miércoles, 11 de marzo de 2026

IDA VITALE

 ACCIDENTES NOCTURNOS

Palabras minuciosas, si te acuestas
te comunican sus preocupaciones.
Los árboles y el viento te argumentan
juntos, diciéndote lo irrefutable
y hasta es posible que aparezca un grillo
que en medio del desvelo de tu noche
cante para indicarte tus errores.
Si cae un aguacero, va a decirte
cosas finas, que punzan y te dejan
el alma, ay, como un alfiletero.
Sólo abrirte a la música te salva:
ella, la necesaria, te remite
un poco menos árida a la almohada,
suave delfín dispuesto a acompañarte,
lejos de agobios y reconvenciones,
entre los raros mapas de la noche.
Juega a acertar las sílabas precisas
que suenen como notas, como gloria,
que acepte ella para que te acunen,
y suplan los destrozos de los días.

INDECISIÓN

 Hoy cambié el recorrido de mi paseo mañanero por acompañar a mi mujer, que le molestan los ruidos automovilísticos del recorrido que hago solo habitualmente. Ciertamente hay menos ruido y nulas probabilidades de que te topes con un control de la guardia de tráfico, que últimamente tiene un afán de productividad inusitado. Sin ir más lejos, el día anterior me topé con unos de esos controles policiales que colapsan el tráfico en una de las rotondas que hay en mi recorrido andarín habitual. Pasé de largo. Pero luego me enteré en la frutería, que el mencionado control era para averiguar en qué estado de actualidad se encontraban las iTV de los automóviles que por allí pasaban. La presencia de toda esa algaravía me sacó de lo que se había instalado en mi mente nada mas comenzar a caminar. En la noche anterior había visto la película “Tal como éramos”, de Sidney Pollack, que sitúa la acción narrativa en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, cuando 

EE UU está a punto de entrar en la contienda. Y lo que ocupo mi mente fue aquello del eterno retorno en nuestras vidas. Hoy como ayer la guerra llama a la puerta de nuestras cómodas vidas, y lo hace a través de los chismes electrónicos que jalonan nuestros confortable patrimonio hogares. Hoy como ayer existen tipos como Hubbell Gardiner, chico guapo e inteligente que le gusta disfrutar de la vida antes que comprometerse en la solución de sus injusticias. Y como Katie Morosky, que es una chica inteligente que tiene unos ideales muy claros sobre un mundo mejor y más justo para todos, y lucha por ellos sin esconderse ni venirse abajo en un sitio en el que nadie piensa como ella. A los metros de la rotonda donde se encontraba la algaravía, dudé entre permitirme seguir siendo feliz con mis ensoñaciones con la peli Hubbell y Katie, o interesarme por lo que estaba ocurriendo en el control de la policía. Si seguía lo primero cabía la posibilidad que hiciera una comparativa con la situación geopolítica presente y mi euforia cinematográfica descendiera apreciablemente. Si optaba por la segunda opción, me acabaría metiendo de coz y hoz en la sordidez de la actualidad cotidiana doméstica. 

martes, 10 de marzo de 2026

MARÍA ÁNGELES MAESO

 No ha sido un mal sueño mal atado

en una cuerda de ciegos, solo
son noches en las que no se ve
quién va delante y quien va detrás.
Supones que has aplastado algo,
un puñado de paja o un pequeño
animal que ha hecho temblar al coche.
Pasada la curva, vuelves a la mancha,
para oírte repetir que ira o saña
están descartadas, pero la mosca
que zumbó sobre Duras te alcanza:
La muerte de cualquiera es la muerte entera.

CLUB DE LECTORES ADULTOS 51

 Nosotros los estupendos tenemos que ser performativos, porque sino perderíamos la sensación de ser estupendos, ya que en el fondo del fondo de nosotros no hay nada más que nuestra condición de ser per1formativo, a saber,  hablar y hacer y ser estupendas. Sea todo para salvar nuestro colosal Ego - inasequible a cualquier horizonte de inteligibilidad que no sea el mismo Ego - en conversaciones vistosas: esas simetrías con apariencia de orden en el uso de las palabras que tanto nos embelesan. Dilema contemporáneo: no me confundan que te escuchen con que te adulen. Lector callado o lector conversador, sitiados por esa marea de consumidores charlares y cotillas de todo lo que se mueve. Cuál es la legitimidad del lector callado para hablar entre los conversadores. 

Si no podemos cambiar el rumbo del mundo: 

*No nos aliniemos de inmediato con nuestra tribu para tener garantizado el disparo contra el enemigo nada más levantarnos. Ya sabemos que a nuestra proverbial cobardía y comodidad le sienta mejor siempre disparar, sin arriesgar cada mañana, contra un sátrapa o contra lo que sea que tenga su forma o estructura. 

