viernes, 30 de octubre de 2026

LO DEJAMOS ACÁ

 Un psicoanalista pragmático pierde la fe en los métodos habituales de la psicología y comienza a sobrepasar los límites con sus pacientes. Todo parece funcionar hasta que un escritor con un bloqueo creativo llega a su consulta.

La película arranca con ese psicoanalista explicando, ante una audiencia que asiste a la entrega de un notorio premio que le ha sido concedido, las razones de su pérdida de Fe en los métodos habituales. Después de sus explicaciones anuncia que no puede aceptar el premio, lo que produce el fingido asombro de aquella. Con esta escena el director de la película “Lo dejamos acá”, Hernán Goldfrid, le dice al espectador desde donde tiene que mirar la película. Es decir, el punto de vista que ha elegido, que no es otro que el de una sátira feroz contra la sociedad argentina. Esa misma a la que pertenecen todos los presentes en la entrega del premio que tiene el mayor número de psicoanalistas del mundo y al mismo tiempo el mayor número de personas con deterioros severos en su estado mental.


Todo lo que vemos a continuación, ya no los ha advertido el director, queda bajo la influencia de esa presentación. El punto de giro de ese punto de vista forma parte de lo que es propio de la sátira es la exaltación de lo estrambótico o paranormal. Y quien mejor para llevar a cabo ese momento que un escritor que se queda en blanco en su proceso creativo interpretado, por Diego Peretti, y que es uno de los que forma parte de la audiencia que oye al protagonista renunciar al premio que le habían concedido por los méritos de su labor profesional.


Al partir del encuentro entre el psicoanalista y el escritor, todo lo que vemos a continuación se enfila por el camino de la mordacidad de la sátira sin dejar títere con cabeza. Ahora ya no solo de la profesión del primero y de sus pacientes, a los que dedica unas secuencia memorables, como cómplices necesarios de la representación de ese deterioro mental que aqueja a toda la sociedad argentina y que anunció al principio el premiado. También se mete con el hecho creativo de los artistas y sus bloqueos mentales: ¿una variante del deterioro mental del común de los argentinos como lectores? Es el momento donde los métodos habituales del psicólogo son apartados por inservibles, tal y como anunció en su discurso del principio, y los del espía más conspicuo toman el mando de la situación hasta que el psicoanalista suplanta la personalidad creativa del escritor consiguiendo que este publique su mejor novela.


El espectador asiste asombrado a la gran transformación de una de las ideologías que apuntaló durante muchos años del siglo XX el sentido de la existencia de la humanidad: el psicoanalista ya nos es el científico certero que sabe de las intimidades del ser humano urbano y burgués, ahora es el espía de la internacional digital, por decirlo así, que husmea y hurga en los relatos que cada cual se organiza para llegar a fin de mes entre whatsapp y podcast.