lunes, 29 de diciembre de 2025

JAVIER ALMUZARA

 DOBLE O NADA


No bastaba el don único e indeciso
de coincidir en el tropel del mundo;
pudimos desoírnos. Un segundo
azar, que es doble o nada, fue preciso.

Este presente nos cambió el pasado;
sus fracasos son hoy victorias lentas,
y avances los desvíos, aunque a tientas,
que en secreto llevaban a tu lado.

Cuando el mal tiempo agite sus fantoches,
te abrazaré más fuerte todavía,
pero me iré, tan pronto llegue el día,
feliz si tú me das las buenas noches.

El mutuo amor me inclina a la piedad:
pienso en Dios, esa inmensa soledad.


MAELSTROM

COMO ENFERMAN QUIENES CUIDAN A LOS ENFERMOS 

Escribe Javier Almuzara: “cuando el mal tiempo agite sus fantoches, te abrazaré más fuerte todavía, pero me iré, tan pronto llegue el día, feliz si tú me das las buenas noches.” Al leer estos versos, me parece estar leyendo el diario que Sigrid Rausing escribió mientras estuvo sufriendo, durante doce años, la adición a la heroina de su hermano Hans y su cuñada Eva. Un drogadicto es un fantoche, peor aún, el epítome de todos los fantoches que en el mundo son y han sido. ¿Con cuantas calorías sobrevive un drogadicto fantoche y con cuantas palabras existen sus familiares cuando tratan de ayudarlo? Estas son algunas de las preguntas que desvelan el sufrimiento que padeció Rausing, a través del penoso itinerario en el que trató de cuidar a aquellos, mientras ella a su vez enfermaba. Es también el hilo conductor de sus, aparentemente, distorsionantes frases con las que trata de construir sus reflexiones, una vez que todo ha pasado, como deja claro al lector en la primera frase del libro.


Como lectores del libro “Maelstrom”, de Sigrid Rausing, debemos tener en cuenta que pertenecemos a una sociedad de múltiples adicciones y consecuentemente de múltiples dependencias y codependencias. Este es el paradigma que la caracteriza. Por decirlo así, esa es la sustancia de nuestra actualidad. El chismorreo mediático que contamina todas las formas de hablar y de pensar de los ciudadanos, aniquilando así el espacio de la opinión pública.


El estilo unitario del libro no lo da la solidez de la trama, como es habitual y que tal vez el lector esperara. La unidad del conjunto lo da, otra paradoja más, la voz de Sigrid Rausing que cuenta para entender lo que le ha pasado, después de haber sobrevivido durante doce años al cuidado de la drogadicción de su hermano y su cuñada. Los fantoches de su acaudalad familia. Una voz que es el hilo del collar que ensarta la “perlas” que equivalen a las peripecias de sus personajes durante ese tiempo. Esa voz narrativa se construye, por parte de la autora, sobre la sospecha, o evidencia, de que su realidad y el lenguaje que la nombra se han dislocado, y que sólo queda como territorio habitable la conciencia de esa imposibilidad de recuperar aquella normalidad. Los relatos que cohesionan a las familias y los actos capaces de desintegrarlas, es decir, la manera como se refleja en el texto. Su propio gesto de escribir para responder a las preguntas: “¿Quién soy yo? ¿Cua es la historia de mi vida?”, después de lo que le ha pasado con los fantoches de su hermano y su cuñada. Añora un orden, una ley, una verdad, pero no sabe como puede recuperarlos. Poco a poco se va dando cuenta que solo puede ser escritora de un texto que nada más puede unir fragmentos, que son justamente los escombros de su vida. Como en una ciudad bombardeada, la narradora camina por el texto a través de la niebla que producen los humos. La realidad se fragmenta, el mundo se codifica, la bruma insensata cubre el horizonte. El libro de Rausing es un mapa que no señala lugares geográficos, sino territorios mentales donde la identidad se disuelve y la frontera entre lo real y lo imaginado se vuelve porosa. 


De esta manera va tomando conciencia, a medida que plasma sus palabras en el papel, después de que su vida ha sido “bombardeada” sin piedad, hecha añicos en muchos momentos, por la barbarie drogadicta que acompañaba a los fantoches de su hermano y su cuñada. Al final ha entendido que el vacío interior que los acompañó, como una sombre, durante esos doce años, acabó siendo lo más íntimo de su condición humana. Lo que impedía cualquier tipo de ayuda por su parte. Ahora cuando ha concluido su libro, entiende que Hans y Eva nunca tomaron posesión de si mismos, sencillamente porque no podían hacerlo expulsados como estaban de la ciudad, por más que seguían siendo ricos y tenían un piso de 70 millones de libras en el centro de Londres. Descubrir esto tantos años después, mientras escribía el libro, fue para Rausing sumamente penoso.


El drogadicto fantoche es un nuevo tipo de sofista especialmente escurridizo y muy popular dentro del ámbito del cotilleo mediático. Todavía el drogadicto conserva su aura de héroe acuñada en la fallida revolución de 1968. Fabrica simulacros a base de facundia marketiniana que sus familiares y amigos persiguen en grupo como si se tratara de sentencias oraculares. Vamos, lo que se conoce vulgarmente como un Vendedor de humo, lo que con las redes sociales ha convertido a todos aquellos en unos auténticos fantoches. Son tan veloces que no se los puede refutar o discutir, porque cambian de forma y significan lo mismo y su contrario. Esto es de lo que más subraya Rausing en su libro. Valga este ejemplo sacado del propio libro. “Ahora sé que algunos actos de la vida son irreversibles y pueden conducirnos a paisajes con los que jamas habíamos soñado.


De todas las heridas que se inflige el ser humano, la drogadicción es una de las más trágicas. ¿Quien puede ayudar a un drogadicto fantoche, consumido por un ansia vergonzosa, por una necesidad incontrolable? No hay medicamentos: las drogas son el medicamento. ¿Y quien puede ayudar a las familias, tan implicadas en la autodestrucción del toxicómano? ¿Quien puede ayudar cuando, en la mente de este, la misma noción de “ayuda” se convierte en sinónimo de ejercicio de poder; de estado policial constituido por la familia; de fin de la libertad?

 

Sin embargo, sugiere Rausing, el intento de repetición de lo que ya no es factible, a saber, que nada haya pasado, que el deseo de que la vida del drogadicto fantoche no cambie y que todo vuelva a ser como antes, cuando lo cierto es que todo en su vida ha cambiado y ha hecho cambiar la de los demás, siendo ello la causa de la colosal desorientación y dolor de la familia. Todo lo cual nos debería hacer reflexionar, a los lectores también, una vez metidos en estos berenjenales, no tanto sobre cómo salir para hacernos felices, sino cómo salir para hacernos dignos de serlo.


viernes, 26 de diciembre de 2025

BEATRIZ VIGNOLI

 El pino

Apagué los motores
y anduve a la deriva
¿cuántos años anduve
a la deriva, el motor apagado, ni
impulso ni gobierno, sin dirección?

Me recuerdo leyendo neones
a la vera de avenidas
desiertas. ¿Cómo pudo
nevarme encima todo este cansancio?
¿Cómo pudo acumularse, quedar ahí toda la vida?

