jueves, 17 de septiembre de 2026

JUAN EDUARDO CIRLOT

 Triste, mi corazón, como los ángeles

Triste, mi corazón, como los ángeles
que sólo son cenizas estelares,
polvo de las galaxias más oscuras,
consunciones de cánticos ausentes.

Mis manos me acompañan hasta el bosque
donde un instante estuvo tu fulgor
de pronto recobrado por los ávidos
poderes de la nada y de lo nunca.

Me caigo en torno mío y me deshago
en un montón de letras en que apenas
tu nombre de amatistas y de muérdago,
Bronwyn, no se desgasta con el tiempo.

SOLO ANTE EL PELIGRO

 Lo que interpela al espectador de hoy, al ver esta película, es llegar a comprender como afecta al tiempo de que están hechas las almas de tantas vidas convocadas a un lado y otro de la pantalla, durante el tic tac de la hora de espera que marca el reloj de pared mecánico.

El lugar común es el pueblo de Hadleyville y la hora del reloj común es la llegada del tren al medio día. Entre ambas coordenadas transcurren, desde el primer minuto de la película de Fred Zinemann, las vidas de todos y cada uno de sus protagonistas, y a través de ellos la experiencia del espectador que va cronometrando con su mirada sobre el reloj que aparece periódicamente los cambios que se van produciendo en la vida exterior e interior de los protagonistas. Esa simultaneidad y relación de causa y efecto entre los sucesivos acontecimientos que van ocurriendo a medida que el tic tac del reloj se acerca hacia su destino: high noon, da cuerpo y sentido, por un lado, al suspense: que va a pasar en el próximo minuto, y, por otro, al misterio que está sucediendo siempre en la intimidad de cada personaje. Orden, duración y frecuencia. El tiempo articula el proceso de dar forma y fijar la experiencia humana. Toda narrativa reordena la experiencia temporal. Cuando la velocidad de las experiencias impide su elaboración, y se pasa de una a otra sin solución de continuidad, la capacidad simbólica se deteriora. No es el caso de “Solo ante el peligro”. Más bien el espectador comprende, no sin esfuerzo, todo lo contrario. Al final de la peli, el sonido del último disparo y el del último tic tac que ha debido dar el reloj, esta vez fuera de cámara, que nos ha acompañado como un fiel protagonista, proporcionan el sentido del tema de la peli, que no es otro, por fin lo comprendemos en toda su dimensión e intensidad, que el de la espera y la soledad que lleva añadida. 


Esperar es una lata. Y, sin embargo, es lo único que nos hace experimentar el roer del tiempo y sus promesas. Hay infinitas formas de demora: la que llega con el amor, la visita al médico, la espera en el andén o en el atasco. Esperamos: al otro, la primavera, los resultados de la lotería, una oferta, la comida, al adecuado, y a Godot. Entonces, ¿por qué esperamos lo que espera Will Kane tantos años después, nosotros que además de lo dicho también somos los espectadores mas impacientes de la historia de la humanidad? Nosotros los hijos terribles de la edad moderna, que por no esperar ya no esperamos ni a dios ni al diablo. Nosotros que al decir que esperamos queremos decir que sólo nos esperamos a nosotros mismos. Sin ningún tipo de esperanza.


Una de las virtudes que uno descubre al volver a ver hoy “Solo ante el peligro” es que ata en corto a nuestra proverbial impaciencia digital. Y no es poca cosa. Es lo que pasa con el cine clásico. Devuelve al mundo el sabor del tiempo y del espacio, como un ser vivo que es, separándolo, debido la complicidad con la peripecia de Will Kane y sus contemporáneos, del sabor máquina de los andurriales digitales por donde habitualmente deambulamos.





miércoles, 9 de septiembre de 2026

AROA MORENO

 NO QUIERES ESTE LIBRO

El tejido es el mismo.
Galope brutal
del corazón de enero.
Adivinas lo que cargan sus páginas.
Una herida tierna en el origen.
No cosas esta carne todavía.
Mirémonos de frente.
Temblemos los dos juntos.
Las puntas de los dedos.
La mandíbula.
Somos los mismos de aquellas mañanas
luminosas de verano.
Pero ya nunca dormimos como entonces
¿por qué cerrar los ojos?

LA BRASILEIRA

¿Te lo puedes creer?, cuando llegué a Lisboa nunca pensé que pudiera llegar a verlo. Acompañaba a mi marido que iba a dar una conferencia en la Universidad sobre la viabilidad de los derechos humanos en la época de la inteligencia artificial. Allí me enteré que vivía en la capital portuguesa. Nada más entrar en el café La Brasileira, lo vi en un rincón rodeado de papeles. Alberto al alzar la mirada también notó mi presencia. Te cuento todo esto porque no sé por qué dirigí mis pasos a donde sabía seguro que iba a encontrarlo. Aunque ahora que te lo digo, nada más cruzarnos la mirada en el café lo que me vino a la cabeza fue el aeropuerto de Roma hace dos años. Habíamos quedado allí para marcharnos juntos a Estados Unidos. Yo no puede ir y tampoco pude avisarle. Desde entonces no ha habido un minuto que no me acuerde de ese día. 

domingo, 6 de septiembre de 2026

FRANCISCO DE QUEVEDO

 Definición del amor

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.
Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.
Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.
Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

DIÁLOGO AMOROSO

  • ¿Te lo puedes creer?, nunca pensé que iba volver a verte.
  • Tantos sitios donde tenías para ir y tienes que venir a Lisboa
  • No fue mi intención venir aquí, me han traído. 
  • Quien, si se puede saber el afortunado.
  • Paulino Zugazagoitia, ¿lo conoces?
  • Como desconocer al gran defensor de los derechos humanos.
  • Estaremos sólo dos días en Lisboa
  • Veo que te ha ido muy bien desde que me dejaste
  • No empieces Alberto
  • Empezaste tu aquella tarde en el aeropuerto de Roma
  • No puede avisarte que no iría 
  • Una llamada de teléfono no cuesta tanto 
  • Aunque te cueste creerlo perdí el teléfono 
  • Y no te has vuelto a comprar otro
  • Puedo explicártelo, la vida se me complicó como no te puedes imaginar 
  • A mi se me hizo muy sencilla, pero también muy dolorosa, allí solo en el aeropuerto con el corazón hecho trizas.
  • Nunca fue mi intención hacerte daño
  • Como has venido a este “tugurio”. 
  • Todo el mundo conoce a Alberto en Lisboa.
  • Pues ya ves, sigo vivo.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

SARA HERRERA

 ¿CÓMO SE CANTA LA NANA DE LOS NIÑOS QUE NO HAN NACIDO?

Con un metrónomo y una carta,
la madre cose un pantalón pequeñito,
ay, mi niño, ay,
como una manía de miel y llanto.

La nana existe, mujer,
tu hijo huele a un perfume de flores y betún
y tu cuerpo aprende a sostener un espejo que está roto.