DOBLE O NADA
No bastaba el don único e indeciso
de coincidir en el tropel del mundo;
pudimos desoírnos. Un segundo
azar, que es doble o nada, fue preciso.
Este presente nos cambió el pasado;
sus fracasos son hoy victorias lentas,
y avances los desvíos, aunque a tientas,
que en secreto llevaban a tu lado.
Cuando el mal tiempo agite sus fantoches,
te abrazaré más fuerte todavía,
pero me iré, tan pronto llegue el día,
feliz si tú me das las buenas noches.
El mutuo amor me inclina a la piedad:
pienso en Dios, esa inmensa soledad.
