martes, 24 de febrero de 2026

VITA SACKVILLE WEST

 SELECCIÓN



Teníamos un jardín en la colina,


Plantamos rosas y narcisos,


las flores que cantan los poetas ingleses,


y aguardamos la gloria primaveral.


Plantamos malvarrosas amarillas


y humildes variedades dulzonas


y aguileñas en carnaval


y soñábamos con el festival del estío.


Y que el otoño no se quedase atrás,


como heredero del sol veraniego,


recubriendo su leonada cabeza


con amapolas y enredaderas escarlatas.


Esperamos que crecieran todas ellas


plantamos hileras ornamentales


y lavandas y borrajas azules


Ay, esperamos tú y yo


pero sólo el amor creció.

UNA CAJA DE CERILLAS

 EL ESPINOSO ASUNTO DE LA REPRESENTACIÓN 

Pudiera parecer al lector que en la novela “Una caja de cerillas”, de Nicholson Baker, el narrador Emmet y sus personajes tienen capacidad de hablar de todo, y, por tanto, no hay ninguna razón para que hablen de lo que quieren. Será una mala intuición.


La narrativa - “una caja de cerillas” es una obra narrativa - es una representación de lo que Emmet conoce con el nombre de mundo  o vida, cuya único valor, utilidad y belleza depende de la potencia con que nos haga penetrar en eso que él llama su mundo o su vida. De otro modo sería un sistema como cualquier otro para dormir como benditos. En último sentido puede decirse que la narrativa de Emmet en “una caja de cerillas” no está en condiciones de mentir, a pesar de que la ilumine solo con cerillas y a horas intempestivas de la madrugada, lo que equivale a decir que las reglas de su representación son tan rigurosas como rigurosos son los sueños, las fantasías, la riqueza, la pobreza y la muerte. Si Emmet al escribir “una caja de cerillas” inmerso voluntariamente en la obscuridad, vulnera aquello de lo que parte (su vida o su mundo) de forma que se vuelva irreconocible, el lector tendrá ante sí una escritura opaca, desligada de todo y cuya estructura es igual que la del pozo cuando atrae hacia su abismo. Y al parecer no es así lo que experimenta el lector con su lectura.


Todos reconocemos a la obscuridad, por resumir, como la cara oculta de la luz, y también reconocemos que algo ocurre y puede, por tanto, ser conocido cuando aparentemente nada ocurre. Según las cosmogonías arcaicas, el sol tiene un recorrido diurno que va de este a oeste, pero en horario nocturno desanda ese mismo camino para refugiarse «en las profundidades de la 

sagrada y oscura Noche», donde habitan «su madre, su esposa y sus queridos hijos». La representación, pues, solo puede moverse en el espacio entre lo que reconocemos y lo que conocemos. Esto es importante tenerlo en cuenta: hoy podemos hacer lo que queramos, cierto, pero no podemos querer (amar) todo lo que hacemos.


Emmet no habla, como pudiera creerse, de lo que sabe cuando se levanta y se pone en pie alumbrado solo por una cerilla. Única Luz que ilumina la lucha que mantiene entre su voluntad de querer hacer y su capacidad de amar lo que hace. 


Emmet no deja de ser el narrador de esta historia y el personaje principal de la misma. Y a los personajes les pasa, como a las personas, que no lo saben todo ni de sí mismos ni de lo que los rodea, O no saben lo suficiente, o no lo saben en absoluto. Pero, atención, al lector pudiera parecerle que Emmet es un narrador circense o saltimbanqui, de esos que te ofrecen un potingue de crecepelo en las ferias populares o te invitan - pasen y vean - al espectáculo más inaudito: la mujer barbuda. Debido a nuestra experiencia lectora sabemos que no es así.


Si Emmet, y sus personajes, no saben de sí mismos para que aquel trabaje con su tema, parece plausible que se trate que hable alguien más que Emmet y sus personajes. Que hablen sus calcetines rotos, la cafetera, la hormiga Fidel, los troncos de la chimenea, la pata, la nieve, etc. Tengamos en cuenta como lectores que las novelas hablan de “temas” no de personajes y que los personajes no tienen la misión de parecerse a nadie, sino la de transportar una intención, un sentido. Y para esta misión tan válidos pueden ser Claire, Henry y Phoebe como los calcetines y la hormiga Fidel…etc


Cabe pensar que Emmet es consciente que su familia saben poco de sí mismos y del mundo de las cosas que comparten en casa: el tema que a él le interesa.Así intenta que hablen las cosas mismas para alcanzar la intención que originó el relato. En esta tesitura, Emmet tiene dos caminos: la utilización del Diálogo, marcando efectos y silencios, marcando la dirección de la ignorancia de los personajes y situando al lector ante la pregunta comprometida en el tema, o servirse de la Descripción para introducir lo que no está suficientemente sabido y que se añadirá a lo que hasta ese momento se ha sabido o se puede saber.


De los personajes con alma ya sabemos cómo se comportan para hacer visible o audible su existencia. Valga decir que la intención Emmet con su novela “una caja de cerillas” es averiguar lo que un personaje objetivo puede decir para mostrar que existe. Pues hay un diferencia fundamental entre que Emmet me hable de sus calcetines rotos, la cafetera, la hormiga Fidel, los troncos de la chimenea, la pata, la nieve, etc., a que el lector vea los calcetines rotos, la cafetera, la hormiga Fidel,…

viernes, 6 de febrero de 2026

JULIO CORTÁZAR

 Soneto gótico

Esta vernácula excepción nocturna,
este arquetipo de candente frío,
quién sino tú merece el desafío
que urde una dentadura taciturna.

