miércoles, 4 de marzo de 2026

WILLIAN GONZÁLEZ

 EL SALARIO DEL MIEDO


Si matar fuese (como dicen) un
desliz, una tarea fácil, nadie
dedicaría el tiempo al mal oficio.
No caigan en la trampa,
el asesino a sueldo
no cobra por el acto de matar,
ingresa su dinero por el miedo,
por el milisegundo de la bala
atravesando el cráneo de la víctima,
por la vigilia que llega después
envuelta entre fantasmas y tormentos,
por la maldita adrenalina, el aura
del instante oportuno: el dulce charco
de sangre que se forma y nadie lava,
la silueta del cuerpo repintado
indicando que ahí paró su música
un corazón humano.

DISTANCIAS

 La escena se repite cada mañana cuando salgo a hacer la caminata diaria. Al llegar a la altura del instituto, que se encuentra en mi recorrido, es la hora del recreo. Por la parte delantera, es decir, la oficial de entrada del instituto, toda la muchachada, institucionalmente conocida como el alumnado, se apelotona en sus alrededores en diferentes formas y coloridos. No sabría distinguir en qué medida las primeras son dominantes sobre los segundos, o al revés. Por la parte trasera, algunos profesores, pienso que deben ser profesores, charlan y fuman sin parar con su habitual tonalidad y coloración gris de funcionarios, sin que pueda distinguir por sus ademanes y vestimenta quienes tienen plaza fija en el instituto y quienes están de paso. Lo que sí me parece es que todos conversan ajenos a lo que ocurre en el otro lado. La estampa representa con acierto el estado actual del modelo educativo. Los que van a aprender y los que van a enseñar, en cuanto suena la campana, se colocan de tal manera que el aprender y el enseñar van por su lado y no conectan. Da la impresión que toman aliento para cuando vuelva a sonar la campana, y se encuentren de nuevo en el aula para llevar a cabo el fatigoso trabajo diario de tener que aguantarse los unos a los otros, y viceversa, durante el resto de la mañana. Me cuesta entender, cuando me detengo a observar a los de la entrada oficial del instituto y a los de la de servicio, que aprender y enseñar sean oficios tan fatigosos entre aquellas cuatro paredes. Pero cada mañana esa distancia, con sus peculiaridades diarias, me acerca a la convicción de que no es algo que tenga que ver con las diferencias entre esos alumnos y aquellos profesores, sino con que alumnos y profesores son irreductiblemente diferentes, lo que hace no sólo que la distancia se mantenga en los términos que percibo, sino que crezca sin parar debido a ellos mismos hasta convertirse en algo esencial. 

viernes, 27 de febrero de 2026

MARÍA MORENO

 DESDE EL POTRERO (haikus criollos)


En su nido

enardecida por la promesa

de un encuentro cercano

a orillas de esta luna.

**

Al orden calma o perpleja

vaivén de espigas

su mente obliga

y siempre es mejor olvidar..

**

Oscura percepción del espacio

hambrea pero conmueve

detonada

en su afán meticuloso

de reinventarse.


SABER VOLVER A CASA

 Parece que ha dado la vuelta al mundo aún a sabiendas, mira que se lo recuerdo, que no hay ninguna ley que le obligue a viajar, como él dice. Yo lo llamo a conquistar. No obstante cada fin de semana hace lo mismo: el jueves empieza a preparar la maleta o la mochila, depende de su estado de ánimo, y el viernes se va. Le repito que tiene perfecto derecho a no ir a ninguna parte, pero él erre que erre, sale a la calle para emular la epopeya de Ulises. El otro día me confesó que se va para aprender a saber volver  a casa, sin culpa, y que yo no tengo ni puta idea lo que significa vivir con esa irrealidad cada hora.


jueves, 26 de febrero de 2026

KENNETH REXROTH

 

El cometa Halley

Cuando en tu madurez
El gran cometa venga nuevamente
Recuérdame: un niño despierto
Una noche de verano,
Junto a mi pequeña cama
Mirando esa estrella de pelo largo
Hace ya muchos años.
Ve hacia la oscuridad y mira
Su penacho sobre el agua
Derramándose en la noche líquida,
Y piensa que la vida y la gloria
Se agitaron alguna vez en mi sangre,
Al igual que para los que se fueron
Antes que yo, pequeñas gotas
De ese río de billones de años de largo
Que fluye ahora por tus venas.

LA FOTO

 Desde que hace años nos dejó la abuela, no he tenido la oportunidad de comentarlo con mi familia. El caso fue que el día que instalaron su cadáver en el tanatorio, mi hermano quiso hacerle la ultima foto y yo me opuse rotundamente. Lo que a continuación vino fue el enfrentamiento entre los dos, en medio de la sala de espera del tanatorio. Al hacerle la foto mi hermano mayor me respondió que pretendía llevarse el último recuerdo de su abuela preferida. Me parecía, le contesté, una indecencia moral: confundir, cámara en mano, el tamaño verdadero de las personas y las cosas que corresponden a la vida con el que es propio de la muerte. Ante el cadáver de la abuela cada uno es del tamaño que lo ve con sus propios ojos, hablé en voz alta antes de abandonar el tanatorio.

martes, 24 de febrero de 2026

VITA SACKVILLE WEST

 SELECCIÓN



Teníamos un jardín en la colina,


Plantamos rosas y narcisos,


las flores que cantan los poetas ingleses,


y aguardamos la gloria primaveral.


Plantamos malvarrosas amarillas


y humildes variedades dulzonas


y aguileñas en carnaval


y soñábamos con el festival del estío.


Y que el otoño no se quedase atrás,


como heredero del sol veraniego,


recubriendo su leonada cabeza


con amapolas y enredaderas escarlatas.


Esperamos que crecieran todas ellas


plantamos hileras ornamentales


y lavandas y borrajas azules


Ay, esperamos tú y yo


pero sólo el amor creció.