miércoles, 15 de julio de 2026

MARCELO DIEZ

 Newton y yo

La manzana que cayó durante la siesta de Newton
descansa en mis manos
como un agujero negro hambriento de sentidos.
La muerte de los cometas cabe en su núcleo.
Escribo el poema
con lo que tarda un rayo de luz
en aparecer en el mundo.
Newton sabía que los árboles
trabajan a la inversa de la gravedad,
lo leyó debajo de sus píes:
en cada hombre, comprimida,
hay una descarga universal
del tamaño de un planeta.

ARTE Y PODER

Estamos en 1980. El nuevo gobierno francés del socialista François Mitterrand convoca el mayor concurso de arquitectura de la historia, para construir el Arco de la Defense. Codiciado por todos los grandes estudios internacionales, el ganador es, sorprendentemente, un absoluto desconocido: Johan Otto von Spreckelsen, un profesor de arquitectura de Copenhague. Que nada más conocerlo dice que su obra ha sido imaginada a servicio del bien de la humanidad. Solo si es así, una vez levantado el Arco de la Defense, estará a servicio de la ciudad de Paris y de todos sus visitantes. Toda una declaración de principios, que deja claro ante el espectador nada más comenzar, los derroteros por donde va a ir la peli. Hasta ese momento, este danés de cincuenta años solo había construido cuatro edificios: su casa y tres pequeñas capillas. De la noche a la mañana, 'Spreck' se convierte en el centro de todas las miradas. De esto va el argumento de la película “El arquitecto”, de Stephane Demoustier.

Todo en el inicio despide aroma de renacimiento e ilustración. Todo respira esperanza. El poder y el arte se ven las caras de nuevo y parece que esta vez se pueden entender. Los Médicis y Leonardo da Vinci. Los ilustrados de izquierda y Spreck. En fin. Se respira esperanza entre las butacas, no porque de las imágenes iniciales deduzca el espectador que se vaya a llevar a cabo la gran obra del Arco de la Defensa, sino porque todo lo que se ve sobre el papel y la pantalla tiene sentido. Incluso el hecho de que le hayan dado el encargo a alguien desconocido. Mas aún, sentí como un pellizco romántico en mi intimidad. Por aquello de que si es poco conocido ahora tiene la oportunidad de que lo conozcan. Incluso vi generosidad en el presidente Mitterrand, al no querer aprovechar el relumbrón del arquitecto ya famoso en beneficio propio. 


Pero cuando la película echa a rodar el sentido esperanzador del principio se diluye casi sin que el espectador se dé cuenta, tan hipnotizado estaba con las maneras de contar su proyecto el arquitecto Spreck, resumido en el sintagma: “el Arco de la Defensa es el amor de mi vida”, como confiesa textualmente a uno de los colaboradores que le han asignado. No recuerdo que el presidente de la República, François Mitterrand, dijera algo parecido respecto al monumento que quería inaugurar en el bicentenario de la Revolución Francesa. El sentido esperanzador se diluye respecto a la buena sintonía que Arte y Poder mostraron en los protocolos de asignación de la realización de la obra. Pero lo que no disminuyó fue el tesón creativo que el arquitecto Spreck mostró durante toda la película en la defensa de su obra como un todo con sentido, que no admitía las veleidades y arbitrariedades del ejercicio del poder. Esto es algo que se sabe, pero lo que no sabemos es como lo sabemos. Valga destacar, a este respecto, la elección del mármol que Spreck ha previsto sea de Carrera. La secuencia en que lo vemos, en compañía del equipo, visitar las canteras de la ciudad italiana refleja con valor y coraje el punto de vista que el director Demoustier ha elegido para filmar su película. Y también la deriva que, a partir de ese momento, va a adquirir la película en la que el  protagonismo será la lucha abierta entre el artista Spreck y el grupo de técnicos vinculados a los intereses del Poder, que como es fácil suponer son cambiantes e imprevisibles, tanto para el arquitecto como para el espectador, que a estas alturas ya ha tejido con la inteligencia de éste una complicidad que lo acompañará hasta el momento de verlo morir en un banco del parque de la esplanada de la defensa. No pudiendo llegar a ver en vida el amor de su vida.

lunes, 13 de julio de 2026

ISABEL RUANO

 Los farsantes

Para ir decapitando monumentos
hace falta el silencio,
los santones hicieron sus columnas
pero no tienen estandartes.

Qué lugar daremos a cada quién
en nuestra historia?
Ya ni siquiera importa,
los héroes están muertos
y cada quien fabrica sus hazañas.

El tiempo es un invento malévolo,
nunca aprendió a creer
en la verdad
porque nació desnudo como los hombres,
y, además, es que existe la verdad?

EL CASO 137

 Stéphanie, agente de policía de Asuntos Internos de Paris, considera como parte fundamental de su tarea profesional la clarificación de su existencia a partir de la clarificación del “caso 137,” título de la película dirigida por Dominik Moll. Un caso relacionado con un joven gravemente herido durante una tensa y caótica manifestación de los chalecos amarillos en la capital francesa. Si bien no encuentra pruebas de violencia policial ilegítima, el caso adquiere un cariz personal al descubrir que la víctima es de su ciudad natal y transformará el caso 137 en algo más que en el trámite de un simple expediente. 