*Aliniémonos a favor de la jodida incomodidad de tratar de entenderse entre los iguales que son a su vez los distintos en la misma comunidad democrática. *Cambiemos al menos la forma de hablar de aquel rumbo, y dejemos de estar siempre aupados a la grupa de las dicotomías intratables que solo piensan en aniquilar al contrario. 

*Cambiemos, en fin, la forma de conversar para entender lo que nos pasa, que no es otra cosa, como dijo el filósofo, que no sabemos lo que nos pasa en esa deriva en la que nos encontramos. 

viernes, 6 de marzo de 2026

ROBERT W. SERVICE

 LOS HOMBRES QUE NO ENCAJAN


Hay una raza de hombres que no encajan, 
una raza que no puede quedarse quieta; 
así que rompen los corazones de sus parientes y amigos, 
y vagan por el mundo a su antojo. 
Recorren los campos y vagan por las aguas, 
y escalan la cima de la montaña; 
suya es la maldición de la sangre gitana, 
y no saben descansar.

Si simplemente siguieran rectos, podrían llegar lejos; 
son fuertes, valientes y leales; 
pero siempre están cansados de lo que es, 
y quieren lo extraño y nuevo. 
Dicen: "¡Si pudiera encontrar mi ritmo adecuado, 
qué huella tan profunda dejaría!" 
Así que cortan y cambian, y cada nuevo movimiento 
es solo un nuevo error.

Y cada uno olvida, mientras se desnuda y corre 
con paso brillante y caprichoso, 
que son los constantes, tranquilos y laboriosos los 
que ganan en la carrera de la vida. 
Y cada uno olvida que su juventud ha huido, 
olvida que su mejor momento ha pasado, 
hasta que un día se yergue, con una esperanza muerta, 
al fin bajo el resplandor de la verdad.

Ha fracasado, ha fracasado; ha perdido su oportunidad; 
ha hecho las cosas a medias. 
La vida le ha dado una buena broma, 
y ahora es momento de reír. 
¡Ja, ja! Es uno de la Legión Perdida; 
nunca estuvo destinado a ganar; 
es una piedra rodante, y lo lleva en la sangre; 
es un hombre que no encaja.

DISTANCIA 2

Creo que es Kant, en “la crítica del juicio”, quien trata la distancia como la condición de posibilidad del respeto entre las relaciones que mantiene los seres humanos. Y no tan humanos añadiría yo. La experiencia diaria de caminar hace que viva con plena conciencia esta experiencia de la distancia y que pueda observar la contraria, la del ser humano que no procede de esa distancia sino de la multitud, dentro de la cual, como todo el mundo sabe, la distancia brilla por su ausencia. La multitud más que un concepto, es una experiencia moderna, que no existían en la época de Kant, pero que en sus reflexiones intuyó de forma luminosa. El Sapere aude, atrévete a pensar por ti mismo, ya preludia esa distancia que el pensamiento de todo ser humano debe tener respecto al de sus iguales. Efectivamente, la distancia de la que hablaba en la anterior entrada es más una cuestión mental que física. No es tanto que treinta alumnos más un profesor sean una multitud dentro de un aula, es más bien la incapacidad de tratar con el Sapere aude kantiano tanto por parte del profesor como de los alumnos, lo que hace que el aula se convierta en un gallinero. 


Al poco de empezar a caminar me llamó un amigo por teléfono. Me   proponía ir a comer juntos a un restaurant que él conocía bien. Yo le pregunté, antes de decir que sí, si el restaurant era también conocido por la multitud. No demasiado, me respondió. Lo que sí es conocido, y mucho, son los alrededores que forman parte de uno de los mayores lugares de recreo de la multitud, hasta el punto que según que días cortan el tráfico rodado de acceso muchos kilómetros antes.


miércoles, 4 de marzo de 2026

WILLIAN GONZÁLEZ

 EL SALARIO DEL MIEDO


Si matar fuese (como dicen) un
desliz, una tarea fácil, nadie
dedicaría el tiempo al mal oficio.
No caigan en la trampa,
el asesino a sueldo
no cobra por el acto de matar,
ingresa su dinero por el miedo,
por el milisegundo de la bala
atravesando el cráneo de la víctima,
por la vigilia que llega después
envuelta entre fantasmas y tormentos,
por la maldita adrenalina, el aura
del instante oportuno: el dulce charco
de sangre que se forma y nadie lava,
la silueta del cuerpo repintado
indicando que ahí paró su música
un corazón humano.