miércoles, 12 de agosto de 2026

JULIÁN BORAO

 ECLIPSE

La presencia fue previa a ese momento
en que volvió a su forma quedamente.
Quedó prendido el aire levemente
de un reflujo de instantes, de un intento

que de la luna apenas fue contento,
fugaz aparición, desliz silente
que de sus pasos presto, en noche ausente,
detuvo la visión del firmamento.

Nada quedó después, sólo un lamento
del que la propia luz fue confidente,
una callada sombra, un filamento
quebrado en un fulgor inexistente.

Como si fuera casi una certeza
del sol la oscura faz en su belleza. 

CLUB DE LECTORES ADULTOS 57

 HABLAR, LEER, ESCRIBIR

En algún momento de las reuniones del club de lectura de adultos, no en todas y no siempre al principio de la reunión, suelo pasarles una nota, a modo de chuleta, que leemos de forma oral. Estas notas forman parte de una guía de lectura que entregué en su día a los lectores y a la que siempre me refiero durante la conversación sobre la novela que nos haya convocando en esa ocasión. Una de esa notas dice así: 


En que el uso común del lenguaje parece como si tendiese a no significar. Quien habla parece no ser consciente de que habla. Precisamente porque el hablar es un hecho natural. Uno habla y el interlocutor responde. El funcionamiento normal del lenguaje hace que interioricemos la impresión de que el lenguaje funciona porque sí. Solo cuando en la comunicación aparece un problema reconocemos la complejidad del hablar, del mismo modo que la enfermedad nos hace recordar que la salud también es un estado o que la espera de una llamada urgente de teléfono nos hace ver que el silencio del teléfono también es una señal. Una señal que hasta puede ser angustiosa. Esos ejemplos que se refieren al hablar también sirven de alguna manera para el escribir y leer. La capacidad de escribir y de leer, en un mundo desarrollado, parece ser una capacidad natural. Todo el mundo puede escribir y leer. El mecanismo de escribir y de leer sólo se hace evidente cuando uno se enfrenta a un problema expresivo semejante al que representaban los supuestos anteriores, es entonces cuando la conciencia mecánica desaparece y la conciencia de la complejidad se hace presente. Es entonces cuando la clarificación como lector ante las palabras del narrador aparece como una necesidad narrativa ante el mundo de los personajes de la novela y una necesidad ética ante la vida de la que forman parte los otros lectores del club de lectura. Es lo que llamo la doble clarificación en la sociedad de las apariencias, que produce el ejercicio de la lectura en compañía. Ante la ficción y ante la realidad.


He elegido este párrafo de la guía antes aludida porque me parece que entre los asistentes al club de lectores de adultos la conciencia mecánica no solo es dominante, sino, lo que es peor, no quiere dejar de serlo,


lunes, 10 de agosto de 2026

STEFANIA ONIDI

 Perspectiva

Esta tarde es un envoltorio
de palabras calladas,
tela ligera de hojas y de abismos.
Áspero eco de un sueño.
Y busco espacios en la mirada de la luna
para medir mi vuelo;
entreveo desde aquí un intervalo de libertad,
un palmo de corazón,
el tuyo, desnudo núcleo de verdad.
Necesito este invierno
para renacer,
este silencio
que es viento, refugio, mutación.

TU Y YO SABEMOS

Volver a su trabajo fue siempre un anhelo posible. Me confiesa una vez más mi hermano, mientras tomamos el café matinal. Según estudios de toda solvencia, le digo, la culpa de la separación entre el mundo productivo y el mundo improductivo la tiene la falta de conexión entre el trabajo y la vida. Y viceversa. Todo el mundo que nace sabe, tu y yo también, que se ha de morir, y todo el mundo que trabaja sabe que tarde o temprano se ha de jubilar. El peligro es, le dije a mi hermano, reducir el trabajo a la vida y el deseo a la realidad, porque eso significa, según aquellos mismos estudios, franquear las puertas del paraíso. Lo cual es una manera rápida de entrar en el infierno, sobre todo para los seres mortales como tú y yo sabemos.


sábado, 8 de agosto de 2026

JÜRI TALVET

 El amor

es mandamiento, así pensaba
Kierkegaard. Mejor será
–pienso yo– amar, sin hacer
caso de ese mandamiento.
Reconociéndose
el alma con el alma,
respondiendo
la sangre a la sangre,
sin saber, en pleno
vuelo –hacia arriba
o hacia abajo–,
cuál habrá de ser
el lugar de destino.

EL HALCÓN MALTÉS

 A finales del pasado mes de junio, un año más, miles de cinéfilos del mundo entero se congregaron en Bolonia para asistir a una nueva edición del festival “El Cinema Ritrovato”. Yo no pude ir, así que compensé la ausencia volviendo a ver “El halcón maltés”, ópera prima de John Houston, y también, según los que se dedican a hacer listas, la primera película del género noir.  

