lunes, 5 de junio de 2017

EL INTÉRPRETE DEL DOLOR 2

CUANDO EL SEÑOR PIRZADA VENÍA A CENAR
Lo que primero le preguntaría a Lilia, la Narradora protagonista del cuento, sería, ¿cuál es la diferencia entre que me cuentes cómo pasó y que me cuentes como te pasó? Es más que probable que, tal y como he leído sus palabras, ella me contestara: la misma que hay entre periodismo y poesía. O entre la primera metáfora sin la que tu y yo no nos lanzaríamos al mundo cada mañana y la segunda metáfora, lo que yo he escrito en el cuento que tu has leído, mediante la que yo narradora y tu lector tratamos de saber, primero, el lugar que ocupamos en el mundo y, segundo, desde ahí tratar de entenderlo. Entre medias todo el miedo que no controlamos y todo el valor y coraje de que seamos capaces de poner de forma cómplice sobre la mesa, para que aquel miedo no nos paralice. ¿Por qué te cuento este episodio de mi infancia? ¿Qué me afectó tanto, y de forma tan decisiva, que me ha hecho como soy ahora, cuando lo recuerdo? ¿O, más bien, lo recuerdo para entender cómo soy ahora, que es cuando he decidido ponerme a contarlo? ¿Qué diferencia hay entre recordar lo que  creo que sucedió antaño y recordar para tratar de saber cómo soy hogaño? Repito, la misma que hay entre periodismo y poesía.  

¿Qué papel tienen los objetos que utilizas en el cuento, pues a mí como lector me ha parecido que no tienen una mera función ornamental, ya que si fuese así el cuento se esfumaría en su simpleza expositiva? 

Los caramelos, como mi objeto de enlace con el señor Pirzada, las cenas como objeto de unión entre mis padres y el señor Pirzada, y la TV, como objeto de enlace del señor Pizarda con su familia en Daca, proponen al lector, te proponen a ti, de forma continua que compongas una imagen de la ausencia como algo que acoge el sentido de lo que cuento, como una presencia activa y ambigua, siempre inacabada. Como bien dices, no son un decorado, ni adornan mis sentimientos, ni los de mis padres o los del señor Pirzada. En ningún caso se debe leer como un relato concluido y concluyente, teñido de nostálgica desde la primera hasta la última línea. He tratado de que los objetos, los caramelos, las cenas y la TV fundamentalmente, cumplieran su misión como personajes no humanos o inanimados pero con los mismos propósitos e intenciones que los personajes con alma, el señor Pirzada, mis padres y yo misma. He tratado de que objetos y personajes se comprometieran conjuntamente, pero cada uno con su responsabilidad, en la acción narrativa del cuento. Es la única manera de que los objetos no sean un decorado o un escenario, y los personajes no sean estandartes portadores de algún tipo de moralidad excluyente. Lo he debido conseguir si, como me dices, al leer el cuento no se te ha caído de las manos como un panfleto, sino que se aguanta con entereza como una pieza literaria.