martes, 16 de febrero de 2010

LOS GOYA



PACTO DE RESPONSABILIDAD

El presidente de los Goya, el señor Delaiglesia, reclamó humildad a los cineastas en el discurso que pronunció con motivo de la entrega de los premios. Les pidió más cosas, pero la humildad fue sobre la virtud que hizo más hincapié. No sé exactamente que quiso decir al pedir humildad en el evento donde se concentran el mayor tonelaje de vanidades por metro cuadrado, como es el de la entrega anual de los premios Goya. Yo creo que les tenía que haber reclamado más talento. Si salía vivo del envite, con las fuerzas que le quedasen, era el momento de pedir además menos mala hostia. Y a continuación dimitir, por coherencia y humildad. Claro que sí.

El caso es que les pidió más humildad. Pedir humildad a quien no tiene talento es como arar en el mar. No te entenderá nunca, porque no tiene talento, pero si creerá que la has insultado, y eso no hay cineasta que lo consienta, porque lo que hay es mucha mala hostia, no talento. Lo cual los coloca en el lugar de donde no han salido, en el patio de colegio, con su guirigay, sus fiesta fin de curso, sus pintones, sus gritos, sus y tú mas y no te ajunto, y tal. Ahí están. Ahí estamos.

El talento es un atributo divino y a los dioses no cabe pedirles humildad, ya que no es algo que les asiste, ven el mundo unos cuantos palmos por encima de los mortales, y ya está. Lo que pasa es que nos hemos vuelto tan laicos que hemos dejado de salir a buscar y tratar con los dioses. Delante de esta gente a mi me vienen impulsos discretos de reverencia, de quitarme el sombrero. Siempre llevo sombrero cuando salgo a tratar con los dioses. Y jamás se me ocurre pedirles que sean más humildes. Me parecería una falta de respeto. Los viajes en busca de los dioses cinematográficos son así. Cuando te encuentras con ellos te hacen sacar lo que llevabas tan adentro, que te era desconocido. Para nuestro desconcierto, también para nuestra salvación. ¿Se imagina la cara de gilipollas que se me pondría si en semejante trance les reclamo encima humildad?

Carnaval sobre carnaval, a los de los Goya lo que hay que pedirles en verdad, no es que sean humildes ni que sean discretos ni que tengan talento, lo que hay que pedirles con urgencia es que se quiten de encima ese aire de saltimbanquis y titiriteros, de alumnos aventajados de la academia, que, bajo el imperativo de la subvención, les impide salir a la vida y alcanzar el principio de la responsabilidad necesaria que demanda su oficio. Antes que por la falta de talento, cuesta seguirles (salvando las excepciones del rigor estadístico) porque no se responsabilizan de lo que hacen. Uno tiene la sensación de que siempre están jugando a que hacen cine. Y una vez al año quedan y se ríen, y cuentas chistes, y se meten el rejón bajo la butaca, y fuera de cámara o a la oreja hablan en lunfardo, pero siempre ante la vigilancia paternal de quienes pagan la fiesta. Es como en los saraos de los hijos de los ricos que salen en el cuché. Es la misma insoportable levedad.

Urge un pacto de responsabilidad en el cine y en el audiovisual. Responsabilidad de quien produce, de quien dirige, de quien escribe, de quien fotografía, de quien actúa, en fin, responsabilidad de quien mira. Si con los años encima llega el talento, no seré yo quien le exija entonces un gesto de humildad al afortunado o afortunada.