domingo, 4 de marzo de 2012

SALVAR EL GENERO HUMANO NO ÚNICAMENTE AL PLANETA, de Lucien Sève.

Publicado este articulo en diciembre de 2011, en la edición española de la revista Le Monde Diplomatique, el autor mete los contenidos de lo
que quiere contar,, y que dice tienen que ver con un proceso galopante de deshumanización, en esos cinco apartados que muestro a continuación.

La mercantilización generalizada de lo humano.
La abolición de toda escala de valor.
El incontrolable desvanecimiento del sentido.
Una descivilización sin orillas.
La proscripción sistemática de las alternativas.

Como siempre que leo diagnósticos sobre lo mal que va el mundo me pasan dos cosas. Una, que me resulta imposible estar en desacuerdo. Nadie en su sano juicio se pone detrás de una pancarta para pedir que las cosas no son mejorables, porque ya están bien así. Alguien que está exactamente bien como está no sale a la calle, ni se pone a escribir, porque no tiene nada que decir, ya que sabe todo lo que hay que saber. Dos, que no se otra cosa que hacer a continuación de una que no sea continuar estando de acuerdo. Lo cual, si me fijo con detenimiento en ello, no me sirve para mucho ni, por tanto, me lleva a ningún sitio de interés. Y no puedo evitar, entonces, una sofocante sensación mortuoria de acabamiento. Queriendo prevenir y avisarnos de los peligros que nos acechan al desvelar su diagnóstico de la enfermedad de la humanidad, el autor, utilizando el lenguaje que utiliza para ello, escribe un capítulo mas de su propio testamento como observador del mundo. Y el lector se queda embutido en su soledad, frente al abismal galimatías que tiene delante.

Entre los diferentes lectores que compartimos la noche lectora hubo quien reconoció el diagnostico como ya dicho, pero no le sentó nada mal volver a oirlo una vez mas. Sin ponerse en la texitura de llegar a afirmar que, llegado el caso, morirían luchando por los principios que el autor defiende como irrenunciables, si hicieron uso del turno de su palabra, digamos, de una forma inequívocamente "armada". Otros se apuntaron, no como los anteriores a la obligación de tener que dar respuestas apuntando desde la trinchera o desde la garita, sino a ejercer el derecho que les asistía de hacerse preguntas en medio del albero. Así quisieron saber donde se habían escondido los intelectuales que otrora estaban al frente de la causa de la humanidad. O qué lugar ocupaba ahora la sacrosanta palabra libertad, banderín de enganche de tantas ilusiones y esperanzas, hoy en vias de extinción. O como digerimos los miedos que día tras día nos están haciendo masticar desde los altares de la política, amplificados, cuando es menester, por los altavoces de los medios de comunicación, cómplices necesarios en esta barbarie propagandística que padecemos y nos esta haciendo añicos.

Tengo la impresión de que en este tipo de debates una gran parte de quienes en ellos participan hacen uso de las palabras como una buena percha donde acomodar a la medida aquello que ven o leen. Cuando yo creo que se trataría mas bien de conjugar lo que nos parece contradictorio. Abandonando la idea, que de tanto usarla se ha vuelto ya estéril, de alinear siempre y organizadas para la batalla todas las antinomias que se nos presentan en nuestro paso por la vida.