martes, 15 de mayo de 2018

DATOS POR IDEAS

Cuando se aproxima el mes de junio el alma de los estudiantes de secundaria queda afectada por una agitación cuya procedencia, los exámenes de selectividad, la hacen solo aparentemente obvia. Es seguro que manejan toda la información al respecto, pero aún así no dejo de verlos a la puerta del instituto, en los días previos al examen, con los nervios desatados. Duarte lo explica mediante un sencillo cálculo de probabilidades. Ellos tienen todos los datos de la población que este año acaba el bachillerato, y según la publicidad dominante, Facebook que lo sabe todo de sus usuarios, es fácil deducir con antelación quien va a aprobar la selectividad, y quien no, de todos los que se presentan. Que en este caso son, por un lado, los bachilleres que han optado por la rama de letras y, por otro, los que han pensado que la vida les irá mejor si se adentran por el camino de las ciencias, hecha así la separación a la manera tradicional, ya que las diferentes bifurcaciones que han adquirido, a su vez, la dualista división renacentista tampoco añade nada nuevo al asunto. Muy al contrario, todos esas nuevas carreras acaban confluyendo, o están mediatizadas, si nos atenemos a los contenidos de sus diferentes materias, por el paradigma dominante del conocimiento moderno. Que está construido a partir de una suma incesante de datos, cuya información automática se basa en la combinación de ceros y unos, a lo que se añade la convicción de que el itinerario de un curso, pautado con sus trimestres o cuatrimestres, más la vieja práctica de hincar codos durante ese tiempo, sin que se especifique la intensidad ni frecuencia de semejante anclaje, hará que el alumno lo acabe adquiriendo. Sin embargo, Verónica Muñiz, profesora que da clases de dibujo en el instituto del barrio, no piensa que las alteraciones de los alumnos se deban únicamente a la secuencia de este mecanicismo que parece que se pone en marcha en cuanto se acercan estas fechas. La perspectiva que le proporciona dar una materia que no es estrictamente de letras ni de ciencias, le permite vislumbrar en los alumnos lo que oculta la aparente obviedad de sus conductas. Ella dice que la cuestión de los nervios y ansiedades no tiene que ver con el talento del alumno, que a esas edades como la energía es bastante abundante, sino con la actitud frente a él. O dicho de otra manera, con el talento para sacar todo el jugo al propio talento. Eso se nota de forma especial, dice Verónica, cuando sus alumnos se ponen delante del folio en blanco con el lápiz en la mano. La información que poseen respecto a lo que tienen que dibujar es bastante elemental y la tienen delante, no han de ir a buscarla. Sin embargo, la idea que ha de sustentar al dibujo en el papel y que al final propiciará el conocimiento del trabajo del alumno y de quien, además de él lo contemple después, no está determinada por el mecanismo del calendario ni de la capacidad de “empollar” que tenga el dibujante. En la enseñanza del dibujo lo fundamental reside en el proceso específico de mirar. Es un tópico que Verónica no deja de repetir en los aburridos claustros de profesores, donde al parecer lo importante es cumplir las expectativas que previamente han calculado en el diseño curricular del instituto. Una recta, un ángulo o una mancha sobre el papel no son importantes porque registren fielmente lo que el alumno hay visto, sino por lo que le permiten seguir viendo. No importa tanto su perfección o fidelidad, bien al modelo que tenga delante o al recuerdo de su memoria, como la amplitud de la perspectiva que a través de ellos se abre respecto a cuando todavía no habían sido dibujados. Hay mas resistencia por parte de los alumnos a cumplir los preceptos del diseño curricular de lo que parece, continúa Verónica. Como decirlo, es una resistencia, seguramente nada consciente por su parte, a la suma facilidad que le quieren dar al aprendizaje de los alumnos los directivos de instituto mediante el uso abusivo de la informática. Piensan que no llevándole la contraria aprenderán más y mejor. Sin darse cuenta que, normalmente, la abundancia de datos no les permiten a los alumnos elaborar sus ideas. La abundancia de información, como diría el viejo Platón, es apariencia de sabiduría. La aporía del aprendizaje se topa, así, con la informática, siendo este choque la causa inexplicable - no porque lo sea, sino únicamente porque quienes manejan la comunidad educativa se empeñan en mantenerlo oculto - de los nervios y ansiedades primaverales de los estudiantes preuniversitarios.