martes, 24 de febrero de 2026

UNA CAJA DE CERILLAS

 EL ESPINOSO ASUNTO DE LA REPRESENTACIÓN 

Pudiera parecer al lector que en la novela “Una caja de cerillas”, de Nicholson Baker, el narrador Emmet y sus personajes tienen capacidad de hablar de todo, y, por tanto, no hay ninguna razón para que hablen de lo que quieren. Será una mala intuición.


La narrativa - “una caja de cerillas” es una obra narrativa - es una representación de lo que Emmet conoce con el nombre de mundo  o vida, cuya único valor, utilidad y belleza depende de la potencia con que nos haga penetrar en eso que él llama su mundo o su vida. De otro modo sería un sistema como cualquier otro para dormir como benditos. En último sentido puede decirse que la narrativa de Emmet en “una caja de cerillas” no está en condiciones de mentir, a pesar de que la ilumine solo con cerillas y a horas intempestivas de la madrugada, lo que equivale a decir que las reglas de su representación son tan rigurosas como rigurosos son los sueños, las fantasías, la riqueza, la pobreza y la muerte. Si Emmet al escribir “una caja de cerillas” inmerso voluntariamente en la obscuridad, vulnera aquello de lo que parte (su vida o su mundo) de forma que se vuelva irreconocible, el lector tendrá ante sí una escritura opaca, desligada de todo y cuya estructura es igual que la del pozo cuando atrae hacia su abismo. Y al parecer no es así lo que experimenta el lector con su lectura.


Todos reconocemos a la obscuridad, por resumir, como la cara oculta de la luz, y también reconocemos que algo ocurre y puede, por tanto, ser conocido cuando aparentemente nada ocurre. Según las cosmogonías arcaicas, el sol tiene un recorrido diurno que va de este a oeste, pero en horario nocturno desanda ese mismo camino para refugiarse «en las profundidades de la 

sagrada y oscura Noche», donde habitan «su madre, su esposa y sus queridos hijos». La representación, pues, solo puede moverse en el espacio entre lo que reconocemos y lo que conocemos. Esto es importante tenerlo en cuenta: hoy podemos hacer lo que queramos, cierto, pero no podemos querer (amar) todo lo que hacemos.


Emmet no habla, como pudiera creerse, de lo que sabe cuando se levanta y se pone en pie alumbrado solo por una cerilla. Única Luz que ilumina la lucha que mantiene entre su voluntad de querer hacer y su capacidad de amar lo que hace. 


Emmet no deja de ser el narrador de esta historia y el personaje principal de la misma. Y a los personajes les pasa, como a las personas, que no lo saben todo ni de sí mismos ni de lo que los rodea, O no saben lo suficiente, o no lo saben en absoluto. Pero, atención, al lector pudiera parecerle que Emmet es un narrador circense o saltimbanqui, de esos que te ofrecen un potingue de crecepelo en las ferias populares o te invitan - pasen y vean - al espectáculo más inaudito: la mujer barbuda. Debido a nuestra experiencia lectora sabemos que no es así.


Si Emmet, y sus personajes, no saben de sí mismos para que aquel trabaje con su tema, parece plausible que se trate que hable alguien más que Emmet y sus personajes. Que hablen sus calcetines rotos, la cafetera, la hormiga Fidel, los troncos de la chimenea, la pata, la nieve, etc. Tengamos en cuenta como lectores que las novelas hablan de “temas” no de personajes y que los personajes no tienen la misión de parecerse a nadie, sino la de transportar una intención, un sentido. Y para esta misión tan válidos pueden ser Claire, Henry y Phoebe como los calcetines y la hormiga Fidel…etc


Cabe pensar que Emmet es consciente que su familia saben poco de sí mismos y del mundo de las cosas que comparten en casa: el tema que a él le interesa.Así intenta que hablen las cosas mismas para alcanzar la intención que originó el relato. En esta tesitura, Emmet tiene dos caminos: la utilización del Diálogo, marcando efectos y silencios, marcando la dirección de la ignorancia de los personajes y situando al lector ante la pregunta comprometida en el tema, o servirse de la Descripción para introducir lo que no está suficientemente sabido y que se añadirá a lo que hasta ese momento se ha sabido o se puede saber.


De los personajes con alma ya sabemos cómo se comportan para hacer visible o audible su existencia. Valga decir que la intención Emmet con su novela “una caja de cerillas” es averiguar lo que un personaje objetivo puede decir para mostrar que existe. Pues hay un diferencia fundamental entre que Emmet me hable de sus calcetines rotos, la cafetera, la hormiga Fidel, los troncos de la chimenea, la pata, la nieve, etc., a que el lector vea los calcetines rotos, la cafetera, la hormiga Fidel,…