No ha habido un minuto que no me acuerde de ese día en el que todo pareció ordenarse como había imaginado. El caso fue que había puesto para el siguiente club de lectura la novela de Jack London titulada “Martin Eden”. Brevemente el argumento del libro dice así: “Un marinero de veinte años, fuerte, guapo y curtido, con un historial de delincuencia y trabajo rudo, es invitado casi por accidente a cenar en un hogar pequeño burgués. Él, que sólo ha visto un óleo en los escaparates de las tiendas, que no tiene ni idea de lo que es un lavafrutas, queda fascinado ante lo que sus ojos le presentan como cultura y civilización.” Al acabar la sesión del club de lectura, donde Anselmo se mostró tan activo como perplejo, se acercó a mi y me dijo:
- Soy como un navegante a la deriva sin cartas ni compás en un mar desconocido. Pero me gustaría encontrar el rumbo. Tal vez puedas ayudarme.
- Coge papel y lápiz, y ven cada día a la biblioteca. Así logré yo salvarme de mi mismo a pesar de mí mismo.
