martes, 3 de noviembre de 2026

DÁMASO ALONSO

 ¿CÓMO ERA?

La puerta, franca.
Vino queda y suave.
Ni materia ni espíritu. Traía
una ligera inclinación de nave
y una luz matinal de claro día.

No era de ritmo, no era de armonía
ni de color. El corazón la sabe,
pero decir cómo era no podría
porque no es forma, ni en la forma cabe.

Lengua, barro mortal, cincel inepto,
deja la flor intacta del concepto
en esta clara noche de mi boda,

y canta mansamente, humildemente,
la sensación, la sombra, el accidente,
mientras ella me llena el alma toda.

LA CONSULTA

 Con el quemé mi deseo de ser querida en los términos que yo siempre había imaginado, aunque debo reconocer que semejante pérdida me metió de coz y hoz en el mundo de los adultos. O eso creí yo cuando decidí ponerme a estudiar psicología, con la intención de hacerme terapeuta de parejas. Al cabo de los años conseguí lo que me había propuesto, pues pude abrir una consulta psicológica especializada, por decirlo así, en los problemas que afectan hoy a las relaciones en el ámbito matrimonial. Desde el principio tuve un problema que sigo sin resolver: hurgar en las neurosis de la clase media urbana, a través de una terapia de ese tipo, por alguien como yo que no soporta el mundo actual y que no deja de preguntarse cada día, ¿habrá algún adulto en la sala de espera de la consulta?, no sé si es el mejor negocio profesional. Puede servir para confirmar que tengo razón, pero no para alcanzar eso que mis pacientes dicen que es la felicidad. Y a mi edad es algo que debo replantearme.


sábado, 31 de octubre de 2026

ANNE CARSON

 Ella

Vive sola en un brezal al norte.
Ella vive sola.
La primavera se abre como una cuchilla allí.

Yo viajo en trenes todo el día y llevo muchos libros –
unos para mi madre, algunos para mí
que incluyen Las obras completas de Emily Brontë.
Es mi autora favorita.

También mi principal temor, al que trato de enfrentarme.
Cada vez que visito a mi madre
siento que me convierto en Emily Brontë,
mi vida solitaria a mi alrededor como un páramo,
mi torpe cuerpo recortándose sobre los barrizales con una apariencia de transformación
que muere cuando atravieso la puerta de la cocina.

¿Qué cuerpo es ese, Emily, que nosotras necesitamos?

EL FIN DEL MUNDO COMÚN

 Hannah Arendt nos recuerda que nuestra capacidad para compartir un mundo común depende de reconocer que los hechos son lo que posibilita el intercambio de nuestras perspectivas. Ese mundo común ese terreno compartido que Arendt visualiza, no es solo una construcción abstracta; es el espacio real y objetivable donde los hechos se incrustan donde nuestras opiniones y juicios encuentran sustancia. Es como una membrana intangible que permite que nuestras conversaciones no solo existan, sino que sean posibles. Sin ella no hay diálogo. Sin ella no hay política. Sin ella no hay democracia, ese espacio y tiempo que funda y permite la pluralidad en la polis e impide el paso al lado autocrático de las ideologías de las tribus. De todas las tribus o banderas.

Ese mundo común es el que hoy está en peligro de desaparecer si los ciudadanos perdemos definitivamente esa capacidad de discernir entre lo verdadero y lo falso y dialogar de tal forma que nuestro mundo común quede a salvo de la influencia del lado tribal que también nos constituye como seres humanos. No como un acto de cinismo impuesto, sino de civilidad  voluntaria.