Lo que sí se le aparece claro al espectador, desde el primer fotograma, es que Stephanie no está meramente ahí, como un poste a un número de expediente pegado. O también, que los Asuntos Internos de la policía de Paris son algo que más que asuntos de familia o asuntos corporativos y como tales se ha de resolver, como es habitual en toda familia mafiosa que se precie y aprecie, de puertas para dentro y con la omertá en bandolera. Muy al contrario, nos viene a decir Stephanie con sus palabras y sus actos, los Asuntos Internos de la policía de Paris son asuntos públicos pues son los ciudadanos quienes sostienen, dando forma y aliento con sus votos, impuestos y sus opiniones, a quienes habitan los edificios donde se dirimen y se toman decisiones sobre tales asuntos internos. Hasta aquí un poco de didáctica democrática. 


En efecto, el asunto del joven gravemente herido en una de las manifestaciones de los chalecos amarillos llega a asuntos internos de la policía de Paris, digamos, a oscuras y por la puerta de atrás. Y lo primero que se pregunta Stephanie, y de paso nos lanza la pregunta a los espectadores, es por qué no ha entrado por la puerta principal y con la luz y taquígrafos funcionando a pleno rendimiento. Asuntos Internos de la Policía de Paris, se pregunta también Stephanie no es un departamento para quedar bien, sino para investigar el mal que puede cometer cualquier servidor público con mando en plaza. Tal posibilidad, no invalida el juramento de lealtad a la República que hicieron todos sus funcionarios el día que accedieron al cargo. Letanía esta que le espetan a la cara de nuestra tenaz investigadora cada vez que trata de averiguar los detalles del incidente del joven gravemente enfermo. Dicho con otras palabras, yo agente de policía lo hago todo por mi lealtad a la República, tú agente investigadora de asuntos internos lo haces todo para desmentir esa lealtad, que también deberías tener. Omertá, ya digo, surge de pronto como un disparo en medio de la pantalla y de los pasos investigadores de Stephanie. La estructura mafiosa en que toda lógica de poder acaba por precipitarse, cuando alguien trata de investigar en el bajo vientre de sus industrias y andanzas, acompaña a Stephanie y a los espectadores hasta el final de la peli, con resultado ambiguo, como no podía ser de otra manera en estos tejemanejes de las cloacas del Estado. El que la víctima sea paisana de la investigadora, como ya he dicho, es el baldón que utilizan sus enemigos de departamento para negarle el pan y la sal, es decir, para acusarla de traición y deslealtad a la República. Como puede deducirse, a partir de este momento, la película no es solo lo que parece en su aspecto más evidente, sino, y esto es lo la hace más interesante, en su aspecto menos obvio ante el espectador como es el de la lucha por el significado de las palabras que se intercambian los protagonistas. ¿Que sígnica “ser leal a la República?

A esas alturas de la narración, después de que el espectador vea el  vídeo del apaleamiento del joven manifestante por parte de los policías sospechosos, conseguido gracias a la tenacidad investigadora de Stephanie. ¿Que significa ser traidor a la misma República?


Llegados hasta aquí donde la policía de la película ha impuesto ya a sus asuntos internos la lógica del “y tu más” o “anda que tu”, típicos dictum de las dicotomías criminales que producen a mansalva las conciencias fracturadas humanas donde la racionalidad comunicativa ha sido derrotada sin piedad por el Imperio de la emocionalidad sin tino ni contención, cobran todo su significado la verdad de los hechos exteriores del vídeo del apaleamiento. Y también la proporción de que la cara visible de la policía es a las apariencias de sus vigilados como los asuntos internos de aquella es a la conciencia atormentada de estos. Un correlato que la agente de policía Stephania nos hace sentir a los espectadores gracias a su cuidada prudencia y pulcritud profesional.


jueves, 9 de julio de 2026

JUAN CARLOS VELOSO

 La poesía no pertenece a los libros

La poesía pertenece al sonido
al aire que son las palabras
más allá del ícono
del símbolo y el significante
la palabra está encarnada en la vida
y la poesía encarnada en la existencia

FRASES HECHAS

Un tierno abrazo es una de esas expresiones clásicas que mantiene su vigencia afectiva y que asocio con otras expresiones de la misma índole que a veces escucho en el trajín diario. Por ejemplo, tengo una amiga que dice que lo de Donald Trump es una penosa enfermedad contemporánea, pero a la hora de expresar su amor por la naturaleza dice que se siente “sendembos”, senderista emboscada. Trato de convencerla que lo de penosa enfermedad contemporánea es otra manera de llamar también a la ideología personal. Yo le propongo llamar a Trump, AbuPaCo, abusador de patio de colegio, que posee una eufonía animal indómita que le sienta como un guante a su mano de especulador inmobiliario. Respecto a “sendembos”, me parece un acrónimo a cuyo negocio lingüístico no le veo un futuro prometedor. A este respecto, el amor por la naturaleza, le recuerdo que los románticos lo dejaron todo por escrito y lo mejor es seguir su ejemplo.

martes, 7 de julio de 2026

MERCEDES HALFON

 Ya pasó la noche para el cielo

sigue demostrando su altura
este jardín no es tuyo
ni tampoco los papeles
donde se imprimen las palabras de aliento
tus amigos sostienen tazas en las manos
te dan de beber
ha vuelto a empezar el verano
que aprendiste apoyar el cuerpo sobre las rocas
nunca se apaga la última luz en una ciudad
aunque no sepas exactamente
qué te trajo hasta ella.