lunes, 16 de marzo de 2026

LUCIANA REIF

 Voy construyendo la soledad

como un galope, soy
Juana de Arco,
bella y majestuosa
arriba de mi caballo.
Alrededor mueren
y renacen los hombres,
no es su amor lo que me hace
valiente, es ser quien soy
a pesar de ellos, conservar en mi centro un corazón
capaz de dar batalla.

LA VIDA SABIA

 La vi venir hacia donde yo estaba parado mirando el vuelo de un pájaro que me llamaba su atención, pues no siendo una carroñera lo parecía. Son situaciones que se repiten, pero yo siempre imagino con temor que la improbable carroñera está esperando que me descuide para abalanzarse sobre mi. A la mujer la vi venir, digo, despacio como si estuviera buscando algo. No era el pájaro que atraía solo mi atención, era, también, lo tenia detrás de mi, un banco de madera e hierro forjado que estaba colocado al lado de un árbol, un alto ciprés creo. La mujer se acercó donde yo estaba, yo me aparté unos metros y ella se sentó en al banco. Miro hacia el cielo donde el pájaro seguí simulando que era un carroñero a la busca de su festín. La mujer abrió el libro y se puso a leer por la página donde lo había dejado. Yo me apoyé en el árbol y aunque pudiera parecer improbable - como que el pájaro que recaba mi atención fuera un carroñero - sí nos atenemos a cómo nos tratan con sus obscenas palabras los adictos a los medios de desinformación, la sabia placidez que tiene la vida surgió de forma inesperada entre el banco donde se había sentado la mujer, el árbol donde me apoyaba y el libro que aquella tenía entre sus manos. 

viernes, 13 de marzo de 2026

ALFONSO ARMADA

 DIARIO DE NOCHE

La noche del solsticio

llegó preñada de barcas iluminadas,

no de una certeza más

de la señal injusta de vivir.

Una estrella

abierta como un bar íntimo para cada hombre.

OBVIEDAD

 El pueblo donde vivo está situado en la falda de una montaña que debe tener algo más de mil quinientos metros de altura sin llegar a los dos mil. Y debe ser así desde el último movimiento geológico hace muchos miles de años. De otra parte el tiempo dentro del cual está enmarcada nuestra vida está dividido convencionalmente en veinticuatro horas. Lo que quiero decir con ello es que mi vida, y por extensión nuestras vidas, se encuentran encuadradas en dominios espacio temporales estables. Y esto es lo que percibo cada mañana cuando me hago mi caminata. Una forma de percibir a la que se acopla una forma de atención a lo que me voy encontrando en el camino. Ni que decir tiene que esa percepción y esa atención se encuentran enmarcadas también dentro de sus dominios espacio temporales. Y, por supuesto, las palabras que traten de dar cuenta de lo que percibo y en lo que me fijo. Todo esto parece una obviedad que no haría falta mencionar, pero la experiencia me dice lo contrario. Ni somos conscientes del paradigma espacio temporal en el que vivimos, ni, menos aún, del de las palabras que utilizamos para movernos por donde sea que transite nuestra vida. El resultado de todo es la incomunicación existente, que es más hiriente cuando todo el mundo no deja de hablar tiñendo sus palabars con una obviedad absoluta.

miércoles, 11 de marzo de 2026

IDA VITALE

 ACCIDENTES NOCTURNOS

Palabras minuciosas, si te acuestas
te comunican sus preocupaciones.
Los árboles y el viento te argumentan
juntos, diciéndote lo irrefutable
y hasta es posible que aparezca un grillo
que en medio del desvelo de tu noche
cante para indicarte tus errores.
Si cae un aguacero, va a decirte
cosas finas, que punzan y te dejan
el alma, ay, como un alfiletero.
Sólo abrirte a la música te salva:
ella, la necesaria, te remite
un poco menos árida a la almohada,
suave delfín dispuesto a acompañarte,
lejos de agobios y reconvenciones,
entre los raros mapas de la noche.
Juega a acertar las sílabas precisas
que suenen como notas, como gloria,
que acepte ella para que te acunen,
y suplan los destrozos de los días.

INDECISIÓN

 Hoy cambié el recorrido de mi paseo mañanero por acompañar a mi mujer, que le molestan los ruidos automovilísticos del recorrido que hago solo habitualmente. Ciertamente hay menos ruido y nulas probabilidades de que te topes con un control de la guardia de tráfico, que últimamente tiene un afán de productividad inusitado. Sin ir más lejos, el día anterior me topé con unos de esos controles policiales que colapsan el tráfico en una de las rotondas que hay en mi recorrido andarín habitual. Pasé de largo. Pero luego me enteré en la frutería, que el mencionado control era para averiguar en qué estado de actualidad se encontraban las iTV de los automóviles que por allí pasaban. La presencia de toda esa algaravía me sacó de lo que se había instalado en mi mente nada mas comenzar a caminar. En la noche anterior había visto la película “Tal como éramos”, de Sidney Pollack, que sitúa la acción narrativa en los inicios de la Segunda Guerra Mundial, cuando 

EE UU está a punto de entrar en la contienda. Y lo que ocupo mi mente fue aquello del eterno retorno en nuestras vidas. Hoy como ayer la guerra llama a la puerta de nuestras cómodas vidas, y lo hace a través de los chismes electrónicos que jalonan nuestros confortable patrimonio hogares. Hoy como ayer existen tipos como Hubbell Gardiner, chico guapo e inteligente que le gusta disfrutar de la vida antes que comprometerse en la solución de sus injusticias. Y como Katie Morosky, que es una chica inteligente que tiene unos ideales muy claros sobre un mundo mejor y más justo para todos, y lucha por ellos sin esconderse ni venirse abajo en un sitio en el que nadie piensa como ella. A los metros de la rotonda donde se encontraba la algaravía, dudé entre permitirme seguir siendo feliz con mis ensoñaciones con la peli Hubbell y Katie, o interesarme por lo que estaba ocurriendo en el control de la policía. Si seguía lo primero cabía la posibilidad que hiciera una comparativa con la situación geopolítica presente y mi euforia cinematográfica descendiera apreciablemente. Si optaba por la segunda opción, me acabaría metiendo de coz y hoz en la sordidez de la actualidad cotidiana doméstica. 

martes, 10 de marzo de 2026

MARÍA ÁNGELES MAESO

 No ha sido un mal sueño mal atado

en una cuerda de ciegos, solo
son noches en las que no se ve
quién va delante y quien va detrás.
Supones que has aplastado algo,
un puñado de paja o un pequeño
animal que ha hecho temblar al coche.
Pasada la curva, vuelves a la mancha,
para oírte repetir que ira o saña
están descartadas, pero la mosca
que zumbó sobre Duras te alcanza:
La muerte de cualquiera es la muerte entera.