Sacudo la cabeza como un pino. La nieve
no se va.


CLUB DE LECTORES ADULTOS 47

 Claro que nada es verdad ni mentira, sino dependiendo del cristal con que se mira, es decir, dependiendo de la interpretación que cada lector haga del texto que lo convoca con los otros lectores adultos. Entonces, ¿para que quedamos con estos?; ¿para que nos convocamos alrededor de un libro concreto, al frente del cual se nos presenta un narrador concreto?; ¿para manifestar la obviedad de que nada es verdad ni mentira, etc, etc.; ¿es así como alcanzamos la notoriedad de ser un lector adulto? 

Ser un lector adulto, pienso yo, es más bien quedar con otros lectores adultos para explicar, para hacer entender a estos qué significa esa interpretación que previamente cada cual ha tenido con su lectura en solitario; qué significa esa lente ese cristal con que dice el refrán que cada cual miramos; qué significa el donde ese ojo dice que mira y con qué intensidad llega a donde dice que llega; y en qué medida tiene puntos en común con los otros ojos de los lectores presentes que también, según el refrán,  hacen lo propio. Y es que en el club de lectores adultos estamos leyendo dentro de lo finito de nuestra individualidad, pero intuimos que hay algo infinito que nos une y que nos da sentido y consistencia de especie hablante y lectora, digo yo. 


Y, sin embargo, digo yo también, que las sonrisas y abrazos efusivos que se ven en las fotografías de las presentaciones de libros o de las reuniones de los clubs de lectura, transmiten la sensación de la celebración de lo obvio. A saber, que bien que nos hemos reunido para celebrar lo obvio, que no es otra cosa, como ya sabemos, que cada uno lee los libros dependiendo del cristal con que los ha mirado. Que suerte que tenemos. Sin embargo, lo que esas fotografías no transmiten, porque seguramente no pueden hacerlo, es justamente la celebración de las diferencias que hay entre esos mismos lectores; y que supone eso de ver las cosas de maneras distintas; y adonde nos lleva y cuál es el ámbito y cuál es el aliento. Eso no se celebra porque eso no se sabe lo que es todavía, ni hay ninguna garantía de que se pueda llegar a saber. Por eso nos seguimos reuniendo alrededor de un libro, que previamente hemos leído en solitario.

martes, 23 de diciembre de 2025

FERNANDO BELTRÁN

 LA PACIENCIA DEL COBRE

Apenas somos manos

asustadas,

abruptas intemperies
construyendo bancales
para aplazar el vértigo,

construyendo caricias.

La piedra de la edad
y este silencio roto
por tu azul.

Cuerpos tendidos
para aplazar el vértigo.

Me muero de belleza
y sangre roja

atada al corazón

UN DÍA CUALQUIERA

 Es el día que podemos pensar más allá de la actualidad - para poder llegar a ser alguien - que determinan los días laborables, que no son días cualquiera porque no son nuestros. Son de otros, son del trajín de la actualidad al servicio de los otros. Son los días en que no somos nadie.

Cualquier vida humana es toda la vida humana. No hay vidas por encima de otras. Todas, incluso las peores, llegan a profundidades inesperadas. Así John Cheever en el cuento “Un día cualquiera” mira y mira, y deja que su mirada se eleve. Adquiera el aura perdida. Le interesa el destino humano, lo que nos arrastra, la voluntad de deseo, la precariedad insondable que constituye la mortalidad. Así un día cualquiera es todos los días.


No hay ningún ismo ni ista ni propaganda que module la forma del cuento y de su lectura. Solo los diferentes latidos de la vida encarnados en las acciones y decires de sus protagonistas, y de las relaciones que mantienen entre ellos. Sus acciones y sentimientos están todos en el mismo plano, las de los dueños (visita a “Emerson house” incluida) y las de los criados (el amor de Agnes por Carlota). A través de la voz del narrador. Hay en la prosa narrativa del cuento de Cheever algo que la hace depurativa, así los pasajes transmiten plasticidad al lector, su estilo se muestra siempre muy atento a los efectos de la luz, a las perspectivas, a los encuadres de las acciones de los personajes. Destacar, en fin, su excelente dominio del tiempo narrativo. 


No es un cuento sociológico, ni psicológico, ni progresista, ni reaccionario, ni historicista, ni ecologista, ni animalista. Es un cuento sobre la vida antes que todas esas ideología se pusieran encima y le robaran sus latidos. Tote lege. Coge y lee, dice san Agustín, antes de que vengan los predicadores de cualquier especie a decirte cómo y cuando y donde tienes que leer. Sin darnos cuenta, la advertencia viene a cuento porque nuestros días cualquiera, uno a uno, los vivimos bajo la influencia del paradigma que hemos heredado.


No hay ideas reseñables en el cuento “un día cualquiera”, mas bien la firme intención por parte del narrador de que todas esas ideas, que gravitan más allá de la propia vida de los personajes, se mantengan a raya en sus cuarteles de invierno. Por eso a “Un día cualquiera” lo animan y mueven más bien las creencias de los personajes que están ahí, como si estuvieran diciendo con lo que hacen: estamos aquí porque es donde queremos seguir estando. Pero alerta, lo significativo en las palabras que se leen (presentar el mundo) en el cuento no es lo mismo que lo significativo en las palabras (que el hablante utiliza en la vida cotidiana (estar en el mundo). Lo que pasa es que “presentar el mundo” (un saber más allá de la actualidad) y “estar en el mundo” (un saber propio de la actualidad) en este cuento se solapan.

sábado, 13 de diciembre de 2025

CORAL BRACHO

 Como un acuario

La luz de la tarde escoge algunas plantas
y en algunas de sus hojas penetra.

Como un acuario encendido por sus peces;
como un fluir
de la noche
entre rastros de estrellas,
transcurre
en su quietud
la maleza. 

EL MITO VIAJERO

 Cuando uno no sabe adónde va es algo muy triste, por mucho que las agencias de viajes te vendan alegría a mansalva si les compras lo que te ofrecen. Debido al tabaco y al sobre peso, llegué con la lengua fuera a las puertas de la Iglesia de Todos Los Santos, en la ciudad de Wittenberg, para rendir mi particular homenaje a Martín Lutero que clavó en aquellas las 95 tesis que impugnaban la autoridad del Vaticano e iniciaban así la Reforma Protestante que cambiaría el mundo. Desde que hace años entendí que viajar está asociado al mito - sin cuya existencia no podemos entender lo que nos pasa - y que el mito está vinculado al lugar de los hechos que lo crearon, soy el viajero más feliz de la Tierra. 

jueves, 11 de diciembre de 2025

JOSÉ LUIS ARGÜELLES

 PROTESTA Y ALABANZA (fragmento)

Este triste y colérico consuelo

(algo así dijo Geoffrey Hill que es la poesía)

reúne luz y sombras en la página,

incendia la memoria con sus músicas

y excava las raíces de un jardín inverso.

Busca la duración,

pesa sílabas y alza imágenes sutiles,

pero nos deja intacto el daño de los días

y jamás restituye,

pleno,

aquel instante en que supimos un desnudo,

la rosa del amanecer en esos labios,

todos los sueños de la juventud insumisa.

