viernes, 6 de marzo de 2026

ROBERT W. SERVICE

 LOS HOMBRES QUE NO ENCAJAN


Hay una raza de hombres que no encajan, 
una raza que no puede quedarse quieta; 
así que rompen los corazones de sus parientes y amigos, 
y vagan por el mundo a su antojo. 
Recorren los campos y vagan por las aguas, 
y escalan la cima de la montaña; 
suya es la maldición de la sangre gitana, 
y no saben descansar.

Si simplemente siguieran rectos, podrían llegar lejos; 
son fuertes, valientes y leales; 
pero siempre están cansados de lo que es, 
y quieren lo extraño y nuevo. 
Dicen: "¡Si pudiera encontrar mi ritmo adecuado, 
qué huella tan profunda dejaría!" 
Así que cortan y cambian, y cada nuevo movimiento 
es solo un nuevo error.

Y cada uno olvida, mientras se desnuda y corre 
con paso brillante y caprichoso, 
que son los constantes, tranquilos y laboriosos los 
que ganan en la carrera de la vida. 
Y cada uno olvida que su juventud ha huido, 
olvida que su mejor momento ha pasado, 
hasta que un día se yergue, con una esperanza muerta, 
al fin bajo el resplandor de la verdad.

Ha fracasado, ha fracasado; ha perdido su oportunidad; 
ha hecho las cosas a medias. 
La vida le ha dado una buena broma, 
y ahora es momento de reír. 
¡Ja, ja! Es uno de la Legión Perdida; 
nunca estuvo destinado a ganar; 
es una piedra rodante, y lo lleva en la sangre; 
es un hombre que no encaja.

DISTANCIA 2

Creo que es Kant, en “la crítica del juicio”, quien trata la distancia como la condición de posibilidad del respeto entre las relaciones que mantiene los seres humanos. Y no tan humanos añadiría yo. La experiencia diaria de caminar hace que viva con plena conciencia esta experiencia de la distancia y que pueda observar la contraria, la del ser humano que no procede de esa distancia sino de la multitud, dentro de la cual, como todo el mundo sabe, la distancia brilla por su ausencia. La multitud más que un concepto, es una experiencia moderna, que no existían en la época de Kant, pero que en sus reflexiones intuyó de forma luminosa. El Sapere aude, atrévete a pensar por ti mismo, ya preludia esa distancia que el pensamiento de todo ser humano debe tener respecto al de sus iguales. Efectivamente, la distancia de la que hablaba en la anterior entrada es más una cuestión mental que física. No es tanto que treinta alumnos más un profesor sean una multitud dentro de un aula, es más bien la incapacidad de tratar con el Sapere aude kantiano tanto por parte del profesor como de los alumnos, lo que hace que el aula se convierta en un gallinero. 


Al poco de empezar a caminar me llamó un amigo por teléfono. Me   proponía ir a comer juntos a un restaurant que él conocía bien. Yo le pregunté, antes de decir que sí, si el restaurant era también conocido por la multitud. No demasiado, me respondió. Lo que sí es conocido, y mucho, son los alrededores que forman parte de uno de los mayores lugares de recreo de la multitud, hasta el punto que según que días cortan el tráfico rodado de acceso muchos kilómetros antes.


miércoles, 4 de marzo de 2026

WILLIAN GONZÁLEZ

 EL SALARIO DEL MIEDO


Si matar fuese (como dicen) un
desliz, una tarea fácil, nadie
dedicaría el tiempo al mal oficio.
No caigan en la trampa,
el asesino a sueldo
no cobra por el acto de matar,
ingresa su dinero por el miedo,
por el milisegundo de la bala
atravesando el cráneo de la víctima,
por la vigilia que llega después
envuelta entre fantasmas y tormentos,
por la maldita adrenalina, el aura
del instante oportuno: el dulce charco
de sangre que se forma y nadie lava,
la silueta del cuerpo repintado
indicando que ahí paró su música
un corazón humano.

DISTANCIA 1

 La escena se repite cada mañana cuando salgo a hacer la caminata diaria. Al llegar a la altura del instituto, que se encuentra en mi recorrido, es la hora del recreo. Por la parte delantera, es decir, la oficial de entrada del instituto, toda la muchachada, institucionalmente conocida como el alumnado, se apelotona en sus alrededores en diferentes formas y coloridos. No sabría distinguir en qué medida las primeras son dominantes sobre los segundos, o al revés. Por la parte trasera, algunos profesores, pienso que deben ser profesores, charlan y fuman sin parar con su habitual tonalidad y coloración gris de funcionarios, sin que pueda distinguir por sus ademanes y vestimenta quienes tienen plaza fija en el instituto y quienes están de paso. Lo que sí me parece es que todos conversan ajenos a lo que ocurre en el otro lado. La estampa representa con acierto el estado actual del modelo educativo. Los que van a aprender y los que van a enseñar, en cuanto suena la campana, se colocan de tal manera que el aprender y el enseñar van por su lado y no conectan. Da la impresión que toman aliento para cuando vuelva a sonar la campana, y se encuentren de nuevo en el aula para llevar a cabo el fatigoso trabajo diario de tener que aguantarse los unos a los otros, y viceversa, durante el resto de la mañana. Me cuesta entender, cuando me detengo a observar a los de la entrada oficial del instituto y a los de la de servicio, que aprender y enseñar sean oficios tan fatigosos entre aquellas cuatro paredes. Pero cada mañana esa distancia, con sus peculiaridades diarias, me acerca a la convicción de que no es algo que tenga que ver con las diferencias entre esos alumnos y aquellos profesores, sino con que alumnos y profesores son irreductiblemente diferentes, lo que hace no sólo que la distancia se mantenga en los términos que percibo, sino que crezca sin parar debido a ellos mismos hasta convertirse en algo esencial. 

viernes, 27 de febrero de 2026

MARÍA MORENO

 DESDE EL POTRERO (haikus criollos)


En su nido

enardecida por la promesa

de un encuentro cercano

a orillas de esta luna.

**

Al orden calma o perpleja

vaivén de espigas

su mente obliga

y siempre es mejor olvidar..

**

Oscura percepción del espacio

hambrea pero conmueve

detonada

en su afán meticuloso

de reinventarse.


SABER VOLVER A CASA

 Parece que ha dado la vuelta al mundo aún a sabiendas, mira que se lo recuerdo, que no hay ninguna ley que le obligue a viajar, como él dice. Yo lo llamo a conquistar. No obstante cada fin de semana hace lo mismo: el jueves empieza a preparar la maleta o la mochila, depende de su estado de ánimo, y el viernes se va. Le repito que tiene perfecto derecho a no ir a ninguna parte, pero él erre que erre, sale a la calle para emular la epopeya de Ulises. El otro día me confesó que se va para aprender a saber volver  a casa, sin culpa, y que yo no tengo ni puta idea lo que significa vivir con esa irrealidad cada hora.


jueves, 26 de febrero de 2026

KENNETH REXROTH

 

El cometa Halley

Cuando en tu madurez
El gran cometa venga nuevamente
Recuérdame: un niño despierto
Una noche de verano,
Junto a mi pequeña cama
Mirando esa estrella de pelo largo
Hace ya muchos años.
Ve hacia la oscuridad y mira
Su penacho sobre el agua
Derramándose en la noche líquida,
Y piensa que la vida y la gloria
Se agitaron alguna vez en mi sangre,
Al igual que para los que se fueron
Antes que yo, pequeñas gotas
De ese río de billones de años de largo
Que fluye ahora por tus venas.