El muro
Un cántico de nada
por esta bicicleta dormida contra un muro
sobre el que, de niño,
jugabas seguramente a andar recto,
con los brazos en cruz
como si el cielo agarrara tus dedos por cada lado,
y en la sonrisa que tu alegría y tu concentración
modificaban a medida que avanzabas,
tú no sabías todavía
que serías amado y que amarías
de las más bella de las maneras:
en silencio
para proteger aquello que es cierto.