Semen luna y posesión vulturna
el moho de tu aliento, escalofrío
cuando abra tu garganta el cortafrío
de una sed que te vuelve vino y urna.

Todo sucede en un silencio ucrónico,
ceremonia de araña y de falena
danzando su inmovilidad sin mácula,

su recurrente espasmo catatónico
en un horror final de luna llena.
Siempre serás Ligeia. Yo soy Drácula.

CLUB DE LECTORES ADULTOS 50

 La escuela de niños y el club de lectura de adultos son dos de las causas más nobles de la experiencia humana. También dos formas insuperables de poder habitar el latido de una comunidad. Ahora bien, para superar su imperfección hay que subrayar su nobleza dentro de la corrupción tumultuosa de las sociedades a las que pertenecen. Sociedades como las actuales, que estando informadas de todo pierden la claridad de lo fines de por que hay que ir a la escuela y al club de lectura. Pues se preguntan, ¿para que ir a la escuela si nunca va a estar la altura de la información que poseemos en los chismes que mis papás me ponen en la mano al mismo tiempo que el biberón?; y si voy al club de lectura es para vomitar “todo lo que sé”. Faltaría mas

miércoles, 4 de febrero de 2026

LUCERO VELASCO

 LA SAL DE LA TIERRA

Reaparecemos al fondo del vaso,
las arrugas se nos enredan por el rostro.
Alguien barre.
Es de mañana y, por una hora o dos,
nadie es mucho más
que su aliento en el vidrio
o el mango de la escoba.

EXILIO LINGÜÍSTICO

 Todo va muy rápido debido a las redes sociales y por ello se envejece antes, lo que hace que la gente tenga prisa por seguir apareciendo joven. Para ello más vale tener a mano una imagen rápida,  antes que saber manejar lentamente mil palabras.  Y es que Baudelaire describió la vida humana como islotes de horror en un océano de hastío. En esas estamos. El caso es que estoy pensando exiliarme lingüísticamente. El idioma español se ha contaminado de horror y hastío, y no hay manera de encontrar un lugar y un hablante qué no esté afectado por el virus. No se quien está detrás - o si lo pienso un poco los descubro - de la educación de esta patulea de charlatanes nacidos en plena democracia que parecen más bien que su madre los parió en las barricadas cercanas a la batalla del Ebro o en cualquier campo de concentración o checa de la época de marras. Y es que si la abundancia deforma, el tenerlo todo desde recién nacido sin esfuerzo a cambio deforma y corrompe absolutamente. Quien tenía que defender con más ahínco el desarrollo y plenitud de la democracia, pues es la herencia de la época que les ha tocado vivir, defienden la dictadura del proletariado de la época de la Rusia zarista, o la tiranía cultural de la época maoísta, o la vuelta al pasado franquista. Cuesta creer que esta camada de consentidos estén tan mal educados que hagan suya la brujería palaciega de Rasputín o la mano asesina del soviet supremo de Stalin, o las marrullerías torturadoras del inspector Conesa, y les sea imposible asumir la verdadera herencia de la época de sus padres, a saber, el ideal democrático de Habermas. Que  como ya dije en la entrada anterior, consiste en comportarse como si fueran seres dotados de una racionalidad ilimitada, tiempo infinito para deliberar, ausencia absoluta de intereses materiales, buena fe inquebrantable y una empatía que nunca se agota. Repito, como si fueran seres perfectos. Solo les pido eso: el como si. Que más se le puede pedir a un ser mortal e imperfecto.

El problema es que el buenismo de Habermas conduce a la paradoja más deliciosamente suicida de toda la Ilustración tardía: una sociedad que, para poder practicar sin límites la razón comunicativa, tendría que estar compuesta exclusivamente por gente dispuesta a practicar la razón comunicativa. Y lo está. Pero basta con que el 0,1 % sean niños aburridos de familias acomodadas de la clase media famosa (esa de donde proviene esta camada de la que vengo hablando, no son más) que queman contenedores porque el sistema es violencia, o que sin haber trabajado en su vida hacen carrera esperando su turno oportunista en las filas del grupo de poder correspondiente, basta con ese eximio porcentaje, digo, para que todo el hermoso edificio de Habermas se venga abajo en una tarde de disturbios. No se puede conversar en paz con tanta ideología - ese parálisis diaria del pensamiento -, en pie de guerra. Así que un exilio lingüístico me permitirá alejarme de tantas palabras que no dejan de atentar contra la paz de las almas y de los cuerpos. Y al fin y al cabo contra la paz del mundo. La guerra, otra vez. No lo duden, lo acabaremos viendo. Y el síntoma indudable es esa constante que se repite machaconamente, a saber, la primera víctima de la guerra, cualquier guerra, son las palabras. El uso que hacemos de las palabras. Antes de que las bombas destruyan las ciudades y los cadáveres llenen las calles.

lunes, 26 de enero de 2026

ÁNGEL CRESPO

 El tiempo se ha posado como un pájaro

El tiempo se ha posado como un pájaro
peregrino y cansado
a la sombra que doy. Ave de alas
abiertas y caídas
ahora, la cabeza inclina, y abre
el curvo pico, ya ciega a la luz
que ahora no mueve rayos.
Igual que un agua que se remansara
cuando, al formar cascada, está cayendo,
o como llama que de arder dejase
al unirse a otra llama, o como aire
que cesa de moverse a medio viento,
así el tiempo, a mitad
de sí mismo, pretende que yo aprenda
a eternizarme -y que me pare un punto
a la sombra que da bajo mi sombra.