Machado inicia
Mi padre en su despacho. La alta frente.
Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta,
va hacia el jardín. Pasea.
A veces habla solo. Sus ojos
de mirar inquieto
escapan de su ayer a su mañana,
avanzan
en el anochecer del tiempo.
¡Padre mío!,
contemplas,
descubres,
tristeza inapelable,
mis cabellos grises, blancos,
emblema despiadado
de una soledad inaudita,
de una soledad absoluta.
