A finales del pasado mes de junio, un año más, miles de cinéfilos del mundo entero se congregaron en Bolonia para asistir a una nueva edición del festival “El Cinema Ritrovato”. Yo no pude ir, así que compensé la ausencia volviendo a ver “El halcón maltés”, ópera prima de John Houston, y también, según los que se dedican a hacer listas, la primera película del género noir.
Vaya por delante que de nuevo la película me mantuvo pegado a la butaca gracias al tanden Sam Spade-Humphrey Bogart y a los diálogos entre sus personajes en el medio de todos ellos se encuentra siempre, como no, el mencionado tanden de dos que en este caso es solo de uno. Puestos a averiguar quién lleva la batuta en la historia, por aquello de saber como espectador con quien me las estoy viendo y midiendo, uno no sabe si Spade hace a Bogart o es la revés. Tan es así que la mayoría de los personajes que Bogart encarnó a lo largo de su carrera llevaban algo del personaje Spade en sus ademanes físicos y mentales, algo de su forma de mirar el mundo. Lo que pudiera ser una limitación profesional - véase el caso del actor español Bardem que solo sabe encarnar bien a sicópatas irreductibles fuera de los cuales su capacidad interpretativa es muy reducida - en el caso de Spade-Bogart es un mérito de su talento actoral. El disfraz (Spade), por decirlo así, no le pone impedimentos ni trabas a que la autenticidad de Bogart se manifieste en todo su esplendor mientras investiga la localización del pájaro pintado de negro. Y viceversa. Esta vez que los he vuelto a ver, se me ha ocurrido pensar que también John Houston lo leyó así y me doy cuenta que eso le permitió hacer una puesta en escena innovadora tanto en los giros narrativos que introduce, como en el montaje de las distintas escenas, como en la forma de utilizar la luz o la obscuridad, según se mire. Al final uno no sabe si es Spade quien representa a Bogart o es al revés. Lo que quiero decir - siempre dentro del campo del espectador, determinado como está por su obligación de saber quién es el narrador, es decir, como se lo representa mientras está viendo la película - es que Houston consigue construir una unidad narrativa hecha de ficción y realidad, donde las mañas y habilidades de Spade y Bogart van de la mano - al contrario de sus antepasados Holmes y Watson en las historias de Conan Doyle -, a la hora de relacionarse con la mujer fatal Brigid O'Shaughnessy y los otros personajes que pululan alrededor de las peripecias del pájaro. A saber, el taimado y cínico Joel Cairo, el orondo Kasper Gutman, el lacayo de este último Wilmer Cook, y los dos polis que persiguen a Spade para que les cuente todo lo que va averiguando. Unas peripecias que se inician en el siglo XVI, cuando los Caballeros de la Orden de Malta regalaron a Carlos I de España y V de Alemania la estatuilla de un halcón de oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas. Era una muestra de gratitud por ciertas prerrogativas que el monarca les había concedido. Sin embargo, la joya no llegó nunca a manos del Emperador, ya que la galera que la transportaba fue asaltada por unos piratas. Mire usted por donde los caprichos de la historia.
Cuatrocientos años después, el detective privado Sam Spade y su socio Archer aceptan el encargo de una joven que quiere encontrar a su hermana, que ha desaparecido con un hombre sin escrúpulos. Hasta aquí, mas o menos, lo que nos cuenta Dashiell Hammett en la novela homónima. Después de la visita de la joven al despacho de Spade, su socio es asesinado de forma misteriosa y Bogart entra en acción sin olvidar a su alma gemela Spade, que se ha quedado como dueño en solitario del despacho de detectives. Como puede apreciarse Houston abandona la lógica narrativa de sus antecesores Holmes y Watson, y se mete de coz y hoz en el laberinto que él mismo va creando con sus giros, con unos personajes a cual más friki e impredecibles todos con algún interés confesado u oculto en el halcón maltés, propiedad del emperador español que nuca llegó a recibir, En fin, rodeando todo ese laberinto de un ambiente sombrío donde nunca nace el sol pero si todo el sentido que la luz de aquel siempre oculta bajo las apariencias luminosas que genera, tan propio del estilo noir que el director americano está inventando, como ya he dicho. Al final de la peli, Spade comenta a los policías que han venido en su ayuda - y sobre todo comenta a los espectadores que lo hemos seguido hasta donde se encuentra - mientras mira el pájaro al fin recuperado y se llevan a la mujer fatal que lo ha estado engañando: todo lo que ustedes han visto y verán, incluido este bicho, forma parte del material del que está hechos los sueños.
Willian Shakespeare, again. Cerrando así el ciclo del bloque del tiempo, que la película ha inaugurado desde el primer fotograma.