Stéphanie, agente de policía de Asuntos Internos de Paris, considera como parte fundamental de su tarea profesional la clarificación de su existencia a partir de la clarificación del “caso 137,” título de la película dirigida por Dominik Moll. Un caso relacionado con un joven gravemente herido durante una tensa y caótica manifestación de los chalecos amarillos en la capital francesa. Si bien no encuentra pruebas de violencia policial ilegítima, el caso adquiere un cariz personal al descubrir que la víctima es de su ciudad natal y transformará el caso 137 en algo más que en el trámite de un simple expediente.
Lo que sí se le aparece claro al espectador, desde el primer fotograma, es que Stephanie no está meramente ahí, como un poste a un número de expediente pegado. O también, que los Asuntos Internos de la policía de Paris son algo que más que asuntos de familia o asuntos corporativos y como tales se ha de resolver, como es habitual en toda familia mafiosa que se precie y aprecie, de puertas para dentro y con la omertá en bandolera. Muy al contrario, nos viene a decir Stephanie con sus palabras y sus actos, los Asuntos Internos de la policía de Paris son asuntos públicos pues son los ciudadanos quienes sostienen, dando forma y aliento con sus votos, impuestos y sus opiniones, a quienes habitan los edificios donde se dirimen y se toman decisiones sobre tales asuntos internos. Hasta aquí un poco de didáctica democrática.
En efecto, el asunto del joven gravemente herido en una de las manifestaciones de los chalecos amarillos llega a asuntos internos de la policía de Paris, digamos, a oscuras y por la puerta de atrás. Y lo primero que se pregunta Stephanie, y de paso nos lanza la pregunta a los espectadores, es por qué no ha entrado por la puerta principal y con la luz y taquígrafos funcionando a pleno rendimiento. Asuntos Internos de la Policía de Paris, se pregunta también Stephanie no es un departamento para quedar bien, sino para investigar el mal que puede cometer cualquier servidor público con mando en plaza. Tal posibilidad, no invalida el juramento de lealtad a la República que hicieron todos sus funcionarios el día que accedieron al cargo. Letanía esta que le espetan a la cara de nuestra tenaz investigadora cada vez que trata de averiguar los detalles del incidente del joven gravemente enfermo. Dicho con otras palabras, yo agente de policía lo hago todo por mi lealtad a la República, tú agente investigadora de asuntos internos lo haces todo para desmentir esa lealtad, que también deberías tener. Omertá, ya digo, surge de pronto como un disparo en medio de la pantalla y de los pasos investigadores de Stephanie. La estructura mafiosa en que toda lógica de poder acaba por precipitarse, cuando alguien trata de investigar en el bajo vientre de sus industrias y andanzas, acompaña a Stephanie y a los espectadores hasta el final de la peli, con resultado ambiguo, como no podía ser de otra manera en estos tejemanejes de las cloacas del Estado. El que la víctima sea paisana de la investigadora, como ya he dicho, es el baldón que utilizan sus enemigos de departamento para negarle el pan y la sal, es decir, para acusarla de traición y deslealtad a la República. Como puede deducirse, a partir de este momento, la película no es solo lo que parece en su aspecto más evidente, sino, y esto es lo la hace más interesante, en su aspecto menos obvio ante el espectador como es el de la lucha por el significado de las palabras que se intercambian los protagonistas. ¿Que sígnica “ser leal a la República?
A esas alturas de la narración, después de que el espectador vea el vídeo del apaleamiento del joven manifestante por parte de los policías sospechosos, conseguido gracias a la tenacidad investigadora de Stephanie. ¿Que significa ser traidor a la misma República?
Llegados hasta aquí donde la policía de la película ha impuesto ya a sus asuntos internos la lógica del “y tu más” o “anda que tu”, típicos dictum de las dicotomías criminales que producen a mansalva las conciencias fracturadas humanas donde la racionalidad comunicativa ha sido derrotada sin piedad por el Imperio de la emocionalidad sin tino ni contención, cobran todo su significado la verdad de los hechos exteriores del vídeo del apaleamiento. Y también la proporción de que la cara visible de la policía es a las apariencias de sus vigilados como los asuntos internos de aquella es a la conciencia atormentada de estos. Un correlato que la agente de policía Stephania nos hace sentir a los espectadores gracias a su cuidada prudencia y pulcritud profesional.
