Desde que hace años nos dejó la abuela, no he tenido la oportunidad de comentarlo con mi familia. El caso fue que el día que instalaron su cadáver en el tanatorio, mi hermano quiso hacerle la ultima foto y yo me opuse rotundamente. Lo que a continuación vino fue el enfrentamiento entre los dos, en medio de la sala de espera del tanatorio. Al hacerle la foto mi hermano mayor me respondió que pretendía llevarse el último recuerdo de su abuela preferida. Me parecía, le contesté, una indecencia moral: confundir, cámara en mano, el tamaño verdadero de las personas y las cosas que corresponden a la vida con el que es propio de la muerte. Ante el cadáver de la abuela cada uno es del tamaño que lo ve con sus propios ojos, hablé en voz alta antes de abandonar el tanatorio.
