A DIARIO
Crema,polvos compactos,
colorete,
eyeliner,
rímel,
pintalabios,
highlighter.
¿Para qué?
Si quien te quiera
te va a querer ver recién levantada,
con una camiseta de propaganda como pijama,
y los pelos de una leona salvaje,
tan tú.
A DIARIO
Crema,El Algoritmo es una persona que tiene presencia como si fuera un dato, pero que quiere seguir apareciendo como un sentimental. Cuando esto sucede, que es cada vez que se acerca a los otros en las sendas de la naturaleza, se pone como loco a hacer fotos a los bosques y luego se da la vuelta y nos dice que lee emocionado a san Juan de la Cruz. Es un tipo que dice que ama con fervor la naturaleza, pero al mismo tiempo se pirria por tener entre las manos el último chisme tecnológico. Es un tipo que te convoca para acompañarle en una excursión por el campo y al mismo tiempo sabes que si aceptas la invitación irás todo el camino solo. Es un tipo que dice que todo el mundo persigue sus intereses menos él que solo va a lo suyo. Es un tipo, en fin, cada vez más habitual en las reuniones sociales, convertido en una variante digital del clásico fantoche de toda la vida. Ese que lo sabe todo, se hable de lo que se hable. ¿Qué hacer? Nos dicen los opinadores que tenemos que acostumbrarnos a repensar la tecnología digital y nuestra relación con ella, y de paso solucionaremos nuestro trato con los nuevos fantoches. Pero las preguntas continúan. ¿Qué hacer con lo que ha producido la falta de semejante costumbre? Con aquello en que nos ha convertido esa falta de hábito de tratar todo el día con las máquinas. Y con los fantoches, a través de ellas. Estos monstruos contemporáneos, llamémosles así, ya caminan por su cuenta, calle arriba y calle abajo, pero a sus fabricantes todavía no ha alcanzado la perplejidad en que estamos inmersos. Viven aislados en sus torres de silicio de Silicon Valley. En parte, digo yo, por que muchos de ellos, fantoche y máquina, se presentan en público como unos monstruos simpáticos.
Machado inicia
Mi padre en su despacho. La alta frente.
Mi padre, aún joven. Lee, escribe, hojea
sus libros y medita. Se levanta,
va hacia el jardín. Pasea.
A veces habla solo. Sus ojos
de mirar inquieto
escapan de su ayer a su mañana,
avanzan
en el anochecer del tiempo.
¡Padre mío!,
contemplas,
descubres,
tristeza inapelable,
mis cabellos grises, blancos,
emblema despiadado
de una soledad inaudita,
de una soledad absoluta.
A favor de la ideología o a favor de la vida
La colonización del imaginario de los dominados nunca es como imaginan a los dominadores una parte de la ideología actual, pues siempre media el amor, o la razón emocional, entre los unos y los otros. Aunque a esa parte de la ideología actual no le interese hacerla visible, pues ella es un acto de la razón instrumental que juega en la liga del poder por apropiarse del pasado, entendido en sentido amplio. Prueba de aquello son, en nuestro pasado reciente, las historias de amor que surgieron entre las mujeres judías o resistentes y los soldados de la Gestapo (epítome de colonización moderna), así como, en nuestro pasado remoto, entre los conquistadores españoles e ingleses y las mujeres nativas americanas, por ejemplo, Pocahontas en Virginia o la Malinche, amante de Hernán Cortes, en Nueva España. Amor es también amor a la verdad (filosofía) que esconde la vida, la mejor prueba de lo cual es el libro de Hanna Arendt “Eichmann en Jerusalén”.
¿Por qué es interesante hoy volver al pasado, sea remoto o reciente, sin que medien intereses ideológicos de apropiación del mismo? ¿Qué nos enseñan las experiencias de estos antepasados tan distintas a la nuestra? La vida humana sin compañía se vuelve encierro y la intimidad, sin un lugar compartido, pierde sentido. Solo en la comunidad de distintos el individuo deja de confundirse con su soledad. Poned atención dijo Antonio Machado:
Un corazón solitario
no es un corazón.
Únicamente así podemos confiar con garantía que toda vida es vivida, independientemente del fardo del poder que tenga que sufrir o soportar.
UNA AMAZONA
¿y si el cuerpo no fuera pantalla para la visión de sus ficciones?
¿y si el propósito de mis dedos no fuera el tacto sino el calibre
de la tensión entre cuerda y arco?
¿y si el fin de mi voz no fuera la gracia
sino los cánticos de guerra?
¿y si en lugar de batir al ciervo aprendiera cómo cabalgarlo?
¿Será eso la educación o lo que pasa es que no sé lo que me pasa? Si le digo a mi hijo de once años, cuando se enfada porque no satisfago sus deseos de llegar tarde a casa, “esto es lo que hay”, estoy convocando a todo lo realmente existente sea actual o esté más allá de esa frontera, pero para él “lo que hay” es solo lo que ve en la pantalla de su móvil. Al final, para no discutir con su madre y que el crío no se convierta en una víctima de mi autoritarismo, cedo y que llegue a casa cuando le pete.
Dios nos vuelve a confundir con esta nueva Torre de Babel de múltiples indentidades intransitivas. Tal vez para vengarse por esa arrogancia humana de anunciar a bombo y platillo que Dios había muerto.
EL DON DE LA EBRIEDAD
De la oscura grandeza del final
y el radiante comienzo renovado
se admira este romántico ilustrado
que ama el día y la noche por igual,
que paseará su fiel felicidad
en el mundo, sabiendo lo que entraña,
si una luz habitable lo acompaña
a los umbrales de la soledad.
Por la música, forma conmovida
del tiempo, que en el verso late y piensa;
por la belleza, esa virtud propensa
a no dar nuestra esencia por perdida,
que traiga su ebriedad a mi canción
la vida en la más alta graduación.