primer dolor del alma, ¿piensas que te va a decir realmente lo que te pasa?, no olvides que eres su cliente y el cliente siempre tiene razón. No pongas tu silla en cualquiera de los corrillos de los dolientes anónimos que hoy tanto proliferan, sean sus asistentes víctimas o verdugos. No vuelvas a los libros para dar lecciones, aupado en el estrado del aula de donde saliste humillado con tu cerebro hecho tu intestino, vuelve a los libros porque los amas y quieres manifestar tu amor en compañía de otros lectores amantes. No viajes a Oriente para encontrar lo que no sabes buscar en Occidente. No antepongas tu urgencia de decir todo de nada a la paciencia de escuchar al otro decir algo de algo. No hagas por hacer, ni hables por hablar, ni calles por callar, ni te juntos con los otros por estar juntos como hacen las ovejas. En fin, no te hagas el sabiondo.  No te aburras, ni te indignes porque el sol no sale por el oeste. Tío, que solo es ese el fundamento de tu malestar. 

Como dice Marco Aurelio, uno de los filósofos estoicos al que alude el vídeo que te adjunto:

No te disgustes, ni abandones, ni te desanimes, si no te es posible realizar siempre cada cosa a tenor con rectos principios, sino que cuando fracases vuelve de nuevo y conténtate si la mayor parte de tus acciones son más dignas de un hombre, y ama eso a lo que retornas, y no vuelvas a la filosofía cómo un maestro de escuela, sino como los enfermes de la esponja y el huevo, como otro a la cataplasma o a la loción. Porque así demostrarás que obedecer a la razón no es nada, sino que descansarás en ella. Recuerda que la filosofía sólo quiere lo que tu naturaleza quiere, y tu querías otra cosa, no acorde con la naturaleza. Pues ¿qué otra cosa ha más dulce que esto? ¿Es que el placer no nos sorprende por este medio? Pero mira si no es más dulce la magnanimidad, la libertad, la sencillez, la nobleza de sentimientos, la santidad. ¿Qué hay más dulce que la propia sabiduría cuando consideras que la infalibilidad y prosperidad en todo provienen de la facultad de la inteligencia y el conocimiento?