VIAJAR

Era más que una bendición pues exigía que se debía cumplir ya de forma inexorable, pues no era otra cosa lo que había estado soñando desde que ascendió a director de la sucursal del banco de su barrio. Me estaba hablando, para eso me había citado en la cafetería debajo de su casa, del viaje a Atenas que estaba preparando y de la ilusión que le hacía, desde que descubrió su existencia en el instituto, hacerse una foto con el Partenón a su espalda, y de inmediato colgarla en su cuenta de Instagram. No me dijo nada del significado que para él tuvo aquel descubrimiento temprano, ni si lo descubrió en tratos librescos posteriores con el edificio ateniense a lo largo de su vida. Para él, deduje, el Partenón era una foto fija en la que faltaba una pieza, que no era otra que el mismo delante. Esta intuición me parece el epítome publicitario de todas las agencias de viajes. Lo que no sé es el porqué ninguna la ha incorporado, al menos yo no lo he visto, en sus incansables y agresivas campañas de promoción viajera. Siendo tan explícita, tal vez los creativos de tales agencias, tan suspicaces ellos para los detalles de sus ocurrencias, piensen que los consumidores puedan entender - como dijo Madame de Stael, una mujer que se movió mucho a lo largo de su vida -, que viajar con tal propósito sea, al fin y al cabo, uno de los placeres más tristes de la vida. Viajar es triste, sí, cuando uno no sabe adónde va.


martes, 9 de diciembre de 2025

CLARA JANÉS

 ORBES DEL SUEÑO


En la carne de ayer
aunque de la conciencia
pase al olvido
queda
la huella
rastro
a ras de alma
dormir
es estar en vela
vivir
es carne
a cada instante
y el anhelo
mura
por una mirada
nada va a suceder
estar aquí lo es todo
y ya no es

CLUB DE LECTORES ADULTOS 46

 Así respondió Kant, en septiembre de 1784, a la pregunta ¿Qué es la ilustración?, que le habían encargado en una revista de la época:

Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. Sapere aude! ¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la ilustración. Pereza y cobardía son las causas merced a las cuales tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad durante toda su vida, pese a que la naturaleza los haya liberado hace ya tiempo de una conducción ajena (haciéndoles físicamente adultos); y por eso les ha resultado tan fácil a otros el erigirse en tutores suyos. Es tan cómodo ser menor de edad.” 


Es tan cómodo y, por tanto, tan previsible, que los menores de edad, pero físicamente Adultos,  no alcanzan a ser otra cosa que resentidos y resabiados. De repente, al ser vulgar de toda la vida se le llena el bolsillo de dinero y deviene un ser estúpido. Dinero mas estupidez, pereza mas cobardía. En esas estamos, más de doscientos cuarenta años después que Kant abriera la traza para caminar solitos, sin tutelas eclesiales y laicas,  por las sendas de la modernidad. Sapere Aude.


Los lectores adultos pequeño burgueses de hoy en día, por decirlo así, son moderaditos porque piensan que lo más importante en el acto de la lectura es evitar sobresaltos y mantener las palabras de las paginas del libro, que los ha reunido en el club de lectura, con la literalidad que aparecen escritas. Aunque luego les guste aparecer en público, llenándose la boca con las últimas palabras de la moda cultural con las que creen tener derecho a que no los echen de su paraíso.


Lo decía el gran Mingote en una viñeta de hace ya décadas. En ella, dos señoronas hablan entre sí, y una tranquiliza a la otra: «Al cielo, lo que se dice ir al cielo, iremos los de siempre». Al lector ateo pequeño burgués actual, heredero de las palabras de aquellas señoronas de antaño,  eso le apacigua: si uno llega al club de lectura y se encuentra a los mismos amigotes de siempre la lectura en compañía de hace mucho más tranquilizadora y divertida.

lunes, 8 de diciembre de 2025

RABINDRANATH TAGORE

 Para que yo te cante…

Para que yo te cante me mantienes
en vela y me regalas más latidos
de los que caben en mi corazón.
Es de noche y los pájaros regresan
a sus nidos, las barcas a la orilla.
Pero mi cuerpo no regresa al sueño
porque sigue enredado en la memoria
del néctar de tus risas y tus lágrimas.
Para que yo te cante te mantienes
escondida detrás de mi tristeza.

VIAJE POR TIERRAS LUTERANAS 3

 WITTENBERG: EL ESPÍRITU DE LA REFORMA PROTESTANTE 

Todo empezó el 31 de octubre de 1517. Ese día fue cuando Martin Lutero se arremangó las mangas de su túnica agustina y en compañía de sus cómplices y colaboradores - los mismos vecinos que vivían en la calle del Colegio de Wittenberg, es fácil imaginarlos - a primera hora de la mañana se dispusieron a recorrer la distancia que los separaba de la Iglesia de Todos Los Santos en la misma ciudad para clavar en su puerta principal las 95 tesis que Lutero había escrito contra las prácticas corruptas de la élite vaticana, de las cuales había cogido buena cuenta en el viaje que él mismo Lutero hizo a Roma en 1510. Desde entonces tomó la decisión de que eso no podía continuar así, al menos en él área de influencia de sus apostolado, por decirlo de manera solemne, como al propio monje agustino le hubiera gustado. No hay que olvidar que Lutero era una gran teólogo y erudito estudioso de las sagradas escrituras. En Wittenberg era profesor en la Universidad que había sido fundada por el elector Federico III, el Sabio, y predicaba asiduamente en la Iglesia de Santa María, vale más decir que impartía clases magistrales sobre las enseñanzas bíblicas y como se debía abordar su lectura. Pues era aquí donde radicaba la ruptura con el Vaticano. Dicho de manera rápida, para alcanzar la salvación eterna todo dependía de la Fe, no de las buenas obras o de la compra de bulas editadas por la Santa Sede. La Fe depende de cómo cada creyente se entregue a la lectura de la biblia. Las buenas obras y las bulas dependen del dinero que tenga el creyente en su cuenta corriente. Esto lo vio claro el agustino desde que volvió de su viaje a Roma, como ya he dicho. La Fe de cada creyente no es una moneda de cambio, ni una mercancía en el mercado de valores Vaticano. La Fe de cada creyente depende únicamente de él y de su forma de leer la Biblia, y después comentarla con sus colegas. Para entendernos, Dios no es un mercader ni un agente de bolsa. Como pretende ser, para entendernos, Bill Gates, Bezos,Zukerberg, etc. y sus cofrades disfrazados de los nuevos Dioses de la era digital. El Dios de Lutero es ese Ser que estando por encima de los particulares seres humanos, está también dentro de la Biblia de cada creyente y, por tanto, al alcance de su lectura. No le hace falta que nadie le compre su voluntad y su Fe con añagazas comerciales y de saldo. No en balde, si se dan un vuelta por la tierras luteranas, observarán que en la mesita de noche de la habitación de cada hotel hay una Biblia a disposición del cliente.

