Quien sabe si sueña o vela teniendo en cuenta que esta vez no la oigo llorar. Cada vez que por motivos laborales duermo en casa de mi amigo Anselmo no para de repetírmelo desde que nació su hija: alguien despierto a esas horas de la madrugada es un sujeto fuera del sistema, un peligro para sí mismo y para los demás. No me atrevo a pedirle que me aclare si semejante sentencia se la inspira sus horas de insomnio o las de su hija. Si esa claridad que muestran sus palabras es fruto del desasosiego por no poder dormir o proviene de la firme convicción que la nueva inquilina de su alcoba le está dibujando el futuro más allá de sus llantos.
