lunes, 6 de febrero de 2017

GUSTAR O IMAGINAR

¿Y si no nos gusta la novela que usted dices que a usted le gusta? ¿Cómo vamos a poder comprenderla? ¿Cómo vamos a poder después comentarla sentados alrededor de una mesa? ¿Cómo hacerlo si en la recomendación de partida hay dificultades insuperables para poder compartir tanto la posición de quién la quiera leer como en el proceder de su lenguaje? Ya que puestos a gustar, tan valido es que nos guste Thomas Mann como Marcel Lafuente Estefania. O siguiendo el refranero: sobre gustos no hay nada escrito, mejor dicho, sobre gustos no se debería dejar nada por escrito. Ahora bien, en cuanto a ese poder compartir no me refiero a estar de acuerdo, tan propio de los camaradas afines a una misma causa, que es el manantial provisor de todos los gustos y las acciones que de forma inmediata necesitan para quedar satisfechos, sino que, simultáneamente al acto de la lectura, poder imaginar y ocupar un espacio donde sea posible unir las diferentes experiencias lectoras y de escritura que cada lector vaya teniendo respecto a la novela que usted ha recomendado. En su "espero que os guste como a mí me gusta" no cabe la disensión, ni la diferencia. Solo cabe el asentimiento. La expresión define un espacio y un tiempo que están por usted previamente ocupados, como si de una propiedad privada se tratara, reservándose de forma implícita el derecho de admisión. Parece sugerir que, a quien no le guste la novela de la manera que a usted le gusta, quedará automáticamente expulsado de su espacio. Una actitud que ha ayudado a fomentar en nuestra sociedad albafetizada y perfectamente informada, y como reacción a la contra, el estéril e improductivo creativamente hablando: ¡qué se ha creído usted!, todo es relativo. O dicho de manera castiza: nada es verdad ni mentira, todo es del color del cristal con que se mira. Queriendo ser especial allá arriba, ha fomentado con su ceguera y terquedad la vulgaridad más horripilante aquí abajo. Sin que se detecte, ni de forma implícita o explícita, su intención de bajar del estrado desde el que, a mi modo de entender, habla cuando dice: "espero que os guste como a mí me gusta", para tratar de incorporarse a esa nueva dimensión espacial a que antes me he referido. Una dimensión que lo es de un tiempo sincrónico, indivisible y continuo, que pone en contacto, como ya he dicho, a todas las diferentes experiencias lectoras que pudiera haber en la lectura de la novela. Un tiempo y un espacio que den cobijo al sentido de la lectura y la escritura, que no es otro que el estar al servicio de la vida concreta y su pensamiento