El dilema es antiguo, pero hoy vuelve a la actualidad más digitalizada dominada por el espectáculo constante de la opinión individual autoafirmativa y aucomplaciente (como ejemplo véase y óigase el asunto del último accidente de tren en Toledo). El dilema no es otro que deliberación  democrática o barbarie.

viernes, 30 de octubre de 2026

GABRIELE D’ANNUNCIO

 El inefable gozo

...Celebra el grande, el inefable goce
de vivir, de ser joven, de ser fuerte,
de hincar los dientes ávidos y blancos
en los más dulces frutos terrenales.
De posar las audaces, sabias manos
sobre todo lo más puro y secreto,
y de tender el arco contra todas
las presas que voraz deseo asecha.
De oír todas las músicas livianas,
y mirar, con pupilas fulgurantes,
la bella faz del mundo, como mira
un amante feliz a su adorada.
A ti el placer, ¡oh amiga! 
¡A ti el ensueño!
¡Yo quiero revestirte la más roja
de las púrpuras regias, siquier tiña
su seda con la sangre de mis venas.
Yo quiero coronarte de albas rosas
para que así, transfigurada, cantes
la divina Alegría, la Alegría,
la Alegría, magnífica, invencible!

LO DEJAMOS ACÁ

 Un psicoanalista pragmático pierde la fe en los métodos habituales de la psicología y comienza a sobrepasar los límites con sus pacientes. Todo parece funcionar hasta que un escritor con un bloqueo creativo llega a su consulta.

La película arranca con ese psicoanalista explicando, ante una audiencia que asiste a la entrega de un notorio premio que le ha sido concedido, las razones de su pérdida de Fe en los métodos habituales. Después de sus explicaciones anuncia que no puede aceptar el premio, lo que produce el fingido asombro de aquella. Con esta escena el director de la película “Lo dejamos acá”, Hernán Goldfrid, le dice al espectador desde donde tiene que mirar la película. Es decir, el punto de vista que ha elegido, que no es otro que el de una sátira feroz contra la sociedad argentina. Esa misma a la que pertenecen todos los presentes en la entrega del premio que tiene el mayor número de psicoanalistas del mundo y al mismo tiempo el mayor número de personas con deterioros severos en su estado mental.


Todo lo que vemos a continuación, ya no los ha advertido el director, queda bajo la influencia de esa presentación. El punto de giro de ese punto de vista forma parte de lo que es propio de la sátira es la exaltación de lo estrambótico o paranormal. Y quien mejor para llevar a cabo ese momento que un escritor que se queda en blanco en su proceso creativo interpretado, por Diego Peretti, y que es uno de los que forma parte de la audiencia que oye al protagonista renunciar al premio que le habían concedido por los méritos de su labor profesional.


Al partir del encuentro entre el psicoanalista y el escritor, todo lo que vemos a continuación se enfila por el camino de la mordacidad de la sátira sin dejar títere con cabeza. Ahora ya no solo de la profesión del primero y de sus pacientes, a los que dedica unas secuencia memorables, como cómplices necesarios de la representación de ese deterioro mental que aqueja a toda la sociedad argentina y que anunció al principio el premiado. También se mete con el hecho creativo de los artistas y sus bloqueos mentales: ¿una variante del deterioro mental del común de los argentinos como lectores? Es el momento donde los métodos habituales del psicólogo son apartados por inservibles, tal y como anunció en su discurso del principio, y los del espía más conspicuo toman el mando de la situación hasta que el psicoanalista suplanta la personalidad creativa del escritor consiguiendo que este publique su mejor novela.


El espectador asiste asombrado a la gran transformación de una de las ideologías que apuntaló durante muchos años del siglo XX el sentido de la existencia de la humanidad: el psicoanalista ya nos es el científico certero que sabe de las intimidades del ser humano urbano y burgués, ahora es el espía de la internacional digital, por decirlo así, que husmea y hurga en los relatos que cada cual se organiza para llegar a fin de mes entre whatsapp y podcast.

jueves, 22 de octubre de 2026

AMELIA LÍCHEVA

 Londres

Esperas de la regia ciudad imperial
que te encierre y apresione
con su ancestral grandeza,
que te sientas nimia e insignificante,
nacida sin pasado.
Pero la ciudad te contagia de futuro:
Enraizados vítreos rascacielos
sobre cimientos color teja
rodeados de jardines ingleses se alzan,
y por entramados metálicos y ascensores exteriores
riadas de gentes dejan atrás sus encuentros
diversidad de lenguas, razas:
bazares de rostros, colores,
ropa, peinados, tradiciones…

abierto el libro de la humanidad
y todos hallan su letra.