Una vez clavadas las 95 tesis en la puerta de madera de la Iglesia de Todos Los Santos, la imprenta de Guttenberg recién estrenada se encargó de hacer su trabajo llevando a cabo su difusión masiva. Tanto fue así que en poco tiempo las palabras de Lutero llegaron a oídos de los lectores cultos de todo el continente europeo, que en aquella época era como decir del mundo. Ni que decir tiene que uno de los lectores cultos de la época era el Papa León X. Después de diferentes tomas y dacas entre la curia Romana y el entorno luterano de Wittenberg, el papa León X promulgó la excomunión del monje agustino. Lutero no solo no hizo el menor caso, sino que cogió el papel de la excomunión y, en lo que debió ser una acto conjunto más de la Rebelión contra la autoridad papal, lo rompió a las afueras de la ciudad, justo donde más tarde se plantó un árbol - en la visita que hicimos al lugar de los hechos, me pareció distinguir que el árbol es un roble. El frente de batalla cultural y religiosa no fue solo contra el Vaticano, sino contra la otra cara del poder ecuménico en esa época: el emperador Carlos V. El poder de lo celestial y de lo terrenal contra la firme determinación y Fe del agustino de que la unidad de la cristiandad se había acabado. La cita para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo fue en Worms, a orillas del Rin. El trilero del emperador llevaba un plan B si no se llegaba buen puerto en las negociaciones, un puerto que estuviese bajo su mando. Y claro está, el acuerdo no llego y el barco naufragó. El del emperador era marca de la época:  detener y asesinar a Lutero. Pero el elector Federico III el Sabio se adelantó he hizo desaparecer a Lutero escondiéndolo en el castillo de Würzburg, cerca de la ciudad de Eisenach, donde Lutero había estudiado de joven después de abandonar su ciudad natal de Eisleben. Se da la circunstancia que durante el su “dorada desaparición” Lutero inició la traducción de la biblia al alemán, lo que supuso también la creación del alemán moderno, tal y como se habla actualmente en los diferentes estados federados que forman Alemania.

Cuando Lutero pasó aquel día de Octubre, en el que anunció urbe et orbi las 95 tesis, delante de la Iglesia de Santa María, no pudo llegar a imaginar que ocho años más tarde contraería matrimonio en esa misma iglesia con Catalina de Bora, monja católica enclaustrada que se convirtió al protestantismo, con la que Lutero tuvo seis hijos. Se considera que Catalina, una de las mujeres más importantes de la Reforma, ayudó a definir la vida de familia protestante y a fijar los matrimonios del clero.

La iglesia de Santa María de Wittenberg es la iglesia principal de la ciudad de Wittenberg. Los reformadores Martin Lutero y Johanes Bugenhagen, líderes de la Reforma Protestante, predicaron allí en el siglo XVI y en dicho edificio también ocurrió la primera celebración de la misa en alemán en vez de latín y la primera distribución del pan y el vino a la congregación; se le considera la iglesia de la Reforma.

miércoles, 3 de diciembre de 2025

NELMARIES MEDINA

 Moonmen

Encontrar belleza en las palabras
flotar en cobijas de sueldos
que se rompen con un ladrido
Ser meteorito que destruye
el espacio que aconseja estas
estrellas embusteras
El cordón umbilical
que traspasa el agujero
andante de mi cabeza
A quién engaño
soy polvo de estrellas
en un reloj de arena

VIAJE POR TIERRAS LUTERANAS 2

 WITTENBERG: SUS VECINOS MÁS ILUSTRES

Wittenberg es una ciudad del estado federado de Sajonia-Anhalt (Alemania) sede del distrito homónimo, situada a orillas del rio Elba, con una población cercana a los 50 000 habitantes. Su nombre oficial es Lutherstadt Wittenberg ('Wittenberg, Ciudad de Lutero'). Más allá de los datos oficiales, prefiero llamarla “ciudad donde está presente el espíritu de Lutero”, que es lo mismo que decir el espíritu de la lengua alemana, que es lo mismo que decir que el espíritu de nación alemana, que es lo mismo que decir que espíritu del capitalismo renano, el de las manos encajadas como símbolo del acuerdo obtenido entre los negociadores. Claro está, todo lo anterior sea dicho y entendido de manera incipiente o fundacional. Wittenberg es eso, una ciudad donde algunos hombres y mujeres dieron e hicieron los primeros balbuceos de asuntos y cosas que hoy nos parecen habituales.

Al llegar pedaleando a Wittenberg, mejor dejarte cautivar por la invisibilidad de todos estos espíritus antes dichos, encarnados en los diferentes testimonios arquitectónicos y de otra índole que aún se conservan en la ciudad. Este ejercicio mental es necesario si se quiere llevar cabo eso que está de moda en las exposiciones museísticas actuales, a saber, dialogar con esas diferentes presencias, que llevan pululando por la ciudad desde hace más de quinientos años. Me vienen a la memoria, ahora que escribo estas líneas, las palabras del irlandés Conor - el compi de mi mujer en el curso de alemán en Berlín que he mencionado en una entrada anterior - respecto al imperio británico, que no eran dialogantes precisamente, y eso que lo tiene enfrente de casa. Lo que me hace pensar sobre la oportunidad de la moda de la palabra diálogo. Quizá sea la única posibilidad del mismo: dialogar con los muertos y con las épocas que ya no son la nuestras. Pues dialogar con los vivos en nuestra época, en la que todos esos vivos tienen opinión de todo y todas esas opiniones valen lo mismo con tal de que sean dichas, sin importar la fundamentación de las mismas, se está imponiendo como un logro imposible de alcanzar, por más que la mayoría tenga la palabra diálogo entre las primeras dispuestas a salir de sus bocas una vez metidos en el tobogán de la cháchara habitual. Así que llegar en bici a la ciudad del espíritu de Lutero, me predispuso a dialogar hasta con las piedras que son los únicos testigos vivos de aquella época que, como no podía ser de otra manera, se caracterizó por se cualquier cosa menos dialogante. Item más, la reforma luterana, iniciada en Wittenberg, fue el antecedente, cien años antes, de las guerras de religión que asolaron el continente europeo durante treinta años. 

Con todo lo anterior en las alforjas experimenté un renovado y extraño placer - era la segunda vez que lo hacía - al entrar en Wittenberg por una de sus calles principales, la calle Colegio, la otra, paralela a esta es, la calle del Medio. La traza de estas dos calles, que vertebran el urbanismo del resto de la ciudad, se mantiene intacto desde la época en que debió pasear por ellas Martin Lutero y su tropa. En términos de la mirada del turista actual, en la calle del Colegio (con, más o menos, 1000 metros de longitud) está todo el espíritu de la reforma luterana: edificios, iglesias, plazas, estatuas, símbolos diversos, etc. y la mayoría conserva el aspecto de la época. Lo que más me llama la atención de la reforma luterana es la estructura moderna con que envuelve ese espíritu al que vengo haciendo referencia. A mi entender anticipa las revoluciones europeas modernas de los siglos XVIII y XIX. Tiene un líder, una cabeza visible, Martín Lutero, su leal cómplice y colaborador, Felipe Melanchton, el jefe del departamento gráfico y de publicidad, Lucas Carnach el Viejo, un buen número de abogados y leguleyos con nombres y apellidos de distinta estirpe y un protector y alentador de todos ellos y sus afanes, Federico III el Sabio, elector de Sajonia. Todos ellos eran vecinos de Wittenberg bien avenidos, los más importantes tenían su casa en esta calle del Colegio, vivían por tanto a pocos metros unos de otros, lo que me hace imaginar el permanente contacto visual y verbal que tendían para poner al día los matices de sus ideas y el curso que llevaba la Reforma entre los oyentes y entre los oponentes. Tal proximidad también debió construir una red de protección frente a las amenazas externas de estos últimos, provenientes en su mayor parte del entorno papal en el Vaticano, que ya se había tenido que enfrentar a otros cismas fracasados: cátaros, Avignon. Pero lo que nos se podían imaginar el papa León X y sus cuates era que esta vez el cisma tenía vocación de victoria.


lunes, 24 de noviembre de 2025

FRANCISCO DE FIGUEROA

SONETO DE AMOR 

Perdido ando, Señora, entre la gente
sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida;
sin vos porque de mí no sois servida;
sin mí, porque no estoy con vos presente;

sin ser, porque de vos estando ausente
no hay cosa que del ser no me despida;
sin Dios, porque mi alma a Dios olvida
por contemplar en vos continuamente;

sin vida, porque ya que haya vivido,
cien mil veces mejor morirme fuera
que no un dolor tan grave y tan extraño.

