Drama histórico basado en la última novela inacabada de Jane Austen. Sanditon, nombre de la novela y de la serie (varios directores) que comentó es también el nombre de un antiguo pueblo de pescadores que se está transformando en un balneario de moda burguesa. Allí se encuentra la impulsiva Charlotte Heywood, una mujer liberal y moderna para la época que desea reinventarse. La trama da un giro cuando salen a la luz los planes ocultos de los personajes, cuya fortuna dependen del éxito comercial de Sanditon.
Cuando las palabras de las novelas de Jane Austen pasan al cine de la mano de las productoras inglesas, algo me dice que tengo que ponerme sin pérdida de tiempo delante de la pantalla a hacer eso que uno de los mantras actuales ordena: ¡¡a disfrutar!! Y no suelo salir decepcionado del envite. Sanditon, como se dice al principio es una novela inacabada de la autora inglesa, lo que quiere decir que estamos a finales de la segunda década del siglo XIX. Es decir, cuando la modernidad, después de los desmanes napoleónicos está dispuesta a lanzarse sobre el planeta con toda su agenda de conquista antigenealogica y disruptiva. O dicho en roman paladino, el mundo empieza el día que yo nací. O yo no acepto esta constitución porque no la voté porque no había nacido, tal como me espetó a la cara un quinceañero emergente. Una agenda, esta de la modernidad, donde el ayer no vale nada, porque ya no existe a efectos de ganar dinero, solo tiene valor para tal fin el ilimitado futuro. Esta brújula es la que ocupa de forma absoluta la mente de Tom Parker, un empresario emergente de la época que quiere convertir Sanditon en lugar de veraneo ejemplar para las próximas décadas y generaciones. Aunque los planes ocultos de los otros personajes están muy vinculados a ese pasado que el nuevo Sadinton de Tom Parker quiere hacer inexistente, y no han dicho todavía su última palabra. En el centro de ese tumulto de personajes del antiguo régimen se encuentra Lady Denham con una gran fortuna conseguida a la antigua usanza, es decir, por herencia como debe ser entre los grandes aristócratas. Sin embargo, se da la circunstancia de que Lady Denham no tiene descendencia, por lo que sobrinos empiezan a aparecer preguntando que hay de lo mío. Estas dos tramas de la historia, la del burgués emergente Tom Parker necesitado de crédito para llevar acabo sus planes turísticos y la de aristócrata decadente Lady Denham que no está dispuesta a desprenderse de su primordial tacañería dejándose engatusar a las primeras de cambio irán asfaltando un itinerario por el que van y vienen los distintos personajes adscritos a una u otra trama, sin que en ningún momento ese asfaltado pierde el tono esmeralda que tiene Sanditon y sus alrededores.
Destacar, cómo se dice al principio, la figura de Charlotte Heywood, la principal heroína de la historia y verdadera representante del mundo que quiere mostrar Jane Austen en su novela, y los diferentes directores en los sucesivos capítulos de la serie, que perteneciendo a la clase campesina del antiguo régimen, quiere subir socialmente atravesando las puertas y las ventanas que pone en contacto un mundo con el otro, incluso cuando se encuentra con alguna puerta giratoria no cesa en su empeño de volver a intentarlo. Un empeño que junto al de Tom Parker por construir una ciudad de vacaciones para los nuevos adinerados que pertenecen a la nueva clase burguesa que se ha hecho con la visión del mundo, da como resultado final una estampa bastante precisa de lo que fue esa época de transición de la segunda década del siglo XIX, que también puede verse, salvando todas las distancias, como los primeros años de nuestro mundo actual. De hecho, bien mirando puede concluirse que hay menos distancia temporal con la serie entre los espectadores del siglo XXI que entre los habitantes de Sanditon a principio del siglo XIX.