Estelas
Al volar, cada pájaro
va dejando una estela
que atrae levemente al que le sigue.
Es como abrir caminos en el aire.
Los padres, sin saberlo,
tratamos de imitar
esa costumbre.
Estelas
Al volar, cada pájaro
va dejando una estela
que atrae levemente al que le sigue.
Es como abrir caminos en el aire.
Los padres, sin saberlo,
tratamos de imitar
esa costumbre.
A propósito del comandante de Auschwitz sobre el que conversamos el martes con mis colegas de tertulia, escuché al día siguiente a Fernando Vallespin en una conferencia sobre “Hannah Arendt, los totalitarismos y el fin de mundo común”, donde manifestó por qué ya no nos hacemos preguntas sobre los fines y solo nos dedicamos a buscar los medios para llevar a cabo lo no pensado. Puso el ejemplo fundacional: ¿Por qué en Alemania de los años 30 nadie se preguntó por que había que matar a millones de judíos? (Fin). Y sencillamente se pusieron a ello, creando los campos de exterminio (medio) de los que al final de la guerra nadie de la población normal sabía nada.
Por mi parte me pregunto, como herederos de aquellos tiempos:
¿Por qué en la España de 2026 nos enfrentamos hasta el borde de una nueva guerra civil tipo a la de 1936 (medio), en lugar de tratar de entendernos como sería lo propio de seres de razón y de palabra (fin) que viven en una sociedad democrática.
¿Por qué los retraso del ferrocarril y los atascos de las carreteras nos ponen enervados, ahítos de rabia, (medio)? Sin haber pensado antes porque tienen que morir cada semana miles de personas en accidentes de circulación de todo tipo (fin)
Dicho de otra manera, ¿por qué desdeña mos u odiamos lo que, y a quien, no entendemos por ser distinto (medio), en lugar de tratar de desentrañar su misterio por estar vivo delante de uno mismo (fin)?
UN DIOS TURQUESA
El pasto recién cortado
desprende ese aliento
de lo que fue dividido:
una parte
quedará aferrada a la tierra
la otra
será solo paja.
Tengamos la cabeza en estado de verano
no hay necesidad de pensar cuando todo brilla.
Desde la sombra aparecés en cuadro
entre árboles que alguien plantó para refrescar la siesta,
un cuerpo vigoroso que avanza
y se recorta
como si el tiempo no hubiera deteriorado tejidos
como si nunca
lo hubiera enfermado
tampoco ahora, de repente.
O es mi memoria
que fijó una foto mental.
La belleza. No es ningún secreto.
No me avergüenza decir que lo amé por su belleza.
La escena ocurrió como sigue. Había ido a comer a mi restaurante de cabecera cuando, de repente, alcé la vista hacia el mostrador de la misma forma y enfoque como tantas veces la había hecho anteriormente. Y como tantas veces vi lo que siempre había visto, hasta que justo un segundo antes de bajar la vista hacia el plato que me acababa de servir el camarero me fijé en un letrero donde rezaba la frase: No stupid people. El cuento de Edgar Allan Poe, la carta robada, se me echó encima sin previo aviso. Al igual que en el cuento, la mejor manera de no llamar la atención sobre la estupidez mórbida de la clientela, pensé, es poner un cartel que haga referencia a su prohibición en ese local donde posiblemente, debido a la naturaleza expuesta del lugar, no es detectada ni sospechada por los portadores endémicos de semejante virus. Lo que me llamó la atención del descubrimiento no fue el descubrimiento en sí mismo, sino la intención que ha animado al dueño y camarero del restaurante a poner el cartel. Un restaurante donde, me confesó, se juntan con frecuencia, dependiendo del día y de las horas del día, la mayor cantidad de estúpidos por metro cuadrado que quepa imaginar. Ser básico no significa ser estúpido, dijo el camarero, la estupidez deviene cuando el ser básico se cree un sabelotodo. Un fantoche. El cartel de marras, me dijo el camarero jefe, no lo quiere esconder donde posiblemente el fantoche podría husmear, sino en el sitio más simple y visible, donde no será buscado ni sospechado. Espera el momento del colocón de la mayoría de la clientela, a partir de las doce la noche, para colgar el delantal debajo del cartel y desaparecer por unos minutos. Es cuando el cartel adquiere la máxima visibilidad.
SOLA
de dónde viene lo que no puede venir
desde qué cuándo
qué es este aquí que sucede
este ahora por qué
esta corola de flor de vértigo
ardiendo al otro lado
de dónde viene si no puede venir
Por esta fechas se cumple el aniversario de la mutación del continente europeo de faro ilustrado de la humanidad a continente salvaje. A duras penas nos hemos rehecho económicamente, pero nos cuesta construir la unión democrática del continente. Vamos tirando fragmentariamente como Estados pero no sabemos hacerlos unidos 81 años después de que acabara la contienda que nos dejó en las ruinas. Diría que aprendamos de quienes saben convivir en democracia después de un pasado dictatorial, pero teniendo en cuanta que fuimos los europeos quien inventamos la civilización ilustrada y las tiranías más inimaginables no hay alumnos aventajados a la vista que estén en condiciones de echarnos una mano.
Si entender el beber y el comer es entender de beber y comer, entonces debemos acudir a la historia de la gastronomía que es la disciplina apropiada para tal fin.
Igualmente si entender la democracia es entender de democracia, entonces debemos acudir a la historia de la democracia que es la disciplina apropiada para tal fin. Es decir, es acudir a nuestra propia historia europea poniéndola al día en el siglo XXI.
Si los europeos, después de la segunda carnicería mundial, no hemos entendido todavía estos saberes elementales, es que tenemos un déficit de civilidad ciudadana, yo diría que insalvable a largo plazo, tal como se está poniendo el mundo con su ejemplaridad de guerra y aniquilamiento.
En esas estamos.
HABLO DE LA INFANCIA