¡Que preso yo por vos, por vos herido,
y muerto yo por vos de esta manera,
estéis tan descuidada de mi daño!


VIAJE POR TIERRAS LUTERANAS 1

 LEIPZIG

Quedamos con Conor, un compañero de estudios alemanes de mi mujer, en Leipzig, con la intención de cenar juntos la noche del domingo. El curso de alemán había acabado el viernes y era una forma de despedirnos. Conor es un irlandés de Galway que habla de forma aceptable el español, así que no fue difícil aceptar la cita por parte de todos. También es un irlandés que ha heredado de forma civilizada las inquinas de la época imperial británica, lo cual le hacía aparecer como un inglés exiliado en su insularidad. Visto así de exótico, la impresión que me dio al oír sus primeras palabras fue que su familia bien podía haber nacido en Burgos o Nápoles, aunque emigró a Galway mucho antes de que él naciera. Sin embargo, lo que me pareció más interesante de su lugar de nacimiento fue - y así se lo hice saber en algún de nuestras conversaciones, en la cafetería de la escuela durante los descansos de las clases - que Galway era también la ciudad natal del primer novio de Gretta Conroy personaje fundamental en el desenlace final del cuento de “Los muertos”, de James Joyce. Conor se dio por enterado pero no manifestó - ni a favor ni en contra, lo cual se lo agradecí - ningún comentario respecto a ese paisano de ficción que lo había traído a colación al poco de conocernos. Ni respecto al autor de cuento, Conor estaba hospedado en Berlin, en casa de un amigo, y pensaba quedarse una semana más para seguir estudiando el idioma de Lutero. 

Antes de la cita con Conor nos dimos una vuelta en bici por el centro de Leipzig y alrededores. Mientras escribo esta crónica, leo la noticia que al fin han validado la autoría de una pieza musical para órgano escrita por Bach en el tiempo que vivió en Leipzig. La pensaban estrenar, con todos los honores, esta semana misma, en la iglesia de Santo Tomas, donde el músico trabajó como Kantor y donde se encuentran sus restos mortales. Algo de aquella noticia  leímos, en forma de rumorología, en la visita que hicimos la iglesia aquel domingo de agosto del que estoy hablando. La iglesia de Santo Tomás es una iglesia luterana. Es conocida por ser el lugar donde Johann Sebastián Bach trabajó como Kantor y donde se encuentran sus restos mortales. De estilo gótico, en el lugar que hoy ocupa ha habido otras iglesias desde el siglo XII y diferentes remodelaciones a lo largo de la historia moderna. En ella predicó Martín Lutero el domingo de pentecostés de 1539.


Aunque la huella de Lutero en Leipzig tiene su mayor presencia e intensidad en el palacio de Pleissenburg, donde tuvo lugar en 1519 el Debate de Leipzig. El Debate fue una “disputatio teológica” ocurrida en junio y julio de 1519, entre Andreas Karlstadt, Martín Lutero, Felipe Melanchthon y Johann Eck. Eck, un defensor de la doctrina católica y fraile dominico muy respetado, había retado a Karlstadt, un teólogo, a un debate público sobre el libre albedrío y la gracia. Su propósito era discutir las enseñanzas de Lutero, quien en 1517 había iniciado la Reforma protestante con la publicación de sus 95 tesis. El palacio de Pleissenburg actual ha perdido la unidad y fuerte presencia que muestran las litografías de época, debido, sobre todo, a los efectos de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y las posteriores reconstrucciones, que han dejado su imagen un tanto fragmentada rompiendo la continuidad de sus partes respecto a la del original. Una placa en una de las alas del palacio recuerda la “disputatio teológica” del siglo XVI que se celebró allí.


La Universidad de Leipzig fue fundada el 2 de diciembre de 1409 por Federico I, elector de Sajonia, y su hermano Guillermo II, margrave de Meissen. En su origen, estuvo formada por cuatro facultades. Actualmente, posee catorce facultades y cuenta con alrededor de 26 000 estudiantes. La Universidad ha cumplido más de 600 años ininterrumpidos dedicados a la docencia y a la investigación.


Mientras paseo de un edifico, la universidad de Leipzig, a otro, el palacio de Pleissenburg, las calles de Leipzig no dejan de recordarme las señas identitarias centenarias de la ciudad, hechas con la profusión de ferias y mercados así como con la huella que dejó en la ciudad la producción de libros como consecuencia de la invención de la imprenta, mientras paseo, digo, me cuesta sustraerse al vínculo que detecto entre el edificio de la universidad  y el palacio de Pleissenburg bajo la influencia de reforma protestante de Lutero. Cuesta no asociar los debates estudiantiles con las réplicas y contrarréplicas del agustino Lutero y el dominico Eck, sobre lo que cada cual entendía por el libre albedrío y la gracia. Y bien mirado es un debate que, mutas mutandis, conserva todavía hoy - época de más polarización ideológica que la del siglo XVI, si cabe - su aura y fulgor en las discusiones a cara de perro sobre los asuntos religiosos del siglo XXI, así en la redes sociales como en las aulas universitarias. A saber, el cambio climático, las relaciones intersexuales e intergeneracionales, la resignificación del pasado, el animalismo, el transhumanismo y su castigo adjunto mediante las cancelaciones preventivas impuestas por los belarminos correspondientes. En fin, el debate de siempre que no cesa, sobre donde colocar el cuerpo y donde el alma en el cosmos del tecnocapitalismo actual. Y, como no, que hacer ante la lectura obligada de las diferentes biblias que acompañan a todas esas creencias: deben ser hechas por predicador interpuesto, como creía el católico Eck, o a solas con tus pecados y virtudes, como creía Lutero.


