lunes, 1 de junio de 2026

JAVIER ALMUZARA

 EL DON DE LA EBRIEDAD

De la oscura grandeza del final
y el radiante comienzo renovado
se admira este romántico ilustrado
que ama el día y la noche por igual,

que paseará su fiel felicidad
en el mundo, sabiendo lo que entraña,
si una luz habitable lo acompaña
a los umbrales de la soledad.

Por la música, forma conmovida
del tiempo, que en el verso late y piensa;
por la belleza, esa virtud propensa

a no dar nuestra esencia por perdida,

que traiga su ebriedad a mi canción

la vida en la más alta graduación.

DESCOLONIZACIÓN Y TAL

 Es fácilmente distinguible la impronta del pensamiento de Michel Foucault en los asuntos de actualidad referidos de la descolonización que, dicho de manera abreviada, dice que toda relación entre seres humanos es únicamente una relación de poder y dominación. De quien tiene la mejor tecnología para imponerse por la fuerza. Incluidos los pueblos colonizados entre ellos, digo yo. Que estos últimos se enfrenten a las pistolas y cañones con flechas y arcos, nos los hacen mejores ni los sacan de ese paradigma. Ni por ser precolombinos automáticamente se convierten en tipos ejemplares frente a la historia de la infamia de la humanidad. En fin, estamos delante de la romantización del buen salvaje de Rousseau y la demonización del mal burgués de Karl Marx. Una de nuestras peores herencias modernas.

Vistas así las relaciones entre seres humanos hablantes, sin una ápice de voluntad para crear espacios donde practicar la deliberación apropiada y propia de seres hablantes con ánimo educado y civilizador,  perfectamente alfabetizados e informados (la mejor vacuna contra la tentación colonizadora) todo se reduce a una lucha sin cuartel entre víctimas y verdugos. En la que, al fin y al cabo, todos acabamos siendo víctimas y verdugos. El mayor número de muertos de unos respecto a otros tampoco modifica el carácter de los contendientes ni el marco del enfrentamiento, pues se convierten con el paso del tiempo en pura estadística. De lo que se deduce, como sugería Pascal, que lo mejor es no moverse de casa, es decir, no tener ningún tipo de encuentro o relación con otros seres hablantes para evitar así que aparezca la tentación colonizadora y la maldad del poder y la dominación que de ella se deriva.


El encuentro de Europa con America Latina no fue otra cosa que el choque de dos visiones diferentes del poder y la dominación. Como lo fue anteriormente el encuentro entre Atenas y Persia, Roma y el Cristianismo, la iglesia contra la ilustración, la burguesía contra el proletariado. En fin, como lo son siempre el choque de padres contra hijos, adultos contra jóvenes, hombres contra mujeres, ricos contra pobres etc, y todas las dicotomías que la imaginación humana no deliberativa es capaz de crear siempre que se quiere relacionar con el mundo. La palabra convertida así en otra arma de combate y aniquilación. La más mortífera si cabe. En plena época digital, en esas estamos todavía.

martes, 19 de mayo de 2026

PATRICIA CRESPO

 UN SOLO ÁRBOL 

La soledad del árbol

palpando la carne

esencial en su arraigo
en un bosque
-individuales árboles-
es exigua.

El árbol no tiene
conciencia de su soledad.

Yo sí.

LOS MIMOS Y LOS MOSQUITOS

Un abismo de incertidumbre frente a ella se apareció justamente en el momento que volvió a su barrio de infancia. Hasta entonces había sido leal a lo que su abuelo Telmo le dijo un día que llegó tarde a casa: “eres una niña mimada por la vida.” Resulta que la “niña” había  decidido volver después de haber estado viviendo de la música en Zúrich durante los últimos diez años. La razón fue, según su parecer, el racismo encubierto que practican los suizos con los que no son de allí, incluso si tienen dinero y están documentados, como es su caso. Pero al volver al barrio de su infancia, la “niña” se ha escandalizado al ver la cantidad de mosquitos y suciedad que invaden la calle donde vive, en la que muchas de sus casas son ocupadas por los nuevos inmigrantes. Pobres e indocumentados. 

jueves, 14 de mayo de 2026

EDUARDO IGLESIAS

 LA ISLA QUE NAVEGA 


Escucho lo que me rodea.
Homenajeo a Chillida.
Todo me habla.
Permanezco expectante.
Percepción.
La emoción brinca primero.
El corazón exige.
La razón se diluye
y lo inexplicable
aparece en palabras
que cuido,
no las someto;
libremente se expanden,
como un espíritu,
haciendo su aparición
en un elástico intelecto.

CLUB DE LECTORES ADULTOS 55

 Carta abierta para Náufragos sin brújula y Dioses portátiles 

Como todos los humanos, los lectores adultos habitamos en un lugar impracticable para los dioses y en el que accedemos a un saber propio, es decir, que nos es apropiado. Este saber dice que sólo podemos ser libres si aceptamos nuestra muerte y que sólo los mortales son libres. Conviene no olvidar esto a la hora de leer y compartir la lectura con otros lectores.


Ser libre significa tener tiempo no como propiedad o mercancía o para comerterlo como comida rápida, practicando Fomo entre los otros mortales. sino que ser libre es sentir íntimamente el paso del tiempo. Una permanente pausa entre el nacer y el morir.


Ser libre no es conquistar instantes eternos entre Fomos y Dioses Portátiles, imposibles de generar comunidad y experiencia con seres verdaderamente humanos, es decir, mortales.


Ser mortal significa no ser eterno. Pero querer ser eterno, siendo humano, significa tener un estilo de vida en el que querer ser ubicuo (Fomo) y en el que el tiempo es un obstáculo, algo que debe ser reducido al máximo, hasta, de ser posible, hacerlo desaparecer. 


FOMO es el acrónimo en inglés de Fear of Missing Out, traducido como el miedo a perderse algo o temor a estar ausente. Es una ansiedad social donde se siente la necesidad compulsiva de estar conectado constantemente para saber qué hacen otros, impulsado por redes sociales y la comparación social. 

martes, 12 de mayo de 2026

LEONOR PATAKI

 DE SU RELACIÓN CON LOS ESPEJOS,

SU REFLEJO SIN VANIDAD (fragmento)

Frente al espejo no se reconoce ni se extraña,
no busca en la imagen una confirmación,
ni espera encontrar allí una versión mejor de sí mismo.
Lo mira —sí—, con curiosidad cauta,
como si al otro lado viviera
una criatura que no le pertenece
pero que tampoco le amenaza.
A veces se acerca, toca el cristal,
como tanteando el límite de la presencia,
pero nunca se obsesiona.
No hay vanidad en su gesto,
ni el deseo de corregir la figura reflejada.
Yo, que he temido y amado el espejo,
que he buscado en el el rostro que el mundo exige,
lo veo aceptarse como solo se acepta lo que no se nombra,
y en esa indiferencia suya,
más cercana al misterio que al desdén,
reconozco una forma de libertad que yo no supe cultivar.