martes, 3 de noviembre de 2026

LA CONSULTA

 Con el quemé mi deseo de ser querida en los términos que yo siempre había imaginado, aunque debo reconocer que semejante pérdida me metió de coz y hoz en el mundo de los adultos. O eso creí yo cuando decidí ponerme a estudiar psicología, con la intención de hacerme terapeuta de parejas. Al cabo de los años conseguí lo que me había propuesto, pues pude abrir una consulta psicológica especializada, por decirlo así, en los problemas que afectan hoy a las relaciones en el ámbito matrimonial. Desde el principio tuve un problema que sigo sin resolver: hurgar en las neurosis de la clase media urbana, a través de una terapia de ese tipo, por alguien como yo que no soporta el mundo actual y que no deja de preguntarse cada día, ¿habrá algún adulto en la sala de espera de la consulta?, no sé si es el mejor negocio profesional. Puede servir para confirmar que tengo razón, pero no para alcanzar eso que mis pacientes dicen que es la felicidad. Y a mi edad es algo que debo replantearme.