martes, 12 de mayo de 2026

LEONOR PATAKI

 DE SU RELACIÓN CON LOS ESPEJOS,

SU REFLEJO SIN VANIDAD (fragmento)

Frente al espejo no se reconoce ni se extraña,
no busca en la imagen una confirmación,
ni espera encontrar allí una versión mejor de sí mismo.
Lo mira —sí—, con curiosidad cauta,
como si al otro lado viviera
una criatura que no le pertenece
pero que tampoco le amenaza.
A veces se acerca, toca el cristal,
como tanteando el límite de la presencia,
pero nunca se obsesiona.
No hay vanidad en su gesto,
ni el deseo de corregir la figura reflejada.
Yo, que he temido y amado el espejo,
que he buscado en el el rostro que el mundo exige,
lo veo aceptarse como solo se acepta lo que no se nombra,
y en esa indiferencia suya,
más cercana al misterio que al desdén,
reconozco una forma de libertad que yo no supe cultivar.


CLUB DE LECTORES ADULTOS 54

 La angustia del hombre moderno con el paso del tiempo, al desaparecer la eternidad en su vida que le garantizaba la Fe ciega en el Dios salvador después de la muerte, se ha convertido en el principio fundamental de su existencia.

A partir del siglo XVIII el hombre se emancipó del cosmos y adquirió teóricamente la autoconciencia de ser el mismo la única fuente de sentido en el mundo. Pero solo a partir de los primeros años del siglo XX, tras 150 años de despotismo ilustrado, se empezó a hacer realidad práctica la emancipación, con la irrupción de la incipiente sociedad de masas, en la que se encarnó aquella intuición teórica. Una incipiente sociedad se masas que cien años después ha colonizado cualquier rincón de la vida humana en el planeta, donde la escapabilidad y la inmediatez son las armas con las que aquellos seres que se quedaron sin eternidad combaten cada día el terrible descubrimiento de saberse también seres sin tiempo.


En este mundo, que es el nuestro, en el que sus moradores tienen siempre miedo de perderse algo, las prisas consecuentes anulan cualquier percepción del paso del tiempo, es decir, de humanidad, sin convertirnos en grandes dioses pero si sometidos a empresarios de codicia infinita y políticos de estupidez sin fin. Es ahí donde a los LECTORES SIN TOGA ACADÉMICA se nos presenta un reto, a saber, que la vida humana buscando la complicidad del pensamiento, sin el chantaje de aquellos dioses portátiles, se vuelva más fértil. 

viernes, 8 de mayo de 2026

JAVIER GILABERT

 Estelas

Al volar, cada pájaro
va dejando una estela
que atrae levemente al que le sigue.

Es como abrir caminos en el aire.

Los padres, sin saberlo,
tratamos de imitar
esa costumbre.


MEDIO Y FIN

 A propósito del comandante de Auschwitz sobre el que conversamos el martes con mis colegas de tertulia, escuché al día siguiente a Fernando Vallespin en una conferencia sobre “Hannah Arendt, los totalitarismos y el fin de mundo común”, donde manifestó por qué ya no nos hacemos preguntas sobre los fines y solo nos dedicamos a buscar los medios para llevar a cabo lo no pensado.  Puso el ejemplo fundacional: ¿Por qué en Alemania de los años 30 nadie se preguntó por que había que matar a millones de judíos? (Fin). Y sencillamente se pusieron a ello, creando los campos de exterminio (medio) de los que al final de la guerra nadie de la población normal sabía nada.

Por mi parte me pregunto, como herederos de aquellos tiempos:

¿Por qué en la España de 2026 nos enfrentamos hasta el borde de una nueva guerra civil tipo a la de 1936 (medio), en lugar de tratar de entendernos como sería lo propio de seres de razón y de palabra (fin) que viven en una sociedad democrática.

¿Por qué los retraso del ferrocarril y los atascos de las carreteras nos ponen enervados, ahítos de rabia,  (medio)? Sin haber pensado antes porque tienen que morir cada semana miles de personas en accidentes de circulación de todo tipo (fin)

Dicho de otra manera, ¿por qué desdeña mos u odiamos lo que, y a quien, no entendemos por ser distinto (medio), en lugar de tratar de desentrañar su misterio por estar vivo delante de uno mismo (fin)?

lunes, 4 de mayo de 2026

FERNANDA NICOLINI

 UN DIOS TURQUESA

El pasto recién cortado
desprende ese aliento
de lo que fue dividido:
una parte
quedará aferrada a la tierra
la otra
será solo paja.

Tengamos la cabeza en estado de verano
no hay necesidad de pensar cuando todo brilla.

Desde la sombra aparecés en cuadro
entre árboles que alguien plantó para refrescar la siesta,
un cuerpo vigoroso que avanza
y se recorta
como si el tiempo no hubiera deteriorado tejidos
como si nunca
lo hubiera enfermado
tampoco ahora, de repente.
O es mi memoria
que fijó una foto mental.

La belleza. No es ningún secreto.
No me avergüenza decir que lo amé por su belleza.

NO STUPID PEOPLE

 La escena ocurrió como sigue. Había ido a comer a mi restaurante de cabecera cuando, de repente, alcé la vista hacia el mostrador de la misma forma y enfoque como tantas veces la había hecho anteriormente. Y como tantas veces vi lo que siempre había visto, hasta que justo un segundo antes de bajar la vista hacia el plato que me acababa de servir el camarero me fijé en un letrero donde rezaba la frase: No stupid people. El cuento de Edgar Allan Poe, la carta robada, se me echó encima sin previo aviso. Al igual que en el cuento, la mejor manera de no llamar la atención sobre la estupidez mórbida de la clientela, pensé, es poner un cartel que haga referencia a su prohibición en ese local donde posiblemente, debido a la naturaleza expuesta del lugar, no es detectada ni sospechada por los portadores endémicos de semejante virus. Lo que me llamó la atención del descubrimiento no fue el descubrimiento en sí mismo, sino la intención que ha animado al dueño y camarero del restaurante a poner el cartel. Un restaurante donde, me confesó, se juntan con frecuencia, dependiendo del día y de las horas del día, la mayor cantidad de estúpidos por metro cuadrado que quepa imaginar. Ser básico no significa ser estúpido, dijo el camarero, la estupidez deviene cuando el ser básico se cree un sabelotodo. Un fantoche. El cartel de marras, me dijo el camarero jefe, no lo quiere esconder donde posiblemente el fantoche podría  husmear, sino en el sitio más simple y visible, donde no será buscado ni sospechado. Espera el momento del colocón de la mayoría de la clientela, a partir de las doce la noche, para colgar el delantal debajo del cartel y desaparecer por unos minutos. Es cuando el cartel adquiere la máxima visibilidad.


viernes, 1 de mayo de 2026

RAUL QUINTO

 SOLA


de dónde viene lo que no puede venir

 

desde qué cuándo

 

qué es este aquí que sucede

este ahora por qué

 

esta corola de flor de vértigo

ardiendo al otro lado

de dónde viene si no puede venir