Nosotros los estupendos tenemos que ser performativos, porque sino perderíamos la sensación de ser estupendos, ya que en el fondo del fondo de nosotros no hay nada más que nuestra condición de ser per1formativo, a saber, hablar y hacer y ser estupendas. Sea todo para salvar nuestro colosal Ego - inasequible a cualquier horizonte de inteligibilidad que no sea el mismo Ego - en conversaciones vistosas: esas simetrías con apariencia de orden en el uso de las palabras que tanto nos embelesan. Dilema contemporáneo: no me confundan que te escuchen con que te adulen. Lector callado o lector conversador, sitiados por esa marea de consumidores charlares y cotillas de todo lo que se mueve. Cuál es la legitimidad del lector callado para hablar entre los conversadores.
Si no podemos cambiar el rumbo del mundo:
*No nos aliniemos de inmediato con nuestra tribu para tener garantizado el disparo contra el enemigo nada más levantarnos. Ya sabemos que a nuestra proverbial cobardía y comodidad le sienta mejor siempre disparar, sin arriesgar cada mañana, contra un sátrapa o contra lo que sea que tenga su forma o estructura.
*Aliniémonos a favor de la jodida incomodidad de tratar de entenderse entre los iguales que son a su vez los distintos en la misma comunidad democrática. *Cambiemos al menos la forma de hablar de aquel rumbo, y dejemos de estar siempre aupados a la grupa de las dicotomías intratables que solo piensan en aniquilar al contrario.
*Cambiemos, en fin, la forma de conversar para entender lo que nos pasa, que no es otra cosa, como dijo el filósofo, que no sabemos lo que nos pasa en esa deriva en la que nos encontramos.