miércoles, 1 de abril de 2026

LOS JUEVES, MILAGRO

 Todos los jueves se pone en la puerta del supermercado con su traje de indigente y su cartelito sujeto con las dos manos, donde aparece escrita la frase que, a su parecer, lo legitima como tal indigente: los jueves, milagro. Suele estar sentado y entre los dos pies coloca un platillo donde el cliente del supermercado si tiene a bien puede dejar unas monedas como signo de su apoyo y reconocimiento. Hasta aquí una puesta en escena, que se ha convertido en un clásico de la perfomance de la pobreza en las grandes ciudades. Dime lo que entiendes de eso que atiendes y te diré quien eres. El dinero sigue teniendo ese valor civilizatorio, si aceptamos que la hipocresía forma parte del carácter humano así en la paz como en la guerra. Ahora bien, si me atengo a los estudiantes del instituto que hay enfrente del supermercado que están sentados alrededor de una mesa que hay al lado del indigente comiendo el bocadillo de recreo, parece que no entienden nada pues atienden menos. Están a lo suyo, como no puede ser de otra manera, cumpliendo a rajatabla el mandato del artículo primero de la inexistente ley educativa. Antes de entrar al supermercado a comprar la barra diaria de pan, me coloco de forma equidistante entre el mendigo y los adolescentes por ver si el triángulo equilátero que formamos tiene alguna influencia en las conductas de quienes allí estamos. Para ello me inspiro en la figura  de la virgen de la película del mismo nombre que el rótulo del cartel del indigente, y que rodó en su día Luis García Berlanga. La película de basa en un plan: organizar una "aparición mariana", como la de Lourdes, que atraiga al turismo y a los devotos. Mi plan es que la aparición geométrica que dibuja mi presencia activa pueda atraer la atención de los despistados estudiantes en beneficio del indigente. Que imperturbable no deja de insistir con su cartel en bandolera: los jueves, milagro.