Vaya por delante que de nuevo la película me mantuvo pegado a la butaca gracias al tanden Sam Spade-Humphrey Bogart y a los diálogos entre sus personajes en el medio de todos ellos se encuentra siempre, como no, el mencionado tanden de dos que en este caso es solo de uno. Puestos a averiguar quién lleva la batuta en la historia, por aquello de saber como espectador con quien me las estoy viendo y midiendo, uno no sabe si Spade hace a Bogart o es la revés. Tan es así que la mayoría de los personajes que Bogart encarnó a lo largo de su carrera llevaban algo del personaje Spade en sus ademanes físicos y mentales, algo de su forma de mirar el mundo. Lo que pudiera ser una limitación profesional - véase el caso del actor español Bardem que solo sabe encarnar bien a sicópatas irreductibles fuera de los cuales su capacidad interpretativa es muy reducida - en el caso de Spade-Bogart es un mérito de su talento actoral. El disfraz (Spade), por decirlo así, no le pone impedimentos ni trabas a que la autenticidad de Bogart se manifieste en todo su esplendor mientras investiga la localización del pájaro pintado de negro. Y viceversa. Esta vez que los he vuelto a ver, se me ha ocurrido pensar que también John Houston lo leyó así y me doy cuenta que eso le permitió hacer una puesta en escena innovadora tanto en los giros narrativos que introduce, como en el montaje de las distintas escenas, como en la forma de utilizar la luz o la obscuridad, según se mire. Al final uno no sabe si es Spade quien representa a Bogart o es al revés. Lo que quiero decir - siempre dentro del campo del espectador, determinado como está por su obligación de saber quién es el narrador, es decir, como se lo representa mientras está viendo la película - es que Houston consigue construir una unidad narrativa hecha de ficción y realidad, donde las mañas y habilidades de Spade y Bogart van de la mano - al contrario de sus antepasados Holmes y Watson en las historias de Conan Doyle -, a la hora de relacionarse con la mujer fatal Brigid O'Shaughnessy y los otros personajes que pululan alrededor de las peripecias del pájaro. A saber, el taimado y cínico  Joel Cairo, el orondo Kasper Gutman, el lacayo de este último Wilmer Cook, y los dos polis que persiguen a Spade para que les cuente todo lo que va averiguando. Unas peripecias que se inician en el siglo XVI, cuando los Caballeros de la Orden de Malta regalaron a Carlos I de España y V de Alemania la estatuilla de un halcón de oro macizo con incrustaciones de piedras preciosas. Era una muestra de gratitud por ciertas prerrogativas que el monarca les había concedido. Sin embargo, la joya no llegó nunca a manos del Emperador, ya que la galera que la transportaba fue asaltada por unos piratas. Mire usted por donde los caprichos de la historia.


Cuatrocientos años después, el detective privado Sam Spade y su socio Archer aceptan el encargo de una joven que quiere encontrar a su hermana, que ha desaparecido con un hombre sin escrúpulos. Hasta aquí, mas o menos, lo que nos cuenta Dashiell  Hammett en la novela homónima. Después de la visita de la joven al despacho de Spade, su socio es asesinado de forma misteriosa y Bogart entra en acción sin olvidar a su alma gemela Spade, que se ha quedado como dueño en solitario del despacho de detectives. Como puede apreciarse Houston abandona la lógica narrativa de sus antecesores Holmes y Watson, y se mete de coz y hoz en el laberinto que él mismo va creando con sus giros, con unos personajes a cual más friki e impredecibles todos con algún interés confesado u oculto en el halcón maltés, propiedad del emperador español que nuca llegó a recibir, En fin, rodeando todo ese laberinto de un ambiente sombrío donde nunca nace el sol pero si todo el sentido que la luz de aquel siempre oculta bajo las apariencias luminosas que genera, tan propio del estilo noir que el director americano está inventando, como ya he dicho. Al final de la peli, Spade comenta a los policías que han venido en su ayuda  - y sobre todo comenta a los espectadores que lo hemos seguido hasta donde se encuentra - mientras mira el pájaro al fin recuperado y se llevan a la mujer fatal que lo ha estado engañando: todo lo que ustedes han visto y verán, incluido este bicho, forma parte del material del que está hechos los sueños.  

Willian Shakespeare, again. Cerrando así el ciclo del bloque del tiempo, que la película ha inaugurado desde el primer fotograma.



viernes, 31 de julio de 2026

PAULA ARBONA

 MI PROBLEMA

Quizás mi problema es
que no puedo ver un árbol.
Cuando veo un árbol,
veo un bosque.
Cuando veo una persona,
veo un pueblo.
Veo sus secretos,
su pasado,
su tormento.
Quizás mi problema es
que no puedo dejar de mirar
viendo aquello que no está.