La batalla de Leipzig (16 a 19 de octubre de 1813), también llamada batalla de las Naciones, fue un enfrentamiento dentro de las llamadas guerras napoleonicas, en el que Napoleón Bonaparte incó el morro y el sombrero ante los ejércitos aliados, casi de forma definitiva. Fue el mayor enfrentamiento armado de todas las guerras napoleónicas y la batalla más importante perdida por segunda vez por la Gran Armada, después de la derrota en la batalla de Bailén en España cinco años antes. En la cena que mantuvimos con Conor, nos recomendó vivamente que visitáramos al día siguiente el monumento que, en 1913, fue construido en conmemoración del centenario de la batalla, pues a su entender, nos dijo, es uno de los principales monumentos de Leipzig, La estructura mide 91 metros de altura. Tiene más de 500 escalones que ascienden hacia la plataforma superior, en la parte más alta del monumento, desde donde se contemplan unas enormes vistas de la ciudad y sus afueras. La estructura está hecha de hormigón, recubierta con placas de granito. Su construcción fue financiada enteramente por donaciones particulares y por una lotería independiente del Estado. El Kaiser Guillermo II estuvo presente en la inauguración, pero solo como invitado, ya que no habló. El monumento es considerado uno de los mejores ejemplos de la arquitectura guillermina con muchos elementos masónicos. He de reconocer, que la invitación de Conor fue determinante en la decisión de ir a ver el monumento, mejor dicho en la manera de verlo una vez estuviésemos delante. En la conversación Conor resaltó su grandiosidad no tanto por sus dimensiones como por lo que representaban. Noté enseguida que la sombra del imperio inglés rondaba entre los platos de la mesa en que nos habíamos sentado para cenar. También noté que no era un apasionamiento furioso sino comedido, atravesado por la razón lógica. En ese momento de 1813 Napoleón Bonaparte representaba para Europa lo que Inglaterra representaba para Irlanda. Una imposición por la fuerza, si quieres bien y si no quieres también. No me atreví a preguntarle si esa herencia impositiva formaba parte del carácter irlandés, o era un asunto más bien particular del suyo. Al despedirnos, nos miró agradecido por la compañía y a través de la forma de esa mirada deduje que aquella herencia forma parte de la atmósfera tranquila que hoy se respira en la isla del verde esmeralda. 

miércoles, 19 de noviembre de 2025

RAQUEL BECK

 Cuando perdimos el miedo a volar

Nosotros también echamos a volar
como lo hacen los pájaros
después del estallido de un disparo,
asustados.

Nosotros también echamos a volar
un día cualquiera de invierno;
buscando el calor del sol,
siguiendo las migas de pan,
intentando encontrar el camino

CLUB DE LECTORES ADULTOS 45

 Hace cien años ya, Ortega y Gasset dejó escrito algo muy pertinente a la dinámica de los clubs de lectores adultos actuales. Cito: “las ideas se tienen y en las creencias se está.”

*

El lector que tiene ideas necesita a los otros lectores que tienen distintas ideas. El lector que solo tiene creencias necesita, todo lo más, a lectores de creencias iguales, siendo los demás, en el mejor de los casos, indiferentes a su atención.

*

Las creencias hace a quien está en ellas autosuficiente  y autocomplaciente. Las ideas, por contra, hace a quien las tiene dependiente y ambiguo. Las creencias son a la libertad de expresión contra el tirano, como las ideas son al atrévete a pensar dentro de la democracia donde predominan los ciudadanos. Otra cosa es que contra el tirano viven mejor quienes nunca se atreven a pensar por sí mismos. 

*

La realidad compartida, alrededor de la cual se ordena todo Club de lectores de adultos, es un tapiz formada por el intercambio, no siempre fluido, de las ideas que cada cual tiene, pues las ideas son transitivas y comunicables. Mientras que las creencias, no pueden formar realidad compartida, pues son intransitivas e incomunicables. Por decirlo así, las ideas son a la Razón creativa, como las creencias son a la Fe unívoca.

*

Por tanto, el Club de lectores adultos es una zona de compromiso incómodo debido a las zonas de fricción que lo constituyen, que son las condiciones de posibilidad para atravesar la diferencia de ideas entre los asistentes sin tener que abandonarlo, al contrario, para hecerlo más fuerte e inteligible en cada lectura compartida.

lunes, 10 de noviembre de 2025

D.H. LAWRENCE

 Los desarraigados 

Quienes se quejan de su soledad deben haber perdido algo,
perdido alguna conexión viviente con el cosmos, fuera de ellos,
perdido su fluir vital,
como planta a la que han cortado las raíces.
Y están llorando como plantas a las que han cortado la raíz.
Pero la presencia de otras personas no les dará una nueva conexión con las raíces.
Solo les hará olvidar.
Deberían lenta y laboriosamente, en soledad, echar nuevas raíces
en lo desconocido, y arraigarse.

CIUDADANO BERLINÉS 7

 Desde el aeropuerto de Tampelhof volvimos al centro de Berlín dando pedales, como habíamos ido. Pedalear por Berlin siempre es un sencillo placer que no se deja abrazar por el tedio de la rutina del hecho mecánico del pedaleo, muy al contrario, renueva el espíritu y las percepciones de quien va subido en la bici. De camino nos topamos con una antigua fábrica de cervezas, convertida hoy en un centro poli cultural, como no puede ser menos en esta época posmoderna. Todo es cada parte, como si cada parte fuera solo ella el uno. Esta fábrica de cerveza del s. XIX es en la actualidad uno de los lugares de actuación más versátiles de Berlín. El monumento industrial contiene seis patios interiores comunicados entre sí y más de 20 edificios que se utilizan por los creativos para una amplia oferta cultural: desde fiestas hasta teatro, pasando por cine o gastronomía. La Kulturbrauerei, así se llama este espacio, está situada en el distrito de Prenzlauer Berg. Cuando visito estos espacios, que se han generalizado en las grandes ciudades al mismo ritmo que el turismo de masas iba conquistando sus centros históricos y aledaños, no sé si están a servicio del ideal ilustrado, el más acabado eslabón del original Sapere aude, o son ya los primeros testimonios, rudimentarios muy a pesar de su estampa de diseño sempiterno, de la nueva época que yo denomino el fantocheo cultural: busque los antónimos de miedo, ignorancia, pereza y cobardía, y tendrá los rasgos cabales de la nueva máscara de quienes deambulan sin parar por estos patios y pasillos. 

Al salir de la antigua fábrica de cerveza - todo bien aquí se está muy bien, no se imagine lo contrario por lo me ha oído decir - volvimos a subirnos a nuestras bicis y nos dirigimos a hacer una visita a Anna Frank, en el barrio judío del distrito antes mencionado. Ya la habíamos visitado en Amsterdam, donde nació toda su leyenda, que ha acabado extendiéndose por el planeta. El centro de Anna Frank está situado en uno de los callejones que forman el barrio judío de Berlín. Después de haber visto el de Amsterdam, bien puede verse como una sucursal de aquel. Entendida sucursal como una réplica de los ya visto. Dicho de otra manera, es como si el que fuera el barrio judío de cualquier ciudad, dentro del reordenamiento cultural al que todas las ciudades se sienten llamadas en la actualidad, se vieran ante el deber moral de recordar a la adolescente que viene asombrando al mundo desde que publicaron las palabras que dan forma a su conocido diario. En esta ocasión me llamó la atención la colección de fotografías repartidas por las diferentes salas del centro, y en las que aparece Ana Frank, sino en todas en la mayoría, posando al lado de sus familiares. Ello me permitió ver con más detalle la niña que no dejo de ser Anna Frank hasta que murió de tifus en el campo de concentración de Bergen Belsen. Su encumbramiento como narradora diarista, la más joven de las conocidas hasta ese momento, y vinculada a los hechos más traumáticos de la historia de la humanidad, distorsionan el aspecto humano de la protagonista. Sin embargo, al verla en las fotos junto su familia,  antes de que esa distorsión de lo humano alcanzara en nuestras forma de percibir a todos sus herederos, Anna Frank era una niña de trece años como cualquier niña de trece años. Percibir esto en el centro del barrio judío berlinés me pareció, aunque parezca mentira, todo un descubrimiento y un autoconocimiento al mismo tiempo. Pensé mirando las fotos que Anna había sido una niña feliz en compañía de su familia (Margot Betti Frank fue la hija mayor de Otto y Edith Frank y hermana mayor de Ana Frank), de esa manera que solo los niños saben ser felices, ajenos a la barbarie que iba creciendo a su alrededor. Para entendernos, de esa manera que nos muestran las noticias a los niños, subidos a un tanque carbonizado o jugando entre los escombros de la ciudad donde viven después de los últimos bombardeos del enemigo. O también cuando la orden de deportación de Margot emitida por la Gestapo, apresuró a la familia Frank a esconderse en Amsterdam. Según el diario de su hermana menor, Ana.


