A propósito del comandante de Auschwitz sobre el que conversamos el martes con mis colegas de tertulia, escuché al día siguiente a Fernando Vallespin en una conferencia sobre “Hannah Arendt, los totalitarismos y el fin de mundo común”, donde manifestó por qué ya no nos hacemos preguntas sobre los fines y solo nos dedicamos a buscar los medios para llevar a cabo lo no pensado. Puso el ejemplo fundacional: ¿Por qué en Alemania de los años 30 nadie se preguntó por que había que matar a millones de judíos? (Fin). Y sencillamente se pusieron a ello, creando los campos de exterminio (medio) de los que al final de la guerra nadie de la población normal sabía nada.
Por mi parte me pregunto, como herederos de aquellos tiempos:
¿Por qué en la España de 2026 nos enfrentamos hasta el borde de una nueva guerra civil tipo a la de 1936 (medio), en lugar de tratar de entendernos como sería lo propio de seres de razón y de palabra (fin) que viven en una sociedad democrática.
¿Por qué los retraso del ferrocarril y los atascos de las carreteras nos ponen enervados, ahítos de rabia, (medio)? Sin haber pensado antes porque tienen que morir cada semana miles de personas en accidentes de circulación de todo tipo (fin)
Dicho de otra manera, ¿por qué desdeña mos u odiamos lo que, y a quien, no entendemos por ser distinto (medio), en lugar de tratar de desentrañar su misterio por estar vivo delante de uno mismo (fin)?
