martes, 19 de julio de 2016

ENTRE EL ARTISTEO Y EL TURISTEO

En las creencias se está, las ideas se tienen. En la ciudad se está, el barrio se tiene. Y estirando al limite la cita primera de Ortega, en el arte se está, la obra de arte se tiene. Lo que aplicado a la visita que hicimos a Barcelona, se puede resumir: las fotografías de Bruce Davidson son a Sarrià como las de Tony Catany al paseo de Gracia o la plaza Cataluña. El asunto es saber cómo, por qué y para qué. Y a quien le puede importar todo esto.

Es propio de todo ser humano tratar de romper los límites que le impone la jaula intangible del lenguaje y del escenario donde lo arrojan nada más nacer. Así del orden lento y asequible del barrio, o del pueblo, uno aspira llegar al caos apresurado de la gran ciudad. De igual manera en el arte, el artista va de la imitación del orden de la obra del Creador, la naturaleza, al orden compuesto por el mismo como creador. Algo parecido hicimos nosotros en la visita a Barcelona. Visitamos el barrio de Sarrià y su correlato artístico, la exposición de fotografía de Bruce Davidson en la Fundación Mapfre, y también el centro turístico de la ciudad, el paseo de Gracia, y su correlato artístico la exposición fotográfica de Tony Catany en La Pedrera. Entre medias nos salieron al paso dos preguntas. Una, ¿que es una obra de arte y qué es arte? Dos: ¿dónde se vive la vida buena y dónde la buena vida?

Respecto a la primera pregunta Félix de Azúa dice:
"En ausencia de un criterio mejor, consideramos obra de arte la aparición de cualquier conjunto de elementos capaz de producir experiencias estéticas en uno, varios o todos los sujetos, independientemente de las intenciones de su productor, a quien no tenemos inconveniente en llamar artista. Pero esa operación queda encerrada en la oscuridad del sujeto, a menos de que sea adoptada por los medía y convertida en espectáculo. 
La obra de arte, por así decirlo, se presenta a sí misma ante el sujeto y se mantiene como tal obra de arte mientras dura su relación con el sujeto. Sólo en la relación hay obra de arte y sujeto de experiencia estética. Pero nunca nos enteraremos, como no sea a través del espectáculo mediático. 
Fuera de la relación que se establece en la experiencia estética, no hay obras de arte, aunque puede haber documento histórico, síntoma sociológico, valor mercantil, o símbolo nacional". (...)
(...)"Pero la etapa moderna de las artes ha consistido en un ataque o, si se prefiere, en un trabajo negativo y sistemático contra los constituyentes clásicos de las artes. De tal manera que algunas producciones de la etapa terminal del arte moderno 'no son obras de arte' sin por ello dejar de ser arte. Como, por ejemplo, el clásico urinario de Duchamp y todas sus imitaciones y derivaciones". 

Al hijo de esos razonamientos, que me parecen de los más sensatos que he escuchado sobre este asunto del arte y el artisteo, deduzco que las fotos de Davidson son obras de arte y algunas de las composiciones de Catany son sólo arte.

Si podemos romper la jaula intangible del lenguaje que hemos heredado, también podemos hacer lo propio con la jaula del espectáculo en donde nos han metido de coz y hoz, con su mirada incorregible y sus puntos de fuga, sin los cuales seriamos enteramente ciegos. De tal manera que nuestra experiencia estética y emocional con la obra de arte pueda ser adoptada por los diálogos, orales y escritos, de una tertulia en un café, en una biblioteca, en una casa particular, es decir, convertirla en foros ciudadanos fuera de los focos mediáticos. No necesariamente hay que claudicar ante la dictadura del espectáculo. Porque en el espectáculo se está, pero las tertulias como las nuestras se tienen. A mi modo de entender, la desgarro principal que determina el rumbo del mundo actual se encuentra ahí, y de ahí vendrán sus posibles y más que temibles terremotos. Lo cual implica aprender a discernir, para no caer bajo sus escombros, que para Ganarme-La-Vida tengo que pagar, si o si - ya está pasando incluso con las profesiones tenidas por las más nobles - el peaje que imponga el espectáculo, pero para Ganarme-Mi-Vida he de esforzarme por imaginar el tiempo y el lugar donde pueda quedar a salvo del imperio desfigurador de su publicidad y propaganda. Esas dos apisonadoras omnipresentes y sin piedad. Pura pantalla. Dicho de otra manera, la mayor parte de las palabras, imágenes y sonidos que produzcan los seres humanos en el actual Imperio del Espectáculo Global - como en todo imperio que se precie desde el imperio romano - se distribuirán, hasta que vuelvan los "bárbaros" que con sus bombas también quieren formar parte del espectáculo, entre conseguir el pan (de lunes a viernes) y asistir al circo (sábado, domingo y fiestas de guardar). Pan y circo: nadie inventó nunca un mejor eslogan para amansar y estabular a las masas. Las otras palabras, imágenes, sonidos,.. las de ganarse-cada-cual-su-vida, esas que no tienen cabida en la mirada y el escenario del espectáculo porque nadie las vería y no son rentables, tendrán que surgir y sobrevivir - al igual que en el Imperio Romano - en las cuevas y catacumbas, hoy conocidas como tertulias literarias, cafés filosóficos, editoriales minúsculas, pequeños conciertos, etc. Es decir, en los espacios reducidos donde sobrevivir al amparo de las tormentas y tsunamis del impetuoso e imperativo espectáculo globalizador . 

Respecto a la segunda pregunta, comprobé que la vida buena se encuentra en el barrio de Sarrià. Pero la "buena vida" está solo en el centro de la ciudad de Barcelona, y de ella se hacen cargo los "vividores del mundanal espectáculo", que son los que aprovechan el hueco dejado por quienes, "exiliados" en el barrio, se hacen cargo de mantener con dignidad las constantes vitales, palabras, imágenes y sonidos de la vida buena.  

Al final, traté de asimilar como pude el choque de esas dos experiencias - que las puedo sentir y mantener a salvo por separado en mi conciencia, pero que sé que fuera están perfectamente embridadas -, como no podía ser de otra manera, en el Parque del Laberinto. Donde algunos se perdieron y otros, con las suficientes dosis de distorsiones en la cabeza, observamos complacidos las nuevas desorientaciones que les imponía la geometría del jardín del marqués de Lupia