Cuando la luz empezó a desvanecerse sobre la ciudad y un resplandor rosado se mezcló con los ricos colores de los edificios reflejados en el agua del río Spree, que estaba teñida con tonos rojos y rosa, dejamos las bicis en el patio del apartamento y nos fuimos tomar una cerveza en el bar de la esquina. Fue una imagen que acentuó ese sentimiento de vecino del barrio y ciudadano de Berlín, que me había propuesto descubrir en este nuevo viaje a la capital alemana. 


viernes, 7 de noviembre de 2025

EMILY DICKINSON

 SI VINIERAS EN OTOÑO


Si tú vinieras en Otoño,

Yo barrería el Verano

Con mitad sonrisa, y mitad desdén,

Como las Amas de Casa, con una Mosca.

Un año entero no es mucho tiempo para devanar la espera:


Si pudiera verte dentro de un año,

Devanaría los meses en ovillos –

Y los pondría en Cajones separados,

Por temor a confundir los números –


Si solo Siglos, te retrasaras,

Los contaría con mi Mano,

Restando, hasta que mis manos cayeran

En la Tierra de Van Dieman.


Si estuviera segura, de cuándo terminará esta vida –

Que tuya y mía, debería ser –

La arrojaría lejos, como una Cáscara,

Y cogería la Eternidad –


Pero, ahora, incierta la duración,

De esta, que está en medio,

Ella me aguijonea, como la Abeja Duende –

Que no declarará – su picadura.

ADIÓS, HERMANO MÍO

 Dejó escrito Einstein que hay dos cosas que se expanden sin parar: el universo y la estupidez humana: “Solo en el primer es caso tengo mis dudas.”, remató la cita.

La estupidez humana es una de las formas de la inteligencia de la especie humana. De ese aspecto de la inteligencia que no se quiere reconocer como humana, sino como divina, apropiándose de los atributos de los dioses con absoluta determinación. Es decir, sustituyendo el miedo humano por la intrepidez absoluta de los dioses frente al mundo, la ignorancia humana por la omnisciencia absoluta divina, la pereza humana por la diligencia absoluta divina y la cobardía humana por el valor y coraje absolutos de los dioses. Por eso la mayoría de los que se creen unos genios son entupidos, lo que ocurre es que si son verdaderamente unos genios el resto de los mortales les perdonamos la estupidez no viéndola. Claro está, no es el caso del narrador de nuestro cuento: ADIÓS, HERMANO MÍO, de John Cheever.


Lo que hace nuestro narrador es mover el cóctel anterior de atributos divinos con elaboradas dosis de apariencia y autoengaño, y voilá, ante el lector atento se empieza a dibujar la estupidez que envuelve a este buen hombre, que nos habla del mar con la  convicción divina de que es una creación suya (véase la escena final como mejor ejemplo de ello), negándose a ver lo que humanamente es: la tumba de su padre. Cheever es un gran observador de estas conductas humanas dentro de la sociedad del bienestar, que es donde ahora más prolifera la estupidez. No es difícil intuir la complicidad y continuidad entre Sennet y Cheever, cada uno en su campo imaginativo, respecto a la investigación de esa deriva de la corrosión del carácter del ser humano que acaba en su propia estupidez. Volviendo al cuento, Cheever nos muestra una de esas formas divinas de la inteligencia y la contrapone frente la inteligencia humana del lector, creando así las condiciones de posibilidad de lo que el lector puede hacer con lo que pasa en ese cara a cara. Fijémonos que el único que no tiene nombre en el cuento es el narrador (ademas del padre y de la madre). Luego podemos deducir que cualquier padre y cualquiera madre pueden engendrar en el universo familiar, que han creado con las mejores de sus intenciones, un estúpido. Yo mismo que estoy escuchando al narrador de este cuento, si me dejo llevar por sus palabras campanudas y altisonantes.

martes, 4 de noviembre de 2025

MARÍA FERNÁNDEZ

 CASABLANCA (fragmento)

Me imagino a Ilsa furiosa con Rick,
triste, confundida, decepcionada,
sobrevolando a oscuras el Atlántico.
El muy cobarde decidió por ella
y, engañada, la subió en un avión
con Víctor, miembro de la Resistencia,
para desvanecerse entre la niebla
con la única promesa de recordar París.
Te pareció el acto de amor más grande
y yo te rebatí: si la quisiera,
habría acatado su decisión
de quedarse y, terminada la guerra,
la habría hecho feliz en Casablanca
bajo todas las lunas de Marruecos.

Pero comprendo a Rick en ocasiones.
Supo que alguna vez discutirían,
temió que acabara por añorar
a su esposo, por evocar su vida
de haber aceptado su pasaporte,
por verse prisionera y arrepentida
junto al piano y no pudo soportar
ser la razón de verla desgraciada.

CIUDADANO BERLINÉS 6

 Para ir al aeropuerto de Tempelhof de Berlín alquilamos una bici, que sería también nuestro medio de transporte en el viaje que haríamos días después por la Alemania Luterana. Tempelhof tiene una doble significado para el transporte de la época alemana de entreguerras y de la época dominada por el régimen del nacional socialismo. Por un lado para la aviación civil: de allí salió la compañía aérea alemána Lutfansa; y de Tempelhof también salió la razón de ser de la Luftwaffe, la empresa militar nazi que le permitió controlar en los inicios de la Segunda Guerra Mundial los cielos europeos, hasta que los aliados, norteamericanos incluidos, dijeron basta y le dieron la vuelta a la tortilla en estos asuntos tan vitales en la guerra contemporánea de volar y bombardear a mansalva.

