HABLAR, LEER, ESCRIBIR
En algún momento de las reuniones del club de lectura de adultos, no en todas y no siempre al principio de la reunión, suelo pasarles una nota, a modo de chuleta, que leemos de forma oral. Estas notas forman parte de una guía de lectura que entregué en su día a los lectores y a la que siempre me refiero durante la conversación sobre la novela que nos haya convocando en esa ocasión. Una de esa notas dice así:
En que el uso común del lenguaje parece como si tendiese a no significar. Quien habla parece no ser consciente de que habla. Precisamente porque el hablar es un hecho natural. Uno habla y el interlocutor responde. El funcionamiento normal del lenguaje hace que interioricemos la impresión de que el lenguaje funciona porque sí. Solo cuando en la comunicación aparece un problema reconocemos la complejidad del hablar, del mismo modo que la enfermedad nos hace recordar que la salud también es un estado o que la espera de una llamada urgente de teléfono nos hace ver que el silencio del teléfono también es una señal. Una señal que hasta puede ser angustiosa. Esos ejemplos que se refieren al hablar también sirven de alguna manera para el escribir y leer. La capacidad de escribir y de leer, en un mundo desarrollado, parece ser una capacidad natural. Todo el mundo puede escribir y leer. El mecanismo de escribir y de leer sólo se hace evidente cuando uno se enfrenta a un problema expresivo semejante al que representaban los supuestos anteriores, es entonces cuando la conciencia mecánica desaparece y la conciencia de la complejidad se hace presente. Es entonces cuando la clarificación como lector ante las palabras del narrador aparece como una necesidad narrativa ante el mundo de los personajes de la novela y una necesidad ética ante la vida de la que forman parte los otros lectores del club de lectura. Es lo que llamo la doble clarificación en la sociedad de las apariencias, que produce el ejercicio de la lectura en compañía. Ante la ficción y ante la realidad.
He elegido este párrafo de la guía antes aludida porque me parece que entre los asistentes al club de lectores de adultos la conciencia mecánica no solo es dominante, sino, lo que es peor, no quiere dejar de serlo,