La historia de este primitivo campo de aviación - así se conocía la nueva infraestructura que iba apareciendo en las afueras de las grandes ciudades. Era, como no, un campo enorme en el que antes habían pastado las vacas, donde aterrizaban unos trastos con hélices que se llamaban aviones, que no pastaban sino que se elevaban como los pájaros. Más o menos así lo cuentan las crónicas locales de la época, en las que señalaban que las vacas de la época no daban crédito a lo que veían sus ojos bovinos mientras se realizaron las obras de la nueva infraestructura - se remonta a 1909, cuando el francés Armand Zipfel realizó la primera demostración de vuelo en Tempelhof seguido más tarde por el estadounidense Orville Wright. El 6 de enero de 1923, Tempelhof fue declarado oficialmente aeropuerto y el 6 de enero de 1926 se fundó en Tempelhof la aerolínea Deutsche Luft Hansa AG precursora de la compañía Lufthansa. En 1934, como parte del plan de Albert Speer para la reconstrucción de Berlín durante el periodo nazi, el Ministerio de Aviación del Reich bajo el mando de Hermann Goring, encargó al arquitecto Ernst  Sagebiel la edificación de una nueva terminal de pasajeros, que substituyese a la primitiva, de 1927. Las obras se iniciaron en 1936 y finalizaron en 1941. El complejo de salas del aeropuerto y los edificios adyacentes forma una estructura monumental de un cuarto de circunferencia de más de un kilómetro de longitud. Hasta la construcción del Pentágono, la terminal de Tempelhof fue el mayor edificio del mundo. Norman Foster lo describió como "la madre de todos los aeropuertos".

Allí llegaron un día caluroso de julio de 1945 Harry Truman y Winston Churchill - presidente de EE UU aquel  y primer ministro de su majestad del Reino Unido el del puro - para inspeccionar en la ciudad de Berlín los efectos de su política de destrucción masiva. El del bigote gordo, de apodo Koba y georgiano de nacimiento por más señas, dicen que llegó a Berlín en coche, para reunirse con sus colegas vencedores y repartirse las ruinas del pastel berlinés, en la reunión que habían organizado para tales propósitos en la ciudad de Postdam, cercana a la destruida capital del destruido Tercer Reich. El que Koba no coincidiera con sus colegas en Tempelhof hace suponer que se debiera a que sus colegas ya eran sus enemigos. Había que hacer el paripé de firmar La Paz que habían traído los vencedores, aunque en verdad lo que luego los herederos recibimos en herencia fue una nueva guerra, la guerra fría. El que primero se dio cuenta de esto fue Winston Churchill, el pispas, que desde las islas británicas veía todo lo que se echaba encima en el continente. Lo primero que vio fueron las intenciones de Koba en el frente del este. Como su colega, el cabo furriel del bigotito, quería apoderarse del continente, por lo menos hasta la cuenca del Rin. No en balde acordaron el pacto de no agresión pocos días antes de empezar la Segunda Guerra Mundial. Por eso el del puro dijo, cuando el del bigote chiquito quedó atascado en el fango del invierno ruso, que el enemigo a partir de ese momento era el del bigote gordo. Dicho y profetizado. A lo que vino después del tratado de Postdam a tres, el del puro le puso un nombre y registró el copywriter: el telón de acero. Es todo esa tierra que queda al este de Europa, bajo la firme tutela de la bota de acero de Koba. Chimpun. Winston hubiera preferido a Delano Roosewelt. Espera a Truman a pie de la escalerilla del avión donde llega Truman a Tempelhof. Nada más aparecer por la puerta le parece un trilero del medio oeste que lo mismo trafica con whisky que con la energía atómica, como así fue. Estuvo encantado de anunciar a sus colegas y al mundo que tenía preparado un par de pepinos para doblegar a los japoneses y acabar de una vez por todas con esa maldita guerra. Koba es Koba, no pareció inmutarse. Él inventó  el cálculo súper decimal. Para Koba un muerto es una tragedia humana, pero tres millones de muertos es una estadística. Y en este plan. Ahora que lo tenía delante de sus narices, el del puro se dio cuenta lo corto que se había quedado en sus apreciaciones respecto a Truman. Lo que más desconfianza le produce a Churchill en la corta distancia es su sonrisa. Le parece la de un vendedor de ovejas de Oklahoma. Antes de ira a Postdam para encontrarse con Koba, Churchill quiso visitar lo que quedara del búnker donde había vivido el cabo furriel del bigotito pequeño. Truman decide ir hasta la puerta de Brandeburgo para pasar por debajo de sus arcadas, como hizo Napoleón en 1806. Ya se ve que El Corso tiene predicamento todavía en la otra orilla del Atlántico.


viernes, 31 de octubre de 2025

ARCIPRESTE DE HITA

 LIBRO DEL BUEN AMOR (fragmento)


Pasando yo una mañana
el puerto de Malangosto
asaltóme una serrana
tan pronto asomé mi rostro.
-“Desgraciado, ¿dónde andas?
¿Qué buscas o qué demandas
por aqueste puerto angosto?”

Contesté yo a sus preguntas:
-“Me voy para Sotos Albos”
Dijo: -“¡El pecado barruntas
con esos aires tan bravos!
Por aquesta encrucijada
que yo tengo bien guardada,
no pasan los hombres salvos.”

Plantóseme en el sendero
la sarnosa, ruin y fea,
dijo: -“¡Por mi fe, escudero!
aquí me estaré yo queda;
hasta que algo me prometas,
por mucho que tú arremetas,
no pasarás la vereda.”

CLUB DE LECTORES ADULTOS 44

 La falta de compromiso con la lectura propia del texto y con las lecturas de los otros lectores en los club de lectores adultos, no solo banaliza el encuentro sino que como toda banalizacion impide imaginar algún tipo de esperanza, que con la práctica lectora en compañía pueda hacer surgir ese compromiso anhelado. Esto es lo que hay, si quieres bien y sino quédate en casa contemplando lo que da de si tu libertad de expresión individual. Es decir, no hace falta exhibir con tanta autocomplacencia ante los demás lectores, justo aquello  que tiene voluntad de ser comunicado con humildad y duda, la propia lectura, por más que la escritura del texto busque lo segundo antes que la primera. Al final, lo que se impone sobre todo lo demás y los demás es que cada lector diga lo que le pete. El texto como pretexto es el lema para la cháchara y el cotilleo, que se desprende de lo anterior de forma inevitable.

Tres puntos de origen para que estas conductas proliferen así en estos encuentros de lectores y entre lectores. Uno, el miedo como refugio identitario de nuestros prejuicios y complejos. Dos, la ignorancia, pues nadie quiere que se sepa en la conversación pública que no sabemos tanto como aparentamos saber. El club de lectores adultos debe ser el espacio y el tiempo del “saber del no saber”, pues para eso hemos llegado a la edad adulta. Tres la pereza a la hora de pensar sobre lo que leemos, que está adherida, como una lapa a la roca, a la colosal cobardía que al final paraliza al lector que la padece, convirtiéndolo en la más tóxica de las víctimas y, al unísono, en el más vengativo de los verdugos.  “Sapere aude”, de nuevo el precepto de Kant cobra toda su vigencia más de doscientos años después, en este mundo nuestro donde todo vale y todo vale mismo.


Por tanto, a la luz de estos motivos el compromiso con la lectura del club de lectores adultos no es solo una cuestión de modales y cortesía, sino también de valentía y coraje, para vencer ese miedo a reconocer ante los otros lectores que no hemos entendido muchas cosas de la lectura y que venimos al club de lectura apasionados con un puñado preguntas que nos han conquistado sin vuelta atrás.